• Ya es de dia...

    -mira el reloj-

    Oh no llego tarde... Mi padre me va a matar...
    Ya es de dia... -mira el reloj- Oh no llego tarde... Mi padre me va a matar...
    0 turnos 0 maullidos
  • ¡Llevame a ver las estrellas!
    ¡Llevame a ver las estrellas!
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • -¡Voy a comprar algo de comer! ¿Os traigo algo en especial? - Grito la joven desde la puerta con su vestido nuevo mientras revisaba su bolso pensando si se le había olvidado alguna cosa.
    -¡Voy a comprar algo de comer! ¿Os traigo algo en especial? - Grito la joven desde la puerta con su vestido nuevo mientras revisaba su bolso pensando si se le había olvidado alguna cosa.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Buenos días, una buena ducha viene bien para el alma, el cuerpo y para aclarar los pensamientos. * Comenta con una sonrisa* Hoy es un maravilloso días, veamos que sorpresas nos espera.
    Buenos días, una buena ducha viene bien para el alma, el cuerpo y para aclarar los pensamientos. * Comenta con una sonrisa* Hoy es un maravilloso días, veamos que sorpresas nos espera.
    Me encocora
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • ━ "ᴇʟ ꜱɪʟᴇɴᴄɪᴏ ʜᴀʙʟᴀ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ʟᴀꜱ ᴘᴀʟᴀʙʀᴀꜱ ɴᴏ ᴘᴜᴇᴅᴇɴ ʜᴀᴄᴇʀʟᴏ."
    ━ "ᴇʟ ꜱɪʟᴇɴᴄɪᴏ ʜᴀʙʟᴀ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ʟᴀꜱ ᴘᴀʟᴀʙʀᴀꜱ ɴᴏ ᴘᴜᴇᴅᴇɴ ʜᴀᴄᴇʀʟᴏ."
    Me gusta
    Me encocora
    3
    8 turnos 0 maullidos
  • ¡𝐀𝐲 ¿𝐐𝐮𝐢é𝐧 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐢𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨? ¡𝐭𝐮 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐮!

    → 𝐋𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐩𝐚𝐭 𝐩𝐚𝐭 𝐚 𝐬𝐮𝐬 𝐜𝐚𝐜𝐡𝐞𝐭𝐞𝐬. ( Selene Ishtar )
    ¡𝐀𝐲 ¿𝐐𝐮𝐢é𝐧 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐢𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨? ¡𝐭𝐮 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐮! → 𝐋𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐩𝐚𝐭 𝐩𝐚𝐭 𝐚 𝐬𝐮𝐬 𝐜𝐚𝐜𝐡𝐞𝐭𝐞𝐬. ( [Selene1] )
    Me encocora
    Me gusta
    3
    7 turnos 0 maullidos
  • Lectura nocturna, nada fuera de lo normal.
    Lectura nocturna, nada fuera de lo normal.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    7 turnos 0 maullidos
  • 「 𝒯𝓇𝒶𝓂𝒶 𝓂𝒶́𝑔𝒾𝒸𝒶 」

    La habitación de Jean no se limitaba a un dormitorio con una cama, una cómoda y un escritorio. Estaba compuesta, en realidad, por un complejo de habitaciones que harían en total unos tres cuartos unidos entre sí: un salón pequeño, con sillones, una mesa y lo que compone un salón en general; el dormitorio propiamente dicho, con un baño y un cambiador —lo que podría agregar dos habitaciones más a su complejo—, y su parte favorita: un estudio, que no podía compararse al de su padre, pero que estaba bien provisto con un escritorio, unas estanterías con libros que le habían sido obsequiados, y una sección donde hacía sus experimentos, dotado de un microscopio y diversas herramientas más propias de un científico que de un niño.

    Pero el niño en cuestión no estaba realizando ninguna actividad como esa. En realidad, hacia la actividad opuesta, algo que hace tan solo unos días habría pensado como mera fantasía.

    Sentado en la silla de su escritorio, de espaldas a la puerta, mirando hacia el ventanal; tenía los ojos cerrados y parecía sumido en sueños, pero estaba bien despierto, practicando manejar los hilos de la magia presentes en el ambiente.

    Aquella bruja llamada Bloom le había enseñado cómo interactuar con la magia, y Jean estaba en proceso de aprendizaje, tanteando esos hilos tímidamente.

    Pero, de repente, sintió algo que lo hizo saltar de su asiento, abrir los ojos y mirar hacia atrás.
    Algo detrás de la puerta se acercaba.

    Era extraño y difícil de describir, pero si tuviera que usar palabras, diría que lo que experimentaba era una sensación oscura y corrupta.

    De hecho, unos segundos después, escuchó unos golpes, suaves y acompasados.

    Jean lo reconoció como el mayordomo, por lo que se calmó.

    —Adelante —contestó, aún afectado por esa sensación extraña.

    La puerta fue abierta, y quien ingresó fue Sebastián, portando su característica sonrisa gentil.

    —Joven amo —dijo, trayendo en un carrito té y bocadillos.

    —Le he traído algo para comer. No ha bajado para la hora del té.

    Sus palabras transmitían preocupación y, una vez más, Sebastián demostraba ser un mayordomo atento. Sin embargo, Jean todavía seguía sintiéndose extraño.

    Algo parecía decirle que estaba frente a un ser peligroso, maligno y retorcido.

    Jean veía el rostro sonriente de Sebastián con confusión, quedándose quieto como una estatua, como si moverse implicara que la bestia frente a él se lanzara para devorarlo.

    Pero rápidamente se dio cuenta de lo absurdo que eran sus pensamientos.

    “Qué sinsentido. Sebastián es Sebastián”, pensó, asintiéndole con la cabeza al mayordomo, moviéndose y acomodándose para poder comer.

    El mayordomo se acercó y dispuso todo en la mesa, pero Jean seguía sintiendo esa aura proveniente de él, y estando tan cerca, la sensación se había intensificado.

    Fue agobiante: como un dolor punzante que nacía desde su cabeza, y parecía viajar al resto de su cuerpo, como si él mismo estuviera siendo corrompido por esa oscuridad que parecía rodear al sirviente.

    Corrió la cara hacia un lado, como si así pudiera evitarlo
    Sebastián pareció notar su inquietud.

    —¿Se encuentra bien? —preguntó, con una ceja alzada en señal de preocupación.

    Jean asintió, restando importancia con un gesto de la mano.

    —Estoy bien. Puedes retirarte —indicó, deseando que se fuera lo antes posible.

    El mayordomo obedeció, lo reverenció y se retiró sin decir mucho más junto el carrito vacío.

    Cuando se hubo ido, y alejado lo suficiente, Jean soltó un suspiro de alivio. Se llevó una mano al corazón, que todavía latía de manera frenética.

    —¿Qué acaba de suceder? —se preguntó, perplejo.

    ¿Había sido la magia? ¿Había hecho algo malo tratando de invocarla?

    —Tal vez —pensó en voz alta. —Estaba queriendo decirme algo importante.
    「 𝒯𝓇𝒶𝓂𝒶 𝓂𝒶́𝑔𝒾𝒸𝒶 」 La habitación de Jean no se limitaba a un dormitorio con una cama, una cómoda y un escritorio. Estaba compuesta, en realidad, por un complejo de habitaciones que harían en total unos tres cuartos unidos entre sí: un salón pequeño, con sillones, una mesa y lo que compone un salón en general; el dormitorio propiamente dicho, con un baño y un cambiador —lo que podría agregar dos habitaciones más a su complejo—, y su parte favorita: un estudio, que no podía compararse al de su padre, pero que estaba bien provisto con un escritorio, unas estanterías con libros que le habían sido obsequiados, y una sección donde hacía sus experimentos, dotado de un microscopio y diversas herramientas más propias de un científico que de un niño. Pero el niño en cuestión no estaba realizando ninguna actividad como esa. En realidad, hacia la actividad opuesta, algo que hace tan solo unos días habría pensado como mera fantasía. Sentado en la silla de su escritorio, de espaldas a la puerta, mirando hacia el ventanal; tenía los ojos cerrados y parecía sumido en sueños, pero estaba bien despierto, practicando manejar los hilos de la magia presentes en el ambiente. Aquella bruja llamada Bloom le había enseñado cómo interactuar con la magia, y Jean estaba en proceso de aprendizaje, tanteando esos hilos tímidamente. Pero, de repente, sintió algo que lo hizo saltar de su asiento, abrir los ojos y mirar hacia atrás. Algo detrás de la puerta se acercaba. Era extraño y difícil de describir, pero si tuviera que usar palabras, diría que lo que experimentaba era una sensación oscura y corrupta. De hecho, unos segundos después, escuchó unos golpes, suaves y acompasados. Jean lo reconoció como el mayordomo, por lo que se calmó. —Adelante —contestó, aún afectado por esa sensación extraña. La puerta fue abierta, y quien ingresó fue Sebastián, portando su característica sonrisa gentil. —Joven amo —dijo, trayendo en un carrito té y bocadillos. —Le he traído algo para comer. No ha bajado para la hora del té. Sus palabras transmitían preocupación y, una vez más, Sebastián demostraba ser un mayordomo atento. Sin embargo, Jean todavía seguía sintiéndose extraño. Algo parecía decirle que estaba frente a un ser peligroso, maligno y retorcido. Jean veía el rostro sonriente de Sebastián con confusión, quedándose quieto como una estatua, como si moverse implicara que la bestia frente a él se lanzara para devorarlo. Pero rápidamente se dio cuenta de lo absurdo que eran sus pensamientos. “Qué sinsentido. Sebastián es Sebastián”, pensó, asintiéndole con la cabeza al mayordomo, moviéndose y acomodándose para poder comer. El mayordomo se acercó y dispuso todo en la mesa, pero Jean seguía sintiendo esa aura proveniente de él, y estando tan cerca, la sensación se había intensificado. Fue agobiante: como un dolor punzante que nacía desde su cabeza, y parecía viajar al resto de su cuerpo, como si él mismo estuviera siendo corrompido por esa oscuridad que parecía rodear al sirviente. Corrió la cara hacia un lado, como si así pudiera evitarlo Sebastián pareció notar su inquietud. —¿Se encuentra bien? —preguntó, con una ceja alzada en señal de preocupación. Jean asintió, restando importancia con un gesto de la mano. —Estoy bien. Puedes retirarte —indicó, deseando que se fuera lo antes posible. El mayordomo obedeció, lo reverenció y se retiró sin decir mucho más junto el carrito vacío. Cuando se hubo ido, y alejado lo suficiente, Jean soltó un suspiro de alivio. Se llevó una mano al corazón, que todavía latía de manera frenética. —¿Qué acaba de suceder? —se preguntó, perplejo. ¿Había sido la magia? ¿Había hecho algo malo tratando de invocarla? —Tal vez —pensó en voz alta. —Estaba queriendo decirme algo importante.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Ya no encajo en este lugar...

    — intentando entrar en un agujero de un viejo árbol, que su tronco es ancho —
    Ya no encajo en este lugar... — intentando entrar en un agujero de un viejo árbol, que su tronco es ancho —
    2 turnos 0 maullidos
  • Camina alrededor mirando ambos lados, pisando por primera vez un sitio nuevo lejos de Demacia. Tuvo que empacar todo para este momento.
    Camina alrededor mirando ambos lados, pisando por primera vez un sitio nuevo lejos de Demacia. Tuvo que empacar todo para este momento.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados