• El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso.

    Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido.

    Y allí está ella.

    Hope Mikaelson está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño.

    El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella.
    Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa.

    —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios.

    Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar.

    No hay tiempo para hablar.

    No hay tiempo para promesas.

    Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida.

    Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro.
    Hope se estaba apagando.
    Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible.

    El Winchester la llama por su nombre una y otra vez.
    No obtiene respuesta.
    La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos.

    —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota.

    Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él.
    No cae al suelo.
    Se eleva.

    El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella.

    Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe.
    Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío.
    El viento se ha llevado el último rastro.
    Y el mundo queda en silencio.

    Dean no grita, no llora, no lucha.
    No puede.
    El sonido se queda atrapado en su pecho.

    Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado.

    —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·

    Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso.

    —Hope…

    No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva.
    Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya.

    Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto:

    Si Hope muere, no quedará nada que salvar.
    Ni siquiera un cuerpo que abrazar.

    Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
    El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso. Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido. Y allí está ella. [thetribrid] está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño. El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella. Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa. —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios. Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar. No hay tiempo para hablar. No hay tiempo para promesas. Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida. Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro. Hope se estaba apagando. Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible. El Winchester la llama por su nombre una y otra vez. No obtiene respuesta. La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos. —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota. Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él. No cae al suelo. Se eleva. El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella. Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe. Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío. El viento se ha llevado el último rastro. Y el mundo queda en silencio. Dean no grita, no llora, no lucha. No puede. El sonido se queda atrapado en su pecho. Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado. —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  · Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso. —Hope… No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva. Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya. Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto: Si Hope muere, no quedará nada que salvar. Ni siquiera un cuerpo que abrazar. Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
    Me entristece
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
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    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
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Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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  • Lo intenté más de una vez.

    Apagar la luz.
    Cerrar el telón.
    Silenciar su voz.

    No quise cortarme.

    Hay algo en la sangre… algo sagrado e impresionante.
    Demasiado vivo.
    Demasiado teatral.

    El rojo sobre mi piel no me da paz.
    El rojo me recuerda a él, a lo que me hizo.
    A su mirada cuando me abre.
    A la forma en que observa la carne como si fuera una extensión de su lienzo.

    Fui cobarde.

    Asalté la mesa de noche de mi madre.
    Siempre huele a jabón y flores secas.
    Guarda el elixir de amapola junto a la talquera.

    “Dos gotas debajo de la lengua para dormir toda la noche.”

    La voz del doctor aún flotaba en mi memoria.
    Tan clínico. Tan seguro. Tan definitivo.

    Tomé cuanto había en la botella.
    Estaba nueva.
    Me gustó ese detalle.
    Algo intacto por última vez.

    El líquido era dulce y cálido.
    Engañosamente suave.
    Como una manta de pelo en una noche de invierno.

    Y pronto el mundo empezó a desdibujarse.
    Sentí ligera la cabeza.
    Mis extremidades se hicieron blandas, como si ya no me pertenecieran.

    Y entonces… paz.

    Una paz espesa.
    Profunda.
    Real.

    Recuerdo la sensación de hundirme en mí mismo.
    De no poder abrir los ojos.
    De no poder mover los dedos.
    De no tener que sostener mi propio peso.

    Incluso la falta de aire me arropaba, me anestesiaba.

    Fue hermoso.

    Hasta que dejó de serlo.

    El tirón en mi hombro me arrancó de la tumba.
    La gravedad regresó de golpe.
    El aire quemó al volver.

    No gritaba. Nunca grita.
    Es más peligroso que eso.

    Su fuerza me volteó boca abajo.
    Sus dedos en mi garganta.
    Mi cuerpo traicionándome.
    Expulsando lo que yo había decidido tragar.

    No funcionó.

    Ni siquiera la muerte me pertenece.

    Él no me dejará morir.
    Soy demasiado suyo para desaparecer.

    Ahora el agua tibia me cubre el rostro.
    Resbala por mis párpados cerrados.
    Se acumula en mis oídos y me aísla del mundo.

    Aquí abajo todo es más calmo.
    Más amable.

    La falta de aire no duele.
    Acaricia.
    Promete.

    Me tienta con la misma dulzura que la amapola.
    Me susurra que esta vez podría ser distinto.

    Pero lo sé.

    Lo sé.

    Aunque contenga el aliento hasta que el pecho arda,
    aunque deje que el agua me abrace,
    aunque el mundo vuelva a oscurecerse...

    Él llegará.

    Me reclamará.

    No me dejará morir.

