Empieza a anochecer. Las últimas luces del día lo tiñen todo con su luz anaranjada y me acompañan de vuelta a casa.
La calle está desierta. Sólo yo, mis pasos y el ruido constante dentro de mi cabeza.
Un golpe de viento gélido se cuela por la apertura de mi cazadora y hace ondear la bufanda a mi espalda.
Entonces, un pensamiento intrusivo. Un cascabel.
Ella tenía razón. La lana merina es la mejor para el frío.
La calle está desierta. Sólo yo, mis pasos y el ruido constante dentro de mi cabeza.
Un golpe de viento gélido se cuela por la apertura de mi cazadora y hace ondear la bufanda a mi espalda.
Entonces, un pensamiento intrusivo. Un cascabel.
Ella tenía razón. La lana merina es la mejor para el frío.
Empieza a anochecer. Las últimas luces del día lo tiñen todo con su luz anaranjada y me acompañan de vuelta a casa.
La calle está desierta. Sólo yo, mis pasos y el ruido constante dentro de mi cabeza.
Un golpe de viento gélido se cuela por la apertura de mi cazadora y hace ondear la bufanda a mi espalda.
Entonces, un pensamiento intrusivo. Un cascabel.
Ella tenía razón. La lana merina es la mejor para el frío.