• Es bueno tener un lugar para descansar un poco.
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  • ¡Hola!. ¿Te encuentras bien?... -La heroína mira preocupada a quién va a ayudar.-
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  • ¡Cuánto me alegra volver a verte, [Elena_Gilbert]!
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  • Había terminado con la mayoría de mis jornadas tanto en la mafia como en mis otras empresas y aproveché de pasar buscando todos mis encargos para mis personas cercanas.

    El primero: era unas rosas eternas destinadas a Olivia Romero mi mejor amiga y una de mis damas de honor

    El segundo: era para mí socio Constantin Aurelian Reis y son unas flores azules con un girasol en medio


    El tercero: es un ramo con girasoles y chocolates para mi pequeña [quasar_aqua_scorpion_350] porque sabía que estaba pasando por un mal momento y el chocolate lo soluciona todo


    Y el cuarto: es un ramo de 5 girasoles eternos con dinero y otras cosas escondidos en el ramo para mi prometida y amor de mi vida Alessia Leone

    Todo esto se los entregué buscando de que se sintieran queridos y especiales.
    Había terminado con la mayoría de mis jornadas tanto en la mafia como en mis otras empresas y aproveché de pasar buscando todos mis encargos para mis personas cercanas. El primero: era unas rosas eternas destinadas a [flash_brass_tiger_817] mi mejor amiga y una de mis damas de honor El segundo: era para mí socio [cosmic_garnet_rhino_424] y son unas flores azules con un girasol en medio El tercero: es un ramo con girasoles y chocolates para mi pequeña [quasar_aqua_scorpion_350] porque sabía que estaba pasando por un mal momento y el chocolate lo soluciona todo Y el cuarto: es un ramo de 5 girasoles eternos con dinero y otras cosas escondidos en el ramo para mi prometida y amor de mi vida [eclipse_silver_bat_642] Todo esto se los entregué buscando de que se sintieran queridos y especiales.
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  • El forastero entre las luces del pueblo

    Raphael caminaba con pasos erráticos, sus pies hundiéndose en el barro del bosque. El eco de la caza aún retumbaba en su pecho: la sangre caliente en su lengua, el crujir de huesos diminutos. El sabor lo había calmado, pero no satisfecho. El hambre de siglos encerrados no se apagaba con presas pequeñas. Cada latigazo que había marcado su piel ardía todavía, recordándole su condición: prisionero, prohibido, ahora arrojado a un mundo que apenas comprendía.

    El viento cambió. Un olor nuevo atravesó su nariz: humo, fuego… y algo más, más complejo, más tentador. Carne cocida. Pan. Vino. Aromas que no reconocía con claridad, pero que despertaban un deseo distinto al de la caza. Sus ojos brillaron. Caminó hacia esa dirección, apartando ramas, avanzando por el sendero natural que abría la montaña.

    De pronto, las vio: luces titilando en la lejanía, cálidas, como pequeños soles en la oscuridad. Se detuvo, incrédulo. Entre los árboles, un grupo de casas de piedra y madera aparecía al borde de la colina. Techos inclinados, humo escapando de chimeneas, faroles iluminando las calles empedradas. Una aldea humana.

    Raphael bajó la mirada a sus manos aún manchadas de sangre seca. Sus labios se curvaron en una media sonrisa rota, y murmuró en voz baja:

    — एते… जीवन्तः अस्ति। (Ellos… están vivos).

    Sus pasos lo llevaron hacia adelante, hasta salir del bosque. El contraste fue brutal: las sombras del bosque quedaban atrás, y de frente lo recibían las luces cálidas del pueblo. Los perros ladraron en alguna parte, los cascos de caballos golpeaban el suelo, y el murmullo de voces humanas se alzó como un coro incomprensible. Palabras que él no conocía, sonidos extraños. Frunció el ceño.

    — न मे भाषा… न मे शब्दाः। (No es mi lengua… no son mis palabras).

    Se acercó despacio, su figura alta y desgarbada proyectando una silueta inquietante bajo la luz de los faroles. Algunos aldeanos, al verlo, se detuvieron un segundo. Su ropa estaba rota, manchada de barro y sangre, su mirada ardía en tonalidades imposibles. Nadie lo había visto antes.

    —¿Quién es ese? —susurró un hombre a su esposa, apartándola hacia un lado.
    —No parece de aquí… —murmuró otro, sujetando con más fuerza el asa de la canasta que llevaba.

    Raphael se detuvo en medio de la calle empedrada. Sus ojos se movían de un lado a otro, analizando. El olor del pan fresco lo confundía, el vino derramado en los toneles le recordaba a la sangre. No comprendía qué era ese lugar, ni qué rol tenía la gente que lo observaba con miedo y curiosidad.

    Se llevó una mano al pecho y murmuró en voz baja, casi como una plegaria oscura:

    — कुतः… अहं? कुतः एषः लोकः? (¿De dónde… soy? ¿Qué es este mundo?).

    Un niño se le quedó mirando, curioso, sin miedo, hasta que su madre lo arrastró de vuelta a la casa. Las miradas crecían. Un extraño había entrado en el pueblo.

    Raphael sonrió, apenas, un gesto ambiguo que no revelaba si era amenaza o calma. Su estómago rugió, y sus ojos se alzaron hacia la posada iluminada al final de la calle, de donde escapaban olores de carne asada y cerveza.

    — भोजनम्… (Comida).

    Y dio su primer paso hacia el corazón del pueblo humano, sin comprender que su mera existencia ya estaba alterando el equilibrio de aquel lugar.
    El forastero entre las luces del pueblo Raphael caminaba con pasos erráticos, sus pies hundiéndose en el barro del bosque. El eco de la caza aún retumbaba en su pecho: la sangre caliente en su lengua, el crujir de huesos diminutos. El sabor lo había calmado, pero no satisfecho. El hambre de siglos encerrados no se apagaba con presas pequeñas. Cada latigazo que había marcado su piel ardía todavía, recordándole su condición: prisionero, prohibido, ahora arrojado a un mundo que apenas comprendía. El viento cambió. Un olor nuevo atravesó su nariz: humo, fuego… y algo más, más complejo, más tentador. Carne cocida. Pan. Vino. Aromas que no reconocía con claridad, pero que despertaban un deseo distinto al de la caza. Sus ojos brillaron. Caminó hacia esa dirección, apartando ramas, avanzando por el sendero natural que abría la montaña. De pronto, las vio: luces titilando en la lejanía, cálidas, como pequeños soles en la oscuridad. Se detuvo, incrédulo. Entre los árboles, un grupo de casas de piedra y madera aparecía al borde de la colina. Techos inclinados, humo escapando de chimeneas, faroles iluminando las calles empedradas. Una aldea humana. Raphael bajó la mirada a sus manos aún manchadas de sangre seca. Sus labios se curvaron en una media sonrisa rota, y murmuró en voz baja: — एते… जीवन्तः अस्ति। (Ellos… están vivos). Sus pasos lo llevaron hacia adelante, hasta salir del bosque. El contraste fue brutal: las sombras del bosque quedaban atrás, y de frente lo recibían las luces cálidas del pueblo. Los perros ladraron en alguna parte, los cascos de caballos golpeaban el suelo, y el murmullo de voces humanas se alzó como un coro incomprensible. Palabras que él no conocía, sonidos extraños. Frunció el ceño. — न मे भाषा… न मे शब्दाः। (No es mi lengua… no son mis palabras). Se acercó despacio, su figura alta y desgarbada proyectando una silueta inquietante bajo la luz de los faroles. Algunos aldeanos, al verlo, se detuvieron un segundo. Su ropa estaba rota, manchada de barro y sangre, su mirada ardía en tonalidades imposibles. Nadie lo había visto antes. —¿Quién es ese? —susurró un hombre a su esposa, apartándola hacia un lado. —No parece de aquí… —murmuró otro, sujetando con más fuerza el asa de la canasta que llevaba. Raphael se detuvo en medio de la calle empedrada. Sus ojos se movían de un lado a otro, analizando. El olor del pan fresco lo confundía, el vino derramado en los toneles le recordaba a la sangre. No comprendía qué era ese lugar, ni qué rol tenía la gente que lo observaba con miedo y curiosidad. Se llevó una mano al pecho y murmuró en voz baja, casi como una plegaria oscura: — कुतः… अहं? कुतः एषः लोकः? (¿De dónde… soy? ¿Qué es este mundo?). Un niño se le quedó mirando, curioso, sin miedo, hasta que su madre lo arrastró de vuelta a la casa. Las miradas crecían. Un extraño había entrado en el pueblo. Raphael sonrió, apenas, un gesto ambiguo que no revelaba si era amenaza o calma. Su estómago rugió, y sus ojos se alzaron hacia la posada iluminada al final de la calle, de donde escapaban olores de carne asada y cerveza. — भोजनम्… (Comida). Y dio su primer paso hacia el corazón del pueblo humano, sin comprender que su mera existencia ya estaba alterando el equilibrio de aquel lugar.
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  • ✠El menor paseaba por el templo deseaba regresar al cielo, pero sabía que tenía que cuidar de los humanos y eso haría mientras paseaba tomo una flor mirándola con una dulce sonrisa entonces salió del jardín y fue al pueblo al llegar era saludado por muchos niños y adultos✠
    ✠El menor paseaba por el templo deseaba regresar al cielo, pero sabía que tenía que cuidar de los humanos y eso haría mientras paseaba tomo una flor mirándola con una dulce sonrisa entonces salió del jardín y fue al pueblo al llegar era saludado por muchos niños y adultos✠
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  • Os comunico que debido a un reciente incidente con diversas bebidas alcohólicas, he tenido un comportamiendo nada ajustado a mi personalidad.

    Pero por suerte para mí, ya estoy recuperada. Así que olvidad todo lo que dije e hice, y continuad con vuestras patéticas y miserables vidas.
    Os comunico que debido a un reciente incidente con diversas bebidas alcohólicas, he tenido un comportamiendo nada ajustado a mi personalidad. Pero por suerte para mí, ya estoy recuperada. Así que olvidad todo lo que dije e hice, y continuad con vuestras patéticas y miserables vidas.
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  • Buenos dias!
    Les deseo lo mejor a todos .
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  • ㅤ ㅤdescansemos el alma ㅤ ㅤmañana podemos pensar en unaㅤ ㅤsolución.
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  • 𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒈𝒐𝒏𝒏𝒂 𝒔𝒆𝒕 𝒇𝒊𝒓𝒆 𝒕𝒐 𝒕𝒉𝒆 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕
    𝑩𝒂𝒃𝒚, 𝒍𝒆𝒕 𝒎𝒆 𝒃𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒍𝒊𝒈𝒉𝒕𝒆𝒓
    𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒂𝒍𝒓𝒆𝒂𝒅𝒚 𝒉𝒊𝒈𝒉 𝒂𝒏𝒅 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒇𝒍𝒚
    𝑰'𝒍𝒍 𝒃𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒉𝒊𝒕 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒕𝒂𝒌𝒆𝒔 𝒚𝒐𝒖 𝒉𝒊𝒈𝒉𝒆𝒓
    𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒍𝒐𝒗𝒆 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒕𝒐𝒖𝒄𝒉 𝒕𝒉𝒆 𝒔𝒌𝒚
    𝒀𝒐𝒖 𝒄𝒂𝒏 𝒃𝒆 𝒎𝒚 𝒎𝒊𝒅𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒓𝒊𝒅𝒆𝒓
    𝑰𝒇 𝒕𝒉𝒆𝒓𝒆'𝒔 𝒏𝒐𝒘𝒉𝒆𝒓𝒆 𝒕𝒐 𝒈𝒐 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒈𝒐 𝒘𝒊𝒍𝒅
    𝑰 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒃𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒅𝒓𝒊𝒗𝒆𝒓
    𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒈𝒐𝒏𝒏𝒂 𝒔𝒆𝒕 𝒇𝒊𝒓𝒆 𝒕𝒐 𝒕𝒉𝒆 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕 𝑩𝒂𝒃𝒚, 𝒍𝒆𝒕 𝒎𝒆 𝒃𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒍𝒊𝒈𝒉𝒕𝒆𝒓 𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒂𝒍𝒓𝒆𝒂𝒅𝒚 𝒉𝒊𝒈𝒉 𝒂𝒏𝒅 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒇𝒍𝒚 𝑰'𝒍𝒍 𝒃𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒉𝒊𝒕 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒕𝒂𝒌𝒆𝒔 𝒚𝒐𝒖 𝒉𝒊𝒈𝒉𝒆𝒓 𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒍𝒐𝒗𝒆 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒕𝒐𝒖𝒄𝒉 𝒕𝒉𝒆 𝒔𝒌𝒚 𝒀𝒐𝒖 𝒄𝒂𝒏 𝒃𝒆 𝒎𝒚 𝒎𝒊𝒅𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒓𝒊𝒅𝒆𝒓 𝑰𝒇 𝒕𝒉𝒆𝒓𝒆'𝒔 𝒏𝒐𝒘𝒉𝒆𝒓𝒆 𝒕𝒐 𝒈𝒐 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒈𝒐 𝒘𝒊𝒍𝒅 𝑰 𝒘𝒂𝒏𝒏𝒂 𝒃𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒅𝒓𝒊𝒗𝒆𝒓
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