No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas.
Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse.
Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo.

Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo.
Llorando por sus amigos.
Llorando por el miedo que había tenido.
Llorando por su familia.
Llorando por Hope y por el alma de Jack.
Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado.
Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas. Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse. Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo. Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo. Llorando por sus amigos. Llorando por el miedo que había tenido. Llorando por su familia. Llorando por Hope y por el alma de Jack. Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado. Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
Me entristece
2
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados