𝗘𝗹 𝗖𝗵𝗮𝗺𝗮́𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝗾𝘂𝗶𝗺𝗶𝘀𝘁𝗮 - 𝗣𝗧. 𝟭
Fandom O.C. - Xros / Over.
Categoría Acción
ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.

En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.

Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.

Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.

— Esto no me agrada. —

@Illán
ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser. En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella. Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad. Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma. — Esto no me agrada. — @[Cursed_Bastard]
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