    No me dejará ser libre.
    Lo intenté más de una vez. Apagar la luz. Cerrar el telón. Silenciar su voz. No quise cortarme. Hay algo en la sangre… algo sagrado e impresionante. Demasiado vivo. Demasiado teatral. El rojo sobre mi piel no me da paz. El rojo me recuerda a él, a lo que me hizo. A su mirada cuando me abre. A la forma en que observa la carne como si fuera una extensión de su lienzo. Fui cobarde. Asalté la mesa de noche de mi madre. Siempre huele a jabón y flores secas. Guarda el elixir de amapola junto a la talquera. “Dos gotas debajo de la lengua para dormir toda la noche.” La voz del doctor aún flotaba en mi memoria. Tan clínico. Tan seguro. Tan definitivo. Tomé cuanto había en la botella. Estaba nueva. Me gustó ese detalle. Algo intacto por última vez. El líquido era dulce y cálido. Engañosamente suave. Como una manta de pelo en una noche de invierno. Y pronto el mundo empezó a desdibujarse. Sentí ligera la cabeza. Mis extremidades se hicieron blandas, como si ya no me pertenecieran. Y entonces… paz. Una paz espesa. Profunda. Real. Recuerdo la sensación de hundirme en mí mismo. De no poder abrir los ojos. De no poder mover los dedos. De no tener que sostener mi propio peso. Incluso la falta de aire me arropaba, me anestesiaba. Fue hermoso. Hasta que dejó de serlo. El tirón en mi hombro me arrancó de la tumba. La gravedad regresó de golpe. El aire quemó al volver. No gritaba. Nunca grita. Es más peligroso que eso. Su fuerza me volteó boca abajo. Sus dedos en mi garganta. Mi cuerpo traicionándome. Expulsando lo que yo había decidido tragar. No funcionó. Ni siquiera la muerte me pertenece. Él no me dejará morir. Soy demasiado suyo para desaparecer. Ahora el agua tibia me cubre el rostro. Resbala por mis párpados cerrados. Se acumula en mis oídos y me aísla del mundo. Aquí abajo todo es más calmo. Más amable. La falta de aire no duele. Acaricia. Promete. Me tienta con la misma dulzura que la amapola. Me susurra que esta vez podría ser distinto. Pero lo sé. Lo sé. Aunque contenga el aliento hasta que el pecho arda, aunque deje que el agua me abrace, aunque el mundo vuelva a oscurecerse... Él llegará. Me reclamará. No me dejará morir. No me dejará ser libre.
    Me entristece
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  • #Seductivesunday
    -Tras solventar el tedioso papeleo del hotel y librarme de las sofocantes responsabilidades de Charlie, emprendí una huida que pretendía ser definitiva, solo para ser interceptada por el mensaje que dejó Ozy en recepción para mí esa voz que no admite ignorancia. El Anillo de la Lujuria me recibió con su atmósfera cargada, y allí, entre el neón y el deseo, Asmodeo se debatía en un mar de nerviosismo que se evaporó en cuanto sus ojos se posaron en mi actual e impecable apariencia femenina.-

    —No preguntes...

    -sentencié con un tono que cortaba el aire. -

    Solo dime por qué me has invocado y espero que esta interrupción no sea un desperdicio de mi tiempo....

    -El pecado del Deseo, con esa astucia que le caracteriza, invocó la deuda que pendía sobre mi cabeza. Sin más remedio que ceder, escuché sus exigencias para la nueva gala. A medida que sus especificaciones tomaban forma, una visión arquitectónica y macabra comenzó a cristalizarse en mi mente. El escenario, una mole de esplendor levantada bajo su mando, esperaba mi toque final. Fue entonces cuando mis sombras, esas extensiones de mi propia voluntad, se entrelazaron con el personal de Ozzie para dar vida a una estructura que desafiaba la cordura de los círculos infernales.
    Cuando el recinto alcanzó su punto de ebullición, el aire se volvió denso, eléctrico. Vestida con mi atuendo carmesí característico, liberé un torrente de poder arcano que hizo que las luces del lugar no solo brillaran, sino que sangraran luminiscencia.
    Un preludio enigmático, una melodía que parecía arrastrada desde el vacío mismo, silenció a la masa por un breve instante antes del estallido.
    En cuanto mi silueta emergió entre las sombras, el público estalló en un rugido eufórico, un clamor de almas sedientas que alimentó mi espíritu con una energía renovada.
    Bajo mi batuta invisible, el show se convirtió en una coreografía de caos perfecto. Mientras mis sombras ejecutaban movimientos imposibles, mi voz se elevó, envolviendo cada rincón del Anillo de la Lujuria.
    Desde su palco de honor, Asmodeo observaba con una satisfacción depredadora, proyectando su autoridad indiscutible como Pecado Capital. Sin embargo, sobre el escenario, la verdadera autoridad era el ritmo de mi canto, una frecuencia que mantenía a la audiencia en un estado de trance absoluto, adorando cada nota que emanaba de mis labios mientras el infierno entero se rendía ante el espectáculo más magnífico jamás concebido.-

    https://vt.tiktok.com/ZSm15hobv/
    #Seductivesunday -Tras solventar el tedioso papeleo del hotel y librarme de las sofocantes responsabilidades de Charlie, emprendí una huida que pretendía ser definitiva, solo para ser interceptada por el mensaje que dejó Ozy en recepción para mí esa voz que no admite ignorancia. El Anillo de la Lujuria me recibió con su atmósfera cargada, y allí, entre el neón y el deseo, Asmodeo se debatía en un mar de nerviosismo que se evaporó en cuanto sus ojos se posaron en mi actual e impecable apariencia femenina.- —No preguntes... -sentencié con un tono que cortaba el aire. - Solo dime por qué me has invocado y espero que esta interrupción no sea un desperdicio de mi tiempo.... -El pecado del Deseo, con esa astucia que le caracteriza, invocó la deuda que pendía sobre mi cabeza. Sin más remedio que ceder, escuché sus exigencias para la nueva gala. A medida que sus especificaciones tomaban forma, una visión arquitectónica y macabra comenzó a cristalizarse en mi mente. El escenario, una mole de esplendor levantada bajo su mando, esperaba mi toque final. Fue entonces cuando mis sombras, esas extensiones de mi propia voluntad, se entrelazaron con el personal de Ozzie para dar vida a una estructura que desafiaba la cordura de los círculos infernales. Cuando el recinto alcanzó su punto de ebullición, el aire se volvió denso, eléctrico. Vestida con mi atuendo carmesí característico, liberé un torrente de poder arcano que hizo que las luces del lugar no solo brillaran, sino que sangraran luminiscencia. Un preludio enigmático, una melodía que parecía arrastrada desde el vacío mismo, silenció a la masa por un breve instante antes del estallido. En cuanto mi silueta emergió entre las sombras, el público estalló en un rugido eufórico, un clamor de almas sedientas que alimentó mi espíritu con una energía renovada. Bajo mi batuta invisible, el show se convirtió en una coreografía de caos perfecto. Mientras mis sombras ejecutaban movimientos imposibles, mi voz se elevó, envolviendo cada rincón del Anillo de la Lujuria. Desde su palco de honor, Asmodeo observaba con una satisfacción depredadora, proyectando su autoridad indiscutible como Pecado Capital. Sin embargo, sobre el escenario, la verdadera autoridad era el ritmo de mi canto, una frecuencia que mantenía a la audiencia en un estado de trance absoluto, adorando cada nota que emanaba de mis labios mientras el infierno entero se rendía ante el espectáculo más magnífico jamás concebido.- https://vt.tiktok.com/ZSm15hobv/
    @xmenj69

    “Acto I: Gaga desata el caos sagrado” Bloody Mary, Abracadabra, Judas y Scheiße. Tremendo Mix.. #ladygaga #coachella #fridaynight #2oshow #livemusic #live #CapCut

    ♬ sonido original - David Jhon
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  • La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual.
    Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar.

    Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban.
    Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba.

    Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes.
    Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión.

    A los pies del monumento, un escrito...

    "Nada escapa de la mirada de la anfitriona
    Habéis sido elegidos, almas fuertes.
    Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto.
    Cuando el momento llegue..."

    Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento.

    Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad.

    Kalhi NigDurgaeGrimmjow Jaegerjaquez 𝑻𝑬𝑵𝑬𝑩𝑹𝑶𝑼𝑺 [nebula_emerald_zebra_687][vortex_navy_bat_673]Sephtálon Feu[PROPHETESS.1]Leo 𝙀𝙧𝙞𝙣 Nikto

    //El orden de turnos será por orden de llegada
    La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual. Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar. Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban. Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba. Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes. Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión. A los pies del monumento, un escrito... "Nada escapa de la mirada de la anfitriona Habéis sido elegidos, almas fuertes. Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto. Cuando el momento llegue..." Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento. Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad. [kalh1][6espada] [Tenebrous2][nebula_emerald_zebra_687][vortex_navy_bat_673][storm_pink_crow_361][PROPHETESS.1][Cursed_Bastard][Black.Rose][p0isonmaker] //El orden de turnos será por orden de llegada
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    Busco personas dispuestas a construir una historia donde el drama sea el hilo conductor y el slow-burn la norma.

