—¡Oh, peregrina y misteriosa hechura es el hombre! —pronunció con melancólica gravedad.
—Pues siendo barro perecedero y fugitiva llama suspendida entre dos abismos, osa, no obstante, abrasarse en amores, dolores y esperanzas más vehementes que las de los propios inmortales.
Detúvose un instante, quien escucha en lo profundo de sí un pensamiento jamás antes concebido, y prosiguió:
—Por edades innumerables contemplé a los mortales desde la fría altura de los sueños, juzgándolos sombras leves destinadas al olvido del tiempo; mas ahora descubro, no sin asombro, que en su fragilidad reside una secreta magnificencia. Lloran aun sabiendo cuán breve es la dicha; aman aunque la pérdida ya duerma escondida en el seno del destino… y acaso sea precisamente esa fugitiva condición la que vuelve tan preciosa su existencia.
—Pues siendo barro perecedero y fugitiva llama suspendida entre dos abismos, osa, no obstante, abrasarse en amores, dolores y esperanzas más vehementes que las de los propios inmortales.
Detúvose un instante, quien escucha en lo profundo de sí un pensamiento jamás antes concebido, y prosiguió:
—Por edades innumerables contemplé a los mortales desde la fría altura de los sueños, juzgándolos sombras leves destinadas al olvido del tiempo; mas ahora descubro, no sin asombro, que en su fragilidad reside una secreta magnificencia. Lloran aun sabiendo cuán breve es la dicha; aman aunque la pérdida ya duerma escondida en el seno del destino… y acaso sea precisamente esa fugitiva condición la que vuelve tan preciosa su existencia.
—¡Oh, peregrina y misteriosa hechura es el hombre! —pronunció con melancólica gravedad.
—Pues siendo barro perecedero y fugitiva llama suspendida entre dos abismos, osa, no obstante, abrasarse en amores, dolores y esperanzas más vehementes que las de los propios inmortales.
Detúvose un instante, quien escucha en lo profundo de sí un pensamiento jamás antes concebido, y prosiguió:
—Por edades innumerables contemplé a los mortales desde la fría altura de los sueños, juzgándolos sombras leves destinadas al olvido del tiempo; mas ahora descubro, no sin asombro, que en su fragilidad reside una secreta magnificencia. Lloran aun sabiendo cuán breve es la dicha; aman aunque la pérdida ya duerma escondida en el seno del destino… y acaso sea precisamente esa fugitiva condición la que vuelve tan preciosa su existencia.