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    NP: Lo sabía... Sabía que este momento llegaría...

    "Porfavor, no seas dramático."

    NP: ¡Me estás sustituyendo por esta chatarra!

    Max suspiró con cansancio.

    "Por tercera vez, no te estoy sustituyendo, además, mira el estado en el que está, aún me queda mucho para que pueda siquiera encenderse... Es un invento más, solo eso."

    Nombre Provisional se cruzó de brazos, indignado, y salió con aire solemne del baño del arcade donde Max y él ponían a los inventos y las herramientas.
    NP: Lo sabía... Sabía que este momento llegaría... "Porfavor, no seas dramático." NP: ¡Me estás sustituyendo por esta chatarra! Max suspiró con cansancio. "Por tercera vez, no te estoy sustituyendo, además, mira el estado en el que está, aún me queda mucho para que pueda siquiera encenderse... Es un invento más, solo eso." Nombre Provisional se cruzó de brazos, indignado, y salió con aire solemne del baño del arcade donde Max y él ponían a los inventos y las herramientas.
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    ***Edad del Caos***
    - Los Guerreros del Caos.

    La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia.

    Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás.

    Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió.

    Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado.

    Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses.

    Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba.

    Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña.

    No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó.

    Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa.

    El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también.

    El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido.

    Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra.

    Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija.

    Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido.

    Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida.

    Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor.

    Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba.

    Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir.

    Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él.

    Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron.

    Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado.

    El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella.

    Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar.

    Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes.

    Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más.

    Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis.

    Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.

    ***Edad del Caos*** - Los Guerreros del Caos. La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia. Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás. Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió. Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado. Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses. Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba. Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña. No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó. Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa. El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también. El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido. Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra. Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija. Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido. Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida. Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor. Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba. Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir. Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él. Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron. Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado. El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella. Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar. Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes. Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más. Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis. Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.
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    ****La Edad del Caos****
    -La calma antes del juicio

    Lejos de los templos, lejos de la guerra, existía un lugar donde el mundo aún respiraba, la aldea de los nómadas. Allí, el viento no llevaba plegarias a los dioses sino historias de supervivencia, Onix fue la primera en volver a casa. Su presencia, inesperada y marcada por el dolor, no pasó desapercibida. Entre los suyos aún quedaban rostros que recordaban y entre ellos, uno que no la había olvidado, su tío, el hermano de su padre.

    El mismo hombre que había sobrevivido cuando los Elunai arrasaron con su gente en otra aldea, llevándose a los niños como si fueran herramientas, como si sus vidas no tuvieran valor. Cuando vio a Onix no hizo preguntas simplemente la abrazó y eso fue suficiente.

    Yen llegó como una sombra ajena pero no fue rechazada. Su apariencia, su esencia, su forma de existir, la acercaban más a ellos que a cualquier templo. Para los nómadas, no era una aberración, era solo una niña y eso era suficiente.

    El tiempo, por primera vez desde la tragedia, comenzó a avanzar sin violencia, Yen aprendió a vivir, a caminar sin miedo constante, a comer sin mirar sobre su hombro, a dormir… sin gritar.

    Pero la paz no era completa nunca lo sería, el tío de Onix comenzó a entrenarlas, no como soldados, no como herramientas sino como sobrevivientes.

    Les enseñó a moverse, a resistir, a leer el entorno pero sobre todo, a entender algo que los templos jamás enseñaban: El mundo no era justo y nadie vendría a salvarlas.

    Mientras tanto en las alturas donde aún se aferraban los dioses, el miedo crecía, los restos del templo destruido no quedaron en silencio. Entre los escombros, entre los cuerpos, los registros sobrevivieron. Los Elunai los recuperaron y con ellos la verdad, Yen no era solo una anomalía, no era solo la hija de que ellos llamaban un “Señor del Caos”, era algo peor. Su esencia era pura, demasiado pura, compatible y capaz de unir lo que nunca debia mezclarse.

    Los informes eran claros, si crecía, si sobrevivía, si llegaba a engendrar no habría límite para lo que podría nacer de ella: Elunai, Nómadas, Demonios e Incluso… algo que superara a los propios dioses y ahí estaba el verdadero terror.

