El bosque siempre me ha brindado una paz que pocos lugares pueden ofrecer. A pesar de la luz del sol que intentaba abrirse paso entre las copas de los árboles, mi parasol me protegía mientras caminaba lentamente por el sendero. Los sonidos de la naturaleza me envolvían, y por un momento, el mundo parecía sereno.
Entonces lo vi. Entre las hojas y ramas, algo vibrante llamó mi atención. Me detuve, inclinando la cabeza para ver mejor. Un pequeño periquito de plumas azules descansaba sobre una rama baja. Sus colores contrastaban tanto con el verde que casi parecía irreal, como una joya perdida entre el follaje.
Me acerqué con cautela, cuidando no hacer ruido para no asustarlo. Era hermoso. Sus pequeñas alas destellaban bajo la luz, y por un momento, olvidé completamente todo lo que me pesaba. Solo estábamos el pájaro y yo, en la tranquilidad del bosque.
El bosque siempre me ha brindado una paz que pocos lugares pueden ofrecer. A pesar de la luz del sol que intentaba abrirse paso entre las copas de los árboles, mi parasol me protegía mientras caminaba lentamente por el sendero. Los sonidos de la naturaleza me envolvían, y por un momento, el mundo parecía sereno.
Entonces lo vi. Entre las hojas y ramas, algo vibrante llamó mi atención. Me detuve, inclinando la cabeza para ver mejor. Un pequeño periquito de plumas azules descansaba sobre una rama baja. Sus colores contrastaban tanto con el verde que casi parecía irreal, como una joya perdida entre el follaje.
Me acerqué con cautela, cuidando no hacer ruido para no asustarlo. Era hermoso. Sus pequeñas alas destellaban bajo la luz, y por un momento, olvidé completamente todo lo que me pesaba. Solo estábamos el pájaro y yo, en la tranquilidad del bosque.