• مرحباً بالجميع! اسمي نينيت نادوري، والسلام عليكم.
    أتمنى أن أكون صديقاً جيداً لك. لا تخف مني، فأنا هنا للمساعدة.


    ¡Hola a todos! Me llamo Nenet Nadouri que la paz sea contigo. No me temas estoy para ayudarte. Ahora dime... ¿Algo con que pueda ayudarte cariño?
    Venga... No dejes que te ganen los nervios.
    ¿Te gustaría que te invite a tomar algo?

    ¡Yo invito¡ Yalla yalla!! ^^
    مرحباً بالجميع! اسمي نينيت نادوري، والسلام عليكم. أتمنى أن أكون صديقاً جيداً لك. لا تخف مني، فأنا هنا للمساعدة. ¡Hola a todos! Me llamo Nenet Nadouri que la paz sea contigo. No me temas estoy para ayudarte. Ahora dime... ¿Algo con que pueda ayudarte cariño? Venga... No dejes que te ganen los nervios. ¿Te gustaría que te invite a tomar algo? 😉 ¡Yo invito¡ Yalla yalla!! ^^
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  • No sabía cuánto tiempo había pasado viajando. Inevitablemente, aunque él quisiera seguir una ruta natural, el capricho del destino le hacía saltar de un lugar a otro casi sin permiso.

    Estuvo algunos días deambulando por unas tierras que determinó que eran de la zona más occidental. Entre caminos, los campesinos hablaban: Una ciudad había sido atacada, un intento de asedio por parte de una facción enemiga, donde las bajas y los heridos habían sido considerables.

    Kazuo no creía en las casualidades. No era solo un buen sanador por su magia, también lo era por su conocimiento. ¿Podría quizás ayudar a aquella población? ¿Estaba allí por eso? ¿Era la forma en la que el destino intentaba llenar su vacío?

    Este preguntó por los caminos donde estaba aquel lugar. La noche calló sin piedad, aunque para él dirigir a su caballo en la oscuridad no era un impedimento. Hasta que finalmente llegó a las puestas imponentes de la fortaleza que protegía a aquella población.

    En un primer lugar, los guardias tomaron una postura defensiva; era comprensible, más después de haber sido atacado su pueblo. Kazuo llevaba su Katana y Tanto envainados, y en ningún momento hizo amago de usarlos.

    -Mi nombre es Kazuo Aihara... Escuché del ataque que sufrió vuestro pueblo. Soy buen sanador, me gustaría ayudar si lo necesitan.- Explicó Kazuo con esa calma casi contagiosa. Su voz suave, casi aterciopelada hacía bajar las alertas de los guardias. Como buen zorro que era, su labia era una de sus mejores armas.

    Pero aún así, los guardias aún lo miraron con algo de sospecha, o quizás curiosidad. Sus ropajes eran muy diferentes a lo que estaban acostumbrados, y quizás ni siquiera algunos habrían visto a una persona con rasgos orientales en su vida. Aunque fuera involuntario, aquello que estaba cierto era el rechazo.

    -No causaré problemas, y si aún así mi presencia no es necesaria o os incomoda, me iré por el mismo lugar que por el que vine sin réplica alguna. Pero con la verdad en la mano, mi intención es brindar ayuda, no necesito nada cambio de ello, son tiempos difíciles y soy consciente de ello.- Argumentó el zorro con esa calma serena, lo que hacía convencer aún más a aquellos guardias.

    Aún así, hicieron llamar a alguien que estaba algo más por encima de sus competencias. Explicaron el caso del nuevo extranjero y este, con gesto enjuto, hizo una afirmación con la cabeza.

    Superior: -Te tendremos echado el ojo, no es que pases precisamente desapercibido. Hay una posada en el centro de la población donde también podrán atender a tu caballo. Bienvenido...- Dijo aquel hombre corpulento y de voz profunda.

    Kazuo suspiró con algo de alivio. Una cama sonaba bien después de tantos días a la intemperie. Finalmente los grandes portones se abrieron, dando paso al joven y exótico sanador recién llegado a la ciudad. Las noticias no tardarían en hacerse eco entre las tertulias matutinas.
    No sabía cuánto tiempo había pasado viajando. Inevitablemente, aunque él quisiera seguir una ruta natural, el capricho del destino le hacía saltar de un lugar a otro casi sin permiso. Estuvo algunos días deambulando por unas tierras que determinó que eran de la zona más occidental. Entre caminos, los campesinos hablaban: Una ciudad había sido atacada, un intento de asedio por parte de una facción enemiga, donde las bajas y los heridos habían sido considerables. Kazuo no creía en las casualidades. No era solo un buen sanador por su magia, también lo era por su conocimiento. ¿Podría quizás ayudar a aquella población? ¿Estaba allí por eso? ¿Era la forma en la que el destino intentaba llenar su vacío? Este preguntó por los caminos donde estaba aquel lugar. La noche calló sin piedad, aunque para él dirigir a su caballo en la oscuridad no era un impedimento. Hasta que finalmente llegó a las puestas imponentes de la fortaleza que protegía a aquella población. En un primer lugar, los guardias tomaron una postura defensiva; era comprensible, más después de haber sido atacado su pueblo. Kazuo llevaba su Katana y Tanto envainados, y en ningún momento hizo amago de usarlos. -Mi nombre es Kazuo Aihara... Escuché del ataque que sufrió vuestro pueblo. Soy buen sanador, me gustaría ayudar si lo necesitan.- Explicó Kazuo con esa calma casi contagiosa. Su voz suave, casi aterciopelada hacía bajar las alertas de los guardias. Como buen zorro que era, su labia era una de sus mejores armas. Pero aún así, los guardias aún lo miraron con algo de sospecha, o quizás curiosidad. Sus ropajes eran muy diferentes a lo que estaban acostumbrados, y quizás ni siquiera algunos habrían visto a una persona con rasgos orientales en su vida. Aunque fuera involuntario, aquello que estaba cierto era el rechazo. -No causaré problemas, y si aún así mi presencia no es necesaria o os incomoda, me iré por el mismo lugar que por el que vine sin réplica alguna. Pero con la verdad en la mano, mi intención es brindar ayuda, no necesito nada cambio de ello, son tiempos difíciles y soy consciente de ello.- Argumentó el zorro con esa calma serena, lo que hacía convencer aún más a aquellos guardias. Aún así, hicieron llamar a alguien que estaba algo más por encima de sus competencias. Explicaron el caso del nuevo extranjero y este, con gesto enjuto, hizo una afirmación con la cabeza. Superior: -Te tendremos echado el ojo, no es que pases precisamente desapercibido. Hay una posada en el centro de la población donde también podrán atender a tu caballo. Bienvenido...- Dijo aquel hombre corpulento y de voz profunda. Kazuo suspiró con algo de alivio. Una cama sonaba bien después de tantos días a la intemperie. Finalmente los grandes portones se abrieron, dando paso al joven y exótico sanador recién llegado a la ciudad. Las noticias no tardarían en hacerse eco entre las tertulias matutinas.
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  • - No creo que sea el único que tenga un sueño de ayudar a todos los que pueda, de proteger a quienes amo. . . Y tener la posibilidad de mirar todas las películas de acción del mundo.
    - No creo que sea el único que tenga un sueño de ayudar a todos los que pueda, de proteger a quienes amo. . . Y tener la posibilidad de mirar todas las películas de acción del mundo.
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  • Debería llamar a Saltzman. Quizás él sepa cómo.... Bueno, puede que sepa algo que me sirva de ayuda... Es el mayor experto en el mundo sobrenatural. Irónico, pero cierto.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
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  • Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada.

    Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor.

    Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón.

    Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado.

    ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
    Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada. Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor. Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón. Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado. ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
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  • Thamyr
    Categoría Original
    ╰─── Fiadh ˢᵉˡᵏⁱᵉ

    ────────── ☼ ──────────

    En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis.

    Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros.

    Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta.

    Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez.

    Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo.

    Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
    ╰─── [Fiadh_Selkie] ────────── ☼ ────────── En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis. Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros. Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta. Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez. Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo. Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
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  • Entre olas y cócteles
    Fandom Hellaverse Crossover
    Categoría Otros
    En un "humilde" intento de ayudar a su pequeña manzanita con las actividades del hotel y toda esa parafernalia infernal de la que necesitaban escapar por lo menos 1 vez cada tanto tiempo, se tomó la libertad de organizar un día de playa en el mundo humano.

    No era secreto que, entre las playas más hermosas, Cancún-México era de envidiar y, justamente ahí, su aventura comenzaría en Isla Mujeres.

    Un enorme portal se abrió para dejar paso a la arena blanca y fina, casi como la nieve, un agua tan azul pero cristalina a la vez que parecía fundirse perfectamente con el cielo y no saber donde empezaba cada uno, el oleaje suave, el aroma salado del mar y la fresca brisa que perfectamente armonizaba con el calor a su alrededor.

    —¡Muy bien, todos! ¿Listos para un fin de semana playero?~

    Claro, él no era el mejor anfitrión y eso se notaba a leguas, pero el esfuerzo y deseo por hacer de esos días algo maravilloso estaba presente.
    Para su suerte, la temporada del año no dejaba a demasiados turistas humanos alrededor, por lo que estaban seguros al ser demonios venidos del infierno, pero eso no quitaba un posible encontronazo.

