No esperaba a nadie aqui, espera otra vez soñando conmigo eso ya es demasiado raro... Espero que sea la ultima vez que estes aqui porque como Morfeo te encuentre aqui el no sera tan permisivo como yo...
-se rie mirando a la persona que tiene enfrente de el-
No esperaba a nadie aqui, espera otra vez soñando conmigo eso ya es demasiado raro... Espero que sea la ultima vez que estes aqui porque como Morfeo te encuentre aqui el no sera tan permisivo como yo...
-se rie mirando a la persona que tiene enfrente de el-
Le han regalado tantos dulces, que ya siente un coma diabético y no ha comido ninguno.
—Supongo... que probar un poquito, no me hará daño.
Realmente no consumía nada fuera de agua y comida de vez en cuando, menos golosinas, aunque esas bolitas estaban bien, no eran empalagosas como pensó que serían.
Le han regalado tantos dulces, que ya siente un coma diabético y no ha comido ninguno.
—Supongo... que probar un poquito, no me hará daño.
Realmente no consumía nada fuera de agua y comida de vez en cuando, menos golosinas, aunque esas bolitas estaban bien, no eran empalagosas como pensó que serían.
Lo tomó por sorpresa a decir verdad. Hasta hace poco, estaban peleando y no esperó ese regalo, sonrojándose mientras miraba el ramo.
—Gracias... Es... Es muy lindo.
Carraspeó ligeramente, avergonzado, desviando la mirada.
Quizá debería darle un regalo por igual como disculpa, ya buscaría algo apropiado.
Lo tomó por sorpresa a decir verdad. Hasta hace poco, estaban peleando y no esperó ese regalo, sonrojándose mientras miraba el ramo.
—Gracias... Es... Es muy lindo.
Carraspeó ligeramente, avergonzado, desviando la mirada.
Quizá debería darle un regalo por igual como disculpa, ya buscaría algo apropiado.
—¿Ya está aquí? —preguntó una voz recorriendo el castillo, interrogando a cualquier pobre sirviente que se topaba en el camino.
Aún no, decían las mucamas entre suaves risas, enternecidas de ver a su rey como un cachorro con escamas.
No estoy seguro, respondían los guardias dejando las formalidades de lado cuando lo veían en ese estado.
Tal era su emoción y desespero que acabó saliendo del palacio, recorriendo las calles de su gente en busca de una respuesta. El sol propio de la mañana extendía sus manos, pálido, reflejándose en el vibrante celeste unía techos, paredes y hasta decoraciones en la calle. La ciudad entera parecía dividida y, al mismo tiempo, unida de algún extraño modo. Las calles níveas estaban bordeadas de edificios y estanques, conectores al fondo del océano donde residían aquello de aletas. Zoras caminaban con tranquilidad y las sirenas se reposaban en los bordes de sus estanques a conversar.
Por fin, después de tanto, la calma prosperaba en el reino.
Claro, si no contamos el huracán rojo que iba de un lado a otro buscando información. De haber tenido una cola canina, la estaría moviendo emocionado ¡se enteró que Link venía de visita! ¿Hace cuanto que no lo veía? ¡El héroe legendario! Todos lo conocían, claro, cómo no admirarlo ¿cómo habría estado luego de la última batalla? ¿se acordaría de él? Un montón de dudas en su cabeza hasta que escuchó el chapuzón de una sirena asomándose.
—Ya llegó, está por la entrada norte —informó con una sonrisa.
El príncipe agradeció y se metió al agua, ayudándose de aquellos pasajes laberínticos para llegar lo antes posible. Salió un poco antes, acomodándose las ropas y sacudiéndose para no estar escurriendo agua ¡diosas! ¡si tan solo le hubiera avisado con un poco más de antelación! Link era un gran amigo de su hermana, siempre sería bien recibido en el reino, después de todo.
Disimulando su emoción, fue hasta su encuentro con una sonrisa cálida, de esas que recuerdan a lo vibrante del verano.
—¡Héroe Link! —saludó cuando lo vio por fin, sus colmillos relucían en cada palabra—. Me alegro que nos esté visitando, quise venir a darle la bienvenida personalmente.
Lo que tenía a Sidón tan apresurado no era solo la emoción, sin embargo, sino el tiempo. Le quedaban cinco horas antes de huir. Ah, ojalá el tiempo se detuviera un rato, al menos una horita extra.
—¿Ya está aquí? —preguntó una voz recorriendo el castillo, interrogando a cualquier pobre sirviente que se topaba en el camino.
Aún no, decían las mucamas entre suaves risas, enternecidas de ver a su rey como un cachorro con escamas.
No estoy seguro, respondían los guardias dejando las formalidades de lado cuando lo veían en ese estado.
Tal era su emoción y desespero que acabó saliendo del palacio, recorriendo las calles de su gente en busca de una respuesta. El sol propio de la mañana extendía sus manos, pálido, reflejándose en el vibrante celeste unía techos, paredes y hasta decoraciones en la calle. La ciudad entera parecía dividida y, al mismo tiempo, unida de algún extraño modo. Las calles níveas estaban bordeadas de edificios y estanques, conectores al fondo del océano donde residían aquello de aletas. Zoras caminaban con tranquilidad y las sirenas se reposaban en los bordes de sus estanques a conversar.
Por fin, después de tanto, la calma prosperaba en el reino.
Claro, si no contamos el huracán rojo que iba de un lado a otro buscando información. De haber tenido una cola canina, la estaría moviendo emocionado ¡se enteró que Link venía de visita! ¿Hace cuanto que no lo veía? ¡El héroe legendario! Todos lo conocían, claro, cómo no admirarlo ¿cómo habría estado luego de la última batalla? ¿se acordaría de él? Un montón de dudas en su cabeza hasta que escuchó el chapuzón de una sirena asomándose.
—Ya llegó, está por la entrada norte —informó con una sonrisa.
El príncipe agradeció y se metió al agua, ayudándose de aquellos pasajes laberínticos para llegar lo antes posible. Salió un poco antes, acomodándose las ropas y sacudiéndose para no estar escurriendo agua ¡diosas! ¡si tan solo le hubiera avisado con un poco más de antelación! Link era un gran amigo de su hermana, siempre sería bien recibido en el reino, después de todo.
Disimulando su emoción, fue hasta su encuentro con una sonrisa cálida, de esas que recuerdan a lo vibrante del verano.
—¡Héroe Link! —saludó cuando lo vio por fin, sus colmillos relucían en cada palabra—. Me alegro que nos esté visitando, quise venir a darle la bienvenida personalmente.
Lo que tenía a Sidón tan apresurado no era solo la emoción, sin embargo, sino el tiempo. Le quedaban cinco horas antes de huir. Ah, ojalá el tiempo se detuviera un rato, al menos una horita extra.
Cambiar.... Cambiar? Ellos son los que tiene suerte de tenerme deberían estar besando mis pies ¿Que se creen que son?
-y aún así allí estaba buscando que era ese "cambiar" que el dragón le pidió. Supuso que era la apariencia así que andaba recostado tratando de ocultar las marcas de su cuerpo -
Cambiar.... Cambiar? Ellos son los que tiene suerte de tenerme deberían estar besando mis pies ¿Que se creen que son?
-y aún así allí estaba buscando que era ese "cambiar" que el dragón le pidió. Supuso que era la apariencia así que andaba recostado tratando de ocultar las marcas de su cuerpo -