• Soy una chica jovencita, curiosa, ruidosa, asustadiza, enojada, impaciente, educada y cariñosa. ¡¡Soy yo!!
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  • La mosca en la nuca
    Categoría Contemporáneo
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera.

    Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas.

    Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche.

    «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria.

    Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero.

    Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica.

    [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti."

    Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera. Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas. Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche. «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria. Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica. [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti." Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
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    Individual
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    Cualquier línea
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  • Velvet Noire es un conglomerado de clubes nocturnos, financiado por el Clan "del Tigre Blanco" Park.

    Fue creado por Park Soo-min tras tomar el legado de su difunta madre, Kim Minha, y convertir el primer club nocturno en una red internacional donde la vida nocturna toma otro significado.

    Todo comenzó con el NOCTURNE en Seúl, fundado por la súcubo Kim Minha, conocida gerente de damas de compañía.

    Hoy, Velvet Noire integra nueve clubes nocturnos cuidadosamente ubicados en los puntos donde el poder, el deseo y la discreción se cruzan:

    Seúl — Nocturne
    Tokio — Velvet Lotus
    Osaka — Obsidian Rouge
    Shanghái — Neon Veil
    Pekín — Silk Noire
    Londres — Midnight Cathedral
    París — Noire Éclat
    Praga — Ivory Shadow
    Berlín — Black Mirror Salon

    Cada sede tiene su propia estética.
    Todas responden a la misma norma: la casa decide el ritmo.
    Velvet Noire no ofrece promesas, ofrece discreción real. Seguridad absoluta. Experiencias sin testigos.
    Por probar no pierdes nada.
    Pero una vez dentro… puede que no quieras salir
    Velvet Noire es un conglomerado de clubes nocturnos, financiado por el Clan "del Tigre Blanco" Park. Fue creado por Park Soo-min tras tomar el legado de su difunta madre, Kim Minha, y convertir el primer club nocturno en una red internacional donde la vida nocturna toma otro significado. Todo comenzó con el NOCTURNE en Seúl, fundado por la súcubo Kim Minha, conocida gerente de damas de compañía. Hoy, Velvet Noire integra nueve clubes nocturnos cuidadosamente ubicados en los puntos donde el poder, el deseo y la discreción se cruzan: Seúl — Nocturne Tokio — Velvet Lotus Osaka — Obsidian Rouge Shanghái — Neon Veil Pekín — Silk Noire Londres — Midnight Cathedral París — Noire Éclat Praga — Ivory Shadow Berlín — Black Mirror Salon Cada sede tiene su propia estética. Todas responden a la misma norma: la casa decide el ritmo. Velvet Noire no ofrece promesas, ofrece discreción real. Seguridad absoluta. Experiencias sin testigos. Por probar no pierdes nada. Pero una vez dentro… puede que no quieras salir
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  • ‎ — ¿Hmm? —El joven pelirrojo apenas abría los ojos por... ¿tercera vez en las doce horas transcurridas? No estaba seguro.



    ‎***Plic... Plic... Plic... Plic...***



    ‎ * El tenue sonido del suero goteando era lo único que se escuchaba en aquella sala de piedra. Aquel ruido era como un metrónomo, uno que le recordaba a Elijah que ya no estaba en el caos del campo de batalla que hace unas cuantas horas le parecía su perdición. Vítkov se mantenía sentado con los ojos entreabiertos, mirando la lámpara que iluminaba fuertemente aquel lugar, pero principalmente el sitio donde él se encontraba. Sus manos se hallaban débilmente apoyadas en la mesa, boca arriba; sus nudillos, enrojecidos, estaban destrozados y aún quedaban restos de esa ceniza grisácea que no parecía humana en el pantalón de su uniforme.
    ‎Su mirada descendió hasta su brazo derecho, que tenía aquella intravenosa que lo conectaba al suero; luego pasó a la de la otra persona presente en el lugar. No era cualquiera... Era un Censor, cuya silueta apenas se recortaba contra la puerta. El hombre golpeó la mesa con una carpeta que llevaba el sello de cera roja de la oficina en que trabajaba *



    ‎ — Veo que volviste a abrir los ojos, Vítkov... Vamos a repetirlo una vez más. El activo del Gladius Dei, Caspian, fue reportado como desaparecido en combate. Tú eres el único que hasta ahora se mantiene consciente de los otros siete que regresaron conti... — Elijah veía al Censor con una seriedad absoluta. No le importaba si sus palabras intentaban sonar como un halago; él no estaba dispuesto a continuar con esto y se lo iba a dejar en claro interrumpiéndolo de forma respetuosa:



    ‎ — Sí, eso ya me lo dejó en claro, monseñor. Pero me temo que, sin importar cuántas veces venga a mí con las mismas preguntas, yo no puedo decirle lo que quiere; pues todo lo que he hablado y repetido hasta ahora es todo lo que sé, señor...



    ‎ * El Censor miraba con reproche al joven que le había interrumpido. Si las circunstancias fueran diferentes, seguro que le habría reprendido por su osadía, pero esta vez era distinto; tenía que ser cuidadoso con lo que hacía. Por eso, a pesar de lo que sabía, optó por mencionarle al joven eslovaco algo que podría refrescar su memoria: *



    ‎ — Está bien, joven Vítkov. Yo no te pido que te inventes una historia alterna de todos los acontecimientos que me contaste desde que tuvieron contacto con el objetivo hasta que llegaron a los sótanos de esta catedral. No; ahora te pido algo más simple que, de hecho, has omitido... Cuéntame sobre la mujer que encontraron.



    ‎ * La voz del Censor se tornaba más seria al hablar de "la mujer". Los ojos de Elijah se abrieron un poco ante la mención de esa cosa como si fuera humana siquiera. Una sonrisa cínica, pero adolorida se hizo presente en el rostro magullado del joven eslovaco mientras acercaba lentamente su torso vendado —que hasta ahora se había mantenido cuidadosamente recostado del espaldar de la silla— a la mesa para contestarle *



    ‎ — Oh... Discúlpeme, monseñor, pero no sé de qué "mujer" me habla. En aquel maldito lugar solo nos encontramos con monstruos, no hubo mujer alguna. Y si se refiere a esa cosa de aspecto femenino pues... sí, la he omitido pues no estaba seguro de qué decir al respecto. Esa cosa no estaba relacionada con la misión. ¿Y es por eso que está aquí, no? Quiere saber por qué se jodió toda la misión, ¿cierto



    ‎* Elijah miraba fijamente a los ojos del Censor. Su tono, aunque pudiera considerarse rebelde, en realidad no tenía intención de serlo; realmente hacía aquella pregunta con profundo interés y sin motivos ocultos. Si no fuera porque aquel inquisidor era consciente de su actitud, esto ya sería un problema aún más complicado; así que, por el momento, decidió seguirle la corriente para no levantar sospechas *



    ‎ — Exactamente, Elijah. La oficina me envió aquí para descubrir qué ocurrió exactamente con la misión y nada más. Pero me llamó la atención que uno de tus compañeros, que se encuentra en estado de shock, no deja de mencionar a cierta "mujer". Ya si lo era o no, solo tú puedes decírmelo. Incluso si no tiene mucho que ver con la misión, lo cierto es que aquella presencia tuvo algo que ver con lo catastrófica que resultó la situación... ¿o me equivoco?



    ‎ * Elijah bajaba la mirada mientras apretaba los dientes al recordar cómo todo pasó de un reconocimiento a un desorden de sombra y sangre. De repente, sintió una punzada de dolor en su nuca, justo en el lugar donde recibió aquel golpe que lo dejó inconsciente. En su mente, todavía veía con recelo la misteriosa presencia y la mirada de Caspian que, por un segundo antes del desastre, no pareció de fe... sino de terror puro *



    ‎ — Ah... Está bien, voy a contarle. Pero le digo de una vez que todo eso me es confuso incluso a mí, pues para cuando nos encontramos con esa cosa, el caballero ya se encontraba en el lugar, por lo que la mayor interacción con esa cosa la tuvo el mismísimo Caspian...



    ‎ * Elijah procedió a contar nuevamente los acontecimientos de la misión, pero esta vez incluyendo a cierto individuo que, para su desconocimiento, tenía mucho más que ver con lo ocurrido de lo que dejaba pensar *
    ‎ — ¿Hmm? —El joven pelirrojo apenas abría los ojos por... ¿tercera vez en las doce horas transcurridas? No estaba seguro. ‎ ‎ ‎ ‎***Plic... Plic... Plic... Plic...*** ‎ ‎ ‎ ‎ * El tenue sonido del suero goteando era lo único que se escuchaba en aquella sala de piedra. Aquel ruido era como un metrónomo, uno que le recordaba a Elijah que ya no estaba en el caos del campo de batalla que hace unas cuantas horas le parecía su perdición. Vítkov se mantenía sentado con los ojos entreabiertos, mirando la lámpara que iluminaba fuertemente aquel lugar, pero principalmente el sitio donde él se encontraba. Sus manos se hallaban débilmente apoyadas en la mesa, boca arriba; sus nudillos, enrojecidos, estaban destrozados y aún quedaban restos de esa ceniza grisácea que no parecía humana en el pantalón de su uniforme. ‎Su mirada descendió hasta su brazo derecho, que tenía aquella intravenosa que lo conectaba al suero; luego pasó a la de la otra persona presente en el lugar. No era cualquiera... Era un Censor, cuya silueta apenas se recortaba contra la puerta. El hombre golpeó la mesa con una carpeta que llevaba el sello de cera roja de la oficina en que trabajaba * ‎ ‎ ‎ ‎ — Veo que volviste a abrir los ojos, Vítkov... Vamos a repetirlo una vez más. El activo del Gladius Dei, Caspian, fue reportado como desaparecido en combate. Tú eres el único que hasta ahora se mantiene consciente de los otros siete que regresaron conti... — Elijah veía al Censor con una seriedad absoluta. No le importaba si sus palabras intentaban sonar como un halago; él no estaba dispuesto a continuar con esto y se lo iba a dejar en claro interrumpiéndolo de forma respetuosa: ‎ ‎ ‎ ‎ — Sí, eso ya me lo dejó en claro, monseñor. Pero me temo que, sin importar cuántas veces venga a mí con las mismas preguntas, yo no puedo decirle lo que quiere; pues todo lo que he hablado y repetido hasta ahora es todo lo que sé, señor... ‎ ‎ ‎ ‎ * El Censor miraba con reproche al joven que le había interrumpido. Si las circunstancias fueran diferentes, seguro que le habría reprendido por su osadía, pero esta vez era distinto; tenía que ser cuidadoso con lo que hacía. Por eso, a pesar de lo que sabía, optó por mencionarle al joven eslovaco algo que podría refrescar su memoria: * ‎ ‎ ‎ ‎ — Está bien, joven Vítkov. Yo no te pido que te inventes una historia alterna de todos los acontecimientos que me contaste desde que tuvieron contacto con el objetivo hasta que llegaron a los sótanos de esta catedral. No; ahora te pido algo más simple que, de hecho, has omitido... Cuéntame sobre la mujer que encontraron. ‎ ‎ ‎ ‎ * La voz del Censor se tornaba más seria al hablar de "la mujer". Los ojos de Elijah se abrieron un poco ante la mención de esa cosa como si fuera humana siquiera. Una sonrisa cínica, pero adolorida se hizo presente en el rostro magullado del joven eslovaco mientras acercaba lentamente su torso vendado —que hasta ahora se había mantenido cuidadosamente recostado del espaldar de la silla— a la mesa para contestarle * ‎ ‎ ‎ ‎ — Oh... Discúlpeme, monseñor, pero no sé de qué "mujer" me habla. En aquel maldito lugar solo nos encontramos con monstruos, no hubo mujer alguna. Y si se refiere a esa cosa de aspecto femenino pues... sí, la he omitido pues no estaba seguro de qué decir al respecto. Esa cosa no estaba relacionada con la misión. ¿Y es por eso que está aquí, no? Quiere saber por qué se jodió toda la misión, ¿cierto ‎ ‎ ‎ ‎* Elijah miraba fijamente a los ojos del Censor. Su tono, aunque pudiera considerarse rebelde, en realidad no tenía intención de serlo; realmente hacía aquella pregunta con profundo interés y sin motivos ocultos. Si no fuera porque aquel inquisidor era consciente de su actitud, esto ya sería un problema aún más complicado; así que, por el momento, decidió seguirle la corriente para no levantar sospechas * ‎ ‎ ‎ ‎ — Exactamente, Elijah. La oficina me envió aquí para descubrir qué ocurrió exactamente con la misión y nada más. Pero me llamó la atención que uno de tus compañeros, que se encuentra en estado de shock, no deja de mencionar a cierta "mujer". Ya si lo era o no, solo tú puedes decírmelo. Incluso si no tiene mucho que ver con la misión, lo cierto es que aquella presencia tuvo algo que ver con lo catastrófica que resultó la situación... ¿o me equivoco? ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah bajaba la mirada mientras apretaba los dientes al recordar cómo todo pasó de un reconocimiento a un desorden de sombra y sangre. De repente, sintió una punzada de dolor en su nuca, justo en el lugar donde recibió aquel golpe que lo dejó inconsciente. En su mente, todavía veía con recelo la misteriosa presencia y la mirada de Caspian que, por un segundo antes del desastre, no pareció de fe... sino de terror puro * ‎ ‎ ‎ ‎ — Ah... Está bien, voy a contarle. Pero le digo de una vez que todo eso me es confuso incluso a mí, pues para cuando nos encontramos con esa cosa, el caballero ya se encontraba en el lugar, por lo que la mayor interacción con esa cosa la tuvo el mismísimo Caspian... ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah procedió a contar nuevamente los acontecimientos de la misión, pero esta vez incluyendo a cierto individuo que, para su desconocimiento, tenía mucho más que ver con lo ocurrido de lo que dejaba pensar *
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  • Algo aquí es diferente, es distinto.
    Miró a la ventana observando el cielo blanquisco y azul claro mientras siento en la piel de mi rostro ser acariciado por un aire frío y seco.
    Tan frío y seco como a una manta delgada y una sábana suave.

