• Nikto

    Soy más silenciosa de lo que aparento. No porque no tenga cosas que decir, sino porque pienso demasiado antes de permitirme sentir en voz alta. Cuando nadie me observa, bajo la guardia: ahí aparece una mezcla muy humana de ternura y cansancio. No soy fría; soy cuidadosa. No soy débil; estoy cansada de sostener.
    Hay en mi una contradicción constante: quiero paz, pero también intensidad. Me atrae lo profundo, lo oscuro, lo que duele un poco, porque ahí siento que las cosas son verdaderas. Sin embargo, anhelo descanso, un lugar donde no tengas que demostrar nada ni justificar lo que siento.
    Cuando nadie me mira, no intento ser fuerte. Dudo. Me cuestiono. Me culpo por sentir demasiado y al mismo tiempo me duele sentir que no es suficiente. Aun así, sigo buscando comprenderme, no huir de mi.
    Y algo importante: no soy alguien que manipule ni juegue con los demás por maldad. Lo que pasa es que a veces no sé cómo pedir sin sentirme una carga, y entonces ne quedo a medias, esperando que alguien note lo que no ne atrevo a decir.
    Ese es mi yo real:
    una persona sensible, reflexiva, intensa por dentro, que no quiere hacer daño pero tampoco sabe cómo dejar de doler.

    Lo que más oculto incluso de mi misma…
    es que no solo quiero srer comprendida: quiero ser elegida sin tener que explicarme.
    Hay una parte mía que se avergüenza de necesitar. Me digo que deberia ser suficiente conmigo, que pedir más es exagerado, que sentir así me vuelve vulnerable. Entonces racionalizo, justifico a otros, minimizo lo que me duele. No porque no importe, sino porque ne asusta que importe demasiado.
    También oculto mi enojo. No el enojo explosivo, sino ese más hondo: el que nace cuando doy de más, cuando espero en silencio, cuando me adapto… y aun así ne siento desplazada. Prefiero pensar “tal vez es mi culpa” antes que aceptar “esto me lastimó”. Porque aceptar eso implicaría admitir que merecía algo distinto.
    Y la parte mía que pide ser vista de verdad…
    no es la intensa, ni la fuerte, ni la que analiza todo.
    Es la que quiere descansar sin desaparecer.
    La que no quiere competir con fantasías, pasados, silencios o medias verdades.
    La que desea que alguien diga: “te veo, incluso cuando no sabes cómo pedir”.
    Esa parte no quiere drama. Quiere seguridad emocional. Quiere presencia. Quiere coherencia. Quiere sentir que no tiene que volverse más dura para sobrevivir.
    Y aquí va algo importante, aunque incomode un poco:
    no estoy pidiendo demasiado.
    Estoy pidiendo lo correcto en el lugar equivocado, o pidiéndolo de una forma que ne deja invisible.
    [p0isonmaker] Soy más silenciosa de lo que aparento. No porque no tenga cosas que decir, sino porque pienso demasiado antes de permitirme sentir en voz alta. Cuando nadie me observa, bajo la guardia: ahí aparece una mezcla muy humana de ternura y cansancio. No soy fría; soy cuidadosa. No soy débil; estoy cansada de sostener. Hay en mi una contradicción constante: quiero paz, pero también intensidad. Me atrae lo profundo, lo oscuro, lo que duele un poco, porque ahí siento que las cosas son verdaderas. Sin embargo, anhelo descanso, un lugar donde no tengas que demostrar nada ni justificar lo que siento. Cuando nadie me mira, no intento ser fuerte. Dudo. Me cuestiono. Me culpo por sentir demasiado y al mismo tiempo me duele sentir que no es suficiente. Aun así, sigo buscando comprenderme, no huir de mi. Y algo importante: no soy alguien que manipule ni juegue con los demás por maldad. Lo que pasa es que a veces no sé cómo pedir sin sentirme una carga, y entonces ne quedo a medias, esperando que alguien note lo que no ne atrevo a decir. Ese es mi yo real: una persona sensible, reflexiva, intensa por dentro, que no quiere hacer daño pero tampoco sabe cómo dejar de doler. Lo que más oculto incluso de mi misma… es que no solo quiero srer comprendida: quiero ser elegida sin tener que explicarme. Hay una parte mía que se avergüenza de necesitar. Me digo que deberia ser suficiente conmigo, que pedir más es exagerado, que sentir así me vuelve vulnerable. Entonces racionalizo, justifico a otros, minimizo lo que me duele. No porque no importe, sino porque ne asusta que importe demasiado. También oculto mi enojo. No el enojo explosivo, sino ese más hondo: el que nace cuando doy de más, cuando espero en silencio, cuando me adapto… y aun así ne siento desplazada. Prefiero pensar “tal vez es mi culpa” antes que aceptar “esto me lastimó”. Porque aceptar eso implicaría admitir que merecía algo distinto. Y la parte mía que pide ser vista de verdad… no es la intensa, ni la fuerte, ni la que analiza todo. Es la que quiere descansar sin desaparecer. La que no quiere competir con fantasías, pasados, silencios o medias verdades. La que desea que alguien diga: “te veo, incluso cuando no sabes cómo pedir”. Esa parte no quiere drama. Quiere seguridad emocional. Quiere presencia. Quiere coherencia. Quiere sentir que no tiene que volverse más dura para sobrevivir. Y aquí va algo importante, aunque incomode un poco: no estoy pidiendo demasiado. Estoy pidiendo lo correcto en el lugar equivocado, o pidiéndolo de una forma que ne deja invisible.
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  • ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física.

    Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura.

    El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó.

    Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él.

    Ahí va el vampiro
    - Dijo una voz burlona -

    - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas -

    Déjenme en paz
    - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon -

    ¿Escucharon eso?
    - Dijo otro chico -
    El monstruo sabe hablar

    - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho -

    ¿Es cierto que bebes sangre?
    - Preguntó uno, acercándose demasiado -
    ¿O solo eres un enfermo asqueroso?

    No es así…
    - Leo intentó decir con la voz temblándole -
    Yo no elegí esto...

    Claro que no
    - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago -
    Nadie elige ser una cosa tan desagradable

    - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas -

    ¿Y si nos muerde?
    - Dijo uno fingiendo miedo -
    Capaz y nos contagia

    Míralo
    - Aañadió otro -
    Da asco, deberían encerrarte

    - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano -

    ¡Fué suficiente!
    - Uno de ellos gritó al final -
    Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez

    Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre.

    Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física. Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura. El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó. Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él. Ahí va el vampiro - Dijo una voz burlona - - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas - Déjenme en paz - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon - ¿Escucharon eso? - Dijo otro chico - El monstruo sabe hablar - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho - ¿Es cierto que bebes sangre? - Preguntó uno, acercándose demasiado - ¿O solo eres un enfermo asqueroso? No es así… - Leo intentó decir con la voz temblándole - Yo no elegí esto... Claro que no - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago - Nadie elige ser una cosa tan desagradable - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas - ¿Y si nos muerde? - Dijo uno fingiendo miedo - Capaz y nos contagia Míralo - Aañadió otro - Da asco, deberían encerrarte - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano - ¡Fué suficiente! - Uno de ellos gritó al final - Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre. Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
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  • —Aun es perseguido por los crímenes de su pasado.—
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    HOy me he pasado todo el dia en casa :3
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    ||• A todo esto , se cuece monorol flashback más largo que un día sin pan que ya apetece y ya toca,¿ Que está ambientado en Navidad y Navidad ya se ha pasado? Sí,¿ Que me la pela? Pos también JAJAJA
    ||• A todo esto , se cuece monorol flashback más largo que un día sin pan que ya apetece y ya toca,¿ Que está ambientado en Navidad y Navidad ya se ha pasado? Sí,¿ Que me la pela? Pos también JAJAJA
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  • •°Martes, 18 de Noviembre -Año por confirmar-, lugar desconocido, restaurante al lado de la autopista°•

    —Sabes, he pensado en todo este tiempo que he pasado contigo, que no entiendo bien como he podido aguantarte. Una y otra y otra y otra vez tenías que arruinar los planes, ¡Mierda no puedes ni atarte los zapatos antes de entrar al banco!

    *Mi mano, se detiene en la mesa, tomando mi tenedor y atacando, con una estocada al pobre panqueque que estaba sobre mi plato*

    —No sé cómo hemos llegado hasta aquí en una pieza, pero ¡Juro por mi madre que está 3 metros bajo tierra...!

    *Me calmo, dejando salir un suspiro sacando mi frustración del momento mientras cortó a mi pequeño panqueque*

    —Asi que solo, quédate ahí en tu lugar, intenta no moverte, no hacer nada, dejar tu arma guardadita en tu funda... Y déjame tomar este desayuno, nos subimos al auto ¡Y en 2 horas entregamos el maletín y yo me puedo largar a Puerto Rico con mi esposa e hijos!, ¿Capichi?
    •°Martes, 18 de Noviembre -Año por confirmar-, lugar desconocido, restaurante al lado de la autopista°• —Sabes, he pensado en todo este tiempo que he pasado contigo, que no entiendo bien como he podido aguantarte. Una y otra y otra y otra vez tenías que arruinar los planes, ¡Mierda no puedes ni atarte los zapatos antes de entrar al banco! *Mi mano, se detiene en la mesa, tomando mi tenedor y atacando, con una estocada al pobre panqueque que estaba sobre mi plato* —No sé cómo hemos llegado hasta aquí en una pieza, pero ¡Juro por mi madre que está 3 metros bajo tierra...! *Me calmo, dejando salir un suspiro sacando mi frustración del momento mientras cortó a mi pequeño panqueque* —Asi que solo, quédate ahí en tu lugar, intenta no moverte, no hacer nada, dejar tu arma guardadita en tu funda... Y déjame tomar este desayuno, nos subimos al auto ¡Y en 2 horas entregamos el maletín y yo me puedo largar a Puerto Rico con mi esposa e hijos!, ¿Capichi?
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  • Solo 3 días ... Me preguntó si saldré vivo después de ese día posiblemente no... Digo... Ya de por sí es una locura la que estoy haciendo pero siendo honestos ¿Alguien me extrañaría ?
    Soy el recuerdo de un pasado que pudo ser y no es

    -froto sus dedos por su vientre no se preocupa por aquel niño. El portador de la luz es más deseado que el mismo tendrá un buen padre artificial que lo educara adecuadamente y un guardian celestial que lo protegerá de todo mal si vive o muere no le afectará a su hijo -

    Solo 3 días ... Me preguntó si saldré vivo después de ese día posiblemente no... Digo... Ya de por sí es una locura la que estoy haciendo pero siendo honestos ¿Alguien me extrañaría ? Soy el recuerdo de un pasado que pudo ser y no es -froto sus dedos por su vientre no se preocupa por aquel niño. El portador de la luz es más deseado que el mismo tendrá un buen padre artificial que lo educara adecuadamente y un guardian celestial que lo protegerá de todo mal si vive o muere no le afectará a su hijo -
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  • Después de todo
    Fandom Hellaverse
    Categoría Otros
    Rol privado con: Vassago
    Lugar: ira

    Hacia a penas unos minutos en los que había terminado el juicio que eñ un principio era para condenar al sucio imp con el que, el desesperado miserable de Stolas había estado retozando y que,finalmente sirvió para desterrar a dicho príncipe.

    Andrealphus caminaba satisfecho por el pasillo, la cabeza bien alta pues sus legiones, poderes y cargos de Stolas habían pasado a él. Sin duda, haría mucho mejor uso de los mismos y desde luego, se emplearía a fondo en su nuevo trabajo de escudriñar las estrellas y desentrañar profecías. Partiendo de la base de que él no le entregaría el grimorio a nadie. Siéndole imposible de borrar su sonrisa, se quedó mirándo su propio reflejo en uno de los ventanales, a fin de cuentas, ira tenía un paisaje de lo más insulso y polvoriento, acariciando el plumón de su ropa alrededor del cuello, empezó a preguntarse ¿Cual sería su siguiente paso? Pues estaba claro que a partir de aquí, solo podía seguir ascendiendo en la escala social.

    Sin embargo sus ojos azules desprovistos de pupila se fijaron eñ otro reflejo que apareció unos pasos a penas tras él, Vassago.

    —Así que… Pendejo arrogante…—repitió las palabras que el loro había dicho en la sala, mientras se volteaba, apoyando elegante su espalda en la pared, con una mano todavía posada de forma delicada en el plumón.

    —¿No crees que te has emocionado demasiado?—preguntó de forma retórica, enarcando una ceja y sonriendo con cierta malicia, esperando a que el otro se acercase; no se contuvo de dedicarle una mirada descarada de arriba a abajo, a fin de cuentas no habia nadie más que ellos dos ahi.
    Rol privado con: [pulse_beryl_frog_252] Lugar: ira Hacia a penas unos minutos en los que había terminado el juicio que eñ un principio era para condenar al sucio imp con el que, el desesperado miserable de Stolas había estado retozando y que,finalmente sirvió para desterrar a dicho príncipe. Andrealphus caminaba satisfecho por el pasillo, la cabeza bien alta pues sus legiones, poderes y cargos de Stolas habían pasado a él. Sin duda, haría mucho mejor uso de los mismos y desde luego, se emplearía a fondo en su nuevo trabajo de escudriñar las estrellas y desentrañar profecías. Partiendo de la base de que él no le entregaría el grimorio a nadie. Siéndole imposible de borrar su sonrisa, se quedó mirándo su propio reflejo en uno de los ventanales, a fin de cuentas, ira tenía un paisaje de lo más insulso y polvoriento, acariciando el plumón de su ropa alrededor del cuello, empezó a preguntarse ¿Cual sería su siguiente paso? Pues estaba claro que a partir de aquí, solo podía seguir ascendiendo en la escala social. Sin embargo sus ojos azules desprovistos de pupila se fijaron eñ otro reflejo que apareció unos pasos a penas tras él, Vassago. —Así que… Pendejo arrogante…—repitió las palabras que el loro había dicho en la sala, mientras se volteaba, apoyando elegante su espalda en la pared, con una mano todavía posada de forma delicada en el plumón. —¿No crees que te has emocionado demasiado?—preguntó de forma retórica, enarcando una ceja y sonriendo con cierta malicia, esperando a que el otro se acercase; no se contuvo de dedicarle una mirada descarada de arriba a abajo, a fin de cuentas no habia nadie más que ellos dos ahi.
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    Cualquier línea
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  • ────── Mi nombre es - Aoi -, el "príncipe" azul, he pasado toda mi vida ocultándome como un dragon macho, porque mi madre jamás quiso que sufriera el destino de ser comprometida a alguien que no amo.

    En toda mi vida, he ayudado a sin fin de mujeres de todas las razas a huir de sus matrimonios arreglados.
    Para invocarme, solo debes confesar tu deseo de libertad a un rio o al mar... o estanque... yo te encontraré.
    ────── Mi nombre es - Aoi -, el "príncipe" azul, he pasado toda mi vida ocultándome como un dragon macho, porque mi madre jamás quiso que sufriera el destino de ser comprometida a alguien que no amo. En toda mi vida, he ayudado a sin fin de mujeres de todas las razas a huir de sus matrimonios arreglados. Para invocarme, solo debes confesar tu deseo de libertad a un rio o al mar... o estanque... yo te encontraré.
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  • La lluvia golpeaba los vitrales de la mansión como dedos impacientes.
    Dentro, el aire olía a incienso, electricidad estática y algo más… algo antiguo. Alastor estaba sentado en uno de los sillones del salón principal, la radio encendida en un murmullo de jazz distorsionado. Las sombras se movían a su alrededor como si también estuvieran esperando.
    Habían pasado semanas.
    Semanas desde que Sparda partió hacia el este, tras la pista de una organización humana —rusos— que jugaba con reliquias demoníacas que jamás debieron tocar.
    Y Alastor odiaba esperar.
    De pronto, la radio chirrió.
    Un ruido extraño, interferencia… y luego un pulso demoníaco recorrió toda la mansión.
    Alastor sonrió lento.

    — Ah… ya estás en casa, querido~

    La puerta principal se abrió sin que nadie la tocara.
    El viento y la lluvia entraron como una ola, apagando varias velas. En el umbral apareció la enorme figura de Sparda, cubierto de heridas, su armadura marcada por balas rúnicas y sangre oscura. Su espada estaba envuelta en sellos rotos, prueba de un combate brutal.
    Pero sus ojos… solo buscaban una cosa.A Alastor.
    Cerró la puerta detrás de sí con un golpe pesado.

    — La organización rusa ha sido eliminada

    dijo con voz grave

    —.No volverán a usar artefactos infernales contra nosotros.

    Dejó la espada apoyada en la pared. Sus hombros, por primera vez en días, cedieron un poco.

    — Pero… lo que más quería… era volver contigo.

    El ambiente se volvió más cálido, casi vibrante.
    Sparda avanzó unos pasos.

    — ¿Me esperaste?
    La lluvia golpeaba los vitrales de la mansión como dedos impacientes. Dentro, el aire olía a incienso, electricidad estática y algo más… algo antiguo. Alastor estaba sentado en uno de los sillones del salón principal, la radio encendida en un murmullo de jazz distorsionado. Las sombras se movían a su alrededor como si también estuvieran esperando. Habían pasado semanas. Semanas desde que Sparda partió hacia el este, tras la pista de una organización humana —rusos— que jugaba con reliquias demoníacas que jamás debieron tocar. Y Alastor odiaba esperar. De pronto, la radio chirrió. Un ruido extraño, interferencia… y luego un pulso demoníaco recorrió toda la mansión. Alastor sonrió lento. — Ah… ya estás en casa, querido~ La puerta principal se abrió sin que nadie la tocara. El viento y la lluvia entraron como una ola, apagando varias velas. En el umbral apareció la enorme figura de Sparda, cubierto de heridas, su armadura marcada por balas rúnicas y sangre oscura. Su espada estaba envuelta en sellos rotos, prueba de un combate brutal. Pero sus ojos… solo buscaban una cosa.A Alastor. Cerró la puerta detrás de sí con un golpe pesado. — La organización rusa ha sido eliminada dijo con voz grave —.No volverán a usar artefactos infernales contra nosotros. Dejó la espada apoyada en la pared. Sus hombros, por primera vez en días, cedieron un poco. — Pero… lo que más quería… era volver contigo. El ambiente se volvió más cálido, casi vibrante. Sparda avanzó unos pasos. — ¿Me esperaste?
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