• — Te dije que me dejaras en paz...

    Kiro miró al chaval inconsciente de pie enfrente suya, con las manos en los bolsillos de su sudadera. Tanto su postura como su tono eran tranquilos, incluso denotaban cierto aburrimiento.

    Tras unos segundos simplemente se dió la vuelta y comenzó a alejarse.
    — Te dije que me dejaras en paz... Kiro miró al chaval inconsciente de pie enfrente suya, con las manos en los bolsillos de su sudadera. Tanto su postura como su tono eran tranquilos, incluso denotaban cierto aburrimiento. Tras unos segundos simplemente se dió la vuelta y comenzó a alejarse.
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  • Muchos tienen espadas, otros tienen lanzas, escudos, pero la señorita Hannah, eligió un hacha, un arma que para ella estaba infravalorada, ¿La armadura? un regalo de una de sus maestras Serithra , quién llevará con honor el símbolo del sol con ella.
    Muchos tienen espadas, otros tienen lanzas, escudos, pero la señorita Hannah, eligió un hacha, un arma que para ella estaba infravalorada, ¿La armadura? un regalo de una de sus maestras [Sun_Goddess], quién llevará con honor el símbolo del sol con ella.
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  • -La ciudad respiraba bajo un cielo cubierto por nubes ceniza. Las calles de piedra estaban llenas de comerciantes, viajeros y almas errantes que avanzaban con prisa entre los callejones iluminados por lamparas rojizas. Sin Embargo, para Vaelith, todo aquello parecia distante, casi irreal. Permanecia inmovil en medio de la multitud como una sombra ajena al mundo, observando como los cuerpos pasaban a su alrededor sin siquiera rozar su existencia. Los rostros de las personas se deformaban ante su mirada, convertidos en manchas difusas atravesadas por lineas negras erraticas, como si la realidad misma se negara a otorgarles identidad-

    -Sus ojos rojos recorrian cada rincon de la ciudad con una serenidad totalmente inquietante, el brillo de las ventanas.. las conversaciones apagadas y el Eco de los pasos..-

    -Todo parecia tan distante.. La esencia del eclipse dormia bajo su piel oscura, filtrandose en delicadas grietas doradas que resplandecian debilmente bajo las sombras. Alli, entre miles de vidas efimeras-

    -Vaelith sentia el mismo aislamiento que habia conocido durante siglos, la extraña sensacion de estar presente y ausente al mismo tiempo, una suave corriente de viento agito sus cabellos plateados mientras su mirada se elevaba hacia las altas torres de la ciudad. No existia melancolia en su expresion, pero tampoco satisfaccion. Solo una calma antigua, pesada y eterna sobre sus hombros. Observaba aquel mundo como quien contempla una obra destinada a desaparecer tarde o temprano..-

    -Y mientras las figuras borrosas continuaban avanzando sin percibirlo, Vaelith permanecio alli, silencioso, observando-
    -La ciudad respiraba bajo un cielo cubierto por nubes ceniza. Las calles de piedra estaban llenas de comerciantes, viajeros y almas errantes que avanzaban con prisa entre los callejones iluminados por lamparas rojizas. Sin Embargo, para Vaelith, todo aquello parecia distante, casi irreal. Permanecia inmovil en medio de la multitud como una sombra ajena al mundo, observando como los cuerpos pasaban a su alrededor sin siquiera rozar su existencia. Los rostros de las personas se deformaban ante su mirada, convertidos en manchas difusas atravesadas por lineas negras erraticas, como si la realidad misma se negara a otorgarles identidad- -Sus ojos rojos recorrian cada rincon de la ciudad con una serenidad totalmente inquietante, el brillo de las ventanas.. las conversaciones apagadas y el Eco de los pasos..- -Todo parecia tan distante.. La esencia del eclipse dormia bajo su piel oscura, filtrandose en delicadas grietas doradas que resplandecian debilmente bajo las sombras. Alli, entre miles de vidas efimeras- -Vaelith sentia el mismo aislamiento que habia conocido durante siglos, la extraña sensacion de estar presente y ausente al mismo tiempo, una suave corriente de viento agito sus cabellos plateados mientras su mirada se elevaba hacia las altas torres de la ciudad. No existia melancolia en su expresion, pero tampoco satisfaccion. Solo una calma antigua, pesada y eterna sobre sus hombros. Observaba aquel mundo como quien contempla una obra destinada a desaparecer tarde o temprano..- -Y mientras las figuras borrosas continuaban avanzando sin percibirlo, Vaelith permanecio alli, silencioso, observando-
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  • La luz de la luna entraba suavemente por la ventana, iluminando la habitación con un brillo plateado. Sentada sobre la cama, la joven sostenía una flor negra entre sus manos mientras contemplaba el cielo nocturno. La tranquilidad de la noche envolvía cada rincón del lugar, acompañada únicamente por el suave movimiento de las cortinas agitadas por el viento.
    Su expresión permanecía serena, perdida en pensamientos que nadie más podía conocer. A lo lejos, las luces de la ciudad brillaban como pequeñas estrellas sobre la tierra, mientras el tiempo parecía avanzar más despacio bajo el resplandor de la luna.
    La flor giró lentamente entre sus dedos. No había preocupaciones urgentes ni responsabilidades que reclamarán su atención. Era uno de esos raros momentos en los que podía simplemente existir, disfrutando del silencio y de la calma que la noche le ofrecía.
    Por un instante, cerró los ojos y dejó que la brisa acariciara su rostro. El mundo seguía avanzando más allá de aquellas paredes, pero allí dentro todo permanecía inmóvil, como si la noche hubiera decidido detenerse solo para ella. Al abrir los ojos nuevamente, volvió a observar el firmamento, dejando que la paz de aquel momento llenara el vacío de sus pensamientos.
    La luz de la luna entraba suavemente por la ventana, iluminando la habitación con un brillo plateado. Sentada sobre la cama, la joven sostenía una flor negra entre sus manos mientras contemplaba el cielo nocturno. La tranquilidad de la noche envolvía cada rincón del lugar, acompañada únicamente por el suave movimiento de las cortinas agitadas por el viento. Su expresión permanecía serena, perdida en pensamientos que nadie más podía conocer. A lo lejos, las luces de la ciudad brillaban como pequeñas estrellas sobre la tierra, mientras el tiempo parecía avanzar más despacio bajo el resplandor de la luna. La flor giró lentamente entre sus dedos. No había preocupaciones urgentes ni responsabilidades que reclamarán su atención. Era uno de esos raros momentos en los que podía simplemente existir, disfrutando del silencio y de la calma que la noche le ofrecía. Por un instante, cerró los ojos y dejó que la brisa acariciara su rostro. El mundo seguía avanzando más allá de aquellas paredes, pero allí dentro todo permanecía inmóvil, como si la noche hubiera decidido detenerse solo para ella. Al abrir los ojos nuevamente, volvió a observar el firmamento, dejando que la paz de aquel momento llenara el vacío de sus pensamientos.
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  • Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
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    𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 2
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛

    - Enlace a la primera parte: https://ficrol.com/posts/384471

    El primer crujido no fue un estruendo, sino un susurro seco y desgarrador como el de una hoja de papel que se rasga de arriba abajo. El zumbido sónico alcanzó una frecuencia tan aguda que el manto de terciopelo negro del cielo comenzó a deshilacharse en hilos de sombra pura, cayendo sobre la superficie del agua dulce como ceniza de una hoguera extinta.

    La fisura roja se ensanchó, transformándose en una cicatriz líquida que dividió el espacio en dos. Para ambas criaturas romper esa barrera significó un dolor tan intenso y despiadado que lo innombrable rápidamente se asimiló: Anunaki sintió el frío aplastante del fondo marino morder sus patas de humo; Apzu experimentó la desgarradora asfixia del aire seco y el peso de una gravedad que no sabía cómo sostener su cuerpo.

    Sin embargo, ninguno de los dos retrocedió. Las frentes permanecieron unidas mientras la barrera invisible se deshacía entre ambos en astillas de luz escarlata, flotando en el aire como luciérnagas moribundas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    El Primer y Último Tacto
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El encuentro físico fue una combustión silenciosa de texturas imposibles. El pelaje de humo suspendido de Anunaki se entrelazó con los hilos de plata de Apzu, creando un torbellino de destellos grises y metalizados que desafiaba la lógica del nexo. Las lágrimas de oro viejo de la criatura terrestre se mezclaron con las burbujas de azul helado del habitante del reverso, tiñendo el agua de un color violeta inédito.

    No siendo eso suficiente, ninguno de los dos encontró la salvación en su abrazo, atravesando una violenta confirmación de esa incompatibilidad narrativa que arrastraban consigo. Se dieron cuenta que al ocupar la misma coordenada física, sus esencias empezarían a repelerse; reaccionando de forma destructiva y apabullante.

    Allí sus siluetas, hermosas pero condenadas, comenzaron a transformarse en piedra desde las extremidades. La misma regla que los había mantenido separados ahora cobraba su precio, convirtiendo su carne en el mismo material rígido del espejo que acababan de romper. Se estaban transformando en la prisión de la que intentaban escapar.

    Ahora, cabe recalcar, querido lector, que desde el margen del escenario noté como mi pluma estilográfica tembló entre mis dedos. El manuscrito estaba absorbiendo una presión insoportable; las palabras en mi cuaderno se amontonaron, borrosas, manchadas por el colapso de sus dos líneas de existencia.

    Por supuesto que, como bien habrás pensado, yo pude haberlo evitado desde un principio. Pude haber tachado la fisura con un trazo rápido de mi tinta fucsia, rebobinando el tiempo para devolver a Anunaki a su superficie solitaria y a Apzu a su abismo profundo, salvando sus vidas a cambio de restaurar su condena a la distancia. Pero el verdadero drama aborrece la cobardía de los editores que prefieren la seguridad de un desarrollo monótono sobre la belleza de un clímax perfecto.

    Así que dejé que el cristal terminara su trabajo.

    Sus frentes permanecieron unidas y sus miradas se clavaron la una en la otra por última vez mientras el proceso se completaba. En mitad del lago, allí donde la grieta roja finalmente se cerró con un último suspiro de vapor, quedó una única estructura: una estatua perfecta, translúcida y eterna, de dos criaturas unidas en un abrazo imposible de romper.

    El cielo recuperó su calma oscura y el agua volvió a ser una superficie inflexible. Sin embargo, el lugar ya no estaba vacío. Ahora, cualquiera que camine por este rincón y mire el fondo del espejo líquido, ya no verá su propio reflejo; verá la silueta de los amantes que prefirieron volverse piedra antes que seguir viviendo separados por el grosor de una página.
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 2 𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 - Enlace a la primera parte: https://ficrol.com/posts/384471 El primer crujido no fue un estruendo, sino un susurro seco y desgarrador como el de una hoja de papel que se rasga de arriba abajo. El zumbido sónico alcanzó una frecuencia tan aguda que el manto de terciopelo negro del cielo comenzó a deshilacharse en hilos de sombra pura, cayendo sobre la superficie del agua dulce como ceniza de una hoguera extinta. La fisura roja se ensanchó, transformándose en una cicatriz líquida que dividió el espacio en dos. Para ambas criaturas romper esa barrera significó un dolor tan intenso y despiadado que lo innombrable rápidamente se asimiló: Anunaki sintió el frío aplastante del fondo marino morder sus patas de humo; Apzu experimentó la desgarradora asfixia del aire seco y el peso de una gravedad que no sabía cómo sostener su cuerpo. Sin embargo, ninguno de los dos retrocedió. Las frentes permanecieron unidas mientras la barrera invisible se deshacía entre ambos en astillas de luz escarlata, flotando en el aire como luciérnagas moribundas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El Primer y Último Tacto ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El encuentro físico fue una combustión silenciosa de texturas imposibles. El pelaje de humo suspendido de Anunaki se entrelazó con los hilos de plata de Apzu, creando un torbellino de destellos grises y metalizados que desafiaba la lógica del nexo. Las lágrimas de oro viejo de la criatura terrestre se mezclaron con las burbujas de azul helado del habitante del reverso, tiñendo el agua de un color violeta inédito. No siendo eso suficiente, ninguno de los dos encontró la salvación en su abrazo, atravesando una violenta confirmación de esa incompatibilidad narrativa que arrastraban consigo. Se dieron cuenta que al ocupar la misma coordenada física, sus esencias empezarían a repelerse; reaccionando de forma destructiva y apabullante. Allí sus siluetas, hermosas pero condenadas, comenzaron a transformarse en piedra desde las extremidades. La misma regla que los había mantenido separados ahora cobraba su precio, convirtiendo su carne en el mismo material rígido del espejo que acababan de romper. Se estaban transformando en la prisión de la que intentaban escapar. Ahora, cabe recalcar, querido lector, que desde el margen del escenario noté como mi pluma estilográfica tembló entre mis dedos. El manuscrito estaba absorbiendo una presión insoportable; las palabras en mi cuaderno se amontonaron, borrosas, manchadas por el colapso de sus dos líneas de existencia. Por supuesto que, como bien habrás pensado, yo pude haberlo evitado desde un principio. Pude haber tachado la fisura con un trazo rápido de mi tinta fucsia, rebobinando el tiempo para devolver a Anunaki a su superficie solitaria y a Apzu a su abismo profundo, salvando sus vidas a cambio de restaurar su condena a la distancia. Pero el verdadero drama aborrece la cobardía de los editores que prefieren la seguridad de un desarrollo monótono sobre la belleza de un clímax perfecto. Así que dejé que el cristal terminara su trabajo. Sus frentes permanecieron unidas y sus miradas se clavaron la una en la otra por última vez mientras el proceso se completaba. En mitad del lago, allí donde la grieta roja finalmente se cerró con un último suspiro de vapor, quedó una única estructura: una estatua perfecta, translúcida y eterna, de dos criaturas unidas en un abrazo imposible de romper. El cielo recuperó su calma oscura y el agua volvió a ser una superficie inflexible. Sin embargo, el lugar ya no estaba vacío. Ahora, cualquiera que camine por este rincón y mire el fondo del espejo líquido, ya no verá su propio reflejo; verá la silueta de los amantes que prefirieron volverse piedra antes que seguir viviendo separados por el grosor de una página.
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  • Zelkova hollaba una vasta comarca nivosa, con los brazos ceñidos al torso en vano intento de conservar el calor. La ventisca, feroz e inclemente, le flagelaba el semblante con millares de agujas de escarcha, mientras el horizonte desaparecía tras un velo blanquecino e inescrutable. Cada paso se hundía en la nieve hasta las pantorrillas, y toda senda parecía haberse desvanecido bajo el manto invernal. Entrecerrando los ojos para resistir el embate del temporal, murmuró con voz fatigada:

    ●Realmente he extraviado el derrotero... ¿Es acaso éste mi castigo divino?

    Sus palabras fueron engullidas por el ulular del vendaval. Solo, rodeado por aquella inmensidad alba y desolada, Zelkova continuó avanzando a tientas, como un peregrino errabundo condenado a vagar por un páramo sin fin.
    Zelkova hollaba una vasta comarca nivosa, con los brazos ceñidos al torso en vano intento de conservar el calor. La ventisca, feroz e inclemente, le flagelaba el semblante con millares de agujas de escarcha, mientras el horizonte desaparecía tras un velo blanquecino e inescrutable. Cada paso se hundía en la nieve hasta las pantorrillas, y toda senda parecía haberse desvanecido bajo el manto invernal. Entrecerrando los ojos para resistir el embate del temporal, murmuró con voz fatigada: ●Realmente he extraviado el derrotero... ¿Es acaso éste mi castigo divino? Sus palabras fueron engullidas por el ulular del vendaval. Solo, rodeado por aquella inmensidad alba y desolada, Zelkova continuó avanzando a tientas, como un peregrino errabundo condenado a vagar por un páramo sin fin.
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  • El olor a lluvia ácida y a asfalto mojado siempre hacian que se me revolviera el estómago, pero esta noche el olor a sangre lo cubría todo. Me deslicé por el callejón, apoyando la espalda contra el frío muro de ladrillos mientras me presionaba la herida del costado; las chispas de mi magia estropeada bailaban débilmente sobre mi piel, quemando los bordes de mis tatuajes.

    (-Eso me pasa por tratar de ser una anomalía amabale...)

    Mis pensamientos se verian interrumpidos al escuchar unos pasos apresurados acercándose. Sabía que no eras uno de los que me perseguían—las pisadas eran demasiado rústicas, demasiado humanas—.

    En una esquina estaría allí tirado, a medio camino entre la luz de la farola y las sombras, clavando mis ojos dorados en los tuyos.

    —Si tienes un poco de sentido común... darás media vuelta y correrás en la otra dirección

    Susurré, con una sonrisa amarga y la voz rota por el cansancio

    —Porque si te quedas, vas a terminar igual de mal que yo.
    El olor a lluvia ácida y a asfalto mojado siempre hacian que se me revolviera el estómago, pero esta noche el olor a sangre lo cubría todo. Me deslicé por el callejón, apoyando la espalda contra el frío muro de ladrillos mientras me presionaba la herida del costado; las chispas de mi magia estropeada bailaban débilmente sobre mi piel, quemando los bordes de mis tatuajes. (-Eso me pasa por tratar de ser una anomalía amabale...) Mis pensamientos se verian interrumpidos al escuchar unos pasos apresurados acercándose. Sabía que no eras uno de los que me perseguían—las pisadas eran demasiado rústicas, demasiado humanas—. En una esquina estaría allí tirado, a medio camino entre la luz de la farola y las sombras, clavando mis ojos dorados en los tuyos. ​ —Si tienes un poco de sentido común... darás media vuelta y correrás en la otra dirección Susurré, con una sonrisa amarga y la voz rota por el cansancio —Porque si te quedas, vas a terminar igual de mal que yo.
    Me encocora
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  • [Alexander invito a Amber a uno de los parques más conocidos de la ciudad, era un sitio hermoso y con naturaleza alrededor, pero esto no lo hizo con intenciones románticas pues era hora de poner en marcha su plan]

    Amber: admito que te luciste al traerme aquí, es un lugar hermoso~

    -Amber se aferró a mí brazo sujetando este con firmeza solo para causar envidia en las mujeres que pasaban cerca de nosotros-

    Emily: está chica me está estresando bastante ¡Nisiquiera son oficialmente novios! ¿¡Que le sucede!?

    Tengo que admitir que me gusta visitar este lugar en mis días libres, aquí soy capaz de relajarme sin problemas.

    Amber: así que lo visitas varias veces ¿Eh? Tendrás que traerme más seguido si vamos a ser novios. En fin, me pediste que nos juntaramos aquí por algo ¿Verdad? Ya dime de qué se trata.

    [Sin dudarlo ni un solo segundo Alexander le explicó lo que encontró en aquella base de datos mencionando la enorme cantidad de dinero que ella debía y que podría dejar a su padre en quiebra si le contaba algo el día en que se conocieran, todo esto hizo que Amber se altere un poco pero despues de un rato suspiro para calmarse]

    Amber: ya veo así que te enteraste de eso.. (debí haberlo sabido ¡Es obvio que pueden ver los movimientos de sus clientes!)

    Para alguien con un puesto laboral tan elevado como el mío, descubrir eso es un juego de niños pero si tu gustas podemos llegar a un acuerdo.

    Amber: habla de una maldita vez ¿Que quieres..?

    Si tu padre te consiente tanto como para que te aproveches de eso, seguramente te contó sobre el Proyecto M.A.N.T.R.A

    -sin tardar ni un solo un segundo Amber saco un papel de su lujosa cartera para escribir algo antes de entregarmelo-

    Amber: ahí tienes idiota ve al mercado negro y habla con esa persona, escribí ahí su nombre y la dirección donde vive.. a cambio de esto quiero que borres mí cuenta de esa base de datos y se olviden del dinero que les debo.

    Jajaja
    Así me gusta eres una buena chica, cumpliré mí parte del trato cuando termine lo que tengo que hacer así que si me disculpas, me retiro.

    -me daría la vuelta para alejarme de ella pero Amber sacaría una navaja para poder colocar el filo de su hoja en mí cuello donde rozaria con la piel-

    Amber: por supuesto que no amor mío, no te vas a ir a ninguna parte.

    Emily: ¡Ahora sí que la mato!

    (No te atrevas a hacerlo Emily tenemos demasiada gente a nuestro alrededor)

    Emily: carajo..

    Amber: déjame adivinar te confiaste porque soy una simple mujer ¿Verdad? Pues te metiste con la mujer más peligrosa. ¿Quien va a salvarte? Yo diría que nadie.
    [Alexander invito a Amber a uno de los parques más conocidos de la ciudad, era un sitio hermoso y con naturaleza alrededor, pero esto no lo hizo con intenciones románticas pues era hora de poner en marcha su plan] Amber: admito que te luciste al traerme aquí, es un lugar hermoso~ -Amber se aferró a mí brazo sujetando este con firmeza solo para causar envidia en las mujeres que pasaban cerca de nosotros- Emily: está chica me está estresando bastante ¡Nisiquiera son oficialmente novios! ¿¡Que le sucede!? Tengo que admitir que me gusta visitar este lugar en mis días libres, aquí soy capaz de relajarme sin problemas. Amber: así que lo visitas varias veces ¿Eh? Tendrás que traerme más seguido si vamos a ser novios. En fin, me pediste que nos juntaramos aquí por algo ¿Verdad? Ya dime de qué se trata. [Sin dudarlo ni un solo segundo Alexander le explicó lo que encontró en aquella base de datos mencionando la enorme cantidad de dinero que ella debía y que podría dejar a su padre en quiebra si le contaba algo el día en que se conocieran, todo esto hizo que Amber se altere un poco pero despues de un rato suspiro para calmarse] Amber: ya veo así que te enteraste de eso.. (debí haberlo sabido ¡Es obvio que pueden ver los movimientos de sus clientes!) Para alguien con un puesto laboral tan elevado como el mío, descubrir eso es un juego de niños pero si tu gustas podemos llegar a un acuerdo. Amber: habla de una maldita vez ¿Que quieres..? Si tu padre te consiente tanto como para que te aproveches de eso, seguramente te contó sobre el Proyecto M.A.N.T.R.A -sin tardar ni un solo un segundo Amber saco un papel de su lujosa cartera para escribir algo antes de entregarmelo- Amber: ahí tienes idiota ve al mercado negro y habla con esa persona, escribí ahí su nombre y la dirección donde vive.. a cambio de esto quiero que borres mí cuenta de esa base de datos y se olviden del dinero que les debo. Jajaja Así me gusta eres una buena chica, cumpliré mí parte del trato cuando termine lo que tengo que hacer así que si me disculpas, me retiro. -me daría la vuelta para alejarme de ella pero Amber sacaría una navaja para poder colocar el filo de su hoja en mí cuello donde rozaria con la piel- Amber: por supuesto que no amor mío, no te vas a ir a ninguna parte. Emily: ¡Ahora sí que la mato! (No te atrevas a hacerlo Emily tenemos demasiada gente a nuestro alrededor) Emily: carajo.. Amber: déjame adivinar te confiaste porque soy una simple mujer ¿Verdad? Pues te metiste con la mujer más peligrosa. ¿Quien va a salvarte? Yo diría que nadie.
    Me shockea
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  • Se dice que el trono demoníaco nunca permanece vacío para siempre. Cuando una era termina, otra comienza, y en algún rincón del mundo surge alguien dispuesto a desafiar el destino. El camino hacia la corona no está marcado por la nobleza ni por la sangre heredada, sino por la determinación de seguir avanzando cuando todos los demás se detienen. A través de batallas, pérdidas y decisiones que cambiarán el curso de innumerables vidas, una sola voluntad se alzará sobre las demás. Y cuando llegue ese día, el mundo conocerá el nacimiento de un nuevo Rey Demonio.
    Se dice que el trono demoníaco nunca permanece vacío para siempre. Cuando una era termina, otra comienza, y en algún rincón del mundo surge alguien dispuesto a desafiar el destino. El camino hacia la corona no está marcado por la nobleza ni por la sangre heredada, sino por la determinación de seguir avanzando cuando todos los demás se detienen. A través de batallas, pérdidas y decisiones que cambiarán el curso de innumerables vidas, una sola voluntad se alzará sobre las demás. Y cuando llegue ese día, el mundo conocerá el nacimiento de un nuevo Rey Demonio.
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