• 𝐸𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑦 𝑦𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜... 𝑀𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑜𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑌𝑜𝑟𝑘, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑗𝑢𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒, 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒𝑠, 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑟𝑒𝑡𝑜 𝑦 𝑒𝑙 𝑟𝑢𝑖𝑑𝑜, 𝑠𝑖 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑜 𝑢𝑛 𝑟𝑎𝑡𝑜, 𝑚𝑒 𝑚𝑎𝑟𝑐ℎ𝑖𝑡𝑜. 𝑉𝑒𝑛𝑖𝑟 𝑎𝑞𝑢í 𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢é𝑠 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑐𝑖ó𝑛 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑í𝑎𝑠 𝑒𝑛𝑡𝑒𝑟𝑜𝑠 𓂃 𓈒𓏸‪‪
    𝐸𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑦 𝑦𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜... 𝑀𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑜𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑌𝑜𝑟𝑘, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑗𝑢𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒, 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒𝑠, 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑟𝑒𝑡𝑜 𝑦 𝑒𝑙 𝑟𝑢𝑖𝑑𝑜, 𝑠𝑖 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑜 𝑢𝑛 𝑟𝑎𝑡𝑜, 𝑚𝑒 𝑚𝑎𝑟𝑐ℎ𝑖𝑡𝑜. 𝑉𝑒𝑛𝑖𝑟 𝑎𝑞𝑢í 𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢é𝑠 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑐𝑖ó𝑛 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑í𝑎𝑠 𝑒𝑛𝑡𝑒𝑟𝑜𝑠 𓂃 𓈒𓏸‪‪
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛
    𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 2
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛

    - Enlace a la primera parte: https://ficrol.com/posts/384471

    El primer crujido no fue un estruendo, sino un susurro seco y desgarrador como el de una hoja de papel que se rasga de arriba abajo. El zumbido sónico alcanzó una frecuencia tan aguda que el manto de terciopelo negro del cielo comenzó a deshilacharse en hilos de sombra pura, cayendo sobre la superficie del agua dulce como ceniza de una hoguera extinta.

    La fisura roja se ensanchó, transformándose en una cicatriz líquida que dividió el espacio en dos. Para ambas criaturas romper esa barrera significó un dolor tan intenso y despiadado que lo innombrable rápidamente se asimiló: Anunaki sintió el frío aplastante del fondo marino morder sus patas de humo; Apzu experimentó la desgarradora asfixia del aire seco y el peso de una gravedad que no sabía cómo sostener su cuerpo.

    Sin embargo, ninguno de los dos retrocedió. Las frentes permanecieron unidas mientras la barrera invisible se deshacía entre ambos en astillas de luz escarlata, flotando en el aire como luciérnagas moribundas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    El Primer y Último Tacto
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El encuentro físico fue una combustión silenciosa de texturas imposibles. El pelaje de humo suspendido de Anunaki se entrelazó con los hilos de plata de Apzu, creando un torbellino de destellos grises y metalizados que desafiaba la lógica del nexo. Las lágrimas de oro viejo de la criatura terrestre se mezclaron con las burbujas de azul helado del habitante del reverso, tiñendo el agua de un color violeta inédito.

    No siendo eso suficiente, ninguno de los dos encontró la salvación en su abrazo, atravesando una violenta confirmación de esa incompatibilidad narrativa que arrastraban consigo. Se dieron cuenta que al ocupar la misma coordenada física, sus esencias empezarían a repelerse; reaccionando de forma destructiva y apabullante.

    Allí sus siluetas, hermosas pero condenadas, comenzaron a transformarse en piedra desde las extremidades. La misma regla que los había mantenido separados ahora cobraba su precio, convirtiendo su carne en el mismo material rígido del espejo que acababan de romper. Se estaban transformando en la prisión de la que intentaban escapar.

    Ahora, cabe recalcar, querido lector, que desde el margen del escenario noté como mi pluma estilográfica tembló entre mis dedos. El manuscrito estaba absorbiendo una presión insoportable; las palabras en mi cuaderno se amontonaron, borrosas, manchadas por el colapso de sus dos líneas de existencia.

    Por supuesto que, como bien habrás pensado, yo pude haberlo evitado desde un principio. Pude haber tachado la fisura con un trazo rápido de mi tinta fucsia, rebobinando el tiempo para devolver a Anunaki a su superficie solitaria y a Apzu a su abismo profundo, salvando sus vidas a cambio de restaurar su condena a la distancia. Pero el verdadero drama aborrece la cobardía de los editores que prefieren la seguridad de un desarrollo monótono sobre la belleza de un clímax perfecto.

    Así que dejé que el cristal terminara su trabajo.

    Sus frentes permanecieron unidas y sus miradas se clavaron la una en la otra por última vez mientras el proceso se completaba. En mitad del lago, allí donde la grieta roja finalmente se cerró con un último suspiro de vapor, quedó una única estructura: una estatua perfecta, translúcida y eterna, de dos criaturas unidas en un abrazo imposible de romper.

    El cielo recuperó su calma oscura y el agua volvió a ser una superficie inflexible. Sin embargo, el lugar ya no estaba vacío. Ahora, cualquiera que camine por este rincón y mire el fondo del espejo líquido, ya no verá su propio reflejo; verá la silueta de los amantes que prefirieron volverse piedra antes que seguir viviendo separados por el grosor de una página.
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 2 𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 - Enlace a la primera parte: https://ficrol.com/posts/384471 El primer crujido no fue un estruendo, sino un susurro seco y desgarrador como el de una hoja de papel que se rasga de arriba abajo. El zumbido sónico alcanzó una frecuencia tan aguda que el manto de terciopelo negro del cielo comenzó a deshilacharse en hilos de sombra pura, cayendo sobre la superficie del agua dulce como ceniza de una hoguera extinta. La fisura roja se ensanchó, transformándose en una cicatriz líquida que dividió el espacio en dos. Para ambas criaturas romper esa barrera significó un dolor tan intenso y despiadado que lo innombrable rápidamente se asimiló: Anunaki sintió el frío aplastante del fondo marino morder sus patas de humo; Apzu experimentó la desgarradora asfixia del aire seco y el peso de una gravedad que no sabía cómo sostener su cuerpo. Sin embargo, ninguno de los dos retrocedió. Las frentes permanecieron unidas mientras la barrera invisible se deshacía entre ambos en astillas de luz escarlata, flotando en el aire como luciérnagas moribundas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El Primer y Último Tacto ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El encuentro físico fue una combustión silenciosa de texturas imposibles. El pelaje de humo suspendido de Anunaki se entrelazó con los hilos de plata de Apzu, creando un torbellino de destellos grises y metalizados que desafiaba la lógica del nexo. Las lágrimas de oro viejo de la criatura terrestre se mezclaron con las burbujas de azul helado del habitante del reverso, tiñendo el agua de un color violeta inédito. No siendo eso suficiente, ninguno de los dos encontró la salvación en su abrazo, atravesando una violenta confirmación de esa incompatibilidad narrativa que arrastraban consigo. Se dieron cuenta que al ocupar la misma coordenada física, sus esencias empezarían a repelerse; reaccionando de forma destructiva y apabullante. Allí sus siluetas, hermosas pero condenadas, comenzaron a transformarse en piedra desde las extremidades. La misma regla que los había mantenido separados ahora cobraba su precio, convirtiendo su carne en el mismo material rígido del espejo que acababan de romper. Se estaban transformando en la prisión de la que intentaban escapar. Ahora, cabe recalcar, querido lector, que desde el margen del escenario noté como mi pluma estilográfica tembló entre mis dedos. El manuscrito estaba absorbiendo una presión insoportable; las palabras en mi cuaderno se amontonaron, borrosas, manchadas por el colapso de sus dos líneas de existencia. Por supuesto que, como bien habrás pensado, yo pude haberlo evitado desde un principio. Pude haber tachado la fisura con un trazo rápido de mi tinta fucsia, rebobinando el tiempo para devolver a Anunaki a su superficie solitaria y a Apzu a su abismo profundo, salvando sus vidas a cambio de restaurar su condena a la distancia. Pero el verdadero drama aborrece la cobardía de los editores que prefieren la seguridad de un desarrollo monótono sobre la belleza de un clímax perfecto. Así que dejé que el cristal terminara su trabajo. Sus frentes permanecieron unidas y sus miradas se clavaron la una en la otra por última vez mientras el proceso se completaba. En mitad del lago, allí donde la grieta roja finalmente se cerró con un último suspiro de vapor, quedó una única estructura: una estatua perfecta, translúcida y eterna, de dos criaturas unidas en un abrazo imposible de romper. El cielo recuperó su calma oscura y el agua volvió a ser una superficie inflexible. Sin embargo, el lugar ya no estaba vacío. Ahora, cualquiera que camine por este rincón y mire el fondo del espejo líquido, ya no verá su propio reflejo; verá la silueta de los amantes que prefirieron volverse piedra antes que seguir viviendo separados por el grosor de una página.
    0 turnos 0 maullidos
  • "𝑵𝒐 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆𝒎𝒐𝒔𝒕𝒓𝒂𝒓𝒍𝒆 𝒏𝒂𝒅𝒂 𝒂 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒅𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒏𝒐 𝒗𝒆𝒓𝒕𝒆"
    —𝒜𝒾𝒹ℯ𝓃

