• Gracias por la ayuda, Dan Heng, ya estoy mejor
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  • — Nadar es muy abrasivo con mis articulaciones y gasta mucha energía... Ehm, ¿podrías ayudarme a cargar mi núcleo? —
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  • ⸻ ¿Ayuda? ¿En qué necesitas ayuda exactamente? Tampoco es que sepa hacer de todo... ⸻
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  • Tengo un poco de picazón en la espalda. ¿Me ayudas?
    #seductiveSunday
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  • Ayuda,por qué me da tanto miedo hacer amigos nuevos?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Muy buen día a todos, espero hayan tenido un excelente fin de semana.

    En este domingo, que nuestras acciones hablen por nosotros mismos y procuremos siempre ayudar al prójimo.

    Bendiciones a todos..
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  • Felicidades por su boda! Jason Jaegerjaquez Ishtar y Loki Queen Ishtar espero que sus días en el futuro sean muy unidos! Aquí les dejo un regalo! Este muchacho también les ayudará y los cuidara créanme!
    Felicidades por su boda! [Jason07] y [loki_q1] espero que sus días en el futuro sean muy unidos! Aquí les dejo un regalo! Este muchacho también les ayudará y los cuidara créanme! :STK-64:
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    No había tenido tiempo por mi trabajo de preparar algo más bonito pero Feliz cumpleaños a nuestro gatito de Ficrol y a la página en general. Esperamos que sigan disfrutando con nosotros, conociendo gente nueva y creando nuevas aventuras en rol.

    ¡Sigan siendo geniales y creativos! les deja un besito enorme su Rol Sage Mitzuko. ~

    PD: Recuerden que tienen problemas o dudas no duden en contactarnos aunque hay Rol Sage 2D y 3D, ayudamos a quien lo necesite.
    No había tenido tiempo por mi trabajo de preparar algo más bonito pero Feliz cumpleaños a nuestro gatito de Ficrol y a la página en general. Esperamos que sigan disfrutando con nosotros, conociendo gente nueva y creando nuevas aventuras en rol. ¡Sigan siendo geniales y creativos! les deja un besito enorme su Rol Sage Mitzuko. ~ PD: Recuerden que tienen problemas o dudas no duden en contactarnos aunque hay Rol Sage 2D y 3D, ayudamos a quien lo necesite. :STK-13:
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  • -Luego de la rebelión que hubo Angyar le pidió a Nathaniel los gatos del consejo, y como si hubiera adivinado que se los pediría le dió el informe.
    La mujer aprovechó que debía quedarse unos días más, puesto que se realizaría una premiación a los consejeros más devotos.
    Ella siempre falto a estás, pero está vez la situación era diferente.
    Se encerró en la biblioteca con los informes y comenzó a cruzar información, Nathaniel le sirvió una taza de té y unos bocaditos de media noche-

    Angyar: ¿me estás diciendo que ellos gastan más energía (almas) que la misma regente?!..
    Y yo me estoy partiendo las alas para la recolección de esas almas y estos viven en un paraíso?!..

    Nathaniel: te saldrá otra cana si te exaltas..
    -Le acerca la taza para que se calme, la mujer suspiró con molestia masajeando la frente con sus dedos y tomo la taza de té bebiendo un sorbo-

    Nathaniel: Tu tienes jurisdicción en retirar sus fondos, si ellos piden solo puedo aceptar.
    Y como tú estabas ocupada en ser la Doctora Milagros..
    -La mujer lo miró entrecerrando los ojos -

    Angyar: Bien.. arreglaremos esto, mañana trae dos vasallos grandes, haremos limpieza.
    -Nathaniel asintió sabía a qué se refería con limpieza -


    -Luego de la premiación de consejeros, Nathaniel mantenía un ojo en Angyar para que no intentará estrangular a uno de esas antigüedades en vida del mundo espiritual, después de descubrir lo que encontró. Pero la peliblanca se mantenía estoica, aunque su mente veía posibles escenarios de como torturar a cada vejestorio de manera distinta; Nathaniel trataba de no reírse al ver esas imágenes, y le ofreció champagne a la regente para distraerla-





    -A la mañana siguiente, en la planta de consejeros se escuchó las pisadas fuertes y firmes de las botas de la peliblanca por el pasillo, detrás de ella Nathaniel con una tablilla anotando o tachando-

    Angyar: el reloj se va… los dos candelabros se van.. y el piano de cola también.
    -Nathaniel tacho todo y miró detrás de él , los lacayos dos espíritus guardianes fueron hacia los objetos indicados llevándoselos.
    El consejero mayor escucho la voz de la mujer y salió a observar la acción de los guardianes, acercándose a la mujer seguido de dos consejeros más-

    Consejero mayor: Mi señora no sabía que vendría tan temprano, ¿que ocurrió?... Le gustó alguna de nuestras colecciones.

    Angyar: Buenos días, y no.. sus colecciones ayudarán a pagar los gastos que ya llevan.
    -Mencionó la mujer seriamente, los tres consejeros se exaltaron mirándose-

    Consejero 2: Estás pasando los límites Azrael, nosotros tenemos un presupuesto…

    -Angyar miro al consejero los ojos de la mujer se estaban tornando un azul oscuro, pocos la llamaban por su verdadero nombre, Nathaniel le coloco la mano en el hombro a la regente negando -

    Nathaniel: Señoria, su presupuesto se acabó incluso a principios del año pasado, y continuaron pidiendo más energía excusándose de que eran pilares fundamentales de este mundo..
    Si le doy un consejo, la colección es lo menos que la señora puede llevarse para apalear el déficit

    -Dos del consejo de miraron y luego miraron a la peliblanca agachando la cabeza, está ni siquiera los observo-

    Consejero mayor: Nathaniel tiene razón, Azrael puedes llevarte las colecciones si es necesario.

    Angyar: tampoco les estaba pidiendo permiso..
    -Nathaniel negó a Angyar, y está suspiro para calmarse -

    Angyar: Bien… puede sacar un objeto… solo uno.. el resto me lo llevo
    -Al escucha esto los consejeros rápidamente fueron a buscar el objeto que más les gustaba, y Angyar miro a Nathaniel alzando una ceja-

    Angyar: espero estés contento..

    Nathaniel: al menos serás elegida como la regente del año..

    Angyar: eso no es gracioso Nathan..



