• Recuerdo incompleto — I

    Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes.

    Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar.

    De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado.

    Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza.

    No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original.

    Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron».

    Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así.
    Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden.

    Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre.

    En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna.

    El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno:

    «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.»

    Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche.

    No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
    Recuerdo incompleto — I Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes. Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar. De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado. Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza. No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original. Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron». Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así. Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden. Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre. En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna. El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno: «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.» Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche. No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
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  • El Reino del Silencio Eterno
    Categoría Drama
    -La dragona permanecía sentada en su trono, en lo alto de su castillo entre montañas. El lugar era enorme, silencioso y vacío… demasiado vacío para alguien que había vivido siglos rodeada de poder pero sin verdadera compañía-

    -Sus ojos recorrían la sala con calma, como si estuviera acostumbrada a ese silencio, aunque en realidad cada día se volvía más pesado-

    …Qué aburrido se ha vuelto todo esto

    -Suspiró levemente, apoyando su espalda en el trono mientras miraba las grandes puertas del salón, esperando algo o a alguien que rompiera la monotonía-
    -La dragona permanecía sentada en su trono, en lo alto de su castillo entre montañas. El lugar era enorme, silencioso y vacío… demasiado vacío para alguien que había vivido siglos rodeada de poder pero sin verdadera compañía- -Sus ojos recorrían la sala con calma, como si estuviera acostumbrada a ese silencio, aunque en realidad cada día se volvía más pesado- …Qué aburrido se ha vuelto todo esto -Suspiró levemente, apoyando su espalda en el trono mientras miraba las grandes puertas del salón, esperando algo o a alguien que rompiera la monotonía-
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    15
    Estado
    Disponible
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  • ────────────────────
    En un sueño repentino en ésta tarde, conocí a una niña.. con título de reina. Su nombre era Jane y estaba encerrada en una torre, pues se le acusaba de traición, aunque únicamente fue engañada y utilizada por sus familiares.

    Era un reina joven, tenía sólo 16 años, enérgica y delicada. Me relató que su deseo era vivir una vida tranquila, rodeada de libros, sumergida en la filosofía y en la religión. Pero fue atrapada por la corona... Ella escribía en su diario que no deseaba gobernar, sólo leer cuántos libros fueran posibles.

    No pude conocerla mucho, pues fue sacada de la torre.. luego me enteré que ese era el día de su ejecución. El sueño acabó momentos después.

    ¿Cuántas vidas se perdieron así en el pasado? Es.. lamentable.

    ──────────────────── En un sueño repentino en ésta tarde, conocí a una niña.. con título de reina. Su nombre era Jane y estaba encerrada en una torre, pues se le acusaba de traición, aunque únicamente fue engañada y utilizada por sus familiares. Era un reina joven, tenía sólo 16 años, enérgica y delicada. Me relató que su deseo era vivir una vida tranquila, rodeada de libros, sumergida en la filosofía y en la religión. Pero fue atrapada por la corona... Ella escribía en su diario que no deseaba gobernar, sólo leer cuántos libros fueran posibles. No pude conocerla mucho, pues fue sacada de la torre.. luego me enteré que ese era el día de su ejecución. El sueño acabó momentos después. ¿Cuántas vidas se perdieron así en el pasado? Es.. lamentable.
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  • *Caminando por las calles, todo estaba rodeado de cerezos en flor, Lilithia miraba como todo se miraba de lo mas hermoso ese lugar, sonrie y extiende la mano para tomar un pétalo qué estaba callendo.

    El día no hacía tanto calor, el clima bastante agradable, el viento soplaba moviendo suave sus cabellos oscuros, estaba de lo mas tranquila, ante esa vista, se quedo pensativa parada entre los árboles de cerezo.*
    *Caminando por las calles, todo estaba rodeado de cerezos en flor, Lilithia miraba como todo se miraba de lo mas hermoso ese lugar, sonrie y extiende la mano para tomar un pétalo qué estaba callendo. El día no hacía tanto calor, el clima bastante agradable, el viento soplaba moviendo suave sus cabellos oscuros, estaba de lo mas tranquila, ante esa vista, se quedo pensativa parada entre los árboles de cerezo.*
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    "La Rata de Biblioteca"

    Nunca tuve interés en entrar a la Academia de Magia, la sola idea me parecía aburrida.

