• ¡Hola madre!
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Contemporáneo
    Me encuentro en el segundo salón sentada en uno de los sofás inmersa en una nueva lectura a mi derecha se encuentra una mesa redonda, en la que deje el platito y una taza de té, todavía sigue caliente voy bebiéndomelo a sorbos pequeños.
    La señora Poons nuestra nueva ama de llaves antes trabajo para la familia Riverdale, irrumpe en la habitación presentando la inesperada llega de mi suegra Violet Bridgerton
    Me encuentro en el segundo salón sentada en uno de los sofás inmersa en una nueva lectura a mi derecha se encuentra una mesa redonda, en la que deje el platito y una taza de té, todavía sigue caliente voy bebiéndomelo a sorbos pequeños. La señora Poons nuestra nueva ama de llaves antes trabajo para la familia Riverdale, irrumpe en la habitación presentando la inesperada llega de mi suegra [L_Bridgerton]
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  • THE MEETING
    Categoría Slice of Life
    La parte más sencilla había sido abordar el avión y fingir que nada de eso lo ponía de los nervios, pero cuando habían llegado a su vecindario Maverick temblaba por dentro. Había rentado un coche para que pudiesen trasladarse con comodidad por Seattle, y cuando llegó a la casa familiar aparcó junto al coche de Elton y arrancandose el cinturón se giró a ver a Danielle.

    — ¿Estás segura segurisima que no te molesta fingir que . . . Somos pareja?—

    Quizás pecaria de cansino preguntando lo mismo mil veces pero necesitaba asegurarse que todo aquello no era un error, que no la perdería cuando volvieran a su vida. La mirada azul del chico reflejaba el pánico que sentía de enfrentarse a su familia, no tanto porque tuviera miedo que lo juzgarán sino porque tenía miedo de ser una decepción otra vez.

    Danielle Conway
    La parte más sencilla había sido abordar el avión y fingir que nada de eso lo ponía de los nervios, pero cuando habían llegado a su vecindario Maverick temblaba por dentro. Había rentado un coche para que pudiesen trasladarse con comodidad por Seattle, y cuando llegó a la casa familiar aparcó junto al coche de Elton y arrancandose el cinturón se giró a ver a Danielle. — ¿Estás segura segurisima que no te molesta fingir que . . . Somos pareja?— Quizás pecaria de cansino preguntando lo mismo mil veces pero necesitaba asegurarse que todo aquello no era un error, que no la perdería cuando volvieran a su vida. La mirada azul del chico reflejaba el pánico que sentía de enfrentarse a su familia, no tanto porque tuviera miedo que lo juzgarán sino porque tenía miedo de ser una decepción otra vez. [DIN0CRISIS]
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  • Me alegro de ser la oveja negra de mi familia, no todos estaban listos para cambiar la historia
    Me alegro de ser la oveja negra de mi familia, no todos estaban listos para cambiar la historia
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  • He caminado siglos observando, aprendiendo, he estudiado criaturas de toda índole, sus instintos, sus miedos, la forma en que nacen y mueren, cómo aman y cómo destruyen aquello que dicen proteger. El conocimiento nunca me fue esquivo, lo absorbí como la sangre, con paciencia y precisión. Y aun así, hay algo que se me escapa.

    Los sentimientos compartidos.

    Puedo nombrarlos, definirlos, incluso anticipar sus consecuencias. Sé cuándo una mirada significa apego, cuándo una palabra es promesa y cuándo el silencio es una herida pero vivirlos, eso es otra cosa.

    Las relaciones afectivas me resultan un lenguaje que los demás han experimentado. Todos parecen anhelar ser vistos, elegidos, comprendidos por otro, como si la propia existencia necesitara un reflejo externo para validarse. Yo no lo necesito… ¿o eso es lo que me he repetido durante años?.

    He vivido demasiado como para no notar la ironía: una vampira inmortal...

    Testigo de incontables vínculos, incapaz de descifrar por completo aquello que mueve al mundo. He visto juramentos eternos romperse en décadas, y amores fugaces marcar almas para siempre, las reglas nunca son claras y la lógica rara vez se impone.

