• ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus.

    Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso.

    ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar.

    ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando.

    ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa?

    Abrí los ojos, exageradamente ofendida.

    ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada.

    Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca.

    ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando.

    ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible.

    Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo.

    ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad?

    ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así.

    ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar.

    Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja.

    ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco.

    Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente.

    ────Porque eres aburrida hasta la muerte.

    ────Idiota.

    ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento.

    Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba.

    Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó.

    Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas.

    Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego.

    Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo.

    Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo.

    Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible.

    Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
    ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus. Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso. ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar. ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando. ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa? Abrí los ojos, exageradamente ofendida. ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada. Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca. ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando. ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible. Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo. ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad? ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así. ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar. Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja. ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco. Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente. ────Porque eres aburrida hasta la muerte. ────Idiota. ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento. Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba. Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó. Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas. Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego. Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo. Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo. Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible. Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
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  • — Últimamente me siento rodeada de gente muy buena y eso me hace feliz
    — Últimamente me siento rodeada de gente muy buena y eso me hace feliz
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  • ¿Quién autorizó este viaje?
    Fandom Original
    Categoría Otros
    Rol para:
    Alak–il
    Morana

    El departamento era elegante, aunque con un aire ligeramente misterioso. El aroma que envolvía el lugar oscilaba entre lo cítrico y lo floral, tan sutil que parecía emanar de las propias paredes. A la par, la luz cálida y suave de las lámparas iluminaba las paredes decoradas con algunos cuadros y estanterías repletas de libros, una mezcla entre modernos y antiguos, otorgándole al ambiente un toque casual y hogareño, propio de una vivienda “normal”. Todo allí parecía perfectamente puesto, como si cada detalle hubiera sido diseñado para hacer sentir cómodos a sus invitados.

    La hora marcada para la cita era las ocho de la noche. Alak’il, su prometido, un chamán poderoso de mirada penetrante que había existido por décadas, se encontraba recargado contra el sofá, con la vista fija en las luces danzantes del ambiente. No entendía por qué Lyra había reunido a los tres en ese lugar. Ni él ni Morana tenían idea de lo que ella planeaba.
    Morana, la respetada y enigmática madrastra de Alak’il, estaba sentada en el extremo opuesto del sofá, observando en silencio. Su actitud callada, al menos por ahora, no le hacía perder de vista a Lyra ni por un instante, y tampoco se le escapaba la sensación de que algo inusual estaba a punto de suceder. Lyra tenía la costumbre de ser impredecible, y Alak’il lo sabía muy bien. Así había sido su primer encuentro, cómo olvidar aquella hamburguesa con la velita de cumpleaños…

    En el centro del living reposaba serenamente una mesa de cristal oscuro y, sobre ella, dos sobres negros, dispuestos con un cuidado extremo.

    La azabache apareció desde el pasillo con paso tranquilo, como si el tiempo no tuviera prisa alguna. En sus manos llevaba una pequeña bandeja con comida y mates, la bebida preferida de Alak’il y Morana. Cuando finalmente se acercó a la mesa, dejó la charola encima, ofreciendo una invitación silenciosa para que se sirvieran. Quizás así digerirían mejor la noticia. Sus ojos azules grisáceos brillaban con un resplandor peculiar, casi hipnótico. Tomó los sobres entre sus manos y los sacudió ligeramente, como si su contenido fuera algo mágico.

    ♧ Gracias por venir -dijo al fin, rompiendo el silencio con una voz suave -Sé que no les di muchos detalles… pero necesitaba que estuvieran aquí, juntos, a esta hora exacta -Sin perder el misterio, deslizó uno de los sobres frente a ella y lo abrió con un gesto lento, como si quisiera añadir aún más tensión al momento. Del interior extrajo un par de boletos, cuyas tintas brillaban bajo la luz tenue de la sala.

    ♧ Cariño… sé que no esperabas esto. Y tú tampoco, Morana -añadió, girando apenas el rostro hacia ella -Precisamente por eso quise hacerlo así. Esto, es una invitación a un campamento a una isla privada. Serán cuatro noches y cinco días. Un tour guiado. Digamos que es un viaje organizado para familias. Habrá niños, padres, guías, actividades diurnas, fogatas nocturnas -explicó -Nada fuera de lo común. Nada que levante sospechas. Precisamente por eso es perfecto -Lyra dejó los boletos sobre la mesa con cuidado, por si alguno de los dos quería leerlos con más detenimiento.

    ♧ Aunque tengo que advertirles un detalle, iremos como uno más del montón, como sus iguales. Así que espero que no haya ningún tipo de truco -entrecerró los ojos al mirar al albino, nunca estaba de más una pequeña advertencia - Llevo planeando esto desde hace días. Todo está pagado, así que no acepto un no como respuesta. Tienen dos horas para alistar todo. El bus nos recogerá entonces. Será divertido -La sonrisa en su rostro era inmensa, a ella realmente le emocionaba la idea. Se supone que eso hacían las familias ¿no?, y ellos ya eran una, poco convencional, pero ahí estaban.

    ♧ Alisten todo lo que crean conveniente, nada de armas y esas cosas ¿Entendido? -Los miró a ambos -¿Alguna duda adicional? -Se cruzó de brazos, estaba algo expectante a lo que pudieran decir.
    Rol para: ◇ [Absolute_Annihilation] ◇ [Undead_Mistress] El departamento era elegante, aunque con un aire ligeramente misterioso. El aroma que envolvía el lugar oscilaba entre lo cítrico y lo floral, tan sutil que parecía emanar de las propias paredes. A la par, la luz cálida y suave de las lámparas iluminaba las paredes decoradas con algunos cuadros y estanterías repletas de libros, una mezcla entre modernos y antiguos, otorgándole al ambiente un toque casual y hogareño, propio de una vivienda “normal”. Todo allí parecía perfectamente puesto, como si cada detalle hubiera sido diseñado para hacer sentir cómodos a sus invitados. La hora marcada para la cita era las ocho de la noche. Alak’il, su prometido, un chamán poderoso de mirada penetrante que había existido por décadas, se encontraba recargado contra el sofá, con la vista fija en las luces danzantes del ambiente. No entendía por qué Lyra había reunido a los tres en ese lugar. Ni él ni Morana tenían idea de lo que ella planeaba. Morana, la respetada y enigmática madrastra de Alak’il, estaba sentada en el extremo opuesto del sofá, observando en silencio. Su actitud callada, al menos por ahora, no le hacía perder de vista a Lyra ni por un instante, y tampoco se le escapaba la sensación de que algo inusual estaba a punto de suceder. Lyra tenía la costumbre de ser impredecible, y Alak’il lo sabía muy bien. Así había sido su primer encuentro, cómo olvidar aquella hamburguesa con la velita de cumpleaños… En el centro del living reposaba serenamente una mesa de cristal oscuro y, sobre ella, dos sobres negros, dispuestos con un cuidado extremo. La azabache apareció desde el pasillo con paso tranquilo, como si el tiempo no tuviera prisa alguna. En sus manos llevaba una pequeña bandeja con comida y mates, la bebida preferida de Alak’il y Morana. Cuando finalmente se acercó a la mesa, dejó la charola encima, ofreciendo una invitación silenciosa para que se sirvieran. Quizás así digerirían mejor la noticia. Sus ojos azules grisáceos brillaban con un resplandor peculiar, casi hipnótico. Tomó los sobres entre sus manos y los sacudió ligeramente, como si su contenido fuera algo mágico. ♧ Gracias por venir -dijo al fin, rompiendo el silencio con una voz suave -Sé que no les di muchos detalles… pero necesitaba que estuvieran aquí, juntos, a esta hora exacta -Sin perder el misterio, deslizó uno de los sobres frente a ella y lo abrió con un gesto lento, como si quisiera añadir aún más tensión al momento. Del interior extrajo un par de boletos, cuyas tintas brillaban bajo la luz tenue de la sala. ♧ Cariño… sé que no esperabas esto. Y tú tampoco, Morana -añadió, girando apenas el rostro hacia ella -Precisamente por eso quise hacerlo así. Esto, es una invitación a un campamento a una isla privada. Serán cuatro noches y cinco días. Un tour guiado. Digamos que es un viaje organizado para familias. Habrá niños, padres, guías, actividades diurnas, fogatas nocturnas -explicó -Nada fuera de lo común. Nada que levante sospechas. Precisamente por eso es perfecto -Lyra dejó los boletos sobre la mesa con cuidado, por si alguno de los dos quería leerlos con más detenimiento. ♧ Aunque tengo que advertirles un detalle, iremos como uno más del montón, como sus iguales. Así que espero que no haya ningún tipo de truco -entrecerró los ojos al mirar al albino, nunca estaba de más una pequeña advertencia - Llevo planeando esto desde hace días. Todo está pagado, así que no acepto un no como respuesta. Tienen dos horas para alistar todo. El bus nos recogerá entonces. Será divertido -La sonrisa en su rostro era inmensa, a ella realmente le emocionaba la idea. Se supone que eso hacían las familias ¿no?, y ellos ya eran una, poco convencional, pero ahí estaban. ♧ Alisten todo lo que crean conveniente, nada de armas y esas cosas ¿Entendido? -Los miró a ambos -¿Alguna duda adicional? -Se cruzó de brazos, estaba algo expectante a lo que pudieran decir.
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  • FINALIZADO




    El tren finalmente desaceleró.
    El traqueteo constante se transformó en un gemido prolongado de metal forzado, hasta que el movimiento cesó por completo. Durante unos segundos, nada ocurrió. Ni una sacudida final. Ni un anuncio. Solo silencio.
    Entonces, las puertas se abrieron.
    Más allá del umbral no había una estación.
    No había señales de infraestructura humana funcional.
    Solo un espacio deformado, como si el entorno hubiera sido reconstruido a partir de recuerdos incompletos.
    Las estructuras eran reconocibles, pero incorrectas: paredes demasiado altas, ángulos imposibles, superficies que parecían orgánicas bajo una apariencia artificial. El aire allí fuera era distinto, más pesado, cargado de una tensión que no provenía del ambiente… sino de algo que ya estaba presente.
    No hubo advertencia.
    No hubo presentación.
    La anomalía no apareció de forma dramática, ni agresiva. Su sola existencia alteraba el espacio a su alrededor, como si las reglas locales se vieran forzadas a adaptarse. No era necesario comprender qué era para entender una cosa:
    Ese lugar no estaba vacío antes de su llegada.
    El tren permanecía detrás, inmóvil, como negándose a avanzar más allá de ese punto. No ofrecía refugio, pero tampoco cerraba la posibilidad de retirada. Era una frontera silenciosa entre lo conocido y lo que aún no reclamaba nombre.

    Morana Veythra Lili Queen Ishtar Axel Koroved Usagi Rhett Zakharov Tobıαs Novαkovıc Zagreo the Dark Demon Greek Mitology Verónica Valentine Oliver Ishtar Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin
    FINALIZADO El tren finalmente desaceleró. El traqueteo constante se transformó en un gemido prolongado de metal forzado, hasta que el movimiento cesó por completo. Durante unos segundos, nada ocurrió. Ni una sacudida final. Ni un anuncio. Solo silencio. Entonces, las puertas se abrieron. Más allá del umbral no había una estación. No había señales de infraestructura humana funcional. Solo un espacio deformado, como si el entorno hubiera sido reconstruido a partir de recuerdos incompletos. Las estructuras eran reconocibles, pero incorrectas: paredes demasiado altas, ángulos imposibles, superficies que parecían orgánicas bajo una apariencia artificial. El aire allí fuera era distinto, más pesado, cargado de una tensión que no provenía del ambiente… sino de algo que ya estaba presente. No hubo advertencia. No hubo presentación. La anomalía no apareció de forma dramática, ni agresiva. Su sola existencia alteraba el espacio a su alrededor, como si las reglas locales se vieran forzadas a adaptarse. No era necesario comprender qué era para entender una cosa: Ese lugar no estaba vacío antes de su llegada. El tren permanecía detrás, inmóvil, como negándose a avanzar más allá de ese punto. No ofrecía refugio, pero tampoco cerraba la posibilidad de retirada. Era una frontera silenciosa entre lo conocido y lo que aún no reclamaba nombre. [Undead_Mistress] [Lili.Queen] [Akly_5] [us4gi] [theannoyingcriminal75] [phantasm_winter] [Dark_Demon] [fire_ruby_bull_303] [Incub_Oli_Berry] [Ryu]
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  • La mansión estaba vacía, como siempre. Silenciosa. Demasiada silenciosa... Y demasiado aburrida. ¿Que hacía la gente normal a las once -casi doce- de la noche? Dormir, probablemente. Pero para ella, aún era demasiado temprano para ir a dormir.

    ¿Tal vez debería salir a dar algún paseo nocturno? Solía ser su antídoto favorito contra el insomnio y el aburrimiento. Pero allí estaba, con su pijama y un abrigo encima -porque la mansión parecía un congelador por las noches-, y además, aún no se recuperaba del todo de su último bajón de energías. No estaba en su mejor momento.

    Descendió por las escaleras hasta el salón principal, para luego dejarse caer sobre el sofá. ¿Y si hacia alguna llamada? ¿Fastidiar a alguien por puro entretenimiento, tal vez? Chasqueó la lengua, quizás el paseo nocturno era mejor opción. Claro que eso implicaba subir a cambiarse de ropa para no terminar convertiendose en la chica rara que deambula por ahí en pijama. Se puso de pie, lista para ir a cambiarse. Pero antes de que su pie tocara el primer peldaño de la escalera, se detuvo, con la cabeza ladeada. Había creído escuchar algo fuera de casa, ¿Su imaginación?, tal vez no.

    Veyra Leˑron
    La mansión estaba vacía, como siempre. Silenciosa. Demasiada silenciosa... Y demasiado aburrida. ¿Que hacía la gente normal a las once -casi doce- de la noche? Dormir, probablemente. Pero para ella, aún era demasiado temprano para ir a dormir. ¿Tal vez debería salir a dar algún paseo nocturno? Solía ser su antídoto favorito contra el insomnio y el aburrimiento. Pero allí estaba, con su pijama y un abrigo encima -porque la mansión parecía un congelador por las noches-, y además, aún no se recuperaba del todo de su último bajón de energías. No estaba en su mejor momento. Descendió por las escaleras hasta el salón principal, para luego dejarse caer sobre el sofá. ¿Y si hacia alguna llamada? ¿Fastidiar a alguien por puro entretenimiento, tal vez? Chasqueó la lengua, quizás el paseo nocturno era mejor opción. Claro que eso implicaba subir a cambiarse de ropa para no terminar convertiendose en la chica rara que deambula por ahí en pijama. Se puso de pie, lista para ir a cambiarse. Pero antes de que su pie tocara el primer peldaño de la escalera, se detuvo, con la cabeza ladeada. Había creído escuchar algo fuera de casa, ¿Su imaginación?, tal vez no. [vey.ra]
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  • Uno de los hábitos que ha tenido Ekaterina desde pequeña, fué leer, incluso después de que las fuerzas Soviéticas se la llevaran siempre ha estado rodeada de libros. A pesar de haber sido convertida en una humana con tentáculos, su memoria al no ser borrada, hoy puede disfrutar de ese hábito sano, el cual si ella pudiera hablar, recomendaría leer.
    Uno de los hábitos que ha tenido Ekaterina desde pequeña, fué leer, incluso después de que las fuerzas Soviéticas se la llevaran siempre ha estado rodeada de libros. A pesar de haber sido convertida en una humana con tentáculos, su memoria al no ser borrada, hoy puede disfrutar de ese hábito sano, el cual si ella pudiera hablar, recomendaría leer.
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  • Confrontation - The Lady vs The Warrior
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    Categoría Acción
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Valles Calchaquíes, 3 de Enero, 2026.

    ⠀⠀Los vientos áridos del valle de los ancestros salpicaban el paisaje, así como el astro rey que jamás abandonaba su vigilia. Las pisadas de dos contendientes avanzaban con ligereza.

    ⠀⠀Uno de los dos fue el que habló primero. Ese alto y de gran musculatura, su cabellera albina que contrastaba con todo gracias a su brillo era su rasgo más distintivo, en su zurda, portaba una espada notablemente antigua. Parecía tallada en huesos afilados, y dibujada en ella simbología andina.
    ⠀⠀No había guardamanos en esa espada, incluso su propia empuñadura no era más que el hueso sin tallar, pero envuelta en cuero. Un arte rudimentario, pero ¿qué más necesitaba?

    ⠀⠀⸻Me sorprende que me llamaras para esto, antes que para tomar unos mates⸻ No pensó jamás tener ni siquiera tener una práctica con aquella, intuía que lo suyo era el reino de lo psicológico. Pero aquí estaba, y con una apariencia que no hubiera denotado jamás serle propia, sino fuera porque su aura seguía siendo la misma.

    ⠀⠀Ella quería practicar su esgrima. Estaba bien, Alak'il hace tiempo alcanzó la cima en ese arte, por ello la dejó de lado, no le importaría quitarse el óxido y darle unas cuantas lecciones...

    ⠀⠀Ahí estaba otra vez, esa sonrisa canina. Tal vez ella guardaba unas sorpresas, y podría darle algo de entretenimiento al guerrero invencible.

    Morana
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Valles Calchaquíes, 3 de Enero, 2026. ⠀ ⠀⠀Los vientos áridos del valle de los ancestros salpicaban el paisaje, así como el astro rey que jamás abandonaba su vigilia. Las pisadas de dos contendientes avanzaban con ligereza. ⠀⠀Uno de los dos fue el que habló primero. Ese alto y de gran musculatura, su cabellera albina que contrastaba con todo gracias a su brillo era su rasgo más distintivo, en su zurda, portaba una espada notablemente antigua. Parecía tallada en huesos afilados, y dibujada en ella simbología andina. ⠀⠀No había guardamanos en esa espada, incluso su propia empuñadura no era más que el hueso sin tallar, pero envuelta en cuero. Un arte rudimentario, pero ¿qué más necesitaba? ⠀⠀⸻Me sorprende que me llamaras para esto, antes que para tomar unos mates⸻ No pensó jamás tener ni siquiera tener una práctica con aquella, intuía que lo suyo era el reino de lo psicológico. Pero aquí estaba, y con una apariencia que no hubiera denotado jamás serle propia, sino fuera porque su aura seguía siendo la misma. ⠀⠀Ella quería practicar su esgrima. Estaba bien, Alak'il hace tiempo alcanzó la cima en ese arte, por ello la dejó de lado, no le importaría quitarse el óxido y darle unas cuantas lecciones... ⠀⠀Ahí estaba otra vez, esa sonrisa canina. Tal vez ella guardaba unas sorpresas, y podría darle algo de entretenimiento al guerrero invencible. ⠀ [Undead_Mistress]
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  • ⸻> Dato curioso:
    La luna llena de enero se conoce tradicionalmente como la Luna del Lobo. El nombre viene de antiguas culturas del hemisferio norte, que asociaban esta luna con las noches más frías del año, cuando los lobos aullaban con más frecuencia cerca de los asentamientos humanos en busca de alimento. No tiene un origen astronómico, sino cultural, ligado al invierno, al hambre y a la supervivencia.

    En algunos años, cuando esta luna coincide con el momento en que está más cerca de la Tierra, se la llama también superluna del lobo, viéndose ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Por eso siempre ha estado rodeada de simbolismo de resistencia, instinto, soledad y ciclos que se cierran para volver a empezar.

    ⸻> Dato curioso: La luna llena de enero se conoce tradicionalmente como la Luna del Lobo. El nombre viene de antiguas culturas del hemisferio norte, que asociaban esta luna con las noches más frías del año, cuando los lobos aullaban con más frecuencia cerca de los asentamientos humanos en busca de alimento. No tiene un origen astronómico, sino cultural, ligado al invierno, al hambre y a la supervivencia. En algunos años, cuando esta luna coincide con el momento en que está más cerca de la Tierra, se la llama también superluna del lobo, viéndose ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Por eso siempre ha estado rodeada de simbolismo de resistencia, instinto, soledad y ciclos que se cierran para volver a empezar.
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  • Feliz cumpleaños Morana (Maldito monstruo) Espero que la pases bien mientras puedas, porque un día de estos te vamos a cazar...
    🥳 Feliz cumpleaños [Undead_Mistress] (Maldito monstruo) Espero que la pases bien mientras puedas, porque un día de estos te vamos a cazar... 💀
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Una disculpa si respondo los mensajes algo tarde. Deadbydaylight me anima la vida jaja.
    Una disculpa si respondo los mensajes algo tarde. Deadbydaylight me anima la vida jaja. :STK-24:
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