-Al pie del gran Árbol Negro, cuyas raíces se extendían como venas sobre la tierra oscura del Reino del Eclipse, Vaelith descansaba en un silencio absoluto. Con las piernas extendidas y la espalda apoyada contra el antiguo tronco, mantenía los ojos cerrados mientras el tenue resplandor dorado de las grietas sobre su piel acompañaba el lento ritmo de su respiración. Tras incontables eras vigilando la prisión de las Bestias Cósmicas y sosteniendo el peso de un deber que ningún otro ser podía asumir, aquel breve instante de calma era uno de los pocos lujos que el Rey del Eclipse Carmesí se permitía; un momento donde incluso el guardián de los horrores del universo podía simplemente existir, acompañado únicamente por el murmullo del viento entre las negras ramas del árbol ancestral.-
-Al pie del gran Árbol Negro, cuyas raíces se extendían como venas sobre la tierra oscura del Reino del Eclipse, Vaelith descansaba en un silencio absoluto. Con las piernas extendidas y la espalda apoyada contra el antiguo tronco, mantenía los ojos cerrados mientras el tenue resplandor dorado de las grietas sobre su piel acompañaba el lento ritmo de su respiración. Tras incontables eras vigilando la prisión de las Bestias Cósmicas y sosteniendo el peso de un deber que ningún otro ser podía asumir, aquel breve instante de calma era uno de los pocos lujos que el Rey del Eclipse Carmesí se permitía; un momento donde incluso el guardián de los horrores del universo podía simplemente existir, acompañado únicamente por el murmullo del viento entre las negras ramas del árbol ancestral.-
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