    Desde que era una niña estuve rodeada de libros, maestros, rituales y teoría mágica. En Makyora era imposible escapar de eso, si no estaba entrenando, estaba estudiando y si no estaba estudiando, alguien estaba intentando enseñarme algo sobre maná, historia, invocaciones o alguna teoría extraña escrita por un anciano que llevaba siglos encerrado en una torre. Por eso, cuando Akane, mi madre me habló de la academia, mi primera reacción fue decir que no.

    -No necesito volver a estudiar magia.

    -No vas a estudiar la magia de Makyora- Me respondió. -Vas a estudiar la magia de la Tierra. Son cosas diferentes.-

    Recuerdo haber puesto los ojos en blanco.

    -Magia es magia.

    -No cuando tu propio maná se vuelve inestable cada vez que intentas usar demasiado poder.

    Odiaba admitirlo, pero tenía razón, había mejorado bastante desde aquel incidente. Ya no corría el riesgo de perder completamente el control como antes y mi nueva transformación era mucho más estable, pero seguía teniendo problemas para adaptarme al flujo de maná de la Tierra, al final acepté más por falta de argumentos que por otra cosa.

    Akane me llevo a la academia, según lo que me dijo es que la academia tiene habitaciones para los estudiantes, antes de despedirse me comentó algo que llamó un poco mi atención, y era que una profesora de la academia era mi tía... Bueno, técnicamente mi tía abuela, Loki. Que es la hermana de la abuela Yuna.

    Por lo que me contó, era una de las profesoras más respetadas del lugar, asi que la idea de tomar alguna de sus clases me pareció interesante hasta que leí los requisitos de la lista y luego la volví a leer... Después cerré el folleto.

    * Control avanzado de flujo mágico.
    * Teoría elemental superior.
    * Construcción de matrices mágicas.
    * Manipulación simultánea de múltiples afinidades.

    Parecía todo menos una clase y más una forma elegante de torturar estudiantes. Con mi problema de control de maná, ni siquiera podía cumplir la mitad de los requisitos y eso no los lei todos. Obvio que descarté la idea!

    Las primeras semanas fueron exactamente tan aburridas como esperaba, los profesores explicaban cosas que ya conocía, las clases avanzaban demasiado lento y la mayoría de mis compañeros parecían impresionados por conceptos que yo había estudiado siendo una niña. La única parte interesante del lugar era la biblioteca que era enorme, lo suficientemente grande como para perderse durante horas. Por eso empecé a pasar más tiempo allí que en cualquier otro lugar de la academia.

    Un día estaba caminando entre los estantes cuando escuché a una estudiante hablando con una bibliotecaria.

    -¿Todavía no llega el nuevo volumen?

    -Aún no.

    -Pero dijeron que saldría este mes.

    -Tendrás que esperar.

    La chica soltó un suspiro dramático.

    -No puedo creer que la profesora Loki nos dejara con ese final.

    Me detuve. -¿Loki?- Murmure y giré la cabeza, se refería a La profesora estricta? La especialista en teoría mágica. ¿Esa Loki?

    Esperé a que la estudiante se fuera y luego me acerqué al mostrador.

    -Disculpa... ¿la profesora Loki escribe libros?

    La bibliotecaria me miró como si hubiera preguntado si el cielo era azul.

    -Claro. Son bastante populares.-

    Eso me dejó desconcertada, no podía imaginar a alguien como ella escribiendo historias de fantasía. Solo por simple curiosidad fui a buscar el primer volumen, lo encontré en la sección de novelas. La portada mostraba a una guerrera enfrentándose sola a seres divinos en medio de una batalla imposible de ganar.

    Mi primera impresión es que se veía ridículamente exagerado, aun así me senté a leer. Cuando levanté la vista ya habían pasado varias horas.

    Es entretenida, una buena historia de aventuras, al menos eso pensé al principio. pero entonces algo llamó mi atención. La historia contaba como la protagonista, una antigua guerrera había luchado contra los dioses antes de la era de los humanos. Eso hizo que me detuviera porque en Makyora existían relatos parecidos, historias muy antiguas. Las leyendas sobre una guerrera sin nombre que desafió a seres considerados imposibles de derrotar.

    Las similitudes eran demasiadas para ser casualidad, pensé que tal vez Loki simplemente se había inspirado en algún mito antiguo pero mi curiosidad ya estaba despierta así que busqué el segundo volumen y luego el tercero hasa que llegue al cuarto. Fue entonces cuando empecé a notar patrones.

    Las novelas parecían independientes, pero varios personajes aparecían mencionados en otras historias, algunos eventos se repetían desde perspectivas diferentes: Reinos distintos compartían una misma cronología, familias aparentemente separadas tenían conexiones ocultas, era como si Loki hubiera construido un universo completo donde todas sus obras estaban relacionadas y cuanto más leía, más extrañas me parecían ciertas cosas.

    Muchos conceptos mágicos estaban explicados con un nivel de detalle absurdo, demasiado preciso y técnico. Algunas teorías que aparecían en las novelas eran cosas que solamente un mago experimentado podría comprender. Lo curioso era que nadie parecía prestar atención a eso, la mayoría de los estudiantes veía aquellas historias como simples novelas de fantasía, los alumnos avanzados las ignoraban por completo porque les parecían exageradas y ridículas. Demasiado fantasiosas para tomarlas en serio pero yo veía algo diferente porque algunas de esas explicaciones no parecían inventadas, mas bien recuerdos, experimentos, observaciones reales disfrazadas de ficción y mientras más leía, más comenzaba a preguntarme si aquellas historias no eran simples novelas después de todo.

