• 2B se desliza lentamente alrededor del caño, el traje de conejita blanco y negro apretado contra su piel sintética, orejas de conejo temblando apenas mientras te clava la mirada por debajo de la venda.
    Gira el cuerpo, arquea la espalda y deja que el poste quede justo entre sus muslos.
    A2 aparece del otro lado con un movimiento brusco, traje rojo brillante y más corto aún, cola de pompón rebotando mientras engancha una pierna al caño y se inclina hacia adelante, casi rozando el pecho de 2B.
    2B se desliza lentamente alrededor del caño, el traje de conejita blanco y negro apretado contra su piel sintética, orejas de conejo temblando apenas mientras te clava la mirada por debajo de la venda. Gira el cuerpo, arquea la espalda y deja que el poste quede justo entre sus muslos. A2 aparece del otro lado con un movimiento brusco, traje rojo brillante y más corto aún, cola de pompón rebotando mientras engancha una pierna al caño y se inclina hacia adelante, casi rozando el pecho de 2B.
    Me encocora
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽
    𝖢𝖺𝗉ı́𝗍𝗎𝗅𝗈 𝟤: 𝖤𝗅 𝖼𝖺𝗆𝖻𝗂𝗈 𝗆𝖺́𝗌 𝗂𝗇𝖾𝗌𝗉𝖾𝗋𝖺𝖽𝗈.

    ¡Hola familia!
    Aquí Minji luego de bastante tiempo, me disculpo por ello, pero mi vida ha sido una locura recientemente.
    Ya sabéis que hace poco tuve que viajar a Corea del Sur, mi país natal para una entrevista a una persona que me la solicitó y a la cual no me pude resistir, de ello hace ya algunos meses.

    En este tiempo, vagando por el país conocí a una mujer que me robó el corazón, no fue nada fácil conquistarla, pero poco a poco, y con mis encantos lésbicos, logré captar su atención. Esa mujer, llamada Soomin, es ahora mi novia, las cosas han escalado rápido, si, pero si la conocieseis, veríais que tras esa capa de frialdad que aparenta, hay un corazón precioso y lleno de amor para dar, que en este caso es para mi.

    Finalmente he decidido quedarme a vivir en Corea del Sur, por ella y porque así se me facilita estar más al tanto de todas las novedades que hay en la industria coreana y de esa forma, poder informaros de primera mano y en primicia de todo.

    Mi formato no va a cambiar por tener novia, todo va a seguir igual, porque así soy y ella me acepta tal cual, cosa que valoro porque no soportaría que alguien quisiese cambiar lo que soy.

    Me estoy viendo algunos kdramas, por lo que cuando avance más en ellos, os informaré de mis impresiones.

    Hasta aquí llegamos por hoy, simplemente quería informaros de las novedades.

    ¡Nos vemos pronto!
    Minji
    𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽 𝖢𝖺𝗉ı́𝗍𝗎𝗅𝗈 𝟤: 𝖤𝗅 𝖼𝖺𝗆𝖻𝗂𝗈 𝗆𝖺́𝗌 𝗂𝗇𝖾𝗌𝗉𝖾𝗋𝖺𝖽𝗈. ¡Hola familia! Aquí Minji luego de bastante tiempo, me disculpo por ello, pero mi vida ha sido una locura recientemente. Ya sabéis que hace poco tuve que viajar a Corea del Sur, mi país natal para una entrevista a una persona que me la solicitó y a la cual no me pude resistir, de ello hace ya algunos meses. En este tiempo, vagando por el país conocí a una mujer que me robó el corazón, no fue nada fácil conquistarla, pero poco a poco, y con mis encantos lésbicos, logré captar su atención. Esa mujer, llamada Soomin, es ahora mi novia, las cosas han escalado rápido, si, pero si la conocieseis, veríais que tras esa capa de frialdad que aparenta, hay un corazón precioso y lleno de amor para dar, que en este caso es para mi. Finalmente he decidido quedarme a vivir en Corea del Sur, por ella y porque así se me facilita estar más al tanto de todas las novedades que hay en la industria coreana y de esa forma, poder informaros de primera mano y en primicia de todo. Mi formato no va a cambiar por tener novia, todo va a seguir igual, porque así soy y ella me acepta tal cual, cosa que valoro porque no soportaría que alguien quisiese cambiar lo que soy. Me estoy viendo algunos kdramas, por lo que cuando avance más en ellos, os informaré de mis impresiones. Hasta aquí llegamos por hoy, simplemente quería informaros de las novedades. ¡Nos vemos pronto! Minji
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Ya sé lo que vas a pensar, que no es un día especial, que no hace falta marcarlo en ningún sitio. Y te doy la razón. Para colmo, siendo honesto y cavando mi propia tumba, ni siquiera recuerdo cuándo empezó todo, ni en qué momento exacto aceptaste a este lobo mal hecho, lleno de cicatrices y malas costumbres. Pero míranos, aquí seguimos.

    Y es que al final una fecha no pesa nada comparada con lo que has hecho por mí. Yo me acuerdo de las veces que estaba roto, hundido hasta el cuello, y aun así te quedaste. Me acuerdo de ti escuchando cuando no sabía ni qué decir, de entenderme cuando ni yo me entendía. Antes de todo esto fuiste mi amiga, mi apoyo, mi lugar donde caer sin miedo, y sin darme cuenta llegamos hasta aquí.

    No voy a fingir que me lo merezco, porque no lo creo. Todavía no entiendo cómo tuve esta suerte. Llegaste como un milagro cuando yo ya no esperaba ninguno. Estuviste cuando dolía, cuando era incómodo, cuando no había nada bonito que ofrecer, y aun así no te fuiste.

    Te debo mucho. Me has cambiado, me has devuelto algo que creía perdido, me has dado brillo donde solo había desgaste. Me has sabido pulir a tu manera, sin forzarme, sin intentar domarme, solo estando. Y eso… eso no se olvida.

    Y por si no te ha quedado claro... Te amo más de mí que puedas imafinar, más de lo que las palabras logren expresar. Sigamos formando nuestra canción eterna.

    Ya sé lo que vas a pensar, que no es un día especial, que no hace falta marcarlo en ningún sitio. Y te doy la razón. Para colmo, siendo honesto y cavando mi propia tumba, ni siquiera recuerdo cuándo empezó todo, ni en qué momento exacto aceptaste a este lobo mal hecho, lleno de cicatrices y malas costumbres. Pero míranos, aquí seguimos. Y es que al final una fecha no pesa nada comparada con lo que has hecho por mí. Yo me acuerdo de las veces que estaba roto, hundido hasta el cuello, y aun así te quedaste. Me acuerdo de ti escuchando cuando no sabía ni qué decir, de entenderme cuando ni yo me entendía. Antes de todo esto fuiste mi amiga, mi apoyo, mi lugar donde caer sin miedo, y sin darme cuenta llegamos hasta aquí. No voy a fingir que me lo merezco, porque no lo creo. Todavía no entiendo cómo tuve esta suerte. Llegaste como un milagro cuando yo ya no esperaba ninguno. Estuviste cuando dolía, cuando era incómodo, cuando no había nada bonito que ofrecer, y aun así no te fuiste. Te debo mucho. Me has cambiado, me has devuelto algo que creía perdido, me has dado brillo donde solo había desgaste. Me has sabido pulir a tu manera, sin forzarme, sin intentar domarme, solo estando. Y eso… eso no se olvida. Y por si no te ha quedado claro... Te amo más de mí que puedas imafinar, más de lo que las palabras logren expresar. Sigamos formando nuestra canción eterna.
    Me gusta
    2
    0 turnos 1 maullido
  • China antigua.-
    Tener que usar el manantial para lavar impurezas...es un poco ...

    Espero no haya nadie en las cercanías..
    China antigua.- Tener que usar el manantial para lavar impurezas...es un poco ... Espero no haya nadie en las cercanías..
    Me gusta
    Me encocora
    7
    0 turnos 0 maullidos
  • "The cold never bothered me anyway ♪ ~"

    — Era una ventisca. Una tormenta, de las más frías e implacables, pero el Caballero de Boreas necesitaba llegar a su destino por lo que, aún bajo el rugir del viento y la inclemente temperatura, sólo tomó su mandoble y se disspusos a seguir su camino.

    Con su carácter tan pintoresco incluso pareció cantar, tararear en lo que paso a paso avanzaba, su figura perdiéndose entre la poca visibilidad que el clima permitía. A saber dónde iba. Sólo él lo sabía—.
    "The cold never bothered me anyway ♪ ~" — Era una ventisca. Una tormenta, de las más frías e implacables, pero el Caballero de Boreas necesitaba llegar a su destino por lo que, aún bajo el rugir del viento y la inclemente temperatura, sólo tomó su mandoble y se disspusos a seguir su camino. Con su carácter tan pintoresco incluso pareció cantar, tararear en lo que paso a paso avanzaba, su figura perdiéndose entre la poca visibilidad que el clima permitía. A saber dónde iba. Sólo él lo sabía—.
    Me gusta
    Me enjaja
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • *Ya despierta, se fue al baño para lavarse los dientes y así poder iniciar su día, estaba realmente ya descansada *
    *Ya despierta, se fue al baño para lavarse los dientes y así poder iniciar su día, estaba realmente ya descansada *
    Me encocora
    Me gusta
    9
    2 turnos 0 maullidos
  • Has peliado en grabdes , batallas pero tu enfermedad no te permite avanzar es hora de que descanzes y tu alma valla al valhalla junto alli , prometo no es el final del tu camino es el inicio de algo nuevo

    Has peliado en grabdes , batallas pero tu enfermedad no te permite avanzar es hora de que descanzes y tu alma valla al valhalla junto alli , prometo no es el final del tu camino es el inicio de algo nuevo
    Me shockea
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • *chibi estaba en el cajon de arena del parque y estaba excavando como loquito con su cubeta y su pala* owob
    *chibi estaba en el cajon de arena del parque y estaba excavando como loquito con su cubeta y su pala* owob
    Me enjaja
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos?

    Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth.

    Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez.

    Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse.

    -¿Has sido tu? -preguntó Rick.

    Carol asintió imperceptiblemente.

    -Y Kate…

    Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada.

    -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho.

    Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar.

    -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu…

    Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo.

    -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞


    ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Kate Blake
    ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos? Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth. Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez. Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse. -¿Has sido tu? -preguntó Rick. Carol asintió imperceptiblemente. -Y Kate… Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada. -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho. Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar. -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu… Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo. -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞ ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [KateBlake] ⸻
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 1 maullido
  • ꧁ঔৣ☬El Eco de los Cuatro Mil Años☬ঔৣ꧂


    El horizonte en el Elíseo de las Sombras no era un lugar, sino una herida abierta de color azul profundo. Allí, donde el tiempo se desangra sin morir, caminaba Eventus. Su figura, una torre de pesadilla coronada por cuernos que desafiaban al vacío, avanzaba con la pesadez de quien carga el peso de trillones de lamentos. En su pecho, las ramificaciones carmesíes brillaban con una luz enferma, alimentándose de la desesperación que él, por decreto del cosmos, debía custodiar.

    A su lado, una pequeña mota de ceniza con forma humana trotaba para no perderse. Un alma nueva. Una curiosidad insignificante en la inmensidad del castigo.

    —¿Eres tú quien decide mi final? —preguntó el alma, con una voz que aún conservaba el temblor de la vida—. Pareces cansado de oírnos. He pasado mi existencia huyendo del silencio, y ahora comprendo que tú eres su único dueño.

    Eventus no respondió. Se limitó a dar la vuelta, iniciando una marcha sin rumbo hacia la nada. Sus pasos no buscaban un destino, pues él ya estaba en todas partes. Caminaba simplemente para huir de la quietud absoluta.

    —Silencio... —retumbó la voz de Eventus, vibrando no en el aire, sino en la esencia misma del alma—. Eso es lo único que existe aquí. Silencio.

    A medida que avanzaban, un sonido rítmico comenzó a quebrar la nada: ploc, ploc. Eran gotas invisibles cayendo sobre un suelo inexistente. No había agua, pero el vacío lloraba.

    —Eres un alma inquieta —sentenció Eventus, sin detenerse—. Rompes la quietud que nos rodea con tus preguntas, pero pronto entenderás que no podrás romper el vacío que te aguarda. Olvida ya lo que es la emoción. Muy pronto, olvidarás la simpatía, el calor y lo que significa ser humano.

    Para demostrar su poder sobre la desolación, Eventus extendió una mano hacia el firmamento. Con un roce de sus dedos largos y sombríos, cambió el azul por un turquesa oscuro, una tonalidad tóxica y profunda. Luego, en un gesto de inesperada piedad —o quizás de nostalgia propia—, hizo descender un sol pálido.

    El vacío se tiñó de un atardecer artificial. No tenía el aroma de la tierra húmeda ni el calor del hogar, pero era belleza al fin y al cabo. Eventus se detuvo y, por un instante que duró milenios, meditó frente a su propia creación.

    —¿Qué hacías? —preguntó el alma tras un tiempo que pareció eterno.

    —¿Qué hacías tú? —replicó Eventus con una curiosidad gélida—. Han pasado mil años desde que nos detuvimos en este lugar. He visto pasar trillones de vidas mientras tú sigues aquí. Eres solo otra sombra que intenta aferrarse a algo que ya no existe. ¿Acaso recuerdas quién eras? ¿Fuiste hombre, mujer o nada? Ya no importa. Jamás lo recordarás.

    —Me aferro porque, si me olvido de mí, tú te quedarás solo —susurró el alma, ahora casi traslúcida—. Si yo dejo de hablar, ¿quién recordará que tú no eres solo un monstruo, sino un ser que anhela su propio camino?

    Eventus sintió una punzada en su interior hueco. Llevaban cuatro mil años caminando juntos. El alma ya no era un trámite; era un espejo.

    —Acepta tu destino —dijo Eventus, retomando la marcha con una tristeza renovada—. Termina tu camino para que puedas ser algo en el Todo. No te aferres por mí... soy solo algo con nada por dentro.

    El alma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en partículas de plata que el azul del fondo empezó a devorar. Antes de desaparecer, lanzó un último pensamiento al ser cósmico: Espero que algún día, el vacío también aprenda a escucharte a ti.

    Eventus se quedó solo una vez más. Se detuvo en mitad de la nada absoluta. No había más palabras, no más preguntas inquietas. Sin embargo, en la inmensidad de su memoria eterna, decidió guardar aquel pequeño destello de cuatro mil años.

    Él era la nada, sí. Pero ahora era una nada que recordaba haber sido acompañada.
    ꧁ঔৣ☬El Eco de los Cuatro Mil Años☬ঔৣ꧂ El horizonte en el Elíseo de las Sombras no era un lugar, sino una herida abierta de color azul profundo. Allí, donde el tiempo se desangra sin morir, caminaba Eventus. Su figura, una torre de pesadilla coronada por cuernos que desafiaban al vacío, avanzaba con la pesadez de quien carga el peso de trillones de lamentos. En su pecho, las ramificaciones carmesíes brillaban con una luz enferma, alimentándose de la desesperación que él, por decreto del cosmos, debía custodiar. A su lado, una pequeña mota de ceniza con forma humana trotaba para no perderse. Un alma nueva. Una curiosidad insignificante en la inmensidad del castigo. —¿Eres tú quien decide mi final? —preguntó el alma, con una voz que aún conservaba el temblor de la vida—. Pareces cansado de oírnos. He pasado mi existencia huyendo del silencio, y ahora comprendo que tú eres su único dueño. Eventus no respondió. Se limitó a dar la vuelta, iniciando una marcha sin rumbo hacia la nada. Sus pasos no buscaban un destino, pues él ya estaba en todas partes. Caminaba simplemente para huir de la quietud absoluta. —Silencio... —retumbó la voz de Eventus, vibrando no en el aire, sino en la esencia misma del alma—. Eso es lo único que existe aquí. Silencio. A medida que avanzaban, un sonido rítmico comenzó a quebrar la nada: ploc, ploc. Eran gotas invisibles cayendo sobre un suelo inexistente. No había agua, pero el vacío lloraba. —Eres un alma inquieta —sentenció Eventus, sin detenerse—. Rompes la quietud que nos rodea con tus preguntas, pero pronto entenderás que no podrás romper el vacío que te aguarda. Olvida ya lo que es la emoción. Muy pronto, olvidarás la simpatía, el calor y lo que significa ser humano. Para demostrar su poder sobre la desolación, Eventus extendió una mano hacia el firmamento. Con un roce de sus dedos largos y sombríos, cambió el azul por un turquesa oscuro, una tonalidad tóxica y profunda. Luego, en un gesto de inesperada piedad —o quizás de nostalgia propia—, hizo descender un sol pálido. El vacío se tiñó de un atardecer artificial. No tenía el aroma de la tierra húmeda ni el calor del hogar, pero era belleza al fin y al cabo. Eventus se detuvo y, por un instante que duró milenios, meditó frente a su propia creación. —¿Qué hacías? —preguntó el alma tras un tiempo que pareció eterno. —¿Qué hacías tú? —replicó Eventus con una curiosidad gélida—. Han pasado mil años desde que nos detuvimos en este lugar. He visto pasar trillones de vidas mientras tú sigues aquí. Eres solo otra sombra que intenta aferrarse a algo que ya no existe. ¿Acaso recuerdas quién eras? ¿Fuiste hombre, mujer o nada? Ya no importa. Jamás lo recordarás. —Me aferro porque, si me olvido de mí, tú te quedarás solo —susurró el alma, ahora casi traslúcida—. Si yo dejo de hablar, ¿quién recordará que tú no eres solo un monstruo, sino un ser que anhela su propio camino? Eventus sintió una punzada en su interior hueco. Llevaban cuatro mil años caminando juntos. El alma ya no era un trámite; era un espejo. —Acepta tu destino —dijo Eventus, retomando la marcha con una tristeza renovada—. Termina tu camino para que puedas ser algo en el Todo. No te aferres por mí... soy solo algo con nada por dentro. El alma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en partículas de plata que el azul del fondo empezó a devorar. Antes de desaparecer, lanzó un último pensamiento al ser cósmico: Espero que algún día, el vacío también aprenda a escucharte a ti. Eventus se quedó solo una vez más. Se detuvo en mitad de la nada absoluta. No había más palabras, no más preguntas inquietas. Sin embargo, en la inmensidad de su memoria eterna, decidió guardar aquel pequeño destello de cuatro mil años. Él era la nada, sí. Pero ahora era una nada que recordaba haber sido acompañada.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados