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    BUSCO ROL 1x1
    ╚════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╝
    Busco un Sesshomaru para desarrollar esta trama.

    La llevo trabajando desde hace muchos años; la he pulido con el tiempo y me gustaría, por fin, poder llevarla a cabo como merece.

    No busco una interpretación rígida o perfecta del personaje, sino a alguien que le aporte matices propios, gustos, detalles personales e ideas que enriquezcan la historia.

    El rol puede desarrollarse como prefieras:

    — pasivo
    — omega
    — ambos alfas

    Me encanta la idea de jugar con dinámicas distintas y profundizar en ellas narrativamente.

    Si te interesa, también podemos llevar dos tramas en paralelo o incluso un 2x2, si así lo deseas.

    Puedes escribirme por privado, donde te explicaré todo con más detalle.

    ✒ Sobre mi estilo de rol
    Mi estilo es extenso, narrativo y muy detallado.

    Busco alguien de la vieja escuela, apasionade por escenas profundas, vívidas y cargadas de tensión dramática.

    Puedo ofrecerte:

    — Narrativa cuidada de escenarios y atmósferas

    — Desarrollo emocional intenso

    — Conflictos bien construidos

    — Drama de calidad

    Antes de iniciar cualquier trama, me gusta conocer los gustos y límites de la otra persona. Cuéntame tus sí y no respecto a géneros o elementos que desees agregar.

    ⭑ ⎯⎯ ᨳ Manejo diversos géneros, especialmente dentro del ámbito psicológico.

    ⭑ ⎯⎯ ᨳ Resumen de la trama principal...

    ᨳᨳᨳLa idea central de esta historia...

    Kagome jamás volvió a cruzar el pozo. Pasaron casi quince años desde la última vez que sintió el viento del Sengoku Jidai rozarle la piel. El vínculo se había roto… o eso creyó. Con el tiempo, comenzó a percibir algo extraño en su interior: el poder de la Perla de Shikon seguía dentro de ella, pero ya no era sólido ni estable. Se consumía lentamente, como si estuviera transformándose en algo más.

    La respuesta llegó demasiado tarde.
    Kagome estaba embarazada.
    Había rehecho su vida y se había casado con un hombre amable, alguien que le ofrecía paz, aunque en ciertos gestos —en silencios específicos— le recordaba dolorosamente a Inuyasha. Nunca dejó de amar a su hanyō, pero aprendió a vivir con la ausencia… o a engañarse creyendo que lo había hecho.

    Entonces, el destino volvió a arrebatarle todo.

    Su esposo murió en un trágico accidente, dejándola sola, viuda y con un hijo creciendo dentro de ella. Un hijo que, desde el vientre, se sentía distinto.

    El parto fue catalogado como “prematuro”, pero nada encajaba. El bebé pesaba casi lo mismo que un niño de un año. Kagome, aferrándose a la lógica humana, intentó convencerse de que existía una explicación médica. Hasta que lo miró a los ojos.

    Lila.

    Un color imposible.

    Esos rasgos… eran idénticos a los de Kikyo.

    El pánico se apoderó de ella cuando los médicos comenzaron a hablar de mellizos. Le explicaron que el segundo bebé había nacido después y que se encontraba en cuidados intensivos. Pero Kagome apenas podía escucharlos. Todo su ser estaba concentrado en lo que sostenía entre sus brazos.

    Eso no era su hijo.

    Comprendió la verdad de golpe, como una herida abierta: la Perla de Shikon no había desaparecido, había tomado forma. Aquello que tenía frente a ella —ese cuerpo pequeño, de cabellos blancos y ojos lila intensos— era la Perla hecha carne.

    Sus manos temblaron.

    El poder que una vez había desatado guerras, deseos y tragedias… ahora respiraba. Lloraba. La miraba.
    Ya no era un objeto maldito.
    Era un ser vivo.

    Y Kagome entendió, con horror absoluto, que el verdadero precio del deseo jamás cumplido acababa de nacer.

    Los años pasaron, y los niños crecieron bajo la atenta mirada de Kagome.
    Kaede, el de cabello negro, era su reflejo más fiel: ojos color chocolate, sonrisa abierta y una mirada llena de vida. Kagome lo había nombrado así, y para él, ella era el centro de su mundo. En Kaede no había nada fuera de lo humano, nada que despertara temor… solo la calidez de un niño que crecía a su propio ritmo.

    Alucard, en cambio, siempre fue distinto.

    No podía decir que no fuera humano, pero su crecimiento era antinatural. Cuando debía aparentar dos años, su cuerpo ya parecía el de un niño de cinco. Cabellos blancos, facciones serenas y perturbadoramente familiares. Cada vez que Kagome lo observaba, sentía un nudo en el pecho: era como ver al hijo que Inuyasha jamás había tenido con Kikyo.

    Era idéntico a ella.

    Solo esos ojos lila rompían la ilusión.
    Con el paso de los años, el miedo de Kagome no hizo más que crecer.
    Cuando llegaron a la adolescencia, sabía que ambos debían tener trece años. Sin embargo, Alucard parecía de dieciséis: alto, de rasgos maduros, con una postura firme que imponía respeto. Se había inclinado naturalmente hacia el arco y la flecha, dominándolos con una precisión inquietante, como si el conocimiento ya estuviera grabado en su sangre.
    Kaede, por el contrario, parecía quedarse atrás. No era débil, pero siempre estaba un paso detrás de su mellizo.

    Eran como el agua y el aceite.
    La abuela no disimulaba su preferencia por Alucard, fascinada por su porte y habilidades, mientras Kagome hacía todo lo posible por reconfortar a Kaede, intentando equilibrar una balanza que se inclinaba cada vez más.

    Con dolor, Kagome comenzó a notar el paralelismo cruel: sus hijos repetían su propia historia con Kikyo, pero en una versión masculina, retorcida por el destino.

    Y Kaede… Kaede empezó a cambiar.
    Las emociones negativas comenzaron a germinar en su interior: celos, resentimiento, una sombra silenciosa que crecía cada vez que era comparado con Alucard. Cada mirada, cada elogio ajeno, era una herida más.
    Kagome lo supo entonces.

    El verdadero conflicto apenas estaba comenzando.

    Hizo todo lo posible por mantenerlos alejados de aquel lugar, como si la distancia pudiera contener al destino.

    Evitó enfrentamientos, separó discusiones, suavizó silencios… cualquier cosa con tal de que Kaede y Alucard no chocaran de frente. Sabía que algo terrible podía surgir de esa fricción.

    Pero no fue suficiente.

    El accidente ocurrió poco antes de que cumplieran dieciocho años. Su madre falleció de forma repentina; su abuelo había muerto muchos años atrás, y Kagome quedó nuevamente sola, rota por una pérdida que no vio venir. Desde el primer instante sintió algo más: el pozo latía.

    No como antes.

    Su poder ya no era el mismo, estaba debilitado, fragmentado… como si hubiera sido drenado durante años.
    El día del funeral fue insoportable. El aire pesaba, la lluvia caía sin pausa y el dolor se mezclaba con una tensión que Kagome no supo leer a tiempo. Los mellizos comenzaron a discutir, palabras cargadas de resentimiento y reproches acumulados. Ella no se dio cuenta de cuándo se alejaron.

    Solo sintió el llamado.

    El pozo se abrió.

    Kagome corrió bajo la lluvia, el corazón golpeándole el pecho con violencia.

    Cuando llegó, la escena la paralizó: Kaede había empujando a Alucard. El pelinegro la miraba con horror, llorando, suplicando sin palabras.

    Entonces ocurrió.

    Del pozo emergió algo imposible: un tentáculo oscuro se alzó y se enroscó alrededor de Kaede, arrastrándolo sin darle tiempo a gritar.

    Kagome gritó su nombre, buscó desesperadamente algo con qué defenderse, y cuando logró tomar un hacha para reaccionar…

    Ya era tarde.

    El pozo antiguo se los había devorado.

    El silencio que quedó fue peor que cualquier grito.

    Kagome cayó de rodillas, empapada por la lluvia, entendiendo por fin que el pozo no solo había esperado… había reclamado lo que siempre le perteneció.

    ┌─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┐
    Requisitos / Info sobre mi rol
    └─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┘
    ✧ Manejo múltiples personajes para que la historia nunca se estanque.
    ✧ Me adapto con facilidad a los personajes que me brindes.
    ✧ Ortografía cuidada y estética en cada respuesta.
    ✧ Horarios flexibles; tengo dos trabajos y universidad, pido paciencia .
    ✧ Nada de tramas planas ni excesivamente dulces.
    Busco drama, oscuridad, misterio y emociones intensas
    ╔════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╗ 🌑 BUSCO ROL 1x1 🌑 ╚════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╝ Busco un Sesshomaru para desarrollar esta trama. La llevo trabajando desde hace muchos años; la he pulido con el tiempo y me gustaría, por fin, poder llevarla a cabo como merece. No busco una interpretación rígida o perfecta del personaje, sino a alguien que le aporte matices propios, gustos, detalles personales e ideas que enriquezcan la historia. El rol puede desarrollarse como prefieras: — pasivo — omega — ambos alfas Me encanta la idea de jugar con dinámicas distintas y profundizar en ellas narrativamente. Si te interesa, también podemos llevar dos tramas en paralelo o incluso un 2x2, si así lo deseas. 📩 Puedes escribirme por privado, donde te explicaré todo con más detalle. ✒ Sobre mi estilo de rol Mi estilo es extenso, narrativo y muy detallado. Busco alguien de la vieja escuela, apasionade por escenas profundas, vívidas y cargadas de tensión dramática. Puedo ofrecerte: — Narrativa cuidada de escenarios y atmósferas — Desarrollo emocional intenso — Conflictos bien construidos — Drama de calidad Antes de iniciar cualquier trama, me gusta conocer los gustos y límites de la otra persona. Cuéntame tus sí y no respecto a géneros o elementos que desees agregar. ⭑ ⎯⎯ ᨳ Manejo diversos géneros, especialmente dentro del ámbito psicológico. ⭑ ⎯⎯ ᨳ Resumen de la trama principal... ᨳᨳᨳLa idea central de esta historia... Kagome jamás volvió a cruzar el pozo. Pasaron casi quince años desde la última vez que sintió el viento del Sengoku Jidai rozarle la piel. El vínculo se había roto… o eso creyó. Con el tiempo, comenzó a percibir algo extraño en su interior: el poder de la Perla de Shikon seguía dentro de ella, pero ya no era sólido ni estable. Se consumía lentamente, como si estuviera transformándose en algo más. La respuesta llegó demasiado tarde. Kagome estaba embarazada. Había rehecho su vida y se había casado con un hombre amable, alguien que le ofrecía paz, aunque en ciertos gestos —en silencios específicos— le recordaba dolorosamente a Inuyasha. Nunca dejó de amar a su hanyō, pero aprendió a vivir con la ausencia… o a engañarse creyendo que lo había hecho. Entonces, el destino volvió a arrebatarle todo. Su esposo murió en un trágico accidente, dejándola sola, viuda y con un hijo creciendo dentro de ella. Un hijo que, desde el vientre, se sentía distinto. El parto fue catalogado como “prematuro”, pero nada encajaba. El bebé pesaba casi lo mismo que un niño de un año. Kagome, aferrándose a la lógica humana, intentó convencerse de que existía una explicación médica. Hasta que lo miró a los ojos. Lila. Un color imposible. Esos rasgos… eran idénticos a los de Kikyo. El pánico se apoderó de ella cuando los médicos comenzaron a hablar de mellizos. Le explicaron que el segundo bebé había nacido después y que se encontraba en cuidados intensivos. Pero Kagome apenas podía escucharlos. Todo su ser estaba concentrado en lo que sostenía entre sus brazos. Eso no era su hijo. Comprendió la verdad de golpe, como una herida abierta: la Perla de Shikon no había desaparecido, había tomado forma. Aquello que tenía frente a ella —ese cuerpo pequeño, de cabellos blancos y ojos lila intensos— era la Perla hecha carne. Sus manos temblaron. El poder que una vez había desatado guerras, deseos y tragedias… ahora respiraba. Lloraba. La miraba. Ya no era un objeto maldito. Era un ser vivo. Y Kagome entendió, con horror absoluto, que el verdadero precio del deseo jamás cumplido acababa de nacer. Los años pasaron, y los niños crecieron bajo la atenta mirada de Kagome. Kaede, el de cabello negro, era su reflejo más fiel: ojos color chocolate, sonrisa abierta y una mirada llena de vida. Kagome lo había nombrado así, y para él, ella era el centro de su mundo. En Kaede no había nada fuera de lo humano, nada que despertara temor… solo la calidez de un niño que crecía a su propio ritmo. Alucard, en cambio, siempre fue distinto. No podía decir que no fuera humano, pero su crecimiento era antinatural. Cuando debía aparentar dos años, su cuerpo ya parecía el de un niño de cinco. Cabellos blancos, facciones serenas y perturbadoramente familiares. Cada vez que Kagome lo observaba, sentía un nudo en el pecho: era como ver al hijo que Inuyasha jamás había tenido con Kikyo. Era idéntico a ella. Solo esos ojos lila rompían la ilusión. Con el paso de los años, el miedo de Kagome no hizo más que crecer. Cuando llegaron a la adolescencia, sabía que ambos debían tener trece años. Sin embargo, Alucard parecía de dieciséis: alto, de rasgos maduros, con una postura firme que imponía respeto. Se había inclinado naturalmente hacia el arco y la flecha, dominándolos con una precisión inquietante, como si el conocimiento ya estuviera grabado en su sangre. Kaede, por el contrario, parecía quedarse atrás. No era débil, pero siempre estaba un paso detrás de su mellizo. Eran como el agua y el aceite. La abuela no disimulaba su preferencia por Alucard, fascinada por su porte y habilidades, mientras Kagome hacía todo lo posible por reconfortar a Kaede, intentando equilibrar una balanza que se inclinaba cada vez más. Con dolor, Kagome comenzó a notar el paralelismo cruel: sus hijos repetían su propia historia con Kikyo, pero en una versión masculina, retorcida por el destino. Y Kaede… Kaede empezó a cambiar. Las emociones negativas comenzaron a germinar en su interior: celos, resentimiento, una sombra silenciosa que crecía cada vez que era comparado con Alucard. Cada mirada, cada elogio ajeno, era una herida más. Kagome lo supo entonces. El verdadero conflicto apenas estaba comenzando. Hizo todo lo posible por mantenerlos alejados de aquel lugar, como si la distancia pudiera contener al destino. Evitó enfrentamientos, separó discusiones, suavizó silencios… cualquier cosa con tal de que Kaede y Alucard no chocaran de frente. Sabía que algo terrible podía surgir de esa fricción. Pero no fue suficiente. El accidente ocurrió poco antes de que cumplieran dieciocho años. Su madre falleció de forma repentina; su abuelo había muerto muchos años atrás, y Kagome quedó nuevamente sola, rota por una pérdida que no vio venir. Desde el primer instante sintió algo más: el pozo latía. No como antes. Su poder ya no era el mismo, estaba debilitado, fragmentado… como si hubiera sido drenado durante años. El día del funeral fue insoportable. El aire pesaba, la lluvia caía sin pausa y el dolor se mezclaba con una tensión que Kagome no supo leer a tiempo. Los mellizos comenzaron a discutir, palabras cargadas de resentimiento y reproches acumulados. Ella no se dio cuenta de cuándo se alejaron. Solo sintió el llamado. El pozo se abrió. Kagome corrió bajo la lluvia, el corazón golpeándole el pecho con violencia. Cuando llegó, la escena la paralizó: Kaede había empujando a Alucard. El pelinegro la miraba con horror, llorando, suplicando sin palabras. Entonces ocurrió. Del pozo emergió algo imposible: un tentáculo oscuro se alzó y se enroscó alrededor de Kaede, arrastrándolo sin darle tiempo a gritar. Kagome gritó su nombre, buscó desesperadamente algo con qué defenderse, y cuando logró tomar un hacha para reaccionar… Ya era tarde. El pozo antiguo se los había devorado. El silencio que quedó fue peor que cualquier grito. Kagome cayó de rodillas, empapada por la lluvia, entendiendo por fin que el pozo no solo había esperado… había reclamado lo que siempre le perteneció. ┌─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┐ 📌 Requisitos / Info sobre mi rol └─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┘ ✧ Manejo múltiples personajes para que la historia nunca se estanque. ✧ Me adapto con facilidad a los personajes que me brindes. ✧ Ortografía cuidada y estética en cada respuesta. ✧ Horarios flexibles; tengo dos trabajos y universidad, pido paciencia ⌛. ✧ Nada de tramas planas ni excesivamente dulces. 🔥 Busco drama, oscuridad, misterio y emociones intensas 🔥
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  • ¡Descubriré la verdad sobre mi abuela a cualquier precio!
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  • — Con tantos ojos sobre mi, casi me hacen sentir peculiar ~ ¿a qué deberé ese honor?~♡
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  • Epístola 1 - El demonio de las armas.

    26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo.

    Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo.

    ¿Era yo quien apestaba a sangre?

    ¿Era mi propia percepción?

    ¿Era el entorno quien lo hacía?

    Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es?

    Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja.

    Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra.

    Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme.

    No quería sumirme en el abismo, pero...

    Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto.

    Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese.

    Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo.

    No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza.

    Yo seré quien lo controle.

    Yo seré quien decida si existen demonios o no.

    Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio.

    Y la cuenta comienza...ya.
    Epístola 1 - El demonio de las armas. 26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo. Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo. ¿Era yo quien apestaba a sangre? ¿Era mi propia percepción? ¿Era el entorno quien lo hacía? Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es? Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja. Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra. Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme. No quería sumirme en el abismo, pero... Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto. Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese. Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo. No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza. Yo seré quien lo controle. Yo seré quien decida si existen demonios o no. Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio. Y la cuenta comienza...ya.
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  • — Bleh. Hoy no hay preguntas, sino ganas de responderlas. ¿Tienes curiosidad de saber algo sobre mí? —
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  • -- Susurro de Plutón --

    El Susurro de Plutón crece en grandes racimos, es raro encontrar a un especímen lejos de un grupo. El tallo es largo y de grosor promedio, mientras que la tapa es gruesa, lisa, de textura aceitosa. Resaltan zonas bioluminiscentes con forma similar a estrellas.

    En las zonas subterráneas del refugio, la principal fuente de luz proviene de estas setas.

    El Susurro crece exclusivamente sobre materia orgánica en descomposición, como por ejemplo, otras setas, las pocas plantas que crecen en las zonas profundas del refugio, y más notablemente, los cadáveres de los pocos animales que se aventuran a estas zonas. Los que brotan de animales parecen tener ciertas propiedades pricotrópicas aunque son los más difíciles de encontrar.

    Este hongo puede, a través de un mecanismo que no entendemos aún, absorber los pensamientos y recuerdos del animal sobre el que brota y transferir esos recuerdos a cualquiera que consuma el hongo. Hemos recibido ofertas millonarias de ciertos grupos y sectas espiritistas, interesadas en sus supuestas propiedades para vincular el alma humana con su espíritu animal.
    -- Susurro de Plutón -- El Susurro de Plutón crece en grandes racimos, es raro encontrar a un especímen lejos de un grupo. El tallo es largo y de grosor promedio, mientras que la tapa es gruesa, lisa, de textura aceitosa. Resaltan zonas bioluminiscentes con forma similar a estrellas. En las zonas subterráneas del refugio, la principal fuente de luz proviene de estas setas. El Susurro crece exclusivamente sobre materia orgánica en descomposición, como por ejemplo, otras setas, las pocas plantas que crecen en las zonas profundas del refugio, y más notablemente, los cadáveres de los pocos animales que se aventuran a estas zonas. Los que brotan de animales parecen tener ciertas propiedades pricotrópicas aunque son los más difíciles de encontrar. Este hongo puede, a través de un mecanismo que no entendemos aún, absorber los pensamientos y recuerdos del animal sobre el que brota y transferir esos recuerdos a cualquiera que consuma el hongo. Hemos recibido ofertas millonarias de ciertos grupos y sectas espiritistas, interesadas en sus supuestas propiedades para vincular el alma humana con su espíritu animal.
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  • Todo sucede con una rapidez abrumadora. Cuatro años en un lugar donde tuve que aprender a vivir, creyendo que era libre, haciendo lo que realmente me apasiona, solo para darme cuenta de la cruda realidad: ellos siguen teniendo control sobre mi libertad. Nunca fue total. Si lo deseaban, podían volver a utilizarme para sus propósitos, actuando como si mi vida les perteneciera, como si fuera una simple muñeca de la cual pueden desmontar las piezas a su antojo.
    Todo sucede con una rapidez abrumadora. Cuatro años en un lugar donde tuve que aprender a vivir, creyendo que era libre, haciendo lo que realmente me apasiona, solo para darme cuenta de la cruda realidad: ellos siguen teniendo control sobre mi libertad. Nunca fue total. Si lo deseaban, podían volver a utilizarme para sus propósitos, actuando como si mi vida les perteneciera, como si fuera una simple muñeca de la cual pueden desmontar las piezas a su antojo.
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  • Datos que nadie pidió sobre mi.
    uwúr

    Mido 1.80m
    Tengo 34 años.
    Soy la hermana mayor de dos hermanos.
    No, nunca he estado casada y probablemente nunca lo estaré.
    En mi recide el fuego primordial del Primer Trono.
    En mi recide la Diosa Bastet.
    Casi falleci al nacer pero la Diosa me salvó, me dió vida y fuerza para seguir adelante.
    Amo todo tipo de comida. :3
    Una vez fui Modelo.

    Y ya.... Jajajajaja.

    Nenet sin saber que hacer a estas horas. (??
    :p
    Datos que nadie pidió sobre mi. uwúr Mido 1.80m Tengo 34 años. Soy la hermana mayor de dos hermanos. No, nunca he estado casada y probablemente nunca lo estaré. En mi recide el fuego primordial del Primer Trono. En mi recide la Diosa Bastet. Casi falleci al nacer pero la Diosa me salvó, me dió vida y fuerza para seguir adelante. Amo todo tipo de comida. :3 Una vez fui Modelo. Y ya.... Jajajajaja. Nenet sin saber que hacer a estas horas. (?? :p
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  • ¡Casi lo olvido, Tengo que hacer la lista año nuevo! Veamos…

    1- Conocer a alguien importante a nivel global en cualquier dimensión.
    2- Conseguir una cita con Spidy y que sea una cita romántica.
    3- Hacer que la academia X-Men brille como árbol de navidad en pleno julio.
    4- Conseguir morir finalmente.

    *Después de escribir la lista aunque fueran solo cuatro cosas la mire golpeando suavemente el lápiz sobre mi mejilla pensativo*

    ¿Me habré dejado algo?
    ¡Casi lo olvido, Tengo que hacer la lista año nuevo! Veamos… 1- Conocer a alguien importante a nivel global en cualquier dimensión. 2- Conseguir una cita con Spidy y que sea una cita romántica. 3- Hacer que la academia X-Men brille como árbol de navidad en pleno julio. 4- Conseguir morir finalmente. *Después de escribir la lista aunque fueran solo cuatro cosas la mire golpeando suavemente el lápiz sobre mi mejilla pensativo* ¿Me habré dejado algo?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tendría que redactar una ficha para quitarle algunas dudas a la gente// pff me causan gracia sus teorías sobre mi Naturaleza demoníaca.
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