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    Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido:
    Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos;
    los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras;
    el solsticio de tus níveos espejismos,
    como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas;
    de astros de dulzura,
    de vías lácteas a la inversa,
    de galaxias que no cesan.

    Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas,
    de agua miel y paraíso.

    Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada,
    Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo,
    como una virgen de ébano; de marfil edificado.
    Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta;
    que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor.

    Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos,
    que son ríos de rosáceas salinas,
    piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre;
    de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas.
    perdurables en un tiempo y espacio conocido.

    Su presencia engaña a mi realidad,
    ella es inocencia merecida;
    realidad sumida en los volcanes de la ensoñación,
    y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón;
    con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias;
    de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas,
    que se encandila al vislumbrar;
    las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas.

    Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin,
    si no el sino de un principio.

    Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo,
    no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra;
    con el destino en los labios, como un anhelo de arte.
    Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí,
    y no me marcho.
    No para alejarme, si no acércame más a ti.

    Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes;
    de este umbral de mundos de muros solitarios;
    en los que germinaban las rosas más gloriosas;
    en las que tú y tan sólo tú;
    hurtaste la que fuera mi corazón.

    Y desde ese momento;
    nos convertimos en un solo ser vestido,
    con el maná y la ilusión de nuestros dioses.
    Que no tienen fin sino principio.
    Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados.
    Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre;
    ya es uno con la verdad del universo.
    --- Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido: Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos; los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras; el solsticio de tus níveos espejismos, como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas; de astros de dulzura, de vías lácteas a la inversa, de galaxias que no cesan. Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas, de agua miel y paraíso. Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada, Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo, como una virgen de ébano; de marfil edificado. Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta; que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor. Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos, que son ríos de rosáceas salinas, piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre; de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas. perdurables en un tiempo y espacio conocido. Su presencia engaña a mi realidad, ella es inocencia merecida; realidad sumida en los volcanes de la ensoñación, y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón; con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias; de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas, que se encandila al vislumbrar; las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas. Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin, si no el sino de un principio. Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo, no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra; con el destino en los labios, como un anhelo de arte. Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí, y no me marcho. No para alejarme, si no acércame más a ti. Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes; de este umbral de mundos de muros solitarios; en los que germinaban las rosas más gloriosas; en las que tú y tan sólo tú; hurtaste la que fuera mi corazón. Y desde ese momento; nos convertimos en un solo ser vestido, con el maná y la ilusión de nuestros dioses. Que no tienen fin sino principio. Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados. Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre; ya es uno con la verdad del universo.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    me voy de aca, realmente no encuentro necesidad de informarlo, cmo sea, rechacen la mediocridad, no tengan miedo al intentarlo y ser mejor cada dia, suerte!
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  • « Dentro de tantas mentiras, no encuentro ningún apice de verdad. ¿Existirá la decencia dentro de tu ser? Porque si hubo algo, ya está muerto. »
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  • "En la intimidad de mi habitación, todavía conservaba las huellas de mi encuentro con León. Aunque ya había pasado tiempo y las marcas seguían presentes en mi piel, no pude evitar sonreír con picardía al recordarlo. Mientras me arreglaba frente al espejo para este día tan especial, pensé para mis adentros: "

    «Vaya, oficial, sí que te esmeraste».
    "En la intimidad de mi habitación, todavía conservaba las huellas de mi encuentro con León. Aunque ya había pasado tiempo y las marcas seguían presentes en mi piel, no pude evitar sonreír con picardía al recordarlo. Mientras me arreglaba frente al espejo para este día tan especial, pensé para mis adentros: " «Vaya, oficial, sí que te esmeraste».
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  • Después de tanto entrenar día y noche finalmente lo conseguí, he dominado cada cosa que los maestros me enseñaron.