    Tal vez el problema no sea la falta de conocimiento, sino el exceso de distancia. He observado tanto desde afuera que olvidé cómo se siente estar dentro de algo, vulnerable, expuesta, sin el control que tanto valoro o que mi familia me impuso.

    No temo a la soledad, la conozco bien pues dediqué mi vida al estudio, pero hay noches pocas, silenciosas en las que me pregunto si comprender los sentimientos requiere algo más que tiempo y estudio. Quizás exige rendirse un poco y eso, incluso para alguien como yo, sigue siendo el mayor de los misterios.

    #Sentimientos
    He caminado siglos observando, aprendiendo, he estudiado criaturas de toda índole, sus instintos, sus miedos, la forma en que nacen y mueren, cómo aman y cómo destruyen aquello que dicen proteger. El conocimiento nunca me fue esquivo, lo absorbí como la sangre, con paciencia y precisión. Y aun así, hay algo que se me escapa. Los sentimientos compartidos. Puedo nombrarlos, definirlos, incluso anticipar sus consecuencias. Sé cuándo una mirada significa apego, cuándo una palabra es promesa y cuándo el silencio es una herida pero vivirlos, eso es otra cosa. Las relaciones afectivas me resultan un lenguaje que los demás han experimentado. Todos parecen anhelar ser vistos, elegidos, comprendidos por otro, como si la propia existencia necesitara un reflejo externo para validarse. Yo no lo necesito… ¿o eso es lo que me he repetido durante años?. He vivido demasiado como para no notar la ironía: una vampira inmortal... Testigo de incontables vínculos, incapaz de descifrar por completo aquello que mueve al mundo. He visto juramentos eternos romperse en décadas, y amores fugaces marcar almas para siempre, las reglas nunca son claras y la lógica rara vez se impone. Tal vez el problema no sea la falta de conocimiento, sino el exceso de distancia. He observado tanto desde afuera que olvidé cómo se siente estar dentro de algo, vulnerable, expuesta, sin el control que tanto valoro o que mi familia me impuso. No temo a la soledad, la conozco bien pues dediqué mi vida al estudio, pero hay noches pocas, silenciosas en las que me pregunto si comprender los sentimientos requiere algo más que tiempo y estudio. Quizás exige rendirse un poco y eso, incluso para alguien como yo, sigue siendo el mayor de los misterios. #Sentimientos
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  • Los ojos de Chantle
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    RESUMEN DETALLADO — VIAJE AL TEMPLO DE YUE

    1. Contexto inicial

    El grupo se reúne tras el despertar prematuro del ojo de Chantle.

    El chico ha activado una manifestación cromática del Ojo del Caos: inestable, reactiva a las emociones y fuera de su control. Lili, como madre, está visiblemente afectada, intentando mantener la calma mientras protege a Chantle y cuida también de Hannah.

    Jennifer Queen ha sido llamada. Su presencia impone silencio y gravedad: no es un viaje ordinario, es un asunto de linaje, de Caos y de memoria antigua.

    2. Advertencia de Jennifer

    Jennifer toma el liderazgo absoluto.

    Explica con voz firme que el destino no es solo peligroso, sino que pone en duda la propia realidad. Allí:
    El sentido común se quiebra.

    Los recuerdos y los sellos antiguos siguen vivos.

    Nadie debe separarse de ella ni de Ayane.

    Ayane acompaña a Jennifer. Aunque normalmente es cálida y protectora, aquí se muestra solemne, casi intimidante. Su silencio deja claro que el riesgo es real.

    3. Revelación del destino

    Jennifer revela el lugar exacto:
    Las ruinas del templo de Yue, antiguo santuario lunar.

    El lugar donde residió Arc, oráculo de Yue y maestra de Selin.

    El mismo espacio que oculta el Jardín del Edén, donde Jennifer selló a Ozma.

