─────────"𝙰𝚗 𝚞𝚗𝚎𝚡𝚙𝚎𝚌𝚝𝚎𝚍 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚛𝚟𝚒𝚎𝚠"─────────
La medianoche la encontró avanzando hacia el corazón de la ciudad.
El mensaje había sido escueto. Anónimo. Demasiado correcto para ser un error, demasiado curioso para ignorarlo. Una cita. Una dirección. Pero ningún nombre, sin firmas ni remitentes. Erin lo archivó como lo que probablemente era: otro encargo más… o algo que pretendía serlo. La noche, sin embargo, se comportaba con una calma casi ofensiva, excesiva. Sin presagios. Sin ruido.
Y ella —que no se movía por obligación, sino por elección— aceptó la invitación como quien invierte en riesgo buscando rendimiento emocional.
El parque era pequeño, discreto, apenas iluminado por faroles cansados. Se detuvo allí, apoyándose con naturalidad contra la baranda, aguardando, llevando su mirada carmesí a cada rincón. Más no apresuró nada. La paciencia también era una forma de poder.
Y al cabo de unos minutos, de una vez lo sintió. No un sonido. No un movimiento.
Una presencia.
Sin descuidar su guardia, giró el rostro enseguida cuando la figura ajena se definió entre las sombras… y por primera vez desde que había llegado, algo no encajó. Aquella apariencia no correspondía con los perfiles habituales. No era el tipo de interlocutor con el que solía cerrar tratos. Ni por forma, ni por fondo.
Ladeó apenas la cabeza, evaluando. Luego habló, con calma ejecutiva y una curiosidad genuina filtrándose entre las palabras:
───Interesante… ─── Le dijo, midiendo a la contraria, mirándola de arriba a abajo ───. No encajas con mis contactos habituales. ───
Sus ojos se alzaron con precisión quirúrgica hacia sus ojos azules.
───Así que, dime ───Continuó ─── ¿Cómo lograste encontrarme… y por qué exactamente decidiste citarme aquí? ───
La pregunta floto en el aire mientras una brisa las acarició y el silencio se hizo presente nuevamente.
─────────"𝙰𝚗 𝚞𝚗𝚎𝚡𝚙𝚎𝚌𝚝𝚎𝚍 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚛𝚟𝚒𝚎𝚠"─────────
La medianoche la encontró avanzando hacia el corazón de la ciudad.
El mensaje había sido escueto. Anónimo. Demasiado correcto para ser un error, demasiado curioso para ignorarlo. Una cita. Una dirección. Pero ningún nombre, sin firmas ni remitentes. Erin lo archivó como lo que probablemente era: otro encargo más… o algo que pretendía serlo. La noche, sin embargo, se comportaba con una calma casi ofensiva, excesiva. Sin presagios. Sin ruido.
Y ella —que no se movía por obligación, sino por elección— aceptó la invitación como quien invierte en riesgo buscando rendimiento emocional.
El parque era pequeño, discreto, apenas iluminado por faroles cansados. Se detuvo allí, apoyándose con naturalidad contra la baranda, aguardando, llevando su mirada carmesí a cada rincón. Más no apresuró nada. La paciencia también era una forma de poder.
Y al cabo de unos minutos, de una vez lo sintió. No un sonido. No un movimiento.
Una presencia.
Sin descuidar su guardia, giró el rostro enseguida cuando la figura ajena se definió entre las sombras… y por primera vez desde que había llegado, algo no encajó. Aquella apariencia no correspondía con los perfiles habituales. No era el tipo de interlocutor con el que solía cerrar tratos. Ni por forma, ni por fondo.
Ladeó apenas la cabeza, evaluando. Luego habló, con calma ejecutiva y una curiosidad genuina filtrándose entre las palabras:
───Interesante… ─── Le dijo, midiendo a la contraria, mirándola de arriba a abajo ───. No encajas con mis contactos habituales. ───
Sus ojos se alzaron con precisión quirúrgica hacia sus ojos azules.
───Así que, dime ───Continuó ─── ¿Cómo lograste encontrarme… y por qué exactamente decidiste citarme aquí? ───
La pregunta floto en el aire mientras una brisa las acarició y el silencio se hizo presente nuevamente.