La luna llena reinaba sobre un claro desierto, su luz bañando la hierba plateada y las sombras danzantes de los árboles circundantes. El aire estaba quieto, como si el bosque mismo evitara interrumpir la quietud de aquel instante.
Ella permanecía en el centro del claro, una figura solitaria envuelta en un manto oscuro que parecía fundirse con la noche. La máscara ya cubría su rostro, una presencia inmutable que ocultaba sus emociones tanto del mundo como de sí misma. El humo gris serpenteaba en silencio desde los bordes, difuminándose en el aire frío y dejando un rastro de misterio a su alrededor.
Sus dedos rozaron el medallón sobre su pecho, pero no hubo intención de sujetarlo, sólo el contacto fugaz de quien recuerda algo sin querer revivirlo. Sus ojos, brillando con un leve resplandor ámbar tras la máscara, se alzaron hacia el cielo nocturno.
Por un instante, el claro pareció detenerse junto con ella, atrapado en la tensión de un pensamiento no expresado. Pero no hubo palabras, solo el peso de su presencia en un mundo que parecía demasiado vasto y vacío al mismo tiempo.
La luna llena reinaba sobre un claro desierto, su luz bañando la hierba plateada y las sombras danzantes de los árboles circundantes. El aire estaba quieto, como si el bosque mismo evitara interrumpir la quietud de aquel instante.
Ella permanecía en el centro del claro, una figura solitaria envuelta en un manto oscuro que parecía fundirse con la noche. La máscara ya cubría su rostro, una presencia inmutable que ocultaba sus emociones tanto del mundo como de sí misma. El humo gris serpenteaba en silencio desde los bordes, difuminándose en el aire frío y dejando un rastro de misterio a su alrededor.
Sus dedos rozaron el medallón sobre su pecho, pero no hubo intención de sujetarlo, sólo el contacto fugaz de quien recuerda algo sin querer revivirlo. Sus ojos, brillando con un leve resplandor ámbar tras la máscara, se alzaron hacia el cielo nocturno.
Por un instante, el claro pareció detenerse junto con ella, atrapado en la tensión de un pensamiento no expresado. Pero no hubo palabras, solo el peso de su presencia en un mundo que parecía demasiado vasto y vacío al mismo tiempo.