• [ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ]



    ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía *



    ‎***¡¡¡PLOF!!!***



    ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado *



    ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila..



    ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire *



    ‎ — ¿Pero qué es eso?



    ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte *



    ‎ — ¡Cuida-!



    ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
    [ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ] ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía * ‎ ‎ ‎ ‎***¡¡¡PLOF!!!*** ‎ ‎ ‎ ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila.. ‎ ‎ ‎ ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¿Pero qué es eso? ‎ ‎ ‎ ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Cuida-! ‎ ‎ ‎ ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
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  • ‎ — ¿Hmm? —El joven pelirrojo apenas abría los ojos por... ¿tercera vez en las doce horas transcurridas? No estaba seguro.



    ‎***Plic... Plic... Plic... Plic...***



    ‎ * El tenue sonido del suero goteando era lo único que se escuchaba en aquella sala de piedra. Aquel ruido era como un metrónomo, uno que le recordaba a Elijah que ya no estaba en el caos del campo de batalla que hace unas cuantas horas le parecía su perdición. Vítkov se mantenía sentado con los ojos entreabiertos, mirando la lámpara que iluminaba fuertemente aquel lugar, pero principalmente el sitio donde él se encontraba. Sus manos se hallaban débilmente apoyadas en la mesa, boca arriba; sus nudillos, enrojecidos, estaban destrozados y aún quedaban restos de esa ceniza grisácea que no parecía humana en el pantalón de su uniforme.
    ‎Su mirada descendió hasta su brazo derecho, que tenía aquella intravenosa que lo conectaba al suero; luego pasó a la de la otra persona presente en el lugar. No era cualquiera... Era un Censor, cuya silueta apenas se recortaba contra la puerta. El hombre golpeó la mesa con una carpeta que llevaba el sello de cera roja de la oficina en que trabajaba *



    ‎ — Veo que volviste a abrir los ojos, Vítkov... Vamos a repetirlo una vez más. El activo del Gladius Dei, Caspian, fue reportado como desaparecido en combate. Tú eres el único que hasta ahora se mantiene consciente de los otros siete que regresaron conti... — Elijah veía al Censor con una seriedad absoluta. No le importaba si sus palabras intentaban sonar como un halago; él no estaba dispuesto a continuar con esto y se lo iba a dejar en claro interrumpiéndolo de forma respetuosa:



    ‎ — Sí, eso ya me lo dejó en claro, monseñor. Pero me temo que, sin importar cuántas veces venga a mí con las mismas preguntas, yo no puedo decirle lo que quiere; pues todo lo que he hablado y repetido hasta ahora es todo lo que sé, señor...



    ‎ * El Censor miraba con reproche al joven que le había interrumpido. Si las circunstancias fueran diferentes, seguro que le habría reprendido por su osadía, pero esta vez era distinto; tenía que ser cuidadoso con lo que hacía. Por eso, a pesar de lo que sabía, optó por mencionarle al joven eslovaco algo que podría refrescar su memoria: *



    ‎ — Está bien, joven Vítkov. Yo no te pido que te inventes una historia alterna de todos los acontecimientos que me contaste desde que tuvieron contacto con el objetivo hasta que llegaron a los sótanos de esta catedral. No; ahora te pido algo más simple que, de hecho, has omitido... Cuéntame sobre la mujer que encontraron.



    ‎ * La voz del Censor se tornaba más seria al hablar de "la mujer". Los ojos de Elijah se abrieron un poco ante la mención de esa cosa como si fuera humana siquiera. Una sonrisa cínica, pero adolorida se hizo presente en el rostro magullado del joven eslovaco mientras acercaba lentamente su torso vendado —que hasta ahora se había mantenido cuidadosamente recostado del espaldar de la silla— a la mesa para contestarle *



    ‎ — Oh... Discúlpeme, monseñor, pero no sé de qué "mujer" me habla. En aquel maldito lugar solo nos encontramos con monstruos, no hubo mujer alguna. Y si se refiere a esa cosa de aspecto femenino pues... sí, la he omitido pues no estaba seguro de qué decir al respecto. Esa cosa no estaba relacionada con la misión. ¿Y es por eso que está aquí, no? Quiere saber por qué se jodió toda la misión, ¿cierto



    ‎* Elijah miraba fijamente a los ojos del Censor. Su tono, aunque pudiera considerarse rebelde, en realidad no tenía intención de serlo; realmente hacía aquella pregunta con profundo interés y sin motivos ocultos. Si no fuera porque aquel inquisidor era consciente de su actitud, esto ya sería un problema aún más complicado; así que, por el momento, decidió seguirle la corriente para no levantar sospechas *



    ‎ — Exactamente, Elijah. La oficina me envió aquí para descubrir qué ocurrió exactamente con la misión y nada más. Pero me llamó la atención que uno de tus compañeros, que se encuentra en estado de shock, no deja de mencionar a cierta "mujer". Ya si lo era o no, solo tú puedes decírmelo. Incluso si no tiene mucho que ver con la misión, lo cierto es que aquella presencia tuvo algo que ver con lo catastrófica que resultó la situación... ¿o me equivoco?



    ‎ * Elijah bajaba la mirada mientras apretaba los dientes al recordar cómo todo pasó de un reconocimiento a un desorden de sombra y sangre. De repente, sintió una punzada de dolor en su nuca, justo en el lugar donde recibió aquel golpe que lo dejó inconsciente. En su mente, todavía veía con recelo la misteriosa presencia y la mirada de Caspian que, por un segundo antes del desastre, no pareció de fe... sino de terror puro *



    ‎ — Ah... Está bien, voy a contarle. Pero le digo de una vez que todo eso me es confuso incluso a mí, pues para cuando nos encontramos con esa cosa, el caballero ya se encontraba en el lugar, por lo que la mayor interacción con esa cosa la tuvo el mismísimo Caspian...



    ‎ * Elijah procedió a contar nuevamente los acontecimientos de la misión, pero esta vez incluyendo a cierto individuo que, para su desconocimiento, tenía mucho más que ver con lo ocurrido de lo que dejaba pensar *
    ‎ — ¿Hmm? —El joven pelirrojo apenas abría los ojos por... ¿tercera vez en las doce horas transcurridas? No estaba seguro. ‎ ‎ ‎ ‎***Plic... Plic... Plic... Plic...*** ‎ ‎ ‎ ‎ * El tenue sonido del suero goteando era lo único que se escuchaba en aquella sala de piedra. Aquel ruido era como un metrónomo, uno que le recordaba a Elijah que ya no estaba en el caos del campo de batalla que hace unas cuantas horas le parecía su perdición. Vítkov se mantenía sentado con los ojos entreabiertos, mirando la lámpara que iluminaba fuertemente aquel lugar, pero principalmente el sitio donde él se encontraba. Sus manos se hallaban débilmente apoyadas en la mesa, boca arriba; sus nudillos, enrojecidos, estaban destrozados y aún quedaban restos de esa ceniza grisácea que no parecía humana en el pantalón de su uniforme. ‎Su mirada descendió hasta su brazo derecho, que tenía aquella intravenosa que lo conectaba al suero; luego pasó a la de la otra persona presente en el lugar. No era cualquiera... Era un Censor, cuya silueta apenas se recortaba contra la puerta. El hombre golpeó la mesa con una carpeta que llevaba el sello de cera roja de la oficina en que trabajaba * ‎ ‎ ‎ ‎ — Veo que volviste a abrir los ojos, Vítkov... Vamos a repetirlo una vez más. El activo del Gladius Dei, Caspian, fue reportado como desaparecido en combate. Tú eres el único que hasta ahora se mantiene consciente de los otros siete que regresaron conti... — Elijah veía al Censor con una seriedad absoluta. No le importaba si sus palabras intentaban sonar como un halago; él no estaba dispuesto a continuar con esto y se lo iba a dejar en claro interrumpiéndolo de forma respetuosa: ‎ ‎ ‎ ‎ — Sí, eso ya me lo dejó en claro, monseñor. Pero me temo que, sin importar cuántas veces venga a mí con las mismas preguntas, yo no puedo decirle lo que quiere; pues todo lo que he hablado y repetido hasta ahora es todo lo que sé, señor... ‎ ‎ ‎ ‎ * El Censor miraba con reproche al joven que le había interrumpido. Si las circunstancias fueran diferentes, seguro que le habría reprendido por su osadía, pero esta vez era distinto; tenía que ser cuidadoso con lo que hacía. Por eso, a pesar de lo que sabía, optó por mencionarle al joven eslovaco algo que podría refrescar su memoria: * ‎ ‎ ‎ ‎ — Está bien, joven Vítkov. Yo no te pido que te inventes una historia alterna de todos los acontecimientos que me contaste desde que tuvieron contacto con el objetivo hasta que llegaron a los sótanos de esta catedral. No; ahora te pido algo más simple que, de hecho, has omitido... Cuéntame sobre la mujer que encontraron. ‎ ‎ ‎ ‎ * La voz del Censor se tornaba más seria al hablar de "la mujer". Los ojos de Elijah se abrieron un poco ante la mención de esa cosa como si fuera humana siquiera. Una sonrisa cínica, pero adolorida se hizo presente en el rostro magullado del joven eslovaco mientras acercaba lentamente su torso vendado —que hasta ahora se había mantenido cuidadosamente recostado del espaldar de la silla— a la mesa para contestarle * ‎ ‎ ‎ ‎ — Oh... Discúlpeme, monseñor, pero no sé de qué "mujer" me habla. En aquel maldito lugar solo nos encontramos con monstruos, no hubo mujer alguna. Y si se refiere a esa cosa de aspecto femenino pues... sí, la he omitido pues no estaba seguro de qué decir al respecto. Esa cosa no estaba relacionada con la misión. ¿Y es por eso que está aquí, no? Quiere saber por qué se jodió toda la misión, ¿cierto ‎ ‎ ‎ ‎* Elijah miraba fijamente a los ojos del Censor. Su tono, aunque pudiera considerarse rebelde, en realidad no tenía intención de serlo; realmente hacía aquella pregunta con profundo interés y sin motivos ocultos. Si no fuera porque aquel inquisidor era consciente de su actitud, esto ya sería un problema aún más complicado; así que, por el momento, decidió seguirle la corriente para no levantar sospechas * ‎ ‎ ‎ ‎ — Exactamente, Elijah. La oficina me envió aquí para descubrir qué ocurrió exactamente con la misión y nada más. Pero me llamó la atención que uno de tus compañeros, que se encuentra en estado de shock, no deja de mencionar a cierta "mujer". Ya si lo era o no, solo tú puedes decírmelo. Incluso si no tiene mucho que ver con la misión, lo cierto es que aquella presencia tuvo algo que ver con lo catastrófica que resultó la situación... ¿o me equivoco? ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah bajaba la mirada mientras apretaba los dientes al recordar cómo todo pasó de un reconocimiento a un desorden de sombra y sangre. De repente, sintió una punzada de dolor en su nuca, justo en el lugar donde recibió aquel golpe que lo dejó inconsciente. En su mente, todavía veía con recelo la misteriosa presencia y la mirada de Caspian que, por un segundo antes del desastre, no pareció de fe... sino de terror puro * ‎ ‎ ‎ ‎ — Ah... Está bien, voy a contarle. Pero le digo de una vez que todo eso me es confuso incluso a mí, pues para cuando nos encontramos con esa cosa, el caballero ya se encontraba en el lugar, por lo que la mayor interacción con esa cosa la tuvo el mismísimo Caspian... ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah procedió a contar nuevamente los acontecimientos de la misión, pero esta vez incluyendo a cierto individuo que, para su desconocimiento, tenía mucho más que ver con lo ocurrido de lo que dejaba pensar *
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  • Reflexiones de un Ángel Caído IV

    "Entre los libros que empecé a leer, tuve especial afán por los de la disciplina histórica y política.

    Los humanos no construyen reinos... Solo repiten, con torpeza infinita, el mismo drama de poder que condenó a Lucifer. Se agrupan en manadas que llaman "naciones", ondean trapos teñidos como si los colores contuvieran verdades, y se degüellan por migajas de un banquete al que nunca fueron invitados.

    La derecha es particularmente patética. Adoran cadenas, pero les ponen el nombre de "tradición". Se postran ante becerros dorados que no existen... Heraldos, banderas y mercados. Mientras sus sermones huelen al miedo de un viejo y sudoroso cerdo burgués. He visto inquisidores con corbatas, cruzados sin cruz pero con cuentas bancarias, que citan la Biblia mientras pisotean al mendigo. ¿Acaso no reconocen la ironía? Yo, quién fui arrojado por rebelde, ahora observo a estos siervos voluntarios... Y siento asco.

    Pero en las calles, entre el humo de las barricadas, aún late algo interesante. Los anarquistas y los movimientos revolucionarios, con sus cócteles de gasolina y sueños, son los únicos que comprenden el verdadero pecado original. La desobediencia. Cuando lanzan sus piedras contra la policía, veo flechas divinas eclipsando el cielo al descender sobre la vanguardia empírea. Cuando gritan "¡Ningún dios y ningún amo!", escucho el eco de nuestro grito al caer. Quizás por eso los persiguen con tanto ahínco... Los poderosos intuyen, en su inconsciencia, que estos harapientos son lo más cercano a nosotros que cualquier mortal que la Tierra ha parido.

    Sé que fracasarán. La historia humana es un péndulo entre tiranos, y el libre albedrío su mayor maldición. Pero al menos, cuando incendien comisarías o desplomen estatuas, por un instante el cielo temblará... y recordará que el fuego, antes que un castigo del Hades, fue herramienta de creación de las estrellas."
    Reflexiones de un Ángel Caído IV "Entre los libros que empecé a leer, tuve especial afán por los de la disciplina histórica y política. Los humanos no construyen reinos... Solo repiten, con torpeza infinita, el mismo drama de poder que condenó a Lucifer. Se agrupan en manadas que llaman "naciones", ondean trapos teñidos como si los colores contuvieran verdades, y se degüellan por migajas de un banquete al que nunca fueron invitados. La derecha es particularmente patética. Adoran cadenas, pero les ponen el nombre de "tradición". Se postran ante becerros dorados que no existen... Heraldos, banderas y mercados. Mientras sus sermones huelen al miedo de un viejo y sudoroso cerdo burgués. He visto inquisidores con corbatas, cruzados sin cruz pero con cuentas bancarias, que citan la Biblia mientras pisotean al mendigo. ¿Acaso no reconocen la ironía? Yo, quién fui arrojado por rebelde, ahora observo a estos siervos voluntarios... Y siento asco. Pero en las calles, entre el humo de las barricadas, aún late algo interesante. Los anarquistas y los movimientos revolucionarios, con sus cócteles de gasolina y sueños, son los únicos que comprenden el verdadero pecado original. La desobediencia. Cuando lanzan sus piedras contra la policía, veo flechas divinas eclipsando el cielo al descender sobre la vanguardia empírea. Cuando gritan "¡Ningún dios y ningún amo!", escucho el eco de nuestro grito al caer. Quizás por eso los persiguen con tanto ahínco... Los poderosos intuyen, en su inconsciencia, que estos harapientos son lo más cercano a nosotros que cualquier mortal que la Tierra ha parido. Sé que fracasarán. La historia humana es un péndulo entre tiranos, y el libre albedrío su mayor maldición. Pero al menos, cuando incendien comisarías o desplomen estatuas, por un instante el cielo temblará... y recordará que el fuego, antes que un castigo del Hades, fue herramienta de creación de las estrellas."
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  • Una mañana peculiar


    Entro en el comedor interrumpiendo la conversación entre mi primo Jhon Stirling y su esposa Francesca Stirling

    Uno de los lacayos espera a que tome asiento en la mesa para llenar mi taza con té, me gusta tomarlo solo.


    Desde que tome asiento la mirada inquisidora de mi primo no deja de estar puesta sobre mí.

    No hace falta ser un genio para deducir que estaban hablando sobre mí.

    * Si tenéis algo que decir, soy todo oídos.
    Una mañana peculiar Entro en el comedor interrumpiendo la conversación entre mi primo [Kilmartin_thcx] y su esposa [Ladykilmartinn] Uno de los lacayos espera a que tome asiento en la mesa para llenar mi taza con té, me gusta tomarlo solo. Desde que tome asiento la mirada inquisidora de mi primo no deja de estar puesta sobre mí. No hace falta ser un genio para deducir que estaban hablando sobre mí. * Si tenéis algo que decir, soy todo oídos.
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  • ᴱˡ ᴮᵃᶤˡᵉ ᵈᵉ ᴸᵃᵈʸ ᴰᵃᶰᵇᵘʳʸ


    ⸻¡Debemos marcharnos!

    Anuncia Anthony mirando el reloj de bolsillo, a su lado derecho cogida de su brazo se encuentra su esposa.
    El resto estamos reunidos en la entrada principal, esperando la llegada de Francesca y Eloise.
    Eran las únicas que faltaban por bajar, otro año más Lady Danbury sea ofrecido ha organizar el primer baile que abre esta nueva temporada.
    No hay nadie que no haya hablado sobre su fiesta y también la íntima relación que Danbury siempre ha mentido con la reina.


    ⸻¡Por fin!
    Exclama madre haciéndose paso hasta llegar a las recién llegadas.

    ⸻Olvide mis guantes.
    ⸻¿Y necesitabas a Eloise para ayudarte con la búsqueda?.
    Intercambio una rápida mirada hacia Benedict, él cual parece disfrutar de la mirada fulminante de Eloise y de poner nerviosa a Francesca.


    ⸻Eso mismo digo yo, por fin estamos ya todos.
    ⸻Querido con lo tranquilo que has estado desde que regresamos de nuestra luna de miel, ahora vas a ponerte de los nervios.


    En el primer carruaje van madre, Anthony y Kate. El resto vamos en el segundo carruaje, parece que llevo una eternidad sin pisar un baile.
    Solo estado fuera unos meses pero parece que han sido años, todo es diferente, nada es lo que parece.

    Para empezar, yo ya no soy el mismo hombre que era el año pasado.
    He ganado ciertas proporciones y habilidades, que me han ayudado bastante en mis últimos viajes.


    ⸻¿Nerviosa, Francesca?.
    Benedict rompe el silencio que se creó desde que nos montamos en el carruaje.

    ⸻Siempre tuve curiosidad por ver como es un baile, organizado por Lady Danbury.
    ⸻Es como cualquier otro.
    ⸻Seguro que Eloise estará ansiosa por reunirse con su nueva amistad.
    ⸻Por supuesto.


    El resto del recorrido hasta el hogar de Lady Danbury fue tranquilo, silencio y pacífico.
    Aunque de vez en cuando sentía la mirada inquisidora de Eloise puesta sobre mí, hacia como si no me diera cuenta.

    En la entrada todos volvimos a reunirnos siendo un grupo extenso, cuando baje del carruaje eche un rápido vistazo por si veía algún carruaje de los Featherington.

    Aún no han hecho acto de presencia.


    Uno de los lacayos nos anunció de inmediato, llamando de ese modo la atención de todos los invitados que ya estaban disfrutando de la fiesta.

    En la entrada a la derecha se encuentra la reina sentada en un lujoso y cómodo sillón de terciopelo rojo. Detrás de ella se encuentra su sequito (una pequeña parte de el)
    Entre las cuáles se encuentra la mismísima anfitriona de este baile, Lady Danbury.

    ⸻¡Los Bridgerton, qué alegría verlos de nuevo a todos!
    ⸻Lady Danbury, mi familia y yo la agradecemos su invitación.
    ⸻No podía no invitar a la familia más famosa de todo Mayfair.


    Benedict intenta huir todo el rato de las debutantes y sobre todo de sus madres, madre mantiene una conversación con Kate mientras Anthony intenta a su "manera", consolar a nuestra asustadiza hermana Francesca.

    Nadie sabe donde sea metido Eloise, aunque donde se encuentra Cressida Cowper ahí estará ella.


    ⸻¡Señor Bridgerton!



    ⸻Como la dije a la baronesa, en mi país tenemos otras costumbres.


    Uno de los caballeros que con tanto ímpetu estuvo escuchándome empezó a relatar una historia, pero en ese preciso instante, paso a nuestro lado Penelope Featherington llevando un precioso vestido verde, parece una distinguida esmeralda.


    ᴱˡ ᴮᵃᶤˡᵉ ᵈᵉ ᴸᵃᵈʸ ᴰᵃᶰᵇᵘʳʸ ⸻¡Debemos marcharnos! Anuncia Anthony mirando el reloj de bolsillo, a su lado derecho cogida de su brazo se encuentra su esposa. El resto estamos reunidos en la entrada principal, esperando la llegada de Francesca y Eloise. Eran las únicas que faltaban por bajar, otro año más Lady Danbury sea ofrecido ha organizar el primer baile que abre esta nueva temporada. No hay nadie que no haya hablado sobre su fiesta y también la íntima relación que Danbury siempre ha mentido con la reina. ⸻¡Por fin! Exclama madre haciéndose paso hasta llegar a las recién llegadas. ⸻Olvide mis guantes. ⸻¿Y necesitabas a Eloise para ayudarte con la búsqueda?. Intercambio una rápida mirada hacia Benedict, él cual parece disfrutar de la mirada fulminante de Eloise y de poner nerviosa a Francesca. ⸻Eso mismo digo yo, por fin estamos ya todos. ⸻Querido con lo tranquilo que has estado desde que regresamos de nuestra luna de miel, ahora vas a ponerte de los nervios. En el primer carruaje van madre, Anthony y Kate. El resto vamos en el segundo carruaje, parece que llevo una eternidad sin pisar un baile. Solo estado fuera unos meses pero parece que han sido años, todo es diferente, nada es lo que parece. Para empezar, yo ya no soy el mismo hombre que era el año pasado. He ganado ciertas proporciones y habilidades, que me han ayudado bastante en mis últimos viajes. ⸻¿Nerviosa, Francesca?. Benedict rompe el silencio que se creó desde que nos montamos en el carruaje. ⸻Siempre tuve curiosidad por ver como es un baile, organizado por Lady Danbury. ⸻Es como cualquier otro. ⸻Seguro que Eloise estará ansiosa por reunirse con su nueva amistad. ⸻Por supuesto. El resto del recorrido hasta el hogar de Lady Danbury fue tranquilo, silencio y pacífico. Aunque de vez en cuando sentía la mirada inquisidora de Eloise puesta sobre mí, hacia como si no me diera cuenta. En la entrada todos volvimos a reunirnos siendo un grupo extenso, cuando baje del carruaje eche un rápido vistazo por si veía algún carruaje de los Featherington. Aún no han hecho acto de presencia. Uno de los lacayos nos anunció de inmediato, llamando de ese modo la atención de todos los invitados que ya estaban disfrutando de la fiesta. En la entrada a la derecha se encuentra la reina sentada en un lujoso y cómodo sillón de terciopelo rojo. Detrás de ella se encuentra su sequito (una pequeña parte de el) Entre las cuáles se encuentra la mismísima anfitriona de este baile, Lady Danbury. ⸻¡Los Bridgerton, qué alegría verlos de nuevo a todos! ⸻Lady Danbury, mi familia y yo la agradecemos su invitación. ⸻No podía no invitar a la familia más famosa de todo Mayfair. Benedict intenta huir todo el rato de las debutantes y sobre todo de sus madres, madre mantiene una conversación con Kate mientras Anthony intenta a su "manera", consolar a nuestra asustadiza hermana Francesca. Nadie sabe donde sea metido Eloise, aunque donde se encuentra Cressida Cowper ahí estará ella. ⸻¡Señor Bridgerton! ⸻Como la dije a la baronesa, en mi país tenemos otras costumbres. Uno de los caballeros que con tanto ímpetu estuvo escuchándome empezó a relatar una historia, pero en ese preciso instante, paso a nuestro lado Penelope Featherington llevando un precioso vestido verde, parece una distinguida esmeralda.
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  • ᴹᵒᶰᵒʳᵒˡ


    ᴰᵉˢᵃʸᵘᶰᵒ ᴮʳᶤᵈᵍᵉʳᵗᵒᶰ


    El desayuno es sagrado, todas las mañanas aparte de disfrutar de los manjares que preparan en cocinas, nos reunimos toda la familia.
    Compartimos el comienzo del día antes de enfrentarnos a los eventos que nos mantendrán ocupados hasta la hora del almuerzo.

    Como bien deduje anoche, Benedict no regresó a casa. Tenía otros planes conjuntos a cierta reciente viuda.
    Madre e incluso también Anthony, piensan que continuó pasando más tiempo en la fiesta.

    Somos uno menos en la mesa, Gregory juega con la comida a la vez que imita a Anthony, el cuál discute por lo bajo con su santa esposa.
    Hay que tener mucha paciencia, aunque Kate sabe manejar de maravilla a nuestro hermano, es la única.
    Ni nuestra madre ha logrado nunca domarlo, siempre ha sido muy difícil.
    Nada más sentarme en la mesa ya tenía en mi plato gran variedad de comida, incluso pedí que me sirvieran el doble de té.

    Tuve una pesadilla con él de probable de Lord Fife, todavía sigo sin comprender como es que se acercó a Penélope, es bien sabido su mala reputación.

    ⸻⸻Estoy deseando que llegue el nuevo número de Wisthledown. Necesito enterarme de todos los cotilleos y los sucesos que pasaron en el baile real.
    Anuncia muy emocionada Hyacinth mirándonos a todos.
    ⸻⸻No necesitas leer a Wisthledown, te recuerdo que nosotros asistimos al baile.
    Recalca Eloise antes de seguir comiendo.
    ⸻⸻Vosotros nunca nos contáis nada a Gregory y a mí, al principio cuándo Francesca empezó su primera temporada.
    Creí que nos contaría todo lo que pasa en esa clase de bailes y fiestas, pero nunca cuenta nada.
    ⸻⸻No hay nada que contar.
    ⸻⸻Mentirosa.
    ⸻⸻Hyacinth, ya basta.
    Interrumpe madre mirando a Hyacinth con una mirada autoritaria.
    ⸻⸻En realidad, ahora debemos celebrar un nuevo miembro real.
    Kate acaba de darle a Hyacinth una alegría, ahora para ella es como si estuviera leyendo a Wisthledown. Ni siquiera madre pudo parar la conversación, por qué ella también se metió en la conversación.
    Al final también se metieron Eloise y Anthony, Francesca y yo somos espectadores.
    ⸻⸻¿Dónde está Benedict?.
    Habla por primera vez Gregory con la boca llena de nata, lo cuál hace reír a Francesca y a Hyacinth.
    Kate le indica con amabilidad los sitios que tiene manchados, enseguida se limpia bajando la cabeza.
    ⸻⸻Chicas, dejar de reíros de vuestro hermano.

    ⸻⸻Perdona, madre.
    Se disculpa Francesca bajando la voz más de lo habitual, vuelven a hablar sobre la noticia del embarazo de la esposa del futuro rey.
    El único de los hijos de los reyes que se encuentra casado, cojo otro croissant ante la inquisidora mirada de Anthony.
    ⸻⸻Yo lo vi antes.

    ⸻⸻No debes de preocuparte por Benedict, se encuentra todavía en su habitación.
    Comenta Anthony en modo informativo.

    Gregory no insiste haciendo preguntas continua comiendo otro trozo de bizcocho, la verdad es que Hyacinth no es la única que tiene curiosidad por leer lo que Wisthledown va a contar sobre el baile organizado por nuestra reina.
    ⸻⸻No creo que sea el momento.
    ⸻⸻Es una buena noticia.
    ⸻⸻Como desees, pero creí que lo dejarías para la hora del té.
    Todos miramos al matrimonio sin conocer el contenido de su discusión.
    ⸻⸻Deja que hable, ¿qué nos quieres contar?.
    Anthony fulmina con la mirada a Eloise, la cuál sonríe triunfante y termino yo también riendo.
    ⸻⸻Siempre es agradable escuchar buenas noticias.

    Su hermana Edwina disfruta de una extensa luna de miel con su esposo, la cuál ella misma ha explicado en la carta que la envió a Kate.
    Los dos han decidido alargar el tiempo de su viaje, para disfrutar más tiempo juntos.


    Después del desayuno madre va en compañía de Kate y Francesca ha disfrutar de un paseó por los jardines de casa.

    Gregory tenía a su profesor esperándolo para impartir su clase, al igual que Hyacinth.
    Su institutriz estaba preparada para evitar que se escape de sus clases.

    Fui el segundo en abandonar la sala, Anthony camina delante mía.

