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    Se levanta de forma peresoza, su día inicia. Tiene que trabajar y su imperio no se cuida solo.
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  • ────── ¿Cuál es tu plan querido𝐂𝐞𝐝𝐫𝐢𝐜 𝐒𝐡𝐚𝐝𝐨𝐰𝐟𝐨𝐫𝐠𝐞 ?. Diseñar la fortaleza del imperio debe tener un plan secreto, oh es cierto; no tienes que preocuparte por mi niño, él prefiere estar encantado con su enamorado que ni siquiera me reconoce como su madre ¡snif! es una pena, realmente.

    Pero otro nido esta creciendo, tu ya lo has notado, aquellas fuerzas se estan uniendo y pronto el festival comenzará.
    ────── ¿Cuál es tu plan querido[Shadowf0rge]?. Diseñar la fortaleza del imperio debe tener un plan secreto, oh es cierto; no tienes que preocuparte por mi niño, él prefiere estar encantado con su enamorado que ni siquiera me reconoce como su madre ¡snif! es una pena, realmente. Pero otro nido esta creciendo, tu ya lo has notado, aquellas fuerzas se estan uniendo y pronto el festival comenzará.
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    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio.

    —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas?

    Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero.

    —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo.
    Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba.

    —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido.

    Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra.

    —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme.

    Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible.

    —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas.

    Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio. —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas? Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero. —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo. Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba. —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido. Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra. —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme. Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible. —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas. Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
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  • ──── ¿Este era tú gran plan, "héroe"? ¿Emboscarme cuando salía a buscar algo? Te mataría aquí para enviarle un mensaje a tus amigos del reino del Norte, pero, eso solo alentaría al intento de ataque en mi contra... ────
    Ante ti, la reina malvada del Black Oasis en mitad de un bosque nevado te daba un fuerte sermón sobre. Su voz, amortiguada por la máscara, era lo suficientemente fuerte como para ser escuchada fácilmente, todo mientras miraba a quien trató de matarla en el suelo.
    ──── Se ve que no eres una mala persona, pero no puedo permitir que rodees mi reino con las intenciones del imperio en tú cabeza. Te propongo que te unas a mi, en mi búsqueda por ser una soberana respetada por el mundo. ──── Este momento es clave. Si la rechazas dejará que te vaya sin oponerse, si aceptas esta te llevará a su reino para que conozcas a su gente. Tú decides.

    · · ─ ·𖥸· ─ · ·

    𝘽𝒍𝙖𝒄𝙠 𝙌𝒖𝙚𝒆𝙣 𝙆𝒊𝙮𝒐 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬.𝟭
    ──── ¿Este era tú gran plan, "héroe"? ¿Emboscarme cuando salía a buscar algo? Te mataría aquí para enviarle un mensaje a tus amigos del reino del Norte, pero, eso solo alentaría al intento de ataque en mi contra... ──── Ante ti, la reina malvada del Black Oasis en mitad de un bosque nevado te daba un fuerte sermón sobre. Su voz, amortiguada por la máscara, era lo suficientemente fuerte como para ser escuchada fácilmente, todo mientras miraba a quien trató de matarla en el suelo. ──── Se ve que no eres una mala persona, pero no puedo permitir que rodees mi reino con las intenciones del imperio en tú cabeza. Te propongo que te unas a mi, en mi búsqueda por ser una soberana respetada por el mundo. ──── Este momento es clave. Si la rechazas dejará que te vaya sin oponerse, si aceptas esta te llevará a su reino para que conozcas a su gente. Tú decides. · · ─ ·𖥸· ─ · · 𝘽𝒍𝙖𝒄𝙠 𝙌𝒖𝙚𝒆𝙣 𝙆𝒊𝙮𝒐 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬.𝟭
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  • El ático en el piso cincuenta y dos de Manhattan olía a una mezcla costosa y decadente de perfume francés, tabaco frío y el rastro metálico del champán derramado. Deianira Zhorkeas estaba desplomada sobre el sofá de terciopelo esmeralda, con una pierna colgando hacia el suelo y la otra flexionada, revelando la silueta infinita que le había ganado portadas en las tres ediciones principales de Vogue solo ese año.

    La luz de la luna se filtraba por los ventanales de suelo a techo, iluminando las facciones de una mujer que parecía esculpida en mármol, si el mármol pudiera sudar ansiedad. Sus ojos, de un azul tan pálido que resultaba inquietante, estaban fijos en el techo, dilatados por algo más que la oscuridad. A su lado, sobre la mesa de cristal, descansaba su teléfono —estallando con notificaciones de su equipo de relaciones públicas y propuestas de negocios millonarios— junto a una línea de polvo blanco a medio terminar y una botella de whisky que costaba más que el alquiler mensual de la mayoría de la gente.

    —Qué aburrimiento... —susurró, su voz era una caricia áspera, dañada por los excesos—. Todo este maldito mundo a mis pies y sigo sintiendo que me falta el aire.

    Se incorporó con una gracia felina y peligrosa, el tirante de su vestido de seda deslizándose por su hombro. Deianira no solo era la cara de la moda internacional y la mente tras un imperio de cosméticos; era un agujero negro que devoraba todo a su paso. Su deseo no conocía límites, su sed no tenía fin, y su paciencia para la sobriedad se había agotado hacía años.

    Dio un trago largo directamente de la botella, sintiendo el ardor bajar por su garganta mientras buscaba a ciegas su bolso en busca de "el siguiente nivel". Necesitaba a alguien. No importaba quién, pero necesitaba un cuerpo contra el suyo, una distracción, una nueva forma de autodestruirse o, quizás, alguien que tuviera el valor de intentar seguirle el ritmo.

    Se giró hacia la puerta al escuchar un sonido, con una sonrisa depredadora dibujándose en sus labios pintados de carmín oscuro.

    —Llegas tarde —dijo, sin saber siquiera quién estaba allí, pero dispuesta a convertir a quien fuera en su próximo vicio—. Espero que traigas algo interesante, porque tengo una noche entera que olvidar.
    El ático en el piso cincuenta y dos de Manhattan olía a una mezcla costosa y decadente de perfume francés, tabaco frío y el rastro metálico del champán derramado. Deianira Zhorkeas estaba desplomada sobre el sofá de terciopelo esmeralda, con una pierna colgando hacia el suelo y la otra flexionada, revelando la silueta infinita que le había ganado portadas en las tres ediciones principales de Vogue solo ese año. La luz de la luna se filtraba por los ventanales de suelo a techo, iluminando las facciones de una mujer que parecía esculpida en mármol, si el mármol pudiera sudar ansiedad. Sus ojos, de un azul tan pálido que resultaba inquietante, estaban fijos en el techo, dilatados por algo más que la oscuridad. A su lado, sobre la mesa de cristal, descansaba su teléfono —estallando con notificaciones de su equipo de relaciones públicas y propuestas de negocios millonarios— junto a una línea de polvo blanco a medio terminar y una botella de whisky que costaba más que el alquiler mensual de la mayoría de la gente. —Qué aburrimiento... —susurró, su voz era una caricia áspera, dañada por los excesos—. Todo este maldito mundo a mis pies y sigo sintiendo que me falta el aire. Se incorporó con una gracia felina y peligrosa, el tirante de su vestido de seda deslizándose por su hombro. Deianira no solo era la cara de la moda internacional y la mente tras un imperio de cosméticos; era un agujero negro que devoraba todo a su paso. Su deseo no conocía límites, su sed no tenía fin, y su paciencia para la sobriedad se había agotado hacía años. Dio un trago largo directamente de la botella, sintiendo el ardor bajar por su garganta mientras buscaba a ciegas su bolso en busca de "el siguiente nivel". Necesitaba a alguien. No importaba quién, pero necesitaba un cuerpo contra el suyo, una distracción, una nueva forma de autodestruirse o, quizás, alguien que tuviera el valor de intentar seguirle el ritmo. Se giró hacia la puerta al escuchar un sonido, con una sonrisa depredadora dibujándose en sus labios pintados de carmín oscuro. —Llegas tarde —dijo, sin saber siquiera quién estaba allí, pero dispuesta a convertir a quien fuera en su próximo vicio—. Espero que traigas algo interesante, porque tengo una noche entera que olvidar.
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  • El silencio que de pronto envolvió el momento le incomodó. Demasiado emocional, demasiado íntimo. Retiró su mano después de unos segundos del hombro de su hijo mayor, asintiendo una única vez en su dirección.

    — Necesitas comer, ahora. El viaje será largo. —No era una pregunta ni sugerencia. Su tono lo dejó en claro, pero el caminito de arena que dejó cuando sus pies se elevaron del suelo lo reafirmó. — Mark, ¿Puedes volar ya?

    Y dicho eso, le hizo una señal a Oliver para que se acercara a su hermano, para que sirviera de apoyo.

    El peso de la angustia que había cargado en sus hombros el último par de meses se fue diezmando poco a poco, pero no había tiempo de festejar el alivio, la vida de su primogénito. La guerra los alcanzaría si no se apuraban y sabía que la Coalición no resistiría. Era su única oportunidad de terminar con el Imperio Viltrumita y ya habían perdido suficiente tiempo.

    No se quedó a esperar como es que Oliver ayudaba - O no - a Mark. Alzó el vuelo rápidamente hacia su refugio, para cortar unas lonchas de carne y servir rápido lo que podría ser su última cena en aquel lugar. Sin que lo vieran, se pasó la mano por la barba crecida, ahí donde el menor le había dado el golpe y tuvo que disimular la sonrisa de satisfacción.
    El silencio que de pronto envolvió el momento le incomodó. Demasiado emocional, demasiado íntimo. Retiró su mano después de unos segundos del hombro de su hijo mayor, asintiendo una única vez en su dirección. — Necesitas comer, ahora. El viaje será largo. —No era una pregunta ni sugerencia. Su tono lo dejó en claro, pero el caminito de arena que dejó cuando sus pies se elevaron del suelo lo reafirmó. — Mark, ¿Puedes volar ya? Y dicho eso, le hizo una señal a Oliver para que se acercara a su hermano, para que sirviera de apoyo. El peso de la angustia que había cargado en sus hombros el último par de meses se fue diezmando poco a poco, pero no había tiempo de festejar el alivio, la vida de su primogénito. La guerra los alcanzaría si no se apuraban y sabía que la Coalición no resistiría. Era su única oportunidad de terminar con el Imperio Viltrumita y ya habían perdido suficiente tiempo. No se quedó a esperar como es que Oliver ayudaba - O no - a Mark. Alzó el vuelo rápidamente hacia su refugio, para cortar unas lonchas de carne y servir rápido lo que podría ser su última cena en aquel lugar. Sin que lo vieran, se pasó la mano por la barba crecida, ahí donde el menor le había dado el golpe y tuvo que disimular la sonrisa de satisfacción.
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  • La música retumbaba en las paredes de cristal del penthouse en Dubái, filtrándose hasta la terraza donde el viento cálido apenas lograba disipar el olor a alcohol y perfume caro.

    Deianira Zorkeas estaba apoyada contra la baranda, una copa en la mano y una sonrisa que no llegaba a los ojos. Abajo, la ciudad brillaba como si nada pudiera tocarla, como si todo fuera perfecto. Como ella.

    —Te están buscando —dijo una voz detrás.

    No se dio vuelta. Ya sabía quién era. Siempre había alguien buscándola.

    —Que esperen.

    Su reflejo en el vidrio le devolvía una versión impecable: vestido ajustado, piel luminosa, labios perfectamente delineados con uno de sus propios productos. Zorkeas Beauty. Su imperio. Su nombre.

    Un imperio construido sobre control.

    O eso le gustaba creer.

    Un trago más. Otro después. La línea entre placer y necesidad hacía rato que había desaparecido. No pensaba en eso. No esa noche.

    —Deianira —insistió la voz, más cerca ahora—. El inversor no va a quedarse mucho tiempo.

    Esta vez sí giró, despacio, como si cada movimiento estuviera coreografiado. Sus ojos recorrieron al hombre frente a ella, evaluándolo en un segundo.

    —Entonces que aprenda a esperar —respondió, suave, casi peligrosa.

    Lo dejó ahí, sin más, y volvió adentro.

    La fiesta era un espectáculo: cuerpos, risas, luces, música. Todo girando alrededor de ella sin que pareciera tocarla realmente. Se movía entre la gente como si flotara, como si nada pesara.

    Pero todo pesaba.

    Una mano en su cintura. Otra en su brazo. Susurros, propuestas, miradas. Ella respondía con lo justo: una sonrisa, un gesto, un juego. Sabía exactamente qué dar y qué no.

    Control.

    Siempre control.

    Hasta que no.

    En algún punto de la noche, el ruido se volvió demasiado. O demasiado poco. Difícil de distinguir. Se encerró en el baño, apoyando las manos contra el mármol frío.

    Respiró.

    Una vez.

    Otra.

    Se miró en el espejo.

    Ahí estaba otra vez: perfecta… y completamente desordenada por dentro.

    Se inclinó sobre la mesada, cerrando los ojos. No sabía cuánto tiempo pasó. Podrían haber sido segundos o minutos.

    Un golpe en la puerta.

    —¿Estás bien?

    Abrió los ojos lentamente. Volvió a ponerse la máscara en cuestión de segundos.

    Cuando salió, nadie notó la diferencia.

    Claro que no.

    Deianira caminó directo hacia el inversor, con esa seguridad que parecía imposible de romper. Le tendió la mano, sonrisa impecable.

    —Disculpa la espera —dijo—. Ahora sí, hablemos de negocios.

    Y así, entre contratos, copas y promesas, la noche siguió avanzando.

    Como siempre.

    Como si nada se estuviera desmoronando por dentro.
    La música retumbaba en las paredes de cristal del penthouse en Dubái, filtrándose hasta la terraza donde el viento cálido apenas lograba disipar el olor a alcohol y perfume caro. Deianira Zorkeas estaba apoyada contra la baranda, una copa en la mano y una sonrisa que no llegaba a los ojos. Abajo, la ciudad brillaba como si nada pudiera tocarla, como si todo fuera perfecto. Como ella. —Te están buscando —dijo una voz detrás. No se dio vuelta. Ya sabía quién era. Siempre había alguien buscándola. —Que esperen. Su reflejo en el vidrio le devolvía una versión impecable: vestido ajustado, piel luminosa, labios perfectamente delineados con uno de sus propios productos. Zorkeas Beauty. Su imperio. Su nombre. Un imperio construido sobre control. O eso le gustaba creer. Un trago más. Otro después. La línea entre placer y necesidad hacía rato que había desaparecido. No pensaba en eso. No esa noche. —Deianira —insistió la voz, más cerca ahora—. El inversor no va a quedarse mucho tiempo. Esta vez sí giró, despacio, como si cada movimiento estuviera coreografiado. Sus ojos recorrieron al hombre frente a ella, evaluándolo en un segundo. —Entonces que aprenda a esperar —respondió, suave, casi peligrosa. Lo dejó ahí, sin más, y volvió adentro. La fiesta era un espectáculo: cuerpos, risas, luces, música. Todo girando alrededor de ella sin que pareciera tocarla realmente. Se movía entre la gente como si flotara, como si nada pesara. Pero todo pesaba. Una mano en su cintura. Otra en su brazo. Susurros, propuestas, miradas. Ella respondía con lo justo: una sonrisa, un gesto, un juego. Sabía exactamente qué dar y qué no. Control. Siempre control. Hasta que no. En algún punto de la noche, el ruido se volvió demasiado. O demasiado poco. Difícil de distinguir. Se encerró en el baño, apoyando las manos contra el mármol frío. Respiró. Una vez. Otra. Se miró en el espejo. Ahí estaba otra vez: perfecta… y completamente desordenada por dentro. Se inclinó sobre la mesada, cerrando los ojos. No sabía cuánto tiempo pasó. Podrían haber sido segundos o minutos. Un golpe en la puerta. —¿Estás bien? Abrió los ojos lentamente. Volvió a ponerse la máscara en cuestión de segundos. Cuando salió, nadie notó la diferencia. Claro que no. Deianira caminó directo hacia el inversor, con esa seguridad que parecía imposible de romper. Le tendió la mano, sonrisa impecable. —Disculpa la espera —dijo—. Ahora sí, hablemos de negocios. Y así, entre contratos, copas y promesas, la noche siguió avanzando. Como siempre. Como si nada se estuviera desmoronando por dentro.
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  • 𝙰 𝚕𝚘𝚜𝚝 𝚋𝚞𝚕𝚕𝚎𝚝: "Бизнес".
    Fandom Mafia
    Categoría Drama
    Durante años, desde una edad temprana había tomado control de la mayor parte de San Petersburgo, dominando el mercado negro y fomentando las apuestas mediante los juegos de azar. Algo que le entretenía bastante. Poco a poco fue haciéndose del control de la ciudad desde las sombras, actuando con sigilo y en el casi completo anonimato mientras dejaba que otros grupos, otras familias se mataran entre sí para tomar el control por la fuerza. Pero él, se acopló de manera inteligente a través del soborno, la manipulación y el ofrecimiento de favores que sin duda más tarde cobraría. Había construido algo propio, sin embargo, el mundo cambia.

