• ❝ 𝗘𝗹 𝗼𝗰𝗲𝗮𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿 𝗳𝗲𝗹𝗶𝘇. ❞

    –No había conocido nada más que el enorme mar azul, la arena blanca y el sol que acariciaba su piel.
    Había nacido ahí.
    Era una hija del mar.
    Pero si quería cumplir su sueño... debía irse e iniciar de cero en otro sitio.–
    ❝ 𝗘𝗹 𝗼𝗰𝗲𝗮𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿 𝗳𝗲𝗹𝗶𝘇. ❞ –No había conocido nada más que el enorme mar azul, la arena blanca y el sol que acariciaba su piel. Había nacido ahí. Era una hija del mar. Pero si quería cumplir su sueño... debía irse e iniciar de cero en otro sitio.–
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  • ────Una semana pesada ¿eh? Todos merecemos una tregua del estrés, del trabajo y del sudor en nuestras frentes. Sé exactamente cómo se siente; aunque no lo crean, fui minera en mi vida pasada –suelta un suspiro, recordando aquellos tiempos–. ¡Ah, en fin! Así que, damas y caballeros, cierren los ojos y eleven sus aplausos al ritmo de esta canción. ¡Bienvenidos a Concordia! ¡Que la fiesta comience!

    https://youtu.be/MBsE_Sk0z-E?si=MwKXBhYKC9VQCW-x
    ────Una semana pesada ¿eh? Todos merecemos una tregua del estrés, del trabajo y del sudor en nuestras frentes. Sé exactamente cómo se siente; aunque no lo crean, fui minera en mi vida pasada –suelta un suspiro, recordando aquellos tiempos–. ¡Ah, en fin! Así que, damas y caballeros, cierren los ojos y eleven sus aplausos al ritmo de esta canción. ¡Bienvenidos a Concordia! ¡Que la fiesta comience! https://youtu.be/MBsE_Sk0z-E?si=MwKXBhYKC9VQCW-x
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  • -mi trabajo es la musica pero mi pasatiempo es explorar ruinas de los lugares que visito, las ruinas inundadas son mis favoritas pues suelen ser las que ams ocultan-
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    El sueño me domina..

    Atte: La user siendo 90% sueño y 10% persona (?)
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    Me enjaja
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  • “De vuelta al mundo…”
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    𝓙𝑒𝑠𝑠 𝓦𝑖𝑙𝑙𝑜𝑤𝑠

    Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento.

    Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente.

    “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda.

    – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real.

    Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico.

    – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–.

    El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos.

    Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial.

    - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía.

    – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –.

    Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa.

    El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante.

    Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados.

    Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien.

    – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella.

    – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida.

    – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría.

    – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –.

    Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”.

    – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –.

    Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad.

    – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
    [FIGHTERAUR0R] Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento. Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente. “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda. – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real. Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico. – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–. El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos. Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial. - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía. – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –. Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa. El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante. Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados. Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien. – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella. – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida. – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría. – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –. Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”. – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –. Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad. – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
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  • *En mi habitacion aprovechando la oportunidad de que todo el mundo estaba ocupado me mire el pecho, con la misma mano me atravesé el pecho para sacar mi alma que se representaba con un corazón y lo encerré en una jaula de pájaros que encontré hace tiempo, libre de las acciones de ese maldito ser camine para salir de mi habitación del hotel, caminaba casi como un zombie buscando un sitio bastante apartado siendo el último piso viendo una puerta decorada con patos amarillos, sonreí levemente asomándome para asegurarme de que no hubiera nadie y al entrar me posicione en el centro de la habitación.

    Hábilmente saque mi cuchillo de su funda que la tenía por la parte de atrás de mi cintura escondida, alce el cuchillo con la parte afilada apuntando hacia el suelo y lo clave con fuerza en el suelo, provocando que saliese un brillo hacia arriba para después salir una humareda negra… había creado una fuente oscura, antes de que toda la habitación se llenase de aquel humo negro salí de la habitación volviendo a la mía, evitando los pasillos los cuales había gente y una vez llegue a mi habitación me acerque a la jaula, la abrí y agarre el corazón con fuerza para nuevamente meterlo dentro de mi pecho, actuando como si nada hubiera pasado…*
    *En mi habitacion aprovechando la oportunidad de que todo el mundo estaba ocupado me mire el pecho, con la misma mano me atravesé el pecho para sacar mi alma que se representaba con un corazón y lo encerré en una jaula de pájaros que encontré hace tiempo, libre de las acciones de ese maldito ser camine para salir de mi habitación del hotel, caminaba casi como un zombie buscando un sitio bastante apartado siendo el último piso viendo una puerta decorada con patos amarillos, sonreí levemente asomándome para asegurarme de que no hubiera nadie y al entrar me posicione en el centro de la habitación. Hábilmente saque mi cuchillo de su funda que la tenía por la parte de atrás de mi cintura escondida, alce el cuchillo con la parte afilada apuntando hacia el suelo y lo clave con fuerza en el suelo, provocando que saliese un brillo hacia arriba para después salir una humareda negra… había creado una fuente oscura, antes de que toda la habitación se llenase de aquel humo negro salí de la habitación volviendo a la mía, evitando los pasillos los cuales había gente y una vez llegue a mi habitación me acerque a la jaula, la abrí y agarre el corazón con fuerza para nuevamente meterlo dentro de mi pecho, actuando como si nada hubiera pasado…*
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  • La lucidez y el conocimiento representan demasiadas veces cualquier cosa menos un consuelo: al contrario, inquietan y trastornan.
    La lucidez y el conocimiento representan demasiadas veces cualquier cosa menos un consuelo: al contrario, inquietan y trastornan.
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  • Recopilación de escrituras, tomo 7.
    "El Heredero de la Luna Violeta"

    Bajo un cielo inmóvil,
    donde las estrellas parecían contener la respiración,
    nació un niño que no lloró.

    No gritó.
    No reclamó nada.

    Abrió los ojos.
    Y la noche cambió de color.

    No fue la Luna Blanca.
    No fue la Carmesí.

    Fue la Luna Violeta.

    Un astro que no anuncia guerras.
    Un reflejo que no celebra conquistas.

    Solo aparece
    cuando el equilibrio está a punto de romperse.

    Jason Jaegerjaquez Ishtar.

    Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black,
    portador del juicio antiguo.

    Hijo de Hazuki Ishtar,
    sangre ardiente,
    voluntad indomable.

    De su padre heredó la templanza.
    El peso de decidir.
    El silencio del liderazgo.

    De su madre heredó la furia contenida.
    La determinación que no se arrodilla.
    La certeza de no retroceder.

    Pero la Luna Violeta le dio algo distinto.

    La capacidad de caminar
    entre la luz
    y la oscuridad.

    Sin perderse en ninguna.

    Jason no fue creado para gobernar.
    Tampoco para juzgar.

    Fue creado para observar.

    Para medir el pulso del mundo.
    Para notar la grieta
    antes de que se vuelva abismo.

    Cuando el equilibrio se rompe,
    él puede detenerlo.

    Cuando la anomalía surge,
    él puede retenerla.

    No con destrucción.
    Sino con contención.

    Pero su existencia tiene un precio.

    Un alma demoníaca
    nacida en carne humana.

    Un contrato sellado
    antes incluso de su renacimiento.

    Murió una vez.
    Y regresó.

    Cadenas invisibles
    que ni la muerte pudo romper.

    Por eso incomoda.
    Por eso su presencia pesa.

    Jason no debería existir.

    Y aun así, existe.

    El día que cruzó el umbral del Consejo,
    las lunas ya estaban allí.

    Azul.
    Blanca.
    Carmesí.
    Verde.

    Poder absoluto.
    Desmesurado.

    Incompleto.

    Cuando la Luna Violeta se alzó,
    el aire se volvió denso.

    El mundo recordó algo olvidado:

    Todo poder necesita un límite.

    Desde el suelo surgió un trono sin nombre.
    Encadenado.
    Prohibido.

    No hecho para gobernar.
    Sino para impedir el exceso.

    Jason se detuvo frente a él.

    No se sentó.

    No aún.

    No habló para imponerse.
    No levantó la voz.

    Solo dejó clara su razón de existir.

    No estaba allí para reinar.
    No estaba allí para juzgar.

    Estaba allí para decidir
    cuando todos los demás
    ya hubieran ido demasiado lejos.

    Dicen que cuando Jason alza la mirada,
    la luna responde.

    Su resplandor no anuncia destrucción.

    Anuncia decisión.

    Y mientras los clanes murmuran su nombre
    con respeto
    y con temor,
    una verdad permanece escrita en las estrellas:

    Cuando la Luna Violeta se alce por completo,
    Jason Jaegerjaquez Ishtar
    decidirá el destino de todos los linajes.
    Recopilación de escrituras, tomo 7. "El Heredero de la Luna Violeta" Bajo un cielo inmóvil, donde las estrellas parecían contener la respiración, nació un niño que no lloró. No gritó. No reclamó nada. Abrió los ojos. Y la noche cambió de color. No fue la Luna Blanca. No fue la Carmesí. Fue la Luna Violeta. Un astro que no anuncia guerras. Un reflejo que no celebra conquistas. Solo aparece cuando el equilibrio está a punto de romperse. Jason Jaegerjaquez Ishtar. Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black, portador del juicio antiguo. Hijo de Hazuki Ishtar, sangre ardiente, voluntad indomable. De su padre heredó la templanza. El peso de decidir. El silencio del liderazgo. De su madre heredó la furia contenida. La determinación que no se arrodilla. La certeza de no retroceder. Pero la Luna Violeta le dio algo distinto. La capacidad de caminar entre la luz y la oscuridad. Sin perderse en ninguna. Jason no fue creado para gobernar. Tampoco para juzgar. Fue creado para observar. Para medir el pulso del mundo. Para notar la grieta antes de que se vuelva abismo. Cuando el equilibrio se rompe, él puede detenerlo. Cuando la anomalía surge, él puede retenerla. No con destrucción. Sino con contención. Pero su existencia tiene un precio. Un alma demoníaca nacida en carne humana. Un contrato sellado antes incluso de su renacimiento. Murió una vez. Y regresó. Cadenas invisibles que ni la muerte pudo romper. Por eso incomoda. Por eso su presencia pesa. Jason no debería existir. Y aun así, existe. El día que cruzó el umbral del Consejo, las lunas ya estaban allí. Azul. Blanca. Carmesí. Verde. Poder absoluto. Desmesurado. Incompleto. Cuando la Luna Violeta se alzó, el aire se volvió denso. El mundo recordó algo olvidado: Todo poder necesita un límite. Desde el suelo surgió un trono sin nombre. Encadenado. Prohibido. No hecho para gobernar. Sino para impedir el exceso. Jason se detuvo frente a él. No se sentó. No aún. No habló para imponerse. No levantó la voz. Solo dejó clara su razón de existir. No estaba allí para reinar. No estaba allí para juzgar. Estaba allí para decidir cuando todos los demás ya hubieran ido demasiado lejos. Dicen que cuando Jason alza la mirada, la luna responde. Su resplandor no anuncia destrucción. Anuncia decisión. Y mientras los clanes murmuran su nombre con respeto y con temor, una verdad permanece escrita en las estrellas: Cuando la Luna Violeta se alce por completo, Jason Jaegerjaquez Ishtar decidirá el destino de todos los linajes.
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  • Dicen que el amor no entiende de edad ni polo opuesto, realmente mi vida no ha sido de color de rosa como bien sabes. Me anularon los sentimientos para que fuera eficaz en un maldito experimento y aquí estoy desafiando a ello, mientras tú eres calmado en tu trabajo, yo soy él caos de este. Mientras tú creas el perfil que puede encajar conmigo, yo busco pistas para dar con esa persona. Mientras tú sueles decir palabrotas en momentos puntuales, lo mio es algo común.

    Pero también a veces me da por ser cariñosa y demostrar que puedo amar, no me arrepiento de estar contigo y nunca dudaré de nuestro amor. Te amo mi agente Oliver Williams
    Dicen que el amor no entiende de edad ni polo opuesto, realmente mi vida no ha sido de color de rosa como bien sabes. Me anularon los sentimientos para que fuera eficaz en un maldito experimento y aquí estoy desafiando a ello, mientras tú eres calmado en tu trabajo, yo soy él caos de este. Mientras tú creas el perfil que puede encajar conmigo, yo busco pistas para dar con esa persona. Mientras tú sueles decir palabrotas en momentos puntuales, lo mio es algo común. Pero también a veces me da por ser cariñosa y demostrar que puedo amar, no me arrepiento de estar contigo y nunca dudaré de nuestro amor. Te amo mi agente [Th_xSnow]
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  • Hoy solo busque una señal de ti pero solo en mi sueños te veo
    Hoy solo busque una señal de ti pero solo en mi sueños te veo
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