    Lili reconoce el nombre de inmediato. El peso emocional es evidente: no solo es un sitio histórico, es un punto de quiebre del linaje Queen.

    4. Apertura del portal

    Jennifer activa su poder.
    El aire vibra, los sellos antiguos responden y el portal se abre.
    Pero al cruzar… no hay ruinas.

    El templo aparece intacto, majestuoso, como si el tiempo nunca lo hubiera tocado:
    Columnas completas.
    Muros sin desgaste.
    Un aura pura, casi imposible de conciliar con la historia del Caos.

    Queda claro que no es el mundo actual, sino un reflejo preservado, una realidad sellada fuera del tiempo.

    El grupo entiende que no solo han viajado en espacio, sino en memoria viva.

    5. Reacciones del grupo

    Lili y Ryu se mantienen cerca de Chantle, protegiéndolo instintivamente.

    Akane sostiene a Hannah, percibiendo que el lugar despierta recuerdos dolorosos de su propio pasado.

    El ambiente es denso, reverente, casi sagrado.

    Chantle se muestra inquieto. Su ojo vendado reacciona al nombre de Ozma y al entorno, como si reconociera el lugar.

    6. Llegada de Jason

    Mientras el grupo asimila el lugar, Jason Jaegerjaquez Ishtar se aproxima.

    Se presenta como hijo de Henry y guardián de la Luna Violeta.

    Reconoce que ha sido invitado a un asunto familiar Queen.

    Mantiene un tono respetuoso, consciente de que pisa terreno sagrado.

    El grupo guarda silencio, evaluándolo.

    7. Reacción de Chantle

    Chantle, al percibir a Jason, activa involuntariamente un escaneo mágico desde su ojo vendado. Una onda de energía se expande, analizando el entorno.

    Conclusión de Chantle:
    Jason no es hostil.
    Está ligado a la familia, aunque no directamente.

    Esto confirma que el ojo de Chantle no solo ve, sino que interpreta y clasifica presencias… algo demasiado avanzado para su edad.

    8. Perspectiva de Akane

    Akane reflexiona internamente:
    La solemnidad de Jennifer le resulta difícil, pero reconoce que es parte de su esencia.

    Ayane le provoca inquietud por su autoridad silenciosa.

    El templo despierta recuerdos de su propio cautiverio en otro mundo.

    Abraza a Hannah, consciente de que este viaje puede marcar a todos, no solo a Chantle.

    9. Turno de Veythra / Lili

    Lili (Veythra en este rol) toma la palabra cuando el grupo ya está reunido.
    Declara que ya están todos.
    Su vestimenta cambia: sus mallas de combate rojas emergen mediante simbiosis con los restos del parásito de Yue que forman parte de su piel.

    El templo reacciona a ella.

    Con ironía defensiva, se dirige a Jennifer, llamándola “Jenn-chan”, pero el tono cambia rápidamente al notar:
    Que el templo está despierto.
    Que el ojo de Chantle responde demasiado fuerte al entorno.

    Lili deja claro que no han venido solo a investigar: Han venido a evitar que la historia se repita.

    Finalmente, reconoce a Jennifer no solo como Reina, sino como madre y hermana, y le cede el liderazgo sobre el siguiente paso.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason RESUMEN DETALLADO — VIAJE AL TEMPLO DE YUE 1. Contexto inicial El grupo se reúne tras el despertar prematuro del ojo de Chantle. El chico ha activado una manifestación cromática del Ojo del Caos: inestable, reactiva a las emociones y fuera de su control. Lili, como madre, está visiblemente afectada, intentando mantener la calma mientras protege a Chantle y cuida también de Hannah. Jennifer Queen ha sido llamada. Su presencia impone silencio y gravedad: no es un viaje ordinario, es un asunto de linaje, de Caos y de memoria antigua. 2. Advertencia de Jennifer Jennifer toma el liderazgo absoluto. Explica con voz firme que el destino no es solo peligroso, sino que pone en duda la propia realidad. Allí: El sentido común se quiebra. Los recuerdos y los sellos antiguos siguen vivos. Nadie debe separarse de ella ni de Ayane. Ayane acompaña a Jennifer. Aunque normalmente es cálida y protectora, aquí se muestra solemne, casi intimidante. Su silencio deja claro que el riesgo es real. 3. Revelación del destino Jennifer revela el lugar exacto: Las ruinas del templo de Yue, antiguo santuario lunar. El lugar donde residió Arc, oráculo de Yue y maestra de Selin. El mismo espacio que oculta el Jardín del Edén, donde Jennifer selló a Ozma. Lili reconoce el nombre de inmediato. El peso emocional es evidente: no solo es un sitio histórico, es un punto de quiebre del linaje Queen. 4. Apertura del portal Jennifer activa su poder. El aire vibra, los sellos antiguos responden y el portal se abre. Pero al cruzar… no hay ruinas. El templo aparece intacto, majestuoso, como si el tiempo nunca lo hubiera tocado: Columnas completas. Muros sin desgaste. Un aura pura, casi imposible de conciliar con la historia del Caos. Queda claro que no es el mundo actual, sino un reflejo preservado, una realidad sellada fuera del tiempo. El grupo entiende que no solo han viajado en espacio, sino en memoria viva. 5. Reacciones del grupo Lili y Ryu se mantienen cerca de Chantle, protegiéndolo instintivamente. Akane sostiene a Hannah, percibiendo que el lugar despierta recuerdos dolorosos de su propio pasado. El ambiente es denso, reverente, casi sagrado. Chantle se muestra inquieto. Su ojo vendado reacciona al nombre de Ozma y al entorno, como si reconociera el lugar. 6. Llegada de Jason Mientras el grupo asimila el lugar, Jason Jaegerjaquez Ishtar se aproxima. Se presenta como hijo de Henry y guardián de la Luna Violeta. Reconoce que ha sido invitado a un asunto familiar Queen. Mantiene un tono respetuoso, consciente de que pisa terreno sagrado. El grupo guarda silencio, evaluándolo. 7. Reacción de Chantle Chantle, al percibir a Jason, activa involuntariamente un escaneo mágico desde su ojo vendado. Una onda de energía se expande, analizando el entorno. Conclusión de Chantle: Jason no es hostil. Está ligado a la familia, aunque no directamente. Esto confirma que el ojo de Chantle no solo ve, sino que interpreta y clasifica presencias… algo demasiado avanzado para su edad. 8. Perspectiva de Akane Akane reflexiona internamente: La solemnidad de Jennifer le resulta difícil, pero reconoce que es parte de su esencia. Ayane le provoca inquietud por su autoridad silenciosa. El templo despierta recuerdos de su propio cautiverio en otro mundo. Abraza a Hannah, consciente de que este viaje puede marcar a todos, no solo a Chantle. 9. Turno de Veythra / Lili Lili (Veythra en este rol) toma la palabra cuando el grupo ya está reunido. Declara que ya están todos. Su vestimenta cambia: sus mallas de combate rojas emergen mediante simbiosis con los restos del parásito de Yue que forman parte de su piel. El templo reacciona a ella. Con ironía defensiva, se dirige a Jennifer, llamándola “Jenn-chan”, pero el tono cambia rápidamente al notar: Que el templo está despierto. Que el ojo de Chantle responde demasiado fuerte al entorno. Lili deja claro que no han venido solo a investigar: Han venido a evitar que la historia se repita. Finalmente, reconoce a Jennifer no solo como Reina, sino como madre y hermana, y le cede el liderazgo sobre el siguiente paso.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Ya se que tomé la decisión de que Penélope dejará a Lady Wisthledown fuera de juego, pero estás últimas semanas lo he estado meditando.
    Tengo algo que quiero confesar, Lady Wisthledown a desempolvado su pluma y la caza de chismes vuelve a comenzar y ya tengo el borrador del nuevo folletín, con el que su reinado va a regresar y es perfecto.

    En unos días todas las familias de Mayfair recibirán un ejemplar de LW

    #A
    Ya se que tomé la decisión de que Penélope dejará a Lady Wisthledown fuera de juego, pero estás últimas semanas lo he estado meditando. Tengo algo que quiero confesar, Lady Wisthledown a desempolvado su pluma y la caza de chismes vuelve a comenzar y ya tengo el borrador del nuevo folletín, con el que su reinado va a regresar y es perfecto. En unos días todas las familias de Mayfair recibirán un ejemplar de LW #A
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  • Libertino
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Contemporáneo
    Aprovechando que casi toda la familia se encuentra reunida en el salón de la segunda planta, Jhon Stirling y yo estamos reunidos en mi despacho.
    Pedí a un lacayo que bajo ningún concepto deje que nadie irrumpa en la habitación y también que cerrara la puerta.
    Así mi cuñado y yo tendremos intimidad, ya que el asunto que vamos a tratar, requiere privacidad.
    Aprovechando que casi toda la familia se encuentra reunida en el salón de la segunda planta, [Kilmartin_thcx] y yo estamos reunidos en mi despacho. Pedí a un lacayo que bajo ningún concepto deje que nadie irrumpa en la habitación y también que cerrara la puerta. Así mi cuñado y yo tendremos intimidad, ya que el asunto que vamos a tratar, requiere privacidad.
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  • Nuevo Sol
    Categoría Drama
    - 𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝐸𝑙𝑒𝑎𝑛𝑜𝑟 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖

    Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro.
    Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida.

    Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe.

    Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder.
    En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo.

    —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos.

    Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación.
    El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas.

    El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja.
    —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo.
    Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente.
    La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta.

    Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada.

    El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco.
    La seguridad es un hábito que no se pierde.
    El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto.
    Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto.
    No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad.

    Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto.
    Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor.
    —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
    👥 - [vision_fuchsia_rabbit_825] 🔥 Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro. Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida. Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe. Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder. En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo. —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos. Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación. El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas. El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja. —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo. Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente. La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta. Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada. El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco. La seguridad es un hábito que no se pierde. El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto. Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto. No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad. Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto. Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor. —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
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  • 𝐓𝐡𝐞 𝐛𝐚𝐭 𝐚𝐧𝐝 𝐭𝐡𝐞 𝐜𝐚𝐭
    Fandom DCU
    Categoría Drama
    Si Alfred no lo hubiera mencionado durante el almuerzo, Bruce no se habría percatado de cuanto tiempo llevaba sin salir de la mansión, al menos como Bruce Wayne porque Batman salía todas las noches a patrullar las calles de Gotham sin excepción.

    No tenía motivos para salir. La empresa estaba segura en las confiables manos de Lucius Fox. Le había hecho creer a la prensa que estaba de vacaciones viajando por el mundo en compañía de alguna miss universo, una modelo, actriz o quizás ambas, ya no recordaba que mentira había inventado pero no le importaba, había surtido efecto.

    Había ordenado toda su vida para dedicarse a cuidar de la cuidad a tiempo completo.
    Por esa razón, se sorprendio cuando Alfred aparecio en la sala con un smoking en cada mano, preguntándole su opinión sobre cada uno.

    ──¿Cuál le gusta más, señor?── Se acerco con ambas prendas para que Bruce pudiera apreciarlas mejor, aunque su rostro expresara que no estaba interesado en verlos de cerca. ──No quiero que se sienta presionado, pero el mismo Giorgio Armani no ha dejado de llamar para suplicarme que trate de convencerlo de usar el smoking de su marca. Es este, a mi izquierda, un sobrio color azul medianoche── Le comento el anciano completamente inmerso en esa tarea, pero Bruce apenas lo estaba escuchando.

    No termino de beber su café, se levantó de su lugar junto a la chimenea y con un movimiento suave le quito ambas prendas de las manos, dejandolas una sobre la otra en el respaldo de una silla.