    Ahora, tras varios eventos que involucran la lucha de territorio, el orden mundial y riñas familiares, hasta hace poco le llegó una notificación que era a hijo de Di Vincenzo, un Capo de la mafia italiana que se dedicó a no solo construir un imperio, sino a dejar vástagos alrededor del mundo. El muy hijo de perra sabía lo que tenía, no solo financieramente…y fue entonces que un día una de sus hermanas le reveló su árbol familiar. Ahora, el caos en su vida no paraba de crecer, y eso tan solo hacía crecer su molestia, pues todo se le estaba saliendo de las manos.

    Durante un encargo para visitar Corea del Sur su ausencia en Rusia comenzaba a prolongarse más de lo programado. Tras su visita en Corea fue hasta Italia para la reunión familiar. No podía postergarlo más, tenía que volver o los demás notarían su ausencia. No acostumbraba a que fuese por mucho tiempo.

    Finalmente volvió y los informantes que tenía le comentaron sobre un nuevo Capo de la Bratva… Y cuando el cambio de líderes se daba, siempre había caos. Tenía que poner orden antes de que su grupo desapareciera. Y para eso, tenía que reunirse con la mesa para poder hacer acto de presencia y lidiar con ello. Mejor dicho, negociar su existencia, aunque podía suponer diversos resultados de aquella plática.

    En esta ocasión llevó únicamente a su mano derecha Dimitri, quien había sido su amigo desde la infancia, aunque mayor que él, pero siempre apoyando cada decisión que tomaba. Lo que la mafia italiana denominaba Consigliere. Ambos fueron guiados hacia la oficina donde al parecer los atenderían para comenzar con la charla. Tenía la esperanza de que el nuevo líder fuese alguien razonable para aceptar las propuestas que traían consigo para poder acordar un aumento significativo en ambas partes.

    Mαrαl Roмαɴov
    Durante años, desde una edad temprana había tomado control de la mayor parte de San Petersburgo, dominando el mercado negro y fomentando las apuestas mediante los juegos de azar. Algo que le entretenía bastante. Poco a poco fue haciéndose del control de la ciudad desde las sombras, actuando con sigilo y en el casi completo anonimato mientras dejaba que otros grupos, otras familias se mataran entre sí para tomar el control por la fuerza. Pero él, se acopló de manera inteligente a través del soborno, la manipulación y el ofrecimiento de favores que sin duda más tarde cobraría. Había construido algo propio, sin embargo, el mundo cambia. Ahora, tras varios eventos que involucran la lucha de territorio, el orden mundial y riñas familiares, hasta hace poco le llegó una notificación que era a hijo de Di Vincenzo, un Capo de la mafia italiana que se dedicó a no solo construir un imperio, sino a dejar vástagos alrededor del mundo. El muy hijo de perra sabía lo que tenía, no solo financieramente…y fue entonces que un día una de sus hermanas le reveló su árbol familiar. Ahora, el caos en su vida no paraba de crecer, y eso tan solo hacía crecer su molestia, pues todo se le estaba saliendo de las manos. Durante un encargo para visitar Corea del Sur su ausencia en Rusia comenzaba a prolongarse más de lo programado. Tras su visita en Corea fue hasta Italia para la reunión familiar. No podía postergarlo más, tenía que volver o los demás notarían su ausencia. No acostumbraba a que fuese por mucho tiempo. Finalmente volvió y los informantes que tenía le comentaron sobre un nuevo Capo de la Bratva… Y cuando el cambio de líderes se daba, siempre había caos. Tenía que poner orden antes de que su grupo desapareciera. Y para eso, tenía que reunirse con la mesa para poder hacer acto de presencia y lidiar con ello. Mejor dicho, negociar su existencia, aunque podía suponer diversos resultados de aquella plática. En esta ocasión llevó únicamente a su mano derecha Dimitri, quien había sido su amigo desde la infancia, aunque mayor que él, pero siempre apoyando cada decisión que tomaba. Lo que la mafia italiana denominaba Consigliere. Ambos fueron guiados hacia la oficina donde al parecer los atenderían para comenzar con la charla. Tenía la esperanza de que el nuevo líder fuese alguien razonable para aceptar las propuestas que traían consigo para poder acordar un aumento significativo en ambas partes. [Maral_Romanov]
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    CURIOSIDADES DE MITSURU " SANADA" KIRIJO

    1) Es la primera mujer que adquiere la habilidad de invocar a Artemesia sin necesidad de Evoker.
    2) Por consecuencia la usaron para ver los secretos de las sombras.
    3) En su último año de secundaria se da cuenta que le gusta cierto rubio imprudente.
    4) Colecciona te de todo el mundo.
    5) Sus primeros tacones fueron unos Chanel y su padre se los regalo a la edad de 13 años.
    6) No soporta a Nicoletta y desea con todas sus fuerzas de que esta muera.
    7) Es bastante patosa en temas cotidianos.
    8) No puede tener más hijos, Niki es y será su única hija.
    9) Es bastante perfeccionista en temas de su imperio de tecnología.
    10) No usa su apellido de casada por temas legales con sus empresas, pero la mayoría de sus documentos privados tiene el Sanada.
    11) Pocas veces la han visto llorar y solo una vez fallo en uno de sus discursos
    CURIOSIDADES DE MITSURU " SANADA" KIRIJO 1) Es la primera mujer que adquiere la habilidad de invocar a Artemesia sin necesidad de Evoker. 2) Por consecuencia la usaron para ver los secretos de las sombras. 3) En su último año de secundaria se da cuenta que le gusta cierto rubio imprudente. 4) Colecciona te de todo el mundo. 5) Sus primeros tacones fueron unos Chanel y su padre se los regalo a la edad de 13 años. 6) No soporta a Nicoletta y desea con todas sus fuerzas de que esta muera. 7) Es bastante patosa en temas cotidianos. 8) No puede tener más hijos, Niki es y será su única hija. 9) Es bastante perfeccionista en temas de su imperio de tecnología. 10) No usa su apellido de casada por temas legales con sus empresas, pero la mayoría de sus documentos privados tiene el Sanada. 11) Pocas veces la han visto llorar y solo una vez fallo en uno de sus discursos
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  • ──── La existencia de tu especie, arcaica y limitada, enfrenta un destino ineludible: la extinción. ¿Acaso no puedes percibirlo? Nuestro imperio no actúa con el propósito de someterlos, sino con el objetivo de rescatarlos de su inevitable desaparición.
    ──── La existencia de tu especie, arcaica y limitada, enfrenta un destino ineludible: la extinción. ¿Acaso no puedes percibirlo? Nuestro imperio no actúa con el propósito de someterlos, sino con el objetivo de rescatarlos de su inevitable desaparición.
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