    ¿Quién sabe? Quizá no solamente humanos, también otro tipo de criaturas que hayan decidido llegar a vacacionar como ellos.
    En un "humilde" intento de ayudar a su pequeña manzanita con las actividades del hotel y toda esa parafernalia infernal de la que necesitaban escapar por lo menos 1 vez cada tanto tiempo, se tomó la libertad de organizar un día de playa en el mundo humano. No era secreto que, entre las playas más hermosas, Cancún-México era de envidiar y, justamente ahí, su aventura comenzaría en Isla Mujeres. Un enorme portal se abrió para dejar paso a la arena blanca y fina, casi como la nieve, un agua tan azul pero cristalina a la vez que parecía fundirse perfectamente con el cielo y no saber donde empezaba cada uno, el oleaje suave, el aroma salado del mar y la fresca brisa que perfectamente armonizaba con el calor a su alrededor. —¡Muy bien, todos! ¿Listos para un fin de semana playero?~ Claro, él no era el mejor anfitrión y eso se notaba a leguas, pero el esfuerzo y deseo por hacer de esos días algo maravilloso estaba presente. Para su suerte, la temporada del año no dejaba a demasiados turistas humanos alrededor, por lo que estaban seguros al ser demonios venidos del infierno, pero eso no quitaba un posible encontronazo. ¿Quién sabe? Quizá no solamente humanos, también otro tipo de criaturas que hayan decidido llegar a vacacionar como ellos.
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  • Blanca y amarilla. Ambas redondas. Una es dos veces al día, la otra solo uno. Llevaba demasiado tiempo con ambas y no lograban hacer el efecto acordado.

    —Te sentirás somnolienta, quizás tu mente trabaje más lento y tengas movimientos algo torpes. La Quetiapina debes tomarla solamente cuando vayas a dormir porque te va a causar mucho sueño, ¿de acuerdo? —eso fue lo que el doctor le dijo la primera vez que le fueron recetadas las pastillas. En ese entonces eran dosis más bajas, pero ni siquiera al subirlas o cambiarles los compuestos sirvieron para disminuir sus alucinaciones.

    Estaba harta. No solo no prevenían sus ataques más intensos, si no que tampoco se sentía como le dijeron que iba a sentirse. Por el contrario, muchas veces estaba más alerta y el cansancio era causado más que nada por la falta de sueño al estar despierta la mayoría de las noches. Nunca lograba dormir ocho horas, ni siquiera dos que fueran de forma continua.

    La 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦 idea de tomar más de las indicadas a veces cruzaba su mente, pero terminaba con consecuencias graves, usualmente sangrado. En contadas ocasiones fueron desmayos repentinos luego de varias horas de haberlas tomado.

    Justo en ese momento había comenzado a sangrar su nariz y, al toser, también salió un poco de sangre por su boca. Iba a tener que llamar al trabajo para tomarse esa noche, adelantándose al posible hecho que podría caer inconsciente.

    Quiso llamar a su tío para que estuviera con ella en ese caso, pero sabía que él no iba a responder o, en el mejor de los casos, desacreditaría la urgencia y le diría que estaba exagerando. En momentos así deseaba tener a alguien a quien acudir por ayuda, por refugio, pero no tenía a nadie.

    En todo caso, iba a tener que avisar que le cambien las recetas... o quizá debía cambiar de doctor... 𝙤𝙩𝙧𝙖 𝙫𝙚𝙯. Tal vez no sería mala idea empezar a buscar, aunque ya se conocía a varios.
    Blanca y amarilla. Ambas redondas. Una es dos veces al día, la otra solo uno. Llevaba demasiado tiempo con ambas y no lograban hacer el efecto acordado. —Te sentirás somnolienta, quizás tu mente trabaje más lento y tengas movimientos algo torpes. La Quetiapina debes tomarla solamente cuando vayas a dormir porque te va a causar mucho sueño, ¿de acuerdo? —eso fue lo que el doctor le dijo la primera vez que le fueron recetadas las pastillas. En ese entonces eran dosis más bajas, pero ni siquiera al subirlas o cambiarles los compuestos sirvieron para disminuir sus alucinaciones. Estaba harta. No solo no prevenían sus ataques más intensos, si no que tampoco se sentía como le dijeron que iba a sentirse. Por el contrario, muchas veces estaba más alerta y el cansancio era causado más que nada por la falta de sueño al estar despierta la mayoría de las noches. Nunca lograba dormir ocho horas, ni siquiera dos que fueran de forma continua. La 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦 idea de tomar más de las indicadas a veces cruzaba su mente, pero terminaba con consecuencias graves, usualmente sangrado. En contadas ocasiones fueron desmayos repentinos luego de varias horas de haberlas tomado. Justo en ese momento había comenzado a sangrar su nariz y, al toser, también salió un poco de sangre por su boca. Iba a tener que llamar al trabajo para tomarse esa noche, adelantándose al posible hecho que podría caer inconsciente. Quiso llamar a su tío para que estuviera con ella en ese caso, pero sabía que él no iba a responder o, en el mejor de los casos, desacreditaría la urgencia y le diría que estaba exagerando. En momentos así deseaba tener a alguien a quien acudir por ayuda, por refugio, pero no tenía a nadie. En todo caso, iba a tener que avisar que le cambien las recetas... o quizá debía cambiar de doctor... 𝙤𝙩𝙧𝙖 𝙫𝙚𝙯. Tal vez no sería mala idea empezar a buscar, aunque ya se conocía a varios.
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