• • 「ℌ𝔬𝔪𝔢𝔴𝔞𝔯𝔡」
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    𝑓𝑡. 「 𝐀 𝐧 𝐞 𝐭 𝐭 𝐞 」



    Desde la cúspide del rascacielos, donde el viento golpeaba como una bestia feroz y los sonidos del tránsito llegaban convertidos en un murmullo remoto, aquella figura contemplaba el horizonte con esa tranquilidad de quien nunca había tenido miedo. O, al menos, de quien había dedicado suficiente tiempo para perfeccionar la apariencia de no conocerlo.

    Vestía un traje negro de confección rigurosa, privado de cualquier ornamento superfluo. El traje le quedaba perfecto y cada pliegue parecía haber sido dispuesto con una precisión deliberada. Ni siquiera las ráfagas que cruzaban la azotea lograban descomponerlo por completo. Agitaban ligeramente el borde del saco, concediéndole, por instantes, el aspecto ambiguo y refinado de un hombre de alta cuna.

    Durante un año entero, el mundo había pronunciado su ausencia con la comodidad reservada a las tragedias concluidas. Hubo quienes lloraron. Otros celebraron con una discreción admirable. Algunos aprovecharon el vacío para repartirse sus secretos y los restos de una influencia que, en su arrogancia, creyeron extinguida. Su nombre fue escrito en informes, murmurado en habitaciones cerradas y grabado sobre una lápida que jamás custodió un cadáver.

    Después, incluso eso dejó de ocurrir.

    El nombre se volvió una superstición.

    Uno que era mejor no mencionar.

    Un vestigio que la gente evitaba pronunciar, no por respeto, sino por ese temor profundamente humano de que ciertas cosas puedan regresar cuando son invocadas. Con el tiempo, hablar de él se convirtió en una especie de silenciosa transgresión. Los que aún lo recordaban bajaban la voz. Los que fingían haberlo olvidado se apresuraban a cambiar de tema. Y quienes habían tenido algo que ver con su muerte aprendieron a palidecer cada vez que alguien mencionaba la posibilidad de que algunos muertos fueran demasiado obstinados para permanecer bajo tierra.

    Él veía eso como algo francamente encantador.

    Un nombre convertido en tabú era, después de todo, mucho más útil que un nombre célebre.

    La fama exigía presencia.

    El miedo, en cambio, trabajaba perfectamente en ausencia.

    Permanecía cerca del borde, con una mano descansando dentro del bolsillo del pantalón y la otra ocupada en ajustar, por tercera vez, el puño izquierdo de su camisa. El gesto era pequeño, meticuloso y absolutamente innecesario. La manga ya estaba alineada con el milimétrico rigor que él exigía de todas las cosas que toleraba cerca. Sin embargo, volvió a acomodarla, como si la imperfección más insignificante constituyera una ofensa personal.

    Entonces observó su reflejo distorsionado en uno de los paneles de cristal que rodeaban la azotea.

    El hombre que le devolvió la mirada parecía sereno.

    Refinado.

    Intacto.

    Era una representación convincente.

    La sonrisa tenue, educada y casi afable que ocupaba sus labios había sido ensayada durante años. No expresaba calidez, aunque sabía imitarla; tampoco alegría, pese a que podía sugerirla con una precisión desconcertante. Era la sonrisa de alguien que comprendía las reglas de la cortesía, pero las consideraba una disciplina teatral destinada a tranquilizar a quienes no soportaban contemplar lo que había detrás.

    Y detrás había algo que ni la tumba había conseguido domesticar...

    Desvió la mirada del cristal y la llevó hasta el cielo.

    En la distancia, las nubes se acumulaban sobre los edificios como una procesión de presagios. La luna, parcialmente cubierta, derramaba una claridad pálida sobre las superficies metálicas, mientras las luces rojas de las antenas parpadeaban con una regularidad que él encontraba irritantemente mediocre.

    Había vuelto hace un par de días.

    No mediante un milagro, pues los milagros le parecían una explicación excesivamente sentimental, sino mediante una negativa.

    La muerte había intentado conservarlo.

    Él se había negado.

    Durante doce meses había existido en un lugar sin relojes, sin aire y sin horizontes, atrapado en una quietud tan absoluta que incluso el pensamiento parecía pudrirse antes de completarse. Había sentido cómo aquella oscuridad intentaba despojarlo de sus recuerdos, de su voluntad y, finalmente, de aquello que alguna vez había sido su nombre.

    Pero su alma no era una criatura dócil.

    La muerte tampoco resultó ser una prisión especialmente competente.

    —Un año. —murmuró, con la voz baja y ligeramente fastidiada, como si comentara el retraso de un tren—. Debo reconocer que esperaba más de la muerte. La reputación que tiene es extraordinaria; su servicio, en cambio, deja mucho que desear.

    El viento se llevó la frase hacia el vacío.

    Él inclinó un poco el rostro, escuchando con suma atención.

    No oyó pasos todavía.

    No importaba.

    Sabía que su perseguidor estaba cerca.

    Había detectado las preguntas formuladas con demasiado cuidado, las cámaras intervenidas, los registros consultados a altas horas de la noche y la sucesión de testigos que, después de hablar, comenzaron a mirar por encima del hombro. Alguien había encontrado el hilo de su regreso y, en lugar de cortarlo como habría aconsejado el más elemental instinto de supervivencia; había decidido seguirlo.

    Una decisión admirable.

    También profundamente estúpida.

    No había intentado ocultar por completo su rastro. Solo lo suficiente para convertir la persecución en un digno desafío. Una pista en un archivo municipal. Una silueta captada durante tres segundos por una cámara de seguridad. Una firma incompleta en el registro de un hotel. Un cadáver que llevaba en el bolsillo una moneda con una leyenda en ruso y un trece en número romano.

    Migajas.

    Elegantes, naturalmente.

    Para él, la mediocridad no debía permitirse ni siquiera durante una cacería.

    Su acechante había recogido cada una de ellas.

    Y ahora llegaría hasta allí convencido de haber descubierto el destino final, ignorando, quizá, que no se trataba de un escondite; sino de un escenario. Aquella azotea no era el lugar al que él había sido acorralado.

    Era el lugar donde había decidido esperar.

    Una vibración sutil recorrió la estructura metálica de la puerta situada a varios metros de distancia.

    El ascensor se había detenido en el último piso.

    La sonrisa del hombre se curvó con una mínima fracción de los labios.

    No se giró de inmediato. Hacerlo habría delatado impaciencia, y la impaciencia era una flaqueza estética que jamás se permitiría en público. Se limitó a sacar una mano del bolsillo y consultar la hora con ayuda del reloj que portaba sujeto a la muñeca.

    Primero llegó el sonido amortiguado de unos pasos al otro lado de la puerta.

    Luego, el mecanismo de seguridad fue manipulado.

    Él contó los segundos en silencio.

    Uno.

    Dos.

    Tres.

    Una breve pausa.

    Cuatro.

    La puerta se abrió con un gemido metálico, liberando sobre la azotea una franja de luz blanca que cortó la oscuridad a su espalda.

    Aún entonces, continuó contemplando la ciudad.

    — Debo felicitarte. —dijo con serenidad, elevando la voz para imponerse al sonido del viento—. Has tardado menos de lo que calculé.

    Solo entonces giró el rostro por encima del hombro.

    La luz no alcanzó por completo sus facciones. Mostró débilmente el perfil de una sonrisa cortés y la frialdad atenta de unos ojos que parecían medir distancias, pulsaciones y probabilidades con genuina facilidad.

    — Aunque eso diga más sobre la incompetencia de quienes intentaron ocultarme que sobre tu talento.

    Se volteó con una calma total, abandonando por fin el horizonte para concederle toda su atención a la figura que acababa de aparecer.

    Su postura era impecable. Los hombros relajados, la barbilla ligeramente elevada y ambas manos visibles, como si pretendiera demostrar que no llevaba armas o, más probablemente, que no necesitaba ninguna. Bajo aquella elegancia estudiada había una tensión difícil de nombrar; algo impropio, casi depredador, que ninguna sonrisa conseguía disimular por completo.

    La examinó durante unos segundos deliberadamente largos.

    Había curiosidad en sus ojos.

    También una arrogancia ligeramente velada.

    — Supongo que esperas una explicación. Tal vez una confesión conmovedora sobre cómo sobreviví. Una descripción dramática del sepulcro, del dolor y de mi valeroso retorno a la tierra de los vivos.

    Dejó escapar una breve risa, demasiado tenue para considerarse genuina.

    — Pero sé que no viniste a escuchar una historia.

    Avanzó un solo paso. La pisada de su zapato resonó contra el cemento húmedo con una nitidez anormal.

    — La versión sencilla es que morí.

    Dio otro paso.

    — La versión incómoda es que no duró lo suficiente.

    Se detuvo a una distancia prudente, aunque no defensiva. Ladeó ligeramente la cabeza y estudió a su perseguidora como si fuera una pieza interesante colocada sobre una mesa de disección.

    — En cuanto a quién soy... —la sonrisa permaneció, pero algo en su mirada se endureció—. Te aconsejo que no formules esa pregunta en voz alta.

    El viento volvió a levantarse, sacudiendo el saco negro alrededor de su cuerpo. Durante un instante, la figura refinada pareció fragmentarse entre la luz de la puerta y la oscuridad del cielo; demasiado sólida para ser un fantasma, demasiado irreal para ser un hombre.

    — Mi nombre ha adquirido cierta... Inconveniencia social —prosiguió con una delicadeza casi burlona—. Hay palabras que abren puertas. Otras invocan recuerdos. La mía, según parece, provoca ataques de pánico.

    Alzó una ceja.

    — Y sería descortés arruinar la noche tan pronto.

    Una nueva pausa se interpuso entre ambos. Abajo, la ciudad continuaba viviendo con absoluta ignorancia. Bocinas, sirenas y millones de voces se confundían en un rumor lejano, incapaz de alcanzar la altura en la que los dos se encontraban.

    Él volvió a mirar brevemente hacia el horizonte, como si el encuentro no mereciera todavía toda su atención.

    — Sin embargo, me halaga que hayas seguido mi rastro. —admitió con un tono lleno de soberbia—. Los muertos reciben pocas visitas llenas de un interés genuino. La mayoría de la gente prefiere limitarse a llevar flores y mentir sobre cuánto extraña a la persona.

    Sus dedos rozaron el puño de su camisa una vez más.

    Perfecto.

    Todo permanecía como le gustaba.

    Excepto, quizá, por el ligero temblor que recorrió su mano antes de que la ocultara dentro del bolsillo.

    Fue un movimiento veloz.

    Casi imperceptible.

    La máscara de su refinamiento no se alteró.

    — Ahora bien. —añadió, recuperando aquella cortesía artificial que resultaba más amenazante que cualquier hostilidad abierta—. Has invertido una cantidad considerable de tiempo en encontrarme. Has interrogado a personas que no debías conocer, abierto archivos que debían permanecer cerrados y llegado hasta una azotea en mitad de la noche para encontrarte con un hombre oficialmente muerto.

    Se aproximó un último paso.

    Su voz descendió hasta transformarse en una confidencia por la suavidad de la misma.

    — Espero, por tu propio bien, que hayas venido con una buena intención.
    𝑓𝑡. 「 𝐀 𝐧 𝐞 𝐭 𝐭 𝐞 」 Desde la cúspide del rascacielos, donde el viento golpeaba como una bestia feroz y los sonidos del tránsito llegaban convertidos en un murmullo remoto, aquella figura contemplaba el horizonte con esa tranquilidad de quien nunca había tenido miedo. O, al menos, de quien había dedicado suficiente tiempo para perfeccionar la apariencia de no conocerlo. Vestía un traje negro de confección rigurosa, privado de cualquier ornamento superfluo. El traje le quedaba perfecto y cada pliegue parecía haber sido dispuesto con una precisión deliberada. Ni siquiera las ráfagas que cruzaban la azotea lograban descomponerlo por completo. Agitaban ligeramente el borde del saco, concediéndole, por instantes, el aspecto ambiguo y refinado de un hombre de alta cuna. Durante un año entero, el mundo había pronunciado su ausencia con la comodidad reservada a las tragedias concluidas. Hubo quienes lloraron. Otros celebraron con una discreción admirable. Algunos aprovecharon el vacío para repartirse sus secretos y los restos de una influencia que, en su arrogancia, creyeron extinguida. Su nombre fue escrito en informes, murmurado en habitaciones cerradas y grabado sobre una lápida que jamás custodió un cadáver. Después, incluso eso dejó de ocurrir. El nombre se volvió una superstición. Uno que era mejor no mencionar. Un vestigio que la gente evitaba pronunciar, no por respeto, sino por ese temor profundamente humano de que ciertas cosas puedan regresar cuando son invocadas. Con el tiempo, hablar de él se convirtió en una especie de silenciosa transgresión. Los que aún lo recordaban bajaban la voz. Los que fingían haberlo olvidado se apresuraban a cambiar de tema. Y quienes habían tenido algo que ver con su muerte aprendieron a palidecer cada vez que alguien mencionaba la posibilidad de que algunos muertos fueran demasiado obstinados para permanecer bajo tierra. Él veía eso como algo francamente encantador. Un nombre convertido en tabú era, después de todo, mucho más útil que un nombre célebre. La fama exigía presencia. El miedo, en cambio, trabajaba perfectamente en ausencia. Permanecía cerca del borde, con una mano descansando dentro del bolsillo del pantalón y la otra ocupada en ajustar, por tercera vez, el puño izquierdo de su camisa. El gesto era pequeño, meticuloso y absolutamente innecesario. La manga ya estaba alineada con el milimétrico rigor que él exigía de todas las cosas que toleraba cerca. Sin embargo, volvió a acomodarla, como si la imperfección más insignificante constituyera una ofensa personal. Entonces observó su reflejo distorsionado en uno de los paneles de cristal que rodeaban la azotea. El hombre que le devolvió la mirada parecía sereno. Refinado. Intacto. Era una representación convincente. La sonrisa tenue, educada y casi afable que ocupaba sus labios había sido ensayada durante años. No expresaba calidez, aunque sabía imitarla; tampoco alegría, pese a que podía sugerirla con una precisión desconcertante. Era la sonrisa de alguien que comprendía las reglas de la cortesía, pero las consideraba una disciplina teatral destinada a tranquilizar a quienes no soportaban contemplar lo que había detrás. Y detrás había algo que ni la tumba había conseguido domesticar... Desvió la mirada del cristal y la llevó hasta el cielo. En la distancia, las nubes se acumulaban sobre los edificios como una procesión de presagios. La luna, parcialmente cubierta, derramaba una claridad pálida sobre las superficies metálicas, mientras las luces rojas de las antenas parpadeaban con una regularidad que él encontraba irritantemente mediocre. Había vuelto hace un par de días. No mediante un milagro, pues los milagros le parecían una explicación excesivamente sentimental, sino mediante una negativa. La muerte había intentado conservarlo. Él se había negado. Durante doce meses había existido en un lugar sin relojes, sin aire y sin horizontes, atrapado en una quietud tan absoluta que incluso el pensamiento parecía pudrirse antes de completarse. Había sentido cómo aquella oscuridad intentaba despojarlo de sus recuerdos, de su voluntad y, finalmente, de aquello que alguna vez había sido su nombre. Pero su alma no era una criatura dócil. La muerte tampoco resultó ser una prisión especialmente competente. —Un año. —murmuró, con la voz baja y ligeramente fastidiada, como si comentara el retraso de un tren—. Debo reconocer que esperaba más de la muerte. La reputación que tiene es extraordinaria; su servicio, en cambio, deja mucho que desear. El viento se llevó la frase hacia el vacío. Él inclinó un poco el rostro, escuchando con suma atención. No oyó pasos todavía. No importaba. Sabía que su perseguidor estaba cerca. Había detectado las preguntas formuladas con demasiado cuidado, las cámaras intervenidas, los registros consultados a altas horas de la noche y la sucesión de testigos que, después de hablar, comenzaron a mirar por encima del hombro. Alguien había encontrado el hilo de su regreso y, en lugar de cortarlo como habría aconsejado el más elemental instinto de supervivencia; había decidido seguirlo. Una decisión admirable. También profundamente estúpida. No había intentado ocultar por completo su rastro. Solo lo suficiente para convertir la persecución en un digno desafío. Una pista en un archivo municipal. Una silueta captada durante tres segundos por una cámara de seguridad. Una firma incompleta en el registro de un hotel. Un cadáver que llevaba en el bolsillo una moneda con una leyenda en ruso y un trece en número romano. Migajas. Elegantes, naturalmente. Para él, la mediocridad no debía permitirse ni siquiera durante una cacería. Su acechante había recogido cada una de ellas. Y ahora llegaría hasta allí convencido de haber descubierto el destino final, ignorando, quizá, que no se trataba de un escondite; sino de un escenario. Aquella azotea no era el lugar al que él había sido acorralado. Era el lugar donde había decidido esperar. Una vibración sutil recorrió la estructura metálica de la puerta situada a varios metros de distancia. El ascensor se había detenido en el último piso. La sonrisa del hombre se curvó con una mínima fracción de los labios. No se giró de inmediato. Hacerlo habría delatado impaciencia, y la impaciencia era una flaqueza estética que jamás se permitiría en público. Se limitó a sacar una mano del bolsillo y consultar la hora con ayuda del reloj que portaba sujeto a la muñeca. Primero llegó el sonido amortiguado de unos pasos al otro lado de la puerta. Luego, el mecanismo de seguridad fue manipulado. Él contó los segundos en silencio. Uno. Dos. Tres. Una breve pausa. Cuatro. La puerta se abrió con un gemido metálico, liberando sobre la azotea una franja de luz blanca que cortó la oscuridad a su espalda. Aún entonces, continuó contemplando la ciudad. — Debo felicitarte. —dijo con serenidad, elevando la voz para imponerse al sonido del viento—. Has tardado menos de lo que calculé. Solo entonces giró el rostro por encima del hombro. La luz no alcanzó por completo sus facciones. Mostró débilmente el perfil de una sonrisa cortés y la frialdad atenta de unos ojos que parecían medir distancias, pulsaciones y probabilidades con genuina facilidad. — Aunque eso diga más sobre la incompetencia de quienes intentaron ocultarme que sobre tu talento. Se volteó con una calma total, abandonando por fin el horizonte para concederle toda su atención a la figura que acababa de aparecer. Su postura era impecable. Los hombros relajados, la barbilla ligeramente elevada y ambas manos visibles, como si pretendiera demostrar que no llevaba armas o, más probablemente, que no necesitaba ninguna. Bajo aquella elegancia estudiada había una tensión difícil de nombrar; algo impropio, casi depredador, que ninguna sonrisa conseguía disimular por completo. La examinó durante unos segundos deliberadamente largos. Había curiosidad en sus ojos. También una arrogancia ligeramente velada. — Supongo que esperas una explicación. Tal vez una confesión conmovedora sobre cómo sobreviví. Una descripción dramática del sepulcro, del dolor y de mi valeroso retorno a la tierra de los vivos. Dejó escapar una breve risa, demasiado tenue para considerarse genuina. — Pero sé que no viniste a escuchar una historia. Avanzó un solo paso. La pisada de su zapato resonó contra el cemento húmedo con una nitidez anormal. — La versión sencilla es que morí. Dio otro paso. — La versión incómoda es que no duró lo suficiente. Se detuvo a una distancia prudente, aunque no defensiva. Ladeó ligeramente la cabeza y estudió a su perseguidora como si fuera una pieza interesante colocada sobre una mesa de disección. — En cuanto a quién soy... —la sonrisa permaneció, pero algo en su mirada se endureció—. Te aconsejo que no formules esa pregunta en voz alta. El viento volvió a levantarse, sacudiendo el saco negro alrededor de su cuerpo. Durante un instante, la figura refinada pareció fragmentarse entre la luz de la puerta y la oscuridad del cielo; demasiado sólida para ser un fantasma, demasiado irreal para ser un hombre. — Mi nombre ha adquirido cierta... Inconveniencia social —prosiguió con una delicadeza casi burlona—. Hay palabras que abren puertas. Otras invocan recuerdos. La mía, según parece, provoca ataques de pánico. Alzó una ceja. — Y sería descortés arruinar la noche tan pronto. Una nueva pausa se interpuso entre ambos. Abajo, la ciudad continuaba viviendo con absoluta ignorancia. Bocinas, sirenas y millones de voces se confundían en un rumor lejano, incapaz de alcanzar la altura en la que los dos se encontraban. Él volvió a mirar brevemente hacia el horizonte, como si el encuentro no mereciera todavía toda su atención. — Sin embargo, me halaga que hayas seguido mi rastro. —admitió con un tono lleno de soberbia—. Los muertos reciben pocas visitas llenas de un interés genuino. La mayoría de la gente prefiere limitarse a llevar flores y mentir sobre cuánto extraña a la persona. Sus dedos rozaron el puño de su camisa una vez más. Perfecto. Todo permanecía como le gustaba. Excepto, quizá, por el ligero temblor que recorrió su mano antes de que la ocultara dentro del bolsillo. Fue un movimiento veloz. Casi imperceptible. La máscara de su refinamiento no se alteró. — Ahora bien. —añadió, recuperando aquella cortesía artificial que resultaba más amenazante que cualquier hostilidad abierta—. Has invertido una cantidad considerable de tiempo en encontrarme. Has interrogado a personas que no debías conocer, abierto archivos que debían permanecer cerrados y llegado hasta una azotea en mitad de la noche para encontrarte con un hombre oficialmente muerto. Se aproximó un último paso. Su voz descendió hasta transformarse en una confidencia por la suavidad de la misma. — Espero, por tu propio bien, que hayas venido con una buena intención.
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  • [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor]

    ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi×

    Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés

    Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero

    Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo?

    Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas

    Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja

    ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros×

    Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado!

    ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera×

    ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo

    Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!?

    ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor.

    ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento×

    [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar]

    que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán..

    ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas×

    que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina!

    ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente×

    ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut.

    me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe!

    ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente×

    Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran!

    ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo

    no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino.

    ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano×

    (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
    [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor] ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi× Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo? Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros× Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado! ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera× ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!? ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor. ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento× [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar] que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán.. ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas× que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina! ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente× ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut. me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe! ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente× Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran! ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino. ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano× (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
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  • [Durante la noche Keinshi saldría en su veloz Kawasaki Ninja no para un simple paseo, debía encontrarse con alguien en una reunión sobre un asunto de gran importancia.. ¿Negocios? ¿Archivos? ¿O algo peor? No era algo que pudiera saberse la respuesta pero este ya iba en camino hacia el punto de encuentro]

    (Mas les vale no hacerme perder el tiempo.. si lo que dijeron es cierto entonces se trata de algo grande..)

    •este se acomodaría en su moto con cuidado antes de acelerarla hasta los 300km/h para asegurarse de llegar lo antes posible. En estos momentos el rostro de Keinshi demostraba una expresión sería mientras miraba hacia el frente en lo que un sutil brillo morado se le veía en los ojos•
    [Durante la noche Keinshi saldría en su veloz Kawasaki Ninja no para un simple paseo, debía encontrarse con alguien en una reunión sobre un asunto de gran importancia.. ¿Negocios? ¿Archivos? ¿O algo peor? No era algo que pudiera saberse la respuesta pero este ya iba en camino hacia el punto de encuentro] (Mas les vale no hacerme perder el tiempo.. si lo que dijeron es cierto entonces se trata de algo grande..) •este se acomodaría en su moto con cuidado antes de acelerarla hasta los 300km/h para asegurarse de llegar lo antes posible. En estos momentos el rostro de Keinshi demostraba una expresión sería mientras miraba hacia el frente en lo que un sutil brillo morado se le veía en los ojos•
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  • ×tras buscar en la gran biblioteca de la familia Feu logre encontrar esos archivos antiguos que tanto buscaba y en silencio me dirigi a una zona donde no me vieran para poder leerlos tranquilamente×

    Que interesante.. ser de la realeza sin duda es muy difícil.. creí que mí reina era la única pero en verdad existio más de una familia real, aunque todos fallecieron.. debe haber algo más por aquí que me ayude a entender mejor

    ×continuaba leyendo esos archivos con total calma y paciencia pero en el fondo sabía que no podía perder mucho tiempo ya que no era bienvenido en esa mansión y ninguno de los integrantes de la familia sabía que yo estaba ahí a excepción de una de ellos×

    ¿Hmm? Aquí está tiene que ser esto.. veamos.. pff~
    Jajaja lo sabía esto es justo lo que quería leer.. nuestra raza aún no está pérdida aún existe esperanza.. puede que exista la posibilidad de que un nuevo rey o reina aparezca algún día para tomar el mando.. esto me provoca un alivio enorme

    ×despuea de leer lo que quería saber volví a dejar los archivos en su lugar para poder salir de la biblioteca y en silencio saldría por la puerta trasera de la mansion para estar al aire libre y transformarme en dragón para alejarme de la mansion×
    ×tras buscar en la gran biblioteca de la familia Feu logre encontrar esos archivos antiguos que tanto buscaba y en silencio me dirigi a una zona donde no me vieran para poder leerlos tranquilamente× Que interesante.. ser de la realeza sin duda es muy difícil.. creí que mí reina era la única pero en verdad existio más de una familia real, aunque todos fallecieron.. debe haber algo más por aquí que me ayude a entender mejor ×continuaba leyendo esos archivos con total calma y paciencia pero en el fondo sabía que no podía perder mucho tiempo ya que no era bienvenido en esa mansión y ninguno de los integrantes de la familia sabía que yo estaba ahí a excepción de una de ellos× ¿Hmm? Aquí está tiene que ser esto.. veamos.. pff~ Jajaja lo sabía esto es justo lo que quería leer.. nuestra raza aún no está pérdida aún existe esperanza.. puede que exista la posibilidad de que un nuevo rey o reina aparezca algún día para tomar el mando.. esto me provoca un alivio enorme ×despuea de leer lo que quería saber volví a dejar los archivos en su lugar para poder salir de la biblioteca y en silencio saldría por la puerta trasera de la mansion para estar al aire libre y transformarme en dragón para alejarme de la mansion×
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  • Tras el que había resultado ser el día más largo de su vida -aunque su memoria, ahora mismo, no fuera precisamente un archivo confiable(?)-, el despertar en su propia casa resultó reconfortante. El día anterior, había sido una avalancha de revelaciones; No humana. Poderes. Magia carmesí. Ojos que brillan. Portales. Nwitta. Vigilantes. Palabras que sonaban a película de fantasía. (?) Y también había descubierto otras cosas. Cosas sobre las que prefería no pensar demasiado. Así que, fiel a su estilo, decidió archivarlas en un rincón de su mente bajo la etiqueta de 'resolver más tarde'. (?)

    Ahora, con el sol de la mañana estampandole la cara, tenía otras prioridades. Habian regresado con un cofre rebosante de los artefactos mágicos de los que Veyra Leˑron tanto alardeaba, mismos que pretendían vender bajo el nombre de 'reliquias'. Allí, de pie en el jardín de su propia casa, con una mesa plegable polvorosa que había encontrado en algún rincón, comenzaron a 'organizar' su primera venta... O más bien, la castaña y ella habían comenzado a disponer los objetos sobre la mesa de forma caótica. (?)

    ¿Sería esto suficiente para iniciar con su negocio? ¿Simplemente sacaban una mesa al patio y esperaban que los compradores cayeran del cielo? (?) La necesidad de dinero era apremiante, especialmente ahora que Kieran se había quedado sin empleo. Y aún más, considerando que apenas el día anterior, había gastado altas cifras por el móvil nuevo que ella todavía no recuperaba tras haberlo dejado olvidado en el resort junto a sus otras pertenencias. Eso era un problema. Problema que, por supuesto, ella había etiquetado también con 'resolver más tarde'. Podía perder la memoria Pero no las viejas costumbres. De todos modos, pretendía encontrar una solución antes de que los otros dos se enteraran. (?)

    Sin embargo, el patio seguía sospechosamente tranquilo. Ni un alma, ni un cliente, ni un rastro de interés.

    —¿Deberíamos hacer folletos y ponernos a repartirlos? (?)
    Tras el que había resultado ser el día más largo de su vida -aunque su memoria, ahora mismo, no fuera precisamente un archivo confiable(?)-, el despertar en su propia casa resultó reconfortante. El día anterior, había sido una avalancha de revelaciones; No humana. Poderes. Magia carmesí. Ojos que brillan. Portales. Nwitta. Vigilantes. Palabras que sonaban a película de fantasía. (?) Y también había descubierto otras cosas. Cosas sobre las que prefería no pensar demasiado. Así que, fiel a su estilo, decidió archivarlas en un rincón de su mente bajo la etiqueta de 'resolver más tarde'. (?) Ahora, con el sol de la mañana estampandole la cara, tenía otras prioridades. Habian regresado con un cofre rebosante de los artefactos mágicos de los que [vey.ra] tanto alardeaba, mismos que pretendían vender bajo el nombre de 'reliquias'. Allí, de pie en el jardín de su propia casa, con una mesa plegable polvorosa que había encontrado en algún rincón, comenzaron a 'organizar' su primera venta... O más bien, la castaña y ella habían comenzado a disponer los objetos sobre la mesa de forma caótica. (?) ¿Sería esto suficiente para iniciar con su negocio? ¿Simplemente sacaban una mesa al patio y esperaban que los compradores cayeran del cielo? (?) La necesidad de dinero era apremiante, especialmente ahora que [forever.tainted] se había quedado sin empleo. Y aún más, considerando que apenas el día anterior, había gastado altas cifras por el móvil nuevo que ella todavía no recuperaba tras haberlo dejado olvidado en el resort junto a sus otras pertenencias. Eso era un problema. Problema que, por supuesto, ella había etiquetado también con 'resolver más tarde'. Podía perder la memoria Pero no las viejas costumbres. De todos modos, pretendía encontrar una solución antes de que los otros dos se enteraran. (?) Sin embargo, el patio seguía sospechosamente tranquilo. Ni un alma, ni un cliente, ni un rastro de interés. —¿Deberíamos hacer folletos y ponernos a repartirlos? (?)
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  • ¡ʙɪᴇɴᴠᴇɴɪᴅᴏ ǫᴜᴇʀɪᴅᴏ ᴜsᴜᴀʀɪᴏ! ¿ǫᴜᴇ ᴅᴇsᴇᴀ ʙᴜsᴄᴀʀ?
    -MetaBoa
    ʙᴜsᴄᴀɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ"... "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ" ᴇɴᴄᴏɴᴛʀᴀᴅᴏ
    -Extraer
    ¿ᴅᴏɴᴅᴇ ᴅᴇsᴇᴀ ᴇxᴛʀᴀᴇʀ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"?
    -Extraer aqui
    ᴇxᴛʀᴀʏᴇɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"... ¡ᴇʀʀᴏʀ! ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴜᴛᴏʀ: "Juramos que nunca volveriamos a tocar ese archivo..."
    ¿ᴅᴇsᴇᴀ ɪɴᴛᴇɴᴛᴀʀ ᴅᴇ ɴᴜᴇᴠᴏ?
    -Si
    ᴇxᴛʀᴀʏᴇɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"... ¡ᴇʀʀᴏʀ! ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴜᴛᴏʀ: "¿Porque quieres recuperar a ESE personaje? Detente. Es tu ultima oportunidad para apagar el PC."
    ¿ᴅᴇsᴇᴀ ɪɴᴛᴇɴᴛᴀʀ ᴅᴇ ɴᴜᴇᴠᴏ?
    -Si
    ᴘʀᴏᴄᴇsᴀɴᴅᴏ... ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴜᴛᴏʀ: "Como quieras... Pero luego no me llames llorando porque no le soportas y no puedes eliminarle."
    ¿ᴇsᴛᴀs sᴇɢᴜʀᴏ ᴅᴇ ǫᴜᴇ ǫᴜɪᴇʀᴇs ᴇxᴛʀᴀᴇʀ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"?
    -Si
    ᴇxᴛʀᴀʏᴇɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"... "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ" ʜᴀ sɪᴅᴏ ᴇxᴛʀᴀɪᴅᴏ ᴄᴏɴ éxɪᴛᴏ.
    ¿ᴅᴇsᴇᴀ ᴇᴊᴇᴄᴜᴛᴀʀ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ᴇxᴇ"?
    -Si
    ᴇᴊᴇᴄᴜᴛᴀɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ᴇxᴇ"...

    𝘈𝘢𝘢𝘩… 𝘚í 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰 𝘮𝘶𝘤𝘩í𝘴𝘪𝘮𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰… ¿𝘖𝘴 𝘩𝘢 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘢 𝘪𝘯𝘵𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘤𝘪ó𝘯? 𝘈 𝘮í 𝘯𝘰; 𝘩𝘢 𝘴𝘪𝘥𝘰 𝘤𝘭𝘪𝘤𝘩é 𝘺 𝘮𝘶𝘺 𝘭𝘢𝘳𝘨𝘢.

    𝘗𝘦𝘳𝘮í𝘵𝘢𝘯𝘮𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳𝘮𝘦. 𝘔𝘪 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘦𝘴… ¿¡𝘔𝘦𝘵𝘢𝘉𝘰𝘢!? 𝘋𝘪𝘰𝘴… 𝘛𝘢𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘷𝘰𝘭𝘶𝘤𝘪ó𝘯 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘢 𝘺 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘭𝘦𝘴 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪ó 𝘦𝘴𝘦 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘵𝘢𝘯 𝘦𝘴𝘵ú𝘱𝘪𝘥𝘰… ¡𝘏𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘢 𝘊𝘩𝘢𝘵𝘎𝘗𝘛 𝘴𝘦 𝘭𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳í𝘢 𝘶𝘯𝘰 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳! 𝘊𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘦𝘢.

    𝘔𝘪 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘰 𝘥𝘦𝘫𝘢 𝘣𝘢𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘤𝘭𝘢𝘳𝘰, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘭𝘰 𝘥𝘪𝘳é 𝘱𝘰𝘳 𝘴𝘪 𝘭𝘢𝘴 𝘥𝘶𝘥𝘢𝘴: 𝘴𝘰𝘺 𝘶𝘯 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘫𝘦. 𝘈𝘴í 𝘦𝘴, 𝘴𝘰𝘺 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘭𝘦𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘰𝘺 𝘮á𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘪𝘥𝘦𝘢 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘢 𝘺 𝘶𝘯 𝘮𝘰𝘯𝘵ó𝘯 𝘥𝘦 𝘪𝘮á𝘨𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘴𝘢𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘗𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘦𝘴𝘵. 𝘜𝘨𝘩, 𝘢𝘶𝘯𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘣𝘰 𝘢𝘥𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘱á𝘨𝘪𝘯𝘢 𝘦𝘴… 𝘥𝘦𝘤𝘦𝘱𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘈𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘰, 𝘴𝘶𝘱𝘰𝘯𝘨𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘩𝘢𝘣𝘳á 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘪𝘭𝘦𝘨𝘢𝘭.

    ¡𝘉𝘶𝘦𝘯𝘰! 𝘜𝘯 𝘱𝘭𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳𝘰𝘴. 𝘚𝘦𝘨𝘶𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘰𝘥𝘳é𝘪𝘴 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘣𝘢𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘗𝘦𝘳𝘰, 𝘱𝘰𝘳 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳, 𝘯𝘰 𝘰𝘴 𝘢𝘳𝘥á𝘪𝘴 𝘯𝘪 𝘴𝘢𝘭𝘨á𝘪𝘴 𝘭𝘭𝘰𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘶𝘯 𝘤𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘣𝘶𝘳𝘭ó𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘢 𝘶𝘯 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘫𝘦 𝘧𝘪𝘤𝘵𝘪𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘱á𝘨𝘪𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘳𝘰𝘭𝘦𝘱𝘭𝘢𝘺. 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘶𝘶𝘶𝘺 𝘮𝘢𝘭~ ¡𝘑𝘢𝘫𝘢𝘫𝘢𝘫𝘢𝘫𝘢!
    ¡ʙɪᴇɴᴠᴇɴɪᴅᴏ ǫᴜᴇʀɪᴅᴏ ᴜsᴜᴀʀɪᴏ! ¿ǫᴜᴇ ᴅᴇsᴇᴀ ʙᴜsᴄᴀʀ? -MetaBoa ʙᴜsᴄᴀɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ"... "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ" ᴇɴᴄᴏɴᴛʀᴀᴅᴏ -Extraer ¿ᴅᴏɴᴅᴇ ᴅᴇsᴇᴀ ᴇxᴛʀᴀᴇʀ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"? -Extraer aqui ᴇxᴛʀᴀʏᴇɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"... ¡ᴇʀʀᴏʀ! ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴜᴛᴏʀ: "Juramos que nunca volveriamos a tocar ese archivo..." ¿ᴅᴇsᴇᴀ ɪɴᴛᴇɴᴛᴀʀ ᴅᴇ ɴᴜᴇᴠᴏ? -Si ᴇxᴛʀᴀʏᴇɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"... ¡ᴇʀʀᴏʀ! ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴜᴛᴏʀ: "¿Porque quieres recuperar a ESE personaje? Detente. Es tu ultima oportunidad para apagar el PC." ¿ᴅᴇsᴇᴀ ɪɴᴛᴇɴᴛᴀʀ ᴅᴇ ɴᴜᴇᴠᴏ? -Si ᴘʀᴏᴄᴇsᴀɴᴅᴏ... ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴜᴛᴏʀ: "Como quieras... Pero luego no me llames llorando porque no le soportas y no puedes eliminarle." ¿ᴇsᴛᴀs sᴇɢᴜʀᴏ ᴅᴇ ǫᴜᴇ ǫᴜɪᴇʀᴇs ᴇxᴛʀᴀᴇʀ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"? -Si ᴇxᴛʀᴀʏᴇɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ"... "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ʀᴀʀ" ʜᴀ sɪᴅᴏ ᴇxᴛʀᴀɪᴅᴏ ᴄᴏɴ éxɪᴛᴏ. ¿ᴅᴇsᴇᴀ ᴇᴊᴇᴄᴜᴛᴀʀ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ᴇxᴇ"? -Si ᴇᴊᴇᴄᴜᴛᴀɴᴅᴏ "ᴍᴇᴛᴀʙᴏᴀ.ᴇxᴇ"... 𝘈𝘢𝘢𝘩… 𝘚í 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰 𝘮𝘶𝘤𝘩í𝘴𝘪𝘮𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰… ¿𝘖𝘴 𝘩𝘢 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘢 𝘪𝘯𝘵𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘤𝘪ó𝘯? 𝘈 𝘮í 𝘯𝘰; 𝘩𝘢 𝘴𝘪𝘥𝘰 𝘤𝘭𝘪𝘤𝘩é 𝘺 𝘮𝘶𝘺 𝘭𝘢𝘳𝘨𝘢. 𝘗𝘦𝘳𝘮í𝘵𝘢𝘯𝘮𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳𝘮𝘦. 𝘔𝘪 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘦𝘴… ¿¡𝘔𝘦𝘵𝘢𝘉𝘰𝘢!? 𝘋𝘪𝘰𝘴… 𝘛𝘢𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘷𝘰𝘭𝘶𝘤𝘪ó𝘯 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘢 𝘺 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘭𝘦𝘴 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪ó 𝘦𝘴𝘦 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘵𝘢𝘯 𝘦𝘴𝘵ú𝘱𝘪𝘥𝘰… ¡𝘏𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘢 𝘊𝘩𝘢𝘵𝘎𝘗𝘛 𝘴𝘦 𝘭𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳í𝘢 𝘶𝘯𝘰 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳! 𝘊𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘦𝘢. 𝘔𝘪 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘰 𝘥𝘦𝘫𝘢 𝘣𝘢𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘤𝘭𝘢𝘳𝘰, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘭𝘰 𝘥𝘪𝘳é 𝘱𝘰𝘳 𝘴𝘪 𝘭𝘢𝘴 𝘥𝘶𝘥𝘢𝘴: 𝘴𝘰𝘺 𝘶𝘯 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘫𝘦. 𝘈𝘴í 𝘦𝘴, 𝘴𝘰𝘺 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘭𝘦𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘰𝘺 𝘮á𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘪𝘥𝘦𝘢 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘢 𝘺 𝘶𝘯 𝘮𝘰𝘯𝘵ó𝘯 𝘥𝘦 𝘪𝘮á𝘨𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘴𝘢𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘗𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘦𝘴𝘵. 𝘜𝘨𝘩, 𝘢𝘶𝘯𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘣𝘰 𝘢𝘥𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘱á𝘨𝘪𝘯𝘢 𝘦𝘴… 𝘥𝘦𝘤𝘦𝘱𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘈𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘰, 𝘴𝘶𝘱𝘰𝘯𝘨𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘩𝘢𝘣𝘳á 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘪𝘭𝘦𝘨𝘢𝘭. ¡𝘉𝘶𝘦𝘯𝘰! 𝘜𝘯 𝘱𝘭𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳𝘰𝘴. 𝘚𝘦𝘨𝘶𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘰𝘥𝘳é𝘪𝘴 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘣𝘢𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘗𝘦𝘳𝘰, 𝘱𝘰𝘳 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳, 𝘯𝘰 𝘰𝘴 𝘢𝘳𝘥á𝘪𝘴 𝘯𝘪 𝘴𝘢𝘭𝘨á𝘪𝘴 𝘭𝘭𝘰𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘶𝘯 𝘤𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘣𝘶𝘳𝘭ó𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘢 𝘶𝘯 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘫𝘦 𝘧𝘪𝘤𝘵𝘪𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘱á𝘨𝘪𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘳𝘰𝘭𝘦𝘱𝘭𝘢𝘺. 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘶𝘶𝘶𝘺 𝘮𝘢𝘭~ ¡𝘑𝘢𝘫𝘢𝘫𝘢𝘫𝘢𝘫𝘢!
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  • El comienzo del fin
    Fandom Persona 3
    Categoría Terror
    Todo ruido que había a mí alrededor se vuelve silencio cuando el reloj de mi móvil marcan las 0:00. La hora oscura vuelve a sus andadas. Estoy en el foco donde todo empezó.

    Donde perdieron la vida muchos científicos al intentar parar la locura de mi suegro, pero no fue del todo en vano. Aunque con ello nacieron los humanos que podían tener la habilidad de tener un Persona, entre ellas la puta mocosa. Pero ahora yo también tengo el poder, estaba buscando unos archivos cuando escucho unos pasos acercase a mí y me gire viendo a dos hombres.

    Takaya Sakaki
    Jim Shirato
    Todo ruido que había a mí alrededor se vuelve silencio cuando el reloj de mi móvil marcan las 0:00. La hora oscura vuelve a sus andadas. Estoy en el foco donde todo empezó. Donde perdieron la vida muchos científicos al intentar parar la locura de mi suegro, pero no fue del todo en vano. Aunque con ello nacieron los humanos que podían tener la habilidad de tener un Persona, entre ellas la puta mocosa. Pero ahora yo también tengo el poder, estaba buscando unos archivos cuando escucho unos pasos acercase a mí y me gire viendo a dos hombres. [Streg1boy] [Deathboy3]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    CURIOSADES DE LIZ FORBES
    Las curiosades que van a leer a continuación son cosa mía, pero respectando el lore de tvd.

    1) Obtuvo su placa de policía a los 20 años.
    2) A simple vista puede parecer una mujer dura, pero realmente tiene su corazoncito.
    3) Ama leer clásicos de literatura.
    4) Cuando descubrió que Caroline era una vampira sintió como su vida se tambaleaba.
    5) A mejorado su relación con Caroline.
    6) El único amor de su vida es su trabajo.
    7) Le gusta cuidar el jardín trasero de su casa.
    8) A veces le gusta cocinar repostería.
    9) No es muy buena en temas de bailar.
    10) Enseño a Caroline montar en bicicleta.
    11) Tiene una caja llena de archivos sobre ataques de "animales"
    CURIOSADES DE LIZ FORBES ⚠️ Las curiosades que van a leer a continuación son cosa mía, pero respectando el lore de tvd. 1) Obtuvo su placa de policía a los 20 años. 2) A simple vista puede parecer una mujer dura, pero realmente tiene su corazoncito. 3) Ama leer clásicos de literatura. 4) Cuando descubrió que Caroline era una vampira sintió como su vida se tambaleaba. 5) A mejorado su relación con Caroline. 6) El único amor de su vida es su trabajo. 7) Le gusta cuidar el jardín trasero de su casa. 8) A veces le gusta cocinar repostería. 9) No es muy buena en temas de bailar. 10) Enseño a Caroline montar en bicicleta. 11) Tiene una caja llena de archivos sobre ataques de "animales"
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  • - ¿Amor? ¿Que es eso?

    Buscando en la base de datos: Respuesta no encontrada.
    Buscando en los archivos unidos a la computadora madre: Respues no encontrada.

    - Si no hay reapuesta entonces ya no vale la pena seguir buscando o esperando lo que los humanos llaman "Amor". Es mejor solo seguir el propósito por el que fuimos creados como simples armas con la mision de encontrar a la persona que provocó el fin de los tiempos. Aunque tengo muy claro que cuando la encontremos sera el fin de nuestra raza.

    La albina creo una espada de sangre cortando la palma de su mano y sonrío lista para ir a cazar bestias y seguir buscando.

    - No importa, es mejor desaparecer que buscar o esperar u ilusión. Ademas el amo me quito algunas restricciones asique podré divertirme a gusto. ~
    - ¿Amor? ¿Que es eso? Buscando en la base de datos: Respuesta no encontrada. Buscando en los archivos unidos a la computadora madre: Respues no encontrada. - Si no hay reapuesta entonces ya no vale la pena seguir buscando o esperando lo que los humanos llaman "Amor". Es mejor solo seguir el propósito por el que fuimos creados como simples armas con la mision de encontrar a la persona que provocó el fin de los tiempos. Aunque tengo muy claro que cuando la encontremos sera el fin de nuestra raza. La albina creo una espada de sangre cortando la palma de su mano y sonrío lista para ir a cazar bestias y seguir buscando. - No importa, es mejor desaparecer que buscar o esperar u ilusión. Ademas el amo me quito algunas restricciones asique podré divertirme a gusto. ~
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