    Estoy listo para volver al mundo humano y preparado para la siguiente batalla que se aproxima

    Está vez te lo puedo prometer Alhoon.. nuestro encuentro será muy diferente al anterior.
    Después de tanto entrenar día y noche finalmente lo conseguí, he dominado cada cosa que los maestros me enseñaron. Estoy listo para volver al mundo humano y preparado para la siguiente batalla que se aproxima Está vez te lo puedo prometer Alhoon.. nuestro encuentro será muy diferente al anterior.
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    — Acércate, Mydei... deja que te observe bajo la luz de este santuario.
    ​Mírate bien... Cada vez que te veo, me encuentro con un reflejo de mi propia astucia, pero con una fuerza que es enteramente tuya. Eres el poema que nunca terminé de escribir, la travesura más perfecta que el destino me ha permitido presenciar. Mi orgullo por ti no es algo que proclame a los cuatro vientos —sería demasiado vulgar—, pero palpita en cada rayo que cruza el cielo de Inazuma.

    ​Es fascinante... cuando caminas, veo en tu porte esa misma autoridad silenciosa que define a tu padre. Tienes su mirada, esa que parece capaz de cortar el aire antes de que el acero siquiera abandone la vaina. Él era la tormenta inamovible, y tú has heredado esa presencia física que hace que incluso los árboles del monte Yougou se inclinen a tu paso.
    ​Eres, en definitiva, el equilibrio más peligroso de este mundo: mi mente y su poder, mi linaje y su acero. Bienvenido a casa, hijo mío.♡ 𝐓𝐡𝐞 𝐆𝐨𝐥𝐝𝐞𝐧 𝐇𝐞𝐢𝐫 ᴹʸᵈᵉⁱᵐᵒˢ
    🌸— Acércate, Mydei... deja que te observe bajo la luz de este santuario. ​Mírate bien... Cada vez que te veo, me encuentro con un reflejo de mi propia astucia, pero con una fuerza que es enteramente tuya. Eres el poema que nunca terminé de escribir, la travesura más perfecta que el destino me ha permitido presenciar. Mi orgullo por ti no es algo que proclame a los cuatro vientos —sería demasiado vulgar—, pero palpita en cada rayo que cruza el cielo de Inazuma. ​Es fascinante... cuando caminas, veo en tu porte esa misma autoridad silenciosa que define a tu padre. Tienes su mirada, esa que parece capaz de cortar el aire antes de que el acero siquiera abandone la vaina. Él era la tormenta inamovible, y tú has heredado esa presencia física que hace que incluso los árboles del monte Yougou se inclinen a tu paso. ​Eres, en definitiva, el equilibrio más peligroso de este mundo: mi mente y su poder, mi linaje y su acero. Bienvenido a casa, hijo mío.♡ [TheG0ldenHeir]
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  • Bueno. Con Drizz muerto y con sus incompententes compañeros sin ninguna chance de saber en que plano me encuentro. Hora de relajarse. Podré seguir después con mis planes.
    Bueno. Con Drizz muerto y con sus incompententes compañeros sin ninguna chance de saber en que plano me encuentro. Hora de relajarse. Podré seguir después con mis planes.
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    En este crepúsculo sin sombra,
    en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación,
    reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados,
    Virgen entre suspiros conocida.

    Un néctar fino emerge de tus labios.
    El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa,
    que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí,
    y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo,
    sobre la geografía de mi cuerpo.

    Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos,
    Que son castillos en el cielo.
    Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines.
    Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo.

    Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas.
    ¿Puedes escucharme?
    ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis?
    Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas,
    Serás la portadora de mis ayeres y mis días.
    Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada,
    en el que también eres la fiereza del corazón del mar.
    Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto.

    Saberte real o una ilusión no me importa,
    siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar,
    Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve.
    En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable.
    Y me pregunto por qué;
    Si esto es real o fantasía.
    Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía.

    Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos.

    Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad,
    entre imperios y atardeceres de mañanas.
    Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños.
    Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia.
    No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú.
    Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos,
    Siento que no hay vuelta atrás.
    Oh, amanecer de tardes de un no retorno,
    Nos mezclamos como cazadores el uno del otro.

    Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros,
    Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo,
    Amparo mi despertar en el trono de la entrega,
    Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias.

    Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo.
    Así reviviré de nuevo,
    Así viviré con una corona depuesta por ti,
    en este tiempo detenido.
    En el que podré ser tuyo,
    En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros,
    Y así finalmente,
    recrearme en el encuentro con tu propia euforia.

    --- En este crepúsculo sin sombra, en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación, reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados, Virgen entre suspiros conocida. Un néctar fino emerge de tus labios. El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa, que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí, y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo, sobre la geografía de mi cuerpo. Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos, Que son castillos en el cielo. Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines. Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo. Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas. ¿Puedes escucharme? ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis? Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas, Serás la portadora de mis ayeres y mis días. Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada, en el que también eres la fiereza del corazón del mar. Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto. Saberte real o una ilusión no me importa, siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar, Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve. En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable. Y me pregunto por qué; Si esto es real o fantasía. Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía. Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos. Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad, entre imperios y atardeceres de mañanas. Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños. Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia. No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú. Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos, Siento que no hay vuelta atrás. Oh, amanecer de tardes de un no retorno, Nos mezclamos como cazadores el uno del otro. Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros, Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo, Amparo mi despertar en el trono de la entrega, Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias. Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo. Así reviviré de nuevo, Así viviré con una corona depuesta por ti, en este tiempo detenido. En el que podré ser tuyo, En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros, Y así finalmente, recrearme en el encuentro con tu propia euforia.
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  • -Un pequeño recuerdo de la culpa de mi debilidad por haber sido corrompida por un jedi..-

    Raxus Prime quedó grabado en mi memoria como un paisaje de ruinas infinitas y silencios cargados de ecos. Allí, entre montañas de metal muerto y restos de guerras olvidadas, sostuve una de las persecuciones más largas de mi vida como Inquisidora. Mi objetivo era un joven caballero Jedi llamado Roy Praxon. Al principio no parecía diferente a otros sobrevivientes, pero con el tiempo se convirtió en el eje de algo que no estaba previsto en mí.

    Durante incontables ciclos lo rastreé sin descanso. Siempre cerca, siempre escapando. No era su técnica lo que lo mantenía con vida, sino su voluntad. Cada encuentro lo dejaba más herido, pero también más firme. Aquello alteró el sentido mismo de la cacería. Lo que debía ser una misión terminó transformándose en una fijación.

    Con el paso del tiempo, algo empezó a quebrarse en mi interior. Su forma de resistir, de no ceder al odio, comenzó a erosionar la certeza con la que yo actuaba. No fue un cambio brusco, sino una grieta lenta, persistente. Empecé a observar en lugar de destruir, a pensar en lugar de ejecutar. Sin darme cuenta, me acerqué a una tensión que no podía sostener: entre lo que era y lo que comenzaba a percibir.

    En uno de nuestros enfrentamientos, en medio del choque de sables y la presión acumulada de toda la persecución, esa grieta se volvió imposible de ignorar. Hubo un instante suspendido en el que la violencia se detuvo. Sin el casco que me definía, lo acorrale contra una estructura de metal. No ejecuté el golpe final. En su lugar, lo besé. Él respondió. Fue un momento breve, pero suficiente para romper todo lo que creía controlar.

    La llegada del Gran Inquisidor convirtió ese instante en una condena.

    Roy Praxon, en lugar de huir, se interpuso. Intentó enfrentarlo. No fue una batalla prolongada ni equilibrada. Fueron movimientos simples, precisos, inevitables. En cuestión de segundos, el joven caballero cayó frente a mí. Sin resistencia real, sin oportunidad de cambiar el resultado. Su caída fue definitiva.

    Ese momento terminó de sellar mi quiebre.

    Después de eso, ya no hubo espacio para la duda. El Gran Inquisidor dirigió su atención hacia mí. Lo que había comenzado como una vacilación se transformó, ante su presencia, en una falla que debía ser corregida. Intenté resistirme, pero mi estado era inestable. Fui derrotada con facilidad.

    Lo que siguió no fue inmediato ni visible hacia afuera, pero marcó el resto de mi existencia. Fui sometida, quebrada y reconstruida bajo su control. La intención no era castigar, sino eliminar cualquier rastro de aquello que había surgido en Raxus Prime. Cada pensamiento débil, cada recuerdo que implicará duda, fue convertido en una fuente de dolor hasta que dejó de tener sentido conservarlo.

    No se trató solo de disciplina. Fue una reconfiguración completa. Una imposición constante hasta que la única forma de sostenerme fue abrazar por completo el lado oscuro.

    Roy Praxon dejó de ser un objetivo. Se convirtió en un recuerdo que debía ser enterrado. Mi antiguo maestro, en una posibilidad que rechacé. Y Raxus Prime, en el lugar donde comprendí que no existe equilibrio para alguien como yo.

    Desde entonces, ya no persigo con dudas, Solo ejecutó al enemigo.
    -Un pequeño recuerdo de la culpa de mi debilidad por haber sido corrompida por un jedi..- Raxus Prime quedó grabado en mi memoria como un paisaje de ruinas infinitas y silencios cargados de ecos. Allí, entre montañas de metal muerto y restos de guerras olvidadas, sostuve una de las persecuciones más largas de mi vida como Inquisidora. Mi objetivo era un joven caballero Jedi llamado Roy Praxon. Al principio no parecía diferente a otros sobrevivientes, pero con el tiempo se convirtió en el eje de algo que no estaba previsto en mí. Durante incontables ciclos lo rastreé sin descanso. Siempre cerca, siempre escapando. No era su técnica lo que lo mantenía con vida, sino su voluntad. Cada encuentro lo dejaba más herido, pero también más firme. Aquello alteró el sentido mismo de la cacería. Lo que debía ser una misión terminó transformándose en una fijación. Con el paso del tiempo, algo empezó a quebrarse en mi interior. Su forma de resistir, de no ceder al odio, comenzó a erosionar la certeza con la que yo actuaba. No fue un cambio brusco, sino una grieta lenta, persistente. Empecé a observar en lugar de destruir, a pensar en lugar de ejecutar. Sin darme cuenta, me acerqué a una tensión que no podía sostener: entre lo que era y lo que comenzaba a percibir. En uno de nuestros enfrentamientos, en medio del choque de sables y la presión acumulada de toda la persecución, esa grieta se volvió imposible de ignorar. Hubo un instante suspendido en el que la violencia se detuvo. Sin el casco que me definía, lo acorrale contra una estructura de metal. No ejecuté el golpe final. En su lugar, lo besé. Él respondió. Fue un momento breve, pero suficiente para romper todo lo que creía controlar. La llegada del Gran Inquisidor convirtió ese instante en una condena. Roy Praxon, en lugar de huir, se interpuso. Intentó enfrentarlo. No fue una batalla prolongada ni equilibrada. Fueron movimientos simples, precisos, inevitables. En cuestión de segundos, el joven caballero cayó frente a mí. Sin resistencia real, sin oportunidad de cambiar el resultado. Su caída fue definitiva. Ese momento terminó de sellar mi quiebre. Después de eso, ya no hubo espacio para la duda. El Gran Inquisidor dirigió su atención hacia mí. Lo que había comenzado como una vacilación se transformó, ante su presencia, en una falla que debía ser corregida. Intenté resistirme, pero mi estado era inestable. Fui derrotada con facilidad. Lo que siguió no fue inmediato ni visible hacia afuera, pero marcó el resto de mi existencia. Fui sometida, quebrada y reconstruida bajo su control. La intención no era castigar, sino eliminar cualquier rastro de aquello que había surgido en Raxus Prime. Cada pensamiento débil, cada recuerdo que implicará duda, fue convertido en una fuente de dolor hasta que dejó de tener sentido conservarlo. No se trató solo de disciplina. Fue una reconfiguración completa. Una imposición constante hasta que la única forma de sostenerme fue abrazar por completo el lado oscuro. Roy Praxon dejó de ser un objetivo. Se convirtió en un recuerdo que debía ser enterrado. Mi antiguo maestro, en una posibilidad que rechacé. Y Raxus Prime, en el lugar donde comprendí que no existe equilibrio para alguien como yo. Desde entonces, ya no persigo con dudas, Solo ejecutó al enemigo.
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  • POSADA TIANSHAN

    Les abre las puertas a todos aquellos que desan pasar una buena tarde tranquila disfrutando de las maravillas de la naturaleza.

    Usualmente me encuentro por las tardes, pero pueden llegar e invitar a sus amistades.


    INICIO --> Lugares de Rol--> Tianshan
    POSADA TIANSHAN Les abre las puertas a todos aquellos que desan pasar una buena tarde tranquila disfrutando de las maravillas de la naturaleza. Usualmente me encuentro por las tardes, pero pueden llegar e invitar a sus amistades. INICIO --> Lugares de Rol--> Tianshan
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