    Porque los demonios no eran simples criaturas, no como los mortales creían, ellos nacieron del poder original, del eco de aquello que dio origen a todo cuando los primeros fragmentos se separaron y tomaron forma.

    Los dioses alguna vez estuvieron conectados a ese poder pero lo perdieron, lo rompieron y con ello perdieron la capacidad de crear vida.

    Los demonios no, ellos heredaron ese derecho, por eso los dioses les temían. No por lo que eran sino por lo que podían llegar a ser y Yen era el puente.

    La decisión fue tomada sin discusión, no habría captura, no habría estudio, ya no habría segundas oportunidades... Yen debía morir.

    Mientras ese destino se sellaba en las alturas el mundo abajo ardía, Oz continuaba su avance. Templo tras templo caía, no había estrategia compleja, no había negociación solo destrucción. Cada santuario que caía era un golpe directo al dominio de los dioses, cada ruina un mensaje.

    El mundo ya no les pertenecía pero no era el único problema. En otro continente lejos de su alcance inmediato una nueva amenaza comenzaba a tomar forma.

    Una demonio poderosa, antigua en esencia aunque joven en forma, había reunido a los suyos, no como bestias, no como criaturas salvajes sino como un pueblo.

    Le dio un nombre: Ishtar. Y con él una intención, un reino. Los dioses ahora estaban atrapados.

    Si perseguían a Oz, perdían control sobre Ishtar, si atacaban a Ishtar, Oz seguiría destruyendo todo lo que quedaba.

    Y en medio de todo Yen, la pieza más peligrosa de todas. Sin saberlo la niña entrenaba en la aldea Nómada, Yen comenzaba a moverse con más seguridad. Su cuerpo aprendía… pero su mente avanzaba más rápido.