    Vínculos de Interés que busco:

    I. Interés Romántico - Hombre o Mujer.
    Puede ser un estudiante de otra facultad, un artista consolidado o alguien del pasado.
    • La dinámica: Tensión sexual no resuelta, discusiones intelectuales, silencios cargados en el estudio de arte y un acercamiento lento. Quiero que se descubran poco a poco.

    II. Rivalidad / Amistad Tóxica
    Alguien que compita con ella por la excelencia. Un compañero/a de carrera que envidie su talento natural.
    • La dinámica: Una relación de "te odio pero eres la única persona que me entiende". Competencia feroz por becas o espacios en galerías.

    III. Mejor amigo/a
    Esa persona que conoce la verdad sobre su familia y el desprecio de su padre hacia su carrera. El que la recoge cuando se queda dormida sobre un lienzo o cuando el peso de las expectativas la hace colapsar.
    • La dinámica: Confianza ciega, pero con matices de drama. Quizás hay sentimientos no correspondidos o un secreto compartido que podría arruinar la reputación de ambos en la alta sociedad.

    Notas de U:
    • Estilo: Escribo en tercera persona, con una extensión considerable (busco posts que profundicen en la psicología de los personajes).
    • Ritmo: Soy partidaria de la calidad sobre la cantidad. No espero respuestas inmediatas, pero sí trabajadas.
    • Temas: Abierta a tocar temas oscuros, conflictos familiares, crisis existenciales y, por supuesto, mucho romance a fuego lento.
    • Disponibilidad: Si tienes una idea que encaje con este perfil, ¡mis MD están abiertos!
    Busco personas dispuestas a construir una historia donde el drama sea el hilo conductor y el slow-burn la norma. Vínculos de Interés que busco: I. Interés Romántico - Hombre o Mujer. Puede ser un estudiante de otra facultad, un artista consolidado o alguien del pasado. • La dinámica: Tensión sexual no resuelta, discusiones intelectuales, silencios cargados en el estudio de arte y un acercamiento lento. Quiero que se descubran poco a poco. II. Rivalidad / Amistad Tóxica Alguien que compita con ella por la excelencia. Un compañero/a de carrera que envidie su talento natural. • La dinámica: Una relación de "te odio pero eres la única persona que me entiende". Competencia feroz por becas o espacios en galerías. III. Mejor amigo/a Esa persona que conoce la verdad sobre su familia y el desprecio de su padre hacia su carrera. El que la recoge cuando se queda dormida sobre un lienzo o cuando el peso de las expectativas la hace colapsar. • La dinámica: Confianza ciega, pero con matices de drama. Quizás hay sentimientos no correspondidos o un secreto compartido que podría arruinar la reputación de ambos en la alta sociedad. Notas de U: • Estilo: Escribo en tercera persona, con una extensión considerable (busco posts que profundicen en la psicología de los personajes). • Ritmo: Soy partidaria de la calidad sobre la cantidad. No espero respuestas inmediatas, pero sí trabajadas. • Temas: Abierta a tocar temas oscuros, conflictos familiares, crisis existenciales y, por supuesto, mucho romance a fuego lento. • Disponibilidad: Si tienes una idea que encaje con este perfil, ¡mis MD están abiertos! 💋
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  • El Rayo primordial
    Fandom Omegaverse Ishtar
    Categoría Acción
    El salón de entrenamiento aún respira incienso antiguo y piedra caliente cuando doy un paso al frente. No levanto la voz; no hace falta.

    Te miro, pupilo.
    La emperatriz Sasha ha hablado.
    Y cuando la Emperatriz honra a alguien con una orden, esa orden se convierte en el eje de su existencia.

    Hoy, tu vida gira alrededor de esto.

    —Has sido puesto bajo mi tutela —te digo, con calma absoluta—. No como castigo, sino como privilegio. Sasha me ha confiado tu fuego… y tu destino. Respóndele con respeto. Respóndeme con obediencia. No hay nada más importante para ti ahora mismo que convertirte en digno del nombre Ishtar.

    Me detengo frente a ti. Siento tu fuego primordial arder, joven, impetuoso, aún desordenado. Un don de nacimiento. Valioso… pero incompleto.

    —No te equivoques —continúo—. En nuestra estirpe, los machos nacen con fuerza, pero las hembras forjamos el poder. Yo no nací completa. Me hice. Desde cero. Con la dualidad de Veythra desgarrando mi alma, luchando contra mí… hasta que dejamos de ser dos.

    Ahora somos una.

    Y ese poder —una sombra del que porta Jennifer con su medio corazón del Caos-Elunai— me pertenece. Un fragmento, sí. Pero afilado hasta la perfección.

    Doy media vuelta y extiendo la mano. El aire a nuestro alrededor empieza a vibrar.

    —Tu fuego primordial será nuestro punto de partida. No el final.
    Hoy aprenderás algo que pocos íncubos logran comprender: el fuego no sólo quema… mueve.
    Las corrientes de calor nacen de mi palma, invisibles pero feroces.

    —Siente cómo el fuego empuja al mundo. El calor crea viento. No lo impongas. Guíalo.
    Ese viento incandescente es una extensión de ti. Deja que te atraviese el pecho, los brazos, la espalda. Respira con él.
    El aire se ondula. La temperatura sube.

    —Ahora escucha con algo más que los oídos —susurro—. El aire está vivo. Contiene agua. Moléculas suspendidas, esperando ser llamadas.
    No las fuerces. Reconócelas como parte de ti.
    Mis ojos brillan apenas.

    —Encuentra el punto exacto, Ignia. Ni frío ni exceso de fuego. El instante sagrado donde el agua deja de ser agua… y se vuelve vapor.
    El viento gira, más preciso.

    —Bien. Ahora viene lo difícil.
    Haz chocar dos moléculas de vapor. No con rabia. Con intención. Compresión perfecta. Velocidad justa.
    Clavo la mirada en la tuya.

    —Cuando lo logres, el cielo responderá. Porque el rayo no nace del odio… nace del equilibrio violento entre fuerzas opuestas.
    Bajo lentamente la mano.

    —Empieza.
    Demuestra a la emperatriz Sasha que su honor no fue mal otorgado.
    Y a mí… que mereces llamarme sensei.
    El salón de entrenamiento aún respira incienso antiguo y piedra caliente cuando doy un paso al frente. No levanto la voz; no hace falta. Te miro, pupilo. La emperatriz Sasha ha hablado. Y cuando la Emperatriz honra a alguien con una orden, esa orden se convierte en el eje de su existencia. Hoy, tu vida gira alrededor de esto. —Has sido puesto bajo mi tutela —te digo, con calma absoluta—. No como castigo, sino como privilegio. Sasha me ha confiado tu fuego… y tu destino. Respóndele con respeto. Respóndeme con obediencia. No hay nada más importante para ti ahora mismo que convertirte en digno del nombre Ishtar. Me detengo frente a ti. Siento tu fuego primordial arder, joven, impetuoso, aún desordenado. Un don de nacimiento. Valioso… pero incompleto. —No te equivoques —continúo—. En nuestra estirpe, los machos nacen con fuerza, pero las hembras forjamos el poder. Yo no nací completa. Me hice. Desde cero. Con la dualidad de Veythra desgarrando mi alma, luchando contra mí… hasta que dejamos de ser dos. Ahora somos una. Y ese poder —una sombra del que porta Jennifer con su medio corazón del Caos-Elunai— me pertenece. Un fragmento, sí. Pero afilado hasta la perfección. Doy media vuelta y extiendo la mano. El aire a nuestro alrededor empieza a vibrar. —Tu fuego primordial será nuestro punto de partida. No el final. Hoy aprenderás algo que pocos íncubos logran comprender: el fuego no sólo quema… mueve. Las corrientes de calor nacen de mi palma, invisibles pero feroces. —Siente cómo el fuego empuja al mundo. El calor crea viento. No lo impongas. Guíalo. Ese viento incandescente es una extensión de ti. Deja que te atraviese el pecho, los brazos, la espalda. Respira con él. El aire se ondula. La temperatura sube. —Ahora escucha con algo más que los oídos —susurro—. El aire está vivo. Contiene agua. Moléculas suspendidas, esperando ser llamadas. No las fuerces. Reconócelas como parte de ti. Mis ojos brillan apenas. —Encuentra el punto exacto, Ignia. Ni frío ni exceso de fuego. El instante sagrado donde el agua deja de ser agua… y se vuelve vapor. El viento gira, más preciso. —Bien. Ahora viene lo difícil. Haz chocar dos moléculas de vapor. No con rabia. Con intención. Compresión perfecta. Velocidad justa. Clavo la mirada en la tuya. —Cuando lo logres, el cielo responderá. Porque el rayo no nace del odio… nace del equilibrio violento entre fuerzas opuestas. Bajo lentamente la mano. —Empieza. Demuestra a la emperatriz Sasha que su honor no fue mal otorgado. Y a mí… que mereces llamarme sensei.
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  • Nota Psicológica Confidencial — Sujeto:
    LUANA

    Clasificación: Reservado
    Estado: Evaluación introspectiva post-transformación completa
    Tiempo transcurrido desde conversión total: 4 años

    Resumen general:
    Luana presenta un alto nivel de conciencia identitaria posterior a un proceso prolongado de disociación y control externo. La ruptura física con su creador no derivó en una ruptura psicológica del vínculo de creación, lo cual ha generado un conflicto interno sostenido entre autonomía personal y existencia del lazo primigenio.

