• — Una mordida ¿siii? Solo una lo prometo.—
    — Una mordida ¿siii? Solo una lo prometo.—
    0 turnos 0 maullidos
  • ◌¨̮͚ *•༄ 𝕴𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖘𝖚𝖓
    #Seductivesunday
    ◌¨̮͚ *•༄ 𝕴𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖘𝖚𝖓 #Seductivesunday
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Jajaha que divertido... Te ves tan indefenso.
    Jajaha que divertido... Te ves tan indefenso.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Me quede sin mora para mejorar mis personajes...
    Asi que.. "me prostituyo por moras (?)"
    Me quede sin mora para mejorar mis personajes... Asi que.. "me prostituyo por moras (?)"
    Me enjaja
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • 𝐂𝐀𝐏𝐈𝐓𝐔𝐋𝐎 𝟏: 𝐄𝐋 𝐈𝐍𝐈𝐂𝐈𝐎 𝐃𝐄𝐋 𝐅𝐈𝐍𝐀𝐋
    Fandom DnD, Baldur's Gate
    Categoría Slice of Life
    A las manos de Rennyn había llegado un nuevo caso, un hombre había desaparecido en la Alta Ciudad de Baldurs Gate, un hombre con influencias importantes, claro… “Desaparecer” era un término muy vago ya que lo único encontrado de él era una cantidad ingente de sangre por el suelo de su morada.

    La única pista que tenían para investigar eran las relaciones de este hombre, es decir, amigos, vecinos, familiares, enemigos.

    Por una parte tenía que el desaparecido era una persona amable con ganas de vivir la vida, según contaban sus amigos.
    Por otra parte tenía a un hombre cariñoso y comprensivo, según su familia.
    Por último tenía que era un hombre que debía demasiado dinero, según sus enemigos.

    Hubiera sido fácil apuntar con el dedo a cualquiera de los que decían que debía dinero ¿Verdad? Y eso hubiera sido un error de novato.



    Aquella noche había ido a su taberna de confianza a beber un buen vino, a veces el alcohol hace que todo vaya más lento y a Rennyn le de el tiempo suficiente para pensar en qué y cómo debe de actuar, le da tiempo para repasar punto por punto aquello que está investigando.

    Y así fue se sumió en sus pensamientos de tal forma que se vio a sí misma en la escena del crimen, en una vista como el de una tercera persona, las manchas de sangre parecían demasiado calculadas, era como si específicamente se hubiera rociado la sangre para ocultar algo, tal vez un rastro ¿Era sangre humana? Eso habría que analizarlo, tal vez si encontraba a alguien con el olfato agudo… Lo segundo en lo que se fijó es que en las paredes había muy pocas manchas por lo que si hubiera, por ejemplo, degollado al desaparecido, este tendría que haber estado suspendido en el aire de forma horizontal, por lo que era demasiado improbable que el desaparecido estuviera muerto. Otra de las cosas que se fijó es que la casa estaba descuidada y no había arrastre de cosas o huellas en la sangre que indicasen unos pasos y alguien moviendo el cuerpo.

    Sin duda toda aquella sangre, primero, no era humana y segundo estaba puesta ahí para ocultar más pistas. Ahora sabía lo que tenía que hacer, enviaría a los guardias a que investigasen la zona, revisar sótanos ocultos, habitaciones ocultas, tal vez hasta una salida al tejado que no hubieran visto, quería que examinasen los tablones de madera del suelo buscando indicios de forcejeo y lucha, quería una segunda opinión.

    Aquella misma noche, tras su reflexión junto al alcohol hasta altas horas de la noche, caminó hasta quedar frente a la puerta de su hogar, no había luz alguna en las ventanas, por alguna razón esperaba que sí la hubiera, pero vivía sola.

    Se quedó mirando aquella puerta de madera pulida, con detalles chapados en oro, un pomo dorado perfectamente redondo, tuvo el ademán de tomar el pomo y girarlo, pero no lo hizo ¿Qué iba a encontrar? Polvo, telas de araña y ratas.

    Dio varios pasos atrás observando las dos ventanas que había sobre la puerta, daban al segundo piso, a lo que sería su habitación, allí si uno forzaba la vista, si uno no miraba, observaba podía adivinar unas cortinas de gasa blancas translúcidas, y tras ellas… la figura de un ser sonriendo.

    Rennyn dio media vuelta atemorizada, volvería a “dormir” a su despacho, allí al menos se concentraría en su nuevo caso.

    Tras una larga caminata desde su hogar hasta los juzgados, subió a su despacho, encendió las velas para tener la lumbre suficiente como para que pareciera un lugar “acogedor” y se sentó sobre su gran silla con las almohadillas forradas con terciopelo rojo.

