• Buenos días sobrina, muchas felicidades

    Buenos días sobrina, muchas felicidades
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Hola preciosa, mi regalo te va a gustar y al menos este año tu madre no quera asesinarme.

    Hola preciosa, mi regalo te va a gustar y al menos este año tu madre no quera asesinarme.
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ¡Buenos días preciosa, feliz cumpleaños universitaria!

    ¡Buenos días preciosa, feliz cumpleaños universitaria!
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ¡Feliz cumpleaños querida sobrina, disfruta mucho de tú día especial!

    ¡Feliz cumpleaños querida sobrina, disfruta mucho de tú día especial!
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ¡Feliz cumpleaños mi preciosa niña, papa y yo te queremos mucho, estamos muy orgullosos de la mujer en la que te estás convirtiendo!

    ¡Feliz cumpleaños mi preciosa niña, papa y yo te queremos mucho, estamos muy orgullosos de la mujer en la que te estás convirtiendo!
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Feliz cumpleaños bichito mío
    Feliz cumpleaños bichito mío
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ❝𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑠.❞

    𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘻𝘢𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘴𝘪𝘵𝘪𝘰. 𝘌𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝜄́𝘣𝘶𝘭𝘢 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢 𝘧𝘳𝜄́𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘭𝘢𝘣𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘣𝘰𝘤𝘢 𝘮𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰, 𝘺 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘵𝘪𝘳𝘰́𝘯 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳.

    𝘠𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘯𝘪 𝘭𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘰, 𝘱𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘪𝘴𝘢𝘫𝘦, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘪𝘯𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦.

    𝘓𝘢𝘴 𝘤𝘢́𝘮𝘢𝘳𝘢𝘴 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘯𝘢𝘴.

    𝘗𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘰𝜄́𝘳𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘫𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘧𝘰𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰, 𝘦𝘴𝘦 𝘻𝘶𝘮𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘯𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝜄́. 𝘜𝘯 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘣𝘳𝘶𝘴𝘤𝘰. 𝘜𝘯 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯.
    ❝𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑠.❞ 𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘻𝘢𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘴𝘪𝘵𝘪𝘰. 𝘌𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝜄́𝘣𝘶𝘭𝘢 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢 𝘧𝘳𝜄́𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘭𝘢𝘣𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘣𝘰𝘤𝘢 𝘮𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰, 𝘺 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘵𝘪𝘳𝘰́𝘯 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳. 𝘠𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘯𝘪 𝘭𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘰, 𝘱𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘪𝘴𝘢𝘫𝘦, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘪𝘯𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦. 𝘓𝘢𝘴 𝘤𝘢́𝘮𝘢𝘳𝘢𝘴 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘯𝘢𝘴. 𝘗𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘰𝜄́𝘳𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘫𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘧𝘰𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰, 𝘦𝘴𝘦 𝘻𝘶𝘮𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘯𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝜄́. 𝘜𝘯 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘣𝘳𝘶𝘴𝘤𝘰. 𝘜𝘯 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯.
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • Que sueño... [Dragon_Blood] apenas y dormí anoche. —Le estaba alborotando su cabello.—
    Que sueño... [Dragon_Blood] apenas y dormí anoche. —Le estaba alborotando su cabello.—
    0 turnos 0 maullidos
  • Pongo un ramo frente tuyo



    - ¡ Felicidades ! -
    Pongo un ramo frente tuyo - ¡ Felicidades ! -
    Me encocora
    1
    5 turnos 0 maullidos
  • Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía...

    No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.

    Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.

    Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.

    ¿Qué había pasado?

    Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.

    Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.

    Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
    Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía... No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses. Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso. Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha. ¿Qué había pasado? Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar. Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente. Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados