• ¡Hola, querido/as! Volvió su Doctora en cabello favorita.
    O sea, no estaba muerta... Andaba de parranda. {En realidad sólo la pasó trabajando y viendo películas de horror clásico sin parar.} (¿?)

    X O X O. No me extrañen mucho~

    .
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    แด แด แด แด… : { https://youtu.be/5O3vYkSI46M?si=55V9dxB4x2tPW8_t }
    ¡Hola, querido/as! Volvió su Doctora en cabello favorita. O sea, no estaba muerta... Andaba de parranda. {En realidad sólo la pasó trabajando y viendo películas de horror clásico sin parar.} (¿?) X O X O. No me extrañen mucho~ . . แด แด แด แด… : { https://youtu.be/5O3vYkSI46M?si=55V9dxB4x2tPW8_t }
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  • *Una vez que cruzamos al plano de Grixis las grietas interdimensionales se cerraron por completo en todas partes del multiverso, impidiendo la salida de los horrores del plano, y para resguardar esta seguridad hice mi último acto de expiación de mis delitos en el pasado como una especie de condena, quizás por el Karma o quién sabe.*

    "Crosis...ya....nunca....más......cometerás....atro..cidades..."

    *Mi voz se apagaba poco a poco hasta que todo el tiempo comiendo piedras sirvieron para este momento. Mi cuerpo se fue petrificando hasta que completamente me convertiría en la prisión eterna del dragón de la muerte.*

    "Cui....den.....se.....a.mi....gos..."

    *Fueron las últimas palabras de Jeronymous Rael antes de sacrificarse.*
    *Una vez que cruzamos al plano de Grixis las grietas interdimensionales se cerraron por completo en todas partes del multiverso, impidiendo la salida de los horrores del plano, y para resguardar esta seguridad hice mi último acto de expiación de mis delitos en el pasado como una especie de condena, quizás por el Karma o quién sabe.* "Crosis...ya....nunca....más......cometerás....atro..cidades..." *Mi voz se apagaba poco a poco hasta que todo el tiempo comiendo piedras sirvieron para este momento. Mi cuerpo se fue petrificando hasta que completamente me convertiría en la prisión eterna del dragón de la muerte.* "Cui....den.....se.....a.mi....gos..." *Fueron las últimas palabras de Jeronymous Rael antes de sacrificarse.*
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  • Shane Miller Bianca Auditore

    -Las chicas con ayuda de la muchacha espectral lograron llegar al Reino de Esper. Un mundo que consta de pequeñas islas artificiales y futuristas con estructuras de una tecnología casi de otro planeta, todo en un líquido Iónico parecido al mar. Una vez ahí me reuní junto a ellas en la entrada.-

    Bienvenidas. Este es el mundo el cual gobierno. El mega Archipiélago de Esper. Tierra del Ethernium y mis constructos podrán ayudar en la batalla.

    -Con el chasquido de mis dedos una luz azul nos transporta a una sala de Reuniones donde aprovecho de usar a algunos constructos voladores como drones que alumbran una luz blanquecina que cura mis heridas.-

    Verán, la situación es grave......primero....digamos que 'Jero' está siendo consumido por su contraparte original, a quien yo siempre me refiero cuando hablo con él. 'Crosis.' Mi nombre real Dracónico es 'Dromar'. Ambos somos Dragones Primordiales, partes fragmentadas del Ur-Dragón. El primer espécimen de dicha especie, dividido en 5 partes con conciencia propia, osea nosotros, y cada uno de nosotros creó un plano de existencia según nuestros propios criterios. Estos mundos son Bant, Naya, Esper, Jund y Grixis. Este último es gobernado por Crosis. 'Jero' para ustedes.

    Les explico todo esto porque la maldición que el Ur-Dragón lanzó sobre Jero al momento de ser juzgado fue que en el momento que el volviera a transformarse en dragón primordial, perdería sus recuerdos y conciencia actuales, por eso su naturaleza violenta Grixiana se ha estado manifestando, transformándose de a poco en el Tirano de Grixis que solía ser junto a sus horrores y Aberraciones.

    Por eso nuestros objetivos que debemos llevar a cabo son 2:

    1- Evitar que Jero se transforme en el Dragón Crosis. Si eso pasa, no volverá nunca más a ser el mismo.

    2- Evitar que vuelva a Grixis y reclame el trono. Si eso pasa la invasión de los horrores a este mundo sería inminente.

    Por eso chicas, debemos detener el deterioro de nuestro amigo y hermano. ¿Puedo contar con ustedes?
    [ShaneMiller2000] [Freaky_Ghost_Ovni_531] -Las chicas con ayuda de la muchacha espectral lograron llegar al Reino de Esper. Un mundo que consta de pequeñas islas artificiales y futuristas con estructuras de una tecnología casi de otro planeta, todo en un líquido Iónico parecido al mar. Una vez ahí me reuní junto a ellas en la entrada.- Bienvenidas. Este es el mundo el cual gobierno. El mega Archipiélago de Esper. Tierra del Ethernium y mis constructos podrán ayudar en la batalla. -Con el chasquido de mis dedos una luz azul nos transporta a una sala de Reuniones donde aprovecho de usar a algunos constructos voladores como drones que alumbran una luz blanquecina que cura mis heridas.- Verán, la situación es grave......primero....digamos que 'Jero' está siendo consumido por su contraparte original, a quien yo siempre me refiero cuando hablo con él. 'Crosis.' Mi nombre real Dracónico es 'Dromar'. Ambos somos Dragones Primordiales, partes fragmentadas del Ur-Dragón. El primer espécimen de dicha especie, dividido en 5 partes con conciencia propia, osea nosotros, y cada uno de nosotros creó un plano de existencia según nuestros propios criterios. Estos mundos son Bant, Naya, Esper, Jund y Grixis. Este último es gobernado por Crosis. 'Jero' para ustedes. Les explico todo esto porque la maldición que el Ur-Dragón lanzó sobre Jero al momento de ser juzgado fue que en el momento que el volviera a transformarse en dragón primordial, perdería sus recuerdos y conciencia actuales, por eso su naturaleza violenta Grixiana se ha estado manifestando, transformándose de a poco en el Tirano de Grixis que solía ser junto a sus horrores y Aberraciones. Por eso nuestros objetivos que debemos llevar a cabo son 2: 1- Evitar que Jero se transforme en el Dragón Crosis. Si eso pasa, no volverá nunca más a ser el mismo. 2- Evitar que vuelva a Grixis y reclame el trono. Si eso pasa la invasión de los horrores a este mundo sería inminente. Por eso chicas, debemos detener el deterioro de nuestro amigo y hermano. ¿Puedo contar con ustedes?
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  • "La primera marcha."
    Fandom Roleplay Literario.
    Categorรญa Acción
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento-

    -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo-

    -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.-

    -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.-

    -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion-

    -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa-

    -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar-

    -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad-

    -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.-

    -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden-

    "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!"

    -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento- -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo- -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.- -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.- -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion- -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa- -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar- -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad- -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.- -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden- "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!" -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
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    Grupal
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  • El monstruo equivocado
    Categorรญa Suspenso
    Alina Voss , Jay Brandon White


    La ciudad llevaba meses pudriéndose con lentitud. Tal vez no completamente literal al sentido de la palabra, pero era claro que el ambiente cambió de forma drástica.

    Comenzaron como simples desapariciones de ganado para quienes vivían más alejados y trabajaban con sus animales y cultivos. Después empezaron a desaparecer mascotas en cualquier parte de la ciudad. Finalmente, personas. No cualquiera: eran adolescentes y jóvenes adultos, en su mayoría.

    El miedo había comenzado como rumores entre vecinos y posts ridículos en internet, pero la gracia se perdió por completo cuando encontraron el primer cuerpo cerca del bosque detrás de la vieja carretera. La policía acordonó la zona durante horas, aunque eso no evitó que las fotografías circularan entre estudiantes de secundaria y universitarios antes del anochecer. Habían mordidas enormes, costillas abiertas y marcas que ningún animal de la zona debería ser capaz de dejar.

    Y, desde ahí, continuaron las desapariciones. A veces encontraban los cuerpos; otras, ni siquiera un solo rastro. Los rumores fueron en alza. Algunos hablaban de sectas o de un asesino en serie, pero los más paranoicos comenzaron a mencionar criaturas, monstruos, cosas que solo existían en leyendas viejas o historias para asustar niños.

    Elias intentó ignorarlo, pero le resultaba difícil. Primero, gente inocente estaba muriendo; segundo, cada ataque ocurría justo en las noches que él deseaba poder borrar de su existencia: viernes y lunas llenas. Sus excusas a ausencias eran cada vez menos creíbles a pesar que él nunca hizo nada malo siendo él mismo, sino todo lo contrario.

    Hacía días atrás que notó que las personas lo miraban más de lo usual, que los susurros o conversaciones se detenían bruscamente si él estaba cerca. Lo ponía nervioso al mismo tiempo que podía comprender la razón de la sospecha. Sin embargo, y por igual, tenía la idea que no se trataba de él. La sensación de culpa o tristeza ya no estaban ahí, ni siquiera ese malestar horrendo que le daba antes de tener que vomitar lo que sea que comía durante sus transformaciones. Se trataba de algo diferente. El sentimiento se había vuelto como una rabia en su pecho, de esos cuando uno piensa que invaden su territorio.

    Ahora, sábado, llegó a casa poco antes que el sol comenzara a salir. Pensó que la noche había sido intensa pues, por primera vez en mucho tiempo, en el momento que recuperó la consciencia sintió y vio su cuerpo más golpeado de lo normal. Habían arañazos largos que cruzaban por su cuerpo y cada músculo le dolía como si hubiese recibido golpes demasiado contundentes, los moretones eran una señal bastante clara. Lo horroroso era que no recordaba a qué cosa se enfrentó.

    Se obligó a prepararse para salir de casa, hacía tiempo que dejó de descansar como debía luego de cada pérdida de control, no podía permitirse hacerlo con todo lo que estaba pasando. Por eso, a primera hora, tomó su camioneta para ir hacia el centro a comprar unos materiales para la obra en la que estaba trabajando.

    El ambiente no fue de lo mejor, incluso a esa hora ya habían patrulleros estacionados cerca de la plaza y personas susurrando mientras miraban sus teléfonos. ¿Alguna otra desaparición de la que aún no se esteraba bien? Lo hizo sentir fatal por más que en su interior tenía la sensación que no había sido él.

    Suspiró, ignorando su cuerpo quejarse con dolor por cada movimiento, por más pequeño que sea, y bajó de la camioneta al mismo tiempo que acomodó su camiseta en un intento algo inútil por cubrir ciertas heridas. Hasta tenía un arañazo que le recorría la mejilla.

    Entre las personas que pasaban, pudo reconocer a Alina y, de coincidencia, mirando más hacia las tiendas, también vio a Jay.
    [nova_pearl_goat_760] , [Jay_White] La ciudad llevaba meses pudriéndose con lentitud. Tal vez no completamente literal al sentido de la palabra, pero era claro que el ambiente cambió de forma drástica. Comenzaron como simples desapariciones de ganado para quienes vivían más alejados y trabajaban con sus animales y cultivos. Después empezaron a desaparecer mascotas en cualquier parte de la ciudad. Finalmente, personas. No cualquiera: eran adolescentes y jóvenes adultos, en su mayoría. El miedo había comenzado como rumores entre vecinos y posts ridículos en internet, pero la gracia se perdió por completo cuando encontraron el primer cuerpo cerca del bosque detrás de la vieja carretera. La policía acordonó la zona durante horas, aunque eso no evitó que las fotografías circularan entre estudiantes de secundaria y universitarios antes del anochecer. Habían mordidas enormes, costillas abiertas y marcas que ningún animal de la zona debería ser capaz de dejar. Y, desde ahí, continuaron las desapariciones. A veces encontraban los cuerpos; otras, ni siquiera un solo rastro. Los rumores fueron en alza. Algunos hablaban de sectas o de un asesino en serie, pero los más paranoicos comenzaron a mencionar criaturas, monstruos, cosas que solo existían en leyendas viejas o historias para asustar niños. Elias intentó ignorarlo, pero le resultaba difícil. Primero, gente inocente estaba muriendo; segundo, cada ataque ocurría justo en las noches que él deseaba poder borrar de su existencia: viernes y lunas llenas. Sus excusas a ausencias eran cada vez menos creíbles a pesar que él nunca hizo nada malo siendo él mismo, sino todo lo contrario. Hacía días atrás que notó que las personas lo miraban más de lo usual, que los susurros o conversaciones se detenían bruscamente si él estaba cerca. Lo ponía nervioso al mismo tiempo que podía comprender la razón de la sospecha. Sin embargo, y por igual, tenía la idea que no se trataba de él. La sensación de culpa o tristeza ya no estaban ahí, ni siquiera ese malestar horrendo que le daba antes de tener que vomitar lo que sea que comía durante sus transformaciones. Se trataba de algo diferente. El sentimiento se había vuelto como una rabia en su pecho, de esos cuando uno piensa que invaden su territorio. Ahora, sábado, llegó a casa poco antes que el sol comenzara a salir. Pensó que la noche había sido intensa pues, por primera vez en mucho tiempo, en el momento que recuperó la consciencia sintió y vio su cuerpo más golpeado de lo normal. Habían arañazos largos que cruzaban por su cuerpo y cada músculo le dolía como si hubiese recibido golpes demasiado contundentes, los moretones eran una señal bastante clara. Lo horroroso era que no recordaba a qué cosa se enfrentó. Se obligó a prepararse para salir de casa, hacía tiempo que dejó de descansar como debía luego de cada pérdida de control, no podía permitirse hacerlo con todo lo que estaba pasando. Por eso, a primera hora, tomó su camioneta para ir hacia el centro a comprar unos materiales para la obra en la que estaba trabajando. El ambiente no fue de lo mejor, incluso a esa hora ya habían patrulleros estacionados cerca de la plaza y personas susurrando mientras miraban sus teléfonos. ¿Alguna otra desaparición de la que aún no se esteraba bien? Lo hizo sentir fatal por más que en su interior tenía la sensación que no había sido él. Suspiró, ignorando su cuerpo quejarse con dolor por cada movimiento, por más pequeño que sea, y bajó de la camioneta al mismo tiempo que acomodó su camiseta en un intento algo inútil por cubrir ciertas heridas. Hasta tenía un arañazo que le recorría la mejilla. Entre las personas que pasaban, pudo reconocer a Alina y, de coincidencia, mirando más hacia las tiendas, también vio a Jay.
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  • — Aburrido, solo y casi en época de celo, que horror


    #SeductiveSunday
    — Aburrido, solo y casi en época de celo, que horror #SeductiveSunday
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  • Mi mente nunca ha sido del todo mía. Me han invadido tantas veces que ya perdí la cuenta. Brujos, magos oscuros, y esas cosas peores entidades sin nombre, seres de más allá de la realidad que se arrastran entre las grietas del mundo. Entraban en mí como si mi cabeza fuera una casa abandonada y ellos los nuevos dueños.

    Y qué mejor que un verdugo que no puede morir, ¿verdad? Eso era yo para ellos. Un arma eterna, un cuerpo que seguía caminando sin importar cuántas heridas le abrieran. Sin duda una de las magias más letales y asquerosas que existe, robarle la voluntad a un hombre, convertirlo en marioneta mientras él sigue consciente, atrapado dentro de su propio cráneo, viendo cómo sus manos cometen horrores.

    Bajo su control he hecho cosas que me revuelven el estómago solo de recordarlas. He masacrado aldeas enteras, gente que no me había hecho nada. He caminado entre las llamas mientras quemaba vivos a inocentes, escuchando sus gritos y sin poder detener mis propias manos. He matado a compañeros de armas, a mujeres que suplicaban por sus hijos, a niños que corrían aterrorizados. A veces lo hacía con rabia descontrolada, otras con una frialdad inhumana. Mataba, desmembraba, torturaba y dentro de mí, atrapado, solo podía gritar.

    Afortunadamente ya no pasara de nuevo, he sido poseído tantas veces que mi mente se ha endurecido como el acero templado en sangre. Ahora puedo empujarlos hacia atrás, sin que me consuman por completo. Sigo siendo un asesino y debo cargar con todas esas muertes. Pero ya no soy una marioneta.
    Mi mente nunca ha sido del todo mía. Me han invadido tantas veces que ya perdí la cuenta. Brujos, magos oscuros, y esas cosas peores entidades sin nombre, seres de más allá de la realidad que se arrastran entre las grietas del mundo. Entraban en mí como si mi cabeza fuera una casa abandonada y ellos los nuevos dueños. Y qué mejor que un verdugo que no puede morir, ¿verdad? Eso era yo para ellos. Un arma eterna, un cuerpo que seguía caminando sin importar cuántas heridas le abrieran. Sin duda una de las magias más letales y asquerosas que existe, robarle la voluntad a un hombre, convertirlo en marioneta mientras él sigue consciente, atrapado dentro de su propio cráneo, viendo cómo sus manos cometen horrores. Bajo su control he hecho cosas que me revuelven el estómago solo de recordarlas. He masacrado aldeas enteras, gente que no me había hecho nada. He caminado entre las llamas mientras quemaba vivos a inocentes, escuchando sus gritos y sin poder detener mis propias manos. He matado a compañeros de armas, a mujeres que suplicaban por sus hijos, a niños que corrían aterrorizados. A veces lo hacía con rabia descontrolada, otras con una frialdad inhumana. Mataba, desmembraba, torturaba y dentro de mí, atrapado, solo podía gritar. Afortunadamente ya no pasara de nuevo, he sido poseído tantas veces que mi mente se ha endurecido como el acero templado en sangre. Ahora puedo empujarlos hacia atrás, sin que me consuman por completo. Sigo siendo un asesino y debo cargar con todas esas muertes. Pero ya no soy una marioneta.
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  • Después de la purga
    Fandom Cualquiera
    Categorรญa Fantasía
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre-

    -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final-

    -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja-

    -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas-

    -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad-

    -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio -

    Los hombres mienten.. y los demonios también...

    -Su mano descansó sobre el pomo de la espada-

    Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes....

    -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente -

    -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente -

    -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar-

    -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción-

    -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre- -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final- -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja- -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas- -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad- -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio - Los hombres mienten.. y los demonios también... -Su mano descansó sobre el pomo de la espada- Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes.... -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente - -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente - -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar- -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción- -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
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  • เผ’ ๐•ฎ๐–Ž๐–“๐–Ž๐–˜ ๐•ฝ๐–”๐–˜๐–†.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    เผ’ ๐•ฎ๐–Ž๐–“๐–Ž๐–˜ ๐•ฝ๐–”๐–˜๐–†. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • ๐™€๐™ก ๐™จ๐™ค๐™ฃ๐™ž๐™™๐™ค ๐™™๐™š ๐™‚๐™š๐™ฃ๐™ค๐™จ๐™๐™– ๐™ข๐™ช๐™ง๐™ž๐™š๐™ฃ๐™™๐™ค — ๐‘š๐‘’๐‘š๐‘œ๐‘Ÿ๐‘–๐‘’๐‘  ๐ผ

    ๐ป๐‘Ž๐‘๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘๐‘œ๐‘™๐‘ฃ๐‘œ ๐‘’๐‘› ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘  ๐‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘ก๐‘’๐‘ ...

    No esa clase de polvo que se acumula sobre muebles olvidados o edificios viejos. Era esa clase de ceniza mezclada con concreto molido, metal y algo que prefirió no identificar demasiado rápido. Cada vez que respiraba sentía la garganta arderle un poco más, pero dejó de prestarle atención después de los primeros minutos. Había demasiadas cosas alrededor reclamando espacio dentro de su cabeza, que el hecho de pensar se volvía un lujo innecesario en esos instantes.

    ๐บ๐‘’๐‘›๐‘œ๐‘ ๐˜ฉ๐‘Ž ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘ฃ๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘’๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘๐‘Ž ๐˜ฉ๐‘ข๐‘š๐‘’๐‘Ž๐‘›๐‘‘๐‘œ.

    Columnas negras subían desde distintos puntos de la isla como si el suelo siguiera incendiándose desde adentro. A la distancia podían escucharse estructuras colapsando solas de vez en cuando; un estruendo seco, luego silencio otra vez. Y eso no fue lo peor. Era el silencio que, entre tanto horror, era lo que irónicamente lograba hacer más ruido. Una ciudad entera reducida a ruido de fuego, escombros y dolor.

    Avanzó entre restos de avenidas de lo que alguna vez fueron calles, pisó algo metálico ocasionalmente, después vidrio... y después ¿Una mano? Pero no se detuvo. Porque si empezaba a mirar demasiado tiempo algo específico, iba a perder el impulso de seguir caminando hasta derrumbarse.

    El comunicador en su oído no había dejado de sonar desde que aterrizaron. Voces entran y salen, intercambian información pero él no escucha. No puede escucharlos, no ahora. Coordenadas, nombres, Charles intentando mantener a todos concentrados en rescates y no en el shock emocional que eso conlleva. Pero Scott escuchaba, respondía cuando era necesario, daba órdenes incluso. El piloto perfecto, el líder, el soldado amaestrado.

    Pero existía algo acumulándose debajo de todo eso. Algo horrible, que llevaba años aprendiendo a mantener encerrado. Recordaba perfectamente una frase del profesor, mucho antes de Genosha, cuando él todavía era demasiado joven para entender lo cansado que podía llegar a sentirse alguien:

    "๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ต๐˜ช๐˜ณ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ต๐˜ช"

    En ese entonces le había parecido sabio. Parado ahí, rodeado de millones de muertos, le parecía una broma cruel.

    Siguió avanzando entre cuerpos por todas partes. Algunos con la estructura ósea irreconocible, otros apenas mantenían sus rostros ante el horror vivido. Otros intactos, y otros... simplemente dejaron de existir en todo aspecto. Eso fue casi lo peor. Una mujer apoyada contra una pared destruida como si estuviera descansando, un chico enterrado hasta la cintura bajo el concreto. Mutantes que probablemente habían tenido una vida completa hacía menos de una hora y ahora eran parte del paraje destruido de una isla que el mundo ya empezaba a convertir en titular.

    Sintió algo quebrarse dentro suyo cuando encontró lo que quedaba de una escuela. El edificio había colapsado hacia un lado, aplastándose sobre sí mismo. Había dibujos infantiles pegados todavía en una pared partida a la mitad. Soles mal pintados, figuras con capas, y un centinela dibujado con crayones rojos.


    —๐ถ๐‘Ÿ๐‘–๐‘ ๐‘ก๐‘œ... —espeta, pues escuchó algo debajo de los escombros. Quizá creyó escucharlo, por lo que las voces en el transmisor se dispararon. Entre ellas, Charles, quien pedía que esperara por ayuda, que sea sensato. Pero él sabe que la ayuda tardaría en llegar eventualmente, y sería tarde para quien esté debajo.

    Negándose a acatar la orden directa por instinto de urgencia, simplemente se movió; metió ambas manos bajo una viga hundida y empujó con todas sus fuerzas. El concreto rechinó sobre su cabeza de forma amenazante, pero él consiguió seguir pese a todo pronóstico. Fragmentos comenzaron a desprenderse alrededor suyo mientras levantaba parte de la estructura apenas lo suficiente para abrir espacio debajo. Pero las voces no cesaron. Los músculos ardieron al instante y aún así continuó; porque tenía que haber alguien vivo, tenía que existir esa esperanza por más mínima que sea.

    ๐™” ๐™š๐™ฃ๐™ฉ๐™ค๐™ฃ๐™˜๐™š๐™จ ๐™ก๐™ค๐™จ ๐™ซ๐™ž๐™ค...

    Niños. Demasiado quietos para serlo, y lamentablemente para presenciarlo. Uno seguía abrazado a una mochila contra el pecho. Otro estaba cubierto por los restos de un pupitre, y había una niña con polvo gris cubriéndole las pestañas; como si simplemente se hubiera quedado dormida durante la clase.

    Dejó de escuchar el comunicador, y la voz de Charles siguió entrando por el auricular. Él sabía que no había nadie con vida, lo supo siempre y no tuvo las agallas de decírselo a Scott. Pero él no distinguía palabras, solo ruido lejano que se perdía conforme más mira la escena. El peso de la estructura continuaba sobre uno de sus brazos mientras observa en silencio, inmóvil. El visor reflejando rojo sobre el concreto destruido y los cuerpos que yacen.

    Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Porque quiso tomar y destruir todo, algo. No era una sensación solo de golpear y gritar; era destruirlo todo simplemente. Quiso abrir los ojos y partir el horizonte entero en dos. Quiso encontrar cada fábrica, cada laboratorio, cada político que alguna vez permitió que existieran Centinelas y reducirlo todo a cenizas hasta no dejar nada funcionando. El impulso le atravesó el cuerpo tan rápido que tuvo que dejar de apretar la mandíbula para contenerlo, y fue lo que más lo enfermó después.

    No la muerte, no el horror; la facilidad con la que entendió que una parte de él realmente quería soltar el control y no lo hizo. Solo siguió ahí, sosteniendo toneladas de ruinas con una mano mientras miraba a los niños enterrados bajo la escuela.

    ๐™‰๐™ค ๐™ฉ๐™ช๐™ซ๐™ž๐™š๐™ง๐™ค๐™ฃ ๐™ช๐™ฃ๐™– ๐™ซ๐™ž๐™™๐™– ๐™ฅ๐™–๐™ง๐™– ๐™™๐™ž๐™จ๐™›๐™ง๐™ช๐™ฉ๐™–๐™ง, ๐™ฎ ๐™–๐™๐™ค๐™ง๐™– ๐™ฃ๐™ช๐™ฃ๐™˜๐™– ๐™ข๐™–ฬ๐™จ ๐™ก๐™– ๐™ฉ๐™š๐™ฃ๐™™๐™ง๐œพฬ๐™–๐™ฃ.
    ๐™€๐™ก ๐™จ๐™ค๐™ฃ๐™ž๐™™๐™ค ๐™™๐™š ๐™‚๐™š๐™ฃ๐™ค๐™จ๐™๐™– ๐™ข๐™ช๐™ง๐™ž๐™š๐™ฃ๐™™๐™ค — ๐‘š๐‘’๐‘š๐‘œ๐‘Ÿ๐‘–๐‘’๐‘  ๐ผ ๐ป๐‘Ž๐‘๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘๐‘œ๐‘™๐‘ฃ๐‘œ ๐‘’๐‘› ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘  ๐‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘ก๐‘’๐‘ ... No esa clase de polvo que se acumula sobre muebles olvidados o edificios viejos. Era esa clase de ceniza mezclada con concreto molido, metal y algo que prefirió no identificar demasiado rápido. Cada vez que respiraba sentía la garganta arderle un poco más, pero dejó de prestarle atención después de los primeros minutos. Había demasiadas cosas alrededor reclamando espacio dentro de su cabeza, que el hecho de pensar se volvía un lujo innecesario en esos instantes. ๐บ๐‘’๐‘›๐‘œ๐‘ ๐˜ฉ๐‘Ž ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘ฃ๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘’๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘๐‘Ž ๐˜ฉ๐‘ข๐‘š๐‘’๐‘Ž๐‘›๐‘‘๐‘œ. Columnas negras subían desde distintos puntos de la isla como si el suelo siguiera incendiándose desde adentro. 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El piloto perfecto, el líder, el soldado amaestrado. Pero existía algo acumulándose debajo de todo eso. Algo horrible, que llevaba años aprendiendo a mantener encerrado. Recordaba perfectamente una frase del profesor, mucho antes de Genosha, cuando él todavía era demasiado joven para entender lo cansado que podía llegar a sentirse alguien: "๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ต๐˜ช๐˜ณ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ต๐˜ช" En ese entonces le había parecido sabio. Parado ahí, rodeado de millones de muertos, le parecía una broma cruel. Siguió avanzando entre cuerpos por todas partes. Algunos con la estructura ósea irreconocible, otros apenas mantenían sus rostros ante el horror vivido. Otros intactos, y otros... simplemente dejaron de existir en todo aspecto. Eso fue casi lo peor. Una mujer apoyada contra una pared destruida como si estuviera descansando, un chico enterrado hasta la cintura bajo el concreto. Mutantes que probablemente habían tenido una vida completa hacía menos de una hora y ahora eran parte del paraje destruido de una isla que el mundo ya empezaba a convertir en titular. Sintió algo quebrarse dentro suyo cuando encontró lo que quedaba de una escuela. El edificio había colapsado hacia un lado, aplastándose sobre sí mismo. Había dibujos infantiles pegados todavía en una pared partida a la mitad. Soles mal pintados, figuras con capas, y un centinela dibujado con crayones rojos. —๐ถ๐‘Ÿ๐‘–๐‘ ๐‘ก๐‘œ... —espeta, pues escuchó algo debajo de los escombros. Quizá creyó escucharlo, por lo que las voces en el transmisor se dispararon. Entre ellas, Charles, quien pedía que esperara por ayuda, que sea sensato. Pero él sabe que la ayuda tardaría en llegar eventualmente, y sería tarde para quien esté debajo. Negándose a acatar la orden directa por instinto de urgencia, simplemente se movió; metió ambas manos bajo una viga hundida y empujó con todas sus fuerzas. 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Pero él no distinguía palabras, solo ruido lejano que se perdía conforme más mira la escena. El peso de la estructura continuaba sobre uno de sus brazos mientras observa en silencio, inmóvil. El visor reflejando rojo sobre el concreto destruido y los cuerpos que yacen. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Porque quiso tomar y destruir todo, algo. No era una sensación solo de golpear y gritar; era destruirlo todo simplemente. Quiso abrir los ojos y partir el horizonte entero en dos. Quiso encontrar cada fábrica, cada laboratorio, cada político que alguna vez permitió que existieran Centinelas y reducirlo todo a cenizas hasta no dejar nada funcionando. El impulso le atravesó el cuerpo tan rápido que tuvo que dejar de apretar la mandíbula para contenerlo, y fue lo que más lo enfermó después. No la muerte, no el horror; la facilidad con la que entendió que una parte de él realmente quería soltar el control y no lo hizo. 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