• Ficha Oc
    Nombre: (Se mantiene en secreto excepto para lxs que pregunten.) Pero también pueden decirme "Sagi"  SIGNO ZODIACAL: 🏹 Sagitario Apariencia: (Humano y cambiante) Forma favorita: (pastor alemán)  Altura: 1,82 mts Activo|Alfa Aroma: Café ☕   "Personifico al signo zodiacal de Sagitario, mis palabras son sinceras y soy amable pero tengo mis momentos.....
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  • La casa estaba demasiado silenciosa.
    Me apoyé en la balaustrada de piedra, dejando que el frío se filtrara a través de la tela oscura de mi ropa mientras observaba el gran espacio que se abría frente a mis ojos. Las sombras se alargaban entre columnas antiguas haciendo que me pregunté si acaso viejos fantasmas se escondían entre los altos arcos.

    El eco de mis propios movimientos parecía exagerado en un lugar que normalmente estaría lleno de voces, risas y magia compartida.

    Casi todos habían salido a celebrar Yule. Fogatas, cantos, vino caliente… la vida siguiendo su curso lejos de aquí. Yo, en cambio, me había quedado atrás, custodiando una casa que parecía más un recuerdo atrapado en el tiempo que un verdadero hogar. Quién sabe, quizá esto era cosa mía: A pesar de los años que había pasado aquí aún no había podido considerar este lugar como parte de mi.

    Molesta conmigo misma dejé que el peso de mi cuerpo descansara un poco más sobre la piedra, mis dedos recorriendo distraídamente la superficie fría y gastada. Había algo hermoso en la soledad, sí, pero también un aburrimiento sutil, insistente, que se colaba entre mis pensamientos y los recuerdos de la familia que alguna vez llamé mia.

    Suspire.
    Quizá no tenía sentido recordar a mis padres o a mi hermano, no si eso desgastaba las pocas energías que tenía para salir de mi aburrimiento.

    Una voz en el fondo de mi mente susurró un nombre: "David", mi primo ¿No se suponía que esté día se celebraba el cumpleaños de su padre? Bueno, no estaba segura, con Yule encima, no sería raro que todo pasara desapercibido…
    Saqué el teléfono, girándolo lentamente entre mis dedos mientras dudaba...

    Una parte de mí solo buscaba romper el silencio; otra, una excusa para no pasar la noche sola y al mismo tiempo mi alma parecía buscar inconcientemente el lugar en el que había crecido y llamado hogar aunque ahora eso no fuera más que parte de un pasado al que ya no podía volver.

    Al final, desbloqueé la pantalla decidida a dejar de revolcarme en mi autocompasión. Total.... un mensaje no haría daño. ¿Verdad? El texto fue breve:

    David Darkness
    hey... ¿Estás haciendo algo para tu padre está noche?

    Desconfiada deje el teléfono sobre la fría piedra negándome a tener esperanza. Mi relación con ellos no era tan íntima, es más, apenas y habíamos tenido unas cuantas interacciones y aún se sentía raro...
    La casa estaba demasiado silenciosa. Me apoyé en la balaustrada de piedra, dejando que el frío se filtrara a través de la tela oscura de mi ropa mientras observaba el gran espacio que se abría frente a mis ojos. Las sombras se alargaban entre columnas antiguas haciendo que me pregunté si acaso viejos fantasmas se escondían entre los altos arcos. El eco de mis propios movimientos parecía exagerado en un lugar que normalmente estaría lleno de voces, risas y magia compartida. Casi todos habían salido a celebrar Yule. Fogatas, cantos, vino caliente… la vida siguiendo su curso lejos de aquí. Yo, en cambio, me había quedado atrás, custodiando una casa que parecía más un recuerdo atrapado en el tiempo que un verdadero hogar. Quién sabe, quizá esto era cosa mía: A pesar de los años que había pasado aquí aún no había podido considerar este lugar como parte de mi. Molesta conmigo misma dejé que el peso de mi cuerpo descansara un poco más sobre la piedra, mis dedos recorriendo distraídamente la superficie fría y gastada. Había algo hermoso en la soledad, sí, pero también un aburrimiento sutil, insistente, que se colaba entre mis pensamientos y los recuerdos de la familia que alguna vez llamé mia. Suspire. Quizá no tenía sentido recordar a mis padres o a mi hermano, no si eso desgastaba las pocas energías que tenía para salir de mi aburrimiento. Una voz en el fondo de mi mente susurró un nombre: "David", mi primo ¿No se suponía que esté día se celebraba el cumpleaños de su padre? Bueno, no estaba segura, con Yule encima, no sería raro que todo pasara desapercibido… Saqué el teléfono, girándolo lentamente entre mis dedos mientras dudaba... Una parte de mí solo buscaba romper el silencio; otra, una excusa para no pasar la noche sola y al mismo tiempo mi alma parecía buscar inconcientemente el lugar en el que había crecido y llamado hogar aunque ahora eso no fuera más que parte de un pasado al que ya no podía volver. Al final, desbloqueé la pantalla decidida a dejar de revolcarme en mi autocompasión. Total.... un mensaje no haría daño. ¿Verdad? El texto fue breve: [eclipse_pearl_ape_668] 💬 hey... ¿Estás haciendo algo para tu padre está noche? Desconfiada deje el teléfono sobre la fría piedra negándome a tener esperanza. Mi relación con ellos no era tan íntima, es más, apenas y habíamos tenido unas cuantas interacciones y aún se sentía raro...
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  • **La puercoespín se quedo dormida sobre la raiz de un árbol junto a sus dos perros amigos que le acompañan.**
    **La puercoespín se quedo dormida sobre la raiz de un árbol junto a sus dos perros amigos que le acompañan.**
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  • Razor había entrado una vez más a la Biblioteca de su maestra y hermana Lisa. Caminó con cuidado por todos los pasillos asegurándose que ella no estuviera, como un pequeño ratón caminando con cuidado para no ser descubierto.

    -....No...haber....nadie....fu...fu...fu~.

    Dijo con cierta travesura inocente en su voz, se dedicó a decorar algunos estantes con adornos navideños dejando esferas y tiras de colores colgadas con el cuidado de no obstruir los libros. Después continuó con lo más importante y delicado, el escritorio de Lisa, pues si bien para los ojos de muchos era un "desastre" de hojas, papeles y libros, él sabía que Lisa sabía exactamente qué había y donde estaba cada cosa. Decoró a como pudo dejando adornos, un pequeño árbol en miniatura que le pidió a Jean que le ayudara a decorar y un plato con unos buñuelos de azúcar, aunque había algo peculiar, uno de ellos estaba mordido, no resistió el antojo y había evidencia del "delito" en sus mejillas llenas de azúcar.
    Razor había entrado una vez más a la Biblioteca de su maestra y hermana Lisa. Caminó con cuidado por todos los pasillos asegurándose que ella no estuviera, como un pequeño ratón caminando con cuidado para no ser descubierto. -....No...haber....nadie....fu...fu...fu~. Dijo con cierta travesura inocente en su voz, se dedicó a decorar algunos estantes con adornos navideños dejando esferas y tiras de colores colgadas con el cuidado de no obstruir los libros. Después continuó con lo más importante y delicado, el escritorio de Lisa, pues si bien para los ojos de muchos era un "desastre" de hojas, papeles y libros, él sabía que Lisa sabía exactamente qué había y donde estaba cada cosa. Decoró a como pudo dejando adornos, un pequeño árbol en miniatura que le pidió a Jean que le ayudara a decorar y un plato con unos buñuelos de azúcar, aunque había algo peculiar, uno de ellos estaba mordido, no resistió el antojo y había evidencia del "delito" en sus mejillas llenas de azúcar.
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  • El verdadero monstruo.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Caceus Mori

    Hacía siglos que Morana no sabía nada de otro nigromante, de nadie que tuviera capacidades similares a las de ella, pues, por lo que ella sabía, la nigromancia había quedado enterrada en el pasado.

    Hasta ese día.

    Había oído rumores de alguien que vivió demasiado tiempo, recluido, pero con una vitalidad que parecía no deteriorarse.

    Esto a Morana le interesaba ¿Sería otro nigromante?¿Sería un ser inmortal? De cualquier manera, le interesaba saber qué era, porque, en caso de ser nigromante, si podía aprender de sus métodos, quizás y podría seguir avanzando en su entendimiento del alma.

    Parece que la sed de poder de Morana no se había apagado por completo, solo necesitaba un incentivo.

    Era de noche, caminaba a paso calmado, pero cada paso resonaba en el callejón.

    Según le habían contado, este "ser", se había instalado en un edificio abandonado, el cual se encontraba en el borde de la ciudad.

    — Podría haber elegido un lugar más limpio. — Murmuró para si misma. Al final del callejón se encontraba una puerta, cubierta de óxido.

    Abrió la puerta y un chirrido se escuchó con el movimiento de las bisagras. — Ahí se fue todo el secretismo. — Comentó, pero poco le importaba, no pretendía ocultarse, no necesitaba hacerlo.

    Caminó hacia el interior del edificio, y, aunque no pudiera ver claramente, sus ojos estaban adaptados parcialmente a la oscuridad, que en ocasiones era iluminada levemente por las luces del exterior.

    Se inclinó hacia delante antes de alzar la voz. — ¿Dónde estás?~ Solo quiero hablar~. — Esto para ella parecía un juego.

    ¿Obtendría respuesta o tendría que buscar?
    [tempest_platinum_tiger_912] Hacía siglos que Morana no sabía nada de otro nigromante, de nadie que tuviera capacidades similares a las de ella, pues, por lo que ella sabía, la nigromancia había quedado enterrada en el pasado. Hasta ese día. Había oído rumores de alguien que vivió demasiado tiempo, recluido, pero con una vitalidad que parecía no deteriorarse. Esto a Morana le interesaba ¿Sería otro nigromante?¿Sería un ser inmortal? De cualquier manera, le interesaba saber qué era, porque, en caso de ser nigromante, si podía aprender de sus métodos, quizás y podría seguir avanzando en su entendimiento del alma. Parece que la sed de poder de Morana no se había apagado por completo, solo necesitaba un incentivo. Era de noche, caminaba a paso calmado, pero cada paso resonaba en el callejón. Según le habían contado, este "ser", se había instalado en un edificio abandonado, el cual se encontraba en el borde de la ciudad. — Podría haber elegido un lugar más limpio. — Murmuró para si misma. Al final del callejón se encontraba una puerta, cubierta de óxido. Abrió la puerta y un chirrido se escuchó con el movimiento de las bisagras. — Ahí se fue todo el secretismo. — Comentó, pero poco le importaba, no pretendía ocultarse, no necesitaba hacerlo. Caminó hacia el interior del edificio, y, aunque no pudiera ver claramente, sus ojos estaban adaptados parcialmente a la oscuridad, que en ocasiones era iluminada levemente por las luces del exterior. Se inclinó hacia delante antes de alzar la voz. — ¿Dónde estás?~ Solo quiero hablar~. — Esto para ella parecía un juego. ¿Obtendría respuesta o tendría que buscar?
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    Cualquier línea
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  • Casi me olvidaba del: '𝘈𝘣𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘛𝘴𝘶𝘯𝘢𝘥𝘦'.
    Casi me olvidaba del: '𝘈𝘣𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘛𝘴𝘶𝘯𝘢𝘥𝘦'.
    Me enjaja
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  • -el estaba caminado por el pasillo con las mano en los bolsillos un poco serio -
    -el estaba caminado por el pasillo con las mano en los bolsillos un poco serio -
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  • Faust encontró uno de sus sueteres. Pero... al parecer esta roto.. o ¿esta bien?.

    #SeductiveSunday
    Faust encontró uno de sus sueteres. Pero... al parecer esta roto.. o ¿esta bien?. #SeductiveSunday
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  • — Me dejaron sola 5 minutitos y para arreglar mi nariz me hice un tatuaje, no sé que tiene que ver una cosa con otra pero me veré increíble en otras posiciones
    — Me dejaron sola 5 minutitos y para arreglar mi nariz me hice un tatuaje, no sé que tiene que ver una cosa con otra pero me veré increíble en otras posiciones :STK-20:
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  • No le dije nada.
    Ni una palabra, ni una señal, ni siquiera una mirada distinta. A él no se le anuncian las cosas. Se le hacen.

    Empecé tarde, cuando la casa ya estaba en silencio y el frío se sentía más honesto que durante el día. No necesitaba compañía. Esto no era para compartir, era para preparar. Para sostener algo que todavía no existe, pero que va a estar ahí cuando llegue el momento.
    El bowl quedó frente a mí, pesado, manchado de chocolate desde el primer movimiento. No seguí una receta exacta. Nunca lo hago. Hay cosas que se miden distinto. El chocolate tenía que ser oscuro, intenso, sin concesiones. Nada liviano, nada infantil. No es un cumpleaños cualquiera y él no es cualquier hombre. Mientras mezclaba, pensé en todo lo que no se celebra cuando se vive como él vive. En los años que no se cuentan. En el peso que se carga sin mostrar. En cómo la oscuridad puede ser hogar si uno aprende a habitarla en vez de huirle. Y en como por fin sentía a mi padre cerca, así que era un gesto aun mas mayor.

    No estaba cocinando por costumbre.
    Estaba construyendo algo.

    Cada vuelta del batidor era lenta, firme. No había apuro. Las velas proyectaban sombras irregulares sobre la mesa y, por un momento, la mezcla pareció respirar. Me gustó eso. Me recordó que las cosas bien hechas siempre tienen algo de vida propia.

    No pensé en el festejo. No pensé en los invitados. Pensé en él, en mi padre y como merece cada cosa en este mundo. En su silencio, en su presencia, en todo lo que sostiene incluso cuando nadie lo está mirando.

    Cuando terminé, dejé el batidor a un lado y observé el resultado sonreí estaba realmente quedando perfecto, digno de la celebración que se venia.

    No le dije nada. Ni una palabra, ni una señal, ni siquiera una mirada distinta. A él no se le anuncian las cosas. Se le hacen. Empecé tarde, cuando la casa ya estaba en silencio y el frío se sentía más honesto que durante el día. No necesitaba compañía. Esto no era para compartir, era para preparar. Para sostener algo que todavía no existe, pero que va a estar ahí cuando llegue el momento. El bowl quedó frente a mí, pesado, manchado de chocolate desde el primer movimiento. No seguí una receta exacta. Nunca lo hago. Hay cosas que se miden distinto. El chocolate tenía que ser oscuro, intenso, sin concesiones. Nada liviano, nada infantil. No es un cumpleaños cualquiera y él no es cualquier hombre. Mientras mezclaba, pensé en todo lo que no se celebra cuando se vive como él vive. En los años que no se cuentan. En el peso que se carga sin mostrar. En cómo la oscuridad puede ser hogar si uno aprende a habitarla en vez de huirle. Y en como por fin sentía a mi padre cerca, así que era un gesto aun mas mayor. No estaba cocinando por costumbre. Estaba construyendo algo. Cada vuelta del batidor era lenta, firme. No había apuro. Las velas proyectaban sombras irregulares sobre la mesa y, por un momento, la mezcla pareció respirar. Me gustó eso. Me recordó que las cosas bien hechas siempre tienen algo de vida propia. No pensé en el festejo. No pensé en los invitados. Pensé en él, en mi padre y como merece cada cosa en este mundo. En su silencio, en su presencia, en todo lo que sostiene incluso cuando nadie lo está mirando. Cuando terminé, dejé el batidor a un lado y observé el resultado sonreí estaba realmente quedando perfecto, digno de la celebración que se venia.
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