• 𝙲𝙰𝙿𝙸𝚃𝚄𝙻𝙾 [𝙸] ──── 𝙽𝙴𝙶𝙾𝙲𝙸𝙾𝚂 𝚈 𝙽𝚄𝙴𝚅𝙰𝚂 𝙲𝙰𝚁𝙰𝚂.
    Categoría Acción
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : 𝙀𝙧𝙞𝙣

    La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer.

    El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros.

    Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos.

    Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida.

    Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora.

    Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión.

    Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia.

    Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo.

    ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ────

    Su con voz baja y grave resonando en el ambiente.

    El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas.

    Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : [Black.Rose] La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer. El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros. Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos. Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida. Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora. Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión. Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia. Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo. ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ──── Su con voz baja y grave resonando en el ambiente. El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas. Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
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    Bran descansaba después de un concierto particularmente agotador con su banda.

    Odiaba el cansancio más que a la gente, y eso ya era decir mucho, pues las únicas personas que soportaba eran sus compañeros de banda y algún que otro gato callejero.

    Oyó que alguien llamaba a la puerta de su camerino, así que, con un gruñido, se levantó del sofá para abrir. —¿Quién carajo es? ¿Es que no ven que estoy descansando? —preguntó Bran, claramente aburrido y cansado.
    Bran descansaba después de un concierto particularmente agotador con su banda. Odiaba el cansancio más que a la gente, y eso ya era decir mucho, pues las únicas personas que soportaba eran sus compañeros de banda y algún que otro gato callejero. Oyó que alguien llamaba a la puerta de su camerino, así que, con un gruñido, se levantó del sofá para abrir. —¿Quién carajo es? ¿Es que no ven que estoy descansando? —preguntó Bran, claramente aburrido y cansado.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Si hiciera un concierto con Barbara (?)...¡Contrólate Jean! ¡Eres la Maestra Interina, con-tró-la-te!
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  • [Tras un día entero abriendo sobres, organizando cartas y jugando un torneo de la nueva edición de magic the gattering tcg]

    -¿Qué si valió la pena?. Si. Valió cada maldito segundo y si no me hubieran jugado esa estúpida carta rota en la final quizás hubiese ganado el torneo. En fin. Lo importante es divertirse. Y coleccionar cartón sobrevalorado.
    [Tras un día entero abriendo sobres, organizando cartas y jugando un torneo de la nueva edición de magic the gattering tcg] -¿Qué si valió la pena?. Si. Valió cada maldito segundo y si no me hubieran jugado esa estúpida carta rota en la final quizás hubiese ganado el torneo. En fin. Lo importante es divertirse. Y coleccionar cartón sobrevalorado. :STK-29:
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  • El olor a humedad y a decadencia flotaba en el aire, mezclado con el aroma sintético y punzante de los reactivos químicos. Un cóctel familiar, pero esta vez, Rebecca no estaba en el bando de los que controlaban el experimento.

    Estaba atada a una silla metálica en el centro de aquel almacén reconvertido, con las muñecas aprisionadas por esposas de alta seguridad que ya le habían dejado marcas rojizas en la piel. Glenn Arias la miraba desde arriba con esa sonrisa pulcra y desquiciada, la misma que usaba para hablar de bodas sangrientas y de purgar el mundo.

    "Piensa, Rebecca, piensa", se ordenó a sí misma, forzando a su mente a mantenerse fría a pesar de los latidos sordos que golpeaban en sus oídos. "El dolor en la cabeza es por el golpe que me dieron en el laboratorio. No hay síntomas de infección... todavía."

    Arias se acercó, acariciando con un dedo la mejilla de Rebecca. Ella desvió la cara con asco, clavándole una mirada que destilaba un desprecio absoluto. El villano solo soltó una carcajada suave, llamándola por el nombre de su difunta esposa, Sarah. La locura de ese hombre era un abismo oscuro.

    —No soy ella, Arias —le espetó Rebecca, con la voz ronca pero firme.

    —Tú no lo entiendes, Rebecca... o debería decir, mi querida Sarah —respondió él, dándose la vuelta hacia una mesa repleta de viales—. El mundo necesita entender mi dolor. Y tú vas a ser la pieza central de mi obra maestra.

    Rebecca contuvo la respiración al ver lo que Arias sostenía entre los dedos: una jeringa cargada con una variante concentrada del Virus A. El líquido brillaba bajo las luces fluorescentes con un tono violáceo y amenazante.

    El pánico intentó colarse por las grietas de su resolución, pero se obligó a tragárselo. Recordó los ojos de Chris cuando se despidieron, la determinación cansada de Leon. Sabía que sus amigos estarían moviendo cielo y tierra para encontrarla. El virus que Arias tenía en las manos era letal, pero ella misma había diseñado la base de la cura antes de ser capturada. Todo dependía del tiempo.
    El olor a humedad y a decadencia flotaba en el aire, mezclado con el aroma sintético y punzante de los reactivos químicos. Un cóctel familiar, pero esta vez, Rebecca no estaba en el bando de los que controlaban el experimento. Estaba atada a una silla metálica en el centro de aquel almacén reconvertido, con las muñecas aprisionadas por esposas de alta seguridad que ya le habían dejado marcas rojizas en la piel. Glenn Arias la miraba desde arriba con esa sonrisa pulcra y desquiciada, la misma que usaba para hablar de bodas sangrientas y de purgar el mundo. "Piensa, Rebecca, piensa", se ordenó a sí misma, forzando a su mente a mantenerse fría a pesar de los latidos sordos que golpeaban en sus oídos. "El dolor en la cabeza es por el golpe que me dieron en el laboratorio. No hay síntomas de infección... todavía." Arias se acercó, acariciando con un dedo la mejilla de Rebecca. Ella desvió la cara con asco, clavándole una mirada que destilaba un desprecio absoluto. El villano solo soltó una carcajada suave, llamándola por el nombre de su difunta esposa, Sarah. La locura de ese hombre era un abismo oscuro. —No soy ella, Arias —le espetó Rebecca, con la voz ronca pero firme. —Tú no lo entiendes, Rebecca... o debería decir, mi querida Sarah —respondió él, dándose la vuelta hacia una mesa repleta de viales—. El mundo necesita entender mi dolor. Y tú vas a ser la pieza central de mi obra maestra. Rebecca contuvo la respiración al ver lo que Arias sostenía entre los dedos: una jeringa cargada con una variante concentrada del Virus A. El líquido brillaba bajo las luces fluorescentes con un tono violáceo y amenazante. El pánico intentó colarse por las grietas de su resolución, pero se obligó a tragárselo. Recordó los ojos de Chris cuando se despidieron, la determinación cansada de Leon. Sabía que sus amigos estarían moviendo cielo y tierra para encontrarla. El virus que Arias tenía en las manos era letal, pero ella misma había diseñado la base de la cura antes de ser capturada. Todo dependía del tiempo.
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    May you hear me call, even as my shadow fades into thin air?

    Will you hear me call, call your name into the void, for you?

    Can you hear me call, holding on to floating sand, falling from my hands?

    Even if forgotten, I'm still here

    Dandelion drifting flow, wandering all alone, caught in undertow, nowhere I could go

    Wings floating snow, writhing they would go, warping stars untold, darkness that enflods

    Petals falling slow, all we ever hold, one drop of greed so pure and so true, only one reason why seeds will grow.

    Tears and petals know, searching all alone in the world below, that sound won't let go

    Inhale silence shards, the purest sound of voice begins to crack

    Old dreams, memories ripe, they're rotted sweet, the blood runs cold and black

    Keeping on echoes clash, through the cracking gaps, breaking mashing overlap

    Just meant to forget it, let it go, I will feel what must be known...

    Like drifting petals gone, all upon a journey fading to grey

    Shadows melting slow, beyond them all, into the haze gone astray

    A voice is calling true, drawn by fate to where you go faraway

    Wandering on and on, phantom's fading shade
    May you hear me call, even as my shadow fades into thin air? Will you hear me call, call your name into the void, for you? Can you hear me call, holding on to floating sand, falling from my hands? Even if forgotten, I'm still here Dandelion drifting flow, wandering all alone, caught in undertow, nowhere I could go Wings floating snow, writhing they would go, warping stars untold, darkness that enflods Petals falling slow, all we ever hold, one drop of greed so pure and so true, only one reason why seeds will grow. Tears and petals know, searching all alone in the world below, that sound won't let go Inhale silence shards, the purest sound of voice begins to crack Old dreams, memories ripe, they're rotted sweet, the blood runs cold and black Keeping on echoes clash, through the cracking gaps, breaking mashing overlap Just meant to forget it, let it go, I will feel what must be known... Like drifting petals gone, all upon a journey fading to grey Shadows melting slow, beyond them all, into the haze gone astray A voice is calling true, drawn by fate to where you go faraway Wandering on and on, phantom's fading shade
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  • Después de despedirse de su hermano, se fue a un hotel apartado. El avión en dirección a Portugal despegaría sin él en más de un sentido. Se quitó la ropa y se sentó frente al enorme ventanal. No había tenido el valor de hablar con Alessandro...pero él menssje le llegaría. Miró su reflejo en el ventanal y sonrió...(Lorenzo tiene razón, soy bonito) , pensó mientras sacaba de su chaqueta una jeringa. Una burbuja de aire...sólo eso necesitaba...en menos de unos minutos, la burbuja llegaría a su corazón tapando las válvulas y se habría acabado.
    *Es así como debió ser siempre... cierto?*
    Y accionó la ajuga en su pecho.
    Después de despedirse de su hermano, se fue a un hotel apartado. El avión en dirección a Portugal despegaría sin él en más de un sentido. Se quitó la ropa y se sentó frente al enorme ventanal. No había tenido el valor de hablar con Alessandro...pero él menssje le llegaría. Miró su reflejo en el ventanal y sonrió...(Lorenzo tiene razón, soy bonito) , pensó mientras sacaba de su chaqueta una jeringa. Una burbuja de aire...sólo eso necesitaba...en menos de unos minutos, la burbuja llegaría a su corazón tapando las válvulas y se habría acabado. *Es así como debió ser siempre... cierto?* Y accionó la ajuga en su pecho.
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  • -¡ACÉRQUENSE!. No sean tímidos. ¿Les gustaría saber que les depará el futuro?. ¿Dudas con el amor quizás? ¿No sabes si venderlo todo y escapar a Hawai por evasión de impuestos?. Aquí estoy para servirles. La adivina friki Bianca les leerá las cartas. Por tan sólo 6 dolares o 1 booster de cartas "magic the gathering" tcg . Vámos acérquense.

    //El costo obviamente es broma. La lectura para su personaje es real. Jeje.
    -¡ACÉRQUENSE!. No sean tímidos. ¿Les gustaría saber que les depará el futuro?. ¿Dudas con el amor quizás? ¿No sabes si venderlo todo y escapar a Hawai por evasión de impuestos?. Aquí estoy para servirles. La adivina friki Bianca les leerá las cartas. Por tan sólo 6 dolares o 1 booster de cartas "magic the gathering" tcg . Vámos acérquense. :STK-83: //El costo obviamente es broma. La lectura para su personaje es real. Jeje.
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  • Empieza a anochecer. Las últimas luces del día lo tiñen todo con su tonalidad anaranjada y me acompañan de vuelta a casa.

    La calle está desierta. Sólo yo, mis pasos y el ruido constante dentro de mi cabeza.

    Un golpe de viento gélido se cuela por la apertura de mi cazadora y hace ondear la bufanda a mi espalda.

    Entonces, un pensamiento intrusivo. Un cascabel.

    Ella tenía razón. La lana merina es la mejor para el frío.
    Empieza a anochecer. Las últimas luces del día lo tiñen todo con su tonalidad anaranjada y me acompañan de vuelta a casa. La calle está desierta. Sólo yo, mis pasos y el ruido constante dentro de mi cabeza. Un golpe de viento gélido se cuela por la apertura de mi cazadora y hace ondear la bufanda a mi espalda. Entonces, un pensamiento intrusivo. Un cascabel. Ella tenía razón. La lana merina es la mejor para el frío.
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  • Un joven rubio de cabello corto permanecía de pie frente al hombre. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente y su voz sonaba quebradiza, como si cada palabra le costara un esfuerzo descomunal.

    °¿De verdad tengo que hacerlo?... ¿Es la única manera?

    El otro lo observó con aquella expresión vacía que parecía incapaz de transmitir emoción alguna.

    ○Tú mismo te metiste en este embrollo. Viniste a pedirme ayuda sabiendo perfectamente que te advertí de las consecuencias.

    El muchacho chasqueó la lengua con frustración.

    °Tch...

    Con movimientos lentos se remangó la chaqueta, dejando al descubierto el brazo.

    °Al menos... les dirás que la amo. Que jamás quise hacerle daño.

    Por primera vez el hombre desvió la mirada hacia la extremidad descubierta. Extrajo una jeringa de un pequeño estuche metálico y examinó el líquido oscuro que reposaba en su interior.

    ○Es tu destino formar parte del Drive.

    Su tono era tan indiferente que resultaba inquietante.

    ○Todo por andar husmeando donde no debías. Vaya hombre se enamoro mi estúpida hija.

    El joven apretó la mandíbula con fuerza. Intentó contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban por la angustia. Sabía lo que ocurriría después. Sabía que aquella inyección marcaría el final de su vida tal como la conocía.

    Todos sus planes, sus sueños y las promesas que había compartido con ella se desvanecerían en cuestión de minutos.

    Frente a él, el hombre introdujo la aguja con la misma naturalidad con la que otros firmaban un documento. No había compasión en su mirada. No había odio tampoco. Solo una fría aceptación.

    Y mientras el contenido de la jeringa desaparecía lentamente de su interior, el muchacho comprendió que estaba cruzando un umbral del que nadie regresaba siendo la misma persona. Quizá sobreviviría. Quizá despertaría algún poder extraordinario. O quizá terminaría convertido en una aberración.

    Pero, en cualquier caso, el hombre que había amado a aquella muchacha acababa de comenzar a desaparecer.
    Un joven rubio de cabello corto permanecía de pie frente al hombre. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente y su voz sonaba quebradiza, como si cada palabra le costara un esfuerzo descomunal. °¿De verdad tengo que hacerlo?... ¿Es la única manera? El otro lo observó con aquella expresión vacía que parecía incapaz de transmitir emoción alguna. ○Tú mismo te metiste en este embrollo. Viniste a pedirme ayuda sabiendo perfectamente que te advertí de las consecuencias. El muchacho chasqueó la lengua con frustración. °Tch... Con movimientos lentos se remangó la chaqueta, dejando al descubierto el brazo. °Al menos... les dirás que la amo. Que jamás quise hacerle daño. Por primera vez el hombre desvió la mirada hacia la extremidad descubierta. Extrajo una jeringa de un pequeño estuche metálico y examinó el líquido oscuro que reposaba en su interior. ○Es tu destino formar parte del Drive. Su tono era tan indiferente que resultaba inquietante. ○Todo por andar husmeando donde no debías. Vaya hombre se enamoro mi estúpida hija. El joven apretó la mandíbula con fuerza. Intentó contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban por la angustia. Sabía lo que ocurriría después. Sabía que aquella inyección marcaría el final de su vida tal como la conocía. Todos sus planes, sus sueños y las promesas que había compartido con ella se desvanecerían en cuestión de minutos. Frente a él, el hombre introdujo la aguja con la misma naturalidad con la que otros firmaban un documento. No había compasión en su mirada. No había odio tampoco. Solo una fría aceptación. Y mientras el contenido de la jeringa desaparecía lentamente de su interior, el muchacho comprendió que estaba cruzando un umbral del que nadie regresaba siendo la misma persona. Quizá sobreviviría. Quizá despertaría algún poder extraordinario. O quizá terminaría convertido en una aberración. Pero, en cualquier caso, el hombre que había amado a aquella muchacha acababa de comenzar a desaparecer.
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