    Observó tras esta tres aves, una pareja y otra ave un poco separada, piando y haciéndose compañía a la vista de por debajo a las contructoras humanas.
    Hasta que la tercera ave deja de ser el tercio de esa compañía, solo percibo la pareja que se acercan uno al otro y se acurrucan entre si; ante el frío y helado clima del cielo leve azul nublado.

    "Estoy cansada" ... Me e pensando en si misma, con enfado echo nudo en mis estómago, pensando seriamente en renunciar a mi trabajo y aventurarme a nuevas cosas por aprender.
    Todo lo que siento es desagrado en ello, la motonia me resulta una tortura sutil y silenciosa.
    Una trampa para un castigo del infierno eterno, la perdida del alma cuando no encuentras el amor en lo que haces, aún mas cuando lo aceptas para entregarte... Entregarte solo para tener la primera base de sobrevivir, bases necesarios, bases básicos.

    Y en un suspiro pienso dejando la vista de la libertad a un lado mío.

    "¿Es adecuado aventurarme ahora?", "¿Es realmente el momento para dejar lo que hacía y ser valiente para tomar el arriesgado camino incierto?" ... "Si no es así, ¿Qué tanto debo soportar para tomar el camino que deceo?" ...
    Y me profundizó en mis pensamientos, tomando desiciones intentando ser cuidadosa de que no sea una desicion impulsiva.
    Temiendo en mis adentros que quizá no funcione y que no vuelva a estar en dónde estoy... Y que quizá en un futuro llegue a arrepentirme por desiciones apresuradas, desiciones por impulso, desiciones no aseguradas que ahora me hacen sentir... Vacia.

    El temor de no ser agradecida hoy, cuando soy conciente de que debo serlo y que en el fondo lo estoy.
    Temor de que mis desiciones no funcionen, y de pensar en un futuro que no eh vivido lo suficiente sin haberme arriesgado a nada.

    O de perder el progreso que hoy e echo con la espera de que en el futuro recibiré los resultados de haber sacrificado tiempo que no me hacia sentir correcto.

    Qué encrucijada.

    Tomar no tomar.
    Hacer no hacer.
    Arriesgar o no arriesgar.

    Miró de nuevo al cielo buscando aquellas aves que se han ido de ese lugar, envidiando con amor su libertad.
    Y que ven al cielo como a un mar de posibilidades.
    Infinito cielo.. de mar.. de posibilidades.

    "A veces no estamos buscando valor para irnos,
    sino permiso para aceptar que ya no somos quienes empezaron."
    Algo aquí es diferente, es distinto. Miró a la ventana observando el cielo blanquisco y azul claro mientras siento en la piel de mi rostro ser acariciado por un aire frío y seco. Tan frío y seco como a una manta delgada y una sábana suave. Observó tras esta tres aves, una pareja y otra ave un poco separada, piando y haciéndose compañía a la vista de por debajo a las contructoras humanas. Hasta que la tercera ave deja de ser el tercio de esa compañía, solo percibo la pareja que se acercan uno al otro y se acurrucan entre si; ante el frío y helado clima del cielo leve azul nublado. "Estoy cansada" ... Me e pensando en si misma, con enfado echo nudo en mis estómago, pensando seriamente en renunciar a mi trabajo y aventurarme a nuevas cosas por aprender. Todo lo que siento es desagrado en ello, la motonia me resulta una tortura sutil y silenciosa. Una trampa para un castigo del infierno eterno, la perdida del alma cuando no encuentras el amor en lo que haces, aún mas cuando lo aceptas para entregarte... Entregarte solo para tener la primera base de sobrevivir, bases necesarios, bases básicos. Y en un suspiro pienso dejando la vista de la libertad a un lado mío. "¿Es adecuado aventurarme ahora?", "¿Es realmente el momento para dejar lo que hacía y ser valiente para tomar el arriesgado camino incierto?" ... "Si no es así, ¿Qué tanto debo soportar para tomar el camino que deceo?" ... Y me profundizó en mis pensamientos, tomando desiciones intentando ser cuidadosa de que no sea una desicion impulsiva. Temiendo en mis adentros que quizá no funcione y que no vuelva a estar en dónde estoy... Y que quizá en un futuro llegue a arrepentirme por desiciones apresuradas, desiciones por impulso, desiciones no aseguradas que ahora me hacen sentir... Vacia. El temor de no ser agradecida hoy, cuando soy conciente de que debo serlo y que en el fondo lo estoy. Temor de que mis desiciones no funcionen, y de pensar en un futuro que no eh vivido lo suficiente sin haberme arriesgado a nada. O de perder el progreso que hoy e echo con la espera de que en el futuro recibiré los resultados de haber sacrificado tiempo que no me hacia sentir correcto. Qué encrucijada. Tomar no tomar. Hacer no hacer. Arriesgar o no arriesgar. Miró de nuevo al cielo buscando aquellas aves que se han ido de ese lugar, envidiando con amor su libertad. Y que ven al cielo como a un mar de posibilidades. Infinito cielo.. de mar.. de posibilidades. "A veces no estamos buscando valor para irnos, sino permiso para aceptar que ya no somos quienes empezaron."
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  • Para Nobara, lucir bella en todo momento era tan natural como respirar. Siempre debía verse linda e impecable, incluso cuando estuviese pateando los traseros de las maldiciones.

    Aunque esa ocasión requería verse aún más bonita de lo habitual; después de todo, se trataba de Navidad. Esa temporada no llegaba todos los días, así que su misión era estar más deslumbrante que nunca. Tenía que opacar incluso a las preciosas luces que decoraban árboles, casas y negocios.

    Por eso, inspirándose en aquellos destellos brillantes, había elegido cuidadosamente el conjunto que llevaba ese día. Optó por ropa en tonos claros, haciendo alusión a las hermosas luces blancas que la rodeaban. Para completar el look, unos aretes de perlas adornaban sus orejas, además de un bolso con cadena dorada que combinaba a la perfección con su chamarra.

    La usuaria de la Resonancia caminaba con paso elegante y seguro mientras bebía un capuchino caliente. Si bien su presencia robaba miradas y suspiros, tenía una tarea muy clara en mente: ¡ir de compras y aprovechar los descuentos navideños!

    Con determinación, ajustó el bolso sobre su hombro y siguió caminando en dirección al distrito comercial, lista para conquistarlo todo.

    ˚₊‧꒰ა ໒꒱ ‧₊˚ Cᴀɴᴏɴ
    𐙚 . ݁ ⁺₊ Fᴀɴᴅᴏᴍ: Jᴜᴊᴜᴛsᴜ Kᴀɪsᴇɴ
    ┊  ┊  ┊  ┊

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    Para Nobara, lucir bella en todo momento era tan natural como respirar. Siempre debía verse linda e impecable, incluso cuando estuviese pateando los traseros de las maldiciones. Aunque esa ocasión requería verse aún más bonita de lo habitual; después de todo, se trataba de Navidad. Esa temporada no llegaba todos los días, así que su misión era estar más deslumbrante que nunca. Tenía que opacar incluso a las preciosas luces que decoraban árboles, casas y negocios. Por eso, inspirándose en aquellos destellos brillantes, había elegido cuidadosamente el conjunto que llevaba ese día. Optó por ropa en tonos claros, haciendo alusión a las hermosas luces blancas que la rodeaban. Para completar el look, unos aretes de perlas adornaban sus orejas, además de un bolso con cadena dorada que combinaba a la perfección con su chamarra. La usuaria de la Resonancia caminaba con paso elegante y seguro mientras bebía un capuchino caliente. Si bien su presencia robaba miradas y suspiros, tenía una tarea muy clara en mente: ¡ir de compras y aprovechar los descuentos navideños! Con determinación, ajustó el bolso sobre su hombro y siguió caminando en dirección al distrito comercial, lista para conquistarlo todo. ˚₊‧꒰ა 🔨 ໒꒱ ‧₊˚ Cᴀɴᴏɴ 𐙚 . ݁ ⁺₊ Fᴀɴᴅᴏᴍ: Jᴜᴊᴜᴛsᴜ Kᴀɪsᴇɴ ┊  ┊  ┊  ┊ ┊  ┊  ┊  🎀 ┊  ┊  🔨   ┊  💄 🎀
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  • Eh venido por tu alma, no temas... Prometo ser piadosa, solo no me provoques.. Siempre y cuando no lo hagas, estaremos bien.
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  • La nieve caía con más fuerza cuando el motor del viejo camión se detuvo frente a la granja. Sarah fue la primera en asomarse por la ventana, y no necesitó ver bien para saberlo, porque sus dos James habían salido por algunas cosas que faltaban para la cena de Navidad.

    —Ya llegaron…

    La puerta se abrió, dejando entrar el frío de Montana y el sonido de botas sobre la madera.
    Sarah no dudó ni un segundo.

    —Tío Buck.

    Se lanzó hacia él con la naturalidad de quien no pide permiso para querer.
    El resto del mundo quedó en pausa por un instante.

    Detrás, James entró cargando una caja de regalos torpemente envueltos, luchando un poco con el equilibrio.

    —Llegamos a tiempo para la cena, ¿o ya se comieron todo?

    —Ni se te ocurra —respondió Sarah, sonriendo orgullosa—. Mamá dijo que nadie toca la mesa hasta que estemos todos.

    Como si la invocaran, Lorelai apareció desde la cocina, secándose las manos en el delantal. Su mirada recorrió la escena con calma: Sarah aún cerca de Bucky, James dejando los regalos en el suelo, la casa llena otra vez.

    —Ahora sí —dijo con suavidad—. Ahora está completa la casa.

    El árbol brillaba ya decorado, con adornos viejos y nuevos mezclados sin orden. James ayudaba a colocar las últimas luces, mientras alguien más ajustaba la estrella en lo alto.

    —Sigue chueca.

    —Es tradición.

    La cena fue ruidosa y cálida. Risas, historias repetidas, silencios cómodos. Lorelai servía los platos como quien cuida un ritual antiguo. James escuchaba más de lo que hablaba. Sarah observaba, guardándose el momento en el pecho.

    Al final, los regalos bajo el árbol. Nada exagerado. Todo pensado.
    Sarah miró alrededor, con el corazón lleno.
    No eran perfectos.
    No eran normales.
    Pero eran familia.

    Y en la granja Rogers, esa noche de Navidad, el mundo podía esperar.
    Porque allí
    había hogar.


    𝙎𝘛𝘌𝘝𝘌𝘕 𝙍𝘖𝘎𝘌𝘙𝘚

    𝙅𝘼𝘔𝘌𝙎 𝘽𝘼𝙍𝙉𝙀𝘚
    La nieve caía con más fuerza cuando el motor del viejo camión se detuvo frente a la granja. Sarah fue la primera en asomarse por la ventana, y no necesitó ver bien para saberlo, porque sus dos James habían salido por algunas cosas que faltaban para la cena de Navidad. —Ya llegaron… La puerta se abrió, dejando entrar el frío de Montana y el sonido de botas sobre la madera. Sarah no dudó ni un segundo. —Tío Buck. Se lanzó hacia él con la naturalidad de quien no pide permiso para querer. El resto del mundo quedó en pausa por un instante. Detrás, James entró cargando una caja de regalos torpemente envueltos, luchando un poco con el equilibrio. —Llegamos a tiempo para la cena, ¿o ya se comieron todo? —Ni se te ocurra —respondió Sarah, sonriendo orgullosa—. Mamá dijo que nadie toca la mesa hasta que estemos todos. Como si la invocaran, Lorelai apareció desde la cocina, secándose las manos en el delantal. Su mirada recorrió la escena con calma: Sarah aún cerca de Bucky, James dejando los regalos en el suelo, la casa llena otra vez. —Ahora sí —dijo con suavidad—. Ahora está completa la casa. El árbol brillaba ya decorado, con adornos viejos y nuevos mezclados sin orden. James ayudaba a colocar las últimas luces, mientras alguien más ajustaba la estrella en lo alto. —Sigue chueca. —Es tradición. La cena fue ruidosa y cálida. Risas, historias repetidas, silencios cómodos. Lorelai servía los platos como quien cuida un ritual antiguo. James escuchaba más de lo que hablaba. Sarah observaba, guardándose el momento en el pecho. Al final, los regalos bajo el árbol. Nada exagerado. Todo pensado. Sarah miró alrededor, con el corazón lleno. No eran perfectos. No eran normales. Pero eran familia. Y en la granja Rogers, esa noche de Navidad, el mundo podía esperar. Porque allí había hogar. [SteveR0gers] [JamesBarnes]
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  • Antes de que siquiera saliese el sol, Laia ya estaba despierta, organizando el día de su manada. Pero hoy no era un día normal. Hoy, 21 de diciembre, era el día de su nacimiento hacía milenios, y su manada lo sabía

    No hubo anuncios ni celebraciones ruidosas. Aunque los lobos se movian con una calma distinta, más cercana. Incluso los guerreros evitaban interrupciones innecesarias

    Al llegar al borde del promontorio, se detuvo. El cielo, aún oscuro anunciaba el solsticio: la noche más larga. Al avanzar, se dió cuenta del gesto de los lobos, un gran filete acompañado de una pequeña vela de cera

    Más que una sonrisa, una mueca se dibujó en su rostro, eso era lo más cercano a una sonrisa que permitiría. Su corazón se sintió más cálido, a pesar del frio
    Antes de que siquiera saliese el sol, Laia ya estaba despierta, organizando el día de su manada. Pero hoy no era un día normal. Hoy, 21 de diciembre, era el día de su nacimiento hacía milenios, y su manada lo sabía No hubo anuncios ni celebraciones ruidosas. Aunque los lobos se movian con una calma distinta, más cercana. Incluso los guerreros evitaban interrupciones innecesarias Al llegar al borde del promontorio, se detuvo. El cielo, aún oscuro anunciaba el solsticio: la noche más larga. Al avanzar, se dió cuenta del gesto de los lobos, un gran filete acompañado de una pequeña vela de cera Más que una sonrisa, una mueca se dibujó en su rostro, eso era lo más cercano a una sonrisa que permitiría. Su corazón se sintió más cálido, a pesar del frio
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  • La tormenta fue ruidosa, pero el cielo finalmente se ha despejado. Estoy de vuelta en mi eje.
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