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A la mañana siguiente, yo y madre estábamos haciendo los deberes en casa ya que éramos solo dos mujeres en ella, y como de costumbre ella salía a trabajar como institutriz a una hora exacta, eso me dio tiempo para salir y prepararme para ir a ver de lo que trataba la famosa reunión de señoritas solteras, lo cierto era que me consideraba una joven muy curiosa por las personas en el exterior, y para mí suerte cada oportunidad la tomaba para aprender del mundo.
Al llegar al lugar donde todas las personas se reunieron con la reina, me escondí entre la multitud, curiosa por ver a aquellas doncellas con largos y hermosos vestidos haciendo una reverencia, algunas no lo hacían muy bien y otras lo hacían a la perfección. En eso un guardia me noto y me confundió con una de esas doncellas, fue hacia el hombre que anunciaba a las mujeres para poder presentarme, sin embargo había un problema, yo no era más que una instrusa en aquel lugar, alguien que solo estaba ahí para observar, no para ser presentada como alguien a quien la reina debiera conocer.
El chambelán al verme y notar que no aparecía en la lista me vio un un dejo de curiosidad y sospecha, la reina esperaba a la siguiente chica con algo de impaciencia, yo por otro lado estaba nerviosa por el lío en el que me había metido, el chambelán me susurro en voz baja. "— Mándame por favor dame a conocer tu nombre para que puedas ser presentada con la reina.—" . Mi voz y mi cuerpo temblaban de nervios, los tartamudos empezaron a salir de mi boca, temerosa por ser conocida. "— Bueno...yo...yo me llamo Emy Mountbannet señor. —"
El hombre asintió ligeramente satisfecho, para después presentarme como tal mí nombre e improvisar con el apellido familiar. Las puertas se abrieron, enseguida las miradas se podaron en mi, una joven rubia con ojos y actitud tímida, luciendo un vestido largo sencillo, nada comparado con los grandes vestidos de las demás doncellas.
Di un suspiro y empecé a caminar hacia la reina con pasos indecisos, al estar justo unos cuantos pasos frente a ella, recordé a una de las chicas que había llamado mi atención, su reverencia fue delicada y elegante, así que di un suspiro e imite su reverencia.
La reina se acercó a mi con un gesto que hizo temblar mi ser, para luego dedicarme su aprobación, y sin querer en ese momento fue cuando comprendí que mi vida iba a cambiar el rumbo de la historia.
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A la mañana siguiente, yo y madre estábamos haciendo los deberes en casa ya que éramos solo dos mujeres en ella, y como de costumbre ella salía a trabajar como institutriz a una hora exacta, eso me dio tiempo para salir y prepararme para ir a ver de lo que trataba la famosa reunión de señoritas solteras, lo cierto era que me consideraba una joven muy curiosa por las personas en el exterior, y para mí suerte cada oportunidad la tomaba para aprender del mundo.
Al llegar al lugar donde todas las personas se reunieron con la reina, me escondí entre la multitud, curiosa por ver a aquellas doncellas con largos y hermosos vestidos haciendo una reverencia, algunas no lo hacían muy bien y otras lo hacían a la perfección. En eso un guardia me noto y me confundió con una de esas doncellas, fue hacia el hombre que anunciaba a las mujeres para poder presentarme, sin embargo había un problema, yo no era más que una instrusa en aquel lugar, alguien que solo estaba ahí para observar, no para ser presentada como alguien a quien la reina debiera conocer.
El chambelán al verme y notar que no aparecía en la lista me vio un un dejo de curiosidad y sospecha, la reina esperaba a la siguiente chica con algo de impaciencia, yo por otro lado estaba nerviosa por el lío en el que me había metido, el chambelán me susurro en voz baja. "— Mándame por favor dame a conocer tu nombre para que puedas ser presentada con la reina.—" . Mi voz y mi cuerpo temblaban de nervios, los tartamudos empezaron a salir de mi boca, temerosa por ser conocida. "— Bueno...yo...yo me llamo Emy Mountbannet señor. —"
El hombre asintió ligeramente satisfecho, para después presentarme como tal mí nombre e improvisar con el apellido familiar. Las puertas se abrieron, enseguida las miradas se podaron en mi, una joven rubia con ojos y actitud tímida, luciendo un vestido largo sencillo, nada comparado con los grandes vestidos de las demás doncellas.
Di un suspiro y empecé a caminar hacia la reina con pasos indecisos, al estar justo unos cuantos pasos frente a ella, recordé a una de las chicas que había llamado mi atención, su reverencia fue delicada y elegante, así que di un suspiro e imite su reverencia.
La reina se acercó a mi con un gesto que hizo temblar mi ser, para luego dedicarme su aprobación, y sin querer en ese momento fue cuando comprendí que mi vida iba a cambiar el rumbo de la historia.
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