    Estado emocional predominante
    Cansancio profundo ante figuras de autoridad, control o expectativas impuestas.

    Determinación silenciosa orientada a la autodeterminación.

    Conflicto latente, no explosivo: el vínculo no genera rechazo visceral, sino una incomodidad persistente.

    Ausencia de sumisión emocional, reemplazada por una búsqueda constante de coherencia interna.

    Luana no presenta dependencia afectiva activa hacia el creador, pero sí una conciencia constante del lazo, lo que indica que el conflicto no es de apego, sino de significado.

    Identidad y autopercepción
    Se percibe a sí misma como un ser completo, no fragmentado entre humano y loba.

    La forma lobuna ha sido integrada de manera funcional y consciente; no hay pérdida de control ni episodios de fuga instintiva.

    Rechaza activamente etiquetas como creación, arma, extensión o herencia.
    Luana se define por elección, no por origen.

    Relación con el vínculo de creación
    El vínculo es reconocido como existente, pero no aceptado como autoridad.
    No se percibe como una cadena, sino como una presencia no resuelta.
    La negación previa del vínculo no era ignorancia, sino un mecanismo de defensa para preservar su identidad.
    Actualmente, Luana no busca romper el lazo, sino redefinir su significado bajo sus propios términos.

    Mecanismos de defensa
    Control emocional elevado: evita reacciones impulsivas.

    Introspección constante: analiza sus emociones antes de permitir que actúen sobre ella.

    Distanciamiento selectivo: no huye, pero mantiene límites claros.

    No se detecta negación patológica, sino resistencia consciente.

    Conclusión
    Luana se encuentra en una etapa crítica de consolidación identitaria. El mayor riesgo no es el vínculo en sí, sino la posibilidad de que este sea interpretado externamente como un derecho sobre ella.

    Su estabilidad depende de mantener una verdad interna clara:
    Ser creada no implica pertenecer.
    El siguiente punto de evolución psicológica será decidir qué lugar ocupa el vínculo en su vida, no desde la obligación, sino desde la elección.
    Nota Psicológica Confidencial — Sujeto: LUANA Clasificación: Reservado Estado: Evaluación introspectiva post-transformación completa Tiempo transcurrido desde conversión total: 4 años Resumen general: Luana presenta un alto nivel de conciencia identitaria posterior a un proceso prolongado de disociación y control externo. La ruptura física con su creador no derivó en una ruptura psicológica del vínculo de creación, lo cual ha generado un conflicto interno sostenido entre autonomía personal y existencia del lazo primigenio. Estado emocional predominante Cansancio profundo ante figuras de autoridad, control o expectativas impuestas. Determinación silenciosa orientada a la autodeterminación. Conflicto latente, no explosivo: el vínculo no genera rechazo visceral, sino una incomodidad persistente. Ausencia de sumisión emocional, reemplazada por una búsqueda constante de coherencia interna. Luana no presenta dependencia afectiva activa hacia el creador, pero sí una conciencia constante del lazo, lo que indica que el conflicto no es de apego, sino de significado. Identidad y autopercepción Se percibe a sí misma como un ser completo, no fragmentado entre humano y loba. La forma lobuna ha sido integrada de manera funcional y consciente; no hay pérdida de control ni episodios de fuga instintiva. Rechaza activamente etiquetas como creación, arma, extensión o herencia. Luana se define por elección, no por origen. Relación con el vínculo de creación El vínculo es reconocido como existente, pero no aceptado como autoridad. No se percibe como una cadena, sino como una presencia no resuelta. La negación previa del vínculo no era ignorancia, sino un mecanismo de defensa para preservar su identidad. Actualmente, Luana no busca romper el lazo, sino redefinir su significado bajo sus propios términos. Mecanismos de defensa Control emocional elevado: evita reacciones impulsivas. Introspección constante: analiza sus emociones antes de permitir que actúen sobre ella. Distanciamiento selectivo: no huye, pero mantiene límites claros. No se detecta negación patológica, sino resistencia consciente. Conclusión Luana se encuentra en una etapa crítica de consolidación identitaria. El mayor riesgo no es el vínculo en sí, sino la posibilidad de que este sea interpretado externamente como un derecho sobre ella. Su estabilidad depende de mantener una verdad interna clara: Ser creada no implica pertenecer. El siguiente punto de evolución psicológica será decidir qué lugar ocupa el vínculo en su vida, no desde la obligación, sino desde la elección.
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    — E̶l̶ ̶S̶i̶l̶e̶n̶c̶i̶o̶ ̶d̶e̶l̶ ̶O̶r̶d̶e̶n̶

    La nieve descendía con una parsimonia que resultaba casi insultante frente al caos que acababa de extinguirse. En aquella carretera olvidada, el silencio era una entidad densa, interrumpida únicamente por el crepitar lejano de lo que alguna vez fue una ciudad y el siseo casi imperceptible del cigarrillo de Makima al consumirse.

    ​Ella se apoyó contra el metal gélido del coche, permitiendo que el peso del abrigo, empapado por una humedad que trascendía lo meteorológico, la anclara al momento. En su mejilla, una pequeña herida comenzaba a cerrarse con una eficiencia antinatural; el rastro escarlata que dejaba a su paso era la única mancha de imperfección en su palidez de porcelana. No había fatiga en sus ojos dorados, solo esa calma gélida y absoluta de quien contempla un incendio como si fuera una simple puesta de sol.

    ​Sobre el techo del vehículo, dos cuervos se posaron con un aleteo seco. La observaban con ojos inteligentes, negros y fijos, como extensiones de su propia voluntad. Eran sus únicos testigos, y los únicos que no necesitaban explicaciones.
    ​Inhaló el humo con lentitud, dejando que el calor del tabaco fuera el último vínculo con un mundo físico que ella misma estaba moldeando a su antojo. A lo lejos, las llamas bailaban contra el cielo plomizo, tiñendo las nubes de un naranja violento y tóxico. Para Makima, aquel espectáculo no era una tragedia, sino una firma. Todo había salido según lo previsto. El sacrificio no era un error de cálculo, sino la moneda de cambio; el orden, después de todo, siempre exige una cuota de sangre que solo ella estaba dispuesta a cobrar.
    ​Soltó el aire en un suspiro blanquecino que se disolvió entre los copos de nieve, una exhalación tan fría como el entorno.

    ​—Qué silencioso se vuelve el mundo cuando por fin obedece —susurró para nadie, o quizás para el destino mismo.
    ​Con un gesto despreocupado, arrojó la colilla al suelo. El pequeño punto de fuego se extinguió al instante al contacto con la escarcha, desapareciendo como las vidas que se habían apagado esa noche. Makima se enderezó, ajustándose el abrigo con una elegancia imperturbable. Aún quedaba mucho por construir sobre las cenizas, y ella tenía toda la eternidad para ser la arquitecta de esa nueva y perfecta paz.
    — E̶l̶ ̶S̶i̶l̶e̶n̶c̶i̶o̶ ̶d̶e̶l̶ ̶O̶r̶d̶e̶n̶ La nieve descendía con una parsimonia que resultaba casi insultante frente al caos que acababa de extinguirse. En aquella carretera olvidada, el silencio era una entidad densa, interrumpida únicamente por el crepitar lejano de lo que alguna vez fue una ciudad y el siseo casi imperceptible del cigarrillo de Makima al consumirse. ​Ella se apoyó contra el metal gélido del coche, permitiendo que el peso del abrigo, empapado por una humedad que trascendía lo meteorológico, la anclara al momento. En su mejilla, una pequeña herida comenzaba a cerrarse con una eficiencia antinatural; el rastro escarlata que dejaba a su paso era la única mancha de imperfección en su palidez de porcelana. No había fatiga en sus ojos dorados, solo esa calma gélida y absoluta de quien contempla un incendio como si fuera una simple puesta de sol. ​Sobre el techo del vehículo, dos cuervos se posaron con un aleteo seco. La observaban con ojos inteligentes, negros y fijos, como extensiones de su propia voluntad. Eran sus únicos testigos, y los únicos que no necesitaban explicaciones. ​Inhaló el humo con lentitud, dejando que el calor del tabaco fuera el último vínculo con un mundo físico que ella misma estaba moldeando a su antojo. A lo lejos, las llamas bailaban contra el cielo plomizo, tiñendo las nubes de un naranja violento y tóxico. Para Makima, aquel espectáculo no era una tragedia, sino una firma. Todo había salido según lo previsto. El sacrificio no era un error de cálculo, sino la moneda de cambio; el orden, después de todo, siempre exige una cuota de sangre que solo ella estaba dispuesta a cobrar. ​Soltó el aire en un suspiro blanquecino que se disolvió entre los copos de nieve, una exhalación tan fría como el entorno. ​—Qué silencioso se vuelve el mundo cuando por fin obedece —susurró para nadie, o quizás para el destino mismo. ​Con un gesto despreocupado, arrojó la colilla al suelo. El pequeño punto de fuego se extinguió al instante al contacto con la escarcha, desapareciendo como las vidas que se habían apagado esa noche. Makima se enderezó, ajustándose el abrigo con una elegancia imperturbable. Aún quedaba mucho por construir sobre las cenizas, y ella tenía toda la eternidad para ser la arquitecta de esa nueva y perfecta paz.
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    ༒︎— ​𝔈𝔩 𝔓𝔯𝔢𝔠𝔦𝔬 𝔡𝔢 𝔩𝔞 𝔏𝔲𝔷.

    El frío del metal contra mi cuello ya no me molesta; es una parte de mí, una extensión de mi propia piel que olvidé cómo sentir. A mi alrededor, el mundo es un bosque de acero. Escucho el chirrido de las articulaciones de las armaduras de mis caballeros, ese sonido rítmico y pesado que antes me infundía valor, pero que hoy solo me recuerda el peso de mis promesas.
    ​Ellos me siguen porque soy su Rey. Creen que soy una estatua inamovible, un ideal que no conoce la duda. No ven que, bajo este grabado azul y plata, el corazón de la joven que alguna vez fui late con una lentitud dolorosa. Me he quitado el yelmo porque necesito sentir el viento; necesito que el aire me recuerde que todavía estoy viva, aunque mi destino pertenezca por completo a la tierra que piso.

    ​Miro hacia el horizonte, donde el cielo se confunde con el polvo de la guerra. Me pregunto cuántos de los hombres que marchan a mi espalda verán el amanecer de mañana. Sé que mi deber es no flaquear, porque si el Rey duda, el reino se desmorona. Sin embargo, en este breve instante de silencio antes del choque, me permito la debilidad de la memoria. Recuerdo el peso de la espada en la piedra y el momento exacto en que dejé de ser una persona para convertirme en un símbolo.

    ​El viento agita mi cabello y por un segundo me siento ligera, casi libre. Pero el deber es una cadena más fuerte que cualquier acero. Mis caballeros esperan una señal. Britania espera un milagro.
    ​Cierro los ojos, respiro el aroma del hierro y la humedad, y entierro a la mujer una vez más. El Rey debe avanzar.
    ༒︎— ​𝔈𝔩 𝔓𝔯𝔢𝔠𝔦𝔬 𝔡𝔢 𝔩𝔞 𝔏𝔲𝔷. El frío del metal contra mi cuello ya no me molesta; es una parte de mí, una extensión de mi propia piel que olvidé cómo sentir. A mi alrededor, el mundo es un bosque de acero. Escucho el chirrido de las articulaciones de las armaduras de mis caballeros, ese sonido rítmico y pesado que antes me infundía valor, pero que hoy solo me recuerda el peso de mis promesas. ​Ellos me siguen porque soy su Rey. Creen que soy una estatua inamovible, un ideal que no conoce la duda. No ven que, bajo este grabado azul y plata, el corazón de la joven que alguna vez fui late con una lentitud dolorosa. Me he quitado el yelmo porque necesito sentir el viento; necesito que el aire me recuerde que todavía estoy viva, aunque mi destino pertenezca por completo a la tierra que piso. ​Miro hacia el horizonte, donde el cielo se confunde con el polvo de la guerra. Me pregunto cuántos de los hombres que marchan a mi espalda verán el amanecer de mañana. Sé que mi deber es no flaquear, porque si el Rey duda, el reino se desmorona. Sin embargo, en este breve instante de silencio antes del choque, me permito la debilidad de la memoria. Recuerdo el peso de la espada en la piedra y el momento exacto en que dejé de ser una persona para convertirme en un símbolo. ​El viento agita mi cabello y por un segundo me siento ligera, casi libre. Pero el deber es una cadena más fuerte que cualquier acero. Mis caballeros esperan una señal. Britania espera un milagro. ​Cierro los ojos, respiro el aroma del hierro y la humedad, y entierro a la mujer una vez más. El Rey debe avanzar.
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