    — Si han ocultado que está, presuntamente, vivo.
    Si han perdido el tiempo en borrar un rastro derramando sangre…
    Tenemos que encontrar un desliz, algo debe de haber, algo se nos escapa.

    Había cogido una pluma, la había cargado de tinta y escribía rápidamente, con una letra que solo Rennyn entendía, detallaba y documentaba el caso, sabía que aquello no quedaría resuelto en dos días. Necesitaba más información aquello era demasiado poco como para tener una hipótesis digna de un gran erudito de la resolución de casos.

    Y mientras escribía le vino el recuerdo de aquella sonrisa siniestra que veía de vez en cuando en la ventana de su habitación más allá de la medianoche, la pluma se le resbaló de la mano dejando una gran mancha de tinta, se maldijo por haberse manchado. Y aquella sensación de querer abrir por la ventana, y saltar de esta y acabar con todo apareció en su menudo cuerpo, si bien no era la primera vez que lo pensaba desde que perdió la Perla familiar, aquel tesoro de la familia Silvershield, sí que caminó hasta el ventanal y abrió de par en par.

    — Si por mil veces el mundo pereciera, estoy con aquellos que piensan que el mundo perecerá con el fuego.

    Decir aquello en voz alta le dio una terrible idea, prender fuego a su hogar.

    Desde el ventanal de su despacho podía ver el tejado de su morada en desuso, y si... ¿Y si le prendía fuego y dejaba que todo ardiera hasta los cimientos? Empezaba a necesitar darle a su pasado un bautismo de fuego.
    A las manos de Rennyn había llegado un nuevo caso, un hombre había desaparecido en la Alta Ciudad de Baldurs Gate, un hombre con influencias importantes, claro… “Desaparecer” era un término muy vago ya que lo único encontrado de él era una cantidad ingente de sangre por el suelo de su morada. La única pista que tenían para investigar eran las relaciones de este hombre, es decir, amigos, vecinos, familiares, enemigos. Por una parte tenía que el desaparecido era una persona amable con ganas de vivir la vida, según contaban sus amigos. Por otra parte tenía a un hombre cariñoso y comprensivo, según su familia. Por último tenía que era un hombre que debía demasiado dinero, según sus enemigos. Hubiera sido fácil apuntar con el dedo a cualquiera de los que decían que debía dinero ¿Verdad? Y eso hubiera sido un error de novato. Aquella noche había ido a su taberna de confianza a beber un buen vino, a veces el alcohol hace que todo vaya más lento y a Rennyn le de el tiempo suficiente para pensar en qué y cómo debe de actuar, le da tiempo para repasar punto por punto aquello que está investigando. Y así fue se sumió en sus pensamientos de tal forma que se vio a sí misma en la escena del crimen, en una vista como el de una tercera persona, las manchas de sangre parecían demasiado calculadas, era como si específicamente se hubiera rociado la sangre para ocultar algo, tal vez un rastro ¿Era sangre humana? Eso habría que analizarlo, tal vez si encontraba a alguien con el olfato agudo… Lo segundo en lo que se fijó es que en las paredes había muy pocas manchas por lo que si hubiera, por ejemplo, degollado al desaparecido, este tendría que haber estado suspendido en el aire de forma horizontal, por lo que era demasiado improbable que el desaparecido estuviera muerto. Otra de las cosas que se fijó es que la casa estaba descuidada y no había arrastre de cosas o huellas en la sangre que indicasen unos pasos y alguien moviendo el cuerpo. Sin duda toda aquella sangre, primero, no era humana y segundo estaba puesta ahí para ocultar más pistas. Ahora sabía lo que tenía que hacer, enviaría a los guardias a que investigasen la zona, revisar sótanos ocultos, habitaciones ocultas, tal vez hasta una salida al tejado que no hubieran visto, quería que examinasen los tablones de madera del suelo buscando indicios de forcejeo y lucha, quería una segunda opinión. Aquella misma noche, tras su reflexión junto al alcohol hasta altas horas de la noche, caminó hasta quedar frente a la puerta de su hogar, no había luz alguna en las ventanas, por alguna razón esperaba que sí la hubiera, pero vivía sola. Se quedó mirando aquella puerta de madera pulida, con detalles chapados en oro, un pomo dorado perfectamente redondo, tuvo el ademán de tomar el pomo y girarlo, pero no lo hizo ¿Qué iba a encontrar? Polvo, telas de araña y ratas. Dio varios pasos atrás observando las dos ventanas que había sobre la puerta, daban al segundo piso, a lo que sería su habitación, allí si uno forzaba la vista, si uno no miraba, observaba podía adivinar unas cortinas de gasa blancas translúcidas, y tras ellas… la figura de un ser sonriendo. Rennyn dio media vuelta atemorizada, volvería a “dormir” a su despacho, allí al menos se concentraría en su nuevo caso. Tras una larga caminata desde su hogar hasta los juzgados, subió a su despacho, encendió las velas para tener la lumbre suficiente como para que pareciera un lugar “acogedor” y se sentó sobre su gran silla con las almohadillas forradas con terciopelo rojo. — Si han ocultado que está, presuntamente, vivo. Si han perdido el tiempo en borrar un rastro derramando sangre… Tenemos que encontrar un desliz, algo debe de haber, algo se nos escapa. Había cogido una pluma, la había cargado de tinta y escribía rápidamente, con una letra que solo Rennyn entendía, detallaba y documentaba el caso, sabía que aquello no quedaría resuelto en dos días. Necesitaba más información aquello era demasiado poco como para tener una hipótesis digna de un gran erudito de la resolución de casos. Y mientras escribía le vino el recuerdo de aquella sonrisa siniestra que veía de vez en cuando en la ventana de su habitación más allá de la medianoche, la pluma se le resbaló de la mano dejando una gran mancha de tinta, se maldijo por haberse manchado. Y aquella sensación de querer abrir por la ventana, y saltar de esta y acabar con todo apareció en su menudo cuerpo, si bien no era la primera vez que lo pensaba desde que perdió la Perla familiar, aquel tesoro de la familia Silvershield, sí que caminó hasta el ventanal y abrió de par en par. — Si por mil veces el mundo pereciera, estoy con aquellos que piensan que el mundo perecerá con el fuego. Decir aquello en voz alta le dio una terrible idea, prender fuego a su hogar. Desde el ventanal de su despacho podía ver el tejado de su morada en desuso, y si... ¿Y si le prendía fuego y dejaba que todo ardiera hasta los cimientos? Empezaba a necesitar darle a su pasado un bautismo de fuego.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    Me encocora
    1
    0 turnos 1 maullido
  • 𝐑𝐞𝐧𝐧𝐲𝐧, 𝐥𝐚 𝐥𝐞𝐲 𝐝𝐞 𝐩𝐥𝐚𝐭𝐚
    •   ·               ·             ·   ✦     .            *            ˚                 ✦   ·             ·   · ˚  ...
    Me encocora
    1
    0 comentarios 1 compartido
  • 𝐏𝐑𝐄𝐋𝐔𝐃𝐈𝐎: 𝐄𝐋 𝐒𝐈𝐋𝐄𝐍𝐂𝐈𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐏𝐄́𝐑𝐃𝐈𝐃𝐀
    Fandom DnD, Baldur's Gate
    Categoría Slice of Life
    En los juzgados de Baldur’s Gate reinaba el silencio, un silencio que se constituía por las cosas que faltaban, si uno oía atentamente podría escuchar que no había el murmullo de alguien que necesitase ayuda por ser salvado de una acusación injusta, ni tampoco el movimiento apresurado de los becarios, tampoco estaba el sonido de las plumas escribiendo sobre pergaminos, ni el de los jueces debatiendo entre ellos sobre un caso concreto, aquel silencio era el silencio de la pérdida y Rennyn que estaba sentada en su lujosa silla y leía el periódico, era su dueña.



    Aquella mañana, que no era especial, ni diferente a las demás, Rennyn sentía todavía más el abrazo de la Dama de la Pérdida. Pocos eran los adoradores de la dama Sharr en Puerta de Baldur, pero… ella había perdido algo demasiado valioso y el consuelo de la dama oscura le había llenado un vacío en el corazón que nadie era capaz de rellenar.
    Rennyn revisaba viejos papeles, viejos periódicos rememorando una noche fatídica, aquella en la que perdió su hermosa perla, una perla que era la más valiosa. Era una perla especial.

    El silencio se vio interrumpido por alguien que llamaba a la puerta.

    — ¿Sí?

    Alzó la voz Rennyn que miró por encima de una lupa que tenía en la mano derecha, la puerta se abrió y dio paso a un hombre moreno, que ya algunas canas peinaba de ojos fríos como el hielo y un tanto musculoso, era el carcelero.

    — Magistrada, deberíamos hablar.

    — ¿Hmpf?

    Ella no se metía en los “dominios” del carcelero ni él en los suyos, por lo que aquella interacción le resultó tan extraña como molesta.

    — Hay un prisionero que deberías de escuchar, ha pedido la cabeza pero…

    — Muchos pierden la cabeza bajo tu mando, y no lo juzgo pero ¿Para qué querría yo escuchar los lamentos de un loco?

    — Porque a veces los locos dicen la verdad.

    Si bien era cierto aquello que decían, pues los locos no tenían conciencia de lo que estaba “bien” o “mal” o lo que era “correcto contar” o no, Rennyn asintió.

    — Bien, pero espero que al menos hoy haya desayunado.

    — Como siempre, Magistrada. Alimento mínimo, una vez por día.

    — Denigrante.

    — Son presos, no merecen dignidad alguna, cometieron crimenes.

    — No pienso discutir contigo sobre la reinserción de presos dentro de la sociedad, y menos cuando eres un bruto sin cerebro, llévame ante el preso.

    Y así fue, el carcelero y la magistrada bajaron aquellas escaleras de piedra que daban a los calabozos, era un lugar frío y húmedo, no tenía ninguna comodidad, muchos presos habían muerto entre aquellas rocas, ya fuera por los malos tratos, por su vejez o por que sencillamente habían encontrado la forma de quitarse la vida. Los fantasmas de aquellas atrocidades atormentaban a Rennyn, a decir verdad, odiaba aquel lugar oscuro y frío, lo odiaba con toda su alma. Pero un canturreo la sacó de un monólogo obsesivo interno.

    “ A los escudos de plata una perla robaron,
    ellos se la comieron, ellos se la zamparon.”

    Rennyn abrió tanto los ojos que una rabia intensa hizo que de su cintura descolgara su martillo de plata, sin pensarlo, pero fue el carcelero quien con una delicadeza poco propia de un hombre de su tamaño posó la mano sobre el martillo y lentamente lo bajo observando a través de sus pestañas a la magistrada.

    — Ahora lo entiendes.

    — Mátalo.

    Rennyn mostró su rostro más estoico e inexpresivo.
    El carcelero se llevó la mano al pecho, sonrió.

    — Como ordene, mi señora.

    Rennyn era la ley de plata, la ley de la pérdida, la ley. Ella determinaba quién bajo su mirada debía ser juzgado de muerte y quién no… y cuando encontrase a aquel ser que le robó su perla, iba a matarlo con sus propias manos.
    En los juzgados de Baldur’s Gate reinaba el silencio, un silencio que se constituía por las cosas que faltaban, si uno oía atentamente podría escuchar que no había el murmullo de alguien que necesitase ayuda por ser salvado de una acusación injusta, ni tampoco el movimiento apresurado de los becarios, tampoco estaba el sonido de las plumas escribiendo sobre pergaminos, ni el de los jueces debatiendo entre ellos sobre un caso concreto, aquel silencio era el silencio de la pérdida y Rennyn que estaba sentada en su lujosa silla y leía el periódico, era su dueña. Aquella mañana, que no era especial, ni diferente a las demás, Rennyn sentía todavía más el abrazo de la Dama de la Pérdida. Pocos eran los adoradores de la dama Sharr en Puerta de Baldur, pero… ella había perdido algo demasiado valioso y el consuelo de la dama oscura le había llenado un vacío en el corazón que nadie era capaz de rellenar. Rennyn revisaba viejos papeles, viejos periódicos rememorando una noche fatídica, aquella en la que perdió su hermosa perla, una perla que era la más valiosa. Era una perla especial. El silencio se vio interrumpido por alguien que llamaba a la puerta. — ¿Sí? Alzó la voz Rennyn que miró por encima de una lupa que tenía en la mano derecha, la puerta se abrió y dio paso a un hombre moreno, que ya algunas canas peinaba de ojos fríos como el hielo y un tanto musculoso, era el carcelero. — Magistrada, deberíamos hablar. — ¿Hmpf? Ella no se metía en los “dominios” del carcelero ni él en los suyos, por lo que aquella interacción le resultó tan extraña como molesta. — Hay un prisionero que deberías de escuchar, ha pedido la cabeza pero… — Muchos pierden la cabeza bajo tu mando, y no lo juzgo pero ¿Para qué querría yo escuchar los lamentos de un loco? — Porque a veces los locos dicen la verdad. Si bien era cierto aquello que decían, pues los locos no tenían conciencia de lo que estaba “bien” o “mal” o lo que era “correcto contar” o no, Rennyn asintió. — Bien, pero espero que al menos hoy haya desayunado. — Como siempre, Magistrada. Alimento mínimo, una vez por día. — Denigrante. — Son presos, no merecen dignidad alguna, cometieron crimenes. — No pienso discutir contigo sobre la reinserción de presos dentro de la sociedad, y menos cuando eres un bruto sin cerebro, llévame ante el preso. Y así fue, el carcelero y la magistrada bajaron aquellas escaleras de piedra que daban a los calabozos, era un lugar frío y húmedo, no tenía ninguna comodidad, muchos presos habían muerto entre aquellas rocas, ya fuera por los malos tratos, por su vejez o por que sencillamente habían encontrado la forma de quitarse la vida. Los fantasmas de aquellas atrocidades atormentaban a Rennyn, a decir verdad, odiaba aquel lugar oscuro y frío, lo odiaba con toda su alma. Pero un canturreo la sacó de un monólogo obsesivo interno. “ A los escudos de plata una perla robaron, ellos se la comieron, ellos se la zamparon.” Rennyn abrió tanto los ojos que una rabia intensa hizo que de su cintura descolgara su martillo de plata, sin pensarlo, pero fue el carcelero quien con una delicadeza poco propia de un hombre de su tamaño posó la mano sobre el martillo y lentamente lo bajo observando a través de sus pestañas a la magistrada. — Ahora lo entiendes. — Mátalo. Rennyn mostró su rostro más estoico e inexpresivo. El carcelero se llevó la mano al pecho, sonrió. — Como ordene, mi señora. Rennyn era la ley de plata, la ley de la pérdida, la ley. Ella determinaba quién bajo su mirada debía ser juzgado de muerte y quién no… y cuando encontrase a aquel ser que le robó su perla, iba a matarlo con sus propias manos.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    Me encocora
    1
    0 turnos 1 maullido
  • #SmileSunday

    — ¿Una sonrisa? Que petición más patética, muy bien aquí la tienes.
    #SmileSunday — ¿Una sonrisa? Que petición más patética, muy bien aquí la tienes. ㅤ
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝓣𝓱𝓮 𝓰𝓻𝓮𝓪𝓽𝓮𝓼𝓽 𝓽𝓱𝓲𝓷𝓰
    𝓨𝓸𝓾'𝓵𝓵 𝓮𝓿𝓮𝓻 𝓵𝓮𝓪𝓻𝓷
    𝓘𝓼 𝓳𝓾𝓼𝓽 𝓽𝓸 𝓵𝓸𝓿𝓮
    𝓐𝓷𝓭 𝓫𝓮 𝓵𝓸𝓿𝓮𝓭 𝓲𝓷 𝓻𝓮𝓽𝓾𝓻𝓷
    𝓣𝓱𝓮 𝓰𝓻𝓮𝓪𝓽𝓮𝓼𝓽 𝓽𝓱𝓲𝓷𝓰 𝓨𝓸𝓾'𝓵𝓵 𝓮𝓿𝓮𝓻 𝓵𝓮𝓪𝓻𝓷 𝓘𝓼 𝓳𝓾𝓼𝓽 𝓽𝓸 𝓵𝓸𝓿𝓮 𝓐𝓷𝓭 𝓫𝓮 𝓵𝓸𝓿𝓮𝓭 𝓲𝓷 𝓻𝓮𝓽𝓾𝓻𝓷
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ~ MonoRol ~
    ~ Perdida de un amigo

    - mientras todos estaban allí , tristes y a la vez molesto por lo que le había sucedido a jade , Isolde estaba más detrosalda por qué el se habia sacrifuado por ella y chion estaba moleso pero solo podria escuchar decirle una cosa -

    Chion,espera!

    -el se quedó a verme mientras estaba allí llorando callendo las lágrimas y hablado entre lágrimas -

    El único culpable , de esto soy yo
    Nada de esto hubiera pasado si por tener algo de información ....
    Esto es solo mi culpa, Jade aún estubiera aquí con nosotros.

    - Príncipe Tristán no solo se sentía triste por eso también culpable por la muerte de Jade.-
    ~ MonoRol ~ ~ Perdida de un amigo - mientras todos estaban allí , tristes y a la vez molesto por lo que le había sucedido a jade , Isolde estaba más detrosalda por qué el se habia sacrifuado por ella y chion estaba moleso pero solo podria escuchar decirle una cosa - Chion,espera! -el se quedó a verme mientras estaba allí llorando callendo las lágrimas y hablado entre lágrimas - El único culpable , de esto soy yo Nada de esto hubiera pasado si por tener algo de información .... Esto es solo mi culpa, Jade aún estubiera aquí con nosotros. - Príncipe Tristán no solo se sentía triste por eso también culpable por la muerte de Jade.-
    Me entristece
    1
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados