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    Sueño de Selin — Parte I


    Anoche Selin volvió a visitarme.
    Pero no como otras veces.
    Esta vez no era la mujer que recuerdo, ni la sombra luminosa que camina entre futuros posibles.

    Era una niña con apariencia de 13 años.
    Pequeña, serena… y terriblemente firme.

    No habló con la boca.
    Sus labios no se movieron.
    Su voz nació dentro de mí, en la parte del alma donde no existe la mentira.

    Y me contó una historia que ya conocía…
    pero esta vez dolía distinto.

    Durante el reinado del Caos de Oz, dos facciones Elunai —enemigas irreconciliables, obsesionadas con el control del poder lunar— se unieron por un mismo temor.
    Lo sabes bien.

    Cientos de soldados fueron movilizados para eliminar a Selin.
    Estaba embarazada de Veythra…
    y ya habían visto lo que podía engendrar su sangre en Jennifer.
    No fue justicia.
    Fue miedo.
    La rodearon.
    La acorralaron.
    Y la asesinaron.

    Muchos atacaron.
    Pero solo una dio el golpe de gracia.
    Una elfa.
    Movida por el temor…
    y por las órdenes de sus superiores.
    Sueño de Selin — Parte I Anoche Selin volvió a visitarme. Pero no como otras veces. Esta vez no era la mujer que recuerdo, ni la sombra luminosa que camina entre futuros posibles. Era una niña con apariencia de 13 años. Pequeña, serena… y terriblemente firme. No habló con la boca. Sus labios no se movieron. Su voz nació dentro de mí, en la parte del alma donde no existe la mentira. Y me contó una historia que ya conocía… pero esta vez dolía distinto. Durante el reinado del Caos de Oz, dos facciones Elunai —enemigas irreconciliables, obsesionadas con el control del poder lunar— se unieron por un mismo temor. Lo sabes bien. Cientos de soldados fueron movilizados para eliminar a Selin. Estaba embarazada de Veythra… y ya habían visto lo que podía engendrar su sangre en Jennifer. No fue justicia. Fue miedo. La rodearon. La acorralaron. Y la asesinaron. Muchos atacaron. Pero solo una dio el golpe de gracia. Una elfa. Movida por el temor… y por las órdenes de sus superiores.
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  • En esta tierra habrá elfas? Nunca me e encontrado con una incluso llegue a relacionarme con chicas dragón, aunque las licántropas son también escasas
    En esta tierra habrá elfas? Nunca me e encontrado con una incluso llegue a relacionarme con chicas dragón, aunque las licántropas son también escasas
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  • — A por otro año mas juntos mi hermosa elfa, , no veo mi vida sin tenerte a mi

    Adriana Salvatore
    — A por otro año mas juntos mi hermosa elfa, , no veo mi vida sin tenerte a mi [Adri_Salvatore]
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    Relato en Post y comentario de la imagen 🩷

    Inclino apenas la mano… y la magia responde antes que el pensamiento.

    Mi aura se expande como una grieta invisible y, de pronto, la espía es revelada.

    Una elfa. Alta, delgada, con rasgos que no encajan del todo en este tiempo. Su piel parece haber sido tocada por algo que no debería haberla rozado nunca.
    El general palidece.

    —¡Una espía de Jennifer! —grita, con un miedo demasiado inmediato para ser fingido.

    Golpea un mecanismo oculto en la pared. La piedra se abre con un gemido antiguo y, sin mirar atrás, huye por el pasadizo secreto mientras ruge la orden:
    —¡Matad a las intrusas!

    Ladeo la cabeza, genuinamente confundida.
    No llego a moverme.

    Las sombras de los soldados se alargan, se despegan de sus pies como animales obedientes y, en un único gesto mío, se levantan y los atraviesan. No hay gritos largos. No hay lucha. Solo cuerpos cayendo, ensartados por su propia oscuridad.
    Silencio.

    Miro a la elfa.
    Hay algo en ella que no encaja. Algo que tira de mí como una astilla en la mente. Le hago un gesto mínimo con la cabeza y avanzo hacia la sala interior. Ella me sigue.

    Cuando entramos, la atmósfera cambia.
    Allí nos espera un clon de Jennifer.
    No perfecto. No completo. Una existencia forzada, sostenida por hechicería torpe y miedo. Al verla, algo en mi pecho se tensa. En ese reflejo deformado veo… mi propio cuerpo. Mi propia lucha. Dos errores del tiempo intentando no desaparecer.

    La elfa se gira hacia mí.

    —Puedes matarla —dice, con una calma que no le pertenece—. Te doy permiso.

    La miro.

    —No sigo órdenes —respondo—.
    Y no mato aquello cuya existencia nunca debió suceder.

    El clon me observa. No con odio. Con hambre de realidad.
    La elfa no duda más.
    Cruza la distancia y le degüella la garganta con un movimiento limpio. El cuerpo cae, deshaciéndose como una marioneta sin hilos… y entonces algo sale de ella.

    Una presencia.
    No tiene forma definida, pero habla.
    —Te devuelvo tu tiempo —susurra hacia la elfa—. Lo justo para vengarte.

    La elfa se endereza.
    Y por primera vez… es ella. No la máscara. No la espía.

    Me mira mientras camina hacia el general, que ha regresado demasiado tarde, creyéndose a salvo.

    —Pedí ayuda —dice—. Para vengar mi muerte… y la de mi grupo.
    Este ente aceptó.
    Pero no por mí.

    Clava su mirada en la mía.

    —Lo hizo para estar cerca de ti.
    Y de Jennifer.

    El general apenas tiene tiempo de suplicar. La elfa lo mata sin ceremonia. Sin gloria. Sin alivio.
    Cuando el cuerpo cae, el tiempo prestado se agota.
    La elfa verdadera se desploma también. Sin vida. Sin historia que continúe.

    El ente ya no está.
    Me quedo sola en la sala, rodeada de cadáveres, ecos rotos y decisiones inútiles.
    Exhalo despacio.

    —Al final… —murmuro— todo esto ha sido una pérdida de tiempo.
    Miro mis manos. Siento el cuerpo vibrar, inestable, reclamando atención.

    Mi tiempo.
    Tan preciado.
    Tan escaso.
    Relato en Post y comentario de la imagen 🩷 Inclino apenas la mano… y la magia responde antes que el pensamiento. Mi aura se expande como una grieta invisible y, de pronto, la espía es revelada. Una elfa. Alta, delgada, con rasgos que no encajan del todo en este tiempo. Su piel parece haber sido tocada por algo que no debería haberla rozado nunca. El general palidece. —¡Una espía de Jennifer! —grita, con un miedo demasiado inmediato para ser fingido. Golpea un mecanismo oculto en la pared. La piedra se abre con un gemido antiguo y, sin mirar atrás, huye por el pasadizo secreto mientras ruge la orden: —¡Matad a las intrusas! Ladeo la cabeza, genuinamente confundida. No llego a moverme. Las sombras de los soldados se alargan, se despegan de sus pies como animales obedientes y, en un único gesto mío, se levantan y los atraviesan. No hay gritos largos. No hay lucha. Solo cuerpos cayendo, ensartados por su propia oscuridad. Silencio. Miro a la elfa. Hay algo en ella que no encaja. Algo que tira de mí como una astilla en la mente. Le hago un gesto mínimo con la cabeza y avanzo hacia la sala interior. Ella me sigue. Cuando entramos, la atmósfera cambia. Allí nos espera un clon de Jennifer. No perfecto. No completo. Una existencia forzada, sostenida por hechicería torpe y miedo. Al verla, algo en mi pecho se tensa. En ese reflejo deformado veo… mi propio cuerpo. Mi propia lucha. Dos errores del tiempo intentando no desaparecer. La elfa se gira hacia mí. —Puedes matarla —dice, con una calma que no le pertenece—. Te doy permiso. La miro. —No sigo órdenes —respondo—. Y no mato aquello cuya existencia nunca debió suceder. El clon me observa. No con odio. Con hambre de realidad. La elfa no duda más. Cruza la distancia y le degüella la garganta con un movimiento limpio. El cuerpo cae, deshaciéndose como una marioneta sin hilos… y entonces algo sale de ella. Una presencia. No tiene forma definida, pero habla. —Te devuelvo tu tiempo —susurra hacia la elfa—. Lo justo para vengarte. La elfa se endereza. Y por primera vez… es ella. No la máscara. No la espía. Me mira mientras camina hacia el general, que ha regresado demasiado tarde, creyéndose a salvo. —Pedí ayuda —dice—. Para vengar mi muerte… y la de mi grupo. Este ente aceptó. Pero no por mí. Clava su mirada en la mía. —Lo hizo para estar cerca de ti. Y de Jennifer. El general apenas tiene tiempo de suplicar. La elfa lo mata sin ceremonia. Sin gloria. Sin alivio. Cuando el cuerpo cae, el tiempo prestado se agota. La elfa verdadera se desploma también. Sin vida. Sin historia que continúe. El ente ya no está. Me quedo sola en la sala, rodeada de cadáveres, ecos rotos y decisiones inútiles. Exhalo despacio. —Al final… —murmuro— todo esto ha sido una pérdida de tiempo. Miro mis manos. Siento el cuerpo vibrar, inestable, reclamando atención. Mi tiempo. Tan preciado. Tan escaso.
    Inclino apenas la mano… y la magia responde antes que el pensamiento.

    Mi aura se expande como una grieta invisible y, de pronto, la espía es revelada.

    Una elfa. Alta, delgada, con rasgos que no encajan del todo en este tiempo. Su piel parece haber sido tocada por algo que no debería haberla rozado nunca.
    El general palidece.

    —¡Una espía de Jennifer! —grita, con un miedo demasiado inmediato para ser fingido.

    Golpea un mecanismo oculto en la pared. La piedra se abre con un gemido antiguo y, sin mirar atrás, huye por el pasadizo secreto mientras ruge la orden:
    —¡Matad a las intrusas!

    Ladeo la cabeza, genuinamente confundida.
    No llego a moverme.

    Las sombras de los soldados se alargan, se despegan de sus pies como animales obedientes y, en un único gesto mío, se levantan y los atraviesan. No hay gritos largos. No hay lucha. Solo cuerpos cayendo, ensartados por su propia oscuridad.
    Silencio.

    Miro a la elfa.
    Hay algo en ella que no encaja. Algo que tira de mí como una astilla en la mente. Le hago un gesto mínimo con la cabeza y avanzo hacia la sala interior. Ella me sigue.

    Cuando entramos, la atmósfera cambia.
    Allí nos espera un clon de Jennifer.
    No perfecto. No completo. Una existencia forzada, sostenida por hechicería torpe y miedo. Al verla, algo en mi pecho se tensa. En ese reflejo deformado veo… mi propio cuerpo. Mi propia lucha. Dos errores del tiempo intentando no desaparecer.

    La elfa se gira hacia mí.

    —Puedes matarla —dice, con una calma que no le pertenece—. Te doy permiso.

    La miro.

    —No sigo órdenes —respondo—.
    Y no mato aquello cuya existencia nunca debió suceder.

    El clon me observa. No con odio. Con hambre de realidad.
    La elfa no duda más.
    Cruza la distancia y le degüella la garganta con un movimiento limpio. El cuerpo cae, deshaciéndose como una marioneta sin hilos… y entonces algo sale de ella.

    Una presencia.
    No tiene forma definida, pero habla.
    —Te devuelvo tu tiempo —susurra hacia la elfa—. Lo justo para vengarte.

    La elfa se endereza.
    Y por primera vez… es ella. No la máscara. No la espía.

    Me mira mientras camina hacia el general, que ha regresado demasiado tarde, creyéndose a salvo.

    —Pedí ayuda —dice—. Para vengar mi muerte… y la de mi grupo.
    Este ente aceptó.
    Pero no por mí.

    Clava su mirada en la mía.

    —Lo hizo para estar cerca de ti.
    Y de Jennifer.

    El general apenas tiene tiempo de suplicar. La elfa lo mata sin ceremonia. Sin gloria. Sin alivio.
    Cuando el cuerpo cae, el tiempo prestado se agota.
    La elfa verdadera se desploma también. Sin vida. Sin historia que continúe.

    El ente ya no está.
    Me quedo sola en la sala, rodeada de cadáveres, ecos rotos y decisiones inútiles.
    Exhalo despacio.

    —Al final… —murmuro— todo esto ha sido una pérdida de tiempo.
    Miro mis manos. Siento el cuerpo vibrar, inestable, reclamando atención.

    Mi tiempo.
    Tan preciado.
    Tan escaso.
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    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Inclino apenas la mano… y la magia responde antes que el pensamiento.

    Mi aura se expande como una grieta invisible y, de pronto, la espía es revelada.

    Una elfa. Alta, delgada, con rasgos que no encajan del todo en este tiempo. Su piel parece haber sido tocada por algo que no debería haberla rozado nunca.
    El general palidece.

    —¡Una espía de Jennifer! —grita, con un miedo demasiado inmediato para ser fingido.

    Golpea un mecanismo oculto en la pared. La piedra se abre con un gemido antiguo y, sin mirar atrás, huye por el pasadizo secreto mientras ruge la orden:
    —¡Matad a las intrusas!

    Ladeo la cabeza, genuinamente confundida.
    No llego a moverme.

    Las sombras de los soldados se alargan, se despegan de sus pies como animales obedientes y, en un único gesto mío, se levantan y los atraviesan. No hay gritos largos. No hay lucha. Solo cuerpos cayendo, ensartados por su propia oscuridad.
    Silencio.

    Miro a la elfa.
    Hay algo en ella que no encaja. Algo que tira de mí como una astilla en la mente. Le hago un gesto mínimo con la cabeza y avanzo hacia la sala interior. Ella me sigue.

    Cuando entramos, la atmósfera cambia.
    Allí nos espera un clon de Jennifer.
    No perfecto. No completo. Una existencia forzada, sostenida por hechicería torpe y miedo. Al verla, algo en mi pecho se tensa. En ese reflejo deformado veo… mi propio cuerpo. Mi propia lucha. Dos errores del tiempo intentando no desaparecer.

    La elfa se gira hacia mí.

    —Puedes matarla —dice, con una calma que no le pertenece—. Te doy permiso.

    La miro.

    —No sigo órdenes —respondo—.
    Y no mato aquello cuya existencia nunca debió suceder.

    El clon me observa. No con odio. Con hambre de realidad.
    La elfa no duda más.
    Cruza la distancia y le degüella la garganta con un movimiento limpio. El cuerpo cae, deshaciéndose como una marioneta sin hilos… y entonces algo sale de ella.

    Una presencia.
    No tiene forma definida, pero habla.
    —Te devuelvo tu tiempo —susurra hacia la elfa—. Lo justo para vengarte.

    La elfa se endereza.
    Y por primera vez… es ella. No la máscara. No la espía.

    Me mira mientras camina hacia el general, que ha regresado demasiado tarde, creyéndose a salvo.

    —Pedí ayuda —dice—. Para vengar mi muerte… y la de mi grupo.
    Este ente aceptó.
    Pero no por mí.

    Clava su mirada en la mía.

    —Lo hizo para estar cerca de ti.
    Y de Jennifer.

    El general apenas tiene tiempo de suplicar. La elfa lo mata sin ceremonia. Sin gloria. Sin alivio.
    Cuando el cuerpo cae, el tiempo prestado se agota.
    La elfa verdadera se desploma también. Sin vida. Sin historia que continúe.

    El ente ya no está.
    Me quedo sola en la sala, rodeada de cadáveres, ecos rotos y decisiones inútiles.
    Exhalo despacio.

    —Al final… —murmuro— todo esto ha sido una pérdida de tiempo.
    Miro mis manos. Siento el cuerpo vibrar, inestable, reclamando atención.

    Mi tiempo.
    Tan preciado.
    Tan escaso.
    Inclino apenas la mano… y la magia responde antes que el pensamiento. Mi aura se expande como una grieta invisible y, de pronto, la espía es revelada. Una elfa. Alta, delgada, con rasgos que no encajan del todo en este tiempo. Su piel parece haber sido tocada por algo que no debería haberla rozado nunca. El general palidece. —¡Una espía de Jennifer! —grita, con un miedo demasiado inmediato para ser fingido. Golpea un mecanismo oculto en la pared. La piedra se abre con un gemido antiguo y, sin mirar atrás, huye por el pasadizo secreto mientras ruge la orden: —¡Matad a las intrusas! Ladeo la cabeza, genuinamente confundida. No llego a moverme. Las sombras de los soldados se alargan, se despegan de sus pies como animales obedientes y, en un único gesto mío, se levantan y los atraviesan. No hay gritos largos. No hay lucha. Solo cuerpos cayendo, ensartados por su propia oscuridad. Silencio. Miro a la elfa. Hay algo en ella que no encaja. Algo que tira de mí como una astilla en la mente. Le hago un gesto mínimo con la cabeza y avanzo hacia la sala interior. Ella me sigue. Cuando entramos, la atmósfera cambia. Allí nos espera un clon de Jennifer. No perfecto. No completo. Una existencia forzada, sostenida por hechicería torpe y miedo. Al verla, algo en mi pecho se tensa. En ese reflejo deformado veo… mi propio cuerpo. Mi propia lucha. Dos errores del tiempo intentando no desaparecer. La elfa se gira hacia mí. —Puedes matarla —dice, con una calma que no le pertenece—. Te doy permiso. La miro. —No sigo órdenes —respondo—. Y no mato aquello cuya existencia nunca debió suceder. El clon me observa. No con odio. Con hambre de realidad. La elfa no duda más. Cruza la distancia y le degüella la garganta con un movimiento limpio. El cuerpo cae, deshaciéndose como una marioneta sin hilos… y entonces algo sale de ella. Una presencia. No tiene forma definida, pero habla. —Te devuelvo tu tiempo —susurra hacia la elfa—. Lo justo para vengarte. La elfa se endereza. Y por primera vez… es ella. No la máscara. No la espía. Me mira mientras camina hacia el general, que ha regresado demasiado tarde, creyéndose a salvo. —Pedí ayuda —dice—. Para vengar mi muerte… y la de mi grupo. Este ente aceptó. Pero no por mí. Clava su mirada en la mía. —Lo hizo para estar cerca de ti. Y de Jennifer. El general apenas tiene tiempo de suplicar. La elfa lo mata sin ceremonia. Sin gloria. Sin alivio. Cuando el cuerpo cae, el tiempo prestado se agota. La elfa verdadera se desploma también. Sin vida. Sin historia que continúe. El ente ya no está. Me quedo sola en la sala, rodeada de cadáveres, ecos rotos y decisiones inútiles. Exhalo despacio. —Al final… —murmuro— todo esto ha sido una pérdida de tiempo. Miro mis manos. Siento el cuerpo vibrar, inestable, reclamando atención. Mi tiempo. Tan preciado. Tan escaso.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Hola aviso que voy cambiar la historia de litha, por una elfa bailarina coquett (?)//
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  • — Los viernes son de entrenamiento visual en las aguas termales y el objetivo, analizar las copas de las elfas/ninfas que podamos encontrar.—

    No apto para menores de edad COFCOFBRANCOFCOF
    — Los viernes son de entrenamiento visual en las aguas termales y el objetivo, analizar las copas de las elfas/ninfas que podamos encontrar.— No apto para menores de edad COFCOFBRANCOFCOF
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  • — ¿Porqué me dices que tengo cara de que me lleva la mierda? Pues perdón por no dormir bien, el insomnio me ataca. ¿Y quién es ese chismoso orejón del fondo?. — No durmió bien, está medio de malas, no hay elfas y la vida sigue decepcionandolo.¿?
    — ¿Porqué me dices que tengo cara de que me lleva la mierda? Pues perdón por no dormir bien, el insomnio me ataca. ¿Y quién es ese chismoso orejón del fondo?. — No durmió bien, está medio de malas, no hay elfas y la vida sigue decepcionandolo.¿?
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  • — Y tú que me vez el atractivo, también estás dos saben bailar. — Mueve los pectorales les enseña a las "elfas" como usar bien los músculos.

    — Hey, díganle a la chaparrita con espadota que es hora de irnos, ya tengo el oro suficiente y una elfa rubia que me enseñó las piernotas. — Reza porque nadie lo mate.
    — Y tú que me vez el atractivo, también estás dos saben bailar. — Mueve los pectorales les enseña a las "elfas" como usar bien los músculos. — Hey, díganle a la chaparrita con espadota que es hora de irnos, ya tengo el oro suficiente y una elfa rubia que me enseñó las piernotas. — Reza porque nadie lo mate.
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  • — Esa rubia me prometió elfas y atenciones de origen dulce que te hacen babear. Pero no veo ni elfas ni babas. — Mientras tanto está pasando por una crisis de identidad.



    || bonjour, les pido que respeten la historia de cada personaje y no me lleguen con meta rol sacado del *** de favor, gracias.
    — Esa rubia me prometió elfas y atenciones de origen dulce que te hacen babear. Pero no veo ni elfas ni babas. — Mientras tanto está pasando por una crisis de identidad. || bonjour, les pido que respeten la historia de cada personaje y no me lleguen con meta rol sacado del *** de favor, gracias.
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