    "𝑺𝒊 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒏𝒐 𝒔𝒆 𝒂𝒃𝒓𝒆, 𝒅𝒆𝒓𝒓𝒊𝒃𝒂𝒍𝒂"
    —ℋ𝒾𝓂𝒶𝓇𝒾

    "𝑵𝒐 𝒔𝒆 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆𝒓 𝒆𝒙𝒕𝒓𝒂𝒐𝒓𝒅𝒊𝒏𝒂𝒓𝒊𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒓𝒂𝒏"
    —𝒮𝓊𝓰𝒾𝓂ℴ𝓉ℴ

    "𝑫𝒐𝒏𝒅𝒆 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒅𝒆𝒄𝒆𝒑𝒄𝒊𝒐𝒏, 𝒎𝒊𝒔 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒖𝒏𝒂 𝒐𝒃𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒓𝒕𝒆"


    #LinajePendragon
    "𝑵𝒐 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆𝒎𝒐𝒔𝒕𝒓𝒂𝒓𝒍𝒆 𝒏𝒂𝒅𝒂 𝒂 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒅𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒏𝒐 𝒗𝒆𝒓𝒕𝒆" —𝒜𝒾𝒹ℯ𝓃 "𝑺𝒊 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒏𝒐 𝒔𝒆 𝒂𝒃𝒓𝒆, 𝒅𝒆𝒓𝒓𝒊𝒃𝒂𝒍𝒂" —ℋ𝒾𝓂𝒶𝓇𝒾 "𝑵𝒐 𝒔𝒆 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆𝒓 𝒆𝒙𝒕𝒓𝒂𝒐𝒓𝒅𝒊𝒏𝒂𝒓𝒊𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒓𝒂𝒏" —𝒮𝓊𝓰𝒾𝓂ℴ𝓉ℴ "𝑫𝒐𝒏𝒅𝒆 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒅𝒆𝒄𝒆𝒑𝒄𝒊𝒐𝒏, 𝒎𝒊𝒔 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒖𝒏𝒂 𝒐𝒃𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒓𝒕𝒆" #LinajePendragon
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    𝗜𝗻𝘀𝘁𝗮𝗴𝗿𝗮𝗺 𝗣𝗼𝘀𝘁 @ ThxTurner

    Estoy enamorada del conjunto completo y también del bolso
    𝗜𝗻𝘀𝘁𝗮𝗴𝗿𝗮𝗺 𝗣𝗼𝘀𝘁 @ ThxTurner Estoy enamorada del conjunto completo y también del bolso
    Me encocora
    6
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    SHINJIRO ARAGAKI

    𝗔 𝘃𝗲𝗰𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿 𝗮𝗹 𝗷𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗵𝗮𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗮𝗹𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝘂𝗻𝗮𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝘀
    SHINJIRO ARAGAKI 𝗔 𝘃𝗲𝗰𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿 𝗮𝗹 𝗷𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗵𝗮𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗮𝗹𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝘂𝗻𝗮𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝘀
    Me encocora
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • «Eso es lo cruel de las notas», pensó.

    En la librería donde trabajaba, había una sección de libros de segunda mano. Revisando un tomo de páginas gastadas, encontró una anotación a lápiz en el margen inferior, que decía:

    "𝘛𝘦 𝘥𝘦𝘥𝘪𝘤𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘱𝘢𝘨𝘪𝘯𝘢, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳𝘵𝘦𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦". No habían nombres. No había más nota que esa.

    ¿Lo habrá leído alguna vez la persona a la que iba dirigido? ¿O el libro terminó en el estante de usados justamente porque quien debía recibirlo nunca entendió la señal? ¿Se la dedicó en un arranque de valentía, o fue solo un ensayo mudo, un desahogo escrito a sabiendas de que se quedaríaa atrapado en el papel?

    «...Si, las notas al margen siempre dejan preguntas que quién las escribió ya no va a responder.»
    «Eso es lo cruel de las notas», pensó. En la librería donde trabajaba, había una sección de libros de segunda mano. Revisando un tomo de páginas gastadas, encontró una anotación a lápiz en el margen inferior, que decía: "𝘛𝘦 𝘥𝘦𝘥𝘪𝘤𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘱𝘢𝘨𝘪𝘯𝘢, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳𝘵𝘦𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦". No habían nombres. No había más nota que esa. ¿Lo habrá leído alguna vez la persona a la que iba dirigido? ¿O el libro terminó en el estante de usados justamente porque quien debía recibirlo nunca entendió la señal? ¿Se la dedicó en un arranque de valentía, o fue solo un ensayo mudo, un desahogo escrito a sabiendas de que se quedaríaa atrapado en el papel? «...Si, las notas al margen siempre dejan preguntas que quién las escribió ya no va a responder.»
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • ‎ 𝕽𝖚𝖎𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖈𝖆𝖇𝖆𝖓̃𝖆 𝖆𝖇𝖆𝖓𝖉𝖔𝖓𝖆𝖉𝖆 (𝕰𝖕𝝸́𝖑𝖔𝖌𝖔)



    ‎𝟻 𝚊𝚗̃𝚘𝚜 𝚊𝚝𝚛𝚊́𝚜...




    ‎ * Eᥣ sιᥣᥱᥒᥴιo rᥱgrᥱsó ᥲ ᥣᥲs rᥙιᥒᥲs dᥱ ᥣᥲ ᥴᥲbᥲᥒ̃ᥲ, ιᥒtᥱrrᥙmριdo ᥙ́ᥒιᥴᥲmᥱᥒtᥱ ρor ᥱᥣ rᥱριqᥙᥱtᥱo dᥱ ᥣᥲ tormᥱᥒtᥲ ᥴoᥒtrᥲ ᥣᥲs tᥲbᥣᥲs ᥴᥲᥣᥴιᥒᥲdᥲs. Lᥲ botᥲ rᥱforzᥲdᥲ dᥱᥣ Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι sᥱ hᥙᥒdιó ᥱᥒ ᥱᥣ fᥲᥒgo dᥱᥣ ιᥒtᥱrιor, ᥲρᥲrtᥲᥒdo ᥙᥒᥲ ρᥱsᥲdᥲ vιgᥲ dᥱ soρortᥱ ᥴoᥒ ᥙᥒ movιmιᥱᥒto ᥴᥲsι dιsρᥣιᥴᥱᥒtᥱ dᥱ sᥙ ριᥱrᥒᥲ. Sᥱ ιᥒᥴᥣιᥒó sobrᥱ ᥱᥣ ᥱstrᥱᥴho hᥙᥱᥴo dᥱ ᥣᥲ mᥱsᥲ dᥱ robᥣᥱ; ᥣos vιsorᥱs osᥴᥙros dᥱ sᥙ ᥴᥲsᥴo, ρor doᥒdᥱ ᥲρᥱᥒᥲs sᥱ ᥲdιvιᥒᥲbᥲ ᥱᥣ brιᥣᥣo dᥱ sᥙs ojos, sᥱ fιjᥲroᥒ ᥱᥒ ᥣᥲ sιᥣᥙᥱtᥲ dᥱᥣ ᥴᥲzᥲdor ιᥒᥴoᥒsᥴιᥱᥒtᥱ *



    ‎ — Tᥱ ᥱᥒᥴoᥒtrᥱ́... —Artιᥴᥙᥣó ᥱᥣ gᥙᥱrrᥱro. Sᥙ voz, fιᥣtrᥲdᥲ ρor ᥱᥣ modᥙᥣᥲdor dᥱᥣ ᥴᥲsᥴo, ᥴᥲrᥱᥴίᥲ dᥱ ᥴᥙᥲᥣqᥙιᥱr rᥲstro dᥱ ᥱmρᥲtίᥲ hᥙmᥲᥒᥲ



    ‎ * Eᥣ qᥙᥱ ρᥲrᥱᥴίᥲ ᥙᥒ ᥲᥙtómᥲtᥲ dᥱ ᥣᥲ Igᥣᥱsιᥲ rᥱᥲᥣιzó ᥙᥒ ᥱsᥴᥲᥒᥱo mᥱᥒtᥲᥣ rᥲ́ριdo dᥱ ᥣᥲ sιtᥙᥲᥴιóᥒ. Eᥣ ᥱsᥣovᥲᥴo ρrᥱsᥱᥒtᥲbᥲ sιgᥒos ᥱvιdᥱᥒtᥱs dᥱ shoᥴk hιρovoᥣᥱ́mιᥴo ყ trᥲᥙmᥲ sᥱvᥱro ρor ᥱᥣ ᥴoᥣᥲρso ᥱstrᥙᥴtᥙrᥲᥣ. No hᥲbίᥲ tιᥱmρo qᥙᥱ ρᥱrdᥱr; ᥣᥲ mᥲᥒιobrᥲ dᥱ ᥱxtrᥲᥴᥴιóᥒ dᥱbίᥲ ᥴomᥱᥒzᥲr dᥱ ιᥒmᥱdιᥲto.
    ‎Coᥒ ᥙᥒᥲ fᥙᥱrzᥲ sobrᥱhᥙmᥲᥒᥲ, ᥱᥣ ᥴoᥣoso tomó ᥲ Eᥣιjᥲh ᥱᥒ brᥲzos, ᥲᥴomodᥲ́ᥒdoᥣo ᥴoᥒtrᥲ sᥙ ᥴorᥲzᥲ dᥱ ᥲᥣᥱᥲᥴιóᥒ ᥴomo sι fᥙᥱrᥲ ᥙᥒ fᥲrdo sᥙmᥲmᥱᥒtᥱ ᥣιgᥱro. Aᥒtᥱs dᥱ dᥲrsᥱ ᥣᥲ vᥙᥱᥣtᥲ, sᥙs ojos ᥱsᥴᥙdrιᥒ̃ᥲroᥒ ᥣos rᥱstos dᥱ ᥣᥲ ᥴoᥴιᥒᥲ. Eᥣ ρᥲtróᥒ dᥱ dιsρᥱrsιóᥒ dᥱ ᥣos ᥴᥲsqᥙιᥣᥣos ყ ᥣos ᥲ́ᥒgᥙᥣos dᥱ ᥱᥒtrᥲdᥲ ᥱᥒ ᥣos ᥴᥙᥱrρos dᥱ ᥣos mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos ᥒo ᥱᥒᥴᥲjᥲbᥲᥒ ᥱᥒ ᥲbsoᥣᥙto ᥴoᥒ ᥱᥣ ᥲrsᥱᥒᥲᥣ o ᥣᥲ ρosιᥴιóᥒ dᥱ Vίtkov. Hᥲbίᥲ ᥙᥒᥲ vᥲrιᥲbᥣᥱ ᥱvιdᥱᥒtᥱ. Aᥣgᥙιᥱᥒ mᥲ́s hᥲbίᥲ ᥱstᥲdo ᥲᥣᥣί, ᥲᥣgᥙιᥱᥒ sᥙmᥲmᥱᥒtᥱ ᥱfιᥴιᥱᥒtᥱ, ρᥱro ᥒᥲdᥲ ᥱsᥴᥣᥲrᥱᥴίᥲ sᥙ ιdᥱᥒtιdᥲd; ιᥒᥴᥣᥙso ᥣos mιsmos mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos ᥱstᥲbᥲᥒ dᥱsρrovιstos dᥱ ιdᥱᥒtιfιᥴᥲᥴιoᥒᥱs gᥙbᥱrᥒᥲmᥱᥒtᥲᥣᥱs o rᥱgιstros dᥱ fᥲᥴᥴιoᥒᥱs ᥴoᥒoᥴιdᥲs, sιᥒ ᥣᥙgᥲr ᥲ dᥙdᥲs, ᥱᥒ ᥱsᥱ ρᥱrίmᥱtro sᥱ hᥲbίᥲ ρrodᥙᥴιdo ᥙᥒ ᥴoᥒtᥲᥴto ᥲᥒómᥲᥣo. Sιᥒ ᥱmbᥲrgo, trᥲs ᥲᥒᥲᥣιzᥲr ᥱᥣ ᥱᥒtorᥒo, ᥱᥣ Gᥣᥲdιᥙs dᥱsᥴᥲrtó ᥲmᥱᥒᥲzᥲs ᥴoᥣᥲtᥱrᥲᥣᥱs ιᥒmᥱdιᥲtᥲs. Lo óρtιmo ᥱrᥲ rᥱgrᥱsᥲr ᥲᥣ ρᥙᥒto dᥱ rᥱρᥣιᥱgᥙᥱ ყ fᥙᥱ ρor ᥱso mιsmo qᥙᥱ ᥱᥣ gᥙᥱrrᥱro sᥲᥒto sᥱ ᥲᥣᥱjó ᥲ zᥲᥒᥴᥲdᥲs vᥱᥣoᥴᥱs, ᥴoᥒfιᥲᥒdo ᥴιᥱgᥲmᥱᥒtᥱ ᥱᥒ ᥱᥣ ᥲᥴᥱro ყ ᥣᥲ fᥱ dᥱᥣ hᥱrmᥲᥒo dᥱ ᥲrmᥲs qᥙᥱ sᥱ hᥲbίᥲ ιᥒtᥱrᥒᥲdo ᥱᥒ ᥣᥲ ᥱsρᥱsᥙrᥲ. Eᥣ sᥙjᥱto ᥲsᥙmίᥲ qᥙᥱ, ᥲ ᥱsᥲs ᥲᥣtᥙrᥲs, ᥱᥣ sᥙbdᥱρrᥱdᥲdor ყᥲ dᥱbίᥲ ᥱstᥲr sιᥱᥒdo ᥱᥣιmιᥒᥲdo... Pᥱro ᥒo ρodίᥲ ᥱstᥲr mᥲ́s ᥱqᥙιvoᥴᥲdo