    ──No me importa que tan importante sea ese evento al que estas tratando de llevarme, pero no iré. Firma un cheque a mi nombre con una cantidad generosa a modo de disculpas por mi ausencia y envíaselo al anfitrión, por favor── Trató de escapar de la escena lo más rápido posible, pero al poner la mano sobre la perilla de la puerta, Alfred habló.

    ──Como usted ordene, señor. Simplemente crei que le gustaría asistir a una gala en la que subastaran algunos objetos antiguos de las familias más ricas de la cuidad. Usted mismo colaboró el año pasado donando una de las katanas de su padre cuando le mencione que lo recaudado iría hacia la cuenta bancaria de un orfanato en Metrópolis── Menciono en lo que recogía la taza de café a medio beber que Bruce había dejado sobre una pequeña mesa de mármol.

    El billonario comenzó a buscar en su memoria el momento en el que habían tenía esa conversación. Recordaba haber ofrecido una de las katanas de la colección de Thomas Wayne, pero no recordaba haber aceptado asistir a la subasta de ese objeto.

    Estaba casi seguro de que era una jugarreta de Alfred para sacarlo a dar un paseo pero no tenía las pruebas suficientes para probarlo, no era la primera vez que olvidaba algún compromiso importante, por lo que optó por darle a su mayordomo el beneficio de la duda.

    Alfred vio la resignación en los ojos azules del último de los Wayne y aprovecho para acotar algo más.

    ──Los niños asistiran con las autoridades del orfanato. Estoy seguro de que van quedar maravillados cuando lo vean llegar con alguno de sus flamantes coches deportivos. Ya sabe cuanto lo admiran los jóvenes── Agregó con la amabilidad y la inocencia que solo un hombre de esa edad podia tener aunque había cierto chantaje emocial de por medio. Aun así, la intención era benigna.

    Bruce suspiró, sacando todo el aire de sus plumones y asintió con un movimiento de cabeza adelantandole que asistiría a ese dichoso evento, pero antes de que Alfred volviera a enseñarle los smokings dio media vuelta.

    ──Dile a Giorgio Armani que agradezco el gesto, sera para otra ocasión y dile lo mismo a la otra casa de diseñador que es... ¿Prada? ¿Louis Vuitton? No importa, diles lo mismo a los dos, usaré uno de los trajes de mi padre── Acotó para hacerle saber que no era ajeno a las llamadas de dichos diseñadores y salió del salón dejando al hombre de cabello canoso con una divertida expresión en el rostro, por haber logrado su cometido.

    El mayordomo levantó la mirada hacia una fotografía de Martha y Thomas Wayne.

    ──Misión cumplida, señor y señora Wayne. Ahora solo queda conseguirle una buena mujer, a este lugar le hace falta el toque femenino.

    𝐒𝐞𝐥𝐢𝐧𝐚 𝐊𝐲𝐥𝐞
    Si Alfred no lo hubiera mencionado durante el almuerzo, Bruce no se habría percatado de cuanto tiempo llevaba sin salir de la mansión, al menos como Bruce Wayne porque Batman salía todas las noches a patrullar las calles de Gotham sin excepción. No tenía motivos para salir. La empresa estaba segura en las confiables manos de Lucius Fox. Le había hecho creer a la prensa que estaba de vacaciones viajando por el mundo en compañía de alguna miss universo, una modelo, actriz o quizás ambas, ya no recordaba que mentira había inventado pero no le importaba, había surtido efecto. Había ordenado toda su vida para dedicarse a cuidar de la cuidad a tiempo completo. Por esa razón, se sorprendio cuando Alfred aparecio en la sala con un smoking en cada mano, preguntándole su opinión sobre cada uno. ──¿Cuál le gusta más, señor?── Se acerco con ambas prendas para que Bruce pudiera apreciarlas mejor, aunque su rostro expresara que no estaba interesado en verlos de cerca. ──No quiero que se sienta presionado, pero el mismo Giorgio Armani no ha dejado de llamar para suplicarme que trate de convencerlo de usar el smoking de su marca. Es este, a mi izquierda, un sobrio color azul medianoche── Le comento el anciano completamente inmerso en esa tarea, pero Bruce apenas lo estaba escuchando. No termino de beber su café, se levantó de su lugar junto a la chimenea y con un movimiento suave le quito ambas prendas de las manos, dejandolas una sobre la otra en el respaldo de una silla. ──No me importa que tan importante sea ese evento al que estas tratando de llevarme, pero no iré. Firma un cheque a mi nombre con una cantidad generosa a modo de disculpas por mi ausencia y envíaselo al anfitrión, por favor── Trató de escapar de la escena lo más rápido posible, pero al poner la mano sobre la perilla de la puerta, Alfred habló. ──Como usted ordene, señor. Simplemente crei que le gustaría asistir a una gala en la que subastaran algunos objetos antiguos de las familias más ricas de la cuidad. Usted mismo colaboró el año pasado donando una de las katanas de su padre cuando le mencione que lo recaudado iría hacia la cuenta bancaria de un orfanato en Metrópolis── Menciono en lo que recogía la taza de café a medio beber que Bruce había dejado sobre una pequeña mesa de mármol. El billonario comenzó a buscar en su memoria el momento en el que habían tenía esa conversación. Recordaba haber ofrecido una de las katanas de la colección de Thomas Wayne, pero no recordaba haber aceptado asistir a la subasta de ese objeto. Estaba casi seguro de que era una jugarreta de Alfred para sacarlo a dar un paseo pero no tenía las pruebas suficientes para probarlo, no era la primera vez que olvidaba algún compromiso importante, por lo que optó por darle a su mayordomo el beneficio de la duda. Alfred vio la resignación en los ojos azules del último de los Wayne y aprovecho para acotar algo más. ──Los niños asistiran con las autoridades del orfanato. Estoy seguro de que van quedar maravillados cuando lo vean llegar con alguno de sus flamantes coches deportivos. Ya sabe cuanto lo admiran los jóvenes── Agregó con la amabilidad y la inocencia que solo un hombre de esa edad podia tener aunque había cierto chantaje emocial de por medio. Aun así, la intención era benigna. Bruce suspiró, sacando todo el aire de sus plumones y asintió con un movimiento de cabeza adelantandole que asistiría a ese dichoso evento, pero antes de que Alfred volviera a enseñarle los smokings dio media vuelta. ──Dile a Giorgio Armani que agradezco el gesto, sera para otra ocasión y dile lo mismo a la otra casa de diseñador que es... ¿Prada? ¿Louis Vuitton? No importa, diles lo mismo a los dos, usaré uno de los trajes de mi padre── Acotó para hacerle saber que no era ajeno a las llamadas de dichos diseñadores y salió del salón dejando al hombre de cabello canoso con una divertida expresión en el rostro, por haber logrado su cometido. El mayordomo levantó la mirada hacia una fotografía de Martha y Thomas Wayne. ──Misión cumplida, señor y señora Wayne. Ahora solo queda conseguirle una buena mujer, a este lugar le hace falta el toque femenino. [selina.kyle]
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  • After The Shadows – No One Can Hear You.
    Fandom JJK/Original.
    Categoría Suspenso
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Berlín | 06/03/2045.

    ⠀⠀Los viajes nunca terminaban, la impronta del viajero eran sus memorias, un transeúnte eterno que vivía en los recuerdos de la gente, pero no en un lugar como tal. Una maldición para otros, pero una bendición para él, nunca estaba aburrido, siempre adónde iba tenía un misterio o un propósito que solventar.

    ⠀⠀¿Es esto lo que podían llamar "realización personal"? Puede ser, puede que no, porque en el camino descuidó cosas de sí mismo. Su pasado, su propia identidad y hasta sus lazos familiares, pero no es que quisiera simplemente dejar que el maletín se empolvase. Ser hechicero tenía sus ventajas...

    ⠀⠀Orfanato St. Anselm, antiguo y oscuro, tiene una historia que se remonta al renacimiento, demasiado viejo para pensar que todavía continúa en funcionamiento. Las estructura estuvo retocada durante tantos años que ya ni siquiera se parece al diseño original. Típico, pero lugar plausible para maldiciones... la apariencia no importa, solo el lamento.
    ⠀⠀⸻Esta es tu próxima misión⸻ Comentó un hombre anciano, de barba larga y rostro arrugado, luego de entregar el papel a un joven rubio. Mismo que tomó la nota y leyó con cautela. ⸻¿Motivo?⸻ Las palabras sobraban, era más que nada protocolo. ⸻Avistamientos, ruidos extraños. No creo que supere el tercer grado⸻ Miró con algo de indignación, con la hechicería siendo pública en el globo, podían enviar a cualquier pelele a exorcizar maldiciones, pero no podía ser exquisito con las misiones, a veces no había maldiciones poderosas que tocar, un tercer grado era un milagro estos meses. ⸻Okay, okay, lo tomaré. Deja de mirarme así⸻ Los ancianos algunas veces eran insoportables, pero bueno... la edad no te pone exactamente más alegre.

    ⠀⠀Esa misma tarde, aquel joven hechicero tomó un bus hacia susodicho lugar. Supone que le habrían enviado su currículum a la encargada del lugar, y poder llevar a cabo su investigación para saber de qué clase de maldición son presas. Estos estudios suelen durar desde días hasta semanas, dependiendo de la complejidad y la antigüedad.
    ⠀⠀⸻Okay... ¡Vamos!⸻ Se palpó sus propias mejillas, antes de tocar el timbre de aquel tétrico lugar...

    ⠀⠀Vesta
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Berlín | 06/03/2045. ⠀ ⠀⠀Los viajes nunca terminaban, la impronta del viajero eran sus memorias, un transeúnte eterno que vivía en los recuerdos de la gente, pero no en un lugar como tal. Una maldición para otros, pero una bendición para él, nunca estaba aburrido, siempre adónde iba tenía un misterio o un propósito que solventar. ⠀⠀¿Es esto lo que podían llamar "realización personal"? Puede ser, puede que no, porque en el camino descuidó cosas de sí mismo. Su pasado, su propia identidad y hasta sus lazos familiares, pero no es que quisiera simplemente dejar que el maletín se empolvase. Ser hechicero tenía sus ventajas... ⠀⠀Orfanato St. Anselm, antiguo y oscuro, tiene una historia que se remonta al renacimiento, demasiado viejo para pensar que todavía continúa en funcionamiento. Las estructura estuvo retocada durante tantos años que ya ni siquiera se parece al diseño original. Típico, pero lugar plausible para maldiciones... la apariencia no importa, solo el lamento. ⠀⠀⸻Esta es tu próxima misión⸻ Comentó un hombre anciano, de barba larga y rostro arrugado, luego de entregar el papel a un joven rubio. Mismo que tomó la nota y leyó con cautela. ⸻¿Motivo?⸻ Las palabras sobraban, era más que nada protocolo. ⸻Avistamientos, ruidos extraños. No creo que supere el tercer grado⸻ Miró con algo de indignación, con la hechicería siendo pública en el globo, podían enviar a cualquier pelele a exorcizar maldiciones, pero no podía ser exquisito con las misiones, a veces no había maldiciones poderosas que tocar, un tercer grado era un milagro estos meses. ⸻Okay, okay, lo tomaré. Deja de mirarme así⸻ Los ancianos algunas veces eran insoportables, pero bueno... la edad no te pone exactamente más alegre. ⠀⠀Esa misma tarde, aquel joven hechicero tomó un bus hacia susodicho lugar. Supone que le habrían enviado su currículum a la encargada del lugar, y poder llevar a cabo su investigación para saber de qué clase de maldición son presas. Estos estudios suelen durar desde días hasta semanas, dependiendo de la complejidad y la antigüedad. ⠀⠀⸻Okay... ¡Vamos!⸻ Se palpó sus propias mejillas, antes de tocar el timbre de aquel tétrico lugar... ⠀⠀[tidal_beryl_wolf_742]
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