• -Había salido de tomar un baño ,eso tal vez aclararía la mente , ayer recibió una visita ,una bruja de Umbra ,pensó que estaba extintas , le propuso trabajo , tenía que distraerse , así que acepto , tendría una reunión con ella ,estaba decidído a ser alguien diferente -
    -Había salido de tomar un baño ,eso tal vez aclararía la mente , ayer recibió una visita ,una bruja de Umbra ,pensó que estaba extintas , le propuso trabajo , tenía que distraerse , así que acepto , tendría una reunión con ella ,estaba decidído a ser alguien diferente -
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  • Escena 2: El museo de sombras
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    La noche envolvía el elegante Museo de Arte Contemporáneo de Seúl como un sudario de terciopelo. Dentro, bajo la tenue luz de emergencia que parpadeaba intermitentemente, el aire estaba cargado de polvo y un silencio casi palpable. Orion se movía con la familiar desenvoltura de un depredador en su territorio, su figura oscura fundiéndose con las sombras de las esculturas abstractas.

    Su objetivo, una marchante de arte de reputación dudosa llamada Madame Evangeline Dubois, se había refugiado en la sala de exposiciones temporales, creyendo que la seguridad del museo la protegería. Craso error. Orion había desactivado las alarmas con la facilidad de un fantasma deslizando los dedos por un teclado y ahora la seguía a través de las salas laberínticas.

    Madame Dubois, una mujer corpulenta vestida con un ostentoso abrigo de piel, jadeaba con dificultad mientras se escondía detrás de una instalación de metal retorcido. Su rostro, iluminado por el tembloroso haz de su teléfono móvil, estaba pálido de terror. Sabía que su tiempo se agotaba.

    Orion la encontró fácilmente. El tenue brillo del móvil la delató como una luciérnaga en la oscuridad. Se acercó en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra gruesa. Madame Dubois dejó escapar un grito ahogado al verlo emerger de las sombras, la silueta amenazante de su figura recortada contra la penumbra.

    —Por favor… —suplicó en un francés entrecortado, sus ojos llenos de lágrimas—. Tengo dinero… ¡Todo el que quieras!

    Orion no respondió. El dinero no significaba nada. Su trabajo era simple: eliminar una amenaza. Y Madame Dubois, con sus tratos turbios y los secretos que guardaba, era una amenaza para su cliente.

    Sin dudarlo, Orion extrajo un cable fino y resistente de un bolsillo interior de su abrigo. En un movimiento rápido y silencioso, lo lanzó hacia adelante, enlazando el cuello de la mujer. Madame Dubois se llevó las manos a la garganta, sus ojos inyectados en sangre mientras luchaba por respirar.

    La fuerza de Orion era implacable. Tiró del cable con firmeza, sintiendo la resistencia y luego el lento ceder. Los estertores de la mujer resonaron brevemente en el silencio del museo antes de ser sofocados. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, el teléfono móvil rodando a su lado, la pantalla aún iluminada mostrando una llamada sin respuesta.

    Orion permaneció inmóvil durante unos segundos, asegurándose de que su objetivo estuviera neutralizado. Luego, con la misma eficiencia con la que había llegado, desapareció entre las sombras del museo, dejando tras de sí otra vida truncada en la oscuridad de la noche de Seúl.
    La noche envolvía el elegante Museo de Arte Contemporáneo de Seúl como un sudario de terciopelo. Dentro, bajo la tenue luz de emergencia que parpadeaba intermitentemente, el aire estaba cargado de polvo y un silencio casi palpable. Orion se movía con la familiar desenvoltura de un depredador en su territorio, su figura oscura fundiéndose con las sombras de las esculturas abstractas. Su objetivo, una marchante de arte de reputación dudosa llamada Madame Evangeline Dubois, se había refugiado en la sala de exposiciones temporales, creyendo que la seguridad del museo la protegería. Craso error. Orion había desactivado las alarmas con la facilidad de un fantasma deslizando los dedos por un teclado y ahora la seguía a través de las salas laberínticas. Madame Dubois, una mujer corpulenta vestida con un ostentoso abrigo de piel, jadeaba con dificultad mientras se escondía detrás de una instalación de metal retorcido. Su rostro, iluminado por el tembloroso haz de su teléfono móvil, estaba pálido de terror. Sabía que su tiempo se agotaba. Orion la encontró fácilmente. El tenue brillo del móvil la delató como una luciérnaga en la oscuridad. Se acercó en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra gruesa. Madame Dubois dejó escapar un grito ahogado al verlo emerger de las sombras, la silueta amenazante de su figura recortada contra la penumbra. —Por favor… —suplicó en un francés entrecortado, sus ojos llenos de lágrimas—. Tengo dinero… ¡Todo el que quieras! Orion no respondió. El dinero no significaba nada. Su trabajo era simple: eliminar una amenaza. Y Madame Dubois, con sus tratos turbios y los secretos que guardaba, era una amenaza para su cliente. Sin dudarlo, Orion extrajo un cable fino y resistente de un bolsillo interior de su abrigo. En un movimiento rápido y silencioso, lo lanzó hacia adelante, enlazando el cuello de la mujer. Madame Dubois se llevó las manos a la garganta, sus ojos inyectados en sangre mientras luchaba por respirar. La fuerza de Orion era implacable. Tiró del cable con firmeza, sintiendo la resistencia y luego el lento ceder. Los estertores de la mujer resonaron brevemente en el silencio del museo antes de ser sofocados. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, el teléfono móvil rodando a su lado, la pantalla aún iluminada mostrando una llamada sin respuesta. Orion permaneció inmóvil durante unos segundos, asegurándose de que su objetivo estuviera neutralizado. Luego, con la misma eficiencia con la que había llegado, desapareció entre las sombras del museo, dejando tras de sí otra vida truncada en la oscuridad de la noche de Seúl.
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  • ¿Que miras? Por su puesto que esta es mi roa de siempre ¿De qué hablas?
    ¿Que miras? Por su puesto que esta es mi roa de siempre ¿De qué hablas?
    Me encocora
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  • Por fin......después de mucho tiempo estoy aquí

    -dije mirando hacia arriba viendo la gigantesca catedral, soltando un suspiro ya que me había venido sin haberle dicho, nada a mi prometido me había escapado del hospital para venir, aca estando completamente sola, estando en la entrada de la gran catedral viendo las gran puerta temblando levemente -

    M-mghh.....uff aquí vamos

    -abri las grandes puertas para entrar, para que las mismas se cerrarán de un portazo profundo -
    Por fin......después de mucho tiempo estoy aquí -dije mirando hacia arriba viendo la gigantesca catedral, soltando un suspiro ya que me había venido sin haberle dicho, nada a mi prometido me había escapado del hospital para venir, aca estando completamente sola, estando en la entrada de la gran catedral viendo las gran puerta temblando levemente - M-mghh.....uff aquí vamos -abri las grandes puertas para entrar, para que las mismas se cerrarán de un portazo profundo -
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    Y al atardecer me visto.

    Con una corona de amoldados fantasmas.

    --- Y al atardecer me visto. Con una corona de amoldados fantasmas.
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  • La vida pasa muy rápido cuando te la pasas en medio de dos amazonas grandotas y buenotas.
    La vida pasa muy rápido cuando te la pasas en medio de dos amazonas grandotas y buenotas.
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    Una luna de sangre.

    Sobre el gobierno.

    Meditación que trasciende.
    --- Una luna de sangre. Sobre el gobierno. Meditación que trasciende.
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    Un eclipse de sangre.

    Me somete.

    Me enzarza.

    Un lanza.

    En ese corazón que no siente.
    --- Un eclipse de sangre. Me somete. Me enzarza. Un lanza. En ese corazón que no siente.
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    ¿Quién se unirá a esta alma inmortal?

    Mortal es mi propia suerte.

    Soy.

    Mi propio juez.

    Ante todo.
    --- ¿Quién se unirá a esta alma inmortal? Mortal es mi propia suerte. Soy. Mi propio juez. Ante todo.
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    Cuando era joven.

    Cuando era más quimérico.

    Me hacia el universo más inexperto.

    Porque era joven.

    Compasivo, delicado, escuálido.

    Pero ya no.

    --- Cuando era joven. Cuando era más quimérico. Me hacia el universo más inexperto. Porque era joven. Compasivo, delicado, escuálido. Pero ya no.
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