• Al abrir los ojos, el techo de su habitación había sido reemplazado por un cielo de un color imposible, atrapado en un crepúsculo eterno.

    July no despertó entre sábanas, sino sobre un crujiente lecho de hojas muertas que susurraban secretos en un idioma olvidado. A su lado, una presencia la observaba: un perro de pelaje tan negro que parecía un agujero en la realidad, con ojos que brillaban con una inteligencia antigua y peligrosa, como si fuera el guardián de una puerta que ella no recordaba haber cruzado.

    ¿De qué madriguera de conejo había caído? ¿En qué encrucijada entregó su sombra? Las respuestas se sentían como sueños que se disuelven al intentar atraparlos.

    Mientras ella sentía el frío metal de una dimensión desconocida, en el mundo de los cuerdos el tiempo había seguido su curso cruel.

    Quince días de ausencia....
    Quince días en los que su rostro, impreso en papel barato, se marchitaba bajo la lluvia en cada poste de la ciudad. El último rastro de su existencia era un video granulado de seguridad: una silueta que se internaba en el bosque un viernes a medianoche, no como quien huye, sino como quien acude a una cita pactada desde el principio de los tiempos.

    Todo, con esa peculiar máscara de conejo.
    Al abrir los ojos, el techo de su habitación había sido reemplazado por un cielo de un color imposible, atrapado en un crepúsculo eterno. July no despertó entre sábanas, sino sobre un crujiente lecho de hojas muertas que susurraban secretos en un idioma olvidado. A su lado, una presencia la observaba: un perro de pelaje tan negro que parecía un agujero en la realidad, con ojos que brillaban con una inteligencia antigua y peligrosa, como si fuera el guardián de una puerta que ella no recordaba haber cruzado. ¿De qué madriguera de conejo había caído? ¿En qué encrucijada entregó su sombra? Las respuestas se sentían como sueños que se disuelven al intentar atraparlos. Mientras ella sentía el frío metal de una dimensión desconocida, en el mundo de los cuerdos el tiempo había seguido su curso cruel. Quince días de ausencia.... Quince días en los que su rostro, impreso en papel barato, se marchitaba bajo la lluvia en cada poste de la ciudad. El último rastro de su existencia era un video granulado de seguridad: una silueta que se internaba en el bosque un viernes a medianoche, no como quien huye, sino como quien acude a una cita pactada desde el principio de los tiempos. Todo, con esa peculiar máscara de conejo.
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  • Un regalo llegó a su casa, no tenia remitente y los vecinos aseguraban que no vieron a algun repartidor dejarla.

    Pero.... ¿que decia la etiqueta?
    « Poᥙr toι, dᥲᥒs ᥣᥱ fᥙtᥙr, dᥱ ᥣᥲ ρᥲrt dᥱ ᥴᥱᥣᥣᥱ qᥙᥱ tᥙ ᥱ́tᥲιs. »

    ¿Huh?
    July arqueó una ceja y tomó aquel antifaz de conejo entre sus manos, caminó al baño, la dejó en el lavamanos mientras cepillaba su cabello hacia atrás para ponerla sobre su rostro.

    Y entonces....

    Todo fue oscuridad.
    Un regalo llegó a su casa, no tenia remitente y los vecinos aseguraban que no vieron a algun repartidor dejarla. Pero.... ¿que decia la etiqueta? « Poᥙr toι, dᥲᥒs ᥣᥱ fᥙtᥙr, dᥱ ᥣᥲ ρᥲrt dᥱ ᥴᥱᥣᥣᥱ qᥙᥱ tᥙ ᥱ́tᥲιs. » ¿Huh? July arqueó una ceja y tomó aquel antifaz de conejo entre sus manos, caminó al baño, la dejó en el lavamanos mientras cepillaba su cabello hacia atrás para ponerla sobre su rostro. Y entonces.... Todo fue oscuridad.
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  • — Onse Onse, tu conejo de pascua ya llegó.
    — Onse Onse, tu conejo de pascua ya llegó.
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  • El país de las pesadillas
    Fandom Devil May Cry y hazbin hotel
    Categoría Crossover
    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    Un portal se abrió de forma violenta, rasgando el aire con un zumbido antinatural. De él emergió una figura completamente ajena a ese mundo.
    Un conejo.Sus largas orejas se alzaron de inmediato, girando con precisión mientras sus ojos recorrían el entorno. Dio un salto fuera del portal, sus pies tocando el suelo con suavidad casi irreal,se quedó observando,edificios torcidos, luces inquietantes, criaturas deformes moviéndose con naturalidad ruido, vida, caos.
    Sus bigotes temblaron.
    No había miedo en él.
    Solo asombro.
    Avanzó un paso, luego otro, con cautela pero sin dudar realmente. Aquello no era un páramo vacío ni un abismo sin forma.
    Era una ciudad.
    El portal se cerró a su espalda.
    El conejo no miró atrás.
    Con la mirada brillante y las orejas en alto, comenzó a internarse en la Ciudad Pentagrama, atraído por ese caos que, de alguna forma, se sentía… vivo.
    [Alastor_rabbit] Un portal se abrió de forma violenta, rasgando el aire con un zumbido antinatural. De él emergió una figura completamente ajena a ese mundo. Un conejo.Sus largas orejas se alzaron de inmediato, girando con precisión mientras sus ojos recorrían el entorno. Dio un salto fuera del portal, sus pies tocando el suelo con suavidad casi irreal,se quedó observando,edificios torcidos, luces inquietantes, criaturas deformes moviéndose con naturalidad ruido, vida, caos. Sus bigotes temblaron. No había miedo en él. Solo asombro. Avanzó un paso, luego otro, con cautela pero sin dudar realmente. Aquello no era un páramo vacío ni un abismo sin forma. Era una ciudad. El portal se cerró a su espalda. El conejo no miró atrás. Con la mirada brillante y las orejas en alto, comenzó a internarse en la Ciudad Pentagrama, atraído por ese caos que, de alguna forma, se sentía… vivo.
    Tipo
    Individual
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  • ¿Un conejo mutante? No... Parece una anomalía.
    ¿Un conejo mutante? No... Parece una anomalía.
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  • El eco de unos pasos apresurados resonaba en el vacío, como si el tiempo mismo se estuviera rompiendo bajo cada pisada. El Conejo Blanco apareció de entre una distorsión tenue, ajustando sus guantes con una precisión casi obsesiva. Sus ojos, inquietos y brillantes, parecían ver más allá de lo evidente… como si siguiera algo que nadie más podía percibir.

    —Ah… llegas tarde. Siempre llegan tarde

    murmuró, sacando un reloj de bolsillo que no marcaba ninguna hora coherente

    —Pero no importa… nunca importa realmente.

    Dejó escapar una risa baja, antes de alzar la mirada. Su expresión cambió, tornándose más serena casi melancólica.

    —¿Sabes por qué me fascina tanto esa historia…? Alicia… ese mundo absurdo… ese descenso sin lógica.

    Giró ligeramente sobre sus talones, como si estuviera recordando algo lejano pero profundamente importante.

    —Porque no es fantasía… es un reflejo. Un espejo distorsionado de lo que somos. Un lugar donde las reglas no tienen sentido… donde la cordura es cuestionable… y donde caer no es un accidente, sino un destino inevitable.

    Se llevó el reloj al pecho, apretándolo con fuerza.

    —Alicia no eligió caer… pero una vez abajo, tuvo que adaptarse. Tuvo que sobrevivir entre criaturas que no seguían ninguna lógica… ¿te suena familiar?

    Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

    —Ese mundo… ese caos elegante… es lo más cercano a la verdad que muchos se atreven a admitir. No hay orden. No hay control. Solo… perspectivas.

    Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si compartiera un secreto peligroso.

    —Y yo… bueno… supongo que me identifiqué con el Conejo. Siempre corriendo… siempre llegando tarde… siempre siendo el heraldo de algo que nadie entiende del todo.

    Se enderezó, su tono volviéndose más ligero, casi juguetón… pero con un trasfondo inquietante.

    —Además… ¿quién no querría perderse en un lugar donde lo imposible es rutina?
    El eco de unos pasos apresurados resonaba en el vacío, como si el tiempo mismo se estuviera rompiendo bajo cada pisada. El Conejo Blanco apareció de entre una distorsión tenue, ajustando sus guantes con una precisión casi obsesiva. Sus ojos, inquietos y brillantes, parecían ver más allá de lo evidente… como si siguiera algo que nadie más podía percibir. —Ah… llegas tarde. Siempre llegan tarde murmuró, sacando un reloj de bolsillo que no marcaba ninguna hora coherente —Pero no importa… nunca importa realmente. Dejó escapar una risa baja, antes de alzar la mirada. Su expresión cambió, tornándose más serena casi melancólica. —¿Sabes por qué me fascina tanto esa historia…? Alicia… ese mundo absurdo… ese descenso sin lógica. Giró ligeramente sobre sus talones, como si estuviera recordando algo lejano pero profundamente importante. —Porque no es fantasía… es un reflejo. Un espejo distorsionado de lo que somos. Un lugar donde las reglas no tienen sentido… donde la cordura es cuestionable… y donde caer no es un accidente, sino un destino inevitable. Se llevó el reloj al pecho, apretándolo con fuerza. —Alicia no eligió caer… pero una vez abajo, tuvo que adaptarse. Tuvo que sobrevivir entre criaturas que no seguían ninguna lógica… ¿te suena familiar? Una sonrisa torcida apareció en su rostro. —Ese mundo… ese caos elegante… es lo más cercano a la verdad que muchos se atreven a admitir. No hay orden. No hay control. Solo… perspectivas. Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si compartiera un secreto peligroso. —Y yo… bueno… supongo que me identifiqué con el Conejo. Siempre corriendo… siempre llegando tarde… siempre siendo el heraldo de algo que nadie entiende del todo. Se enderezó, su tono volviéndose más ligero, casi juguetón… pero con un trasfondo inquietante. —Además… ¿quién no querría perderse en un lugar donde lo imposible es rutina?
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  • El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido.
    El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante.
    Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá.
    —Curioso…

    murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio

    — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste.

    Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía.
    Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse.
    Una risa baja escapó de sus labios.

    —Y, sin embargo… aquí estoy.

    Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza

    -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té.

    El silencio volvió a envolverlo.
    Pero no era paz.
    Nunca lo era.
    El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido. El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante. Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá. —Curioso… murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste. Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía. Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse. Una risa baja escapó de sus labios. —Y, sin embargo… aquí estoy. Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té. El silencio volvió a envolverlo. Pero no era paz. Nunca lo era.
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  • La temporada de conejos está a punto de terminar.
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  • . El primer contrato que tuvo no duró mucho tiempo. Las condiciones y deseos del empleado y el contratista eran un poco diferentes a los que pondría un demonio con más experiencia, pero al final de cumplir con el deseo de su dama, ella había perecido en sus brazos. El final para una flor tan bella no debía ser algo tan nefasto, pero ahí estaban los labios rojos de ese demonio probando la sangre que tanto había anhelado.

    ¿Era una mala persona? Esa pregunta se giraba a los carnívoros en la naturaleza. ¿El tigre es una mala "persona" por cazar demás animales? ¿Los lobos son malos por atrapar conejos? Simplemente era la cadena alimenticia, pero entendía que a los ojos humanos eso era horrendo.

    El cuerpo sin vida de su antigua dueña descansaba en él. Como una muñeca rota la cual jamás podría bailar de nuevo. Está bien, no iba a dejar ni un solo hueso de ella.
    🥀. El primer contrato que tuvo no duró mucho tiempo. Las condiciones y deseos del empleado y el contratista eran un poco diferentes a los que pondría un demonio con más experiencia, pero al final de cumplir con el deseo de su dama, ella había perecido en sus brazos. El final para una flor tan bella no debía ser algo tan nefasto, pero ahí estaban los labios rojos de ese demonio probando la sangre que tanto había anhelado. ¿Era una mala persona? Esa pregunta se giraba a los carnívoros en la naturaleza. ¿El tigre es una mala "persona" por cazar demás animales? ¿Los lobos son malos por atrapar conejos? Simplemente era la cadena alimenticia, pero entendía que a los ojos humanos eso era horrendo. El cuerpo sin vida de su antigua dueña descansaba en él. Como una muñeca rota la cual jamás podría bailar de nuevo. Está bien, no iba a dejar ni un solo hueso de ella.
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  • — O sea... ¿Por qué ensalada otra vez? ¿Acaso me viste la cara de conejo? ¿Hámster? Persephone ᵠᵘᵉᵉᶰ ᵒᶠ ᵗʰᵉ ᵁᶰᵈᵉʳʷᵒʳˡᵈ
    — O sea... ¿Por qué ensalada otra vez? ¿Acaso me viste la cara de conejo? ¿Hámster? [Perse2612]
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