• Noticias que lo cambiarían todo
    Fandom Harry Potter
    Categoría Drama
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa.

    Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos.

    Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis.

    Pero esa vez era distinto.

    Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta.

    La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad.

    Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba.

    Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho.

    Había ensayado mil veces lo que iba a decirle.

    Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria.

    “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó

    Rose La—Gâre
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa. Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos. Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis. Pero esa vez era distinto. Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta. La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad. Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba. Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho. Había ensayado mil veces lo que iba a decirle. Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria. “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó [R0SELG]
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  • 𝙀𝒍 𝒂𝙢𝒐𝙧 𝙣𝒐 𝒍𝙡𝒂𝙢𝒂 𝒂 𝒕𝙪 𝙥𝒖𝙚𝒓𝙩𝒂
    Fandom Legacies
    Categoría Aventura
    𝑆t𝑎r𝑡e𝑟 𝑝a𝑟a: Chris Claire


    Había sido ella la que le había dicho a Hope que se fuera, que estaba claro que su vida ya no estaba en ese internado, a pesar de que agradecía el cotilleo del sexo escandaloso con un cazador que le duplicaba la edad, pues era lo más interesante que había ocurrido allí desde que se había quedado completamente sola.
    Había sido ella quien le había dicho a Hope que se fuera de allí, que su vida ya no estaba en ese internado. ¿Y a ella? ¿Quién se lo decía a ella? ¿Acaso necesitaba a alguien se lo dijera? ¿No era capaz de verlo por si misma?
    Igual era que tenía miedo de abandonar su hogar, quizás fuera eso, pero con MG, Caleb, Josie, y Hope lejos, a ella ya no le quedaba nada allí. Nada más allá de ayudar a su madre y de guiar a los nuevos…

    Aquella no era la vida que Lizzie deseaba, por supuesto que no, pero no sabía cómo decírselo a su madre, y ni si quiera sabia, una vez salvada aquella primera barrera, como empezar a conseguir la vida que ella quería, ¿acaso sabia la vida que ella quería?

    Por un segundo le vuelve Hope a la cabeza. No, no estaría mal algo de sexo escandaloso con un desconocido buenorro, pero la melliza Saltzman buscaba algo más, quería una historia de película, no quería acomodarse, aquello lo había tenido, con MG, y había servido durante un tiempo, ambos se habían querido, muchísimo, y Lizzie aún era consciente de que debería de haberse dado cuenta de la existencia de su amigo mucho antes, pero ahora aquello ya no servía, MG era calidez, seguridad y costumbre. Pero también se había convertido en algo aburrido. La rubia quería emoción, un amor que la consumiera, aventura, y quizás algo de peligro.
    ¿Dónde se podrían encontrar eso? Estaba claro que no era algo que fuera a aparecer en la puerta de la escuela buscándola para emprender la aventura de su vida.
    No. Debería ir a buscarlo, y lo haría, estaba decidido.
    Tanto que aquella mañana Lizzie busca a su madre para informarle de su decisión, pero es ella quien la encuentra primero, y en cuanto la ve, a pesar de que abre los labios para comenzar a hablar, la mayor se adelanta.

    — Lizzie cielo, tenemos una visita, un amigo de la familia Mikaelson, creo que busca algo de información, ahora mismo estoy muy ocupada, tengo una reunión con Vardemus, ¿te encargas tú? Tan solo tienes que entretenerlo un poco, hasta que yo pueda atenderlo.

    La directora no espera respuesta de su hija, simplemente da un suave apretón en sus manos, las cuales había tomado para hablar con ella y le dedica una sonrisa antes de proseguir su camino, era Caroline en su más pura esencia organizativa.
    Ella podría haberla vuelto a llamar, podría haberla seguido, pero con un suspiro de resignación se dirige hacia las escaleras principales, para bajarlas y salir al porche.

    — Claro, Lizzie se encarga, porque… ¿qué otra cosa puede tener que hacer ella más que entretener a un tipo aburrido, medio ratón de biblioteca al que solo le interesan los libros que guardamos entre estas paredes?

    Habla con ella misma, en voz alta como si nadie más la escuchara, pero al abrir la puerta principal y ver la persona que estaba esperando allí, los ojos de la hereje se agrandan hasta el máximo, y en lugar de salir, pega la espalda contra la madera de la puerta escondiéndose, aún dentro del recinto. — ¡Manifestar al universo funciona!— Se coloca el pelo sobre el hombro derecho, se plancha la ropa con las manos y cuando considera que está lista sale definitivamente.

    — ¡Hola, bienvenido a la Escuela Salvatore!, soy Lizzie Saltzman, y has tenido la suerte de que sea tu guía en el día de hoy
    𝑆t𝑎r𝑡e𝑟 𝑝a𝑟a: [SIPH0NER] Había sido ella la que le había dicho a Hope que se fuera, que estaba claro que su vida ya no estaba en ese internado, a pesar de que agradecía el cotilleo del sexo escandaloso con un cazador que le duplicaba la edad, pues era lo más interesante que había ocurrido allí desde que se había quedado completamente sola. Había sido ella quien le había dicho a Hope que se fuera de allí, que su vida ya no estaba en ese internado. ¿Y a ella? ¿Quién se lo decía a ella? ¿Acaso necesitaba a alguien se lo dijera? ¿No era capaz de verlo por si misma? Igual era que tenía miedo de abandonar su hogar, quizás fuera eso, pero con MG, Caleb, Josie, y Hope lejos, a ella ya no le quedaba nada allí. Nada más allá de ayudar a su madre y de guiar a los nuevos… Aquella no era la vida que Lizzie deseaba, por supuesto que no, pero no sabía cómo decírselo a su madre, y ni si quiera sabia, una vez salvada aquella primera barrera, como empezar a conseguir la vida que ella quería, ¿acaso sabia la vida que ella quería? Por un segundo le vuelve Hope a la cabeza. No, no estaría mal algo de sexo escandaloso con un desconocido buenorro, pero la melliza Saltzman buscaba algo más, quería una historia de película, no quería acomodarse, aquello lo había tenido, con MG, y había servido durante un tiempo, ambos se habían querido, muchísimo, y Lizzie aún era consciente de que debería de haberse dado cuenta de la existencia de su amigo mucho antes, pero ahora aquello ya no servía, MG era calidez, seguridad y costumbre. Pero también se había convertido en algo aburrido. La rubia quería emoción, un amor que la consumiera, aventura, y quizás algo de peligro. ¿Dónde se podrían encontrar eso? Estaba claro que no era algo que fuera a aparecer en la puerta de la escuela buscándola para emprender la aventura de su vida. No. Debería ir a buscarlo, y lo haría, estaba decidido. Tanto que aquella mañana Lizzie busca a su madre para informarle de su decisión, pero es ella quien la encuentra primero, y en cuanto la ve, a pesar de que abre los labios para comenzar a hablar, la mayor se adelanta. — Lizzie cielo, tenemos una visita, un amigo de la familia Mikaelson, creo que busca algo de información, ahora mismo estoy muy ocupada, tengo una reunión con Vardemus, ¿te encargas tú? Tan solo tienes que entretenerlo un poco, hasta que yo pueda atenderlo. La directora no espera respuesta de su hija, simplemente da un suave apretón en sus manos, las cuales había tomado para hablar con ella y le dedica una sonrisa antes de proseguir su camino, era Caroline en su más pura esencia organizativa. Ella podría haberla vuelto a llamar, podría haberla seguido, pero con un suspiro de resignación se dirige hacia las escaleras principales, para bajarlas y salir al porche. — Claro, Lizzie se encarga, porque… ¿qué otra cosa puede tener que hacer ella más que entretener a un tipo aburrido, medio ratón de biblioteca al que solo le interesan los libros que guardamos entre estas paredes? Habla con ella misma, en voz alta como si nadie más la escuchara, pero al abrir la puerta principal y ver la persona que estaba esperando allí, los ojos de la hereje se agrandan hasta el máximo, y en lugar de salir, pega la espalda contra la madera de la puerta escondiéndose, aún dentro del recinto. — ¡Manifestar al universo funciona!— Se coloca el pelo sobre el hombro derecho, se plancha la ropa con las manos y cuando considera que está lista sale definitivamente. — ¡Hola, bienvenido a la Escuela Salvatore!, soy Lizzie Saltzman, y has tenido la suerte de que sea tu guía en el día de hoy
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  • 𝓜𝓾𝓷𝓭𝓸𝓼 𝓭𝓲𝓼𝓽𝓲𝓷𝓽𝓸𝓼
    Fandom Original Character
    Categoría Romance
    S𝐭a𝐫t𝐞r p𝐚r𝐚: 𝘝𝑖𝘨𝑔𝘰 𝘈𝑚𝘣𝑟𝘰𝑠𝘦 𝘚ℎ𝘦𝑝𝘱𝑒𝘳𝑑


    — Ni-de-coña. No. Nononononono…. Bueno… espera… ¡No!

    — Venga hombre London, porfavooooooooor. — Julie estaba completamente recostada sobre ella, con la cabeza apoyada contra su hombro, y su mirada más suplicante expuesta al cien por cien. Era como estar siendo observada por un labrador. — Es ir allí, le haces un par de preguntas y listo. Tú vas a un evento guay, yo saco una buena nota, y no pierdo la oportunidad de pasar el fin de semana con Charlie.

    — ¿Por qué piensas que yo no tengo planes?

    — Porque eres una aburrida.

    Julie responde sin pensar, y el rostro de London refleja la traición de su amiga, tanto que se levanta de golpe haciendo que esta caiga sobre el sofá de costado.

    — Ahora sí que no voy, primero porque soy una aburrida, segundo porque esos eventos no son nada divertidos, sobre todo si te toca estar del lado de los pobres, y tercero porque yo quiero ser veterinaria, Juls, no periodista. Si no hay ninguna yegua que necesita asistencia en un parto, yo no pinto nada.

    — Oye quien te dice que no puedes conocer a alguien allí, un chico guapo e interesante. No puedo perder una oportunidad así, este tipo no da entrevistas nunca, y que nos hayan concedido unas preguntas en exclusiva denota cuanto se ha tenido que bajar los pantalones el decano… Me la voy a cargar si no voy.

    — ¿Y no puedes quedar con Charlie otro fin de semana?

    — ¡Jamás! vamos a tener otra oportunidad como esta, toda su casa se queda vacía, tienen viaje familiar y él ha conseguido escaquearse. Mi relación y mi futuro académico estan en tus manos…

    — Eres una dramática. ¿Lo sabias?

