• Mientras vemos televisión en la cabaña que alquilamos. Mi mejor amigo disfruto comiendo helados.
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  • ¡Siiiii! El clima cooperando para que yo pueda seguir usando mi colección de peluchito
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  • —Vaya, vaya... ¿pero qué tenemos aquí? Un pequeño extraviado. Qué desafortunado giro del destino, aunque, para ser honestos, tu verdadera desgracia no fue perder el camino, sino cruzarte en el mío. No te lo tomes como algo personal, simplemente naciste bajo una estrella muy mala.—

    *Un enjambre de mariposas negras comenzó a orbitar a la víctima, cerrando cualquier vía de escape antes de introducirse, una a una, bajo su piel.*

    —Vamos, no te resistas, es inútil. Mis pequeñas tienen un hambre voraz y tú resultaste ser el banquete perfecto.—

    *Mientras el dolor interno empezaba a desfigurar las facciones del humano, observé su desesperación con una fascinación casi artística.*

    —Ah, los humanos... tan indispensables para este mundo como irremediablemente inútiles. Veamos si guardas en tu interior ese brillo que tanto busco.—


    *Sin romper la superficie de su ropa ni dejar una sola herida abierta, deslicé mi mano a través de su pecho, navegando entre sus órganos con la intangibilidad de un espectro. Al retirar la mano vacía, chasqueé la lengua con fastidio.*

    —Otro cascarón vacío. Qué pérdida de tiempo... aunque supongo que no todo está perdido; al menos mis pequeñas se darán un festín.—

    *El cuerpo de la víctima comenzó a deformarse con bultos grotescos que se agitaban bajo la piel. De pronto, la carne cedió y una marea de mariposas negras brotó desde sus entrañas, dejando atrás solo un envoltorio de piel marchita y hueca.*
    —Vaya, vaya... ¿pero qué tenemos aquí? Un pequeño extraviado. Qué desafortunado giro del destino, aunque, para ser honestos, tu verdadera desgracia no fue perder el camino, sino cruzarte en el mío. No te lo tomes como algo personal, simplemente naciste bajo una estrella muy mala.— *Un enjambre de mariposas negras comenzó a orbitar a la víctima, cerrando cualquier vía de escape antes de introducirse, una a una, bajo su piel.* —Vamos, no te resistas, es inútil. Mis pequeñas tienen un hambre voraz y tú resultaste ser el banquete perfecto.— *Mientras el dolor interno empezaba a desfigurar las facciones del humano, observé su desesperación con una fascinación casi artística.* —Ah, los humanos... tan indispensables para este mundo como irremediablemente inútiles. Veamos si guardas en tu interior ese brillo que tanto busco.— *Sin romper la superficie de su ropa ni dejar una sola herida abierta, deslicé mi mano a través de su pecho, navegando entre sus órganos con la intangibilidad de un espectro. Al retirar la mano vacía, chasqueé la lengua con fastidio.* —Otro cascarón vacío. Qué pérdida de tiempo... aunque supongo que no todo está perdido; al menos mis pequeñas se darán un festín.— *El cuerpo de la víctima comenzó a deformarse con bultos grotescos que se agitaban bajo la piel. De pronto, la carne cedió y una marea de mariposas negras brotó desde sus entrañas, dejando atrás solo un envoltorio de piel marchita y hueca.*
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  • "Día 55"

    —Se siente como si fuera el primer día; el vacío en el corazón y el dolor en el alma no han cesado, mis lágrimas siguen derramándose con cada pequeño detalle que me recuerda a ti; las gardenias tienen tu aroma, por eso decidí plantar unas cuantas en la pequeña cabaña que compré, en un lugar que te hubiera encantado conocer y explorarlo a tu manera. 

    El trinar de las aves silvestres me despierta por las mañanas con unas notas tan dulces como tu cantar, oh, mi amada rosa de invierno; esto es el infierno sin ti...-

    Abel llevaba un diario después de que la mujer que tanto amó se desvaneciera en el viento; no había día que la extrañara; podría pasar por loco al mencionar su nombre y describir lo que veía o sentía; con delicadeza, dejó el bolígrafo azul al costado de aquel diario de color guinda, el cual cerró, recargándose sobre el y lanzando un enorme suspiro. 
    "Día 55" —Se siente como si fuera el primer día; el vacío en el corazón y el dolor en el alma no han cesado, mis lágrimas siguen derramándose con cada pequeño detalle que me recuerda a ti; las gardenias tienen tu aroma, por eso decidí plantar unas cuantas en la pequeña cabaña que compré, en un lugar que te hubiera encantado conocer y explorarlo a tu manera.  El trinar de las aves silvestres me despierta por las mañanas con unas notas tan dulces como tu cantar, oh, mi amada rosa de invierno; esto es el infierno sin ti...- Abel llevaba un diario después de que la mujer que tanto amó se desvaneciera en el viento; no había día que la extrañara; podría pasar por loco al mencionar su nombre y describir lo que veía o sentía; con delicadeza, dejó el bolígrafo azul al costado de aquel diario de color guinda, el cual cerró, recargándose sobre el y lanzando un enorme suspiro. 
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  • Buenos dias!
    Su rey ya esta por aqui ¡HAO!
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  • Hannah con su nuevo amigo, diferentes especies pero con el mismo método de comunicación, aún es un Dragón jovencito, y esta nueva dupla promete muchas aventuras.
    De paso, Hannah decidió que es una buena excusa para meterse a las locuras de sus madres Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar, Veythra Lili Queen Ishtar y su abuela Jenny Queen Orc.
    Hannah con su nuevo amigo, diferentes especies pero con el mismo método de comunicación, aún es un Dragón jovencito, y esta nueva dupla promete muchas aventuras. De paso, Hannah decidió que es una buena excusa para meterse a las locuras de sus madres [akane_qi], [Lili.Queen] y su abuela [queen_0].
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  • — Últimamente como que es mi plan favorito (como si no lo hubiese sido siempre) porque no soporto a nada ni nadie
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  • — Los caminos de la vida, no son como yo esperaba, no son lo que imaginabaaaaa —

    Foto tomada después de que la noche anterior se la pasara hasta el huevo de alcohol. (?)
    — Los caminos de la vida, no son como yo esperaba, no son lo que imaginabaaaaa — Foto tomada después de que la noche anterior se la pasara hasta el huevo de alcohol. (?)
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  • Hoy estoy de buen humor no sé si es por ganar varias partidas de póker
    Hoy estoy de buen humor no sé si es por ganar varias partidas de póker
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  • La noche en la ciudad nunca es realmente silenciosa, pero para Alberto, el zumbido de los neones y el eco de los motores a lo lejos no eran más que ruido blanco. Estaba allí, apoyado contra el frío metal de una barandilla, pero su mente se encontraba a kilómetros —y años— de distancia.

    Con un movimiento mecánico, casi ritual, se llevó el cigarrillo a los labios. El chasquido del encendedor rompió el aire por un segundo, y la pequeña llama bailó en sus pupilas antes de prender la brasa. Al inhalar, el calor del humo llenó sus pulmones, dándole esa extraña y momentánea sensación de plenitud que el vacío en su pecho le negaba durante el día.

    — Una calada por lo que fue... y otra por lo que no pudo ser —pensó, dejando que el humo escapara lentamente de sus labios.

    Sus ojos, cansados y fijos en un punto indefinido del horizonte iluminado por luces difusas, buscaban un rostro que ya solo existía en su memoria. El peso de los cuernos sobre su frente se sentía más real que nunca, como una corona de verdades amargas que aceptaba llevar. Echar de menos no era un sentimiento punzante para él, sino una presencia constante, como la niebla que se aferraba a los edificios de la ciudad; algo que no podías tocar, pero que lo empapaba todo.

    Cada vez que cerraba los ojos, el olor del tabaco se mezclaba con el recuerdo de un perfume, o el eco de una risa que solía silenciar el caos de la metrópoli. Alberto sabía que la ciudad seguiría girando, indiferente a su luto silencioso, pero en ese rincón de sombra, mientras la ceniza se acumulaba en la punta de su cigarro, él se permitía el lujo de no ser un demonio, ni un mito, ni una amenaza. Solo un hombre que deseaba, por un instante, no tener que encender el siguiente cigarrillo a solas.
    La noche en la ciudad nunca es realmente silenciosa, pero para Alberto, el zumbido de los neones y el eco de los motores a lo lejos no eran más que ruido blanco. Estaba allí, apoyado contra el frío metal de una barandilla, pero su mente se encontraba a kilómetros —y años— de distancia. Con un movimiento mecánico, casi ritual, se llevó el cigarrillo a los labios. El chasquido del encendedor rompió el aire por un segundo, y la pequeña llama bailó en sus pupilas antes de prender la brasa. Al inhalar, el calor del humo llenó sus pulmones, dándole esa extraña y momentánea sensación de plenitud que el vacío en su pecho le negaba durante el día. — Una calada por lo que fue... y otra por lo que no pudo ser —pensó, dejando que el humo escapara lentamente de sus labios. Sus ojos, cansados y fijos en un punto indefinido del horizonte iluminado por luces difusas, buscaban un rostro que ya solo existía en su memoria. El peso de los cuernos sobre su frente se sentía más real que nunca, como una corona de verdades amargas que aceptaba llevar. Echar de menos no era un sentimiento punzante para él, sino una presencia constante, como la niebla que se aferraba a los edificios de la ciudad; algo que no podías tocar, pero que lo empapaba todo. Cada vez que cerraba los ojos, el olor del tabaco se mezclaba con el recuerdo de un perfume, o el eco de una risa que solía silenciar el caos de la metrópoli. Alberto sabía que la ciudad seguiría girando, indiferente a su luto silencioso, pero en ese rincón de sombra, mientras la ceniza se acumulaba en la punta de su cigarro, él se permitía el lujo de no ser un demonio, ni un mito, ni una amenaza. Solo un hombre que deseaba, por un instante, no tener que encender el siguiente cigarrillo a solas.
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