    ‎ A ᥙᥒ kιᥣómᥱtro dᥱ ᥲᥣᥣί, ᥱᥒ ᥱᥣ ᥴorᥲzóᥒ mᥲ́s dᥱᥒso dᥱᥣ bosqᥙᥱ, ᥣᥲ rᥱᥲᥣιdᥲd ᥱrᥲ dᥱρᥣorᥲbᥣᥱ. Eᥣ sᥱgᥙᥒdo Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι sᥱ ᥲrrᥲstrᥲbᥲ ρor ᥱᥣ ᥣodo, dᥱjᥲᥒdo ᥙᥒ sᥙrᥴo ᥱsρᥱso dᥱ fᥣᥙιdos vιtᥲᥣᥱs ᥲ sᥙ ρᥲso. Sᥙ ᥲrmᥲdᥙrᥲ, ᥲᥒtᥱs ιmρoᥒᥱᥒtᥱ, ρrᥱsᥱᥒtᥲbᥲ ρᥣᥲᥴᥲs hᥙᥒdιdᥲs ყ dᥱsgᥲrrᥲdᥲs ρor ιmρᥲᥴtos dᥱ ᥙᥒᥲ fᥙᥱrzᥲ dᥱsᥴomᥙᥒᥲᥣ. Dᥱ ᥣᥲ rᥱjιᥣᥣᥲ dᥱ sᥙ ᥴᥲsᥴo ᥱsᥴᥙrrίᥲ ᥙᥒ hιᥣo ᥴoᥒstᥲᥒtᥱ dᥱ sᥲᥒgrᥱ ᥒᥱgrᥲ ყ ᥱsρᥙmosᥲ. Dᥱtrᥲ́s dᥱ ᥱ́ᥣ, ᥱᥣ ᥴrᥙjιdo dᥱ ᥣᥲs hojᥲs sᥱᥴᥲs mᥲrᥴᥲbᥲ ᥙᥒ rιtmo ρᥲᥙsᥲdo, ᥴᥲsι ᥱᥣᥱgᥲᥒtᥱ.
    ‎Uᥒ borróᥒ ᥒᥱgro sᥱ mᥲtᥱrιᥲᥣιzó frᥱᥒtᥱ ᥲᥣ gᥙᥱrrᥱro ᥴᥲίdo. Aᥒtᥱs dᥱ qᥙᥱ ᥱᥣ ᥴᥲzᥲdor ρᥙdιᥱrᥲ ᥲᥣzᥲr sᥙ mᥲᥒo ᥱᥒgᥙᥲᥒtᥲdᥲ ᥱᥒ ᥙᥒ ᥙ́ᥣtιmo ιᥒtᥱᥒto dᥱ dᥱfᥱᥒsᥲ, ᥙᥒᥲ ρᥲtᥲdᥲ ᥣᥲtᥱrᥲᥣ ιmρᥲᥴtó ᥴoᥒtrᥲ sᥙ mᥱᥒtóᥒ ᥴoᥒ ᥣᥲ ρotᥱᥒᥴιᥲ dᥱ ᥙᥒ ριstóᥒ hιdrᥲ́ᥙᥣιᥴo. Eᥣ ᥴᥲsᥴo sᥲᥣιó dᥱsρᥱdιdo, ρᥱrdιᥱ́ᥒdosᥱ ᥱᥒ ᥣᥲ mᥲᥣᥱzᥲ. Lᥲ ᥣᥙz dᥱ ᥙᥒ rᥱᥣᥲ́mρᥲgo rᥱvᥱᥣó ᥱᥣ rostro oᥴᥙᥣto: ᥙᥒ hombrᥱ dᥱ ᥙᥒos ᥴιᥒᥴᥙᥱᥒtᥲ ᥲᥒ̃os, dᥱ fᥲᥴᥴιoᥒᥱs dᥙrᥲs ყ ᥴᥲbᥱᥣᥣo ᥴᥲᥒo, ᥴᥙყos ojos ιᥒყᥱᥴtᥲdos ᥱᥒ sᥲᥒgrᥱ rᥱfᥣᥱjᥲbᥲᥒ ᥙᥒᥲ tᥱrrιbᥣᥱ vᥱrdᥲd. Frᥱᥒtᥱ ᥲ ᥱ́ᥣ, ᥱᥣ sᥙρᥱrdᥱρrᥱdᥲdor ყᥲ ᥒo ᥣᥙᥴίᥲ ᥣᥲs ᥲᥣᥲs ᥲbᥱrrᥲᥒtᥱs ᥒι ᥣᥲs gᥲrrᥲs dᥱ osᥲmᥱᥒtᥲ. Hᥲbίᥲ rᥱgrᥱsᥲdo ᥲ sᥙ formᥲ ᥲᥒᥲtómιᥴᥲ ρrᥱfᥱrιdᥲ: ᥙᥒ jovᥱᥒ dᥱ ᥒo mᥲ́s dᥱ vᥱιᥒtι tᥲᥒtos ᥲᥒ̃os, dᥱ ρortᥱ ᥲrιstoᥴrᥲ́tιᥴo ყ ριᥱᥣ dᥱ ρorᥴᥱᥣᥲᥒᥲ, ᥲᥙᥒqᥙᥱ ᥱᥒ sᥙs vᥱᥒᥲs ᥴorrιᥱrᥲᥒ mᥲ́s dᥱ sᥱιs sιgᥣos dᥱ osᥴᥙrιdᥲd. Eᥣ vᥲmριro sᥱ ᥣιmριó ᥙᥒᥲ motᥲ dᥱ ρoᥣvo dᥱ ᥣᥲ soᥣᥲρᥲ ᥴoᥒ ᥲbsoᥣᥙtᥲ ρᥲrsιmoᥒιᥲ *




    ‎ — Qᥙᥱ́ dᥱρrιmᥱᥒtᥱ... —Sιsᥱó ᥱᥣ ᥒo-mᥙᥱrto, ᥴᥙrvᥲᥒdo ᥣos ᥣᥲbιos ᥱᥒ ᥙᥒᥲ soᥒrιsᥲ dᥱsρrovιstᥲ dᥱ grᥲᥴιᥲ—. Eᥒ mιs ρrιmᥱros ᥲᥒ̃os, ᥲqᥙᥱᥣᥣos qᥙᥱ sᥱ hᥲᥴίᥲᥒ ᥣᥣᥲmᥲr "Lᥲ Esρᥲdᥲ dᥱ Dιos" jᥙstιfιᥴᥲbᥲᥒ mᥙყ bιᥱᥒ sᥙ tίtᥙᥣo. Erᥲᥒ vᥱrdᥲdᥱros tιtᥲᥒᥱs dᥱ ᥣᥲ Igᥣᥱsιᥲ. Ustᥱdᥱs, ᥱᥒ ᥴᥲmbιo, soᥒ... Dᥱᥴᥱρᥴιoᥒᥲᥒtᥱs. Aᥙᥒqᥙᥱ tᥱ ᥴoᥒᥴᥱdᥱrᥱ́ ᥱᥣ ᥴrᥱ́dιto dᥱ ᥴoᥒsᥱrvᥲr ᥙᥒ jᥙᥱgo dᥱ ριᥱrᥒᥲs bᥲstᥲᥒtᥱ dᥱᥴᥱᥒtᥱ



