• [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor]

    ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi×

    Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés

    Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero

    Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo?

    Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas

    Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja

    ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros×

    Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado!

    ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera×

    ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo

    Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!?

    ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor.

    ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento×

    [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar]

    que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán..

    ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas×

    que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina!

    ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente×

    ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut.

    me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe!

    ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente×

    Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran!

    ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo

    no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino.

    ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano×

    (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
    [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor] ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi× Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo? Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros× Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado! ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera× ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!? ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor. ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento× [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar] que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán.. ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas× que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina! ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente× ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut. me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe! ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente× Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran! ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino. ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano× (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
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  • El joven cura de gorra de caza roja y largo abrigo oscuro permanecía sentado en una de las sillas de plástico blanco de aquella nueva iglesia. Desde afuera, el edificio parecía más un supermercado recién inaugurado que un templo: paredes lisas, carteles luminosos y una fachada tan moderna que apenas conservaba algo de aspecto religioso.

    Mientras el pastor hablaba desde el escenario, caminando de un lado a otro con micrófono en mano, el cura lo observaba fijamente. Sus ojos ardían con una intensidad difícil de ignorar. No asentía, no sonreía, no participaba de los aplausos; simplemente escuchaba, inmóvil, como una llama contenida.

    Entonces llegó el momento de los testimonios.

    <¿Hay alguien que quiera compartir su experiencia con el Señor>

    Preguntó el pastor con entusiasmo.

    Una mano se alzó entre la multitud. Era la del cura.

    Varias personas lo observaron mientras avanzaba por el pasillo central. Sus botas resonaban contra el suelo brillante hasta llegar al presbiterio. Tomó el micrófono. Durante unos segundos reinó el silencio.

    Habló con voz firme y clara:

    ●Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncie otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

    El silencio duró apenas un instante. Los insultos estallaron desde todos los rincones. Alguien le gritó que se marchara. Otro le arrojó una botella de plástico. Luego vino una de vidrio que se hizo añicos contra una pared cercana. Los abucheos crecieron mientras el joven sacerdote descendía tranquilamente del escenario. No respondió a nadie. Simplemente siguió caminando.

    Botellas y objetos golpeaban el suelo a su alrededor mientras atravesaba el pasillo central con las manos en los bolsillos del abrigo. Finalmente alcanzó la puerta principal.

    Al abrirla, una intensa luz del exterior inundó el recinto. Por un instante su figura quedó reducida a una simple silueta oscura rodeada de resplandor, como si la claridad misma se negara a dejar ver su rostro. Y así se fue con una pequeña sonrisa de satisfacción dibujándose bajo la visera de su gorra roja, convencido de que había cumplido exactamente aquello para lo que había entrado.
    El joven cura de gorra de caza roja y largo abrigo oscuro permanecía sentado en una de las sillas de plástico blanco de aquella nueva iglesia. Desde afuera, el edificio parecía más un supermercado recién inaugurado que un templo: paredes lisas, carteles luminosos y una fachada tan moderna que apenas conservaba algo de aspecto religioso. Mientras el pastor hablaba desde el escenario, caminando de un lado a otro con micrófono en mano, el cura lo observaba fijamente. Sus ojos ardían con una intensidad difícil de ignorar. No asentía, no sonreía, no participaba de los aplausos; simplemente escuchaba, inmóvil, como una llama contenida. Entonces llegó el momento de los testimonios. <¿Hay alguien que quiera compartir su experiencia con el Señor> Preguntó el pastor con entusiasmo. Una mano se alzó entre la multitud. Era la del cura. Varias personas lo observaron mientras avanzaba por el pasillo central. Sus botas resonaban contra el suelo brillante hasta llegar al presbiterio. Tomó el micrófono. Durante unos segundos reinó el silencio. Habló con voz firme y clara: ●Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncie otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. El silencio duró apenas un instante. Los insultos estallaron desde todos los rincones. Alguien le gritó que se marchara. Otro le arrojó una botella de plástico. Luego vino una de vidrio que se hizo añicos contra una pared cercana. Los abucheos crecieron mientras el joven sacerdote descendía tranquilamente del escenario. No respondió a nadie. Simplemente siguió caminando. Botellas y objetos golpeaban el suelo a su alrededor mientras atravesaba el pasillo central con las manos en los bolsillos del abrigo. Finalmente alcanzó la puerta principal. Al abrirla, una intensa luz del exterior inundó el recinto. Por un instante su figura quedó reducida a una simple silueta oscura rodeada de resplandor, como si la claridad misma se negara a dejar ver su rostro. Y así se fue con una pequeña sonrisa de satisfacción dibujándose bajo la visera de su gorra roja, convencido de que había cumplido exactamente aquello para lo que había entrado.
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  • Thehehe que raro atraigo a los michis ¿por qué será?

    -Se deja caer al piso, siendo rodeada por los felinos-
    Thehehe que raro atraigo a los michis ¿por qué será? -Se deja caer al piso, siendo rodeada por los felinos-
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  • 𝖀𝖓... ¿𝖗𝖔𝖘𝖙𝖗𝖔 𝖋𝖆𝖒𝖎𝖑𝖎𝖆𝖗?
    Categoría Original
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: Eʀɪɴ



    𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑

    El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar.

    Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias.

    Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad.

    Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor.

    Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo.


    𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖

    El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos.

    Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto.

    Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien.

    Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer.
    El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso.

    Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo.

    —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí.

    Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás.

    —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: [Black.Rose] 𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑 El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar. Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias. Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad. Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor. Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo. 𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖 El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos. Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto. Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien. Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer. El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso. Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo. —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí. Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás. —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
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  • *Si bien, Stelle vio unos videos sobre esa aplicación, ella más movida por la curiosidad, lo descargo paso a instalado en su celular.

    Para asi una vez listo, espero que en el planeta que estaba visitando llegue a funcionar, imagina que si ya que lo pudo descargar e instalar.

    Una vez que estuvo listo, abre la app y la usa, desea una anomalía, la aplicación al momento comenzó a buscar una buena zona para ir...

    Finalmente da una ubicación, antes de ir, se da cuenta que unas recomendaciones es "no ir sola"... Suspira con pezades, pues ella no tiene a nadie que la acompañe o desee ir con ella, todos los que conoce, están ocupados.

    Sin mas, sale de la habitación donde se estaba quedando, camino al lugar, antes estaba rodeada de casas pero conforme avanza, las casas iban disminuyendo su número hasta que pasa a un terreno solitario, al llegar vio algo que la dejo en shock. *

    Supongo que fue mala idea ir sola.

    *Al llegar a la zona, había una casa que mas qué casa abandonada parecía una sacada de las más terribles pesadillas. *

    Supongo que debo seguir.

    *Al punto final de la ubicación dada por la app, es estar dentro de aquel lugar.*
    *Si bien, Stelle vio unos videos sobre esa aplicación, ella más movida por la curiosidad, lo descargo paso a instalado en su celular. Para asi una vez listo, espero que en el planeta que estaba visitando llegue a funcionar, imagina que si ya que lo pudo descargar e instalar. Una vez que estuvo listo, abre la app y la usa, desea una anomalía, la aplicación al momento comenzó a buscar una buena zona para ir... Finalmente da una ubicación, antes de ir, se da cuenta que unas recomendaciones es "no ir sola"... Suspira con pezades, pues ella no tiene a nadie que la acompañe o desee ir con ella, todos los que conoce, están ocupados. Sin mas, sale de la habitación donde se estaba quedando, camino al lugar, antes estaba rodeada de casas pero conforme avanza, las casas iban disminuyendo su número hasta que pasa a un terreno solitario, al llegar vio algo que la dejo en shock. * Supongo que fue mala idea ir sola. *Al llegar a la zona, había una casa que mas qué casa abandonada parecía una sacada de las más terribles pesadillas. * Supongo que debo seguir. *Al punto final de la ubicación dada por la app, es estar dentro de aquel lugar.*
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  • El cuarto era pequeño, frío y completamente insonorizado. Una única lámpara colgaba del techo, balanceándose apenas y proyectando sombras largas sobre el suelo de cemento.

    En el centro de la habitación se encontraba un joven cura atado firmemente a una silla metálica. Sus muñecas estaban sujetas detrás del respaldo y varias cuerdas rodeaban su torso y sus piernas. Un fino hilo de sangre descendía desde la comisura de sus labios hasta su barbilla, señal de que el interrogatorio no había sido precisamente amable.

    Frente a él permanecía un grupo de figuras encapuchadas. Sus rostros quedaban ocultos bajo las sombras de las capuchas, observándolo en silencio como depredadores esperando que su presa mostrara miedo.

    El sacerdote levantó lentamente la cabeza. A pesar de los golpes y las ataduras, sus ojos conservaban una extraña firmeza.

    -Ustedes... ustedes estuvieron implicados aquel día...

    Murmuró con voz ronca

    -¡Cobardes! ¡Digan su nombre!

    Durante unos segundos reinó el silencio. Finalmente, uno de los encapuchados dio un paso al frente: Somos el Culto de Saturno.

    Aquellas palabras parecieron confirmar las sospechas del cura. Una leve sonrisa apareció en sus labios ensangrentados.

    La situación era terrible a simple vista. Estaba solo, inmovilizado y rodeado por enemigos que claramente no tenían buenas intenciones. Sin embargo, algo en su expresión resultaba inquietante para sus captores. No era la mirada de un hombre derrotado. Sus dedos, ocultos tras el respaldo de la silla, realizaron un movimiento casi imperceptible.

    El joven sacerdote observó uno por uno a los miembros del culto mientras inclinaba ligeramente la cabeza.

    -Ya veo... así que realmente eran ustedes.

    La sonrisa se ensanchó apenas. Los encapuchados intercambiaron miradas confundidas. El cura parecía demasiado tranquilo para alguien en su situación.
    Aunque estaba maniatado, golpeado y encerrado en un cuarto del que nadie podía oírlo escapar... el sacerdote todavía guardaba más de un truco bajo la manga.
    El cuarto era pequeño, frío y completamente insonorizado. Una única lámpara colgaba del techo, balanceándose apenas y proyectando sombras largas sobre el suelo de cemento. En el centro de la habitación se encontraba un joven cura atado firmemente a una silla metálica. Sus muñecas estaban sujetas detrás del respaldo y varias cuerdas rodeaban su torso y sus piernas. Un fino hilo de sangre descendía desde la comisura de sus labios hasta su barbilla, señal de que el interrogatorio no había sido precisamente amable. Frente a él permanecía un grupo de figuras encapuchadas. Sus rostros quedaban ocultos bajo las sombras de las capuchas, observándolo en silencio como depredadores esperando que su presa mostrara miedo. El sacerdote levantó lentamente la cabeza. A pesar de los golpes y las ataduras, sus ojos conservaban una extraña firmeza. -Ustedes... ustedes estuvieron implicados aquel día... Murmuró con voz ronca -¡Cobardes! ¡Digan su nombre! Durante unos segundos reinó el silencio. Finalmente, uno de los encapuchados dio un paso al frente: Somos el Culto de Saturno. Aquellas palabras parecieron confirmar las sospechas del cura. Una leve sonrisa apareció en sus labios ensangrentados. La situación era terrible a simple vista. Estaba solo, inmovilizado y rodeado por enemigos que claramente no tenían buenas intenciones. Sin embargo, algo en su expresión resultaba inquietante para sus captores. No era la mirada de un hombre derrotado. Sus dedos, ocultos tras el respaldo de la silla, realizaron un movimiento casi imperceptible. El joven sacerdote observó uno por uno a los miembros del culto mientras inclinaba ligeramente la cabeza. -Ya veo... así que realmente eran ustedes. La sonrisa se ensanchó apenas. Los encapuchados intercambiaron miradas confundidas. El cura parecía demasiado tranquilo para alguien en su situación. Aunque estaba maniatado, golpeado y encerrado en un cuarto del que nadie podía oírlo escapar... el sacerdote todavía guardaba más de un truco bajo la manga.
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  • 𝑨 𝒏𝒆𝒘 𝒃𝒆𝒈𝒊𝒏𝒏𝒊𝒏𝒈
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Seis meses.
    Había pasado medio año desde... La vez que la vió.
    Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años.
    La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente.

    Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex.
    ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora.
    Su nuevo reto.
    Un trabajo lejos de casa.

    Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más.
    Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal.

    Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla.

    Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción.

    Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día.
    Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas.
    No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
    Seis meses. Había pasado medio año desde... La vez que la vió. Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años. La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente. Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex. ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora. Su nuevo reto. Un trabajo lejos de casa. Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más. Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal. Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla. Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción. Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día. Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas. No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
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  • Estar rodeada de personas y aun así sentir una inmensa soledad, la sensación es tan pesada.. Que oprime el pecho.

    Una sensación que no se irá, esta alma fuerte hoy se siente, estrellarse contra el piso..

    Con las alas rotas y heridas que no se ven pero sangran, toca seguir caminado este sendero... Aunque sea sola..
    Estar rodeada de personas y aun así sentir una inmensa soledad, la sensación es tan pesada.. Que oprime el pecho. Una sensación que no se irá, esta alma fuerte hoy se siente, estrellarse contra el piso.. Con las alas rotas y heridas que no se ven pero sangran, toca seguir caminado este sendero... Aunque sea sola..
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  • ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒.


    El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
    La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.

    Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
    Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.

    Una rutina conocida. Mecánica, segura.

    Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
    Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.

    Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
    —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪

    El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
    Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
    El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.

    Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
    Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.

    Una risa grave y cansada.
    Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.

    Odette inhaló con dificultad.
    El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.

    La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.

    Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
    No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.

    La lluvia arreció afuera.

    Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.

    Pero algo seguía ahí...

    Esa sensación imposible de explicar.
    Como extrañar algo que nunca tuvo.
    Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.

    Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
    —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto.

    Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.

    Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
    Ojos azules cansados.
    Una sonrisa ladeada.
    La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.

    Odette cerró los ojos abruptamente.

    Desapareció. Todo desapareció.

    Solo quedó la botica en silencio.

    El olor de las flores secas.

    El sonido de la lluvia.

    Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.

    Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.

    Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.

    Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
    ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒. El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma. La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera. Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador. Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer. Una rutina conocida. Mecánica, segura. Sin embargo… Algo extraño ocurrió. Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio. Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando. —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪ El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos. Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción? El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas. Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho. Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura. Una risa grave y cansada. Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer. Odette inhaló con dificultad. El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado. La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo. Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida. No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco. La lluvia arreció afuera. Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos. Pero algo seguía ahí... Esa sensación imposible de explicar. Como extrañar algo que nunca tuvo. Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás. Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo. —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto. Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte. Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta. Ojos azules cansados. Una sonrisa ladeada. La sensación cálida de volver a casa después de un día largo. Odette cerró los ojos abruptamente. Desapareció. Todo desapareció. Solo quedó la botica en silencio. El olor de las flores secas. El sonido de la lluvia. Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender. Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo. Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos. Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
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    *Me despierto con dolor de cabeza, sed y signos de resaca*

    *Me siento en la cama con dificultad y bebo mucha agua* Santas vacas radioactivas... Creo que me excedí ayer con el alcohol. Pero valió la pena. Muchas gracias a todos por los bellos presentes y mensajes de cariño por mi cumpleaños. Es curioso como en tan poco tiempo me he rodeado de tan buenos amigos. Siendo que toda la vida hacer amigos se me hacía bastante difícil por todo esto del "frikismo" y mi disparatada locura. *Sonrío ampliamente* Muchas gracias a todos. Los quiero mucho.
    [Filyn_blue] [fable_ivory_hippo_129] [Astolfo98] [Jeroaberration0] [Zelkhagok01] [specter_gold_magician_349] [Ghostly_Singer_Spectrum] [Sury_Sakai_1724] [Kardia_cor] [LadyCeleste2008] [Hiritox3] *Me despierto con dolor de cabeza, sed y signos de resaca* *Me siento en la cama con dificultad y bebo mucha agua* Santas vacas radioactivas... Creo que me excedí ayer con el alcohol. Pero valió la pena. Muchas gracias a todos por los bellos presentes y mensajes de cariño por mi cumpleaños. Es curioso como en tan poco tiempo me he rodeado de tan buenos amigos. Siendo que toda la vida hacer amigos se me hacía bastante difícil por todo esto del "frikismo" y mi disparatada locura. *Sonrío ampliamente* Muchas gracias a todos. Los quiero mucho. :STK-4:
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