    Siempre más rápido, observaba, adaptaba, comprendía y en lo profundo de su ser aquel pensamiento seguía creciendo silencioso y firme: "Matar… no era incorrecto, era necesario".
    ****La Edad del Caos**** -La calma antes del juicio Lejos de los templos, lejos de la guerra, existía un lugar donde el mundo aún respiraba, la aldea de los nómadas. Allí, el viento no llevaba plegarias a los dioses sino historias de supervivencia, Onix fue la primera en volver a casa. Su presencia, inesperada y marcada por el dolor, no pasó desapercibida. Entre los suyos aún quedaban rostros que recordaban y entre ellos, uno que no la había olvidado, su tío, el hermano de su padre. El mismo hombre que había sobrevivido cuando los Elunai arrasaron con su gente en otra aldea, llevándose a los niños como si fueran herramientas, como si sus vidas no tuvieran valor. Cuando vio a Onix no hizo preguntas simplemente la abrazó y eso fue suficiente. Yen llegó como una sombra ajena pero no fue rechazada. Su apariencia, su esencia, su forma de existir, la acercaban más a ellos que a cualquier templo. Para los nómadas, no era una aberración, era solo una niña y eso era suficiente. El tiempo, por primera vez desde la tragedia, comenzó a avanzar sin violencia, Yen aprendió a vivir, a caminar sin miedo constante, a comer sin mirar sobre su hombro, a dormir… sin gritar. Pero la paz no era completa nunca lo sería, el tío de Onix comenzó a entrenarlas, no como soldados, no como herramientas sino como sobrevivientes. Les enseñó a moverse, a resistir, a leer el entorno pero sobre todo, a entender algo que los templos jamás enseñaban: El mundo no era justo y nadie vendría a salvarlas. Mientras tanto en las alturas donde aún se aferraban los dioses, el miedo crecía, los restos del templo destruido no quedaron en silencio. Entre los escombros, entre los cuerpos, los registros sobrevivieron. Los Elunai los recuperaron y con ellos la verdad, Yen no era solo una anomalía, no era solo la hija de que ellos llamaban un “Señor del Caos”, era algo peor. Su esencia era pura, demasiado pura, compatible y capaz de unir lo que nunca debia mezclarse. Los informes eran claros, si crecía, si sobrevivía, si llegaba a engendrar no habría límite para lo que podría nacer de ella: Elunai, Nómadas, Demonios e Incluso… algo que superara a los propios dioses y ahí estaba el verdadero terror. Porque los demonios no eran simples criaturas, no como los mortales creían, ellos nacieron del poder original, del eco de aquello que dio origen a todo cuando los primeros fragmentos se separaron y tomaron forma. Los dioses alguna vez estuvieron conectados a ese poder pero lo perdieron, lo rompieron y con ello perdieron la capacidad de crear vida. Los demonios no, ellos heredaron ese derecho, por eso los dioses les temían. No por lo que eran sino por lo que podían llegar a ser y Yen era el puente. La decisión fue tomada sin discusión, no habría captura, no habría estudio, ya no habría segundas oportunidades... Yen debía morir. Mientras ese destino se sellaba en las alturas el mundo abajo ardía, Oz continuaba su avance. Templo tras templo caía, no había estrategia compleja, no había negociación solo destrucción. Cada santuario que caía era un golpe directo al dominio de los dioses, cada ruina un mensaje. El mundo ya no les pertenecía pero no era el único problema. En otro continente lejos de su alcance inmediato una nueva amenaza comenzaba a tomar forma. Una demonio poderosa, antigua en esencia aunque joven en forma, había reunido a los suyos, no como bestias, no como criaturas salvajes sino como un pueblo. Le dio un nombre: Ishtar. Y con él una intención, un reino. Los dioses ahora estaban atrapados. Si perseguían a Oz, perdían control sobre Ishtar, si atacaban a Ishtar, Oz seguiría destruyendo todo lo que quedaba. Y en medio de todo Yen, la pieza más peligrosa de todas. Sin saberlo la niña entrenaba en la aldea Nómada, Yen comenzaba a moverse con más seguridad. Su cuerpo aprendía… pero su mente avanzaba más rápido. Siempre más rápido, observaba, adaptaba, comprendía y en lo profundo de su ser aquel pensamiento seguía creciendo silencioso y firme: "Matar… no era incorrecto, era necesario".
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  • . El objeto recorría su cuerpo causando una extraña sensación fría. No parecía una fusta sino un trozo de hielo quemando su piel. ¿Eran acaso las cadenas hechas con herramientas celestiales? ¿Bendecidas? Porque por más que tiraba de ellas no podía quitarlas. Cansado de tanto intentarlo simplemente se había desplomado en la cama, pero eso no significaba que no iba a dar una buena pelea.
    🥀. El objeto recorría su cuerpo causando una extraña sensación fría. No parecía una fusta sino un trozo de hielo quemando su piel. ¿Eran acaso las cadenas hechas con herramientas celestiales? ¿Bendecidas? Porque por más que tiraba de ellas no podía quitarlas. Cansado de tanto intentarlo simplemente se había desplomado en la cama, pero eso no significaba que no iba a dar una buena pelea.
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  • El coronel y el pianista
    Fandom Overwatch y hazbin hotel
    Categoría Crossover
    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    Localización: Complejo Militar en Sajonia, Alemania

    ​Fecha: Febrero de 1945 | Cerca del colapso del frente.

    ​El viento gélido de las llanuras alemanas golpea las ventanas de tu oficina, haciendo vibrar los cristales. Desde tu escritorio, la vista es monótona: filas de barracones de madera rodeadas por perímetros de doble alambrada de espino y torres de vigilancia donde los focos barren incansablemente el suelo embarrado.
    ​Eres el Coronel Jack Morrison, el oficial al mando de este centro de detención de alta seguridad.Los suministros de comida escasean, el invierno no da tregua y los informes sugieren que el exterminio de judíos sea más rápido de lo habitual.
    ​En tu escritorio hay dos carpetas abiertas que requieren tu atención inmediata:

    ​Un informe de inteligencia: Se sospecha de un plan de fuga masiva organizado por un grupo de oficiales enemigos capturados que, según dicen, han logrado infiltrar herramientas desde el exterior.

    ​Una solicitud de traslado: El alto mando exige que envíes a la mitad de presos las cámaras de gas, antes de que esos judíos se revelen.

    ​Un golpe seco suena en tu puerta. Entra tu lugarteniente, con el rostro pálido y la respiración agitada.

    ​—"Señor Morrison, tenemos un problema en el patio del Sector 4. Los prisioneros se niegan a entrar a los barracones y necesitamos cavar más fosas "-
    [Alastor_rabbit] Localización: Complejo Militar en Sajonia, Alemania ​Fecha: Febrero de 1945 | Cerca del colapso del frente. ​El viento gélido de las llanuras alemanas golpea las ventanas de tu oficina, haciendo vibrar los cristales. Desde tu escritorio, la vista es monótona: filas de barracones de madera rodeadas por perímetros de doble alambrada de espino y torres de vigilancia donde los focos barren incansablemente el suelo embarrado. ​Eres el Coronel Jack Morrison, el oficial al mando de este centro de detención de alta seguridad.Los suministros de comida escasean, el invierno no da tregua y los informes sugieren que el exterminio de judíos sea más rápido de lo habitual. ​En tu escritorio hay dos carpetas abiertas que requieren tu atención inmediata: ​Un informe de inteligencia: Se sospecha de un plan de fuga masiva organizado por un grupo de oficiales enemigos capturados que, según dicen, han logrado infiltrar herramientas desde el exterior. ​Una solicitud de traslado: El alto mando exige que envíes a la mitad de presos las cámaras de gas, antes de que esos judíos se revelen. ​Un golpe seco suena en tu puerta. Entra tu lugarteniente, con el rostro pálido y la respiración agitada. ​—"Señor Morrison, tenemos un problema en el patio del Sector 4. Los prisioneros se niegan a entrar a los barracones y necesitamos cavar más fosas "-
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    ***Tercera Edad. ***
    - La Era de los Dioses.

    Esta era es conocida como la Era de los Dioses… aunque en verdad, también es la era del error y la negación.

    Hubo fragmentos del poder primordial que, incapaces de dejar de observar la creación material, desearon formar parte de ella. Intentaron manifestarse en la realidad, pero no comprendían sus leyes naturales de estas realidades. Estas entidades dividieron sus esencias para existir en múltiples dimensiones, pero sus conciencias colapsaron.

    Lo que quedó no fueron dioses… sino poder descontrolado.

    De ese fracaso nacieron las primeras aberraciones: bestias ajenas a toda lógica, entidades que no pertenecían a ningún mundo. Este suceso fue llamado por los futuros Dioses como la llegada del Caos, esta mentira simplemente fue hecha para cubrir su error.

    Con el tiempo, algunas de estas formas de vida evolucionaron. No todas permanecieron como criaturas irracionales. De aquel poder fragmentado nacieron los primeros demonios: seres con voluntad, identidad y un propósito básico… existir. A diferencia de las bestias, no buscaban destruir, sino establecerse, crecer y encontrar su lugar en el mundo.

    Pero los fragmentos que observaron este desastre aprendieron del error. Sellaron sus esencias, limitaron su poder y descendieron de forma estable a la realidad. Su primer acto fue erradicar a las aberraciones y bestias que ellos mismos llamaron Demonio Bestias.

    Los seres primitivos que presenciaron aquello les dieron un nombre que no existía hasta entonces: Dioses, estos aceptaron ese título. Guiaron a las primeras razas humanoides, aceleraron su desarrollo y moldearon la vida a su conveniencia. Sin embargo, no todos actuaron de la misma manera. Algunos vieron a estas nuevas vidas como herramientas… pero otros, como algo digno de cuidado.

    Entre estos últimos se encontraba una deidad conocida como Elune, quien mostró un afecto genuino por los seres nacidos en el mundo. Fue ella quien bendijo a un linaje en particular, marcándolo con su esencia. Con el tiempo, estos serían conocidos como los Elunia, una raza favorecida, cercana a los dioses y destinada a alcanzar un gran conocimiento.

    Otra deidad, Yue quien era asociada con la luna por su larga cabellera plateada, también influyó en ellos, otorgándoles guía y entendimiento… aunque con el paso del tiempo, su destino cambiaría, cayendo junto con otros Dioses que se corrompieron. Porque la corrupción llegó.

    Los dioses comenzaron a cambiar. Su conexión con el poder primordial se debilitó, y con ello, su comprensión del mundo. Se volvieron estáticos, incapaces de evolucionar, en lugar de eso, sus cuerpos se iban deteriorando. Lo que antes era guía se convirtió en dependencia. Lo que antes era propósito en ego.

    Mientras tanto, los demonios (primodiales) continuaban existiendo. Los dioses los rechazaron desde el inicio. No porque todos fueran una amenaza, sino porque representaban su error. Los demonios eran portadores de un poder más concentrado, nacido directamente del colapso de entidades como ellos mismos. Intentaron eliminarlos pero no pudieron.

    Los demonios continuaban surgiendo, alimentados por el poder residual del mundo y por los impulsos más primitivos de las razas vivas. Este fenómeno no era único de una sola realidad, sino que se repetía en múltiples dimensiones: dioses, demonios y caos… una constante inevitable.

    Con el paso del tiempo, los dioses de este mundo se diferenciaron de otros. En otras realidades, las deidades podían evolucionar, reproducirse y adaptarse. Aquí, en cambio, algo había cambiado. El mismo poder que dio origen a los demonios también los había afectado, ya que fue en esta realidad donde inicio el error.

    El tiempo los debilitó, los volvió incompletos y en lugar de aceptarlo… eligieron negarlo. Fue entonces cuando comenzaron a depender de los Elunia... Ya no como protegidos, sino como herramientas. A través de ellos, buscaban recuperar lo que habían perdido, e incluso erradicar a los demonios que tanto despreciaban.

    Pero para ese punto, los dioses ya no eran lo que alguna vez aparentaron ser, ya no eran guías, ni protectores. Se habían convertido en algo más cercano a parásitos… viviendo a costa de un mundo que alguna vez juraron cuidar.

    Y aun así… se seguían llamando dioses.
    ***Tercera Edad. *** - La Era de los Dioses. Esta era es conocida como la Era de los Dioses… aunque en verdad, también es la era del error y la negación. Hubo fragmentos del poder primordial que, incapaces de dejar de observar la creación material, desearon formar parte de ella. Intentaron manifestarse en la realidad, pero no comprendían sus leyes naturales de estas realidades. Estas entidades dividieron sus esencias para existir en múltiples dimensiones, pero sus conciencias colapsaron. Lo que quedó no fueron dioses… sino poder descontrolado. De ese fracaso nacieron las primeras aberraciones: bestias ajenas a toda lógica, entidades que no pertenecían a ningún mundo. Este suceso fue llamado por los futuros Dioses como la llegada del Caos, esta mentira simplemente fue hecha para cubrir su error. Con el tiempo, algunas de estas formas de vida evolucionaron. No todas permanecieron como criaturas irracionales. De aquel poder fragmentado nacieron los primeros demonios: seres con voluntad, identidad y un propósito básico… existir. A diferencia de las bestias, no buscaban destruir, sino establecerse, crecer y encontrar su lugar en el mundo. Pero los fragmentos que observaron este desastre aprendieron del error. Sellaron sus esencias, limitaron su poder y descendieron de forma estable a la realidad. Su primer acto fue erradicar a las aberraciones y bestias que ellos mismos llamaron Demonio Bestias. Los seres primitivos que presenciaron aquello les dieron un nombre que no existía hasta entonces: Dioses, estos aceptaron ese título. Guiaron a las primeras razas humanoides, aceleraron su desarrollo y moldearon la vida a su conveniencia. Sin embargo, no todos actuaron de la misma manera. Algunos vieron a estas nuevas vidas como herramientas… pero otros, como algo digno de cuidado. Entre estos últimos se encontraba una deidad conocida como Elune, quien mostró un afecto genuino por los seres nacidos en el mundo. Fue ella quien bendijo a un linaje en particular, marcándolo con su esencia. Con el tiempo, estos serían conocidos como los Elunia, una raza favorecida, cercana a los dioses y destinada a alcanzar un gran conocimiento. Otra deidad, Yue quien era asociada con la luna por su larga cabellera plateada, también influyó en ellos, otorgándoles guía y entendimiento… aunque con el paso del tiempo, su destino cambiaría, cayendo junto con otros Dioses que se corrompieron. Porque la corrupción llegó. Los dioses comenzaron a cambiar. Su conexión con el poder primordial se debilitó, y con ello, su comprensión del mundo. Se volvieron estáticos, incapaces de evolucionar, en lugar de eso, sus cuerpos se iban deteriorando. Lo que antes era guía se convirtió en dependencia. Lo que antes era propósito en ego. Mientras tanto, los demonios (primodiales) continuaban existiendo. Los dioses los rechazaron desde el inicio. No porque todos fueran una amenaza, sino porque representaban su error. Los demonios eran portadores de un poder más concentrado, nacido directamente del colapso de entidades como ellos mismos. Intentaron eliminarlos pero no pudieron. Los demonios continuaban surgiendo, alimentados por el poder residual del mundo y por los impulsos más primitivos de las razas vivas. Este fenómeno no era único de una sola realidad, sino que se repetía en múltiples dimensiones: dioses, demonios y caos… una constante inevitable. Con el paso del tiempo, los dioses de este mundo se diferenciaron de otros. En otras realidades, las deidades podían evolucionar, reproducirse y adaptarse. Aquí, en cambio, algo había cambiado. El mismo poder que dio origen a los demonios también los había afectado, ya que fue en esta realidad donde inicio el error. El tiempo los debilitó, los volvió incompletos y en lugar de aceptarlo… eligieron negarlo. Fue entonces cuando comenzaron a depender de los Elunia... Ya no como protegidos, sino como herramientas. A través de ellos, buscaban recuperar lo que habían perdido, e incluso erradicar a los demonios que tanto despreciaban. Pero para ese punto, los dioses ya no eran lo que alguna vez aparentaron ser, ya no eran guías, ni protectores. Se habían convertido en algo más cercano a parásitos… viviendo a costa de un mundo que alguna vez juraron cuidar. Y aun así… se seguían llamando dioses.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¡El sol se oculta en el horizonte de Isla Mujeres - México, pero las historias que crearon quedarán grabadas en la arena de FicRol para siempre!

    Queremos agradecer de todo corazón a cada uno de ustedes por hacer de este evento una experiencia inolvidable. La creatividad, la energía y la variedad de personajes que invadieron la isla superaron todas nuestras expectativas. ¡Gracias por darle vida a este paraíso!

    Sin más preámbulos, ¡es momento de celebrar a nuestros grandes ganadores!

    Nuevos Miembros Pro (Suscripción Plan Pro)

    Felicidades a quienes ahora cuentan con todas las herramientas premium para potenciar su narrativa:

    Lady Céleste
    Daozhang Xiao Xingchen
    Loki Queen Ishtar
    [YlvaGoddss02]
    [MISSTR0UBLE]
    [An0uk]

    Menciones Especiales: Creadores de Contenido (1500 Puntos)

    Por haber tomado la iniciativa de abrir tramas y organizar la diversión en la isla:

    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒
    King of Hell
    Rosa Lee
    𝙒𝘼𝘿𝙀 𝙒𝙄𝙇𝙎𝙊𝙉
    Mï†å デーモン。
    ⚘️ Loki ロキ
    Kyle Fritz
    Joshua Dreemur

    El Alma de la Isla: Participantes en Comentarios (200 Puntos)

    Gracias por su constante interacción y por mantener viva la llama del rol en cada rincón de la playa:

    ᴛᴏᴍᴏᴋɪ sᴀᴋᴜʀᴀɪ, [fire_lime_whale_384], [Ashie1], Katrin Ishtar Schrodinger, [mirage_cyan_wolf_604], Dylan 🐄🌿💖, Zagreo the Dark Demon Greek Mitology, NOOV ᵉˡ ᶜʰᶤᶜᵒ ʳᵒᵇᵒᵗ, Venom Chibi, ა ℋ𝒾𝓃𝒶𝓉𝒶 ℋ𝓎𝓊𝓰𝒶 ໒, ᴳᵉᵐᵉᵃᵘˣ ˢᵃᵍᵃ, Hiro , Veythra Lili Queen Ishtar , Vash The stampide , Lady Dante Sparda , Bayonetta The umbra witch, Yue Sukishiro , 𝐋𝐄𝐎𝐍𝐀𝐑𝐃𝐎 𝐋𝐄𝐋𝐈𝐄𝐋, Nanami Kento, 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗 𝖒𝖔𝖗𝖓𝖎𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗, ADAN , 𝑶⃨𝒔⃨𝒄⃨𝒂⃨𝒓⃨ 𝑭⃨𝒓⃨𝒂⃨𝒏⃨𝒄⃨𝒐⃨𝒊⃨𝒔⃨ 𝒅⃨𝒆⃨ 𝑱⃨𝒂⃨𝒓⃨𝒋⃨𝒂⃨𝒚⃨𝒆⃨𝒔⃨, Rostam Shahnam, VOX Overlord , Tyki Mikk, Levi Ackerman, Hazuki Ishtar, Jason Jaegerjaquez Ishtar, Sasha Ishtar, Samantha Ishtar Yokin, Andrea D´amico Grimaldi , Natasha Rusell, [Mooncx_th], Jason Elaris, ꪶ𝓲ꪀꪖᬊ᭄ , Keiko Ishikawa, Illán , ✩ ₊ ˚ ⋆ ☾ Chaos☽ ⋆ ⁺ ₊ ✧ , [kitsune_saya], 桑蒂 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐢𝐚𝐠𝐨 ᴬᵒᶦ 葵, [vortex_teal_shark_781], Mika Misono, [ApoloDiosGriego], Ellie , Ꮶꭺꭱꭰꮖꭺ , Aιкσ Blυηdєя Wєιѕѕ, [Bloody_Doll], [windburn69], Akari Hoshino, [anth0rk], Anna Bloodmoon Wallace, [nebula_fuchsia_hippo_566], [tempest_cyan_monkey_228], Brianna Volkøv , ℝ𝕪𝕦𝕛𝕚 ℕ𝕒𝕜𝕒𝕞𝕦𝕣𝕒 , Jᴏʜɴ Cᴏɴsᴛᴀɴᴛɪɴᴇ, Miyo , Giko , Elijah Vítkov

    Nota importante: Los premios se verán reflejados en sus cuentas automáticamente.

    ¡Gracias por ser parte de la mejor comunidad de rol!

    Atentamente,
    El Staff de FicRol <3
    ¡El sol se oculta en el horizonte de Isla Mujeres - México, pero las historias que crearon quedarán grabadas en la arena de FicRol para siempre! 🏝️✨ Queremos agradecer de todo corazón a cada uno de ustedes por hacer de este evento una experiencia inolvidable. La creatividad, la energía y la variedad de personajes que invadieron la isla superaron todas nuestras expectativas. ¡Gracias por darle vida a este paraíso! 🌊📝 Sin más preámbulos, ¡es momento de celebrar a nuestros grandes ganadores! 🎊🎉 🏆 Nuevos Miembros Pro (Suscripción Plan Pro) Felicidades a quienes ahora cuentan con todas las herramientas premium para potenciar su narrativa: [LadyCeleste2008] [Daozhang_XiaoXingchen] [loki_q1] [YlvaGoddss02] [MISSTR0UBLE] [An0uk] 💎 Menciones Especiales: Creadores de Contenido (1500 Puntos) Por haber tomado la iniciativa de abrir tramas y organizar la diversión en la isla: [Alastor_rabbit] [morningstar666] [Smile_Rose_2.0] [DeadPool2] [Just_Mita] [TricksterGod02] [kyle_fritz] [shade_fuchsia_kangaroo_337] 💬 El Alma de la Isla: Participantes en Comentarios (200 Puntos) Gracias por su constante interacción y por mantener viva la llama del rol en cada rincón de la playa: [TomokiSakurai], [fire_lime_whale_384], [Ashie1], [KatrinIshtar], [mirage_cyan_wolf_604], [Dylan_the_cow_2007], [Dark_Demon], [n.o.o.v], [ChibiVenom], [ripple_jade_whale_328], [Dioscouros_Saint], [Hiritox3], [Lili.Queen], [legend_malachite_kangaroo_286], [galaxy_cyan_squirrel_844], [Lilith_morningstar_Mx], [Yue_sukishiro], [Leliel_leo], [Nanami_kento], [Luzbel666], [eclipse_red_crow_913], [Rosa_de_versalles], [Rostam_shahnam], [VOX_Vees], [Noah_conde], [drift_gold_giraffe_699], [hazuki], [Jason07], [SashaIshtar], [frost_pearl_bull_887], [B0dyguard], [Thx1Hunter], [Mooncx_th], [jay.elaris], [lina_linlin03], [cosmic_violet_giraffe_725], [Cursed_Bastard], [cha_os], [kitsune_saya], [Im_coming_for_you12], [vortex_teal_shark_781], [Mika_misono], [ApoloDiosGriego], [GIRL0FSADNESS], [Kardia_cor], [AikoBlunder83], [Bloody_Doll], [windburn69], [eclipse_pearl_koala_201], [anth0rk], [glimmer_violet_tiger_639], [nebula_fuchsia_hippo_566], [tempest_cyan_monkey_228], [1Brianna1], [legend_bronze_wolf_173], [Johnny88], [Miyodaboss3], [phantasm_onyx_tiger_555], [fusion_bronze_monkey_923] Nota importante: Los premios se verán reflejados en sus cuentas automáticamente. ¡Gracias por ser parte de la mejor comunidad de rol! Atentamente, El Staff de FicRol <3
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  • El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más.

    Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío...

    A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo.

    Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada.


    ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar.

    -Maldita sea…

    Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor.

    Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad.

    —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies.

    -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona.

    Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice.

    -No te burles. Sigo trabajando.

    Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo.

    -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial.

    Daryl frunció el ceño.

    -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió.

    -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice.

    Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio.

    Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido.

    -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice.

    Kate sonrió también.

    —Claro -canturreó- Suerte.

    Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más.



    ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera.

    Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
    El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más. Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío... A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo. Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada. ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar. -Maldita sea… Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor. Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad. —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies. -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona. Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice. -No te burles. Sigo trabajando. Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo. -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial. Daryl frunció el ceño. -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió. -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice. Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio. Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido. -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice. Kate sonrió también. —Claro -canturreó- Suerte. Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más. ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera. Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
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  • ❝ Le puedes mentir al incauto, hablar de valores y ética sin siquiera poseer estas herramientas, pero jamás podrás mentirle al reflejo en el espejo cada que te miras justificar tus actos. ❞
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  • El frío de una mañana de trabajo.
    Fandom Libre
    Categoría Slice of Life
    El día comenzó como cualquier otro; habiendo una poderosa nevada en el exterior, con un frío polar que calaba en los huesos. Arndt recientemente había empezado a alquilar el hogar que compartía con su madre para ganar algo más de dinero, nada fuera de lo normal.
    — Buenos días... — La voz del castaño resonó en el comedor, buscando algo que comer entre las reservas de comida que les quedaban.
    — Me parece que pronto deberé ir por provisiones... Por suerte, me las podré costear. — Expresó, mientras contaba el dinero que debería gastar con la mente; a la par de la tos de la mujer adulta de cabello similar al de él. En una clara muestra de enfermedad y debilidad.
    Comió rápido, algo que le diera energías; un pan con unos cereales que le permitirían estar al tope todo el día, combinado con un vaso de cerveza.
    — Bueno, el trabajo.... Aunque supongo que tú también. Vamos juntos. —
    Sugirió, buscando su armadura y herramientas de trabajo.
    El día comenzó como cualquier otro; habiendo una poderosa nevada en el exterior, con un frío polar que calaba en los huesos. Arndt recientemente había empezado a alquilar el hogar que compartía con su madre para ganar algo más de dinero, nada fuera de lo normal. — Buenos días... — La voz del castaño resonó en el comedor, buscando algo que comer entre las reservas de comida que les quedaban. — Me parece que pronto deberé ir por provisiones... Por suerte, me las podré costear. — Expresó, mientras contaba el dinero que debería gastar con la mente; a la par de la tos de la mujer adulta de cabello similar al de él. En una clara muestra de enfermedad y debilidad. Comió rápido, algo que le diera energías; un pan con unos cereales que le permitirían estar al tope todo el día, combinado con un vaso de cerveza. — Bueno, el trabajo.... Aunque supongo que tú también. Vamos juntos. — Sugirió, buscando su armadura y herramientas de trabajo.
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