    Tal vez la profesora Loki había estado intentando contar algo que casi nadie había notado y por alguna razón, tenía la sensación de que aquello estaba relacionado con Makyora.
    "La Rata de Biblioteca" Nunca tuve interés en entrar a la Academia de Magia, la sola idea me parecía aburrida. Desde que era una niña estuve rodeada de libros, maestros, rituales y teoría mágica. En Makyora era imposible escapar de eso, si no estaba entrenando, estaba estudiando y si no estaba estudiando, alguien estaba intentando enseñarme algo sobre maná, historia, invocaciones o alguna teoría extraña escrita por un anciano que llevaba siglos encerrado en una torre. Por eso, cuando Akane, mi madre me habló de la academia, mi primera reacción fue decir que no. -No necesito volver a estudiar magia. -No vas a estudiar la magia de Makyora- Me respondió. -Vas a estudiar la magia de la Tierra. Son cosas diferentes.- Recuerdo haber puesto los ojos en blanco. -Magia es magia. -No cuando tu propio maná se vuelve inestable cada vez que intentas usar demasiado poder. Odiaba admitirlo, pero tenía razón, había mejorado bastante desde aquel incidente. Ya no corría el riesgo de perder completamente el control como antes y mi nueva transformación era mucho más estable, pero seguía teniendo problemas para adaptarme al flujo de maná de la Tierra, al final acepté más por falta de argumentos que por otra cosa. Akane me llevo a la academia, según lo que me dijo es que la academia tiene habitaciones para los estudiantes, antes de despedirse me comentó algo que llamó un poco mi atención, y era que una profesora de la academia era mi tía... Bueno, técnicamente mi tía abuela, Loki. Que es la hermana de la abuela Yuna. Por lo que me contó, era una de las profesoras más respetadas del lugar, asi que la idea de tomar alguna de sus clases me pareció interesante hasta que leí los requisitos de la lista y luego la volví a leer... Después cerré el folleto. * Control avanzado de flujo mágico. * Teoría elemental superior. * Construcción de matrices mágicas. * Manipulación simultánea de múltiples afinidades. Parecía todo menos una clase y más una forma elegante de torturar estudiantes. Con mi problema de control de maná, ni siquiera podía cumplir la mitad de los requisitos y eso no los lei todos. Obvio que descarté la idea! Las primeras semanas fueron exactamente tan aburridas como esperaba, los profesores explicaban cosas que ya conocía, las clases avanzaban demasiado lento y la mayoría de mis compañeros parecían impresionados por conceptos que yo había estudiado siendo una niña. La única parte interesante del lugar era la biblioteca que era enorme, lo suficientemente grande como para perderse durante horas. Por eso empecé a pasar más tiempo allí que en cualquier otro lugar de la academia. Un día estaba caminando entre los estantes cuando escuché a una estudiante hablando con una bibliotecaria. -¿Todavía no llega el nuevo volumen? -Aún no. -Pero dijeron que saldría este mes. -Tendrás que esperar. La chica soltó un suspiro dramático. -No puedo creer que la profesora Loki nos dejara con ese final. Me detuve. -¿Loki?- Murmure y giré la cabeza, se refería a La profesora estricta? La especialista en teoría mágica. ¿Esa Loki? Esperé a que la estudiante se fuera y luego me acerqué al mostrador. -Disculpa... ¿la profesora Loki escribe libros? La bibliotecaria me miró como si hubiera preguntado si el cielo era azul. -Claro. Son bastante populares.- Eso me dejó desconcertada, no podía imaginar a alguien como ella escribiendo historias de fantasía. Solo por simple curiosidad fui a buscar el primer volumen, lo encontré en la sección de novelas. La portada mostraba a una guerrera enfrentándose sola a seres divinos en medio de una batalla imposible de ganar. Mi primera impresión es que se veía ridículamente exagerado, aun así me senté a leer. Cuando levanté la vista ya habían pasado varias horas. Es entretenida, una buena historia de aventuras, al menos eso pensé al principio. pero entonces algo llamó mi atención. La historia contaba como la protagonista, una antigua guerrera había luchado contra los dioses antes de la era de los humanos. Eso hizo que me detuviera porque en Makyora existían relatos parecidos, historias muy antiguas. Las leyendas sobre una guerrera sin nombre que desafió a seres considerados imposibles de derrotar. Las similitudes eran demasiadas para ser casualidad, pensé que tal vez Loki simplemente se había inspirado en algún mito antiguo pero mi curiosidad ya estaba despierta así que busqué el segundo volumen y luego el tercero hasa que llegue al cuarto. Fue entonces cuando empecé a notar patrones. Las novelas parecían independientes, pero varios personajes aparecían mencionados en otras historias, algunos eventos se repetían desde perspectivas diferentes: Reinos distintos compartían una misma cronología, familias aparentemente separadas tenían conexiones ocultas, era como si Loki hubiera construido un universo completo donde todas sus obras estaban relacionadas y cuanto más leía, más extrañas me parecían ciertas cosas. Muchos conceptos mágicos estaban explicados con un nivel de detalle absurdo, demasiado preciso y técnico. Algunas teorías que aparecían en las novelas eran cosas que solamente un mago experimentado podría comprender. Lo curioso era que nadie parecía prestar atención a eso, la mayoría de los estudiantes veía aquellas historias como simples novelas de fantasía, los alumnos avanzados las ignoraban por completo porque les parecían exageradas y ridículas. Demasiado fantasiosas para tomarlas en serio pero yo veía algo diferente porque algunas de esas explicaciones no parecían inventadas, mas bien recuerdos, experimentos, observaciones reales disfrazadas de ficción y mientras más leía, más comenzaba a preguntarme si aquellas historias no eran simples novelas después de todo. Tal vez la profesora Loki había estado intentando contar algo que casi nadie había notado y por alguna razón, tenía la sensación de que aquello estaba relacionado con Makyora.
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    -: ❈ :- 𝔼𝕝 𝕡𝕣𝕖𝕔𝕚𝕠 𝕕𝕖𝕝 𝕒𝕟𝕠𝕟𝕚𝕞𝕒𝕥𝕠

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El olor a ozono quemado y a yeso húmedo flotaba en el aire estancado del apartamento, mezclándose de forma pesada con el rastro metálico de la sangre. Kenji dejó caer los brazos a los lados, sintiendo el latido sordo en sus nudillos y el frío de la camisa de lino pegándosele a la espalda tras el esfuerzo. El último espíritu del sótano se había disuelto hacía apenas unos instantes, dejando tras de sí un silencio que parecía demasiado grande para las cuatro paredes del lugar, como si la violencia de la pelea hubiera desgastado el ambiente hasta dejarlo sin aire.

    Al dar un paso al frente, el crujido de los tablones viejos bajo sus zapatos fue el único sonido que interrumpió la quietud del salón donde descansaban los cuerpos de la familia. Un poco más apartado, cerca de la ventana, estaba el niño que apenas unas horas antes había tocado a su puerta buscando una ayuda que, al final, no llegó a tiempo. Kenji contempló la escena sin la desesperación de un lamento dramático, sino con esa fijeza seria y cansada de quien sabe que un error en el planteamiento inicial arruina todo el proceso, dejándole en la boca un sabor amargo que no lograba quitarse.

    Fue en ese momento cuando la tormenta del exterior se apagó por completo, no de manera gradual, sino como si el mundo de afuera hubiera dejado de existir de un segundo a otro. El tic-tac de su reloj de pulsera se detuvo y el color rojo que manchaba la alfombra comenzó a desteñirse lentamente, perdiendo su brillo hasta quedar reducido a un tono grisáceo y apagado. El aire se volvió espeso, frío y completamente estático, transformando el apartamento en un espacio suspendido, una brecha donde el tiempo ordinario ya no tenía validez.

    Kenji no se alteró ante el cambio, pero sus ojos se entornaron detrás de sus lentes mientras asimilaba las nuevas reglas del entorno. Con un movimiento pausado y mecánico, se acomodó el puente de las gafas con el dedo índice, despojándose de la postura de combate para adoptar una calma tensa y vigilante. Sabía que los heraldos no tardaban en aparecer cuando la vitalidad de un lugar se extinguía, por lo que clavó su mirada directamente en la penumbra del pasillo principal, esperando el momento exacto en que la dueña de aquel dominio decidiera dar el primer paso.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: 「 𝐀 𝐥 𝐥 𝐚 𝐧 𝐢 ‧ 𝐀 𝐧 𝐞 𝐭 𝐭 𝐞 」
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- 𝔼𝕝 𝕡𝕣𝕖𝕔𝕚𝕠 𝕕𝕖𝕝 𝕒𝕟𝕠𝕟𝕚𝕞𝕒𝕥𝕠 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El olor a ozono quemado y a yeso húmedo flotaba en el aire estancado del apartamento, mezclándose de forma pesada con el rastro metálico de la sangre. Kenji dejó caer los brazos a los lados, sintiendo el latido sordo en sus nudillos y el frío de la camisa de lino pegándosele a la espalda tras el esfuerzo. El último espíritu del sótano se había disuelto hacía apenas unos instantes, dejando tras de sí un silencio que parecía demasiado grande para las cuatro paredes del lugar, como si la violencia de la pelea hubiera desgastado el ambiente hasta dejarlo sin aire. Al dar un paso al frente, el crujido de los tablones viejos bajo sus zapatos fue el único sonido que interrumpió la quietud del salón donde descansaban los cuerpos de la familia. Un poco más apartado, cerca de la ventana, estaba el niño que apenas unas horas antes había tocado a su puerta buscando una ayuda que, al final, no llegó a tiempo. Kenji contempló la escena sin la desesperación de un lamento dramático, sino con esa fijeza seria y cansada de quien sabe que un error en el planteamiento inicial arruina todo el proceso, dejándole en la boca un sabor amargo que no lograba quitarse. Fue en ese momento cuando la tormenta del exterior se apagó por completo, no de manera gradual, sino como si el mundo de afuera hubiera dejado de existir de un segundo a otro. El tic-tac de su reloj de pulsera se detuvo y el color rojo que manchaba la alfombra comenzó a desteñirse lentamente, perdiendo su brillo hasta quedar reducido a un tono grisáceo y apagado. El aire se volvió espeso, frío y completamente estático, transformando el apartamento en un espacio suspendido, una brecha donde el tiempo ordinario ya no tenía validez. Kenji no se alteró ante el cambio, pero sus ojos se entornaron detrás de sus lentes mientras asimilaba las nuevas reglas del entorno. Con un movimiento pausado y mecánico, se acomodó el puente de las gafas con el dedo índice, despojándose de la postura de combate para adoptar una calma tensa y vigilante. Sabía que los heraldos no tardaban en aparecer cuando la vitalidad de un lugar se extinguía, por lo que clavó su mirada directamente en la penumbra del pasillo principal, esperando el momento exacto en que la dueña de aquel dominio decidiera dar el primer paso. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [Deadly.Lady]
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  • Theo Bennet

