–Paso horas decorando la sala y la habitación cuando sonrió puso las flores y los regalos donde debian estar entonces encendio las velas del pastel emocionado y lo espero paciente a que llegara a la casa–
–Paso horas decorando la sala y la habitación cuando sonrió puso las flores y los regalos donde debian estar entonces encendio las velas del pastel emocionado y lo espero paciente a que llegara a la casa–
Mi alma es un cuento de amor, una historia de terror, una leyenda de fantasía, un poema escrito con sangre sobre papel que se lee bajo la lluvia y lentamente se desvanece . . Hasta que la vida me alcance dulce eternidad, te amare por siempre y un día más .
Mi alma es un cuento de amor, una historia de terror, una leyenda de fantasía, un poema escrito con sangre sobre papel que se lee bajo la lluvia y lentamente se desvanece . . Hasta que la vida me alcance dulce eternidad, te amare por siempre y un día más .
*El tránsito entre planos no fue violento, no hubo ruptura ni desgarro del velo, solo una compresión lenta del entorno, como si la realidad misma cediera espacio a algo que no necesitaba forzar su paso. Las sombras del lugar se estiraron apenas un instante antes de volver a su estado original, obedientes. A unos pocos metros antes del límite del dominio umbrío apareció el empíreo guardián, Asura Kaos, de pie con una serenidad imperturbable *
* Sus ropas eran simples, oscuras, funcionales. No llevaba armadura ni miasma liberado; aun así, su presencia alteraba la densidad del ambiente, como si el lugar tuviera que reajustarse para aceptarlo. No avanzó de inmediato, solo observó y midió el entorno, la respuesta que ofrecía las sombras residuales a la presencia del serafín en un mundo cargado de antiguas voluntades *
…Sigues eligiendo lugares incómodos… *comentó al fin el serafín, con voz baja, sin elevarla, sin necesidad de que alguien estuviera frente a él para escuchar, pues sabía perfectamente que estaba en el lugar correcto. Dio un par de pasos al frente, deteniéndose antes de cruzar del todo el umbral invisible. No era prudencia, era respeto por las reglas no escritas entre ambos. *
…No vengo a interferir… *añadió tras la breve pausa, Sus orbes oscuros recorrieron el vacío, reconociendo capas de sombra que no estaban allí por casualidad. *…Ha pasado tiempo, y por lo general cuando eso ocurre, suele significar que algo está a punto de moverse…*Finalmente, permitió que una mínima fracción de su presencia se afirmara en el plano a manera de confirmación de su presencia *…Así que pensé que era apropiado venir a saludarte…*El silencio se asentó dejando un aura expectante*…Además, no todos los días decido cruzar hasta aquí sin intención de pelea.
*El tránsito entre planos no fue violento, no hubo ruptura ni desgarro del velo, solo una compresión lenta del entorno, como si la realidad misma cediera espacio a algo que no necesitaba forzar su paso. Las sombras del lugar se estiraron apenas un instante antes de volver a su estado original, obedientes. A unos pocos metros antes del límite del dominio umbrío apareció el empíreo guardián, Asura Kaos, de pie con una serenidad imperturbable *
* Sus ropas eran simples, oscuras, funcionales. No llevaba armadura ni miasma liberado; aun así, su presencia alteraba la densidad del ambiente, como si el lugar tuviera que reajustarse para aceptarlo. No avanzó de inmediato, solo observó y midió el entorno, la respuesta que ofrecía las sombras residuales a la presencia del serafín en un mundo cargado de antiguas voluntades *
…Sigues eligiendo lugares incómodos… *comentó al fin el serafín, con voz baja, sin elevarla, sin necesidad de que alguien estuviera frente a él para escuchar, pues sabía perfectamente que estaba en el lugar correcto. Dio un par de pasos al frente, deteniéndose antes de cruzar del todo el umbral invisible. No era prudencia, era respeto por las reglas no escritas entre ambos. *
…No vengo a interferir… *añadió tras la breve pausa, Sus orbes oscuros recorrieron el vacío, reconociendo capas de sombra que no estaban allí por casualidad. *…Ha pasado tiempo, y por lo general cuando eso ocurre, suele significar que algo está a punto de moverse…*Finalmente, permitió que una mínima fracción de su presencia se afirmara en el plano a manera de confirmación de su presencia *…Así que pensé que era apropiado venir a saludarte…*El silencio se asentó dejando un aura expectante*…Además, no todos los días decido cruzar hasta aquí sin intención de pelea.
***¡PIP! ¡PIIIIIIP!***
— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar
— L-Lo siento...
* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus *
( Aquí vamos... )
* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
***¡PIP! ¡PIIIIIIP!***
— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar
— L-Lo siento...
* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus *
( Aquí vamos... )
* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *