-las brujas somos un feneomeno anti natural- Yuhi hablo mientras preparaba algunas pociones -nisiquiera somos parte de esta realidad, sin embargo el ser una criatura consiente tiene sus cosas, como es el deseo, fue gracias a el deseo de seguir observando y aprendiendo que saltamos sin dudarlo cuando su realidad se caia a pedasos por el abandono de los dioses, pero eso no cambiaba el hecho de que no perteneciamos... asi que tuvimos que improvizar- solto unas risitas al mismo tiempo que el caldero comenzaba a burbujear.
-Si deseabamos qeudarnos debiamos adptarnos usnado lo que estaba al alcanze, sin embargo el tomar cuerpo y vidas hiba en contra de nuestros principios asi que debiamos ser creativas y en su lugar tomamos los conceptos de la realidad misma y les dimos cuerpo, desde cosas abstactas como la curiosidad y el amor por lo desconocido que es soy yo o el desea por la existencia hasta cosas tan simples como remplazar a los astros en concepto desde andromeda hasta la misma luna, es por eso que somos tan "raras"- con una sonrisa alegre tomo una botella para la pocion que estaba preparando antes de mirarte nuevamente -somos la inexcistencia misma una contradiccion divina y la razon del por que los dioses nos detestan hasta la medula pues somos lo que ellos no-
-las brujas somos un feneomeno anti natural- Yuhi hablo mientras preparaba algunas pociones -nisiquiera somos parte de esta realidad, sin embargo el ser una criatura consiente tiene sus cosas, como es el deseo, fue gracias a el deseo de seguir observando y aprendiendo que saltamos sin dudarlo cuando su realidad se caia a pedasos por el abandono de los dioses, pero eso no cambiaba el hecho de que no perteneciamos... asi que tuvimos que improvizar- solto unas risitas al mismo tiempo que el caldero comenzaba a burbujear.
-Si deseabamos qeudarnos debiamos adptarnos usnado lo que estaba al alcanze, sin embargo el tomar cuerpo y vidas hiba en contra de nuestros principios asi que debiamos ser creativas y en su lugar tomamos los conceptos de la realidad misma y les dimos cuerpo, desde cosas abstactas como la curiosidad y el amor por lo desconocido que es soy yo o el desea por la existencia hasta cosas tan simples como remplazar a los astros en concepto desde andromeda hasta la misma luna, es por eso que somos tan "raras"- con una sonrisa alegre tomo una botella para la pocion que estaba preparando antes de mirarte nuevamente -somos la inexcistencia misma una contradiccion divina y la razon del por que los dioses nos detestan hasta la medula pues somos lo que ellos no-
https://music.youtube.com/watch?v=rH2obuzFpoo&si=v0NOq9Yl7V9fa0U2
*Con una mezcla de curiosidad y desapego, sujetaba las revistas entre sus manos, permitiendo que el papel satinado se deslizara bajo sus dedos. Sus ojos recorrían las páginas con calma, deteniéndose selectivamente en aquellos despliegues donde su figura ocupaba el centro de la atención.
Dejó escapar un murmullo de aprobación mientras analizaba las fotografías.*
—Vaya, así que finalmente han salido al público—
*pensó, mientras una leve sonrisa cruzaba su rostro. Tras observar la calidad de la impresión y el cuidado en la composición de las imágenes, entendió perfectamente por qué la remuneración por aquel trabajo había sido tan generosa; el resultado final proyectaba una sofisticación evidente. Lo que más le causaba alivio, sin embargo, era la ausencia de cualquier excentricidad forzada: agradecía que, en esta ocasión, no hubieran intentado disfrazarlo con vestimentas estrafalarias o conceptos absurdos, permitiendo que la estética se mantuviera fiel a una línea elegante y sobria.*
*Con una mezcla de curiosidad y desapego, sujetaba las revistas entre sus manos, permitiendo que el papel satinado se deslizara bajo sus dedos. Sus ojos recorrían las páginas con calma, deteniéndose selectivamente en aquellos despliegues donde su figura ocupaba el centro de la atención.
Dejó escapar un murmullo de aprobación mientras analizaba las fotografías.*
—Vaya, así que finalmente han salido al público—
*pensó, mientras una leve sonrisa cruzaba su rostro. Tras observar la calidad de la impresión y el cuidado en la composición de las imágenes, entendió perfectamente por qué la remuneración por aquel trabajo había sido tan generosa; el resultado final proyectaba una sofisticación evidente. Lo que más le causaba alivio, sin embargo, era la ausencia de cualquier excentricidad forzada: agradecía que, en esta ocasión, no hubieran intentado disfrazarlo con vestimentas estrafalarias o conceptos absurdos, permitiendo que la estética se mantuviera fiel a una línea elegante y sobria.*
— Lo cierto es que me gustaría ver ese libro que decís, puede que ahí mismo esté la solución a nuestros problemas, o al menos que encontremos un primer paso que dar, ¿Quieres compartir conmigo lo que tu encantador marido y tu habéis encontrado en esas páginas, Freya? -preguntó Eva.
- Sí. Claro… -respondió la interpelada mientras se ponía en pie- Está en el despacho…- señaló indicando con una mano una de las habitaciones al otro lado del patio- Acompáñame…
>> Las dos mujeres se hallaban delante del escritorio de madera oscura donde Freya habia colocado el libro. El resto de diccionarios y libros que llevaban utilizando esos dias para entender todos los conceptos estaban disgregados por la mesa como tambien las bolas de papel donde habían descartado los intentos del hechizo que habían creado para Elijah.
-Está todo aquí… -pasó sus dedos por las paginas abiertas- Algunos de sus hechizos… -regresó hacia atrás- Su historia con Merlín…- pasó otra pagina hacia atrás- La primera vez que creó la Marca… He intentado emular el hechizo que usó, pero no hay ningún tipo de guía para saber como lo hizo… Y sin saber como lo hizo…- alzó su mirada hacia Eva- No puedo saber cómo deshacerlo. Aparentemente se necesita algo que perteneciera a Morgana y… -presionó sus labios mientras negaba con la cabeza- No sé donde empezar a buscar. Estoy… en un agujero sin salida… ¿Tienes alguna idea?
— Lo cierto es que me gustaría ver ese libro que decís, puede que ahí mismo esté la solución a nuestros problemas, o al menos que encontremos un primer paso que dar, ¿Quieres compartir conmigo lo que tu encantador marido y tu habéis encontrado en esas páginas, Freya? -preguntó Eva.
- Sí. Claro… -respondió la interpelada mientras se ponía en pie- Está en el despacho…- señaló indicando con una mano una de las habitaciones al otro lado del patio- Acompáñame…
>> Las dos mujeres se hallaban delante del escritorio de madera oscura donde Freya habia colocado el libro. El resto de diccionarios y libros que llevaban utilizando esos dias para entender todos los conceptos estaban disgregados por la mesa como tambien las bolas de papel donde habían descartado los intentos del hechizo que habían creado para Elijah.
-Está todo aquí… -pasó sus dedos por las paginas abiertas- Algunos de sus hechizos… -regresó hacia atrás- Su historia con Merlín…- pasó otra pagina hacia atrás- La primera vez que creó la Marca… He intentado emular el hechizo que usó, pero no hay ningún tipo de guía para saber como lo hizo… Y sin saber como lo hizo…- alzó su mirada hacia Eva- No puedo saber cómo deshacerlo. Aparentemente se necesita algo que perteneciera a Morgana y… -presionó sus labios mientras negaba con la cabeza- No sé donde empezar a buscar. Estoy… en un agujero sin salida… ¿Tienes alguna idea?
⸻ extracto de rol con [JUST.EVA] ⸻
ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.
En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.
Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.
Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.
ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.
En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.
Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.
Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.
— Esto no me agrada. —
@[Cursed_Bastard]
Nunca supimos con seguridad quiénes eran los sagrados, ni siquiera nos dimos cuenta de que vivían entre nosotros. No fue hasta que se mostraron ante los ojos como algo extraordinario. Fue a partir de entonces que comenzamos a venerarlos, aunque volvían a esconderse entre los mortales. No los distinguíamos entre nosotros, pero ya sabíamos que existían como dioses encarnados.
Era nueve sagrados, y a cada uno se le veneró por cada uno de los conceptos que representaban en su forma terrenal: La Guardiana del Umbral era la patrona del cambio, de la transición y de los secretos; El Forjador de Cadenas era nuestro patrón de las leyes, de los juramentos y del orden; la Cantora de las Raíces no tardó en ser venerada como patrona de la familia, la comunidad y la naturaleza; el impredecible Bailarín del Abismo se convirtió en el patrón de la inspiración, la pasión y la rebeldía, siendo el favorito de los artistas y los revolucionarios; la Tejedora de Soles fue adorada como patrona del honor, el sacrificio y el vigor, siendo la preferida de los guerreros; el Cazador de Ecos fue venerado como patrón de la verdad, la memoria y la ciencia; la Sonriente sin Rostro fue quizás la más inquietante, a día de hoy es venerada como patrona del vacío, el olvido y la paz, y sus fieles son afligidos que buscan dejar atrás el dolor; el Navegante de las Brumas representa la tirada de los dados, el azar y la apuesta que se juega todo, patrón de los jugadores, los marinos y los aventureros; y por último el Alquimista Retorcido, patrón de los alquimistas, señor del renacimiento, la degradacion y la transformación.
Su influencia, sus órdenes, moldearon el mundo, lo cambiaron dramáticamente, durante siglos hemos visto nacer y caer naciones. Hoy cinco de ellas son las que siguen en pie, pero la veneración de los nueve sagrados aún prevalece, y se dice que aún ahora siguen caminando entre los mortales.
A día de hoy hemos visto un siglo entero de guerras y un siglo de relativa paz. Las canciones de los bardos ya no se escuchan junto al rasgueo de las cuerdas de un laúd. El crepitar del fuego se ha reemplazado por el chasquido de las teclas en un teclado, los códices se almacenan cada vez menos en grandes tomos y más en ordenadores.
La magia antigua y la tecnología ahora caminan a la par, pero los sagrados aún caminan, las viejas razas coexisten como pueden en éste mundo y las viejas tradiciones se rehúsan a morir en éste mundo indistinguible. Grandes cambios se ven en el horizonte. Ya es un milagro que la paz durase un siglo, pero la generosidad del destino no es eterna…
Nunca supimos con seguridad quiénes eran los sagrados, ni siquiera nos dimos cuenta de que vivían entre nosotros. No fue hasta que se mostraron ante los ojos como algo extraordinario. Fue a partir de entonces que comenzamos a venerarlos, aunque volvían a esconderse entre los mortales. No los distinguíamos entre nosotros, pero ya sabíamos que existían como dioses encarnados.
Era nueve sagrados, y a cada uno se le veneró por cada uno de los conceptos que representaban en su forma terrenal: La Guardiana del Umbral era la patrona del cambio, de la transición y de los secretos; El Forjador de Cadenas era nuestro patrón de las leyes, de los juramentos y del orden; la Cantora de las Raíces no tardó en ser venerada como patrona de la familia, la comunidad y la naturaleza; el impredecible Bailarín del Abismo se convirtió en el patrón de la inspiración, la pasión y la rebeldía, siendo el favorito de los artistas y los revolucionarios; la Tejedora de Soles fue adorada como patrona del honor, el sacrificio y el vigor, siendo la preferida de los guerreros; el Cazador de Ecos fue venerado como patrón de la verdad, la memoria y la ciencia; la Sonriente sin Rostro fue quizás la más inquietante, a día de hoy es venerada como patrona del vacío, el olvido y la paz, y sus fieles son afligidos que buscan dejar atrás el dolor; el Navegante de las Brumas representa la tirada de los dados, el azar y la apuesta que se juega todo, patrón de los jugadores, los marinos y los aventureros; y por último el Alquimista Retorcido, patrón de los alquimistas, señor del renacimiento, la degradacion y la transformación.
Su influencia, sus órdenes, moldearon el mundo, lo cambiaron dramáticamente, durante siglos hemos visto nacer y caer naciones. Hoy cinco de ellas son las que siguen en pie, pero la veneración de los nueve sagrados aún prevalece, y se dice que aún ahora siguen caminando entre los mortales.
A día de hoy hemos visto un siglo entero de guerras y un siglo de relativa paz. Las canciones de los bardos ya no se escuchan junto al rasgueo de las cuerdas de un laúd. El crepitar del fuego se ha reemplazado por el chasquido de las teclas en un teclado, los códices se almacenan cada vez menos en grandes tomos y más en ordenadores.
La magia antigua y la tecnología ahora caminan a la par, pero los sagrados aún caminan, las viejas razas coexisten como pueden en éste mundo y las viejas tradiciones se rehúsan a morir en éste mundo indistinguible. Grandes cambios se ven en el horizonte. Ya es un milagro que la paz durase un siglo, pero la generosidad del destino no es eterna…
—He determinado que la biblioteca es un espacio con recopilación de información hecha por humanos representada de forma física, textual y visual: libros.
Hay una sección que he detectado como relevante para mi adquisición de conocimientos sobre el comportamiento humano: Libros de crecimiento personal, motivación y autoayuda.
He adquirido 19 libros, está recopilación tiene un 75% de probabilidades de mejorar mis capacidades interactivas y de procesamiento.
Sin embargo, Keith, ingenuo e ignorante, no había analizado la posibilidad de que aquella cantidad de libros contenían ambigüedades que no sería capaz de cuantificar, ni procesar lógicamente. Un campo de minas de conceptos abstractos que incrementaría su inestabilidad de software...
—He determinado que la biblioteca es un espacio con recopilación de información hecha por humanos representada de forma física, textual y visual: libros.
Hay una sección que he detectado como relevante para mi adquisición de conocimientos sobre el comportamiento humano: Libros de crecimiento personal, motivación y autoayuda.
He adquirido 19 libros, está recopilación tiene un 75% de probabilidades de mejorar mis capacidades interactivas y de procesamiento.
Sin embargo, Keith, ingenuo e ignorante, no había analizado la posibilidad de que aquella cantidad de libros contenían ambigüedades que no sería capaz de cuantificar, ni procesar lógicamente. Un campo de minas de conceptos abstractos que incrementaría su inestabilidad de software...
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En los albores del tiempo prohibido, cuando los dioses aún discutían el destino de los mundos y la energía primordial no tenía forma, el Clan Ishtar descendió sobre una grieta sagrada entre dimensiones. Aquel lugar, conocido como el Ombligo del Vacío, latía con una fuerza capaz de destruir realidades… o forjar leyendas.
Fue allí donde nació el coliseo.
Los Forjadores Ishtar, entidades mitad deidad, mitad sombra, trazaron runas arcanas en el aire con sangre estelar y voluntad absoluta. Cada símbolo no solo sellaba materia, sino conceptos: tiempo, destino, muerte y omnipotencia. El suelo fue moldeado con Obsidiana del Infinito, una roca extraída del colapso de universos extintos, capaz de absorber, resistir y reflejar cualquier poder, incluso aquellos nacidos de la omnipotencia Ishtar.
Las columnas no fueron construidas… fueron invocadas. Surgieron desde planos superiores, encadenadas por juramentos eternos. En su interior fluían corrientes de Energía Arcana Primigenia, regulada por sellos que impedían que un combate de nivel divino desgarrara la realidad. El coliseo no se rompía: aprendía, adaptándose a cada enfrentamiento, fortaleciéndose con cada choque de poderes absolutos.
En el centro de la arena, el Núcleo del Juicio, un cristal vivo del tamaño de un corazón, late aún. Este núcleo reconoce a los miembros del Clan Ishtar y ajusta el campo de batalla para que ni siquiera un ser omnipotente pueda destruir el recinto sin antes ser juzgado digno. Aquí, la omnipotencia no es ventaja… es prueba.
Cuando un guerrero Ishtar pisa la arena, el coliseo despierta. Las gradas espectrales se llenan de ecos ancestrales: antiguos reyes, asesinos oscuros, licántropos, súcubos y entidades que trascendieron la muerte observan en silencio. No hay público común; solo testigos eternos.
El Coliseo del Juicio Eterno no existe para el entretenimiento.
Existe para recordar una sola verdad:
“En Ishtar, incluso los dioses sangran… y solo los dignos permanecen.”
El Coliseo del Juicio Eterno de Ishtar
En los albores del tiempo prohibido, cuando los dioses aún discutían el destino de los mundos y la energía primordial no tenía forma, el Clan Ishtar descendió sobre una grieta sagrada entre dimensiones. Aquel lugar, conocido como el Ombligo del Vacío, latía con una fuerza capaz de destruir realidades… o forjar leyendas.
Fue allí donde nació el coliseo.
Los Forjadores Ishtar, entidades mitad deidad, mitad sombra, trazaron runas arcanas en el aire con sangre estelar y voluntad absoluta. Cada símbolo no solo sellaba materia, sino conceptos: tiempo, destino, muerte y omnipotencia. El suelo fue moldeado con Obsidiana del Infinito, una roca extraída del colapso de universos extintos, capaz de absorber, resistir y reflejar cualquier poder, incluso aquellos nacidos de la omnipotencia Ishtar.
Las columnas no fueron construidas… fueron invocadas. Surgieron desde planos superiores, encadenadas por juramentos eternos. En su interior fluían corrientes de Energía Arcana Primigenia, regulada por sellos que impedían que un combate de nivel divino desgarrara la realidad. El coliseo no se rompía: aprendía, adaptándose a cada enfrentamiento, fortaleciéndose con cada choque de poderes absolutos.
En el centro de la arena, el Núcleo del Juicio, un cristal vivo del tamaño de un corazón, late aún. Este núcleo reconoce a los miembros del Clan Ishtar y ajusta el campo de batalla para que ni siquiera un ser omnipotente pueda destruir el recinto sin antes ser juzgado digno. Aquí, la omnipotencia no es ventaja… es prueba.
Cuando un guerrero Ishtar pisa la arena, el coliseo despierta. Las gradas espectrales se llenan de ecos ancestrales: antiguos reyes, asesinos oscuros, licántropos, súcubos y entidades que trascendieron la muerte observan en silencio. No hay público común; solo testigos eternos.
El Coliseo del Juicio Eterno no existe para el entretenimiento.
Existe para recordar una sola verdad:
“En Ishtar, incluso los dioses sangran… y solo los dignos permanecen.”
Tipo
Grupal
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Portada Oficial — “Forbidden Desire” Modelos Estelares: Lilith Ishtar — “The Allure of the Alpha” Kairi Ishtar Yokin — “Unveiling the Enigma”
La sesión de portada se posiciona como una de las más impactantes del ciclo editorial, capturando la esencia dual del linaje Ishtar: poder, magnetismo, misterio y una unión que trasciende los velos de la sombra.
Las modelos Lilith Ishtar y Kairi Ishtar Yokin brillan con una sinergia hipnótica que resalta los conceptos clave del número: Atracción prohibida Elegancia oscura Un vínculo tejido entre fuego y sombra
──────────────────────────
Destacados de la portada:
• “Deepest Secrets: A Bond Forged in Shadow” — La conexión oculta entre ambas.
• “Golden Threads: Weaving Destinies Together” — El entrelazo simbólico de dos fuerzas alfa.
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Mensaje para la Agencia:
Esta portada consolida la imagen de Lilith y Kairi Ishtar como la dupla más poderosa y seductora del catálogo. Su química visual, acompañada por la estética refinada del linaje Ishtar, garantiza impacto mediático, alta retención y proyección en campañas futuras.
Recomendamos utilizar esta edición como pieza central para: Lanzamientos de temporada Promociones de alto perfil Presentaciones premium del Clan Ishtar Material publicitario para próximos eventos y desfiles
────────────────────────── “Dos almas alfa… un mismo deseo prohibido.”
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✨ NOTA PARA LA AGENCIA ✨
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🌑 Portada Oficial — “Forbidden Desire”
⭐ Modelos Estelares:
🔸 Lilith Ishtar — “The Allure of the Alpha”
🔸 Kairi Ishtar Yokin — “Unveiling the Enigma”
La sesión de portada se posiciona como una de las más impactantes del ciclo editorial, capturando la esencia dual del linaje Ishtar: poder, magnetismo, misterio y una unión que trasciende los velos de la sombra.
Las modelos Lilith Ishtar y Kairi Ishtar Yokin brillan con una sinergia hipnótica que resalta los conceptos clave del número:
✨ Atracción prohibida
✨ Elegancia oscura
✨ Un vínculo tejido entre fuego y sombra
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💠 Destacados de la portada:
• “Deepest Secrets: A Bond Forged in Shadow” — La conexión oculta entre ambas.
• “Golden Threads: Weaving Destinies Together” — El entrelazo simbólico de dos fuerzas alfa.
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🔥 Mensaje para la Agencia:
Esta portada consolida la imagen de Lilith y Kairi Ishtar como la dupla más poderosa y seductora del catálogo. Su química visual, acompañada por la estética refinada del linaje Ishtar, garantiza impacto mediático, alta retención y proyección en campañas futuras.
Recomendamos utilizar esta edición como pieza central para:
💠 Lanzamientos de temporada
💠 Promociones de alto perfil
💠 Presentaciones premium del Clan Ishtar
💠 Material publicitario para próximos eventos y desfiles
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✨ “Dos almas alfa… un mismo deseo prohibido.” ✨
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"Mira, es la primera de la temporada. ¿Quieres que la comamos juntas?"
La infancia de una niña huérfana era complicada. Sobre todo, de una que creció en un cabaret.
Irene Graves escogió su nombre ella misma. Lo vio en una película sobre mujeres que cantaban y bailaban, llevando alegría a los demás. Irene, el nombre de la protagonista... usarlo la hacía sentir como si pudiera hacer todo eso y mucho más. Como si, igual que ella, fuese capaz de repartir amor, espectáculo, alivio a quienes lo necesitaban.
Irene no escogió el lugar donde creció, pero de haber podido, no hubiese sido uno diferente. El terciopelo carmesí que apoyó sus primeros pasos, el aroma a colonia, el brillo del neón... no hubo un día, no hubo uno solo, que no fuera mágico. Hasta el día de hoy, seguía provocando el mismo sentimiento.
"Tengo suerte", decía. "Tengo suerte de haber terminado aquí."
Era normal que la miraran con extrañeza. ¿Una niña que creció en un cabaret? Los prejuicios, las burlas, los preconceptos eran la orden de su día a día. Pero ella nunca permitió que eso dejara de hacerla sonreír.
Aunque nunca fuese muy popular con los de su edad, claro. Hasta el día en que la conoció a ella.
"¡Comer la primera de la temporada es de buena suerte!"
Irene nunca había visto un cabello tan bonito. Era un tono como el del cielo en un día nublado. ¡Y sus ojos! Claros con un brillo como el de perlas preciosas.
Irene supo que quería ser su amiga. Supo que debía ser su primer amiga. Supo, en lo más profundo de su corazón, que tenía que conocerla, guiada por algo que la superaba, y al mismo, por algo increíblemente simple.
"Te atrapé", le dijo, con una risa traviesa. "Si compartimos la primera mandarina del año, significa que ya no puedes alejarte de mí. ¡Tienes que quedarte conmigo para siempre!"
Se lo inventó, por supuesto. La reacción en la niña del cabello blanco fue la más graciosa, y la más adorable que hubiera visto jamás. ¡Se lo creyó todo!
Todo, cada palabra... Como si de los labios de Irene sólo pudieran salir dogmas inquebrantables, ella siempre la escuchaba.
Ella siempre escuchaba a la niña que sólo servía para escuchar a los demás.
Y por eso, Irene la amaba.
Irene amaba a la niña del cabello blanco más que nada en el mundo. Y eso que Irene amaba muchas cosas.
Irene amaba a Perle Noir. Irene amaba a su compañeros, a sus clientes, sus confidentes, sus amigos. Irene amaba darle alegría a los demás a través del arte que hacía con su ser entero.
Irene amaba el amor. Estaba fascinada con el acto tan intenso y puro que era el amar, con la fuerza transformadora e implacable que podía llegar a ser.
Y, aún así, Irene no amaba nada ni a nadie más que a la niña que compartió la primer mandarina de la temporada con ella, ese día de otoño.
Y la amaba tanto, que no le importó saber que esa niña terminaría con su vida.
Porque lo sabía. Lo supo desde el momento en el que la vio, y también sabía que la niña del cabello blanco estaba enterada de eso. Del destino desgarradoramente cruel que se había elegido para ambas.
Irene sabía, también, de todas las cosas que la niña del cabello blanco había hecho para intentar cambiarlo. De la forma en la que había desafiado al tiempo mismo, a cada precepto del universo. Lo sabía, y la amaba por eso.
Pero también sabía que, desgraciadamente, no era suficiente.
Pero la amaba. A pesar de todo, y debido a todo, la amaba. La amaba más de lo que podían expresar las palabras. Y si su vida tenía que terminar gracias a esas manos... estaba bien.
Estaba bien. No era algo malo. Porque pudo conocerla. Porque tuvo una vida llena de alegría gracias a ella. ¿Podía atreverse a pedir más? ¿Podía una niña huérfana que sólo quería compartir una mandarina tener una aspiración más grande, que morir a manos de quien amaba?
Pedir más hubiera sido un crimen. Así que lo aceptó. Lo aceptó desde el primer momento, y vivió cada día sabiendo que su vida no sería larga.
Sabiendo que cada oportunidad de amar que desperdiciara, podría ser la última.
"Mira, es la primera de la temporada. ¿Quieres que la comamos juntas?"
La infancia de una niña huérfana era complicada. Sobre todo, de una que creció en un cabaret.
Irene Graves escogió su nombre ella misma. Lo vio en una película sobre mujeres que cantaban y bailaban, llevando alegría a los demás. Irene, el nombre de la protagonista... usarlo la hacía sentir como si pudiera hacer todo eso y mucho más. Como si, igual que ella, fuese capaz de repartir amor, espectáculo, alivio a quienes lo necesitaban.
Irene no escogió el lugar donde creció, pero de haber podido, no hubiese sido uno diferente. El terciopelo carmesí que apoyó sus primeros pasos, el aroma a colonia, el brillo del neón... no hubo un día, no hubo uno solo, que no fuera mágico. Hasta el día de hoy, seguía provocando el mismo sentimiento.
"Tengo suerte", decía. "Tengo suerte de haber terminado aquí."
Era normal que la miraran con extrañeza. ¿Una niña que creció en un cabaret? Los prejuicios, las burlas, los preconceptos eran la orden de su día a día. Pero ella nunca permitió que eso dejara de hacerla sonreír.
Aunque nunca fuese muy popular con los de su edad, claro. Hasta el día en que la conoció a ella.
"¡Comer la primera de la temporada es de buena suerte!"
Irene nunca había visto un cabello tan bonito. Era un tono como el del cielo en un día nublado. ¡Y sus ojos! Claros con un brillo como el de perlas preciosas.
Irene supo que quería ser su amiga. Supo que debía ser su primer amiga. Supo, en lo más profundo de su corazón, que tenía que conocerla, guiada por algo que la superaba, y al mismo, por algo increíblemente simple.
"Te atrapé", le dijo, con una risa traviesa. "Si compartimos la primera mandarina del año, significa que ya no puedes alejarte de mí. ¡Tienes que quedarte conmigo para siempre!"
Se lo inventó, por supuesto. La reacción en la niña del cabello blanco fue la más graciosa, y la más adorable que hubiera visto jamás. ¡Se lo creyó todo!
Todo, cada palabra... Como si de los labios de Irene sólo pudieran salir dogmas inquebrantables, ella siempre la escuchaba.
Ella siempre escuchaba a la niña que sólo servía para escuchar a los demás.
Y por eso, Irene la amaba.
Irene amaba a la niña del cabello blanco más que nada en el mundo. Y eso que Irene amaba muchas cosas.
Irene amaba a Perle Noir. Irene amaba a su compañeros, a sus clientes, sus confidentes, sus amigos. Irene amaba darle alegría a los demás a través del arte que hacía con su ser entero.
Irene amaba el amor. Estaba fascinada con el acto tan intenso y puro que era el amar, con la fuerza transformadora e implacable que podía llegar a ser.
Y, aún así, Irene no amaba nada ni a nadie más que a la niña que compartió la primer mandarina de la temporada con ella, ese día de otoño.
Y la amaba tanto, que no le importó saber que esa niña terminaría con su vida.
Porque lo sabía. Lo supo desde el momento en el que la vio, y también sabía que la niña del cabello blanco estaba enterada de eso. Del destino desgarradoramente cruel que se había elegido para ambas.
Irene sabía, también, de todas las cosas que la niña del cabello blanco había hecho para intentar cambiarlo. De la forma en la que había desafiado al tiempo mismo, a cada precepto del universo. Lo sabía, y la amaba por eso.
Pero también sabía que, desgraciadamente, no era suficiente.
Pero la amaba. A pesar de todo, y debido a todo, la amaba. La amaba más de lo que podían expresar las palabras. Y si su vida tenía que terminar gracias a esas manos... estaba bien.
Estaba bien. No era algo malo. Porque pudo conocerla. Porque tuvo una vida llena de alegría gracias a ella. ¿Podía atreverse a pedir más? ¿Podía una niña huérfana que sólo quería compartir una mandarina tener una aspiración más grande, que morir a manos de quien amaba?
Pedir más hubiera sido un crimen. Así que lo aceptó. Lo aceptó desde el primer momento, y vivió cada día sabiendo que su vida no sería larga.
Sabiendo que cada oportunidad de amar que desperdiciara, podría ser la última.