    -Luego de la rebelión que hubo Angyar le pidió a Nathaniel los gatos del consejo, y como si hubiera adivinado que se los pediría le dió el informe. La mujer aprovechó que debía quedarse unos días más, puesto que se realizaría una premiación a los consejeros más devotos. Ella siempre falto a estás, pero está vez la situación era diferente. Se encerró en la biblioteca con los informes y comenzó a cruzar información, Nathaniel le sirvió una taza de té y unos bocaditos de media noche- Angyar: ¿me estás diciendo que ellos gastan más energía (almas) que la misma regente?!.. Y yo me estoy partiendo las alas para la recolección de esas almas y estos viven en un paraíso?!.. Nathaniel: te saldrá otra cana si te exaltas.. -Le acerca la taza para que se calme, la mujer suspiró con molestia masajeando la frente con sus dedos y tomo la taza de té bebiendo un sorbo- Nathaniel: Tu tienes jurisdicción en retirar sus fondos, si ellos piden solo puedo aceptar. Y como tú estabas ocupada en ser la Doctora Milagros.. -La mujer lo miró entrecerrando los ojos - Angyar: Bien.. arreglaremos esto, mañana trae dos vasallos grandes, haremos limpieza. -Nathaniel asintió sabía a qué se refería con limpieza - -Luego de la premiación de consejeros, Nathaniel mantenía un ojo en Angyar para que no intentará estrangular a uno de esas antigüedades en vida del mundo espiritual, después de descubrir lo que encontró. Pero la peliblanca se mantenía estoica, aunque su mente veía posibles escenarios de como torturar a cada vejestorio de manera distinta; Nathaniel trataba de no reírse al ver esas imágenes, y le ofreció champagne a la regente para distraerla- … -A la mañana siguiente, en la planta de consejeros se escuchó las pisadas fuertes y firmes de las botas de la peliblanca por el pasillo, detrás de ella Nathaniel con una tablilla anotando o tachando- Angyar: el reloj se va… los dos candelabros se van.. y el piano de cola también. -Nathaniel tacho todo y miró detrás de él , los lacayos dos espíritus guardianes fueron hacia los objetos indicados llevándoselos. El consejero mayor escucho la voz de la mujer y salió a observar la acción de los guardianes, acercándose a la mujer seguido de dos consejeros más- Consejero mayor: Mi señora no sabía que vendría tan temprano, ¿que ocurrió?... Le gustó alguna de nuestras colecciones. Angyar: Buenos días, y no.. sus colecciones ayudarán a pagar los gastos que ya llevan. -Mencionó la mujer seriamente, los tres consejeros se exaltaron mirándose- Consejero 2: Estás pasando los límites Azrael, nosotros tenemos un presupuesto… -Angyar miro al consejero los ojos de la mujer se estaban tornando un azul oscuro, pocos la llamaban por su verdadero nombre, Nathaniel le coloco la mano en el hombro a la regente negando - Nathaniel: Señoria, su presupuesto se acabó incluso a principios del año pasado, y continuaron pidiendo más energía excusándose de que eran pilares fundamentales de este mundo.. Si le doy un consejo, la colección es lo menos que la señora puede llevarse para apalear el déficit -Dos del consejo de miraron y luego miraron a la peliblanca agachando la cabeza, está ni siquiera los observo- Consejero mayor: Nathaniel tiene razón, Azrael puedes llevarte las colecciones si es necesario. Angyar: tampoco les estaba pidiendo permiso.. -Nathaniel negó a Angyar, y está suspiro para calmarse - Angyar: Bien… puede sacar un objeto… solo uno.. el resto me lo llevo -Al escucha esto los consejeros rápidamente fueron a buscar el objeto que más les gustaba, y Angyar miro a Nathaniel alzando una ceja- Angyar: espero estés contento.. Nathaniel: al menos serás elegida como la regente del año.. Angyar: eso no es gracioso Nathan..
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  • El viaje se hace pesado. Los sollozos de Hilda van silenciándose hasta que cae rendida en el regazo de su madre, quien acaricia y peina su cabello con lentitud. La madre mira de vez en cuando al hombre. Sigue encogiéndose como la primera vez.

    Cubre mejor a Hilda con la manta. Luego se sube ella el cuello de su abrigo. Se estremece. No sabe si por el frío.

    Al final se dirige a él.

    —Gracias.

    Él no se mueve. Mantiene la postura recta, la mirada al frente y la respiración calmada. Pero el cuero de las riendas cruje. Su espalda se tensa un poco más.

    El silencio entre ellos se hace pesado, roto por el sonido de las ruedas y los chirridos de los ejes al girar. La madre mira el fardo que antes era un buen hombre. Se queda un rato dejándose mecer por el traqueteo del carro. Respira hondo y exhala un suspiro tan leve, que apenas se escucha.

    —Si no hubieses estado, ellos...

    —Pero estaba.

    Ella se gira a mirarle. Ve la espalda ancha. La melena oscura desordenada y revuelta. Los brazos anchos envueltos en tela y metal. Luego gira su cara hacia su hija. Los rasgos relajados aún muestran las mejillas rojas y los ojos hinchados. Le acaricia con suavidad la mejilla con la yema de los dedos.

    El resto del trayecto se vuelve algo menos denso. Aunque oscurece. El olor a humo le llega antes que su luz, y le indica a Hakon que están llegando. En una desviación del camino de tierra, se levanta un pequeño poblado con varias casas pequeñas, y una de mayor tamaño tras todas ellas. Está demasiado oscuro, pero se pueden apreciar campos detrás y un pequeño pozo.

    Al llegar a la entrada, alguien reconoce el carro antes que a sus ocupantes y da la voz. Cuando entran en el poblado, un hombre mayor llama a la madre por su nombre: Gudrun. Varias mujeres se acercan. Despiertan a Hilda, que se abraza a su madre y luego, cuando baja, a una mujer más mayor que susurra palabras de consuelo.

    Hakon baja el último. Nadie se acerca. Se queda quieto a un lado del carro mientras todo sucede.

    Llegan los hombres y cargan el cuerpo. Lo llevan a una de las casas. Toda la comitiva detrás encabezada por Gudrun y Hilda. Esta gira su cabeza hacia Hakon. Se miran y ella lo hace hasta que desaparece dentro del edificio junto a los demás.

    La noche se ha vuelto más fría. El silencio se siente pesado. Él sigue junto al carro.
    No sabe cuánto tiempo pasa. Podría irse, pero se queda. Sus ojos vuelven al camino fuera del poblado y se quedan allí un segundo. Dos. Al tercer segundo, un ruido hace que voltee la cabeza. Aparece la mujer mayor que sostuvo a Hilda. Le ofrece una copa de peltre.

    —Gudrun nos lo ha explicado. Gracias por traer a mi hijo a casa.

    Hakon respira hondo. Baja la mirada a la copa y la toma. Los dedos la aprietan con más fuerza de la necesaria.

    —También me dijo que eras un hombre de pocas palabras —da un paso atrás—. Bebe. Te ayudará a entrar en calor.

    Él asiente una sola vez antes de llevarse la bebida a los labios. Bebe. Traga. El hidromiel le abrasa la garganta al bajar. Sostiene después la copa con ambas manos, mirando de vuelta a la mujer.

    Ella sostiene su mirada.

    —Te traeré algo de comer. Y una manta.

    El amanecer trae humedad y frío.

    La ceremonia se realiza con las primeras luces. Hakon escucha entonces el nombre del padre de Hilda varias veces: Leifur. Lo sacan los hombres del pueblo, sobre un lecho de maderas anudadas y tablones. Lo han vestido con sus mejores galas y lleva en su regazo un hacha.

    Le han preparado una pira y lo colocan sobre ella. Hakon no se acerca demasiado. Lo ve todo pero no participa. Gudrun deja su trenza sobre el pecho de Leifur. Lleva un tocado que cubre lo que queda de su melena. Hilda no suelta su mano.

    Alguien toca un instrumento de viento. Alguien canta. Otros se unen. La madre de Leifur habla de su hijo. Era un buen hombre. Hilda llora. Luego prenden fuego a la pira.

    Hakon observa el fuego y como consume la madera. El cuerpo de Leifur desaparece rápido entre las llamas. Ese olor de nuevo. Se obligan a mirar pero termina desviando la mirada a otro lugar. No puede dejar de respirar ese olor.

    Ve entonces los ojos de Hilda. La niña le mira. Está más pálida y tiene ojeras. Su madre también las tiene.

    Siente la sequedad en la boca. Aprieta los labios. También secos. Hace un ademán de cabeza. La niña lo imita. Ella sonríe. Distinto.

    Él no se va hasta que la niña y la mujer se van. Por entonces la pira se reduce a un montón de cenizas. La mitad ya se ha ido. La vida sigue. Él también.

    La anciana le intercepta en la salida del pueblo. No la va visto venir. No la ha olido. Solo huele el humo.

    —Imagino que te vas.

    Hakon solo asiente. Las manos se enredan la una en la otra sobre su regazo.

    —No tienes que hacerlo. Puedes pasar el invierno con nosotros. Gudrun ahora tiene sitio para alguien en su casa y te lo debe—dice bajando la mirada a las manos de Hakon—. El invierno es cruel aquí.

    Hakon se queda quieto. Es una estatua de piedra.

    —Sé que eres peligroso, pero has protegido a Hilda antes. Hazlo por ella. He enterrado hoy a mi hijo y no quiero enterrar a mi nieta. Ese no debe ser el orden de las cosas.