    >> Quizás tendría que haberse negado más en firme, porque en aquellos momentos se sentía un pez fuera del agua, llevaba las preguntas escritas que le había dado Julie, las cuales, sinceramente dejaban muchísimo que desear, pero ¿qué sabría ella? Se había pegado todo el día rebuscando en su armario algo decente que ponerse, estaba claro que no iba a llevar un vestido de gala, no iba a ser ella quien entregara o recibiera ningún tipo de premio, pero aun así suponía no podia usar sus vaqueros y su sudadera de confianza, sinceramente se sentía ridícula.

    Llegar al evento es como entrar en otro universo, todo está decorado con mimo, al detalle y con lujo, mucho lujo. Los murmullos de las voces de los periodistas y fotógrafos de verdad se acallaban momentáneamente cada vez que un coche se detenía a las puertas del recinto, justo antes de volverse una autentica cacofonía de gritos entre los que se distinguía el nombre de la persona que acababa de entrar, todos pidiéndole un segundo de atención para ellos.
    Definitivamente aquello no era su mundo. Ni el del lado periodístico, ni por supuesto el contrario. ¿De verdad era necesario todo aquel despliegue para darle el premio al empresario de año a un tipo que lo único que había hecho era nacer en la familia correcta y no dilapidar el patrimonio de papa en su adolescencia?

    Ese era el tipo que ella estaba esperando, situada al final de la fila de periodistas, justo al lado de la puerta que separaba la entrada de la sala principal donde tendría lugar el evento, el tipo porque el que el decano Roberts se había dejado la paciencia, la dignidad y seguramente años de vida por conseguir, un tal Viggo Ambrose Shepperd, “ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑠𝑜” para su desgracia aquel hombre sería el último en llegar a su propia fiesta, de modo que tan solo le quedaba armarse de paciencia y esperar.
    S𝐭a𝐫t𝐞r p𝐚r𝐚: [THE0NLYHEIR] — Ni-de-coña. No. Nononononono…. Bueno… espera… ¡No! — Venga hombre London, porfavooooooooor. — Julie estaba completamente recostada sobre ella, con la cabeza apoyada contra su hombro, y su mirada más suplicante expuesta al cien por cien. Era como estar siendo observada por un labrador. — Es ir allí, le haces un par de preguntas y listo. Tú vas a un evento guay, yo saco una buena nota, y no pierdo la oportunidad de pasar el fin de semana con Charlie. — ¿Por qué piensas que yo no tengo planes? — Porque eres una aburrida. Julie responde sin pensar, y el rostro de London refleja la traición de su amiga, tanto que se levanta de golpe haciendo que esta caiga sobre el sofá de costado. — Ahora sí que no voy, primero porque soy una aburrida, segundo porque esos eventos no son nada divertidos, sobre todo si te toca estar del lado de los pobres, y tercero porque yo quiero ser veterinaria, Juls, no periodista. Si no hay ninguna yegua que necesita asistencia en un parto, yo no pinto nada. — Oye quien te dice que no puedes conocer a alguien allí, un chico guapo e interesante. No puedo perder una oportunidad así, este tipo no da entrevistas nunca, y que nos hayan concedido unas preguntas en exclusiva denota cuanto se ha tenido que bajar los pantalones el decano… Me la voy a cargar si no voy. — ¿Y no puedes quedar con Charlie otro fin de semana? — ¡Jamás! vamos a tener otra oportunidad como esta, toda su casa se queda vacía, tienen viaje familiar y él ha conseguido escaquearse. Mi relación y mi futuro académico estan en tus manos… — Eres una dramática. ¿Lo sabias? >> Quizás tendría que haberse negado más en firme, porque en aquellos momentos se sentía un pez fuera del agua, llevaba las preguntas escritas que le había dado Julie, las cuales, sinceramente dejaban muchísimo que desear, pero ¿qué sabría ella? Se había pegado todo el día rebuscando en su armario algo decente que ponerse, estaba claro que no iba a llevar un vestido de gala, no iba a ser ella quien entregara o recibiera ningún tipo de premio, pero aun así suponía no podia usar sus vaqueros y su sudadera de confianza, sinceramente se sentía ridícula. Llegar al evento es como entrar en otro universo, todo está decorado con mimo, al detalle y con lujo, mucho lujo. Los murmullos de las voces de los periodistas y fotógrafos de verdad se acallaban momentáneamente cada vez que un coche se detenía a las puertas del recinto, justo antes de volverse una autentica cacofonía de gritos entre los que se distinguía el nombre de la persona que acababa de entrar, todos pidiéndole un segundo de atención para ellos. Definitivamente aquello no era su mundo. Ni el del lado periodístico, ni por supuesto el contrario. ¿De verdad era necesario todo aquel despliegue para darle el premio al empresario de año a un tipo que lo único que había hecho era nacer en la familia correcta y no dilapidar el patrimonio de papa en su adolescencia? Ese era el tipo que ella estaba esperando, situada al final de la fila de periodistas, justo al lado de la puerta que separaba la entrada de la sala principal donde tendría lugar el evento, el tipo porque el que el decano Roberts se había dejado la paciencia, la dignidad y seguramente años de vida por conseguir, un tal Viggo Ambrose Shepperd, “ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑠𝑜” para su desgracia aquel hombre sería el último en llegar a su propia fiesta, de modo que tan solo le quedaba armarse de paciencia y esperar.
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  • 𝑨𝒃𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒂𝒍 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒐
    Fandom The Vampire Diaries // OC
    Categoría Aventura
    𝘚𝑡𝘢𝑟𝘵𝑒𝘳 𝘱𝑎𝘳𝑎: Pierre LeRoi


    El castillo se quedaba en un inquebrantable silencio cuando se iban.
    El jolgorio, las risas y las conversaciones entre hermanos se alejaban al tiempo que el resonar de los cascos de los caballos se perdía en el horizonte. No era la primera vez que los veía partir, desde aquella terraza, la más alta y cercana a sus aposentos, sin saber cuándo volverían.
    En aquella ocasión casi había caído el sol por completo sobre el horizonte cuando por fin decide dar la espalda al mundo exterior y volver dentro.

    Habían pasado varias semanas en las que por supuesto no había pasado el tiempo lamentándose y llorando por las esquinas la partida de su esposo. Ella tenía sus propios intereses, sus propios pasatiempos, en su mayor parte relacionados con su propia persona y su don.
    No eran pocas las horas que pasaba con Merlín, bebiendo de su sabiduría, aprendiendo de él a pesar de únicamente ser capaz de crear magia cuando la absorbía de una fuente, ya fuera humana o inanimada.
    Por supuesto también tenía deberes, en ausencia del Rey el mundo no se detenía, ni la vida en el reino tampoco, las tierras seguían necesitando una mano firme y justa a la vez que guiara sus pasos, y el pueblo profesaba un amor y respeto hacia su reina equiparable al que demostraban al hombre que se ceñía la corona.

    Como digo habían pasado varias semanas, y aquel día, el cual parecía que iba a discurrir como cualquier otro, le llega la noticia. Volvían. La noticia había llegado hasta ella, viajando por el aire en cuanto los jinetes habían llegado a la frontera del reino.
    Así para cuando la muralla se abre, todo el mundo allí está preparado para recibirles, o al menos eso piensan, pues nadie allí esperaba la sorpresa que llevaban con ellos.

    Era un muchacho, tenía un terrible aspecto, y perfectamente podría ser un cadáver si no se observaba con atención. El contraste de la palidez de su rostro con el bermellón brillante de la sangre distraía a los ojos, obligando a usar una atención más precisa para ver su pecho subir y bajar de forma casi imperceptible.

    Sus ojos claros tan solo se separan del muchacho cuando le bajar del caballo con agilidad, y llegar hasta ella para rodearla con sus brazos, como si fuera una necesidad, como si nada tuviera tanta prioridad al llegar a casa como aquella cercanía.

    — ¿Habéis tenido complicaciones? ¿Os encontráis todo bien? ¿Quién es él?
    𝘚𝑡𝘢𝑟𝘵𝑒𝘳 𝘱𝑎𝘳𝑎: [ALS0NAMEDARTHUR] El castillo se quedaba en un inquebrantable silencio cuando se iban. El jolgorio, las risas y las conversaciones entre hermanos se alejaban al tiempo que el resonar de los cascos de los caballos se perdía en el horizonte. No era la primera vez que los veía partir, desde aquella terraza, la más alta y cercana a sus aposentos, sin saber cuándo volverían. En aquella ocasión casi había caído el sol por completo sobre el horizonte cuando por fin decide dar la espalda al mundo exterior y volver dentro. Habían pasado varias semanas en las que por supuesto no había pasado el tiempo lamentándose y llorando por las esquinas la partida de su esposo. Ella tenía sus propios intereses, sus propios pasatiempos, en su mayor parte relacionados con su propia persona y su don. No eran pocas las horas que pasaba con Merlín, bebiendo de su sabiduría, aprendiendo de él a pesar de únicamente ser capaz de crear magia cuando la absorbía de una fuente, ya fuera humana o inanimada. Por supuesto también tenía deberes, en ausencia del Rey el mundo no se detenía, ni la vida en el reino tampoco, las tierras seguían necesitando una mano firme y justa a la vez que guiara sus pasos, y el pueblo profesaba un amor y respeto hacia su reina equiparable al que demostraban al hombre que se ceñía la corona. Como digo habían pasado varias semanas, y aquel día, el cual parecía que iba a discurrir como cualquier otro, le llega la noticia. Volvían. La noticia había llegado hasta ella, viajando por el aire en cuanto los jinetes habían llegado a la frontera del reino. Así para cuando la muralla se abre, todo el mundo allí está preparado para recibirles, o al menos eso piensan, pues nadie allí esperaba la sorpresa que llevaban con ellos. Era un muchacho, tenía un terrible aspecto, y perfectamente podría ser un cadáver si no se observaba con atención. El contraste de la palidez de su rostro con el bermellón brillante de la sangre distraía a los ojos, obligando a usar una atención más precisa para ver su pecho subir y bajar de forma casi imperceptible. Sus ojos claros tan solo se separan del muchacho cuando le bajar del caballo con agilidad, y llegar hasta ella para rodearla con sus brazos, como si fuera una necesidad, como si nada tuviera tanta prioridad al llegar a casa como aquella cercanía. — ¿Habéis tenido complicaciones? ¿Os encontráis todo bien? ¿Quién es él?
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  • — ¿Y si hago un viaje indefinido fuera del país?
    — ¿Y si hago un viaje indefinido fuera del país?
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  • *Ayer había Sido un día desastrozo, no podía manejarme por el mundo siendo una chica. Al llegar a mi hogar en un día cansadísimo cerré los ojos un momento y me senté a respirar profundamente, tratando de meditar.*

    "¿Cuál es el propósito de todo esto? ¿Por qué el deseo irrefrenable de una transformación en contra de mi voluntad?"

    *Un aura de color violáceo emanaba de mi ser, y al abrir los ojos me encontraba de repente en un trance al parecer, ya que pude verme a mi mismo en mi forma masculina y mi forma gatuna.*

    Jera: "¿Qué? ¿Qué está pasando?"

    Jero: "Es hora de explicar el por qué de tu frustración al transformarte. Todo esto es para poder completar tu rol como 'cambiaformas"

    Neko: "¡Meow!"

    Jera: "¿Cambia formas?.....pero....¿Con qué finalidad necesito este tipo de entrenamiento?"

    Jero: "Para poder volver a ser CROSIS"

    Jera: "Ahora entiendo...todo esto es para...volver a la forma original..."

    Jero: "Así es, Pero tenemos que lograr que esa transformación no corrompa nuestra voluntad. Solo piénsalo. Costó un montón el ser mujer, imagina lo inestable que debe ser el convertirse de nuevo en el dragón primordial así como asi. Desapareceríamos los tres."

    Neko: "Meow Meow"

    Jera: "¿Eso quiere decir que todas estas 'transformaciones involuntarias' eran la forma de 'práctica.'?"

    Jero: "Así es, al estar en este plano de meditación pudimos comprender el por qué de todo este calvario."

    Jera: "¿Y qué es lo que continúa? ¿Queda alguna transformación?"

    Jero: "Así es...pero es la más peligrosa y difícil de controlar. El dragón CROSIS, El Purgador."

    Jera: *Trago saliva con temor* "E-Está bien, entonces estaré...no, estaremos preparados para ese momento."

    Neko: "Meow" *Me coloco en las faldas de Jera para acomodarme y ronronear*

    Jera: "Gracias....por hacerme entender todo, ahora...es hora de que vuelvas a la acción Jero, tus aliados te esperan, ahora mi forma femenina, será parte de tus habilidades."

    *Le di la mano a mi contraparte masculina para que volviera a ser Jero. De ahora en adelante, podrá convertirse en mi o en Neko cuando su voluntad lo requiera. Yo y Neko, debemos prepararnos para recibir al dragón CROSIS.*

    Jero: *Me miré las manos, por fin soy yo, y con el ánimo renovado volví al departamento de Bianca Auditore para emprender el viaje contra el Lyche Enemigo.*
    *Ayer había Sido un día desastrozo, no podía manejarme por el mundo siendo una chica. Al llegar a mi hogar en un día cansadísimo cerré los ojos un momento y me senté a respirar profundamente, tratando de meditar.* "¿Cuál es el propósito de todo esto? ¿Por qué el deseo irrefrenable de una transformación en contra de mi voluntad?" *Un aura de color violáceo emanaba de mi ser, y al abrir los ojos me encontraba de repente en un trance al parecer, ya que pude verme a mi mismo en mi forma masculina y mi forma gatuna.* Jera: "¿Qué? ¿Qué está pasando?" Jero: "Es hora de explicar el por qué de tu frustración al transformarte. Todo esto es para poder completar tu rol como 'cambiaformas" Neko: "¡Meow!" Jera: "¿Cambia formas?.....pero....¿Con qué finalidad necesito este tipo de entrenamiento?" Jero: "Para poder volver a ser CROSIS" Jera: "Ahora entiendo...todo esto es para...volver a la forma original..." Jero: "Así es, Pero tenemos que lograr que esa transformación no corrompa nuestra voluntad. Solo piénsalo. Costó un montón el ser mujer, imagina lo inestable que debe ser el convertirse de nuevo en el dragón primordial así como asi. Desapareceríamos los tres." Neko: "Meow Meow" Jera: "¿Eso quiere decir que todas estas 'transformaciones involuntarias' eran la forma de 'práctica.'?" Jero: "Así es, al estar en este plano de meditación pudimos comprender el por qué de todo este calvario." Jera: "¿Y qué es lo que continúa? ¿Queda alguna transformación?" Jero: "Así es...pero es la más peligrosa y difícil de controlar. El dragón CROSIS, El Purgador." Jera: *Trago saliva con temor* "E-Está bien, entonces estaré...no, estaremos preparados para ese momento." Neko: "Meow" *Me coloco en las faldas de Jera para acomodarme y ronronear* Jera: "Gracias....por hacerme entender todo, ahora...es hora de que vuelvas a la acción Jero, tus aliados te esperan, ahora mi forma femenina, será parte de tus habilidades." *Le di la mano a mi contraparte masculina para que volviera a ser Jero. De ahora en adelante, podrá convertirse en mi o en Neko cuando su voluntad lo requiera. Yo y Neko, debemos prepararnos para recibir al dragón CROSIS.* Jero: *Me miré las manos, por fin soy yo, y con el ánimo renovado volví al departamento de [Freaky_Ghost_Ovni_531] para emprender el viaje contra el Lyche Enemigo.*
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  • No tenemos libres albedrío...sólo pequeñas dosis que se nos dan.
    El libre albedrío es el juguete que el carcelero le deja al preso para que no escupa frente a los barrotes.
    No eliges; sólo seleccionas entre las opciones que tu genética, tu trauma y tu entorno ya han masticado por ti.
    Crees que decides el camino, pero sólo estás recorriendo el laberinto que tus neuronas y tu historia construyeron antes de que pudieras siquiera pronunciar tu nombre.
    Es una dosis de morfina para el ego.
    Nos hace creer que somos capitanes, cuando en realidad somos simples pasajeros de una inercia química y social.
    Se nos da esa pequeña ilusión de control (el sabor del café, el color de la camisa) para que no nos asfixie la verdad: que somos piezas de dominó cayendo en una fila que comenzó mucho antes de nuestro primer aliento.
    El "yo elijo" es el grito de orgullo de la marioneta que, al no ver hilos, jura que baila por voluntad propia.
    ¿Es tu voluntad un poder real o sólo el eco de una orden que tus instintos ya ejecutaron?
    No tenemos libres albedrío...sólo pequeñas dosis que se nos dan. El libre albedrío es el juguete que el carcelero le deja al preso para que no escupa frente a los barrotes. No eliges; sólo seleccionas entre las opciones que tu genética, tu trauma y tu entorno ya han masticado por ti. Crees que decides el camino, pero sólo estás recorriendo el laberinto que tus neuronas y tu historia construyeron antes de que pudieras siquiera pronunciar tu nombre. Es una dosis de morfina para el ego. Nos hace creer que somos capitanes, cuando en realidad somos simples pasajeros de una inercia química y social. Se nos da esa pequeña ilusión de control (el sabor del café, el color de la camisa) para que no nos asfixie la verdad: que somos piezas de dominó cayendo en una fila que comenzó mucho antes de nuestro primer aliento. El "yo elijo" es el grito de orgullo de la marioneta que, al no ver hilos, jura que baila por voluntad propia. ¿Es tu voluntad un poder real o sólo el eco de una orden que tus instintos ya ejecutaron?
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  • Algo que escribi hace no mucho.
    ¡Fue inspiración pura!
    Claro aún le faltan muchos más detalles pero no he podido sentarme bien a terminarlo.

    :Borrado en 12 horas:
    Quizá menos.


    "El Primer Trono y el Escriba del Destino
    Sobre el primer trono, el hilo dorado y el terciopelo oscuro visten a las estrellas como colgantes, mientras el manto de la noche se despliega como una prenda infinita. No hay vacío alguno donde la luz cubre los horizontes, asemejando los pliegues de un libro con letras de marfil que narran la historia del comienzo: el génesis de la creación. La mano del firmamento escribe con pluma de mármol sobre el océano de páginas del primer libro. No existe mancha ni mal venidero; solo impera la pureza del paraíso inmaculado, donde el oro traza estelas brillantes. El mar, a sus pies, refleja el atrio del cielo que cobija la creación, permitiendo que la luz del único sol esboce un sentimiento de limerencia.
    Los pilares de mármol se alzan hasta perderse de vista, sosteniendo la bóveda celeste mientras entrelazan el día y la noche a un ritmo pausado. En cada columna se perciben las vidas pasar, pero la eternidad no se inmuta ante los incontables párrafos escritos. Entre ellos, la tela ondea con el viento, dejando oír susurros de risas y llantos: ecos y estruendos de tiempos por venir. El tiempo no detiene su marcha; mueve las manecillas de péndulos y campanas que hacen resonar la vacuidad. Mientras tanto, las montañas alcanzan cimas inalcanzables hasta rozar los astros, y las aves surcan las nubes sin temor, coronándose reinas del cielo.
    La Tierra descansa sobre un pedestal en el corazón del cosmos, pues es el hogar del trono; una morada gentil que orbita al unísono del compás universal. Cada órbita danza en armonía; cada nota y cada silencio se distribuyen en líneas paralelas, vibraciones que asemejan versos escritos sobre seda.
    Cada noche, los montículos de arena son recorridos por viejos fantasmas. Llevan sobre sus espaldas estrellas antiguas en camino a ser reparadas. Las entregan a herreros cuyas manos operan hileras industriales de engranes y válvulas de vapor, moviendo martillos de ébano y oro. El golpe de la forja resuena hasta que cada estrella recupera su fulgor; entonces, son liberadas para flotar de nuevo en el firmamento, reuniéndose para contar nuevas historias.
    La Primera Entidad se dibuja entre seda y piedra, con una corona de oro a su espalda y grandes alas cuyo plumaje está adornado con hojas de borde dorado. En ellas, los versos se escriben con tinta negra y cursiva delicada. Sin necesidad de apoyo, la entidad se alza sobre el mar; su estola apenas roza la superficie, creando con su reflejo el tiempo y el destino. En su mano diestra reposa un mecanismo de esferas metálicas en rotación perpetua, el ciclo sin fin de la vida y la muerte, la creación y la destrucción. En la zurda sostiene un libro cuyas hojas se desprenden sin caer al agua; se elevan para integrarse al plumaje de sus alas. Se escucha un canto profundo cuando una hoja se desprende —un funeral para una historia terminada—, pero al elevarse, las notas se transforman en alegría y brío. Las esferas doradas resplandecen entonces con una iridiscencia solar, dando la bienvenida a las nuevas almas.
    Se susurra que, en ocasiones, esta entidad deja su corona de lado para sostener un libro con ambas manos, volcando toda su atención en una historia única. El tiempo se vuelve efímero mientras lee. Bajo ella, el mar se concentra en un solo punto, creando ondas perfectamente concéntricas. La luz de su corona se torna sutil, tenue, como quien busca una claridad que reconforte. Entonces, cruza las piernas, y continúa su lectura en un silencio sagrado. Al terminar, en un parpadeo, recupera su postura original, dejando en el misterio el destino de aquel libro. De su pluma también brotan cambios: ligeras desviaciones, un tropiezo, un desliz verbal; cambios imperceptibles que alteran el rumbo del destino según su criterio. Es un determinismo que no busca anular el libre albedrío, sino guiar las piezas para que el alma no caiga en desgracia. No es malo intervenir si se muestra luz para que cada uno tome el camino que le corresponde. Acto y consecuencia: un puente entre el día y la noche.
    Sin embargo, el tiempo transcurre y el cambio se vuelve imperativo. Lo que fue puro se mancha con cicatrices de dolor y pena. Las canciones pierden el tono; el cosmos se dilata y los compases chocan entre sí, creando una disonancia insoportable. Las hojas de las alas se marchitan y se pierden en la nada. El vacío consume el trono desde dentro. Las estrellas, en una indiferencia indigna, se distancian hasta que la entidad apenas puede divisarlas. El peso de la existencia desgarra su vestidura y sus alas se corroen; los fragmentos caen al abismo para ser devorados por el olvido. Una a una, las plumas caen hasta que de sus alas solo quedan ramas secas, como un árbol viejo. El brillo se esfuma. De la entidad solo queda un esqueleto inerte que alguna vez habitó la existencia. Queda suspendida en la penumbra, rodeada de cenizas y de historias olvidadas.
    Silencio absoluto. Ya no hay nada."
    Algo que escribi hace no mucho. ¡Fue inspiración pura! Claro aún le faltan muchos más detalles pero no he podido sentarme bien a terminarlo. :Borrado en 12 horas: Quizá menos. "El Primer Trono y el Escriba del Destino Sobre el primer trono, el hilo dorado y el terciopelo oscuro visten a las estrellas como colgantes, mientras el manto de la noche se despliega como una prenda infinita. No hay vacío alguno donde la luz cubre los horizontes, asemejando los pliegues de un libro con letras de marfil que narran la historia del comienzo: el génesis de la creación. La mano del firmamento escribe con pluma de mármol sobre el océano de páginas del primer libro. No existe mancha ni mal venidero; solo impera la pureza del paraíso inmaculado, donde el oro traza estelas brillantes. El mar, a sus pies, refleja el atrio del cielo que cobija la creación, permitiendo que la luz del único sol esboce un sentimiento de limerencia. Los pilares de mármol se alzan hasta perderse de vista, sosteniendo la bóveda celeste mientras entrelazan el día y la noche a un ritmo pausado. En cada columna se perciben las vidas pasar, pero la eternidad no se inmuta ante los incontables párrafos escritos. Entre ellos, la tela ondea con el viento, dejando oír susurros de risas y llantos: ecos y estruendos de tiempos por venir. El tiempo no detiene su marcha; mueve las manecillas de péndulos y campanas que hacen resonar la vacuidad. Mientras tanto, las montañas alcanzan cimas inalcanzables hasta rozar los astros, y las aves surcan las nubes sin temor, coronándose reinas del cielo. La Tierra descansa sobre un pedestal en el corazón del cosmos, pues es el hogar del trono; una morada gentil que orbita al unísono del compás universal. Cada órbita danza en armonía; cada nota y cada silencio se distribuyen en líneas paralelas, vibraciones que asemejan versos escritos sobre seda. Cada noche, los montículos de arena son recorridos por viejos fantasmas. Llevan sobre sus espaldas estrellas antiguas en camino a ser reparadas. Las entregan a herreros cuyas manos operan hileras industriales de engranes y válvulas de vapor, moviendo martillos de ébano y oro. El golpe de la forja resuena hasta que cada estrella recupera su fulgor; entonces, son liberadas para flotar de nuevo en el firmamento, reuniéndose para contar nuevas historias. La Primera Entidad se dibuja entre seda y piedra, con una corona de oro a su espalda y grandes alas cuyo plumaje está adornado con hojas de borde dorado. En ellas, los versos se escriben con tinta negra y cursiva delicada. Sin necesidad de apoyo, la entidad se alza sobre el mar; su estola apenas roza la superficie, creando con su reflejo el tiempo y el destino. En su mano diestra reposa un mecanismo de esferas metálicas en rotación perpetua, el ciclo sin fin de la vida y la muerte, la creación y la destrucción. En la zurda sostiene un libro cuyas hojas se desprenden sin caer al agua; se elevan para integrarse al plumaje de sus alas. Se escucha un canto profundo cuando una hoja se desprende —un funeral para una historia terminada—, pero al elevarse, las notas se transforman en alegría y brío. Las esferas doradas resplandecen entonces con una iridiscencia solar, dando la bienvenida a las nuevas almas. Se susurra que, en ocasiones, esta entidad deja su corona de lado para sostener un libro con ambas manos, volcando toda su atención en una historia única. El tiempo se vuelve efímero mientras lee. Bajo ella, el mar se concentra en un solo punto, creando ondas perfectamente concéntricas. La luz de su corona se torna sutil, tenue, como quien busca una claridad que reconforte. Entonces, cruza las piernas, y continúa su lectura en un silencio sagrado. Al terminar, en un parpadeo, recupera su postura original, dejando en el misterio el destino de aquel libro. De su pluma también brotan cambios: ligeras desviaciones, un tropiezo, un desliz verbal; cambios imperceptibles que alteran el rumbo del destino según su criterio. Es un determinismo que no busca anular el libre albedrío, sino guiar las piezas para que el alma no caiga en desgracia. No es malo intervenir si se muestra luz para que cada uno tome el camino que le corresponde. Acto y consecuencia: un puente entre el día y la noche. Sin embargo, el tiempo transcurre y el cambio se vuelve imperativo. Lo que fue puro se mancha con cicatrices de dolor y pena. Las canciones pierden el tono; el cosmos se dilata y los compases chocan entre sí, creando una disonancia insoportable. Las hojas de las alas se marchitan y se pierden en la nada. El vacío consume el trono desde dentro. Las estrellas, en una indiferencia indigna, se distancian hasta que la entidad apenas puede divisarlas. El peso de la existencia desgarra su vestidura y sus alas se corroen; los fragmentos caen al abismo para ser devorados por el olvido. Una a una, las plumas caen hasta que de sus alas solo quedan ramas secas, como un árbol viejo. El brillo se esfuma. De la entidad solo queda un esqueleto inerte que alguna vez habitó la existencia. Queda suspendida en la penumbra, rodeada de cenizas y de historias olvidadas. Silencio absoluto. Ya no hay nada."
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  • 𝐁𝐢𝐭𝐚́𝐜𝐨𝐫𝐚 𝟎𝟏: 𝐀𝐮𝐫𝐚𝐝𝐨𝐧
    Fandom Descendants / Treasure Planet
    Categoría Fantasía
    Cuando el galeón por fin apagó los propulsores y terminó de deslizarse sobre el agua, Jim emitió un largo suspiro.

    Auradon no era el destino que él quería, ni tampoco su misión asignada. Él era un cadete de la flota especial, su lugar estaba arriba, surcando las estrellas y el infinito cosmos. No ayudando a una bola de príncipes a leer correctamente las brújulas.

    — Solo por ti, Amelia —susurró con desgano, mirando las playas verdosas de la Bahía de Auradon, demasiado tranquilas y amigables para su gusto. Más allá estaba el puerto y aunque hubiera preferido llegar en la noche, los superiores habían mencionado que tendrían un pequeño recibimiento por algunos cuantos estudiantes.

    No se apuró a recoger sus pertenencias, confiaba en que sí lograba insistir un poco, la ahora directora del colegio, le permitiría dormir en la nave, en lugar del dormitorio que en sus misivas le prometió. Salió únicamente con un bolso al hombro, vestía el uniforme incompleto, los pantalones únicamente blancos, las botas sueltas y una camisa beige desgastada, que francamente era muy cómoda. También había vuelto a intentar dejarse el cabello largo... al menos tanto como lo permitía la academia.

    — ¿Y al menos vino ella, señor? —Preguntó con cierta curiosidad; tenía bastante de no ver a la capitana y mentiría si no le hiciera cierta ilusión verla por ahí. Pero tras la negativa de su capitán, la poca emoción que sentía se fue al traste. — Bueno... ¿Y a qué príncipes o princesas nos mandó?
    Cuando el galeón por fin apagó los propulsores y terminó de deslizarse sobre el agua, Jim emitió un largo suspiro. Auradon no era el destino que él quería, ni tampoco su misión asignada. Él era un cadete de la flota especial, su lugar estaba arriba, surcando las estrellas y el infinito cosmos. No ayudando a una bola de príncipes a leer correctamente las brújulas. — Solo por ti, Amelia —susurró con desgano, mirando las playas verdosas de la Bahía de Auradon, demasiado tranquilas y amigables para su gusto. Más allá estaba el puerto y aunque hubiera preferido llegar en la noche, los superiores habían mencionado que tendrían un pequeño recibimiento por algunos cuantos estudiantes. No se apuró a recoger sus pertenencias, confiaba en que sí lograba insistir un poco, la ahora directora del colegio, le permitiría dormir en la nave, en lugar del dormitorio que en sus misivas le prometió. Salió únicamente con un bolso al hombro, vestía el uniforme incompleto, los pantalones únicamente blancos, las botas sueltas y una camisa beige desgastada, que francamente era muy cómoda. También había vuelto a intentar dejarse el cabello largo... al menos tanto como lo permitía la academia. — ¿Y al menos vino ella, señor? —Preguntó con cierta curiosidad; tenía bastante de no ver a la capitana y mentiría si no le hiciera cierta ilusión verla por ahí. Pero tras la negativa de su capitán, la poca emoción que sentía se fue al traste. — Bueno... ¿Y a qué príncipes o princesas nos mandó?
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    20
    Estado
    Disponible
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  • ¿"Narcotraficante"? ¡Dios, no! ¡Qué término tan barbárico y poco refinado para un artista de lo sensorial como yo! Prefiero, mejor, "doctor del alma", ¿qué te parece? O, quizás, "sastre de la tela de los sentidos". Un poco largo, sí, pero apropiado.

    Oh! Por cierto... Vas a empezar a convulsionarte un poco,, bonitas alucionaciones aquí y allá. Ya sabes, el té y todo eso. Tehehe.
    ¿"Narcotraficante"? ¡Dios, no! ¡Qué término tan barbárico y poco refinado para un artista de lo sensorial como yo! Prefiero, mejor, "doctor del alma", ¿qué te parece? O, quizás, "sastre de la tela de los sentidos". Un poco largo, sí, pero apropiado. Oh! Por cierto... Vas a empezar a convulsionarte un poco,, bonitas alucionaciones aquí y allá. Ya sabes, el té y todo eso. Tehehe.
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