Me deslizo dentro de sus sueños como una sombra hambrienta, sin resistencia, sin barreras. Khali duerme, su mente es un libro abierto para mí, y yo me acomodo entre sus páginas como una historia que siempre estuvo ahí, esperando ser leída.

Y ahí está él, ahí estoy yo, encarnando el objeto de su deseo. Lo veo en su imaginación al tomar su forma: manos fuertes, labios apretados, ojos que prometen pecados dulces. Me acerco, le susurro su nombre con la voz que anhela, y veo cómo su cuerpo tiembla de anticipación.

— Viper...

Nos encontramos en ese mundo nebuloso donde los deseos se funden con la realidad. Khali cierra los ojos, entregado a la danza del placer, sus dedos se aferran a mis hombros, mis dedos se hunden en sus muslos, sus suspiros se mezclan con los míos.

Un momento perfecto.

Un placer abrumador.

Sus párpados caen y mi piel se rompe, se agrieta, se distorsiona en una mutación grotesca. Mi carne cede al exoesqueleto crujiente, mis manos se retuercen en patas segmentadas, afiladas, que recorren su piel con caricias de aguja. Mi boca se disuelve en mandíbulas húmedas, ansiosas, chasqueantes.

Khali abre los ojos.

Lo veo congelarse, lo veo entender demasiado tarde.

El contacto es menor, pero nuestros cuerpos permanecen juntos. Mi torax curvado para mantenernos unidos. Sus piernas rodean mi caparazón, su pecho choca contra el mío, y cada movimiento hace que mis extremidades repiqueteen contra su piel desnuda.

Intentará gritar. Lo sé.

Me inclino sobre él, mi aliento denso acaricia su rostro mientras acerco mi hocico de insecto a sus labios. Mandíbulas rechinantes, antenas inquisitivas. Busco su boca con la mía, con una ternura abominable.

— ¿No era esto lo que querías, Viper?
Me deslizo dentro de sus sueños como una sombra hambrienta, sin resistencia, sin barreras. Khali duerme, su mente es un libro abierto para mí, y yo me acomodo entre sus páginas como una historia que siempre estuvo ahí, esperando ser leída. Y ahí está él, ahí estoy yo, encarnando el objeto de su deseo. Lo veo en su imaginación al tomar su forma: manos fuertes, labios apretados, ojos que prometen pecados dulces. Me acerco, le susurro su nombre con la voz que anhela, y veo cómo su cuerpo tiembla de anticipación. — Viper... Nos encontramos en ese mundo nebuloso donde los deseos se funden con la realidad. Khali cierra los ojos, entregado a la danza del placer, sus dedos se aferran a mis hombros, mis dedos se hunden en sus muslos, sus suspiros se mezclan con los míos. Un momento perfecto. Un placer abrumador. Sus párpados caen y mi piel se rompe, se agrieta, se distorsiona en una mutación grotesca. Mi carne cede al exoesqueleto crujiente, mis manos se retuercen en patas segmentadas, afiladas, que recorren su piel con caricias de aguja. Mi boca se disuelve en mandíbulas húmedas, ansiosas, chasqueantes. Khali abre los ojos. Lo veo congelarse, lo veo entender demasiado tarde. El contacto es menor, pero nuestros cuerpos permanecen juntos. Mi torax curvado para mantenernos unidos. Sus piernas rodean mi caparazón, su pecho choca contra el mío, y cada movimiento hace que mis extremidades repiqueteen contra su piel desnuda. Intentará gritar. Lo sé. Me inclino sobre él, mi aliento denso acaricia su rostro mientras acerco mi hocico de insecto a sus labios. Mandíbulas rechinantes, antenas inquisitivas. Busco su boca con la mía, con una ternura abominable. — ¿No era esto lo que querías, Viper?
Me shockea
1
0 turnos 0 maullidos 347 vistas
Patrocinados
Patrocinados