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    ***Edad del Caos***
    - Los Guerreros del Caos.

    La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia.

    Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás.

    Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió.

    Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado.

    Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses.

    Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba.

    Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña.

    No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó.

    Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa.

    El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también.

    El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido.

    Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra.

    Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija.

    Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido.

    Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida.

    Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor.

    Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba.

    Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir.

    Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él.

    Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron.

    Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado.

    El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella.

    Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar.

    Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes.

    Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más.

    Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis.

    Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.

    ***Edad del Caos*** - Los Guerreros del Caos. La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia. Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás. Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió. Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado. Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses. Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba. Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña. No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó. Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa. El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también. El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido. Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra. Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija. Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido. Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida. Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor. Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba. Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir. Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él. Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron. Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado. El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella. Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar. Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes. Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más. Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis. Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.
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  • Murmurator
    Fandom Crossover - Castlevania
    Categoría Original
    (Quest: Persecución)

    El número de muertos seguía creciendo, la altiplanicie se volvía una tumba repleta de números que ningún testigo reclamo.

    La noticia se esparció como pólvora férrea, los cazadores temían el despertar del Conde susurrándoles en la nuca, temían por su vida que no se atrevían a ir contra esa voluntad mientras no fuesen sus cuellos los que peligraran.

    Pero los magistrados veían esto con otros ojos: sus cuellos colgando.

    Anunciaron en el tablero una nueva misión de ejecución para encontrar al victimario que ha estado decapitando cuerpos sin ningún tipo de piedad. Llegaron a Claude, impasible y desinteresado, solemne como agua clara en medio de la lluvia.

    Su mirada siempre clavada en el revolver. Llegar a él y convencerlo de trabajar fuera de horas era una tortura, siempre hacia todo acorde a un horario. Pero esta vez la paga era algo que le interesaba mucho, música clásica.

    Era un privilegio para sus oídos capturar las notas en un silencio sepulcral, donde nada ni nadie perturba la belleza sinfónica. El trato de cerro y Claude partió al último poblado atacado.

    No hablaba si no era necesario.
    Planeaba con cuidado cada movimiento, pulía sus habilidades en medio de la batalla, las llevaba a una perfección enfermiza.

    El carruaje que lo trasladaba se detuvo de golpe.
    - No puedo llevarlo más allá de este punto, los caballos no... se mueven...- Hablo en conductor recorriendo la cortina, encontrándose con un par de monedas pero sin la imagen del hombre.

    Entendía muy bien el lenguaje del miedo y que nadie sacrificaría su vida por desconocidos, fuera cual fuera la excusa lo aproximo tanto como pudo al objetivo.

    Ya establecido un paso firme, el viento helado taciturno golpeo su rostro meciendo su cabello, su mirada impasible vislumbro el pueblo arruinado, el aura que dejaba una masacre era una marca imborrable para un ejecutor que de cerca conocía estos factores.

    Se adentro, extrañado por una luz en una de las casas. Algo estaba fuera de lugar. ¿Sobrevivientes acaso? ¿Ladrones?. Lo averiguaría a punta de disparos.

    // Rol privado.
    (Quest: Persecución) El número de muertos seguía creciendo, la altiplanicie se volvía una tumba repleta de números que ningún testigo reclamo. La noticia se esparció como pólvora férrea, los cazadores temían el despertar del Conde susurrándoles en la nuca, temían por su vida que no se atrevían a ir contra esa voluntad mientras no fuesen sus cuellos los que peligraran. Pero los magistrados veían esto con otros ojos: sus cuellos colgando. Anunciaron en el tablero una nueva misión de ejecución para encontrar al victimario que ha estado decapitando cuerpos sin ningún tipo de piedad. Llegaron a Claude, impasible y desinteresado, solemne como agua clara en medio de la lluvia. Su mirada siempre clavada en el revolver. Llegar a él y convencerlo de trabajar fuera de horas era una tortura, siempre hacia todo acorde a un horario. Pero esta vez la paga era algo que le interesaba mucho, música clásica. Era un privilegio para sus oídos capturar las notas en un silencio sepulcral, donde nada ni nadie perturba la belleza sinfónica. El trato de cerro y Claude partió al último poblado atacado. No hablaba si no era necesario. Planeaba con cuidado cada movimiento, pulía sus habilidades en medio de la batalla, las llevaba a una perfección enfermiza. El carruaje que lo trasladaba se detuvo de golpe. - No puedo llevarlo más allá de este punto, los caballos no... se mueven...- Hablo en conductor recorriendo la cortina, encontrándose con un par de monedas pero sin la imagen del hombre. Entendía muy bien el lenguaje del miedo y que nadie sacrificaría su vida por desconocidos, fuera cual fuera la excusa lo aproximo tanto como pudo al objetivo. Ya establecido un paso firme, el viento helado taciturno golpeo su rostro meciendo su cabello, su mirada impasible vislumbro el pueblo arruinado, el aura que dejaba una masacre era una marca imborrable para un ejecutor que de cerca conocía estos factores. Se adentro, extrañado por una luz en una de las casas. Algo estaba fuera de lugar. ¿Sobrevivientes acaso? ¿Ladrones?. Lo averiguaría a punta de disparos. // Rol privado.
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  • -Bienvenid@s a mi espacio ..lleno de ...terror y masacre...oh quise decir...

    Rie levemente

    -sientanse como en casa ...mi casa es su casa ..

    -Bienvenid@s a mi espacio ..lleno de ...terror y masacre...oh quise decir... Rie levemente -sientanse como en casa ...mi casa es su casa ..
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  • Permíteme ser perfectamente clara: soy una espada sumamente caprichosa. He degustado más variedades de sangre de las que podrías siquiera concebir. Carezco de interés en las ofrendas absurdas, ni me importan tus sueños, tus ideales, ni mucho menos tus ambiciones. Tu alma terminará pudriéndose con mi maldición tarde o temprano.

    Si pretendes un trato, ofréceme algo verdaderamente exquisito. Una masacre, una bestia ancestral, y te concederé el privilegio de sostener la hoja más corrosiva que jamás podrías soñar.
    Permíteme ser perfectamente clara: soy una espada sumamente caprichosa. He degustado más variedades de sangre de las que podrías siquiera concebir. Carezco de interés en las ofrendas absurdas, ni me importan tus sueños, tus ideales, ni mucho menos tus ambiciones. Tu alma terminará pudriéndose con mi maldición tarde o temprano. Si pretendes un trato, ofréceme algo verdaderamente exquisito. Una masacre, una bestia ancestral, y te concederé el privilegio de sostener la hoja más corrosiva que jamás podrías soñar.
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    CURIOSIDADES DE MIA P ARGENT

    1) Al igual que Grayson Mía hizo una masacre en Kinderheim 512.
    2) En su día a día es el caos de todo el departamento de informática.
    3) Se saco la licencia de conducir a la sexta vez.
    4) Suele dormir cinco horas.
    5) No es buena en temas de cocinar.
    6) Le encanta el chocolate blanco.
    7) Al día de hoy siguie con hematofobia, debido a que intento matar el " monstro" de Gray.
    8) Es buena recordando cosas, pero no de su infancia.
    9) Es el dolor de "cabeza" de Hobbs.
    10) Pese su altura es cinturón negro de karate.
    11) Tiene cuatro móviles.
    CURIOSIDADES DE MIA P ARGENT 1) Al igual que Grayson Mía hizo una masacre en Kinderheim 512. 2) En su día a día es el caos de todo el departamento de informática. 3) Se saco la licencia de conducir a la sexta vez. 4) Suele dormir cinco horas. 5) No es buena en temas de cocinar. 6) Le encanta el chocolate blanco. 7) Al día de hoy siguie con hematofobia, debido a que intento matar el " monstro" de Gray. 8) Es buena recordando cosas, pero no de su infancia. 9) Es el dolor de "cabeza" de Hobbs. 10) Pese su altura es cinturón negro de karate. 11) Tiene cuatro móviles.
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  • Ser una biblioteca andante significa que la peor tortura posible no es el dolor físico, sino la ignorancia. Y el Cielo de Raziel se derrumbó cuando se encontró con dos vacíos de información masivos en sus propios estantes.

    El primero fue la desaparición de Padre. Un libro sagrado que, de un segundo a otro, se quedó sin autor.
    El segundo fue Mikhael. La Arcángel de la Sabiduría tenía catalogada cada sonrisa, cada cicatriz y cada batalla de la Comandante Suprema. Había leído el alma de Mikhael millones de veces, creyendo conocerla de memoria. Sin embargo, el día de la insurrección, Raziel buscó desesperadamente en su archivo interno una explicación, un motivo lógico, una línea de texto que justificara la masacre.

    No encontró nada. La traición de Mikhael era una herejía ilegible, una página arrancada violentamente del centro de su pecho que la dejó sangrando duda y terror.

    No es coincidencia que haya elegido refugiarse en archivos y bibliotecas. Los libros que restaura como paleógrafa están hechos de papel, los cadáveres triturados de los árboles mortales. Cuando sus dedos manchados de tinta acarician las páginas de un manuscrito antiguo, Raziel cierra los ojos tras sus gafas y finge, por un efímero y desesperado segundo, que vuelve a estar conectada al gran Árbol de la Sabiduría.

    Sobrevive rodeada de hojas muertas, intentando llenar el vacío de su mente divina y aterrorizada de que Mikhael, convertida ahora en una tempestad de sangre y fuego, baje a la Tierra para talar lo poco que queda de su alma.
    Ser una biblioteca andante significa que la peor tortura posible no es el dolor físico, sino la ignorancia. Y el Cielo de Raziel se derrumbó cuando se encontró con dos vacíos de información masivos en sus propios estantes. El primero fue la desaparición de Padre. Un libro sagrado que, de un segundo a otro, se quedó sin autor. El segundo fue Mikhael. La Arcángel de la Sabiduría tenía catalogada cada sonrisa, cada cicatriz y cada batalla de la Comandante Suprema. Había leído el alma de Mikhael millones de veces, creyendo conocerla de memoria. Sin embargo, el día de la insurrección, Raziel buscó desesperadamente en su archivo interno una explicación, un motivo lógico, una línea de texto que justificara la masacre. No encontró nada. La traición de Mikhael era una herejía ilegible, una página arrancada violentamente del centro de su pecho que la dejó sangrando duda y terror. No es coincidencia que haya elegido refugiarse en archivos y bibliotecas. Los libros que restaura como paleógrafa están hechos de papel, los cadáveres triturados de los árboles mortales. Cuando sus dedos manchados de tinta acarician las páginas de un manuscrito antiguo, Raziel cierra los ojos tras sus gafas y finge, por un efímero y desesperado segundo, que vuelve a estar conectada al gran Árbol de la Sabiduría. Sobrevive rodeada de hojas muertas, intentando llenar el vacío de su mente divina y aterrorizada de que Mikhael, convertida ahora en una tempestad de sangre y fuego, baje a la Tierra para talar lo poco que queda de su alma.
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  • 𝗧𝗵𝗲 𝗰𝗮𝘁 𝗮𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲 𝗺𝗼𝘂𝘀𝗲
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    𝐶𝑎𝑠𝑠𝑖𝑒

    [Momentos antes de la masacre.]

    El amor de un padre no tiene precio, no es una norma aplicada solo a los humanos, los ángeles que vinieron antes que Adán y Eva, todos los que vinieron después, todos ansiaban lo mismo, el amor de su padre, el amor de Dios.

    Dios los creó a su imagen y semejanza ¿A los ángeles? No, a esos seres repulsivos y llenos de vida, a los humanos. Su ojo todopoderoso se mantuvo sobre ellos, los cuidó como si fueran lo más preciado que tenía, pero eran ellos los que blasfemaban en su nombre, los que crucificaban a personas en su nombre...

    O esas eran las cosas que Shamriel le contaba a los demás ángeles...

    Entre los pasillos de mármol se hablaba sobre la rebelión, Padre ya no estaba ¿Qué habría por ocurrir? Obviamente lo peor. Aquellos que se aferran a los vestigios de su luz se habrán de enfrentar contra los que avanzan sin él, ahora son los hijos quienes deben avanzar sin su padre, esta vez por elección propia...

    Parece que no eran tan diferentes a los humanos, aquellos que luchaban por su amor, ahora luchaban por dejarlo atrás.

    Shamriel se dirigió a una de las muchas puertas del palacio de los cielos, quería reunirse con alguien en específico... Con Raziel. Los decorados en oro, los colores blancos, colores asociados a la pureza que en este día se teñirían de la sangre de sus hermanos... Y no le importaba.

    Sin avisar abrió las puertas, su rostro aparentaba preocupación. ⸻ ¿Raziel? ⸻ Observó alrededor, hasta que su mirada aterrizo sobre su hermana. ⸻ Ahí estás, menos mal. ⸻ Dijo llevándose una mano al pecho. Cerró la puerta tras ella y caminó hacia su hermana. ⸻ El tiempo apremia, Raziel, debo hablar contigo. ⸻ En su voz se palpaba la preocupación.
    [vision_amethyst_turtle_935] [Momentos antes de la masacre.] El amor de un padre no tiene precio, no es una norma aplicada solo a los humanos, los ángeles que vinieron antes que Adán y Eva, todos los que vinieron después, todos ansiaban lo mismo, el amor de su padre, el amor de Dios. Dios los creó a su imagen y semejanza ¿A los ángeles? No, a esos seres repulsivos y llenos de vida, a los humanos. Su ojo todopoderoso se mantuvo sobre ellos, los cuidó como si fueran lo más preciado que tenía, pero eran ellos los que blasfemaban en su nombre, los que crucificaban a personas en su nombre... O esas eran las cosas que Shamriel le contaba a los demás ángeles... Entre los pasillos de mármol se hablaba sobre la rebelión, Padre ya no estaba ¿Qué habría por ocurrir? Obviamente lo peor. Aquellos que se aferran a los vestigios de su luz se habrán de enfrentar contra los que avanzan sin él, ahora son los hijos quienes deben avanzar sin su padre, esta vez por elección propia... Parece que no eran tan diferentes a los humanos, aquellos que luchaban por su amor, ahora luchaban por dejarlo atrás. Shamriel se dirigió a una de las muchas puertas del palacio de los cielos, quería reunirse con alguien en específico... Con Raziel. Los decorados en oro, los colores blancos, colores asociados a la pureza que en este día se teñirían de la sangre de sus hermanos... Y no le importaba. Sin avisar abrió las puertas, su rostro aparentaba preocupación. ⸻ ¿Raziel? ⸻ Observó alrededor, hasta que su mirada aterrizo sobre su hermana. ⸻ Ahí estás, menos mal. ⸻ Dijo llevándose una mano al pecho. Cerró la puerta tras ella y caminó hacia su hermana. ⸻ El tiempo apremia, Raziel, debo hablar contigo. ⸻ En su voz se palpaba la preocupación.
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  • No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro.

    No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta.

    La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia.

    Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano.

    𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
    No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro. No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta. La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia. Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano. 𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
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    Hoy en ALBUMES CON EL TÍO JERO

    DARK ANGEL - "Darkness Descends" (1986)

    Género: Thrash Metal

    Hoy nos dejamos de sutilezas, hoy dejamos lo sofisticado a un lado. Hoy es violencia, violencia y más violencia. 35 minutos de la más pura masacre auditiva que te arrollará por encima como una verdadera aplanadora de sonido. No hay espacio para baladas, no hay respiro entre canciones, metralla absoluta canción tras canción, una dosis perfecta de destrucción cuando tengas un mal día.

    En aspectos de Rol ¿Para qué situaciones serviría? No lo sé la verdad ¿Una pelea callejera? ¿Querer golpear a cualquiera que se cruce porque te miró feo a tu personaje? Solo quería reseñar brevemente está joya sangrienta de los 80's. Si eres susceptible al ruido, este álbum no es para ti.

    https://youtu.be/18lPKkOaU40?si=d9sg0DzaXmlK009Y
    Hoy en ALBUMES CON EL TÍO JERO😎 DARK ANGEL - "Darkness Descends" (1986) Género: Thrash Metal Hoy nos dejamos de sutilezas, hoy dejamos lo sofisticado a un lado. Hoy es violencia, violencia y más violencia. 35 minutos de la más pura masacre auditiva que te arrollará por encima como una verdadera aplanadora de sonido. No hay espacio para baladas, no hay respiro entre canciones, metralla absoluta canción tras canción, una dosis perfecta de destrucción cuando tengas un mal día. En aspectos de Rol ¿Para qué situaciones serviría? No lo sé la verdad ¿Una pelea callejera? ¿Querer golpear a cualquiera que se cruce porque te miró feo a tu personaje? Solo quería reseñar brevemente está joya sangrienta de los 80's. Si eres susceptible al ruido, este álbum no es para ti. https://youtu.be/18lPKkOaU40?si=d9sg0DzaXmlK009Y
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  • ¡El Loco de Fliqpy anda matando gente desde estamos viendo toda su masacre!.
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