• — ¿A dónde crees que vas?. Nada de peleas, mamá dijo que tenía que echarle el ojo encima y evitar que sigas teniendo problemas... Por otro lado. ¿Quién fue el idiota que sigue molestando?. Debería darle una paliza. — Le tira del gorro del abrigo y lo arrastra lejos de los problemas , tal vez no, de solo pensar en cuanto molestan a su único amigo de verdad le entran las ansias de ejecutar todas las enseñanzas de los Yakuza... Pero no, su mamá le ha advertido con severidad las consecuencias de sus actos y no quiere que siga enfermando.

    — Ven, vamos por algo de comer.
    — ¿A dónde crees que vas?. Nada de peleas, mamá dijo que tenía que echarle el ojo encima y evitar que sigas teniendo problemas... Por otro lado. ¿Quién fue el idiota que sigue molestando?. Debería darle una paliza. — Le tira del gorro del abrigo y lo arrastra lejos de los problemas , tal vez no, de solo pensar en cuanto molestan a su único amigo de verdad le entran las ansias de ejecutar todas las enseñanzas de los Yakuza... Pero no, su mamá le ha advertido con severidad las consecuencias de sus actos y no quiere que siga enfermando. — Ven, vamos por algo de comer.
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  • Señor alto extranjero en la tienda.
    ¿Cómo le explico que no hay menú en inglés?
    ¿Dónde están los niños o los oficinistas cuando necesito a alguien que hable inglés?
    Señor alto extranjero en la tienda. ¿Cómo le explico que no hay menú en inglés? ¿Dónde están los niños o los oficinistas cuando necesito a alguien que hable inglés? 😭😓💦
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  • Que tiemble el cosmos, pues mis llamas devoran el destino y mi sombra eclipsa la eternidad.
    Que tiemble el cosmos, pues mis llamas devoran el destino y mi sombra eclipsa la eternidad.
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  • Stefano
    Nombre: Stefano Corleone  Edad: 40 años  Orientación sexual: Heterosexual  Ocupación: Profesor    Stefano nació en una buena familia cuya reputación es la cúspide del contrabando.  Con años de historia familiar Stefano es el primogénito que lo abandonó todo. El poder de la mafia, una autoridad...
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  • "Tengo horarios de sueño muy raros, deja que siga durmiendo por favor"
    "Tengo horarios de sueño muy raros, deja que siga durmiendo por favor"
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  • La eternidad me abraza, pero su frío no llena el vacío de mi soledad.
    La eternidad me abraza, pero su frío no llena el vacío de mi soledad.
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  • <<Yo esperaba que dejes la marca de tus dientes Pero no me quejo con tus besos me conformaré ahora es mi turno de marcarte >>
    <<Yo esperaba que dejes la marca de tus dientes Pero no me quejo con tus besos me conformaré ahora es mi turno de marcarte >>
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  • Yace Atropos en su lecho de sombra, los hilos del día aún rozando la yema de sus dedos. El silencio no es un consuelo; es una sentencia. Como siempre. El mundo mortal pulsa allá afuera, enfermo de sus propios errores. Un niño que llora porque su madre no volvió. Una mujer que reza a un dios que no la escucha. Un anciano que esconde monedas bajo el colchón para no morir olvidado. Todos, pequeños, rotos, tratando de encontrar sentido al caos. Atropos no los odia. Sólo los juzga. Porque eso es lo que hace. Porque eso es lo que es.

    Pero esta noche no es como las demás. En la memoria de su conciencia vibra aún el eco de una conversación. No con un humano, no con un dios exactamente… con un ser. Uno que vive entre susurros y polvo de sueño. Le advirtió, entre sonrisas burlonas, que si alguna vez se entregaba al descanso, si su cuerpo caía dormido, tal vez no despertaría siendo la misma. Tal vez su cuerpo perdería algo.

    Y ahora, el cansancio la muerde. Una punzada lenta y pesada que baja por sus hombros, que enturbia su juicio por primera vez en siglos. Pero no cierra los ojos. No todavía. Se pregunta si eso es miedo. Si puede temer. Si aún es capaz de sentir algo más que la gravedad de su tarea.

    Finalmente, con un suspiro que no concede ni al alivio ni al temor, los párpados caen como un telón. El juicio duerme. Y en ese umbral, justo antes de perderse, Atropos se permite algo peligroso: curiosidad.
    Yace Atropos en su lecho de sombra, los hilos del día aún rozando la yema de sus dedos. El silencio no es un consuelo; es una sentencia. Como siempre. El mundo mortal pulsa allá afuera, enfermo de sus propios errores. Un niño que llora porque su madre no volvió. Una mujer que reza a un dios que no la escucha. Un anciano que esconde monedas bajo el colchón para no morir olvidado. Todos, pequeños, rotos, tratando de encontrar sentido al caos. Atropos no los odia. Sólo los juzga. Porque eso es lo que hace. Porque eso es lo que es. Pero esta noche no es como las demás. En la memoria de su conciencia vibra aún el eco de una conversación. No con un humano, no con un dios exactamente… con un ser. Uno que vive entre susurros y polvo de sueño. Le advirtió, entre sonrisas burlonas, que si alguna vez se entregaba al descanso, si su cuerpo caía dormido, tal vez no despertaría siendo la misma. Tal vez su cuerpo perdería algo. Y ahora, el cansancio la muerde. Una punzada lenta y pesada que baja por sus hombros, que enturbia su juicio por primera vez en siglos. Pero no cierra los ojos. No todavía. Se pregunta si eso es miedo. Si puede temer. Si aún es capaz de sentir algo más que la gravedad de su tarea. Finalmente, con un suspiro que no concede ni al alivio ni al temor, los párpados caen como un telón. El juicio duerme. Y en ese umbral, justo antes de perderse, Atropos se permite algo peligroso: curiosidad.
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  • Con mi primo y guía, Superman. Fue tan lindo cuando me recibió por primera vez en la Tierra. En su honor, tomé el manto de... Superchica.
    Con mi primo y guía, Superman. Fue tan lindo cuando me recibió por primera vez en la Tierra. En su honor, tomé el manto de... Superchica.
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  • E de repente, bum! Eu tiro sua calcinha com a boca...~
    (Y de repente zas! Te quito las bragas con la boca)
    E de repente, bum! Eu tiro sua calcinha com a boca...~ (Y de repente zas! Te quito las bragas con la boca)
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