• Castle of Whispers
    Fandom Original
    Categoría Suspenso
    El estado solido de un castillo que relatan hace siglos yace abandonado y no parece estarlo, la curiosidad es enemigo clave de la desgracia y está por experimentar esa advertencia.

    No se conocen, aún.
    Caminaban por distintos rumbos.
    Y sin embargo, el castillo reclama con extenuante desprecio la cabeza de aquellos invasores.

    Ingreso por un túnel subterráneo cortando con el filo de su espada las duras raíces, matando pequeñas criaturas en su camino que de juntarse como una horda provocaría problemas severos a futuro. Con su experiencia analizaba el recorrido, dejaba marcas sobre las paredes por si acaso llegase a necesitar esa vía como escape.

    El estaba guiándose por su intuición, con apetito de explorador al escuchar que ahí existe un grimorio capaz de traer las almas de los muertos una única vez, al menos era importante para él.

    ⸻ Si es verdad, quisiera poder comunicarme con mi madre.

    Murmuro, la extrañaba como cualquier hijo lo haría.

    ⸻ Hablar con mis amigos muertos en batalla.

    Su voz cada vez se notaba más entristecida. Tomo aire y exhaló, se golpeo una mejilla con toda la palma.

    ⸻ No es momento de descanso, debes concentrarte.

    Recrimino, continuo caminando varios metros hasta una puerta de piedra. Empujo con todas sus fuerzas apoyando la espalda contra el muro usando las piernas y brazos como ancla, un hueco se abrió. El fuerte olor a muerte entro de lleno provoco que cubriera su nariz con un pañuelo, de entrada esqueletos de animales y exploradores algunos con un gesto de horror, otros mas compasivos y unos pocos aparentemente felices de abrazar la muerte.

    Si el rumor era cierto el ambiente alucinógeno era peor de lo que había especulado, el relicario de obsidium alrededor de su cuello (el último regalo de su viejo amigo enano) espantaba a los espíritus, los anillos anti-veneno y anti-parálisis postrados en los dedos medo y índice por precaución, el pañuelo especial que curaba los estados de confusión estaban ayudando a que su camino fuera menos difícil.

    Por el momento, exploro algunos pasillos, abriendo la puerta de algunas estancias más recuerdos abrazaban el palacio como si esas almas siguieran encerradas ahí. Tesoros de plata y oro, armas y otros objetos que pudo tomar... pero que no lo hizo.

    No ahora que nuevos pasos se escucharon en la lejanía, cuando su cuerpo se tenso y cada bello de su piel se erizo con precaución. Su corazón latió temeroso, sus ojos se clavaron en todas direcciones, más como un susurro no era el único interesado en algo tan peculiar.

    ⸻ Puedo olerte, por favor no estoy buscando conflicto o tesoros; puedes tomarlos si eso quieres.

    Hablando a la espesa niebla que lo rodea (y que desconoce su origen) estaba en alerta máxima.

    Morana
    El estado solido de un castillo que relatan hace siglos yace abandonado y no parece estarlo, la curiosidad es enemigo clave de la desgracia y está por experimentar esa advertencia. No se conocen, aún. Caminaban por distintos rumbos. Y sin embargo, el castillo reclama con extenuante desprecio la cabeza de aquellos invasores. Ingreso por un túnel subterráneo cortando con el filo de su espada las duras raíces, matando pequeñas criaturas en su camino que de juntarse como una horda provocaría problemas severos a futuro. Con su experiencia analizaba el recorrido, dejaba marcas sobre las paredes por si acaso llegase a necesitar esa vía como escape. El estaba guiándose por su intuición, con apetito de explorador al escuchar que ahí existe un grimorio capaz de traer las almas de los muertos una única vez, al menos era importante para él. ⸻ Si es verdad, quisiera poder comunicarme con mi madre. Murmuro, la extrañaba como cualquier hijo lo haría. ⸻ Hablar con mis amigos muertos en batalla. Su voz cada vez se notaba más entristecida. Tomo aire y exhaló, se golpeo una mejilla con toda la palma. ⸻ No es momento de descanso, debes concentrarte. Recrimino, continuo caminando varios metros hasta una puerta de piedra. Empujo con todas sus fuerzas apoyando la espalda contra el muro usando las piernas y brazos como ancla, un hueco se abrió. El fuerte olor a muerte entro de lleno provoco que cubriera su nariz con un pañuelo, de entrada esqueletos de animales y exploradores algunos con un gesto de horror, otros mas compasivos y unos pocos aparentemente felices de abrazar la muerte. Si el rumor era cierto el ambiente alucinógeno era peor de lo que había especulado, el relicario de obsidium alrededor de su cuello (el último regalo de su viejo amigo enano) espantaba a los espíritus, los anillos anti-veneno y anti-parálisis postrados en los dedos medo y índice por precaución, el pañuelo especial que curaba los estados de confusión estaban ayudando a que su camino fuera menos difícil. Por el momento, exploro algunos pasillos, abriendo la puerta de algunas estancias más recuerdos abrazaban el palacio como si esas almas siguieran encerradas ahí. Tesoros de plata y oro, armas y otros objetos que pudo tomar... pero que no lo hizo. No ahora que nuevos pasos se escucharon en la lejanía, cuando su cuerpo se tenso y cada bello de su piel se erizo con precaución. Su corazón latió temeroso, sus ojos se clavaron en todas direcciones, más como un susurro no era el único interesado en algo tan peculiar. ⸻ Puedo olerte, por favor no estoy buscando conflicto o tesoros; puedes tomarlos si eso quieres. Hablando a la espesa niebla que lo rodea (y que desconoce su origen) estaba en alerta máxima. [Undead_Mistress]
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    Individual
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  • Soy Lancer, hijo del dios sol Surya, conocido como el Héroe de la Caridad. Nací en la humildad de una familia de aurigas, pero el destino me moldeó como un guerrero de poder inigualable.
    Mi Vasavi Shakti, es una lanza divina de destrucción absoluta, y mi armadura dorada (regalo de mi padre) la cedí por honor.
    Sirvo con lealtad absoluta, guiado por el deber y la generosidad, sin rencor ni ambición personal.

