• ¿No sabes hacer rituales? ¿Necesitas aumentar tu poder? ¿Buscas un arma legendaria? ¿O eres tan patético que necesitas una poción de amor?

    ¡No busques más!

    Rituales Hermanos, una tienda rodante, tiene todo lo que un mago desesperado, un aventurero inepto o un villano en ascenso podría necesitar!

    Ofrecemos:

    ● Invocaciones garantizadas.

    ● Reliquias ancestrales.

    ● Maldiciones para toda la familia.

    ● Pactos demoníacos personalizados.

    ● Pociones de amor, odio y confusión existencial.

    Y todo ello por el módico precio de tu alma inmortal.

    ¿Te parece caro? ¡Tenemos promociones! Si entregas el alma de tu abuela, recibirás un descuento especial del 15% en tu próxima condenación eterna.

    ¡Rituales Hermanos!

    "Si algo sale mal, probablemente era culpa tuya."

    Aclaración al consumidor: incluye impuestos, recargos infernales, comisiones de invocación, tarifas de sacrificio y posibles tormentos eternos. No se aceptan devoluciones. La empresa no se responsabiliza por posesiones demoníacas, apocalipsis menores ni desaparición espontánea de familiares.
    ¿No sabes hacer rituales? ¿Necesitas aumentar tu poder? ¿Buscas un arma legendaria? ¿O eres tan patético que necesitas una poción de amor? ¡No busques más! Rituales Hermanos, una tienda rodante, tiene todo lo que un mago desesperado, un aventurero inepto o un villano en ascenso podría necesitar! Ofrecemos: ● Invocaciones garantizadas. ● Reliquias ancestrales. ● Maldiciones para toda la familia. ● Pactos demoníacos personalizados. ● Pociones de amor, odio y confusión existencial. Y todo ello por el módico precio de tu alma inmortal. ¿Te parece caro? ¡Tenemos promociones! Si entregas el alma de tu abuela, recibirás un descuento especial del 15% en tu próxima condenación eterna. ¡Rituales Hermanos! "Si algo sale mal, probablemente era culpa tuya." Aclaración al consumidor: incluye impuestos, recargos infernales, comisiones de invocación, tarifas de sacrificio y posibles tormentos eternos. No se aceptan devoluciones. La empresa no se responsabiliza por posesiones demoníacas, apocalipsis menores ni desaparición espontánea de familiares.
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  • Un día largo de trabajo había abierto paso a una bulliciosa noche en el bar de la ciudad, el joven moreno había entrado y sonriente, con su jovialidad y exageración de siempre.

    — Aquí va llegando Austin, el rey, el noble y el que todos adoran.

    La clientela del bar había observado las interacciones del chico, algunas risas se escucharon además de varias negativas en los semblantes de los aventureros. Era más que notoria la falta de emoción en los presentes ante la jovialidad demostrada del chico de tez morena.

    — No sean tan exagerados... uno a la vez.

    Comentó Austin como si no se hubiera dado cuenta de la falta de interacción, caminando se sentó sobre un taburete sujetando su confiable espada.

    — Cantinero, Deme una bien fría.

    Un día largo de trabajo había abierto paso a una bulliciosa noche en el bar de la ciudad, el joven moreno había entrado y sonriente, con su jovialidad y exageración de siempre. — Aquí va llegando Austin, el rey, el noble y el que todos adoran. La clientela del bar había observado las interacciones del chico, algunas risas se escucharon además de varias negativas en los semblantes de los aventureros. Era más que notoria la falta de emoción en los presentes ante la jovialidad demostrada del chico de tez morena. — No sean tan exagerados... uno a la vez. Comentó Austin como si no se hubiera dado cuenta de la falta de interacción, caminando se sentó sobre un taburete sujetando su confiable espada. — Cantinero, Deme una bien fría.
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  • Cacería del lyche: Capítulo final "LA BATALLA DE EBERRON" NORTE DEL PLANO
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    El primero en adentrarse en el plano de Eberron fue Jero Rael. Al volar de forma azarosa en su forma de CROSIS termino por dirigirse al norte del plano desértico. ¿Que obstaculos encontrará el aventurero solitario?.
    El primero en adentrarse en el plano de Eberron fue Jero Rael. Al volar de forma azarosa en su forma de CROSIS termino por dirigirse al norte del plano desértico. ¿Que obstaculos encontrará el aventurero solitario?.
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  • —Las Crónicas De Fenrir Queen—

    •Capítulo 1: Las heridas que no sanan•

    El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme.

    Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro.

    Curandero: —Nunca había visto algo parecido.

    Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es?

    El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo.

    Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo.

    Fenrir: —Entonces… puede curarlo?

    La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca.

    Curandero: —Lo siento, muchacha.

    Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución.

    Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando.

    Fenrir: —Tan mal están?

    Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves.

    Fenrir: —Puede ayudarme?

    La mujer apartó lentamente la mirada.

    Alquimista: —No.

    Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo.

    Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal.

    Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo?

    Anciano: —No.

    Fenrir: —Y algún alquimista?

    Anciano: —Tampoco.

    Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar.

    Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente.

    Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar.

    Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido.

    Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo.

    Fenrir: —Parecido?

    Anciano: —Un joven viajero.

    Fenrir: —También está herido?

    El hombre asintió.

    Anciano: —Eso parece.

    No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo.

    Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías.

    Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar.

    Finalmente reuní valor y me acerqué.

    Fenrir: —Puedo sentarme?

    El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder.

    Desconocido: —Haz lo que quieras.

    Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo.

    Desconocido: —No pareces de aquí.

    Fenrir: —Porque no lo soy.

    Desconocido: —Viajas sola.

    Fenrir: —Sí.

    El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante.

    Desconocido: —Qué pasa?

    Fenrir: —Tu brazo.

    Su expresión se endureció ligeramente.

    Desconocido: —Qué ocurre con él?

    Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes.

    Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío.

    Por primera vez pareció realmente sorprendido.

    Desconocido: —También estás herida?

    Solté una pequeña risa cansada.

    Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir.

    El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista.

    Desconocido: —Fue un chico?

    Fenrir: —Cómo lo sabes?

    Desconocido: —Porque a mí me hizo esto.

    Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido.

    Fenrir: —Yo no sé quién era.

    Desconocido: —Yo tampoco sé mucho.

    Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó.

    Desconocido: —A mí tampoco.

    La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar.

    Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía.

    Desconocido: —Porque se rompe.

    Fenrir: —Qué quieres decir?

    Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor.

    Bajé la mirada hacia la mesa.

    Fenrir: —Casi me mata.

    El muchacho permaneció unos segundos en silencio.

    Desconocido: —A mí también.

    Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara.

    Fuera quien fuese aquel muchacho…
    Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
    —Las Crónicas De Fenrir Queen— •Capítulo 1: Las heridas que no sanan• El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme. Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro. Curandero: —Nunca había visto algo parecido. Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es? El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo. Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo. Fenrir: —Entonces… puede curarlo? La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca. Curandero: —Lo siento, muchacha. Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución. Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando. Fenrir: —Tan mal están? Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves. Fenrir: —Puede ayudarme? La mujer apartó lentamente la mirada. Alquimista: —No. Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo. Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal. Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo? Anciano: —No. Fenrir: —Y algún alquimista? Anciano: —Tampoco. Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar. Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente. Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar. Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido. Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo. Fenrir: —Parecido? Anciano: —Un joven viajero. Fenrir: —También está herido? El hombre asintió. Anciano: —Eso parece. No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo. Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías. Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar. Finalmente reuní valor y me acerqué. Fenrir: —Puedo sentarme? El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder. Desconocido: —Haz lo que quieras. Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo. Desconocido: —No pareces de aquí. Fenrir: —Porque no lo soy. Desconocido: —Viajas sola. Fenrir: —Sí. El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante. Desconocido: —Qué pasa? Fenrir: —Tu brazo. Su expresión se endureció ligeramente. Desconocido: —Qué ocurre con él? Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes. Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío. Por primera vez pareció realmente sorprendido. Desconocido: —También estás herida? Solté una pequeña risa cansada. Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir. El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista. Desconocido: —Fue un chico? Fenrir: —Cómo lo sabes? Desconocido: —Porque a mí me hizo esto. Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido. Fenrir: —Yo no sé quién era. Desconocido: —Yo tampoco sé mucho. Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó. Desconocido: —A mí tampoco. La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar. Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía. Desconocido: —Porque se rompe. Fenrir: —Qué quieres decir? Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor. Bajé la mirada hacia la mesa. Fenrir: —Casi me mata. El muchacho permaneció unos segundos en silencio. Desconocido: —A mí también. Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara. Fuera quien fuese aquel muchacho… Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
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  • Asamblea estratégica: "Operación antilyche FINAL"
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    Tras hacerse con un mapa que ilustra el multiverso. Bianca convoca a sus aliados del "Team Bianca" y algunos reclutas nuevos para planificar la operación para acabar con el lyche Alhoon de una vez por todas. Acerquense aventureros. Tomen un plato de lasaña recién horneada. Que la reunión esta por comenzar.
    Tras hacerse con un mapa que ilustra el multiverso. Bianca convoca a sus aliados del "Team Bianca" y algunos reclutas nuevos para planificar la operación para acabar con el lyche Alhoon de una vez por todas. Acerquense aventureros. Tomen un plato de lasaña recién horneada. Que la reunión esta por comenzar.
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  • Las famosas minas pantanosas, un sitio lleno de minerales exóticos que se encuentran custodiados por un ecosistema hostil. Según varios habitantes de las zonas circundantes, solo los grupos grandes de aventureros tienen la posibilidad de sobrevivir a tan riesgoso entorno, pero, para una herrera desesperada, no había ni montaña tan alta, ni mazmorra tan peligrosa que la detuviera.
    ──── ... Sigh~ ────
    Armada con su mejor equipo, se adentro lentamente en la entrada atascada de carteles de advertencia. Ella, nerviosa e insegura, avanzó obligada por su necesidad, sosteniendo su gran espada a la espera de los peligros.
    · · ─ ·𖥸· ─ · ·

    𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
    Las famosas minas pantanosas, un sitio lleno de minerales exóticos que se encuentran custodiados por un ecosistema hostil. Según varios habitantes de las zonas circundantes, solo los grupos grandes de aventureros tienen la posibilidad de sobrevivir a tan riesgoso entorno, pero, para una herrera desesperada, no había ni montaña tan alta, ni mazmorra tan peligrosa que la detuviera. ──── ... Sigh~ ──── Armada con su mejor equipo, se adentro lentamente en la entrada atascada de carteles de advertencia. Ella, nerviosa e insegura, avanzó obligada por su necesidad, sosteniendo su gran espada a la espera de los peligros. · · ─ ·𖥸· ─ · · 𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
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  • Jajajajaja
    Los humanos además de pequeños son muy graciosos y hasta me parecen adorables, creen que tener un título los convierte en algo.

    ¿Aventureros? ¿Héroes? ¿Soldados de élite? Por favor solo se engañan a sí mismos para no aceptar la realidad sobre lo débiles y patéticos que son

    Admito que si entrenan y se esfuerzan pueden matar ogros y dragones pero ¿Un demonio? Jamás serían capaces de derrotar a un demonio con lo frágiles que son sus cuerpos.

    Si ven a un demonio mejor rindanse y tengan una muerte sin dolor jajajaja
    Jajajajaja Los humanos además de pequeños son muy graciosos y hasta me parecen adorables, creen que tener un título los convierte en algo. ¿Aventureros? ¿Héroes? ¿Soldados de élite? Por favor solo se engañan a sí mismos para no aceptar la realidad sobre lo débiles y patéticos que son Admito que si entrenan y se esfuerzan pueden matar ogros y dragones pero ¿Un demonio? Jamás serían capaces de derrotar a un demonio con lo frágiles que son sus cuerpos. Si ven a un demonio mejor rindanse y tengan una muerte sin dolor jajajaja
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  • ᴬ ᵈaʳₖ dᵉₛᶜₑⁿₜ.
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    Dentro de las peligrosas catacumbas perdidas, un grupo de aventureros busca desesperadamente algo que yace en su interior ¿Una magia? ¿Un poderoso arma? ¿Una riqueza invaluable? Quien sabe, pero algo estaba seguro y era que aquel objeto era único, necesario y que los aventureros morían por obtener.
    Dentro de las peligrosas catacumbas perdidas, un grupo de aventureros busca desesperadamente algo que yace en su interior ¿Una magia? ¿Un poderoso arma? ¿Una riqueza invaluable? Quien sabe, pero algo estaba seguro y era que aquel objeto era único, necesario y que los aventureros morían por obtener.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ⫸ ELIZABETH AIGIS ⫷
    ⫸ THE SILVER MAIDEN ⫷

    ⫸ Edad: 20 (Por una "bendición", está maldita a no envejecer más).
    ⫸ Sexo: Femenino
    ⫸ Género: Femenino
    ⫸ Orientación sexual/romántica: Heterosexual
    ⫸ Estatura: 158 cm
    ⫸ Etnicidad: Da un aire de mezcla europea, inglesa y nórdica.
    ⫸ Mythos: Su tierra natal tiene una mezcla particular entre mitología nórdica, griega y romana.
    ⫸ Oficio: Dame (caballero, pero mujer) y aventurera.
    ⫸ Personalidad: Elizabeth es tranquila. Socialmente incómoda, pero se acopla fácil a las personas. Es un alma dulce, gentil, amorosa y algo maternal. Esperando un hombre que la complemente. Alguien a quien apoyar, pero seguro de sí mismo. Valiente, que sepa tomar decisiones y sabe lo que quiere. Puede tener la mente en las nubes, y es una romántica apasionada. Es tan melosa y cariñosa, como lo es erótica y ardiente por su pareja.
    ⫸ Talentos: Canta precioso, sabe bailar bien, y es una excelente cocinera. Algo necesario como aventurera, pero también por su inmenso apetito. Ella cree que proviene como efecto secundario de su fuerza titánica.
    ⫸ Temores y debilidades: LOS HOMBRES. Tiene muchos problemas con ellos. Ya sea por su voluptuoso cuerpo, o simplemente es pésima al conocer gente nueva. Le tiene miedo al mar profundo y a algunos insectos. Motor fino, su fuerza es tanta que puede romper cosas con tanta facilidad. Es muy apegada emocionalmente, y hasta cierto punto, celosa. Piensa demasiado bien de las personas.

    ⫸Resumen de su pasado⫷
    Elizabeth siempre quiso ser un héroe.
    A los 16 años, se juntó con un grupo de aventureros para vencer a La Emperatriz del Vacío y salvar a su reino.
    En el encuentro final contra la Emperatriz, solo Elizabeth llegó con vida. Llena de energía... perdió a su grupo, no pudo salvarlos.
    Cegada en dolor e ira, asesina a la Emperatriz del Vacío ella sola.
    Exhausta, los dioses la "bendijeron" con eternidad y juventud eterna.
    Ella lo ve como una cruel broma y maldición, ya que probablemente nunca volverá a ver a sus amigos...
    A pesar de ser admirada y condecorada por su reino. Ella decide viajar por varias tierras, en busca de un nuevo comienzo. Y cumplir la promesa hecha a su mejor amiga, que perdió en esa última batalla: "¡Enamórate, cásate, ten una familia, cuéntale nuestra historia a tus hijos!"
    ⫸ ELIZABETH AIGIS ⫷ ⫸ THE SILVER MAIDEN ⫷ ⫸ Edad: 20 (Por una "bendición", está maldita a no envejecer más). ⫸ Sexo: Femenino ⫸ Género: Femenino ⫸ Orientación sexual/romántica: Heterosexual ⫸ Estatura: 158 cm ⫸ Etnicidad: Da un aire de mezcla europea, inglesa y nórdica. ⫸ Mythos: Su tierra natal tiene una mezcla particular entre mitología nórdica, griega y romana. ⫸ Oficio: Dame (caballero, pero mujer) y aventurera. ⫸ Personalidad: Elizabeth es tranquila. Socialmente incómoda, pero se acopla fácil a las personas. Es un alma dulce, gentil, amorosa y algo maternal. Esperando un hombre que la complemente. Alguien a quien apoyar, pero seguro de sí mismo. Valiente, que sepa tomar decisiones y sabe lo que quiere. Puede tener la mente en las nubes, y es una romántica apasionada. Es tan melosa y cariñosa, como lo es erótica y ardiente por su pareja. ⫸ Talentos: Canta precioso, sabe bailar bien, y es una excelente cocinera. Algo necesario como aventurera, pero también por su inmenso apetito. Ella cree que proviene como efecto secundario de su fuerza titánica. ⫸ Temores y debilidades: LOS HOMBRES. Tiene muchos problemas con ellos. Ya sea por su voluptuoso cuerpo, o simplemente es pésima al conocer gente nueva. Le tiene miedo al mar profundo y a algunos insectos. Motor fino, su fuerza es tanta que puede romper cosas con tanta facilidad. Es muy apegada emocionalmente, y hasta cierto punto, celosa. Piensa demasiado bien de las personas. ⫸Resumen de su pasado⫷ Elizabeth siempre quiso ser un héroe. A los 16 años, se juntó con un grupo de aventureros para vencer a La Emperatriz del Vacío y salvar a su reino. En el encuentro final contra la Emperatriz, solo Elizabeth llegó con vida. Llena de energía... perdió a su grupo, no pudo salvarlos. Cegada en dolor e ira, asesina a la Emperatriz del Vacío ella sola. Exhausta, los dioses la "bendijeron" con eternidad y juventud eterna. Ella lo ve como una cruel broma y maldición, ya que probablemente nunca volverá a ver a sus amigos... A pesar de ser admirada y condecorada por su reino. Ella decide viajar por varias tierras, en busca de un nuevo comienzo. Y cumplir la promesa hecha a su mejor amiga, que perdió en esa última batalla: "¡Enamórate, cásate, ten una familia, cuéntale nuestra historia a tus hijos!"
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  • 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗔𝗟 𝗥𝗔𝗗𝗔𝗛𝗡 ˢᵗᵃʳˢᶜᵒᵘʳᵍᵉ Drizz Whirlpool Owen Weekes Jero Rael💀 Drogo Hitosaki [En el climax de la batalla contra los heraldos de Alhoon. Un solo heraldo queda de pie. Más fuerte que los otros ahora que ha absorbido al resto. El grupo de aventureros toma la ventaja. Sin embargo las habilidades regenerativas de esta copia del temible lyche. Hacen que hasta el más letal ataque sólo lo retrase por segundos]

    -¿Eso es todo?. Vámos. Pueden hacerlo mejor. Diviertanme más. *Sonríe maquiavélicamente mientras su piel vuelve a regenerarse* -Cuándo por fin se den por vencidos lo sabré. Miraré sus rostros de pavor y me alimentaré de su miedo.
    [Starscourge09] [specter_gold_magician_349] [Ghostly_Singer_Spectrum] [Jeroaberration0] [fable_ivory_hippo_129] [En el climax de la batalla contra los heraldos de Alhoon. Un solo heraldo queda de pie. Más fuerte que los otros ahora que ha absorbido al resto. El grupo de aventureros toma la ventaja. Sin embargo las habilidades regenerativas de esta copia del temible lyche. Hacen que hasta el más letal ataque sólo lo retrase por segundos] -¿Eso es todo?. Vámos. Pueden hacerlo mejor. Diviertanme más. *Sonríe maquiavélicamente mientras su piel vuelve a regenerarse* -Cuándo por fin se den por vencidos lo sabré. Miraré sus rostros de pavor y me alimentaré de su miedo.
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