• La noche era templada y tranquila, apenas alterada por el murmullo lejano de la ciudad. Bajo la luz amarillenta de un viejo poste, un joven cura permanecía de pie en una esquina desierta. Vestía un largo abrigo oscuro que le llegaba hasta las rodillas, bufanda a cuadros y una característica gorra roja de cazador, cuyo color destacaba entre las sombras de la calle.

    El viento soplaba en ráfagas suaves, obligándolo a cubrir la llama de su encendedor con una mano mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Tras varios intentos, el cigarro prendió y la punta anaranjada brilló en la oscuridad.

    ●Este pequeño encargo de vigilar es más sencillo de lo que hubiera imaginado...

    Con gesto sereno, dio una larga calada y observó la carretera que se extendía frente a él. Las luces del poste dibujaban sombras alargadas sobre el asfalto.

    ●Los camiones deberían llegar pronto.

    Exhaló lentamente una nube de humo y continuó esperando con calma, apoyado junto al poste de luz, atento a cualquier señal de movimiento en la carretera vacía.
    La noche era templada y tranquila, apenas alterada por el murmullo lejano de la ciudad. Bajo la luz amarillenta de un viejo poste, un joven cura permanecía de pie en una esquina desierta. Vestía un largo abrigo oscuro que le llegaba hasta las rodillas, bufanda a cuadros y una característica gorra roja de cazador, cuyo color destacaba entre las sombras de la calle. El viento soplaba en ráfagas suaves, obligándolo a cubrir la llama de su encendedor con una mano mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Tras varios intentos, el cigarro prendió y la punta anaranjada brilló en la oscuridad. ●Este pequeño encargo de vigilar es más sencillo de lo que hubiera imaginado... Con gesto sereno, dio una larga calada y observó la carretera que se extendía frente a él. Las luces del poste dibujaban sombras alargadas sobre el asfalto. ●Los camiones deberían llegar pronto. Exhaló lentamente una nube de humo y continuó esperando con calma, apoyado junto al poste de luz, atento a cualquier señal de movimiento en la carretera vacía.
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  • Los cazadores, estamos muy perdidos, aunque también los demonios.
    Los cazadores, estamos muy perdidos, aunque también los demonios.
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  • (...) >> Era de noche cuando entre Sam y Castiel atravesaban los pasillos del bunker cargando a Dean hasta la enfermería. Hope había llegado antes para acondicionar una cama decentemente. Por lo que para cuando la cabeza de Dean reposó contra la almohada, Hope ya estaba allí con una compresa húmeda para limpiar la sangre en su sien.

    -Traeré hielo -dijo Maggie, cuya presencia Hope acababa de percibir. Le daba igual quien estuviera en esa habitación. Solo le importaba Dean.

    Castiel pidió paso para imponer su mano sobre Dean y curarle. Tanto Hope como Sam lo miraron con el corazón en un puño, esperando que funcionara, pero… no función.

    -No puedo curarle. Ni siquiera veo lo que ocurre dentro de su cabeza…- dijo Cass con evidente confusión.

    -Vale…. Y… ¿Y si le doy mi sangre? ¿Lo curaría? Soy… vampiro. Tendría que valer, ¿no? -preguntó Hope mirando directamente a Sam. Pero fue Rowena quien respondió.

    -Esto está por encima de tu naturaleza tríbrida, querida. Si Miguel ha escapado… no podremos controlarlo…

    El siguiente en ofrecerse fue Jack, una opción que Castiel declinó bruscamente. Aunque a Hope le daba absolutamente igual. Se sentó en la cama, al lado de Dean y posó su mano en la mejilla masculina.

    -Despierta… Dean… Por favor… Por favor… -susurró.

    Rowena dejó la habitación y Sam tomó otra compresa húmeda para terminar de limpiar a Dean. Pero entonces el cazador se retorció en la cama como si algo lo estuviera torturando por dentro.

    - ¡Mierda! -Hope había dado un paso atrás, sobresaltada y sintiéndose, por primera vez, inútil. Como si de pronto fuera solamente… humana- No sé qué hacer, Sam… -negó con la cabeza mientras volvía a acercarse a Dean y a posar una de sus manos sobre el pecho masculino, todavía sintiendo su corazón latir bajo su palma- Si Miguel escapa… Si Dean…. -no era capaz de terminar una sola frase- Tiene que despertar…


    ㅤㅤㅤ⸻ extracto del rol con Dean Winchester
    (...) >> Era de noche cuando entre Sam y Castiel atravesaban los pasillos del bunker cargando a Dean hasta la enfermería. Hope había llegado antes para acondicionar una cama decentemente. Por lo que para cuando la cabeza de Dean reposó contra la almohada, Hope ya estaba allí con una compresa húmeda para limpiar la sangre en su sien. -Traeré hielo -dijo Maggie, cuya presencia Hope acababa de percibir. Le daba igual quien estuviera en esa habitación. Solo le importaba Dean. Castiel pidió paso para imponer su mano sobre Dean y curarle. Tanto Hope como Sam lo miraron con el corazón en un puño, esperando que funcionara, pero… no función. -No puedo curarle. Ni siquiera veo lo que ocurre dentro de su cabeza…- dijo Cass con evidente confusión. -Vale…. Y… ¿Y si le doy mi sangre? ¿Lo curaría? Soy… vampiro. Tendría que valer, ¿no? -preguntó Hope mirando directamente a Sam. Pero fue Rowena quien respondió. -Esto está por encima de tu naturaleza tríbrida, querida. Si Miguel ha escapado… no podremos controlarlo… El siguiente en ofrecerse fue Jack, una opción que Castiel declinó bruscamente. Aunque a Hope le daba absolutamente igual. Se sentó en la cama, al lado de Dean y posó su mano en la mejilla masculina. -Despierta… Dean… Por favor… Por favor… -susurró. Rowena dejó la habitación y Sam tomó otra compresa húmeda para terminar de limpiar a Dean. Pero entonces el cazador se retorció en la cama como si algo lo estuviera torturando por dentro. - ¡Mierda! -Hope había dado un paso atrás, sobresaltada y sintiéndose, por primera vez, inútil. Como si de pronto fuera solamente… humana- No sé qué hacer, Sam… -negó con la cabeza mientras volvía a acercarse a Dean y a posar una de sus manos sobre el pecho masculino, todavía sintiendo su corazón latir bajo su palma- Si Miguel escapa… Si Dean…. -no era capaz de terminar una sola frase- Tiene que despertar… ㅤㅤㅤ⸻ extracto del rol con [BxbyDriver] ⸻
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  • 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • —Te elegiría en cada vida, todos los dias de mi vida.... —sonrió la tribrida rodeando el cuello del cazador con sus brazos. Su nariz dejó una caricia sobre la punta de la ajena antes de inclinarse sobre su rostro en un beso cálido.


    Dean Winchester
    —Te elegiría en cada vida, todos los dias de mi vida.... —sonrió la tribrida rodeando el cuello del cazador con sus brazos. Su nariz dejó una caricia sobre la punta de la ajena antes de inclinarse sobre su rostro en un beso cálido. [BxbyDriver]
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  • 。 𝗧𝗵𝗲 𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗿 𝗯𝗲𝗰𝗼𝗺𝗶𝗻𝗴 𝘁𝗵𝗲 𝘀𝗵𝗶𝘁𝘁𝘆 𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗱.
    Categoría Original
    Las entrañas del Ark respiraban vapor tóxico por kilómetros de tuberías oxidadas que cruzaban el techo como venas infectas.

    El neón derramaba colores enfermizos sobre las calles mojadas: rosas violentos, azules moribundos, verdes radiactivos que convertían los charcos en heridas brillantes. La lluvia artificial caía desde los sistemas de condensación superiores arrastrando hollín, grasa industrial y el olor metálico de la sangre oxidándose al intemperie.

    Todo mantenía la fragancia de algo muriéndose lentamente.

    Y él encajaba perfectamente allí.

    El hombre permanecía sentado frente a un puesto mugriento de ramen sintético.

    Hundido en una silla de plástico mientras removía distraídamente los fideos hinchados en un grasiento caldo.

    El vapor le golpeaba el rostro cansado y mal afeitado, parcialmente oculto bajo la sombra de un sombrero viejo de ala ancha que parecía haber sobrevivido a demasiados tiroteos.

    El largo abrigo negro caía hasta debajo de las rodillas como un sudario empapado, pesado por la lluvia y el humo del bajo mundo.

    El cuero desgastado crujía cada vez que se movía, dejando entrever correas con munición, múltiples cuchillos y pequeños talismanes grabados con runas antiguas que pulsaban tenuemente.

    Era magia.

    Magia real.

    Bastante rara.

    Demasiado cara.

    Y lo bastante ilegal como para hacer que la gente desaparezca de la noche a la mañana.

    Un parche negro cubría completamente su ojo derecho, sujeto por una correa gastada que se perdía entre el cabello oscuro y descuidado. El izquierdo —grisáceo, cansado y afilado como vidrio roto— observaba el reflejo del callejón en el cristal sucio del puesto mientras fumaba un cigarro aplastado...

    Y ahí estaba, otra vez.

    La figura...

    Esa pequeña sombra.

    Quieta bajo la lluvia.

    Llevaba siguiéndolo tres días.

    Mercados negros. Túneles de carga. Clubes clandestinos. Basureros industriales.

    Siempre igual: aparecía a la distancia y se limitaba a observarlo.

    Nunca demasiado cerca.

    Nunca demasiado obvia.

    Eso era lo que empezaba a irritarlo.

    La prudencia.

    La paciencia.

    Los policías normales eran perros rabiosos; llegaban gritando, armados y con demasiada testosterona.

    Esto era diferente. Más frío. Más cuidadoso.

    Mucho más inteligente.

    Y eso lo odiaba.

    El cocinero del puesto tragó saliva al notar hacia dónde miraba el hombre.

    — ¿Problemas…?

    El cazador soltó una risa seca y cansada.

    — En esta puñetera ciudad el respirar ya cuenta como un problema.

    Su voz sonó áspera, gastada por humo y demasiado alcohol barato.

    Tomó los palillos otra vez, probó el ramen y escupió inmediatamente el caldo al suelo.

    — La puta madre... Esto sabe a lubricante.

    — Es pasta de proteína... —respondió inmediato el cocinero, pero la voz fue baja. Casi como una disculpa.

    — Pues sabe a mierda.

    El cocinero prefirió callarse.

    Sabía quién era él.

    Todos en el bajo mundo lo sabían.

    Un fantasma armado.

    Un perro rabioso.

    Un bastardo que aceptaba trabajos que ni siquiera los más fuertes e importantes querían tocar.

    Se decía que había matado traficantes con las manos desnudas.

    Que usaba magia prohibida.

    Que una vez sobrevivió tres días atrapado en la superficie infestada de mutantes alimentándose de cadáveres.

    La mitad seguramente era mentira.

    La otra mitad...

    Probablemente se quedaba corta.

    El hombre dejó unas monedas sobre el mostrador y finalmente se puso de pie.

    Alto. Ligeramente delgado. Completamente consumido por el cansancio.

    El abrigo negro cayó con peso alrededor de su figura mientras ajustaba lentamente la pistola en la funda.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero con un repiqueteo constante.

    Su único ojo visible volvió hacia la silueta lejana.

    Seguía ahí.

    Inmóvil.

    Observándolo bajo la lluvia y las luces del Ark.

    Entonces sonrió.

    Una sonrisa fingida.

    Vacía.

    — Perfecto... —murmuró—. O me quieren muerto o tengo un puto acosador. Y, honestamente, no sé qué mierda me da más asco...
    Las entrañas del Ark respiraban vapor tóxico por kilómetros de tuberías oxidadas que cruzaban el techo como venas infectas. El neón derramaba colores enfermizos sobre las calles mojadas: rosas violentos, azules moribundos, verdes radiactivos que convertían los charcos en heridas brillantes. La lluvia artificial caía desde los sistemas de condensación superiores arrastrando hollín, grasa industrial y el olor metálico de la sangre oxidándose al intemperie. Todo mantenía la fragancia de algo muriéndose lentamente. Y él encajaba perfectamente allí. El hombre permanecía sentado frente a un puesto mugriento de ramen sintético. Hundido en una silla de plástico mientras removía distraídamente los fideos hinchados en un grasiento caldo. El vapor le golpeaba el rostro cansado y mal afeitado, parcialmente oculto bajo la sombra de un sombrero viejo de ala ancha que parecía haber sobrevivido a demasiados tiroteos. El largo abrigo negro caía hasta debajo de las rodillas como un sudario empapado, pesado por la lluvia y el humo del bajo mundo. El cuero desgastado crujía cada vez que se movía, dejando entrever correas con munición, múltiples cuchillos y pequeños talismanes grabados con runas antiguas que pulsaban tenuemente. Era magia. Magia real. Bastante rara. Demasiado cara. Y lo bastante ilegal como para hacer que la gente desaparezca de la noche a la mañana. Un parche negro cubría completamente su ojo derecho, sujeto por una correa gastada que se perdía entre el cabello oscuro y descuidado. El izquierdo —grisáceo, cansado y afilado como vidrio roto— observaba el reflejo del callejón en el cristal sucio del puesto mientras fumaba un cigarro aplastado... Y ahí estaba, otra vez. La figura... Esa pequeña sombra. Quieta bajo la lluvia. Llevaba siguiéndolo tres días. Mercados negros. Túneles de carga. Clubes clandestinos. Basureros industriales. Siempre igual: aparecía a la distancia y se limitaba a observarlo. Nunca demasiado cerca. Nunca demasiado obvia. Eso era lo que empezaba a irritarlo. La prudencia. La paciencia. Los policías normales eran perros rabiosos; llegaban gritando, armados y con demasiada testosterona. Esto era diferente. Más frío. Más cuidadoso. Mucho más inteligente. Y eso lo odiaba. El cocinero del puesto tragó saliva al notar hacia dónde miraba el hombre. — ¿Problemas…? El cazador soltó una risa seca y cansada. — En esta puñetera ciudad el respirar ya cuenta como un problema. Su voz sonó áspera, gastada por humo y demasiado alcohol barato. Tomó los palillos otra vez, probó el ramen y escupió inmediatamente el caldo al suelo. — La puta madre... Esto sabe a lubricante. — Es pasta de proteína... —respondió inmediato el cocinero, pero la voz fue baja. Casi como una disculpa. — Pues sabe a mierda. El cocinero prefirió callarse. Sabía quién era él. Todos en el bajo mundo lo sabían. Un fantasma armado. Un perro rabioso. Un bastardo que aceptaba trabajos que ni siquiera los más fuertes e importantes querían tocar. Se decía que había matado traficantes con las manos desnudas. Que usaba magia prohibida. Que una vez sobrevivió tres días atrapado en la superficie infestada de mutantes alimentándose de cadáveres. La mitad seguramente era mentira. La otra mitad... Probablemente se quedaba corta. El hombre dejó unas monedas sobre el mostrador y finalmente se puso de pie. Alto. Ligeramente delgado. Completamente consumido por el cansancio. El abrigo negro cayó con peso alrededor de su figura mientras ajustaba lentamente la pistola en la funda. La lluvia golpeó el ala de su sombrero con un repiqueteo constante. Su único ojo visible volvió hacia la silueta lejana. Seguía ahí. Inmóvil. Observándolo bajo la lluvia y las luces del Ark. Entonces sonrió. Una sonrisa fingida. Vacía. — Perfecto... —murmuró—. O me quieren muerto o tengo un puto acosador. Y, honestamente, no sé qué mierda me da más asco...
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  • Una ligera nube de vapor emanó de sus labios tras un suspiro, dejando el libro sobre su pecho mientras se tomaba una pausa. Arropada por la quietud de la noche bajo el cielo estrellado y una luna brillante, Lumine reposaba la cabeza sobre una de las raíces de un gran roble en lo alto de una colina. El árbol, una figura imponente que dominaría la vista de cualquiera en la zona, le ofrecía el refugio perfecto. Y aunque quizá llamaba más la atención de lo que le gustaría, la suavidad del pasto, la brisa y el hermoso panorama resultaron demasiado tentadores como para dejarlos pasar.

    Tras un largo día persiguiendo jabalíes salvajes, jugando a la cazadora mientras lidiaba con un equipo incapaz de seguirle el ritmo, merecía un descanso real. Se había premiado con un generoso estofado hecho con la carne de la recompensa; el tazón vacío a su lado y la olla casi seca sobre las brasas de una fogata, daban fe del festín.

    Sin embargo, sus oídos captaron algo acercándose: pasos sobre la hierba subiendo la colina. Su espada reposaba a su izquierda, así que se mantuvo tranquila. Con las piernas descansando sobre la roca, observó a la figura en cuanto la tuvo a la vista, y anunció su presencia.

    —Buenas noches.

    #FreeRol
    Una ligera nube de vapor emanó de sus labios tras un suspiro, dejando el libro sobre su pecho mientras se tomaba una pausa. Arropada por la quietud de la noche bajo el cielo estrellado y una luna brillante, Lumine reposaba la cabeza sobre una de las raíces de un gran roble en lo alto de una colina. El árbol, una figura imponente que dominaría la vista de cualquiera en la zona, le ofrecía el refugio perfecto. Y aunque quizá llamaba más la atención de lo que le gustaría, la suavidad del pasto, la brisa y el hermoso panorama resultaron demasiado tentadores como para dejarlos pasar. Tras un largo día persiguiendo jabalíes salvajes, jugando a la cazadora mientras lidiaba con un equipo incapaz de seguirle el ritmo, merecía un descanso real. Se había premiado con un generoso estofado hecho con la carne de la recompensa; el tazón vacío a su lado y la olla casi seca sobre las brasas de una fogata, daban fe del festín. Sin embargo, sus oídos captaron algo acercándose: pasos sobre la hierba subiendo la colina. Su espada reposaba a su izquierda, así que se mantuvo tranquila. Con las piernas descansando sobre la roca, observó a la figura en cuanto la tuvo a la vista, y anunció su presencia. —Buenas noches. #FreeRol
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    ¡Bienvenid@ a FicRol!
    Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:

    ㅤㅤ¡Nicole Rendaia!
    Raza: Humano
    Fandom: Z.Y.X.S
    Estudiante / Cazadora

    Es un placer tenerte por aquí . Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.

    Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.

    Recursos útiles para empezar:

    Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines

    Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711

    GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades

    Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D

    Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793

    Tienes toda esta información y más en el apartado "Ficha" de mi perfil: https://ficrol.com/blogs/353277/ENLACES-DE-INTER%C3%89S-PARA-FICROLERS

    ¡Nos vemos en el Inicio!

    #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
    ✨ ¡Bienvenid@ a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[vortex_emerald_pigeon_594]! 🧬Raza: Humano 👾Fandom: Z.Y.X.S 💼 Estudiante / Cazadora Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma. 🔎 Recursos útiles para empezar: ✨ Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines ✨ Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 ✨ GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades ✨ Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D ✨ Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ✨ Tienes toda esta información y más en el apartado "Ficha" de mi perfil: https://ficrol.com/blogs/353277/ENLACES-DE-INTER%C3%89S-PARA-FICROLERS ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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  • —Cazamos porque somos cazadores. De nada sirve decir que hemos conseguido todo lo que nos propusimos, que todo acabó, que esto es el final. El mundo no permanecerá inmóvil a nuestro alrededor. O nos movemos con el mundo, o él nos arrastrará.
    —Cazamos porque somos cazadores. De nada sirve decir que hemos conseguido todo lo que nos propusimos, que todo acabó, que esto es el final. El mundo no permanecerá inmóvil a nuestro alrededor. O nos movemos con el mundo, o él nos arrastrará.
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  • Quería volver a experimentar con cadáveres humanos para crear otras criaturas, pero le dijeron que para eso iba a tener que contratar a un cazador por si se le volvía a escapar el experimento del laboratorio, de lo contrario no le iban a dar los materiales que necesitaba.

    —Tsk, ¿Donde voy a sacar alguien que quiera jugarse el cuello con mis experimentos?.
    Quería volver a experimentar con cadáveres humanos para crear otras criaturas, pero le dijeron que para eso iba a tener que contratar a un cazador por si se le volvía a escapar el experimento del laboratorio, de lo contrario no le iban a dar los materiales que necesitaba. —Tsk, ¿Donde voy a sacar alguien que quiera jugarse el cuello con mis experimentos?.
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