    ¿En qué puedo ayudarte, Master?
    Soy Lancer, hijo del dios sol Surya, conocido como el Héroe de la Caridad. Nací en la humildad de una familia de aurigas, pero el destino me moldeó como un guerrero de poder inigualable. Mi Vasavi Shakti, es una lanza divina de destrucción absoluta, y mi armadura dorada (regalo de mi padre) la cedí por honor. Sirvo con lealtad absoluta, guiado por el deber y la generosidad, sin rencor ni ambición personal. ¿En qué puedo ayudarte, Master?
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  • -oye Dᴇʀʀɪᴄᴋ 𓂃🐺🌜 podrias hacerme un favor?- el cantante estornudo escupiendo petalos y pequeñas gotas de sangre -ay perdon, parece que alguien esta bloqueando ciertos logares importantes para lo que alguna vez fue mi gente y en consecuencia estoy pues asi...- empezo a toser hasta que como un gato sacando una bola de pelos escupio una flor blanca cubierta del mismo liquido carmesi -solo son tres templos, eso si estan algo lejos y por eso queria pedirte ayuda pues no creo que sea muy seguro que vaya yo solo...- saco su telefono para mostrarle la imagen de uno
    -oye [H0wling] podrias hacerme un favor?- el cantante estornudo escupiendo petalos y pequeñas gotas de sangre -ay perdon, parece que alguien esta bloqueando ciertos logares importantes para lo que alguna vez fue mi gente y en consecuencia estoy pues asi...- empezo a toser hasta que como un gato sacando una bola de pelos escupio una flor blanca cubierta del mismo liquido carmesi -solo son tres templos, eso si estan algo lejos y por eso queria pedirte ayuda pues no creo que sea muy seguro que vaya yo solo...- saco su telefono para mostrarle la imagen de uno
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ADVERTENCIA:Texto bien largo sobre la vida personal de user que a todos les vale verga pero user necesita desahogarse. SOLO LOS GAYS ME LEEN

    ¿Alguna vez han sentido que la vida se les va de las putas manos?, ¿que sin importan lo que hagan todo les sale mal?. Pues bueno, yo si, y a diario.

    Tengo una suerte tan de mierda que cosas malas me pasan a diario, y no estoy exagerando literal siempre estoy cortandome o partiendome huesos por accidente XD. Pero la wea que me paso hace como 1 mes o algo asi me dejo peor de lo que esperaba-

    Conocer gente por internet es una cosa arriesgada, y meterte en una relacion con alguien por internet es una mierda directa, no hay por donde agarrarle algo bueno. El caso es que yo como buen IMBECIL de buen corazon que soy, hice esa mamada porque no podia decir que no. Asi es, me meti en una relacion a distancia por el simple hecho de ser incapaz de decir un no. Estupido, ¿no? XD

    Y cuando la persona con la que me meti me jodio un poco la mente, pues ya tuve que salir de ahi. Y aun asi, esa wea me dejo un daño bien heavy, sin motivación, sin ganas de existir, sin animos de nada... Y en ese tiempo estuve reflexionando mucho; "talvez internet no sea para mi, ya he vivido muchas cosas malas en el", "talvez deberia de hacer lo mismo que en 2024, solo desaparecer pero sin volver esta vez", muchos pensamientos que me carcomian la mente y me ponian todavia peor, pero el que mas me mato fue: "¿Soy una mala persona por esto?"

    Lo sobrepense, mucho, desde que me levantaba hasta que me iba a dormir, y aun ahora sigo sin saber la respuesta, no se que pensar sobre mi, pues siento que todo lo que paso fue completamente mi culpa, y que si no pensara tanto en los demas y pensara mas en mi nada de eso hubiera pasado, porque soy un puto credulo, a mi todavia me secuestran con un puto Hershey, PERO ES QUE CHOCOLATE DE MIERDA ES TAN RICO Y TAN CARO Como sea, tenia una decision que tomar, pero antes de tomarla fui a terapia, me dolio porque esos hijos de puta psicólogos le patean las bolas a mi billetera con lo que cobran. Y pregunte, ¿deberia dejar internet?, el primero que fui me dijo que si, dado a mi historial mental todo hecho mierda, y de que ya habia dejado internet antes por problemas, me dijo que era lo mejor... Entonces...

    ¿Voy a dejar internet?

    JA, no. Estaba apunto de hacerlo, pero entonces fui con otra psicologa que SI ERA BUENA y me dijo que, no era necesario que hiciera eso, me dijo que aunque internet me trajera cosas malas, tambien me traia consuelo la mayoria de las veces (segun lo que yo le conté) y tenia razon, la verdad es que ficrol me ha ayudado bastante a sobrellevar mi vida de mierda; y me dijo que solo tenia que aprender a dejar de preocuparme mas por los demás que lo que me preocupaba por mi, que tenia que aprender a cuidarme porque joder, ya voy para los 30 putos años y no puede ser que me puedan joder la mente tan facil , ya de ahi me dijo otras cosas que bof... Me hicieron llorar, pero llorar para bien.

    En fin, que antes de volver, me recomendo que hiciera algo que me motive, que me resulte reparador y reconfortante, y ahi hay dos cosas que me hacen sentir eso: —Las buenas historias.
    —Y la musica.
    JODER LA MUSICA, para los que se hayan visto hazbin hotel, llore solo por la puta cancion de Losin' Streak, SOLO POR LA CANCION. Yo la musica, la siento demasiado, lloro con musica, me emociono mucho con musica, me dan paros cardiacos con musica, ME CORRO CON MUSICA (?)

    Entonces vi la pelicula que mas junta esos dos aspectos, Interestelar. Joder que pelicula mas buena DIOS MIO , la vi como 10 veces y me reparo por completo.

    En fin, estoy de vuelta y con mas animos que nunca... Y joder, como los quiero a todos, de verdad, significan un chingo para mi todos ustedes hijos de su puta madre, los odio por hacer que os quiera tanto (?)

    Buena ya muy sentimental la mierda. Les dejo un meme bien culero para restarle seriedad a la publicacion.
    ADVERTENCIA:Texto bien largo sobre la vida personal de user que a todos les vale verga pero user necesita desahogarse. SOLO LOS GAYS ME LEEN 🗣️ ¿Alguna vez han sentido que la vida se les va de las putas manos?, ¿que sin importan lo que hagan todo les sale mal?. Pues bueno, yo si, y a diario. Tengo una suerte tan de mierda que cosas malas me pasan a diario, y no estoy exagerando literal siempre estoy cortandome o partiendome huesos por accidente XD. Pero la wea que me paso hace como 1 mes o algo asi me dejo peor de lo que esperaba- Conocer gente por internet es una cosa arriesgada, y meterte en una relacion con alguien por internet es una mierda directa, no hay por donde agarrarle algo bueno. El caso es que yo como buen IMBECIL de buen corazon que soy, hice esa mamada porque no podia decir que no. :STK-15: Asi es, me meti en una relacion a distancia por el simple hecho de ser incapaz de decir un no. Estupido, ¿no? XD Y cuando la persona con la que me meti me jodio un poco la mente, pues ya tuve que salir de ahi. Y aun asi, esa wea me dejo un daño bien heavy, sin motivación, sin ganas de existir, sin animos de nada... Y en ese tiempo estuve reflexionando mucho; "talvez internet no sea para mi, ya he vivido muchas cosas malas en el", "talvez deberia de hacer lo mismo que en 2024, solo desaparecer pero sin volver esta vez", muchos pensamientos que me carcomian la mente y me ponian todavia peor, pero el que mas me mato fue: "¿Soy una mala persona por esto?" Lo sobrepense, mucho, desde que me levantaba hasta que me iba a dormir, y aun ahora sigo sin saber la respuesta, no se que pensar sobre mi, pues siento que todo lo que paso fue completamente mi culpa, y que si no pensara tanto en los demas y pensara mas en mi nada de eso hubiera pasado, porque soy un puto credulo, a mi todavia me secuestran con un puto Hershey, PERO ES QUE CHOCOLATE DE MIERDA ES TAN RICO Y TAN CARO :STK-12: Como sea, tenia una decision que tomar, pero antes de tomarla fui a terapia, me dolio porque esos hijos de puta psicólogos le patean las bolas a mi billetera con lo que cobran. Y pregunte, ¿deberia dejar internet?, el primero que fui me dijo que si, dado a mi historial mental todo hecho mierda, y de que ya habia dejado internet antes por problemas, me dijo que era lo mejor... Entonces... ¿Voy a dejar internet? JA, no. Estaba apunto de hacerlo, pero entonces fui con otra psicologa que SI ERA BUENA y me dijo que, no era necesario que hiciera eso, me dijo que aunque internet me trajera cosas malas, tambien me traia consuelo la mayoria de las veces (segun lo que yo le conté) y tenia razon, la verdad es que ficrol me ha ayudado bastante a sobrellevar mi vida de mierda; y me dijo que solo tenia que aprender a dejar de preocuparme mas por los demás que lo que me preocupaba por mi, que tenia que aprender a cuidarme porque joder, ya voy para los 30 putos años y no puede ser que me puedan joder la mente tan facil 😩, ya de ahi me dijo otras cosas que bof... Me hicieron llorar, pero llorar para bien. En fin, que antes de volver, me recomendo que hiciera algo que me motive, que me resulte reparador y reconfortante, y ahi hay dos cosas que me hacen sentir eso: —Las buenas historias. —Y la musica. JODER LA MUSICA, para los que se hayan visto hazbin hotel, llore solo por la puta cancion de Losin' Streak, SOLO POR LA CANCION. Yo la musica, la siento demasiado, lloro con musica, me emociono mucho con musica, me dan paros cardiacos con musica, ME CORRO CON MUSICA (?) Entonces vi la pelicula que mas junta esos dos aspectos, Interestelar. Joder que pelicula mas buena DIOS MIO 😭, la vi como 10 veces y me reparo por completo. En fin, estoy de vuelta y con mas animos que nunca... Y joder, como los quiero a todos, de verdad, significan un chingo para mi todos ustedes hijos de su puta madre, los odio por hacer que os quiera tanto (?) :STK-12: Buena ya muy sentimental la mierda. Les dejo un meme bien culero para restarle seriedad a la publicacion.
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    ||Ayuda, ya me salió notificación porque no estoy activo, que feo, no quiero que me eliminen la cuenta pero no me acuerdo la contraseña para ponerle en hiatus ;-;
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  • Con mi amiga Lammy. Sí, sufre de esquizofrenia y estoy ayudandola a superar su enfermedad mental.
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    𝐋𝐀 𝐏𝐑𝐎𝐌𝐄𝐒𝐀 𝐃𝐄 𝐔𝐍𝐀 𝐌𝐀𝐃𝐑𝐄 - 𝐈𝐈
    𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐡é𝐫𝐨𝐞𝐬 𝐲 𝐦𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐨𝐬

    Para una madre, una de sus mayores alegrías es el instante en el que carga a su hijo entre sus brazos por primera vez. Esa vida pequeña que llevaba cuidando en el interior de su vientre abre los ojos y conoce el mundo.

    Así fue como comenzó todo.

    Con cada minuto que pasaba, sentía que todo su ser era desgarrado desde el interior por piedras afiladas. En su agonía, sus ojos alternaron entre los ramos de hierbas secas colgadas en hileras del techo, las lámparas de aceite dispuestas en los muebles viejos y el humo del incienso, blanco y denso, que, lejos de relajarla, revolvía su cabeza con un dolor agudo. Apretó la mano de la reina Temiste con tanta fuerza como para hacerla estallar en pequeños fragmentos. No recordaba mucho de ese momento, todo era confuso, doloroso, y ese mismo dolor era el que le recordaba que estaba presente en un lugar en el que quizás no debería haber entrado, pero esa mujer tuerta significaba la diferencia entre la vida y muerte de su hijo.

    ────Respire, respire… y…. ¡Ahora empuje! –ordenó Ofelia.

    Y así lo hizo con todas sus fuerzas. Echó su cabeza hacia atrás, apretó la mandíbula y los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No había palabras para describir el inmenso dolor que la atravesó en esos instantes. Tampoco para el alivio que experimentó cuando escuchó el llanto de su bebé por primera vez.

    ────Mire qué tenemos aquí… ¡Un jovencito de extremidades fuertes! Calma, calma, me vas a arrancar el pulgar, niño.

    Las lágrimas rodaron por las mejillas de Afro y jadeó una risa entrecortada. Su pequeño sollozó y ella hizo lo mismo. Jamás había escuchado un sonido tan hermoso, tan dulce. Él temblaba y parecía buscarla con su carita humedecida. «Aquí estoy, aquí estoy», quiso decirle.

    Ofelia se encargó de limpiar a su hijo y lo envolvió con algunas mantas que tenía preparadas. Afro soltó la mano de la reina y la escuchó suspirar a su lado. Si se trataba de alivio por haberla soltado o por la dicha de ver por primera vez a su nieto, fue algo que Afro no pudo discernir, la habitación se sumió en un silencio expectante. En su estado débil, escuchó su pulso en los oídos, las lágrimas en sus ojos enrojecidos dejaron de correr, y el lecho se hundió bajo sus codos cuando intentó incorporarse con pesadez. Esperó. Permaneció rígida en su sitio, lista para abalanzarse en cualquier momento como una leona sobre su presa, con la mirada afilada siguiendo cada uno de los movimientos de Ofelia dirigiéndose a sus hierbas y morteros.

    ────¿Qué… estás haciendo?

    No hubo respuesta y Afro puso la punta de un pie fuera de la cama. Ofelia embarró su pulgar con los restos que quedaron de la mezcla que preparó previamente y lo juntó con otra pasta que tenía en otro mortero aún más pequeño, apenas una porción de un ungüento que era oscuro, al observarlo con atención, Afro se percató de que esa mezcla tenía pequeños trozos ambarinos de lo que parecían haber sido pétalos de una flor blanca. El aire en sus pulmones escapó silencioso por sus labios entreabiertos. Eso era «moly».

    Ofelia presionó su dedo contra la frente de su hijo y dijo:

    ────Para que siempre estes protegido, para que tu esencia se mantenga y tu voluntad jamás se doblegue.

    Afro no conocía de todos los secretos que las comadronas empleaban para asistir a las futuras madres en esas labores. Conocía muy poco sobre el proceso. Pero sí estaba segura de una cosa; el procedimiento que Ofelia había seguido para asistirla no era usual, incluso para una pharmakis. Una hechicera. Cuando un bebé estaba a punto de nacer, las parteras solían elevar sus plegarías a Ilitía, la diosa de los nacimientos, ella velaba por todos los nacimientos, incluidos los de dioses y semidioses. Se decía que su ausencia durante los alumbramientos podía traer consecuencias terribles.

    Pero la pharmakis no la llamó en ningún momento, ni siquiera en una plegaria susurrada. Ni a Ilitía, ni a ninguna otra deidad para pedir por su protección divina para su hijo. Y eso… eso al menos tranquilizó a Afro. Lo que menos deseaba era que cualquier deidad se enterase del nacimiento de su bebé.

    ────Con esto será suficiente –dijo sonriente Ofelia, sin voltear a verla, como si pudiera leer la expresión recelosa en su rostro celestial–. No necesita más protecciones que esta.

    Fuera, las gotas de la lluvia repiqueteaban incesantes sobre el techo. El moly era una raíz oscura con flores blancas que no podía ser arracada por los mortales. Su principal función era evitar la magia de transformación, pero también actuaba como un escudo para proteger del dominio de la voluntad, incluido el dominio de los mismísimos dioses. En pocas palabras, la raíz evitaba que cualquier dios interfiriera en la mente o el cuerpo de quién la consumiera. La curiosidad de Afro se afiló como una espina.

    ────¿Estás segura de ello? ¿Ni siquiera… la protección de la Cazadora? –preguntó Afro, metida en su papel de una joven mortal noble. Un escalofrío le recorrió la pierna cuando la planta de su pie tocó por completo el piso. Era la clase de pregunta que cualquier madre habría formulado en su situación.

    Evitó decir aquel nombre, como una mortal quién se sabe temerosa de las consecuencias de no clamar por la ayuda a los dioses y que sus acciones lleguen a sus oídos, pues decir su nombre en voz alta sería invitación suficiente para que, Artemisa, la Cazadora Silenciosa, prestara, aunque sea por un breve instante de curiosidad, su atención sobre la estancia. A ella también se le encomendaba la protección de los niños en sus primeros días de vida.

    ────No la necesita –aseveró–. Mi magia no depende ni pide permiso a nadie, como se habrá dado cuenta. Trabajo con una conexión profunda con la magia más antigua, la ligada a la naturaleza. Yo negocio y trabajo hombro con hombro con la vida misma. Ahora este jovencito está protegido contra todo mal. Ah, por supuesto… –la curva en sus labios comenzó a adoptar una sonrisa burlona–… yo no vendo sueños de humo. No prometo grandes proezas para este niño. No será un gran líder entre los suyos, ni acudirán a él por el consejo de su sabiduría. No será el más temido en batalla y su mente no será tan afilada como el filo de su espada. Todo lo que él consiga lo obtendrá por el sudor de su frente. Si usted desea pedir por el favor y la protección de alguna deidad, adelante, es libre de hacerlo –depositó con cuidado a su hijo en sus brazos, y Afro lo apretó contra su pecho–. Pero si me permite darle un consejo, guarde su aliento y sus lágrimas, mi señora. Los dioses no hacen nada por buena voluntad sin obtener algo tan grande como su gloria a cambio. La protección más grande que necesita su hijo ahora mismo es la de sus padres.

    Dicho eso, Ofelia salió de la habitación para lavarse y cambiarse. Algo en esas palabras la dejó consternada, decendieron como una verdad incomoda y espesa. Había ira contenida en ellas y de pronto entendió el motivo; esa aseveración solo podía salir de la boca de quién ya ha tratado con dioses. Sus pestañas ensombrecieron parcialmente su mirada y una línea apretó en sus labios.

    Por mucho que le escocieron en la piel, no iba a negarlas. ¿Cuántas veces no había escuchado a otras deidades jactarse de las ofrendas acumuladas sobre sus altares, más que de los actos nobles que sus manos podrían generar, si realmente de ellos naciera el querer concederlos? ¿Cuántas veces no había visto ese resplandor en sus miradas eternas, cuando un héroe se alzaba y veían en este un medio para mantener su prestigio, para siempre tener que deleitarlos con sus nuevas hazañas? Una vez que encontraban en los mortales un tesoro invaluable, jamás los dejaban ir. Siempre orillados a perseguir la gloria y la fama eterna, negados a poder vivir una vida tranquila y feliz. Afro también era una diosa, y sin embargo, nunca permitiría que él pagara ese precio. No quería una vida así para su hijo.

    Sin embargo, también había otra verdad; lejos de lo que los mortales pudieran imaginar, a los dioses, los mortales y sus aflicciones, no podrían importarles menos. Afortunadamente para la mayoría, pasarían desapercibidos ante su mirada, solo unos cuantos tendrían el infortunio de conocer lo que es ganarse la atención de los inmortales. En su interior, deseaba, como nunca había ambicionado nada antes, que ese caso mayoritario fuera el de su hijo. Aun así, debía reconocer que estaba de acuerdo con la bruja, no dejaría la protección de su niño a ninguna otra divinidad más que a ella misma.

    ¿Qué le habría hecho aquella deidad que le entregó el moly a la pharmakis? ¿Era la responsable de lo que le había ocurrido en su ojo?

    Un llanto la devolvió al presente y ella actuó para calmar su aflicción. A Afro le pareció increíble que, después de tantas lunas transcurridas, de esas noches en las que, sentada frente al fuego del hogar, apoyaba la mano sobre su vientre, cerraba los ojos y, absorta, había sentido sus primeras pataditas debajo de su piel, ahora, por fin podía arrullar a su hijo.

    ────Debo reconocer que es tal como la retratan los rumores –musitó Temiste, apoyando una mano cálida sobre su hombro.

    ────Es posible –respondió Afro y una sonrisa se dibujó en sus labios en cuanto su pequeño dejó de llorar–. Pero los rumores y los cuentos son precisamente eso. No son hechos.

    Su hijo cruzó miradas con ella con sus ojitos redondos, húmedos, tan brillantes y eso bastó para que cualquier atisbo de tensión a su alrededor se evaporara para dar paso a una felicidad que estalló en su pecho como la miel tibia.

    ────Hola, hola…

    La voz se le quebró un poco, y de su interior brotó un cariño inmenso que estaba destinado a su hijo, rivalizando con el agotamiento sobre sus parpados grises. A Afro no le importó si su hijo iba a ser el más sabio entre los hombres, el mejor entre los dárdanos o el guerrero más temerario en las batallas, como dijo Ofelia, él no tenía que cumplir con grandez hazañas para ganarse el corazón de su madre, pues ella lo quiso desde ese primer día.