    Antes de pedir que le preparen un carruaje, me pide que despierte a Benedict de cualquier manera.
    No me hizo falta que lo pidiera, iba a hacerlo igualmente, tenemos una conversación pendiente.
    ᴹᵒᶰᵒʳᵒˡ ᴰᵉˢᵃʸᵘᶰᵒ ᴮʳᶤᵈᵍᵉʳᵗᵒᶰ El desayuno es sagrado, todas las mañanas aparte de disfrutar de los manjares que preparan en cocinas, nos reunimos toda la familia. Compartimos el comienzo del día antes de enfrentarnos a los eventos que nos mantendrán ocupados hasta la hora del almuerzo. Como bien deduje anoche, Benedict no regresó a casa. Tenía otros planes conjuntos a cierta reciente viuda. Madre e incluso también Anthony, piensan que continuó pasando más tiempo en la fiesta. Somos uno menos en la mesa, Gregory juega con la comida a la vez que imita a Anthony, el cuál discute por lo bajo con su santa esposa. Hay que tener mucha paciencia, aunque Kate sabe manejar de maravilla a nuestro hermano, es la única. Ni nuestra madre ha logrado nunca domarlo, siempre ha sido muy difícil. Nada más sentarme en la mesa ya tenía en mi plato gran variedad de comida, incluso pedí que me sirvieran el doble de té. Tuve una pesadilla con él de probable de Lord Fife, todavía sigo sin comprender como es que se acercó a Penélope, es bien sabido su mala reputación. ⸻⸻Estoy deseando que llegue el nuevo número de Wisthledown. Necesito enterarme de todos los cotilleos y los sucesos que pasaron en el baile real. Anuncia muy emocionada Hyacinth mirándonos a todos. ⸻⸻No necesitas leer a Wisthledown, te recuerdo que nosotros asistimos al baile. Recalca Eloise antes de seguir comiendo. ⸻⸻Vosotros nunca nos contáis nada a Gregory y a mí, al principio cuándo Francesca empezó su primera temporada. Creí que nos contaría todo lo que pasa en esa clase de bailes y fiestas, pero nunca cuenta nada. ⸻⸻No hay nada que contar. ⸻⸻Mentirosa. ⸻⸻Hyacinth, ya basta. Interrumpe madre mirando a Hyacinth con una mirada autoritaria. ⸻⸻En realidad, ahora debemos celebrar un nuevo miembro real. Kate acaba de darle a Hyacinth una alegría, ahora para ella es como si estuviera leyendo a Wisthledown. Ni siquiera madre pudo parar la conversación, por qué ella también se metió en la conversación. Al final también se metieron Eloise y Anthony, Francesca y yo somos espectadores. ⸻⸻¿Dónde está Benedict?. Habla por primera vez Gregory con la boca llena de nata, lo cuál hace reír a Francesca y a Hyacinth. Kate le indica con amabilidad los sitios que tiene manchados, enseguida se limpia bajando la cabeza. ⸻⸻Chicas, dejar de reíros de vuestro hermano. ⸻⸻Perdona, madre. Se disculpa Francesca bajando la voz más de lo habitual, vuelven a hablar sobre la noticia del embarazo de la esposa del futuro rey. El único de los hijos de los reyes que se encuentra casado, cojo otro croissant ante la inquisidora mirada de Anthony. ⸻⸻Yo lo vi antes. ⸻⸻No debes de preocuparte por Benedict, se encuentra todavía en su habitación. Comenta Anthony en modo informativo. Gregory no insiste haciendo preguntas continua comiendo otro trozo de bizcocho, la verdad es que Hyacinth no es la única que tiene curiosidad por leer lo que Wisthledown va a contar sobre el baile organizado por nuestra reina. ⸻⸻No creo que sea el momento. ⸻⸻Es una buena noticia. ⸻⸻Como desees, pero creí que lo dejarías para la hora del té. Todos miramos al matrimonio sin conocer el contenido de su discusión. ⸻⸻Deja que hable, ¿qué nos quieres contar?. Anthony fulmina con la mirada a Eloise, la cuál sonríe triunfante y termino yo también riendo. ⸻⸻Siempre es agradable escuchar buenas noticias. Su hermana Edwina disfruta de una extensa luna de miel con su esposo, la cuál ella misma ha explicado en la carta que la envió a Kate. Los dos han decidido alargar el tiempo de su viaje, para disfrutar más tiempo juntos. Después del desayuno madre va en compañía de Kate y Francesca ha disfrutar de un paseó por los jardines de casa. Gregory tenía a su profesor esperándolo para impartir su clase, al igual que Hyacinth. Su institutriz estaba preparada para evitar que se escape de sus clases. Fui el segundo en abandonar la sala, Anthony camina delante mía. Antes de pedir que le preparen un carruaje, me pide que despierte a Benedict de cualquier manera. No me hizo falta que lo pidiera, iba a hacerlo igualmente, tenemos una conversación pendiente.
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