• Ya es lunes, la verdad no quiero ni deseo levantarme. Tengo flojera aparte ... muchas cosas por hacer .
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  • — 𝖠𝗅 𝖿𝗂𝗇𝖺𝗅 𝗎𝗌𝗍𝖾𝖽𝖾𝗌 𝗌𝗈𝗇 𝗆𝗂 𝗎́𝗇𝗂𝖼𝖺 𝖼𝗈𝗆𝗉𝖺𝗇̃𝗂́𝖺, ¿𝗇𝗈?
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  • +chibi sacaba su calabaza de plástico y su espada de Minecraft, los amenazaba para que le dieran dulces +o0o9
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  • Hoy no ando de buen humor. (?)
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  • *Historias de Folcrore Japonés*

    Ōmukade

    Cuentan las antiguas leyendas que los Ōmukade eran ciempiés colosales, engendros con la ferocidad de dragones, cuyos cuerpos serpenteaban por los rincones más inhóspitos del mundo. Se dice que uno de estos monstruos acechaba cerca de un puente en la remota prefectura de Shiga, su presencia oscureciendo los cielos y perturbando la tranquilidad de los viajeros que osaban cruzar. Las aguas torrentosas bajo el puente rugían como si compartieran el mismo odio implacable de la bestia, impidiendo el paso con su amenaza.

    Fue en este escenario de sombras donde un guerrero de gran renombre, Hidesato, decidió enfrentar lo imposible. Con el coraje como su única armadura, avanzó hacia el puente, y allí, en una feroz batalla que sacudió los cimientos de la tierra, hizo caer al monstruoso Ōmukade en las profundidades de las aguas embravecidas. Pero esta victoria fue solo el preludio de su destino.

    El verdadero desafío aguardaba en las faldas del Monte Mikami, donde un segundo Ōmukade, aún más terrible, aguardaba al valiente Hidesato. Este coloso, envuelto en un manto de escamas impenetrables, parecía invulnerable a los golpes de su espada y las flechas de su arco. Una y otra vez, las armas del guerrero rebotaban inofensivamente contra la dura armadura de la criatura, mientras la bestia soltaba gruñidos que resonaban como truenos en la montaña. La batalla se extendía, y Hidesato comenzaba a sentir el peso del cansancio, viendo cómo sus esperanzas se reducían a una sola flecha.

    En un acto de fe y desesperación, Hidesato tomó esa última flecha y, con el viento soplando a su favor, escupió sobre ella y elevó una plegaria a Hachiman, el dios de los guerreros, rogando por su intervención. Fue como si los cielos respondieran, y en ese instante, la flecha voló como un rayo, silbando en el aire cargado de presagios. Aquel proyectil bendecido encontró el único punto débil del monstruo, penetrando su armadura como si rompiera el cielo mismo. Con un rugido desgarrador que estremeció la montaña, el segundo Ōmukade cayó, derrotado por la mano del hombre y la voluntad de los dioses.

    Así, el guerrero Hidesato se alzó victorioso, su nombre grabado en la leyenda como aquel que domó a las bestias que ninguna espada pudo doblegar. Las aguas del puente y las faldas del monte Mikami se calmaron, y el eco de la hazaña resonó en los corazones de los hombres, recordando que incluso los monstruos más imponentes sucumben ante la valentía y la fe.

    *Historias de Folcrore Japonés* Ōmukade Cuentan las antiguas leyendas que los Ōmukade eran ciempiés colosales, engendros con la ferocidad de dragones, cuyos cuerpos serpenteaban por los rincones más inhóspitos del mundo. Se dice que uno de estos monstruos acechaba cerca de un puente en la remota prefectura de Shiga, su presencia oscureciendo los cielos y perturbando la tranquilidad de los viajeros que osaban cruzar. Las aguas torrentosas bajo el puente rugían como si compartieran el mismo odio implacable de la bestia, impidiendo el paso con su amenaza. Fue en este escenario de sombras donde un guerrero de gran renombre, Hidesato, decidió enfrentar lo imposible. Con el coraje como su única armadura, avanzó hacia el puente, y allí, en una feroz batalla que sacudió los cimientos de la tierra, hizo caer al monstruoso Ōmukade en las profundidades de las aguas embravecidas. Pero esta victoria fue solo el preludio de su destino. El verdadero desafío aguardaba en las faldas del Monte Mikami, donde un segundo Ōmukade, aún más terrible, aguardaba al valiente Hidesato. Este coloso, envuelto en un manto de escamas impenetrables, parecía invulnerable a los golpes de su espada y las flechas de su arco. Una y otra vez, las armas del guerrero rebotaban inofensivamente contra la dura armadura de la criatura, mientras la bestia soltaba gruñidos que resonaban como truenos en la montaña. La batalla se extendía, y Hidesato comenzaba a sentir el peso del cansancio, viendo cómo sus esperanzas se reducían a una sola flecha. En un acto de fe y desesperación, Hidesato tomó esa última flecha y, con el viento soplando a su favor, escupió sobre ella y elevó una plegaria a Hachiman, el dios de los guerreros, rogando por su intervención. Fue como si los cielos respondieran, y en ese instante, la flecha voló como un rayo, silbando en el aire cargado de presagios. Aquel proyectil bendecido encontró el único punto débil del monstruo, penetrando su armadura como si rompiera el cielo mismo. Con un rugido desgarrador que estremeció la montaña, el segundo Ōmukade cayó, derrotado por la mano del hombre y la voluntad de los dioses. Así, el guerrero Hidesato se alzó victorioso, su nombre grabado en la leyenda como aquel que domó a las bestias que ninguna espada pudo doblegar. Las aguas del puente y las faldas del monte Mikami se calmaron, y el eco de la hazaña resonó en los corazones de los hombres, recordando que incluso los monstruos más imponentes sucumben ante la valentía y la fe.
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  • 𝗘𝗦𝗖𝗢𝗖𝗜𝗔 𝟭𝟴𝟭𝟳
    Fandom Bridgerton
    Categoría Original
    Como último intento de desesperación aprovechando que pille a solas a mi primo Michael Stirling
    Volví a insistirle para que aceptará mi petición
    Como último intento de desesperación aprovechando que pille a solas a mi primo [WStirling] Volví a insistirle para que aceptará mi petición
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
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  • Trabajar por su cuenta, sin estar ligado a ninguna entidad o Ministerio, significaba que tenía una montaña de papeleo en su propia habitación de la que no podía escapar. También significaba que podía escoger a qué sitio acudir imponiendo su propio horario o preferencia, lo que daba lugar a que terminara llegando a los sitios más tarde de lo que debería.

    Cuando vio el sello de Gringotts sobre su escritorio en un pergamino cuidadosamente doblado (sí, todavía solían usarse lechuzas para ese tipo de encargos), le faltó tiempo para cambiarse de ropa, domar su cabello siempre despeinado y aparecerse frente a la puerta del banco de los duendes no sin generar cierta sorpresa entre los que entraban y salían. Mientras andaba por los silenciosos pasillos del lugar bajo la atenta mirada de cada uno de los duendes, fue leyendo el pergamino para saber qué rigurosa y bien pagada tarea tendría que llevar a cabo. Lo que no esperaba era que la raíz de su llamada fuera poder acceder a unas cámaras antiguas que alguien había intentado saquear y que, por ahora, se mantenía en el más estrecho silencio. Silencio que habían roto con él y, para su sorpresa, con cierta mujer que conocía muy bien y que ya se encontraba allí hablando con el duende que permitía el acceso a las profundidades.

    —¿Investigando el tema que no puedo pronunciar en voz alta para evitar que a estos duendes les de un ataque al corazón? —susurra a su oído, cortando sin ningún tipo de vergüenza la conversación que mantenía.
    Trabajar por su cuenta, sin estar ligado a ninguna entidad o Ministerio, significaba que tenía una montaña de papeleo en su propia habitación de la que no podía escapar. También significaba que podía escoger a qué sitio acudir imponiendo su propio horario o preferencia, lo que daba lugar a que terminara llegando a los sitios más tarde de lo que debería. Cuando vio el sello de Gringotts sobre su escritorio en un pergamino cuidadosamente doblado (sí, todavía solían usarse lechuzas para ese tipo de encargos), le faltó tiempo para cambiarse de ropa, domar su cabello siempre despeinado y aparecerse frente a la puerta del banco de los duendes no sin generar cierta sorpresa entre los que entraban y salían. Mientras andaba por los silenciosos pasillos del lugar bajo la atenta mirada de cada uno de los duendes, fue leyendo el pergamino para saber qué rigurosa y bien pagada tarea tendría que llevar a cabo. Lo que no esperaba era que la raíz de su llamada fuera poder acceder a unas cámaras antiguas que alguien había intentado saquear y que, por ahora, se mantenía en el más estrecho silencio. Silencio que habían roto con él y, para su sorpresa, con cierta mujer que conocía muy bien y que ya se encontraba allí hablando con el duende que permitía el acceso a las profundidades. —¿Investigando el tema que no puedo pronunciar en voz alta para evitar que a estos duendes les de un ataque al corazón? —susurra a su oído, cortando sin ningún tipo de vergüenza la conversación que mantenía.
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  • Yo no soy celoso... Cuido lo que es mío

    Pero...

    https://vm.tiktok.com/ZMhyCTbCH/
    Yo no soy celoso... Cuido lo que es mío Pero... https://vm.tiktok.com/ZMhyCTbCH/
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  • Una hermosa mañana otoñal, sentada en el columpio de la Mansion. Sumida en mis propios pensamientos existenciales.
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  • Supongo que será un largo día ¿Que puede pasar?
    Supongo que será un largo día ¿Que puede pasar?
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