• Solo quiero descansar un poco más, fue un día pesado.
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  • — El mal es un punto de vista. Dios asesina y nosotros también; indiscriminadamente. Él arrasa a ricos y pobres y nosotros hacemos lo mismo; porque ninguna criatura es igual a nosotros, ninguna tan parecida a Él como nosotros, ángeles oscuros no confiados a los límites hediondos del infierno sino por Su tierra y todos Sus reinos. —

    — El mal es un punto de vista. Dios asesina y nosotros también; indiscriminadamente. Él arrasa a ricos y pobres y nosotros hacemos lo mismo; porque ninguna criatura es igual a nosotros, ninguna tan parecida a Él como nosotros, ángeles oscuros no confiados a los límites hediondos del infierno sino por Su tierra y todos Sus reinos. —
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  • — ¿Qué hay que conocer? ¿Qué hay que dar? Somos los abandonados de Dios. Y delante de mí no se extiende ninguna Senda del Diablo, ni suena en mis oídos ninguna campana del infierno. —
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  • — No te asustes, aún no planeo que mueras, porque si lo quisiera no estarías aquí frente a mi.—
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  • Nada como una buena ducha antes de recostarse para reposar, bostezando aperezado y tomando su celular mientras revisaba algunas redes.

    Se había quedado pensativo, Adán estaba ahí acompañándolo y a veces a su marcha, pero no sabía si aún tenía la idea de irse, quizá sería bueno hablar durante la mañana.
    Y no era el único, tampoco había visto a Sesshomaru cuando los demás parecían haber vuelto a su forma poco a poco.

    —Me pregunto si estará bien... Que ni crea que se libra luego de cogerse a mi esposo.

    Suspiró y siguió jugando en el celular un rato más.
    Nada como una buena ducha antes de recostarse para reposar, bostezando aperezado y tomando su celular mientras revisaba algunas redes. Se había quedado pensativo, Adán estaba ahí acompañándolo y a veces a su marcha, pero no sabía si aún tenía la idea de irse, quizá sería bueno hablar durante la mañana. Y no era el único, tampoco había visto a Sesshomaru cuando los demás parecían haber vuelto a su forma poco a poco. —Me pregunto si estará bien... Que ni crea que se libra luego de cogerse a mi esposo. Suspiró y siguió jugando en el celular un rato más.
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  • — te amo demasiado mi hermosa princesa

    [spark_violet_giraffe_485]
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  • “ ¿𝐄𝐬𝐭𝐫𝐞𝐬𝐚𝐝𝐨? 𝐒𝐨𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐨 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐢𝐭𝐚 𝐜𝐚𝐛𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐭𝐢𝐩𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐚𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢ó 𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐢𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐢𝐧𝐨𝐬, 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐦𝐞 𝐥𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐞𝐧, 𝐯𝐨𝐲 𝐚 𝐦𝐚𝐭𝐚𝐫 𝐚 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧. ”






    — ¡MALDITO HIJO DE PERRA! — El grito resonó en toda la oficina ubicada en una de las empresas que Kiev tenía, los hombres presentes se limitaban a escuchar con la mirada baja.

    El ruso se encontraba realmente molesto debido a los últimos acontecimientos que sucedieron, no solo tuvo que lidiar con el accidente que sucedió en una de las empresas en dónde Arturia había sido atacada, sino que también uno de sus casinos, el más famoso llamado "Elixir" , habría sufrido un ataque en hora pico ocasionado por una bomba que habrían colocado en el sótano y en el área de limpieza.

    Fue la misma noche en que fue notificado, y observo desde lejos como el casino se incendiaba, la ambulancia se llevaban los cuerpos de algunas bailarinas que abrían fallecido y otras heridas, eran mujeres jovenes que trabajaban para él con metas diferentes, unas que cursaban la universidad, otras que cuidaban a hermanos u otros familiares y otras que eran madres, fue realmente chocante para él.

    Sus nervios no pararon, no pudo pegar el ojo toda la noche mientras esperaba la lista del personal que había muerto, los que quedaron vivos y los heridos. Su frustración solo aumentaba al saber que el causante de todo esto no fue encontrado por la policía. Por lo que mando a sus hombres a qué investigarán el asunto, iba a solucionar este problema por sus propios medios. Pero, por más que encontraban pistas, terminaban perdiendose, la persona que ocaciono todo esto habría sido tan cuidadoso que no dejo casi nada.

    — ¿Qué hay de las cámaras? — Preguntó. Sentando en su silla mientras fumaba un cigarro en un intento de tranquilizarse para evitar desahogarse con sus hombres y que aquello terminará en algo mucho peor.

    — No hay nada, están totalmente rotas. — Contestó Marcos. — La policía tiene algunas grabaciones de las otras avenidas para ver si había algún sospechoso cerca del lugar, ya estamos llegando a un acuerdo con ellos para poder obtenerlos.

    — Tsk... Maldita sea. — Tomo una gran colado de su cigarro. — Bien, vayanse de aquí. No quiero que nadie entre.

    Marcos se limitó a asentir y con una seña se llevó de ahí a los hombres presentes.
    “ ¿𝐄𝐬𝐭𝐫𝐞𝐬𝐚𝐝𝐨? 𝐒𝐨𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐨 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐢𝐭𝐚 𝐜𝐚𝐛𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐭𝐢𝐩𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐚𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢ó 𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐢𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐢𝐧𝐨𝐬, 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐦𝐞 𝐥𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐞𝐧, 𝐯𝐨𝐲 𝐚 𝐦𝐚𝐭𝐚𝐫 𝐚 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧. ” — ¡MALDITO HIJO DE PERRA! — El grito resonó en toda la oficina ubicada en una de las empresas que Kiev tenía, los hombres presentes se limitaban a escuchar con la mirada baja. El ruso se encontraba realmente molesto debido a los últimos acontecimientos que sucedieron, no solo tuvo que lidiar con el accidente que sucedió en una de las empresas en dónde Arturia había sido atacada, sino que también uno de sus casinos, el más famoso llamado "Elixir" , habría sufrido un ataque en hora pico ocasionado por una bomba que habrían colocado en el sótano y en el área de limpieza. Fue la misma noche en que fue notificado, y observo desde lejos como el casino se incendiaba, la ambulancia se llevaban los cuerpos de algunas bailarinas que abrían fallecido y otras heridas, eran mujeres jovenes que trabajaban para él con metas diferentes, unas que cursaban la universidad, otras que cuidaban a hermanos u otros familiares y otras que eran madres, fue realmente chocante para él. Sus nervios no pararon, no pudo pegar el ojo toda la noche mientras esperaba la lista del personal que había muerto, los que quedaron vivos y los heridos. Su frustración solo aumentaba al saber que el causante de todo esto no fue encontrado por la policía. Por lo que mando a sus hombres a qué investigarán el asunto, iba a solucionar este problema por sus propios medios. Pero, por más que encontraban pistas, terminaban perdiendose, la persona que ocaciono todo esto habría sido tan cuidadoso que no dejo casi nada. — ¿Qué hay de las cámaras? — Preguntó. Sentando en su silla mientras fumaba un cigarro en un intento de tranquilizarse para evitar desahogarse con sus hombres y que aquello terminará en algo mucho peor. — No hay nada, están totalmente rotas. — Contestó Marcos. — La policía tiene algunas grabaciones de las otras avenidas para ver si había algún sospechoso cerca del lugar, ya estamos llegando a un acuerdo con ellos para poder obtenerlos. — Tsk... Maldita sea. — Tomo una gran colado de su cigarro. — Bien, vayanse de aquí. No quiero que nadie entre. Marcos se limitó a asentir y con una seña se llevó de ahí a los hombres presentes.
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  • —¿Qué soy para ti? ¿Una salvación o una maldición?.—
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  • Un día normal para Nilou

    El sol apenas despuntaba en el horizonte, y la ciudad de Sumeru se llenaba de los susurros de la vida que despertaba. Nilou, con su cabello rojo brillando bajo la luz matutina, salía de su pequeño hogar detrás del Gran Teatro Zubayr, lista para comenzar su rutina diaria.

    Lo primero en su lista era visitar el mercado. Con una canasta en mano, recorría los puestos con una sonrisa amable, deteniéndose para saludar a los vendedores y escuchar sus historias. Siempre tenía tiempo para una charla breve, ya fuera con el frutero que le ofrecía dátiles frescos o con la anciana que vendía especias aromáticas.

    Después de llenar su canasta con frutas, hierbas y flores, regresaba al teatro. Aquel lugar no solo era su trabajo, sino también su refugio. Nilou colocaba las flores frescas en jarrones que decoraban los camerinos, llenando el ambiente de vida y color. Luego, comenzaba los ensayos con el resto de los bailarines. Los rayos de sol se filtraban por las ventanas altas, iluminando los movimientos fluidos que realizaba al compás de la música.

    “¡Una vez más!”, exclamaba con entusiasmo, animando a sus compañeros a repetir una coreografía compleja. Para Nilou, la danza no era solo una forma de expresión, sino un puente entre las emociones humanas y la naturaleza. Cada giro, cada paso, era una celebración de la vida misma.

    Por la tarde, tras los ensayos, Nilou encontraba un momento de tranquilidad junto al estanque cercano al teatro. Allí, bajo la sombra de los árboles, practicaba movimientos suaves mientras las flores de loto flotaban en el agua. A menudo, los niños del vecindario se acercaban, fascinados por su gracia. Ella les enseñaba pequeños pasos, riendo con ellos mientras intentaban imitarlos.

    Al caer la noche, el teatro se llenaba de expectantes espectadores. Nilou, ahora vestida con su traje de danza adornado con joyas y seda, se preparaba para el espectáculo. El aroma del incienso llenaba el aire mientras ella cerraba los ojos, tomando un momento para concentrarse. Cuando las luces se apagaban y el primer acorde resonaba, Nilou se convertía en una visión etérea, moviéndose con una elegancia que hipnotizaba a todos los presentes.

    Cuando la función terminaba, Nilou salía al escenario para recibir los aplausos, agradecida por poder compartir su arte con el mundo. Exhausta pero feliz, regresaba a casa bajo la luz de la luna, soñando con el próximo día en el que podría volver a bailar, transmitir su amor por la vida y, quizás, inspirar a otros a hacer lo mismo.

    Un día normal para Nilou El sol apenas despuntaba en el horizonte, y la ciudad de Sumeru se llenaba de los susurros de la vida que despertaba. Nilou, con su cabello rojo brillando bajo la luz matutina, salía de su pequeño hogar detrás del Gran Teatro Zubayr, lista para comenzar su rutina diaria. Lo primero en su lista era visitar el mercado. Con una canasta en mano, recorría los puestos con una sonrisa amable, deteniéndose para saludar a los vendedores y escuchar sus historias. Siempre tenía tiempo para una charla breve, ya fuera con el frutero que le ofrecía dátiles frescos o con la anciana que vendía especias aromáticas. Después de llenar su canasta con frutas, hierbas y flores, regresaba al teatro. Aquel lugar no solo era su trabajo, sino también su refugio. Nilou colocaba las flores frescas en jarrones que decoraban los camerinos, llenando el ambiente de vida y color. Luego, comenzaba los ensayos con el resto de los bailarines. Los rayos de sol se filtraban por las ventanas altas, iluminando los movimientos fluidos que realizaba al compás de la música. “¡Una vez más!”, exclamaba con entusiasmo, animando a sus compañeros a repetir una coreografía compleja. Para Nilou, la danza no era solo una forma de expresión, sino un puente entre las emociones humanas y la naturaleza. Cada giro, cada paso, era una celebración de la vida misma. Por la tarde, tras los ensayos, Nilou encontraba un momento de tranquilidad junto al estanque cercano al teatro. Allí, bajo la sombra de los árboles, practicaba movimientos suaves mientras las flores de loto flotaban en el agua. A menudo, los niños del vecindario se acercaban, fascinados por su gracia. Ella les enseñaba pequeños pasos, riendo con ellos mientras intentaban imitarlos. Al caer la noche, el teatro se llenaba de expectantes espectadores. Nilou, ahora vestida con su traje de danza adornado con joyas y seda, se preparaba para el espectáculo. El aroma del incienso llenaba el aire mientras ella cerraba los ojos, tomando un momento para concentrarse. Cuando las luces se apagaban y el primer acorde resonaba, Nilou se convertía en una visión etérea, moviéndose con una elegancia que hipnotizaba a todos los presentes. Cuando la función terminaba, Nilou salía al escenario para recibir los aplausos, agradecida por poder compartir su arte con el mundo. Exhausta pero feliz, regresaba a casa bajo la luz de la luna, soñando con el próximo día en el que podría volver a bailar, transmitir su amor por la vida y, quizás, inspirar a otros a hacer lo mismo.
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  • Este postre, es algo que nunca podrás pobrar... No podrás nunca.
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