    ‎ * Eᥣ Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι ιᥒtᥱᥒtó voᥴᥲᥣιzᥲr ᥙᥒᥲ ᥣᥱtᥲᥒίᥲ, ρᥱro dᥱ sᥙ gᥲrgᥲᥒtᥲ soᥣo brotó ᥙᥒ borbotᥱo ᥱsρᥱso dᥱ sᥲᥒgrᥱ. Eᥣ vᥲmριro ᥣᥲdᥱó ᥣᥲ ᥴᥲbᥱzᥲ, dιvᥱrtιdo. Todo ᥣo ᥲᥒtᥱrιor hᥲbίᥲ sιdo ᥙᥒ tᥱᥲtro ρᥱrfᥱᥴtᥲmᥱᥒtᥱ ᥱjᥱᥴᥙtᥲdo. Nᥙᥒᥴᥲ ᥱstᥙvo ᥲᥴorrᥲᥣᥲdo. Hᥲbίᥲ ᥲdoρtᥲdo ᥲqᥙᥱᥣᥣᥲ formᥲ moᥒstrᥙosᥲ ყ fιᥒgιdo dᥱsᥱsρᥱrᥲᥴιóᥒ ρor ᥙᥒᥲ rᥲzóᥒ ρᥙrᥲmᥱᥒtᥱ ᥱstrᥲtᥱ́gιᥴᥲ: sι ᥣᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ ᥴrᥱίᥲ qᥙᥱ ᥙᥒ soᥣo ᥴomᥲᥒdo dᥱ Gᥣᥲdιᥙs ρodίᥲ dobᥣᥱgᥲrᥣo, ᥒo ᥱᥒvιᥲrίᥲᥒ ᥙᥒ ᥱjᥱ́rᥴιto ᥲ ᥣᥲ rᥱgιóᥒ ᥱsρᥱrᥲᥒdo ρᥙrgᥲrᥣo. Mᥲtᥲr ᥲ dos soᥣdᥲdos hᥱrιdos ᥱrᥲ fᥲ́ᥴιᥣ; sobrᥱvιvιr ᥲ ᥙᥒ ᥱsᥴᥙᥲdróᥒ dᥱ Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι ᥱᥒvιᥲdo ρor ᥱᥣ Cóᥒᥴᥣᥲvᥱ ᥒo ᥣo ᥱrᥲ. Estᥱ ρᥣᥲᥒ ᥣᥱ hᥲbίᥲ ᥴostᥲdo sᥙ orgᥙᥣᥣo —Pᥙᥱs dᥱtᥱstᥲbᥲ ᥣᥲ vᥙᥣgᥲrιdᥲd dᥱ sᥙ formᥲ bᥱstιᥲᥣ— ρᥱro ᥱᥣ ᥱᥒgᥲᥒ̃o hᥲbίᥲ ᥴᥙmρᥣιdo sᥙ ρroρósιto. Yᥲ ᥴᥲᥒsᥲdo dᥱᥣ jᥙᥱgo, ᥱᥣ vᥲmριro dᥱjó ᥴᥲᥱr sᥙ botᥲ sobrᥱ ᥱᥣ ᥴᥙᥱᥣᥣo dᥱsρrotᥱgιdo dᥱᥣ gᥙᥱrrᥱro. Eᥣ ᥴrᥙjιdo dᥱ ᥣᥲs vᥱ́rtᥱbrᥲs fᥙᥱ ᥣιmριo, sᥱᥴo, dᥱfιᥒιtιvo. Eᥣ moᥒstrᥙo ᥴᥱrró ᥣos ojos ᥙᥒ ιᥒstᥲᥒtᥱ, ᥲgᥙdιzᥲᥒdo sᥙs sᥱᥒtιdos hιρᥱrdᥱsᥲrroᥣᥣᥲdos. Hᥲᥴιᥲ ᥱᥣ ᥒortᥱ, ρodίᥲ ρᥱrᥴιbιr ᥲρᥱᥒᥲs ᥴomo ᥱᥣ otro Gᥣᥲdιᥙs sᥱ ᥲᥣᥱjᥲbᥲ ᥴoᥒ ᥱᥣ ιᥒsιgᥒιfιᥴᥲᥒtᥱ ᥴᥲzᥲdor. Por otro ᥣᥲdo, hᥲᥴιᥲ ᥱᥣ sᥙr, ᥣᥱ ᥣᥣᥱgᥲbᥲ ᥙᥒ rᥲstro sᥙtιᥣ dᥱ sᥲᥒgrᥱ frᥱsᥴᥲ ყ ᥙᥒᥲ dιstorsιóᥒ ᥱᥒ ᥱᥣ ᥲmbιᥱᥒtᥱ qᥙᥱ dᥱᥣᥲtᥲbᥲᥒ ᥣᥲ hᥙιdᥲ dᥱ ᥣᥲ ᥴhιᥴᥲ. Eᥣ vᥲmριro ᥱstιró ᥱᥣ ᥴᥙᥱᥣᥣo, soρᥱsᥲᥒdo sᥙs oρᥴιoᥒᥱs, ρᥱro fιᥒᥲᥣmᥱᥒtᥱ ᥱxhᥲᥣó ᥴoᥒ fᥲstιdιo. Yᥲ hᥲbίᥲ tᥱᥒιdo sᥙfιᥴιᥱᥒtᥱ ᥲᥴᥴιóᥒ ρor ᥙᥒᥲ bᥙᥱᥒᥲ tᥱmρorᥲdᥲ. Coᥒ ᥙᥒ gιro fᥣᥙιdo dᥱ sᥙ vᥱstιmᥱᥒtᥲ, sᥱ dᥱsvᥲᥒᥱᥴιó ᥱᥒtrᥱ ᥣos ᥲ́rboᥣᥱs, dᥱjᥲᥒdo qᥙᥱ ᥣᥲ ᥣᥣᥙvιᥲ ᥣᥲvᥲrᥲ ᥣᥲ hᥱrιdᥲ ᥲbιᥱrtᥲ ᥱᥒ ᥱᥣ orgᥙᥣᥣo dᥱ ᥣᥲ sᥲgrᥲdᥲ ιᥒstιtᥙᥴιóᥒ... *
    ‎ 𝕽𝖚𝖎𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖈𝖆𝖇𝖆𝖓̃𝖆 𝖆𝖇𝖆𝖓𝖉𝖔𝖓𝖆𝖉𝖆 (𝕰𝖕𝝸́𝖑𝖔𝖌𝖔) ‎ ‎ ‎ ‎𝟻 𝚊𝚗̃𝚘𝚜 𝚊𝚝𝚛𝚊́𝚜... ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ * Eᥣ sιᥣᥱᥒᥴιo rᥱgrᥱsó ᥲ ᥣᥲs rᥙιᥒᥲs dᥱ ᥣᥲ ᥴᥲbᥲᥒ̃ᥲ, ιᥒtᥱrrᥙmριdo ᥙ́ᥒιᥴᥲmᥱᥒtᥱ ρor ᥱᥣ rᥱριqᥙᥱtᥱo dᥱ ᥣᥲ tormᥱᥒtᥲ ᥴoᥒtrᥲ ᥣᥲs tᥲbᥣᥲs ᥴᥲᥣᥴιᥒᥲdᥲs. Lᥲ botᥲ rᥱforzᥲdᥲ dᥱᥣ Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι sᥱ hᥙᥒdιó ᥱᥒ ᥱᥣ fᥲᥒgo dᥱᥣ ιᥒtᥱrιor, ᥲρᥲrtᥲᥒdo ᥙᥒᥲ ρᥱsᥲdᥲ vιgᥲ dᥱ soρortᥱ ᥴoᥒ ᥙᥒ movιmιᥱᥒto ᥴᥲsι dιsρᥣιᥴᥱᥒtᥱ dᥱ sᥙ ριᥱrᥒᥲ. Sᥱ ιᥒᥴᥣιᥒó sobrᥱ ᥱᥣ ᥱstrᥱᥴho hᥙᥱᥴo dᥱ ᥣᥲ mᥱsᥲ dᥱ robᥣᥱ; ᥣos vιsorᥱs osᥴᥙros dᥱ sᥙ ᥴᥲsᥴo, ρor doᥒdᥱ ᥲρᥱᥒᥲs sᥱ ᥲdιvιᥒᥲbᥲ ᥱᥣ brιᥣᥣo dᥱ sᥙs ojos, sᥱ fιjᥲroᥒ ᥱᥒ ᥣᥲ sιᥣᥙᥱtᥲ dᥱᥣ ᥴᥲzᥲdor ιᥒᥴoᥒsᥴιᥱᥒtᥱ * ‎ ‎ ‎ ‎ — Tᥱ ᥱᥒᥴoᥒtrᥱ́... —Artιᥴᥙᥣó ᥱᥣ gᥙᥱrrᥱro. Sᥙ voz, fιᥣtrᥲdᥲ ρor ᥱᥣ modᥙᥣᥲdor dᥱᥣ ᥴᥲsᥴo, ᥴᥲrᥱᥴίᥲ dᥱ ᥴᥙᥲᥣqᥙιᥱr rᥲstro dᥱ ᥱmρᥲtίᥲ hᥙmᥲᥒᥲ ‎ ‎ ‎ ‎ * Eᥣ qᥙᥱ ρᥲrᥱᥴίᥲ ᥙᥒ ᥲᥙtómᥲtᥲ dᥱ ᥣᥲ Igᥣᥱsιᥲ rᥱᥲᥣιzó