    —Estaba allí. Tenía que defenderme.

    —No es lo que Gudrun dice.

    La mandíbula de Hakon se tensa. Ella lo ve.

    —Estaba asustada —replica él.

    —Cualquiera lo estaría. Pero tú no —baja el tono y coloca su mano en el antebrazo de él—. Debes haber visto y hecho muchas cosas. Pero dime, ¿tienes lugar al que regresar? Una familia, un pueblo, un hogar.

    Hakon se queda quieto. Desaparece la tensión. Hay algo peor. Hay nada.

    —No —responde. La voz más grave. Más ronca—. Y no lo quiero.

    Él entonces se aparta un paso hacia atrás. La anciana recoge su mano y levanta la mirada a la de él.

    —Quédate un solo día. Ve con Hilda, ella te mira. Lo he visto. Ve algo en ti que nadie más ve y creo saber el qué.

    Los párpados caen. La mirada se vuelve de acero.

    —No pertenezco a este lugar.

    —A ninguno, me temo. Pero aquí hay comida, cama y techo.

    No le aparta la mirada.

    Hay un desajuste en la él. Sus ojos van a la casa donde ha visto entrar a la mujer y la niña.

    La anciana entorna la mirada.

    —Sólo un día.
    El viaje se hace pesado. Los sollozos de Hilda van silenciándose hasta que cae rendida en el regazo de su madre, quien acaricia y peina su cabello con lentitud. La madre mira de vez en cuando al hombre. Sigue encogiéndose como la primera vez. Cubre mejor a Hilda con la manta. Luego se sube ella el cuello de su abrigo. Se estremece. No sabe si por el frío. Al final se dirige a él. —Gracias. Él no se mueve. Mantiene la postura recta, la mirada al frente y la respiración calmada. Pero el cuero de las riendas cruje. Su espalda se tensa un poco más. El silencio entre ellos se hace pesado, roto por el sonido de las ruedas y los chirridos de los ejes al girar. La madre mira el fardo que antes era un buen hombre. Se queda un rato dejándose mecer por el traqueteo del carro. Respira hondo y exhala un suspiro tan leve, que apenas se escucha. —Si no hubieses estado, ellos... —Pero estaba. Ella se gira a mirarle. Ve la espalda ancha. La melena oscura desordenada y revuelta. Los brazos anchos envueltos en tela y metal. Luego gira su cara hacia su hija. Los rasgos relajados aún muestran las mejillas rojas y los ojos hinchados. Le acaricia con suavidad la mejilla con la yema de los dedos. El resto del trayecto se vuelve algo menos denso. Aunque oscurece. El olor a humo le llega antes que su luz, y le indica a Hakon que están llegando. En una desviación del camino de tierra, se levanta un pequeño poblado con varias casas pequeñas, y una de mayor tamaño tras todas ellas. Está demasiado oscuro, pero se pueden apreciar campos detrás y un pequeño pozo. Al llegar a la entrada, alguien reconoce el carro antes que a sus ocupantes y da la voz. Cuando entran en el poblado, un hombre mayor llama a la madre por su nombre: Gudrun. Varias mujeres se acercan. Despiertan a Hilda, que se abraza a su madre y luego, cuando baja, a una mujer más mayor que susurra palabras de consuelo. Hakon baja el último. Nadie se acerca. Se queda quieto a un lado del carro mientras todo sucede. Llegan los hombres y cargan el cuerpo. Lo llevan a una de las casas. Toda la comitiva detrás encabezada por Gudrun y Hilda. Esta gira su cabeza hacia Hakon. Se miran y ella lo hace hasta que desaparece dentro del edificio junto a los demás. La noche se ha vuelto más fría. El silencio se siente pesado. Él sigue junto al carro. No sabe cuánto tiempo pasa. Podría irse, pero se queda. Sus ojos vuelven al camino fuera del poblado y se quedan allí un segundo. Dos. Al tercer segundo, un ruido hace que voltee la cabeza. Aparece la mujer mayor que sostuvo a Hilda. Le ofrece una copa de peltre. —Gudrun nos lo ha explicado. Gracias por traer a mi hijo a casa. Hakon respira hondo. Baja la mirada a la copa y la toma. Los dedos la aprietan con más fuerza de la necesaria. —También me dijo que eras un hombre de pocas palabras —da un paso atrás—. Bebe. Te ayudará a entrar en calor. Él asiente una sola vez antes de llevarse la bebida a los labios. Bebe. Traga. El hidromiel le abrasa la garganta al bajar. Sostiene después la copa con ambas manos, mirando de vuelta a la mujer. Ella sostiene su mirada. —Te traeré algo de comer. Y una manta. El amanecer trae humedad y frío. La ceremonia se realiza con las primeras luces. Hakon escucha entonces el nombre del padre de Hilda varias veces: Leifur. Lo sacan los hombres del pueblo, sobre un lecho de maderas anudadas y tablones. Lo han vestido con sus mejores galas y lleva en su regazo un hacha. Le han preparado una pira y lo colocan sobre ella. Hakon no se acerca demasiado. Lo ve todo pero no participa. Gudrun deja su trenza sobre el pecho de Leifur. Lleva un tocado que cubre lo que queda de su melena. Hilda no suelta su mano. Alguien toca un instrumento de viento. Alguien canta. Otros se unen. La madre de Leifur habla de su hijo. Era un buen hombre. Hilda llora. Luego prenden fuego a la pira. Hakon observa el fuego y como consume la madera. El cuerpo de Leifur desaparece rápido entre las llamas. Ese olor de nuevo. Se obligan a mirar pero termina desviando la mirada a otro lugar. No puede dejar de respirar ese olor. Ve entonces los ojos de Hilda. La niña le mira. Está más pálida y tiene ojeras. Su madre también las tiene. Siente la sequedad en la boca. Aprieta los labios. También secos. Hace un ademán de cabeza. La niña lo imita. Ella sonríe. Distinto. Él no se va hasta que la niña y la mujer se van. Por entonces la pira se reduce a un montón de cenizas. La mitad ya se ha ido. La vida sigue. Él también. La anciana le intercepta en la salida del pueblo. No la va visto venir. No la ha olido. Solo huele el humo. —Imagino que te vas. Hakon solo asiente. Las manos se enredan la una en la otra sobre su regazo. —No tienes que hacerlo. Puedes pasar el invierno con nosotros. Gudrun ahora tiene sitio para alguien en su casa y te lo debe—dice bajando la mirada a las manos de Hakon—. El invierno es cruel aquí. Hakon se queda quieto. Es una estatua de piedra. —Sé que eres peligroso, pero has protegido a Hilda antes. Hazlo por ella. He enterrado hoy a mi hijo y no quiero enterrar a mi nieta. Ese no debe ser el orden de las cosas. —Estaba allí. Tenía que defenderme. —No es lo que Gudrun dice. La mandíbula de Hakon se tensa. Ella lo ve. —Estaba asustada —replica él. —Cualquiera lo estaría. Pero tú no —baja el tono y coloca su mano en el antebrazo de él—. Debes haber visto y hecho muchas cosas. Pero dime, ¿tienes lugar al que regresar? Una familia, un pueblo, un hogar. Hakon se queda quieto. Desaparece la tensión. Hay algo peor. Hay nada. —No —responde. La voz más grave. Más ronca—. Y no lo quiero. Él entonces se aparta un paso hacia atrás. La anciana recoge su mano y levanta la mirada a la de él. —Quédate un solo día. Ve con Hilda, ella te mira. Lo he visto. Ve algo en ti que nadie más ve y creo saber el qué. Los párpados caen. La mirada se vuelve de acero. —No pertenezco a este lugar. —A ninguno, me temo. Pero aquí hay comida, cama y techo. No le aparta la mirada. Hay un desajuste en la él. Sus ojos van a la casa donde ha visto entrar a la mujer y la niña. La anciana entorna la mirada. —Sólo un día.
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