    Solía decir que su niño era un niño del verano: nació durante una tarde lluviosa del solsticio que marcaba el fin de la primavera, esas fechas en la que los campos se volvían fértiles y los cielos estaban despejados y brillantes. Tenía el cabello del mismo color que las hojas de los arboles durante el otoño, las mejillas y el puente de la nariz salpicados de pecas tostadas cómo las de su padre; los rasgos de la familia real de Dardania. Y esos ojos… esos ojos claro que los reconocía, eran los de ella: iris de color rosa. Lo meció con amor y él buscó su calor, acurrucándose contra el pecho de su madre.

    Afro no conocía lo que era tener una familia. Nació habiendo quedado huérfana de padre, no tenía madre, pues su cuna habían sido las profundidades del mar. Había ocasiones, aunque no demasiadas, en las que Afro se decía si misma que ser huérfana tenía sus ventajas. No respondía a casi nadie por sus acciones, no tenía una voz que le dictara qué era lo que debía hacer. Esa ausencia la había obligado a volverse independiente, a aprender muchas cosas por su cuenta. Pero también la hacía sentirse increíblemente sola. No tenía a quién acudir en búsqueda de un consejo cuando lo necesitaba, tampoco había quién la escuchara. No tenía a quién abrazar, tampoco quién la abrazara a ella.

    A veces, cuando era más joven, se tendía sobre la cama, cerraba los ojos e imaginaba que tenía una familia. Una madre y un padre. Otras solo eran padre e hija. Él la criaba bajo su ala, era la clase de padre que era severo, fiel a las historias que escuchó sobre él, pero enérgico cuando se trataba de velar por ella. Su madre… ella era dulce, comprensiva, protectora, de carácter tranquilo pero inquebrantable. Le enseñaba a tejer, y por las noches, trenzaba su cabello en las noches, mientras le tarareaba una canción. Y Afro la repetía en el mundo real, hasta quedarse dormida, rodeada por las sombras de su habitación.

    Afro no tenía nada de eso. Pero su hijo no crecería así. Su madre jamás lo dejaría solo.

    ────¿Me permitirías cargarlo, risueña diosa? –preguntó con suavidad Temiste.

    ────Por supuesto.

    La diosa, con extremo cuidado, depositó a su hijo en los brazos plateados de su abuela mortal, y en el rostro de Temiste se curvó una amplia sonrisa. La imagen le calentó el pecho. Durante muchas de esas noches de espera, había observado a Temiste trabajar en su telar, con esos dedos hábiles moviendo los hilos de lana, mientras le contaba historias de su juventud, de como había llegado al palacio de Dardania y asistió a otras madres, antes de Afro.

    Los hijos nunca son iguales, le había dicho una vez. Algunos son un mar de lagrimas durante sus primeras décadas, pero cuando crecen se vuelven un rayo de sol, otros son como las olas de un lago, y mantienen esa quietud aún de grandes. Entonces Afro imaginó como sería su hijo al crecer, ¿sería una hija o un hijo? ¿cómo sería al caminar a su lado?

    Ofelia apareció vistiendo una nueva túnica verde oscuro, aún terminando de anudarla a la cintura con un cordón. Se dispuso a comenzar el proceso de purificación de miasma con humo de plantas sagradas, agua y sal. No sabía si eran imaginaciones suyas, pero cada vez que sus miradas se entrecruzaban, podía ver cierto recelo arder en su pupila. ¿Había descubierto a la diosa detrás del disfraz? Si ese era el caso, la hechicera no dijo nada en ese momento. Afro no apartó sus ojos del suyo. El aire en la habitación se volvió liviano y nítido. Pero la pesadez en su cuerpo no la abandonó, y ya había durado demasiado, a pesar de llevar el disfraz de mortal encima. Su carne estaba experimentando un llamado que nunca antes había sentido; el llamado a la tierra.

    Afro se preguntó cómo relatarían esa escena los rapsodos en sus canciones; la diosa del amor que había recibido a su hijo en la casa de una pharmakis. Sin gloria, sin hazañas imposibles de realizar ¿Enaltecerían ese momento de júbilo? La transmisión de historias por parte de los poetas, era, a menudo, incierta. Diseccionaban sucesos, los retocaban. Hacían lucir mejor a unos que a otros.

    Pero ante ella, había una certeza clara.

    Su hijo era un semidiós. No heredaría de ella ninguna cualidad extraordinaria más allá de su belleza y, aparentemente, también el color de sus ojos. Afro no era una deidad profética; no le legaría la visión del futuro entre los hilos del destino. Tampoco era una guerrera que le enseñaría el arte de las armas.

    En cambio, Afro le enseñaría todas las maravillas del mundo que ella tanto amaba. Le mostraría la inmensidad del mar y las criaturas que habitaban dentro y fuera del agua, las llanuras esmeralda de Dardania extendiéndose debajo de las montañas, y el sabor de los higos con miel. Le cantaría por las noches mientras lo arropaba, y le enseñaría el nombre de las constelaciones que brillaban en el cielo nocturno.

    Esa era su promesa. Y la cumpliría.

    Temiste no parecía haber manifestado ningún síntoma extraño, ninguna molestia; y su hijo igual. Bien. La diosa hizo girar elegantemente su muñeca y abrió su canal psíquico, aun sabiendo que, si lo hacía, esas dos sombras se iban a asomar. Correría el riesgo, no le gustaba sentirse con las extremidades débiles a medio camino de desplomarse. Fuera lo que la estaba aturdiendo, lo averiguaría.

    Entonces Afro se abrió a las emociones a su alrededor, y estas la azotaron como una ola gigantesca en el mar embravecido.
    𝐋𝐀 𝐏𝐑𝐎𝐌𝐄𝐒𝐀 𝐃𝐄 𝐔𝐍𝐀 𝐌𝐀𝐃𝐑𝐄 - 𝐈𝐈 𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐡é𝐫𝐨𝐞𝐬 𝐲 𝐦𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐨𝐬 Para una madre, una de sus mayores alegrías es el instante en el que carga a su hijo entre sus brazos por primera vez. Esa vida pequeña que llevaba cuidando en el interior de su vientre abre los ojos y conoce el mundo. Así fue como comenzó todo. Con cada minuto que pasaba, sentía que todo su ser era desgarrado desde el interior por piedras afiladas. En su agonía, sus ojos alternaron entre los ramos de hierbas secas colgadas en hileras del techo, las lámparas de aceite dispuestas en los muebles viejos y el humo del incienso, blanco y denso, que, lejos de relajarla, revolvía su cabeza con un dolor agudo. Apretó la mano de la reina Temiste con tanta fuerza como para hacerla estallar en pequeños fragmentos. No recordaba mucho de ese momento, todo era confuso, doloroso, y ese mismo dolor era el que le recordaba que estaba presente en un lugar en el que quizás no debería haber entrado, pero esa mujer tuerta significaba la diferencia entre la vida y muerte de su hijo. ────Respire, respire… y…. ¡Ahora empuje! –ordenó Ofelia. Y así lo hizo con todas sus fuerzas. Echó su cabeza hacia atrás, apretó la mandíbula y los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No había palabras para describir el inmenso dolor que la atravesó en esos instantes. Tampoco para el alivio que experimentó cuando escuchó el llanto de su bebé por primera vez. ────Mire qué tenemos aquí… ¡Un jovencito de extremidades fuertes! Calma, calma, me vas a arrancar el pulgar, niño. Las lágrimas rodaron por las mejillas de Afro y jadeó una risa entrecortada. Su pequeño sollozó y ella hizo lo mismo. Jamás había escuchado un sonido tan hermoso, tan dulce. Él temblaba y parecía buscarla con su carita humedecida. «Aquí estoy, aquí estoy», quiso decirle. Ofelia se encargó de limpiar a su hijo y lo envolvió con algunas mantas que tenía preparadas. Afro soltó la mano de la reina y la escuchó suspirar a su lado. Si se trataba de alivio por haberla soltado o por la dicha de ver por primera vez a su nieto, fue algo que Afro no pudo discernir, la habitación se sumió en un silencio expectante. En su estado débil, escuchó su pulso en los oídos, las lágrimas en sus ojos enrojecidos dejaron de correr, y el lecho se hundió bajo sus codos cuando intentó incorporarse con pesadez. Esperó. Permaneció rígida en su sitio, lista para abalanzarse en cualquier momento como una leona sobre su presa, con la mirada afilada siguiendo cada uno de los movimientos de Ofelia dirigiéndose a sus hierbas y morteros. ────¿Qué… estás haciendo? No hubo respuesta y Afro puso la punta de un pie fuera de la cama. Ofelia embarró su pulgar con los restos que quedaron de la mezcla que preparó previamente y lo juntó con otra pasta que tenía en otro mortero aún más pequeño, apenas una porción de un ungüento que era oscuro, al observarlo con atención, Afro se percató de que esa mezcla tenía pequeños trozos ambarinos de lo que parecían haber sido pétalos de una flor blanca. El aire en sus pulmones escapó silencioso por sus labios entreabiertos. Eso era «moly». Ofelia presionó su dedo contra la frente de su hijo y dijo: ────Para que siempre estes protegido, para que tu esencia se mantenga y tu voluntad jamás se doblegue. Afro no conocía de todos los secretos que las comadronas empleaban para asistir a las futuras madres en esas labores. Conocía muy poco sobre el proceso. Pero sí estaba segura de una cosa; el procedimiento que Ofelia había seguido para asistirla no era usual, incluso para una pharmakis. Una hechicera. Cuando un bebé estaba a punto de nacer, las parteras solían elevar sus plegarías a Ilitía, la diosa de los nacimientos, ella velaba por todos los nacimientos, incluidos los de dioses y semidioses. Se decía que su ausencia durante los alumbramientos podía traer consecuencias terribles. Pero la pharmakis no la llamó en ningún momento, ni siquiera en una plegaria susurrada. Ni a Ilitía, ni a ninguna otra deidad para pedir por su protección divina para su hijo. Y eso… eso al menos tranquilizó a Afro. Lo que menos deseaba era que cualquier deidad se enterase del nacimiento de su bebé. ────Con esto será suficiente –dijo sonriente Ofelia, sin voltear a verla, como si pudiera leer la expresión recelosa en su rostro celestial–. No necesita más protecciones que esta. Fuera, las gotas de la lluvia repiqueteaban incesantes sobre el techo. El moly era una raíz oscura con flores blancas que no podía ser arracada por los mortales. Su principal función era evitar la magia de transformación, pero también actuaba como un escudo para proteger del dominio de la voluntad, incluido el dominio de los mismísimos dioses. En pocas palabras, la raíz evitaba que cualquier dios interfiriera en la mente o el cuerpo de quién la consumiera. La curiosidad de Afro se afiló como una espina. ────¿Estás segura de ello? ¿Ni siquiera… la protección de la Cazadora? –preguntó Afro, metida en su papel de una joven mortal noble. Un escalofrío le recorrió la pierna cuando la planta de su pie tocó por completo el piso. Era la clase de pregunta que cualquier madre habría formulado en su situación. Evitó decir aquel nombre, como una mortal quién se sabe temerosa de las consecuencias de no clamar por la ayuda a los dioses y que sus acciones lleguen a sus oídos, pues decir su nombre en voz alta sería invitación suficiente para que, Artemisa, la Cazadora Silenciosa, prestara, aunque sea por un breve instante de curiosidad, su atención sobre la estancia. A ella también se le encomendaba la protección de los niños en sus primeros días de vida. ────No la necesita –aseveró–. Mi magia no depende ni pide permiso a nadie, como se habrá dado cuenta. Trabajo con una conexión profunda con la magia más antigua, la ligada a la naturaleza. Yo negocio y trabajo hombro con hombro con la vida misma. Ahora este jovencito está protegido contra todo mal. Ah, por supuesto… –la curva en sus labios comenzó a adoptar una sonrisa burlona–… yo no vendo sueños de humo. No prometo grandes proezas para este niño. No será un gran líder entre los suyos, ni acudirán a él por el consejo de su sabiduría. No será el más temido en batalla y su mente no será tan afilada como el filo de su espada. Todo lo que él consiga lo obtendrá por el sudor de su frente. Si usted desea pedir por el favor y la protección de alguna deidad, adelante, es libre de hacerlo –depositó con cuidado a su hijo en sus brazos, y Afro lo apretó contra su pecho–. Pero si me permite darle un consejo, guarde su aliento y sus lágrimas, mi señora. Los dioses no hacen nada por buena voluntad sin obtener algo tan grande como su gloria a cambio. La protección más grande que necesita su hijo ahora mismo es la de sus padres. Dicho eso, Ofelia salió de la habitación para lavarse y cambiarse. Algo en esas palabras la dejó consternada, decendieron como una verdad incomoda y espesa. Había ira contenida en ellas y de pronto entendió el motivo; esa aseveración solo podía salir de la boca de quién ya ha tratado con dioses. Sus pestañas ensombrecieron parcialmente su mirada y una línea apretó en sus labios. Por mucho que le escocieron en la piel, no iba a negarlas. ¿Cuántas veces no había escuchado a otras deidades jactarse de las ofrendas acumuladas sobre sus altares, más que de los actos nobles que sus manos podrían generar, si realmente de ellos naciera el querer concederlos? ¿Cuántas veces no había visto ese resplandor en sus miradas eternas, cuando un héroe se alzaba y veían en este un medio para mantener su prestigio, para siempre tener que deleitarlos con sus nuevas hazañas? Una vez que encontraban en los mortales un tesoro invaluable, jamás los dejaban ir. Siempre orillados a perseguir la gloria y la fama eterna, negados a poder vivir una vida tranquila y feliz. Afro también era una diosa, y sin embargo, nunca permitiría que él pagara ese precio. No quería una vida así para su hijo. Sin embargo, también había otra verdad; lejos de lo que los mortales pudieran imaginar, a los dioses, los mortales y sus aflicciones, no podrían importarles menos. Afortunadamente para la mayoría, pasarían desapercibidos ante su mirada, solo unos cuantos tendrían el infortunio de conocer lo que es ganarse la atención de los inmortales. En su interior, deseaba, como nunca había ambicionado nada antes, que ese caso mayoritario fuera el de su hijo. Aun así, debía reconocer que estaba de acuerdo con la bruja, no dejaría la protección de su niño a ninguna otra divinidad más que a ella misma. ¿Qué le habría hecho aquella deidad que le entregó el moly a la pharmakis? ¿Era la responsable de lo que le había ocurrido en su ojo? Un llanto la devolvió al presente y ella actuó para calmar su aflicción. A Afro le pareció increíble que, después de tantas lunas transcurridas, de esas noches en las que, sentada frente al fuego del hogar, apoyaba la mano sobre su vientre, cerraba los ojos y, absorta, había sentido sus primeras pataditas debajo de su piel, ahora, por fin podía arrullar a su hijo. ────Debo reconocer que es tal como la retratan los rumores –musitó Temiste, apoyando una mano cálida sobre su hombro. ────Es posible –respondió Afro y una sonrisa se dibujó en sus labios en cuanto su pequeño dejó de llorar–. Pero los rumores y los cuentos son precisamente eso. No son hechos. Su hijo cruzó miradas con ella con sus ojitos redondos, húmedos, tan brillantes y eso bastó para que cualquier atisbo de tensión a su alrededor se evaporara para dar paso a una felicidad que estalló en su pecho como la miel tibia. ────Hola, hola… La voz se le quebró un poco, y de su interior brotó un cariño inmenso que estaba destinado a su hijo, rivalizando con el agotamiento sobre sus parpados grises. A Afro no le importó si su hijo iba a ser el más sabio entre los hombres, el mejor entre los dárdanos o el guerrero más temerario en las batallas, como dijo Ofelia, él no tenía que cumplir con grandez hazañas para ganarse el corazón de su madre, pues ella lo quiso desde ese primer día. Solía decir que su niño era un niño del verano: nació durante una tarde lluviosa del solsticio que marcaba el fin de la primavera, esas fechas en la que los campos se volvían fértiles y los cielos estaban despejados y brillantes. Tenía el cabello del mismo color que las hojas de los arboles durante el otoño, las mejillas y el puente de la nariz salpicados de pecas tostadas cómo las de su padre; los rasgos de la familia real de Dardania. Y esos ojos… esos ojos claro que los reconocía, eran los de ella: iris de color rosa. Lo meció con amor y él buscó su calor, acurrucándose contra el pecho de su madre. Afro no conocía lo que era tener una familia. Nació habiendo quedado huérfana de padre, no tenía madre, pues su cuna habían sido las profundidades del mar. Había ocasiones, aunque no demasiadas, en las que Afro se decía si misma que ser huérfana tenía sus ventajas. No respondía a casi nadie por sus acciones, no tenía una voz que le dictara qué era lo que debía hacer. Esa ausencia la había obligado a volverse independiente, a aprender muchas cosas por su cuenta. Pero también la hacía sentirse increíblemente sola. No tenía a quién acudir en búsqueda de un consejo cuando lo necesitaba, tampoco había quién la escuchara. No tenía a quién abrazar, tampoco quién la abrazara a ella. A veces, cuando era más joven, se tendía sobre la cama, cerraba los ojos e imaginaba que tenía una familia. Una madre y un padre. Otras solo eran padre e hija. Él la criaba bajo su ala, era la clase de padre que era severo, fiel a las historias que escuchó sobre él, pero enérgico cuando se trataba de velar por ella. Su madre… ella era dulce, comprensiva, protectora, de carácter tranquilo pero inquebrantable. Le enseñaba a tejer, y por las noches, trenzaba su cabello en las noches, mientras le tarareaba una canción. Y Afro la repetía en el mundo real, hasta quedarse dormida, rodeada por las sombras de su habitación. Afro no tenía nada de eso. Pero su hijo no crecería así. Su madre jamás lo dejaría solo. ────¿Me permitirías cargarlo, risueña diosa? –preguntó con suavidad Temiste. ────Por supuesto. La diosa, con extremo cuidado, depositó a su hijo en los brazos plateados de su abuela mortal, y en el rostro de Temiste se curvó una amplia sonrisa. La imagen le calentó el pecho. Durante muchas de esas noches de espera, había observado a Temiste trabajar en su telar, con esos dedos hábiles moviendo los hilos de lana, mientras le contaba historias de su juventud, de como había llegado al palacio de Dardania y asistió a otras madres, antes de Afro. Los hijos nunca son iguales, le había dicho una vez. Algunos son un mar de lagrimas durante sus primeras décadas, pero cuando crecen se vuelven un rayo de sol, otros son como las olas de un lago, y mantienen esa quietud aún de grandes. Entonces Afro imaginó como sería su hijo al crecer, ¿sería una hija o un hijo? ¿cómo sería al caminar a su lado? Ofelia apareció vistiendo una nueva túnica verde oscuro, aún terminando de anudarla a la cintura con un cordón. Se dispuso a comenzar el proceso de purificación de miasma con humo de plantas sagradas, agua y sal. No sabía si eran imaginaciones suyas, pero cada vez que sus miradas se entrecruzaban, podía ver cierto recelo arder en su pupila. ¿Había descubierto a la diosa detrás del disfraz? Si ese era el caso, la hechicera no dijo nada en ese momento. Afro no apartó sus ojos del suyo. El aire en la habitación se volvió liviano y nítido. Pero la pesadez en su cuerpo no la abandonó, y ya había durado demasiado, a pesar de llevar el disfraz de mortal encima. Su carne estaba experimentando un llamado que nunca antes había sentido; el llamado a la tierra. Afro se preguntó cómo relatarían esa escena los rapsodos en sus canciones; la diosa del amor que había recibido a su hijo en la casa de una pharmakis. Sin gloria, sin hazañas imposibles de realizar ¿Enaltecerían ese momento de júbilo? La transmisión de historias por parte de los poetas, era, a menudo, incierta. Diseccionaban sucesos, los retocaban. Hacían lucir mejor a unos que a otros. Pero ante ella, había una certeza clara. Su hijo era un semidiós. No heredaría de ella ninguna cualidad extraordinaria más allá de su belleza y, aparentemente, también el color de sus ojos. Afro no era una deidad profética; no le legaría la visión del futuro entre los hilos del destino. Tampoco era una guerrera que le enseñaría el arte de las armas. En cambio, Afro le enseñaría todas las maravillas del mundo que ella tanto amaba. Le mostraría la inmensidad del mar y las criaturas que habitaban dentro y fuera del agua, las llanuras esmeralda de Dardania extendiéndose debajo de las montañas, y el sabor de los higos con miel. Le cantaría por las noches mientras lo arropaba, y le enseñaría el nombre de las constelaciones que brillaban en el cielo nocturno. Esa era su promesa. Y la cumpliría. Temiste no parecía haber manifestado ningún síntoma extraño, ninguna molestia; y su hijo igual. Bien. La diosa hizo girar elegantemente su muñeca y abrió su canal psíquico, aun sabiendo que, si lo hacía, esas dos sombras se iban a asomar. Correría el riesgo, no le gustaba sentirse con las extremidades débiles a medio camino de desplomarse. Fuera lo que la estaba aturdiendo, lo averiguaría. Entonces Afro se abrió a las emociones a su alrededor, y estas la azotaron como una ola gigantesca en el mar embravecido.
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  • — Mamá, ya lo he dicho varias veces, no sé y no puedo reparar tu cafetera.

    ¿Cuántas veces más iba a tener ese tipo de conversaciones? Estaba seguro de que, si le daban una moneda por cada ocasión que su madre le pidiera arreglar un electrodoméstico, tendría suficiente para comprarse un auto, uno a escala, para lograr quitarse el fastidio de escuchar siempre la misma conversación con la que aquella mujer se excusaba.

    — Sí, sí, me queda claro, mamá. Pero escúchame, yo sé de computadoras, yo arreglo computadoras. No tengo idea del porqué tu cafetera no enciende pero, a ver... —Un suspiro pesado denotó su frustración. Se revolvió el flequillo y terminó asistiendo cuando la mujer usó la apelación de siempre: Si no la ayudaba, tendría que pedírselo a su padre y esperar tres meses a que le prestara atención.— Dime, ¿si está conectada? ¿Puedes revisar que si esté enchufado el... Ah, así que no la habías conectado. Conectala y revisa si... Sí, sí mamá. Sí, lo sé, disfruta tu café, mamá. Te llamaré más tarde.
    — Mamá, ya lo he dicho varias veces, no sé y no puedo reparar tu cafetera. ¿Cuántas veces más iba a tener ese tipo de conversaciones? Estaba seguro de que, si le daban una moneda por cada ocasión que su madre le pidiera arreglar un electrodoméstico, tendría suficiente para comprarse un auto, uno a escala, para lograr quitarse el fastidio de escuchar siempre la misma conversación con la que aquella mujer se excusaba. — Sí, sí, me queda claro, mamá. Pero escúchame, yo sé de computadoras, yo arreglo computadoras. No tengo idea del porqué tu cafetera no enciende pero, a ver... —Un suspiro pesado denotó su frustración. Se revolvió el flequillo y terminó asistiendo cuando la mujer usó la apelación de siempre: Si no la ayudaba, tendría que pedírselo a su padre y esperar tres meses a que le prestara atención.— Dime, ¿si está conectada? ¿Puedes revisar que si esté enchufado el... Ah, así que no la habías conectado. Conectala y revisa si... Sí, sí mamá. Sí, lo sé, disfruta tu café, mamá. Te llamaré más tarde.
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  • Comenzado Los Encargos proxy
    Fandom Zenless Zone Zero
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    [Únicamente personajes de Zenless Zone Zero]


    Un dia tranquilo, los hermanos proxy estaba en el negocio que usaba de fachada para ocultar a lo que se dedican.

    Aunque ellos aceptan encargos de la red proxy qué no involucra o daña a otras personas, solo daban su ayuda cuando es verdaderamente necesario. Había ayudado a muchas facciones, hasta ayudaron a llevar a la justicia a gente mala.

    Belle mientras su hermano estaba viendo las ganancias de hoy y las películas que fueron entregadas, ella estaba buscado algún encargo que cumplir, además de información sobre la caída de la antigua capital, pues su maestra había sido injustamente culpada por lo que había pasado.

    Suspira pesadamente, llevándose la mano al rostro, suspira pesadamente pues de tanto que se ha publicado no encontro nada de lo sucedido, solo le quedaba buscar algun encargo, por suerte la tienda estaba siendo cuidada por su hermano, para que su labor como Featon no sea cansado, los hermanos se turnaba en esa cuenta.

    Wise estando en la tienda atendiendo a los personas que llegaba a pedir recomendaciones o rentar alguna película... Hasta conversar con los amigos de cada una de las facciones que han hecho durante su recorrido proxy.
    [Únicamente personajes de Zenless Zone Zero] Un dia tranquilo, los hermanos proxy estaba en el negocio que usaba de fachada para ocultar a lo que se dedican. Aunque ellos aceptan encargos de la red proxy qué no involucra o daña a otras personas, solo daban su ayuda cuando es verdaderamente necesario. Había ayudado a muchas facciones, hasta ayudaron a llevar a la justicia a gente mala. Belle mientras su hermano estaba viendo las ganancias de hoy y las películas que fueron entregadas, ella estaba buscado algún encargo que cumplir, además de información sobre la caída de la antigua capital, pues su maestra había sido injustamente culpada por lo que había pasado. Suspira pesadamente, llevándose la mano al rostro, suspira pesadamente pues de tanto que se ha publicado no encontro nada de lo sucedido, solo le quedaba buscar algun encargo, por suerte la tienda estaba siendo cuidada por su hermano, para que su labor como Featon no sea cansado, los hermanos se turnaba en esa cuenta. Wise estando en la tienda atendiendo a los personas que llegaba a pedir recomendaciones o rentar alguna película... Hasta conversar con los amigos de cada una de las facciones que han hecho durante su recorrido proxy.
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  • —¡Hola, mis hermosas creaciones! Me encantaría que formaran parte de mi familia celestial como mis ángeles, o que me dieran una mano para encontrar a mis pequeños que aún no regresan a casa. Si deciden ayudar, se los agradeceré de corazón; pero si no, no se preocupen, mi amor por ustedes no cambiará jamás. —

    Con amor, Dios.
    —¡Hola, mis hermosas creaciones! Me encantaría que formaran parte de mi familia celestial como mis ángeles, o que me dieran una mano para encontrar a mis pequeños que aún no regresan a casa. Si deciden ayudar, se los agradeceré de corazón; pero si no, no se preocupen, mi amor por ustedes no cambiará jamás. — —✨Con amor, Dios.✨—
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