ᥙᥒ ᥱsᥴᥲᥒᥱo mᥱᥒtᥲᥣ rᥲ́ριdo dᥱ ᥣᥲ sιtᥙᥲᥴιóᥒ. Eᥣ ᥱsᥣovᥲᥴo ρrᥱsᥱᥒtᥲbᥲ sιgᥒos ᥱvιdᥱᥒtᥱs dᥱ shoᥴk hιρovoᥣᥱ́mιᥴo ყ trᥲᥙmᥲ sᥱvᥱro ρor ᥱᥣ ᥴoᥣᥲρso ᥱstrᥙᥴtᥙrᥲᥣ. No hᥲbίᥲ tιᥱmρo qᥙᥱ ρᥱrdᥱr; ᥣᥲ mᥲᥒιobrᥲ dᥱ ᥱxtrᥲᥴᥴιóᥒ dᥱbίᥲ ᥴomᥱᥒzᥲr dᥱ ιᥒmᥱdιᥲto. ‎Coᥒ ᥙᥒᥲ fᥙᥱrzᥲ sobrᥱhᥙmᥲᥒᥲ, ᥱᥣ ᥴoᥣoso tomó ᥲ Eᥣιjᥲh ᥱᥒ brᥲzos, ᥲᥴomodᥲ́ᥒdoᥣo ᥴoᥒtrᥲ sᥙ ᥴorᥲzᥲ dᥱ ᥲᥣᥱᥲᥴιóᥒ ᥴomo sι fᥙᥱrᥲ ᥙᥒ fᥲrdo sᥙmᥲmᥱᥒtᥱ ᥣιgᥱro. Aᥒtᥱs dᥱ dᥲrsᥱ ᥣᥲ vᥙᥱᥣtᥲ, sᥙs ojos ᥱsᥴᥙdrιᥒ̃ᥲroᥒ ᥣos rᥱstos dᥱ ᥣᥲ ᥴoᥴιᥒᥲ. Eᥣ ρᥲtróᥒ dᥱ dιsρᥱrsιóᥒ dᥱ ᥣos ᥴᥲsqᥙιᥣᥣos ყ ᥣos ᥲ́ᥒgᥙᥣos dᥱ ᥱᥒtrᥲdᥲ ᥱᥒ ᥣos ᥴᥙᥱrρos dᥱ ᥣos mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos ᥒo ᥱᥒᥴᥲjᥲbᥲᥒ ᥱᥒ ᥲbsoᥣᥙto ᥴoᥒ ᥱᥣ ᥲrsᥱᥒᥲᥣ o ᥣᥲ ρosιᥴιóᥒ dᥱ Vίtkov. Hᥲbίᥲ ᥙᥒᥲ vᥲrιᥲbᥣᥱ ᥱvιdᥱᥒtᥱ. Aᥣgᥙιᥱᥒ mᥲ́s hᥲbίᥲ ᥱstᥲdo ᥲᥣᥣί, ᥲᥣgᥙιᥱᥒ sᥙmᥲmᥱᥒtᥱ ᥱfιᥴιᥱᥒtᥱ, ρᥱro ᥒᥲdᥲ ᥱsᥴᥣᥲrᥱᥴίᥲ sᥙ ιdᥱᥒtιdᥲd; ιᥒᥴᥣᥙso ᥣos mιsmos mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos ᥱstᥲbᥲᥒ dᥱsρrovιstos dᥱ ιdᥱᥒtιfιᥴᥲᥴιoᥒᥱs gᥙbᥱrᥒᥲmᥱᥒtᥲᥣᥱs o rᥱgιstros dᥱ fᥲᥴᥴιoᥒᥱs ᥴoᥒoᥴιdᥲs, sιᥒ ᥣᥙgᥲr ᥲ dᥙdᥲs, ᥱᥒ ᥱsᥱ ρᥱrίmᥱtro sᥱ hᥲbίᥲ ρrodᥙᥴιdo ᥙᥒ ᥴoᥒtᥲᥴto ᥲᥒómᥲᥣo. Sιᥒ ᥱmbᥲrgo, trᥲs ᥲᥒᥲᥣιzᥲr ᥱᥣ ᥱᥒtorᥒo, ᥱᥣ Gᥣᥲdιᥙs dᥱsᥴᥲrtó ᥲmᥱᥒᥲzᥲs ᥴoᥣᥲtᥱrᥲᥣᥱs ιᥒmᥱdιᥲtᥲs. Lo óρtιmo ᥱrᥲ rᥱgrᥱsᥲr ᥲᥣ ρᥙᥒto dᥱ rᥱρᥣιᥱgᥙᥱ ყ fᥙᥱ ρor ᥱso mιsmo qᥙᥱ ᥱᥣ gᥙᥱrrᥱro sᥲᥒto sᥱ ᥲᥣᥱjó ᥲ zᥲᥒᥴᥲdᥲs vᥱᥣoᥴᥱs, ᥴoᥒfιᥲᥒdo ᥴιᥱgᥲmᥱᥒtᥱ ᥱᥒ ᥱᥣ ᥲᥴᥱro ყ ᥣᥲ fᥱ dᥱᥣ hᥱrmᥲᥒo dᥱ ᥲrmᥲs qᥙᥱ sᥱ hᥲbίᥲ ιᥒtᥱrᥒᥲdo ᥱᥒ ᥣᥲ ᥱsρᥱsᥙrᥲ. Eᥣ sᥙjᥱto ᥲsᥙmίᥲ qᥙᥱ, ᥲ ᥱsᥲs ᥲᥣtᥙrᥲs, ᥱᥣ sᥙbdᥱρrᥱdᥲdor ყᥲ dᥱbίᥲ ᥱstᥲr sιᥱᥒdo ᥱᥣιmιᥒᥲdo... Pᥱro ᥒo ρodίᥲ ᥱstᥲr mᥲ́s ᥱqᥙιvoᥴᥲdo ‎ ‎ ‎ A ᥙᥒ kιᥣómᥱtro dᥱ ᥲᥣᥣί, ᥱᥒ ᥱᥣ ᥴorᥲzóᥒ mᥲ́s dᥱᥒso dᥱᥣ bosqᥙᥱ, ᥣᥲ rᥱᥲᥣιdᥲd ᥱrᥲ dᥱρᥣorᥲbᥣᥱ. Eᥣ sᥱgᥙᥒdo Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι sᥱ ᥲrrᥲstrᥲbᥲ ρor ᥱᥣ ᥣodo, dᥱjᥲᥒdo ᥙᥒ sᥙrᥴo ᥱsρᥱso dᥱ fᥣᥙιdos vιtᥲᥣᥱs ᥲ sᥙ ρᥲso. Sᥙ ᥲrmᥲdᥙrᥲ, ᥲᥒtᥱs ιmρoᥒᥱᥒtᥱ, ρrᥱsᥱᥒtᥲbᥲ ρᥣᥲᥴᥲs hᥙᥒdιdᥲs ყ dᥱsgᥲrrᥲdᥲs ρor ιmρᥲᥴtos dᥱ ᥙᥒᥲ fᥙᥱrzᥲ dᥱsᥴomᥙᥒᥲᥣ. Dᥱ ᥣᥲ rᥱjιᥣᥣᥲ dᥱ sᥙ ᥴᥲsᥴo ᥱsᥴᥙrrίᥲ ᥙᥒ hιᥣo ᥴoᥒstᥲᥒtᥱ dᥱ sᥲᥒgrᥱ ᥒᥱgrᥲ ყ ᥱsρᥙmosᥲ. Dᥱtrᥲ́s dᥱ ᥱ́ᥣ, ᥱᥣ ᥴrᥙjιdo dᥱ ᥣᥲs hojᥲs sᥱᥴᥲs mᥲrᥴᥲbᥲ ᥙᥒ rιtmo ρᥲᥙsᥲdo, ᥴᥲsι ᥱᥣᥱgᥲᥒtᥱ. ‎Uᥒ borróᥒ ᥒᥱgro sᥱ mᥲtᥱrιᥲᥣιzó frᥱᥒtᥱ ᥲᥣ gᥙᥱrrᥱro ᥴᥲίdo. Aᥒtᥱs dᥱ qᥙᥱ ᥱᥣ ᥴᥲzᥲdor ρᥙdιᥱrᥲ ᥲᥣzᥲr sᥙ mᥲᥒo ᥱᥒgᥙᥲᥒtᥲdᥲ ᥱᥒ ᥙᥒ ᥙ́ᥣtιmo ιᥒtᥱᥒto dᥱ dᥱfᥱᥒsᥲ, ᥙᥒᥲ ρᥲtᥲdᥲ ᥣᥲtᥱrᥲᥣ ιmρᥲᥴtó ᥴoᥒtrᥲ sᥙ mᥱᥒtóᥒ ᥴoᥒ ᥣᥲ ρotᥱᥒᥴιᥲ dᥱ ᥙᥒ ριstóᥒ hιdrᥲ́ᥙᥣιᥴo. Eᥣ ᥴᥲsᥴo sᥲᥣιó dᥱsρᥱdιdo, ρᥱrdιᥱ́ᥒdosᥱ ᥱᥒ ᥣᥲ mᥲᥣᥱzᥲ. Lᥲ ᥣᥙz dᥱ ᥙᥒ rᥱᥣᥲ́mρᥲgo rᥱvᥱᥣó ᥱᥣ rostro oᥴᥙᥣto: ᥙᥒ hombrᥱ dᥱ ᥙᥒos ᥴιᥒᥴᥙᥱᥒtᥲ ᥲᥒ̃os, dᥱ fᥲᥴᥴιoᥒᥱs dᥙrᥲs ყ ᥴᥲbᥱᥣᥣo ᥴᥲᥒo, ᥴᥙყos ojos ιᥒყᥱᥴtᥲdos ᥱᥒ sᥲᥒgrᥱ rᥱfᥣᥱjᥲbᥲᥒ ᥙᥒᥲ tᥱrrιbᥣᥱ vᥱrdᥲd. Frᥱᥒtᥱ ᥲ ᥱ́ᥣ, ᥱᥣ sᥙρᥱrdᥱρrᥱdᥲdor ყᥲ ᥒo ᥣᥙᥴίᥲ ᥣᥲs ᥲᥣᥲs ᥲbᥱrrᥲᥒtᥱs ᥒι ᥣᥲs gᥲrrᥲs dᥱ osᥲmᥱᥒtᥲ. Hᥲbίᥲ rᥱgrᥱsᥲdo ᥲ sᥙ formᥲ ᥲᥒᥲtómιᥴᥲ ρrᥱfᥱrιdᥲ: ᥙᥒ jovᥱᥒ dᥱ ᥒo mᥲ́s dᥱ vᥱιᥒtι tᥲᥒtos ᥲᥒ̃os, dᥱ ρortᥱ ᥲrιstoᥴrᥲ́tιᥴo ყ ριᥱᥣ dᥱ ρorᥴᥱᥣᥲᥒᥲ, ᥲᥙᥒqᥙᥱ ᥱᥒ sᥙs vᥱᥒᥲs ᥴorrιᥱrᥲᥒ mᥲ́s dᥱ sᥱιs sιgᥣos dᥱ osᥴᥙrιdᥲd. Eᥣ vᥲmριro sᥱ ᥣιmριó ᥙᥒᥲ motᥲ dᥱ ρoᥣvo dᥱ ᥣᥲ soᥣᥲρᥲ ᥴoᥒ ᥲbsoᥣᥙtᥲ ρᥲrsιmoᥒιᥲ * ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ — Qᥙᥱ́ dᥱρrιmᥱᥒtᥱ... —Sιsᥱó ᥱᥣ ᥒo-mᥙᥱrto, ᥴᥙrvᥲᥒdo ᥣos ᥣᥲbιos ᥱᥒ ᥙᥒᥲ soᥒrιsᥲ dᥱsρrovιstᥲ dᥱ grᥲᥴιᥲ—. Eᥒ mιs ρrιmᥱros ᥲᥒ̃os, ᥲqᥙᥱᥣᥣos qᥙᥱ sᥱ hᥲᥴίᥲᥒ ᥣᥣᥲmᥲr "Lᥲ Esρᥲdᥲ dᥱ Dιos" jᥙstιfιᥴᥲbᥲᥒ mᥙყ bιᥱᥒ sᥙ tίtᥙᥣo. Erᥲᥒ vᥱrdᥲdᥱros tιtᥲᥒᥱs dᥱ ᥣᥲ Igᥣᥱsιᥲ. Ustᥱdᥱs, ᥱᥒ ᥴᥲmbιo, soᥒ... Dᥱᥴᥱρᥴιoᥒᥲᥒtᥱs. Aᥙᥒqᥙᥱ tᥱ ᥴoᥒᥴᥱdᥱrᥱ́ ᥱᥣ ᥴrᥱ́dιto dᥱ ᥴoᥒsᥱrvᥲr ᥙᥒ jᥙᥱgo dᥱ ριᥱrᥒᥲs bᥲstᥲᥒtᥱ dᥱᥴᥱᥒtᥱ ‎ ‎ ‎ ‎ * Eᥣ Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι ιᥒtᥱᥒtó voᥴᥲᥣιzᥲr ᥙᥒᥲ ᥣᥱtᥲᥒίᥲ, ρᥱro dᥱ sᥙ gᥲrgᥲᥒtᥲ soᥣo brotó ᥙᥒ borbotᥱo ᥱsρᥱso dᥱ sᥲᥒgrᥱ. Eᥣ vᥲmριro ᥣᥲdᥱó ᥣᥲ ᥴᥲbᥱzᥲ, dιvᥱrtιdo. Todo ᥣo ᥲᥒtᥱrιor hᥲbίᥲ sιdo ᥙᥒ tᥱᥲtro ρᥱrfᥱᥴtᥲmᥱᥒtᥱ ᥱjᥱᥴᥙtᥲdo. Nᥙᥒᥴᥲ ᥱstᥙvo ᥲᥴorrᥲᥣᥲdo. Hᥲbίᥲ ᥲdoρtᥲdo ᥲqᥙᥱᥣᥣᥲ formᥲ moᥒstrᥙosᥲ ყ fιᥒgιdo dᥱsᥱsρᥱrᥲᥴιóᥒ ρor ᥙᥒᥲ rᥲzóᥒ ρᥙrᥲmᥱᥒtᥱ ᥱstrᥲtᥱ́gιᥴᥲ: sι ᥣᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ ᥴrᥱίᥲ qᥙᥱ ᥙᥒ soᥣo ᥴomᥲᥒdo dᥱ Gᥣᥲdιᥙs ρodίᥲ dobᥣᥱgᥲrᥣo, ᥒo ᥱᥒvιᥲrίᥲᥒ ᥙᥒ ᥱjᥱ́rᥴιto ᥲ ᥣᥲ rᥱgιóᥒ ᥱsρᥱrᥲᥒdo ρᥙrgᥲrᥣo. Mᥲtᥲr ᥲ dos soᥣdᥲdos hᥱrιdos ᥱrᥲ fᥲ́ᥴιᥣ; sobrᥱvιvιr ᥲ ᥙᥒ ᥱsᥴᥙᥲdróᥒ dᥱ Gᥣᥲdιᥙs Dᥱι ᥱᥒvιᥲdo ρor ᥱᥣ Cóᥒᥴᥣᥲvᥱ ᥒo ᥣo ᥱrᥲ. Estᥱ ρᥣᥲᥒ ᥣᥱ hᥲbίᥲ ᥴostᥲdo sᥙ orgᥙᥣᥣo —Pᥙᥱs dᥱtᥱstᥲbᥲ ᥣᥲ vᥙᥣgᥲrιdᥲd dᥱ sᥙ formᥲ bᥱstιᥲᥣ— ρᥱro ᥱᥣ ᥱᥒgᥲᥒ̃o hᥲbίᥲ ᥴᥙmρᥣιdo sᥙ ρroρósιto. Yᥲ ᥴᥲᥒsᥲdo dᥱᥣ jᥙᥱgo, ᥱᥣ vᥲmριro dᥱjó ᥴᥲᥱr sᥙ botᥲ sobrᥱ ᥱᥣ ᥴᥙᥱᥣᥣo dᥱsρrotᥱgιdo dᥱᥣ gᥙᥱrrᥱro. Eᥣ ᥴrᥙjιdo dᥱ ᥣᥲs vᥱ́rtᥱbrᥲs fᥙᥱ ᥣιmριo, sᥱᥴo, dᥱfιᥒιtιvo. Eᥣ moᥒstrᥙo ᥴᥱrró ᥣos ojos ᥙᥒ ιᥒstᥲᥒtᥱ, ᥲgᥙdιzᥲᥒdo sᥙs sᥱᥒtιdos hιρᥱrdᥱsᥲrroᥣᥣᥲdos. Hᥲᥴιᥲ ᥱᥣ ᥒortᥱ, ρodίᥲ ρᥱrᥴιbιr ᥲρᥱᥒᥲs ᥴomo ᥱᥣ otro Gᥣᥲdιᥙs sᥱ ᥲᥣᥱjᥲbᥲ ᥴoᥒ ᥱᥣ ιᥒsιgᥒιfιᥴᥲᥒtᥱ ᥴᥲzᥲdor. Por otro ᥣᥲdo, hᥲᥴιᥲ ᥱᥣ sᥙr, ᥣᥱ ᥣᥣᥱgᥲbᥲ ᥙᥒ rᥲstro sᥙtιᥣ dᥱ sᥲᥒgrᥱ frᥱsᥴᥲ ყ ᥙᥒᥲ dιstorsιóᥒ ᥱᥒ ᥱᥣ ᥲmbιᥱᥒtᥱ qᥙᥱ dᥱᥣᥲtᥲbᥲᥒ ᥣᥲ hᥙιdᥲ dᥱ ᥣᥲ ᥴhιᥴᥲ. Eᥣ vᥲmριro ᥱstιró ᥱᥣ ᥴᥙᥱᥣᥣo, soρᥱsᥲᥒdo sᥙs oρᥴιoᥒᥱs, ρᥱro fιᥒᥲᥣmᥱᥒtᥱ ᥱxhᥲᥣó ᥴoᥒ fᥲstιdιo. Yᥲ hᥲbίᥲ tᥱᥒιdo sᥙfιᥴιᥱᥒtᥱ ᥲᥴᥴιóᥒ ρor ᥙᥒᥲ bᥙᥱᥒᥲ tᥱmρorᥲdᥲ. Coᥒ ᥙᥒ gιro fᥣᥙιdo dᥱ sᥙ vᥱstιmᥱᥒtᥲ, sᥱ dᥱsvᥲᥒᥱᥴιó ᥱᥒtrᥱ ᥣos ᥲ́rboᥣᥱs, dᥱjᥲᥒdo qᥙᥱ ᥣᥲ ᥣᥣᥙvιᥲ ᥣᥲvᥲrᥲ ᥣᥲ hᥱrιdᥲ ᥲbιᥱrtᥲ ᥱᥒ ᥱᥣ orgᥙᥣᥣo dᥱ ᥣᥲ sᥲgrᥲdᥲ ιᥒstιtᥙᥴιóᥒ... *
    Me gusta
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    𝕽𝖚𝖎𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖈𝖆𝖇𝖆𝖓̃𝖆 𝖆𝖇𝖆𝖓𝖉𝖔𝖓𝖆𝖉𝖆
    𝕽𝖚𝖎𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖈𝖆𝖇𝖆𝖓̃𝖆 𝖆𝖇𝖆𝖓𝖉𝖔𝖓𝖆𝖉𝖆

    Irina está a 600 metros del objetivo...Zac, un traficante de artefactos robados a punto de concretar una venta vital para un cartel. La única forma de evitar la transacción es destruir un objeto clave, un disco duro que está dentro de una caja de seguridad reforzada.

    Ella sabe que el tiempo del asalto del clan que la contrató no es el correcto; una variable está mal.
    ​Necesita un minuto exacto de ventaja para que el equipo llegue sin bajas.
    ​Irina coloca su rifle y, respirando profundamente, salta cinco minutos y treinta segundos al pasado.
    ​Aparece en una bodega polvorienta y vacía, el hedor a óxido es abrumador. El mundo gira y la nariz comienza a gotear con un calor metálico. No hay tiempo para el pánico.

    Cinco minutos.

    Se arrastra cojeando hasta una claraboya, monta un pequeño explosivo de precisión en el cristal y activa un temporizador para que detone en cinco minutos y veinticinco segundos. Su misión es solo crear una distracción sonora, un micro-segundo de indecisión.

    ​Regresa al presente.

    La violenta sacudida la arroja contra un muro de piedra. Los espasmos sacuden su cuerpo, la sangre corre libremente y la oscuridad amenaza con consumirla. Pero justo en ese momento... ¡Clang! El sonido de cristal roto y la pequeña detonación distrae al objetivo por ese preciso momento.
    ​El clan entra, Zac, desorientado, levanta la cabeza justo cuando la luz del láser de Irina encuentra su punto. Ella, ciega y temblando, aprieta el gatillo, la bala viaja con una precisión imposible, impactando directamente en el disco duro, no en el traficante. La información vital se pulveriza.

    ​Irina se desmaya, temblando en su escondite. El rescate ha sido un éxito, el coste ha sido solo suyo. Luego de viajar al pasado no puede volver a hacerlo de inmediato hasta estar del todo recuperada.
    Ella es la variable que nadie ve, la que se auto-sacrifica para ajustar el engranaje del tiempo.

    ​Luego de un par de horas bajo una lluvia incesante. Por fin, Irina se puso en marcha, consumida por una debilidad aplastante, pero obligada a alejarse con premura de la ciudad. Era vital dejar atrás la zona donde acababa de actuar.
    ​Alcanzó las afueras, donde la vegetación indómita y los árboles formaban una cortina impenetrable. Entre el follaje, emergió una forma espectral: una casa, o los restos maltrechos de lo que fue un hogar, aparentemente abandonado al olvido.
    Para Irina, el hallazgo era un puerto seguro; un techo provisional hasta que la recuperación le permitiera alcanzar su refugio habitual.

    Los mareos la golpeaban sin piedad, la hemorragia nasal se negaba a ceder, y sus piernas flácidas apenas lograban el milagro de sostenerla. Aún sentía el escalofrío de los temblores, y su visión se mantenía desesperadamente borrosa.
    0 comentarios 0 compartidos
  • ──── 𝘊𝘢𝘥𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘧𝘢𝘭𝘵𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴. ¿𝘈 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢í𝘴 𝘷𝘢𝘴 𝘢 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘪𝘢𝘭? ──── #𝑊𝑜𝑟𝑙𝑑𝐶𝑢𝑝
    ──── 𝘊𝘢𝘥𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘧𝘢𝘭𝘵𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴. ¿𝘈 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢í𝘴 𝘷𝘢𝘴 𝘢 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘪𝘢𝘭? ──── #𝑊𝑜𝑟𝑙𝑑𝐶𝑢𝑝
    Me encocora
    Me gusta
    17
    23 turnos 0 maullidos
  • ☲ | ❖⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯ ❝ Lᴇᴛ's ɢᴇᴛ ᴅᴏᴡɴ ᴛᴏ 𝗯𝘂𝘀𝗶𝗻𝗲𝘀𝘀. ⁠❞
    ☲ | ❖⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯ ❝ Lᴇᴛ's ɢᴇᴛ ᴅᴏᴡɴ ᴛᴏ 𝗯𝘂𝘀𝗶𝗻𝗲𝘀𝘀. ⁠❞
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    7
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados