•Las Crónicas De Fenrir Queen•
Capítulo 2: Dos heridas, un mismo rastro
La conversación se fue apagando poco a poco después de aquello. No porque alguno quisiera marcharse, sino porque ambos parecíamos estar procesando lo que acabábamos de descubrir. Durante semanas había recorrido caminos, pueblos y ciudades enteras buscando respuestas para unas heridas que nadie sabía explicar, y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi viaje, me encontraba frente a alguien que cargaba con algo parecido.
El sonido de la chimenea crepitaba suavemente a nuestra izquierda mientras la mayoría de los viajeros continuaban con sus conversaciones. La lámpara situada entre nosotros proyectaba una luz cálida sobre la mesa de madera y, aunque el ambiente de la posada era acogedor, no podía dejar de mirar aquellas grietas que recorrían su brazo. Eran diferentes a las mías. Mucho más pequeñas. Mucho más localizadas. Sin embargo, se parecían demasiado para ser una simple coincidencia.
Fenrir: —Cuánto tiempo llevas así?
El muchacho bajó la mirada hacia su brazo vendado y permaneció pensativo durante unos segundos antes de responder.
Desconocido: —No estoy seguro… algunas semanas.
Asentí lentamente por las coincidencias y similitudes.
Fenrir: —Entonces te encontraste con él hace poco.
Desconocido: —Sí.
Volvió a hacerse el silencio.
No era incómodo.
Simplemente ninguno parecía saber cómo continuar una conversación sobre alguien de quien no conocíamos absolutamente nada. No teníamos un nombre. No teníamos una explicación. Ni siquiera sabíamos si aquel muchacho estaba buscando algo o simplemente destruía todo lo que encontraba a su paso.
Bajé la mirada hacia mis manos. Las vendas asomaban ligeramente por debajo de las mangas y, aunque intentaba ignorarlo, el dolor seguía ahí. Había aprendido a convivir con él durante las últimas semanas, pero eso no significaba que me gustara.
Fenrir: —Yo ni siquiera pude hacerle frente.
El muchacho levantó la vista.
Desconocido: —Qué ocurrió?
Solté una pequeña risa sin humor mientras observaba las llamas de la chimenea.
Fenrir: —Lo que ocurrió es que me superó completamente.
Mis dedos se cerraron ligeramente alrededor del borde de la mesa.
Fenrir: —Intenté defenderme. Levanté barreras, utilicé todo lo que sabía hacer, pero ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo. Sentía cómo el suelo se rompía bajo mis pies y cómo el aire se agrietaba a mi alrededor. Cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo.—
Durante unos segundos permanecí observando la luz de la lámpara.
Fenrir: —Ni siquiera fui capaz de herirlo.—
El muchacho no respondió inmediatamente.
Parecía analizar cada una de mis palabras.
Finalmente habló.
Desconocido: —Sigues viva.
Parpadeé. No era la respuesta que esperaba.
Fenrir: —¿Eh?
Desconocido: —Sigues viva.
Su voz permanecía tan tranquila como antes.
Desconocido: —Eso significa que hiciste algo bien.
Me quedé observándolo en silencio, durante todo aquel tiempo había pensado en mi derrota. Había pensado en mis errores. En lo débil que era. En todo lo que me faltaba por aprender. Nunca me había detenido a pensar en el simple hecho de que había sobrevivido. No sabía si aquello debía hacerme sentir mejor. Pero, de alguna manera, ayudaba.
La conversación volvió a apagarse mientras varios clientes abandonaban la posada para retirarse a descansar. Poco a poco el lugar comenzó a vaciarse. Las voces se hicieron menos numerosas y el ambiente más tranquilo. Fue entonces cuando una conversación cercana llamó mi atención.
Dos viajeros estaban sentados junto a la barra hablando en voz baja. Al principio no les presté demasiada atención, hasta que una frase consiguió que levantara ligeramente la cabeza.
Viajero 1: —Dicen que volvió a aparecer.
Mi cuerpo se tensó de inmediato. Frente a mí, el muchacho también pareció escucharlo.
Viajero 2: —Otra vez?
Viajero 1: —Sí.
Viajero 2: —Pensé que eran rumores.
El hombre negó con la cabeza.
Viajero 1: —Esta vez ocurrió al norte.
El silencio se instaló entre nuestra mesa. Ambos escuchábamos y sabíamos que aquella conversación podía ser importante.
Viajero 2: —Y qué pasó?
Viajero 1: —Un bosque entero quedó destrozado.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, el muchacho levantó ligeramente la mirada, yo hice lo mismo. No hacía falta decirlo los dos estábamos pensando exactamente en lo mismo.
Viajero 2: —Un incendio?
Viajero 1: —No.
El hombre bajó la voz.
Viajero 1: —Dicen que el terreno estaba lleno de grietas.
Mi respiración se detuvo durante un instante.
Las mismas palabras. Las mismas señales El mismo rastro.
Cuando los viajeros continuaron hablando ya apenas podía escucharlos. Mi atención estaba completamente centrada en lo que acababa de oír. Volví a mirar al muchacho pero el ya me estaba mirando.
Fenrir: —¿Crees que es él?
El silencio duró varios segundos. Finalmente respondió.
Desconocido: —No lo sé.
Sus ojos se desviaron hacia la ventana de la posada. Hacia la oscuridad del exterior.
Desconocido: —Pero quiero averiguarlo.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Por primera vez desde que había comenzado mi viaje sentí algo diferente no era esperanza, no era alivio, era curiosidad.
Porque una parte de mí había abandonado casa buscando una cura pero otra parte…
La parte que seguía recordando aquel combate cada vez que cerraba los ojos, necesitaba respuestas.
Necesitaba entender quién era aquel muchacho y por qué nos había atacado y por qué las heridas que nos había dejado se negaban a desaparecer.
Miré nuevamente las grietas que recorrían el brazo del desconocido y después observé las vendas que cubrían mis propias manos. Fuera quien fuese aquel muchacho, seguía ahí fuera. Y si realmente había vuelto a aparecer al norte, significaba que el rastro aún estaba caliente. Quizás mi viaje ya no consistía únicamente en encontrar una cura.
Quizás acababa de convertirse en algo mucho más peligroso. Y por primera vez desde que entré en aquella posada, tuve la sensación de que el destino acababa de unir dos caminos que jamás debieron cruzarse.
•Las Crónicas De Fenrir Queen•
Capítulo 2: Dos heridas, un mismo rastro
La conversación se fue apagando poco a poco después de aquello. No porque alguno quisiera marcharse, sino porque ambos parecíamos estar procesando lo que acabábamos de descubrir. Durante semanas había recorrido caminos, pueblos y ciudades enteras buscando respuestas para unas heridas que nadie sabía explicar, y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi viaje, me encontraba frente a alguien que cargaba con algo parecido.
El sonido de la chimenea crepitaba suavemente a nuestra izquierda mientras la mayoría de los viajeros continuaban con sus conversaciones. La lámpara situada entre nosotros proyectaba una luz cálida sobre la mesa de madera y, aunque el ambiente de la posada era acogedor, no podía dejar de mirar aquellas grietas que recorrían su brazo. Eran diferentes a las mías. Mucho más pequeñas. Mucho más localizadas. Sin embargo, se parecían demasiado para ser una simple coincidencia.
Fenrir: —Cuánto tiempo llevas así?
El muchacho bajó la mirada hacia su brazo vendado y permaneció pensativo durante unos segundos antes de responder.
Desconocido: —No estoy seguro… algunas semanas.
Asentí lentamente por las coincidencias y similitudes.
Fenrir: —Entonces te encontraste con él hace poco.
Desconocido: —Sí.
Volvió a hacerse el silencio.
No era incómodo.
Simplemente ninguno parecía saber cómo continuar una conversación sobre alguien de quien no conocíamos absolutamente nada. No teníamos un nombre. No teníamos una explicación. Ni siquiera sabíamos si aquel muchacho estaba buscando algo o simplemente destruía todo lo que encontraba a su paso.
Bajé la mirada hacia mis manos. Las vendas asomaban ligeramente por debajo de las mangas y, aunque intentaba ignorarlo, el dolor seguía ahí. Había aprendido a convivir con él durante las últimas semanas, pero eso no significaba que me gustara.
Fenrir: —Yo ni siquiera pude hacerle frente.
El muchacho levantó la vista.
Desconocido: —Qué ocurrió?
Solté una pequeña risa sin humor mientras observaba las llamas de la chimenea.
Fenrir: —Lo que ocurrió es que me superó completamente.
Mis dedos se cerraron ligeramente alrededor del borde de la mesa.
Fenrir: —Intenté defenderme. Levanté barreras, utilicé todo lo que sabía hacer, pero ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo. Sentía cómo el suelo se rompía bajo mis pies y cómo el aire se agrietaba a mi alrededor. Cuando quise darme cuenta ya estaba en el suelo.—
Durante unos segundos permanecí observando la luz de la lámpara.
Fenrir: —Ni siquiera fui capaz de herirlo.—
El muchacho no respondió inmediatamente.
Parecía analizar cada una de mis palabras.
Finalmente habló.
Desconocido: —Sigues viva.
Parpadeé. No era la respuesta que esperaba.
Fenrir: —¿Eh?
Desconocido: —Sigues viva.
Su voz permanecía tan tranquila como antes.
Desconocido: —Eso significa que hiciste algo bien.
Me quedé observándolo en silencio, durante todo aquel tiempo había pensado en mi derrota. Había pensado en mis errores. En lo débil que era. En todo lo que me faltaba por aprender. Nunca me había detenido a pensar en el simple hecho de que había sobrevivido. No sabía si aquello debía hacerme sentir mejor. Pero, de alguna manera, ayudaba.
La conversación volvió a apagarse mientras varios clientes abandonaban la posada para retirarse a descansar. Poco a poco el lugar comenzó a vaciarse. Las voces se hicieron menos numerosas y el ambiente más tranquilo. Fue entonces cuando una conversación cercana llamó mi atención.
Dos viajeros estaban sentados junto a la barra hablando en voz baja. Al principio no les presté demasiada atención, hasta que una frase consiguió que levantara ligeramente la cabeza.
Viajero 1: —Dicen que volvió a aparecer.
Mi cuerpo se tensó de inmediato. Frente a mí, el muchacho también pareció escucharlo.
Viajero 2: —Otra vez?
Viajero 1: —Sí.
Viajero 2: —Pensé que eran rumores.
El hombre negó con la cabeza.
Viajero 1: —Esta vez ocurrió al norte.
El silencio se instaló entre nuestra mesa. Ambos escuchábamos y sabíamos que aquella conversación podía ser importante.
Viajero 2: —Y qué pasó?
Viajero 1: —Un bosque entero quedó destrozado.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, el muchacho levantó ligeramente la mirada, yo hice lo mismo. No hacía falta decirlo los dos estábamos pensando exactamente en lo mismo.
Viajero 2: —Un incendio?
Viajero 1: —No.
El hombre bajó la voz.
Viajero 1: —Dicen que el terreno estaba lleno de grietas.
Mi respiración se detuvo durante un instante.
Las mismas palabras. Las mismas señales El mismo rastro.
Cuando los viajeros continuaron hablando ya apenas podía escucharlos. Mi atención estaba completamente centrada en lo que acababa de oír. Volví a mirar al muchacho pero el ya me estaba mirando.
Fenrir: —¿Crees que es él?
El silencio duró varios segundos. Finalmente respondió.
Desconocido: —No lo sé.
Sus ojos se desviaron hacia la ventana de la posada. Hacia la oscuridad del exterior.
Desconocido: —Pero quiero averiguarlo.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Por primera vez desde que había comenzado mi viaje sentí algo diferente no era esperanza, no era alivio, era curiosidad.
Porque una parte de mí había abandonado casa buscando una cura pero otra parte…
La parte que seguía recordando aquel combate cada vez que cerraba los ojos, necesitaba respuestas.
Necesitaba entender quién era aquel muchacho y por qué nos había atacado y por qué las heridas que nos había dejado se negaban a desaparecer.
Miré nuevamente las grietas que recorrían el brazo del desconocido y después observé las vendas que cubrían mis propias manos. Fuera quien fuese aquel muchacho, seguía ahí fuera. Y si realmente había vuelto a aparecer al norte, significaba que el rastro aún estaba caliente. Quizás mi viaje ya no consistía únicamente en encontrar una cura.
Quizás acababa de convertirse en algo mucho más peligroso. Y por primera vez desde que entré en aquella posada, tuve la sensación de que el destino acababa de unir dos caminos que jamás debieron cruzarse.