El timbre del receso había sonado como una muy fuerte y ruidosa alarma de despertador... Taladrando en la cien de todos los allí presentes que, como zombis salieron afuera en busca de estirar las piernas y sus cuellos; era esperable después de una pesada mañana de clase de letras.
Pero, de entre todos los escamosos y reptilianos dinosaurios que poblaban el aula, había una que no se había movido en lo absoluto... quizás absorta en su propio mundo, quizás dormida; por sus ojos muertos que miraban hacía el libro de texto que estudiaban en clase, no se sabía bien que era lo que pasaba por la mente de esa Utharaptor de escamas blancas, pero si algo era seguro, eso era que ella no tenía la mente allí. Quizás sea buena idea preguntarle ¿Qué dices?

El timbre del receso había sonado como una muy fuerte y ruidosa alarma de despertador... Taladrando en la cien de todos los allí presentes que, como zombis salieron afuera en busca de estirar las piernas y sus cuellos; era esperable después de una pesada mañana de clase de letras. Pero, de entre todos los escamosos y reptilianos dinosaurios que poblaban el aula, había una que no se había movido en lo absoluto... quizás absorta en su propio mundo, quizás dormida; por sus ojos muertos que miraban hacía el libro de texto que estudiaban en clase, no se sabía bien que era lo que pasaba por la mente de esa Utharaptor de escamas blancas, pero si algo era seguro, eso era que ella no tenía la mente allí. Quizás sea buena idea preguntarle ¿Qué dices?
Me entristece
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