    Imagina despertar de una pesadilla, tus padres estuvieron en planes para sacarte de la familia, tu madre te detestaba por ser... diferente y a tu padre solo le asqueas, a los 10 años te dejan en la calle, tu solo debes imaginarlo por qué yo lo viví.

    Después de todo eso una familia me rescato después de que regresaron de un viaje y ahora, vivo una vida rodeado de amor...pero ahora deberia tener cuidado.
    Theo Bennet Imagina despertar de una pesadilla, tus padres estuvieron en planes para sacarte de la familia, tu madre te detestaba por ser... diferente y a tu padre solo le asqueas, a los 10 años te dejan en la calle, tu solo debes imaginarlo por qué yo lo viví. Después de todo eso una familia me rescato después de que regresaron de un viaje y ahora, vivo una vida rodeado de amor...pero ahora deberia tener cuidado.
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  • Hacía unos años que las cosas no eran lo mismo en el reino, el ambiente festivo y cálido que sus habitantes aportaban poco a poco se desvanecía como si lo hubiesen gastado todo, pero no era culpa de ellos.

    Rose enviaba a sus soldados más seguido a atacar otros reinos, volvían con más prisioneros, o en ocasiones sin prisioneros, pero meses después se enterarían de que dicho reino ya no existía; ahora era una colonia más de Rose.

    Rose se reunía con otros líderes o los virreyes de sus colonias para acordar el futuro de estos, a quienes pasaría la corona, pues estaba paranoica sobre quienes podrían subir al mando.
    No confiaba en nadie, y nadie entendía del todo por qué.

    No sabían si se debía al rumor sobre la bestia que habitaba el castillo, decían que se escapaba en las noches, ¿era acaso que la reina temía que descubrieran su secreto?
    Lo que la mayoría creía era que su miedo se debía a la amenaza que su familia recibió tiempo atrás, donde todo Nounei se vio bajo amenaza de muerte.

    No lo sabían, nadie entendía del todo qué fue.

    Estaba sentada en su trono, rodeado de cortinas largas que apenas dejaban ver su silueta. Del techo colgaban abalorios, cuentas, hierbas, múltiples dijes con símbolos de protección que rodeaban el área del trono donde Rose parecía esperar, como un depredador esperando a lanzarse, a explotar contra la más mínima amenaza.
    Hacía unos años que las cosas no eran lo mismo en el reino, el ambiente festivo y cálido que sus habitantes aportaban poco a poco se desvanecía como si lo hubiesen gastado todo, pero no era culpa de ellos. Rose enviaba a sus soldados más seguido a atacar otros reinos, volvían con más prisioneros, o en ocasiones sin prisioneros, pero meses después se enterarían de que dicho reino ya no existía; ahora era una colonia más de Rose. Rose se reunía con otros líderes o los virreyes de sus colonias para acordar el futuro de estos, a quienes pasaría la corona, pues estaba paranoica sobre quienes podrían subir al mando. No confiaba en nadie, y nadie entendía del todo por qué. No sabían si se debía al rumor sobre la bestia que habitaba el castillo, decían que se escapaba en las noches, ¿era acaso que la reina temía que descubrieran su secreto? Lo que la mayoría creía era que su miedo se debía a la amenaza que su familia recibió tiempo atrás, donde todo Nounei se vio bajo amenaza de muerte. No lo sabían, nadie entendía del todo qué fue. Estaba sentada en su trono, rodeado de cortinas largas que apenas dejaban ver su silueta. Del techo colgaban abalorios, cuentas, hierbas, múltiples dijes con símbolos de protección que rodeaban el área del trono donde Rose parecía esperar, como un depredador esperando a lanzarse, a explotar contra la más mínima amenaza.
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  • [[ El dia que la tragedia llegó. ]]

    El vacío del espacio era el único templo digno de su verdadera naturaleza..

    Durante años, Zhen había intentado asfixiar el vacío de su pecho con los burdos consuelos de los mortales. Probó el calor de la carne, el éxtasis del vino en festivales ruidosos, los lazos efímeros de la amistad y la dulce mentira de los actos de bondad. Todo fue inútil.

    Los distractores terrenales no eran más que ceniza en su boca, incapaces de saciar un hambre de proporciones cósmicas.

    Él no pertenecía a la tierra; pertenecía a la devastación. Dejando atrás el último mundo que lo albergó, Zhen rompió las cadenas de la gravedad y se elevó hacia el firmamento.

    La atmósfera planetaria quedó atrás como una débil capa de humo; en la negrura absoluta, libre de pretensiones humanas, su cuerpo se expandió. La carne mortal dio paso a escamas de jade que reflejaban la luz de estrellas moribundas, y sus garras se extendieron hasta abarcar kilómetros de distancia. Su verdadera forma titánica finalmente respiró.

    Ante él se extendía un sistema desconocido, custodiado por un majestuoso planeta rodeado de satélites brillantes. Zhen sonrió, mostrando una hilera de dientes capaces de triturar continentes.

    No hubo piedad, solo una necesidad biológica e implacable, se abalanzó sobre la primera luna, atrapándola entre sus fauces y provocando una explosión de roca y magma que saboreó con delicia.

    Una a una, las lunas de aquel desdichado mundo comenzaron a desaparecer en su garganta, destrozando el equilibrio gravitatorio del sistema y sumiendo al planeta de abajo en el caos absoluto.

    El festín cósmico duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para volverlo a calmar.
    [[ El dia que la tragedia llegó. ]] El vacío del espacio era el único templo digno de su verdadera naturaleza.. Durante años, Zhen había intentado asfixiar el vacío de su pecho con los burdos consuelos de los mortales. Probó el calor de la carne, el éxtasis del vino en festivales ruidosos, los lazos efímeros de la amistad y la dulce mentira de los actos de bondad. Todo fue inútil. Los distractores terrenales no eran más que ceniza en su boca, incapaces de saciar un hambre de proporciones cósmicas. Él no pertenecía a la tierra; pertenecía a la devastación. Dejando atrás el último mundo que lo albergó, Zhen rompió las cadenas de la gravedad y se elevó hacia el firmamento. La atmósfera planetaria quedó atrás como una débil capa de humo; en la negrura absoluta, libre de pretensiones humanas, su cuerpo se expandió. La carne mortal dio paso a escamas de jade que reflejaban la luz de estrellas moribundas, y sus garras se extendieron hasta abarcar kilómetros de distancia. Su verdadera forma titánica finalmente respiró. Ante él se extendía un sistema desconocido, custodiado por un majestuoso planeta rodeado de satélites brillantes. Zhen sonrió, mostrando una hilera de dientes capaces de triturar continentes. No hubo piedad, solo una necesidad biológica e implacable, se abalanzó sobre la primera luna, atrapándola entre sus fauces y provocando una explosión de roca y magma que saboreó con delicia. Una a una, las lunas de aquel desdichado mundo comenzaron a desaparecer en su garganta, destrozando el equilibrio gravitatorio del sistema y sumiendo al planeta de abajo en el caos absoluto. El festín cósmico duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para volverlo a calmar.
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  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
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