Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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Parte 9 - El regreso del cazador.
Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente.
El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas,
solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa.
—¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía.
Él sonrió, era una sonrisa rota.
—Ya tomé lo que necesitaba de ellos.
Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte.
—Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí.
—Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad.
Parte 10 - La batalla de las almas
El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego.
Odio contra voluntad.
La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder.
Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane.
Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto.
Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho.
Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder.
El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo.
Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza.
Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.
Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente.
El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas,
solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa.
—¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía.
Él sonrió, era una sonrisa rota.
—Ya tomé lo que necesitaba de ellos.
Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte.
—Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí.
—Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad.
Parte 10 - La batalla de las almas
El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego.
Odio contra voluntad.
La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder.
Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane.
Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto.
Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho.
Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder.
El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo.
Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza.
Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.
Parte 9 - El regreso del cazador.
Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente.
El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas,
solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa.
—¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía.
Él sonrió, era una sonrisa rota.
—Ya tomé lo que necesitaba de ellos.
Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte.
—Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí.
—Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad.
Parte 10 - La batalla de las almas
El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego.
Odio contra voluntad.
La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder.
Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane.
Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto.
Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho.
Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder.
El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo.
Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza.
Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.